Parecía que el tiempo de había detenido para la pareja, pero sus familias los miraban extrañados sin entender muy bien que sucedía.
- ¿Que no pensáis deciros nada o que? – preguntó Takamine frunciendo el ceño. - Parece que habéis visto un fantasma...
- Lo siento....-dijo Kagome sonrojada. – Encantada de conoceros mi señor. – Hizo una torpe reverencia, antes de que pudiera contestarle dio media vuelta y se fue, alejándose entre los invitados a toda prisa.
- ¡Esperad!- grito Inuyasha echando a correr en su busca. Aun no podía creer lo que pasaba. ¿Porque de repente se sentía tan culpable? El no tenia ninguna relación con esa muchacha, no tenia porque justificarse, se rió de si mismo al ver como la buscaba desesperado, no había podido sacársela de la cabeza desde que la vio por primera vez en el arrollo y los nuevos acontecimientos no arreglaban mucho la situación.
Takamine y Inutaisho intercambiaron las miradas, sinceramente no entendían nada de lo que pasaba.
Kagome no paró de correr hasta que se aferró al tronco del gran árbol que había detrás de su casa. Inconscientemente había llegado hasta allí, era el lugar donde iba cuando quería estar sola. Sintió las lagrimas caer por sus mejillas y se las secó rápido con la manga de su kimono.
No entendía porque demonios se ponía a llorar, ese chico no era nada suyo. De repente pensó en esos labios que estuvieron a punto de besarla y en como ahora besarían a su hermana. Apretó el puño y trago saliva con fuerza para tragarse las ganas de llorar. ¡A ella le daba igual ese impresentable! Que se quede con Kykio!
Inuyasha recorrió toda la casa asta que decidió salir al jardín, allí encontró a Kagome sentada en las raíces de aquel gran árbol con las piernas encogidas y la cabeza apoyada en las rodillas. Intentó eliminar ese sentimiento de culpabilidad que lo embargaba, cambió su expresión y con una sonrisa altanera se acerco a ella.
- No pensaba que os volvería a encontrar de esta manera. – dijo plantándose a unos metros de ella y cruzando los brazos sobre el pecho.- Realmente el mundo es un pañuelo.
- Por mi desearía no haberos visto más la verdad.- contesto Kagome sin levantar la cara. ¿Por qué no se marchaba y la dejaba en paz?
- ¿A si? Pues por vuestra reacción diría que haberos encontrado conmigo os ha afectado bastante. – Dijo esperando la reacción por parte de ella. ¿Por qué no le gritaba como había echo en las otras ocasiones?, quería ver esa furia otra vez.
- No seáis tan creído- dijo levantando el rostro y enfrentando la mirada ambarina por fin.- Además no es correcto que estéis aquí hablando conmigo, cuando vuestra prometida debe andar buscándoos.
Al encontrarse con los ojos llenos de lágrimas de Kagome, Inuyasha sintió como si algo le atravesara el interior. Dio un paso atrás y la miro sorprendido, nunca en su vida había sentido algo así. Nunca se había sentido mal por hacerle daño a alguien, tanto como en ese momento. En ese momento deseo mas que nada acercarse a ella y quitar todas esas lagrimas con besos. Trago saliva muy fuerte ante la intensidad de lo que estaba sintiendo.
- Perdonadme…- susurró. Kagome abrió los ojos más que sorprendida y sintió como se aceleraba su corazón al ver como Inuyasha se acercaba.- Yo sabía que había dos doncellas, pero no os conocí hasta hoy y…
Kagome se levanto para apartarse de el, su espalda choco contra el gran árbol, se compadecía de ella. ¿Era eso?
- ¡¿Pero que estáis diciendo?!- gritó mientras las lagrimas volvían a escapársele. - ¿Es que me habríais elegido a mi? ¡Desde que os conozco no habéis parado de insultarme y de ofenderme, no os atreváis a continuar!
Inuyasha estampo sus manos contra el tronco, una a cada lado de Kagome atrapándola entre su cuerpo y la fría madera.
- ¡Estoy intentando explicaros las cosas y solo recibo odio por vuestra parte!- grito haciendo que Kagome girara el rostro.
- No tenéis que darme explicaciones señor Taisho!!!Me alegro que os caséis con mi hermana y espero que…- la frase murió en su garganta porque Inuyasha atrapo sus labios en un ardiente beso.
Kagome gimió e intento apartarse de el, pero esos labios que tanto había deseado la embrujaron por completo.
Se aferró a sus anchos hombros como si fuera a caer e Inuyasha la apretó mucho más para notar su cuerpo.
Inuyasha saboreó la boca de Kagome como algo dulce, mordió levemente su labio inferior haciéndola gemir. Se separaron por la falta de aire mirándose a los ojos con intensidad. Inuyasha dio un paso atrás y la observo maravillado, los labios enrojecidos por el beso y la respiración agitada, era tan hermosa.
- Desde que os vi en el bosque…yo no he podido dejar de pensar en vos...Y....- dejó de hablar al escuchar pasos que se acercaban, de repente Kykio apareció doblando la esquina de la casa.
- ¡¿Se puede saber que ocurre aquí?!- Kykio observó la escena con el ceño fruncido, su hermana tenia lagrimas en los ojos e Inuyasha estaba muy serio.
- Kykio no pasa nada – dijo Kagome forzando una sonrisa. - Solo conversábamos de vuestro matrimonio...
- ¿Y porque estas llorando? ¿Y por que lo habláis aquí a escondidas? - Kykio estaba furiosa. Apretó los dientes con fuerza, no sentía nada parecido a los celos, simplemente temía que su hermanita le fastidiara los planes respecto a la fortuna Taisho.
- Porque me emocione pensando que te vas a casar y el señor Taisho me consolaba....Cierto mi señor? – contestó Kagome mirando con suplica a Inuyasha . Tenia miedo de las intenciones que podía tener el, si su hermana se enteraba de lo sucedido, seria terrible.
- Si....si....Fue así...- contestó Inuyasha taladrando a Kagome con la mirada. Kykio decidió no darle más importancia por el momento, ya tendría tiempo de dejarle las cosas claras a su hermana.
- Bueno volvamos a dentro que van a anunciar el compromiso.- Dijo mirando muy mal a Kagome. Cogió a Inuyasha del brazo quien no pudo evitar girarse para volver a mirar a la chica y caminaron en silencio hacia el interior.
La fiesta transcurrió tranquila a partir de ahí, Inuyasha y Kagome se encontraban cerca pero siempre rodeados de gente, no se dirigieron la palabra pero se vigilaban con la mirada sin cesar. Kykio los observaba frunciendo el ceño y no paraba de atraer la atención de Inuyasha. La fiesta se alargo hasta la madrugada así que el señor Higurashi les ofreció que pasaran allí la noche.
Kagome no podía dormir. Si el chico del bosque le quitaba el sueño, saber que iba a casarse con su hermana y que estaba en una de las habitaciones de ese pasillo se lo quitaba del todo. Decidió ir al jardín un rato y se sentó en uno de los grandes porches de la casa.
Suspiró pensando en el beso que habían compartido. Era la primera vez que la besaban y sentía un escalofrió al recordarlo, nunca pensó que pudiera sentir algo tan intenso.
Inuyasha no paraba de dar vueltas por su habitación como un león enjaulado pensando en la chica que había conseguido embrujarlo de esa manera. ¿Dios mió que había hecho con el? Había estado con mujeres, pero nunca había sentido algo tan fuerte solo besándola. Cada vez que pensaba en como seria poseerla por completo su cuerpo se tensaba de una manera casi dolorosa.
Suspiro mirando el cielo por la ventana, un movimiento captó su atención en el patio, reconoció la frágil figura enseguida. Sus labios se curvaron en una media sonrisa, no podía dejarla escapar.
Kagome paseo lentamente por el patio, no podía sacarse a Inuyasha de la cabeza. Pero tendría que empezar a hacerlo ya que el era el prometido de su hermana, por mucho que le doliera contra eso no podía luchar.
Notó como unos brazos se enroscaban a su cintura y como la estrechaban contra un pecho fuerte. Giró la cabeza encontrándose con un par de ojos dorados que parecían ver su interior.
- Pero que hacéis?!- dijo intentando soltarse sin existo. – ¡Soltadme!
Inuyasha sonrió al volver a ver aquella furia tan característica en aquella muchacha. Le hablo junto a su oído.
- ¿Por que os empeñáis en alejaros de mi? No es la primera vez que os tengo entre mis brazos, incluso con menos ropa que esta vez…- dijo acariciando su oreja con los labios, notó como Kagome se estremecía.
- ¿Estáis loco lo sabíais? – susurró Kagome en un jadeo, mientras Inuyasha le besaba el cuello.
- Si....Estoy loco por vos...- Susurró acariciando su cintura y sin parar de besar y lamer su cuello. - Desde el día que me apuntasteis con vuestras flechas, desde el día que pude contemplar vuestro exquisito cuerpo....Me volvisteis loco....-la volteó de repente hacia el y la besó con mas exigencia que la otra vez, enredó las manos en la melena azabache de Kagome y le abrió los labios introduciendo su lengua.
La muchacha notó la rigidez de Inuyasha, eso la hizo volver a la realidad y se separó de el respirando agitadamente.
- Por favor parad de hacer eso, nos pueden ver.- dijo intentando no mirar los ojos de Inuyasha oscurecidos por el deseo. - Mi hermana hoy quedo conforme con la mentira que le dije, pero si nos vuelve a ver juntos no me creerá y tendremos problemas.
- No quiero alejarme de ti Kagome.....-Ella quedo paralizada al oír aquellas palabras era la primera vez que un hombre, que no fuera su padre la llamaba por su nombre. Cuando el se disponía a besarla de nuevo, el rostro de Kykio cruzo el pensamiento de la muchacha.
- Porque me haces esto?!- dijo Kagome apartándose de el, intentando no llorar otra vez. - ¿Te divierte jugar a enamorarme? ¿¡No entiendes que tú te vas a casar con mi hermana!?
- Yo no estoy jugando a nada, simplemente no quiero luchar contra lo que me haces sentir – Cruzó los brazos sobre el pecho y la miró arqueando una ceja. – Te recuerdo que yo no elegí el compromiso con tu hermana. Así que tus prejuicios contra eso son un escondite para no admitir que sientes lo mismo que yo Kagome. Te aseguro que serás tu la que me pidas que te bese.
Kagome lo miro indignada, ¡que se había creído! Por mucho que lo deseara ella nunca le pediría tal cosa, era una doncella. Su ira terminó de explotar.
- ¡Jamás te lo pediré! Nunca ¿me oyes?- Inuyasha se dio la vuelta y se marchó tranquilamente, Kagome no estaba del todo segura pero le había parecido ver que Inuyasha sonreía.
Continuara…
Aquí dejo un capitulo algo m as corto, espero poder actualizar pronto, gracias por leer!!
Darkirie
