Esta es una traducción de la historia de Sensibly Tainted, "Growing Pains".
Los personajes originales son de J.K.Rowling, por supuesto.
Creciendo con dolor
Capítulo 4
Al día siguiente, Draco se dirigió al laboratorio de Pociones, en vez de ir al comedor para el almuerzo. McGonagall le había dicho que su padrino quería verlo después de clases, sin perder tiempo. Cuando llegó, la habitación estaba vacía, excepto por Severus. Le sonrió, pero su padrino no le respondió; en lugar de ello, le hizo un gesto hacia la oficina y lo precedió.
La habitación era pequeña, pero fanáticamente organizada. Cada papel en su archivo, o en su armario, cada libro en su estante. Hasta las cosas que estaban sobre el escritorio se veían centradas, prolijas. Draco se dejó caer en la silla frente al escritorio y apenas levantó una ceja cuando sintió que se erigían poderosas barreras de privacidad.
- Necesito tu ayuda, Draco- Severus dijo seriamente, sentándose. Apoyó los codos en el escritorio y juntó las puntas de los dedos delante suyo.- Pero antes de que te involucres, debo pedirte que hagas un juramento de silencio.
Draco no hizo preguntas inútiles como: 'es necesario'. Podía asegurar que lo era. Recordó a su padrino temblando y gimiendo, acurrucado en el sofá. ¿Quería, realmente, involucrarse en algo que podía hacerle eso? Sabía que tenía que ver con el Chico de Oro. Y él tenía que saber más. Asintió y ofreció su mano. Severus la tomó y murmuró un hechizo, usó su varita como una daga, a través de la mano. Draco siseó, pero se mantuvo quieto.
- No hablarás de lo que sepas por mi, Dumbledore o Harry, respecto a Harry Potter, hasta el momento en que yo te libere del juramento.
- Lo juro- respondió Draco con calma; un pulso mágico atravesó su mano hacia su brazo, pasó por su cuerpo y sintió como si fuese sacudido hacia delante y hacia atrás; pero su cuerpo no se movió.
Severus asintió y retiró su varita. No había una marca física. El vínculo estaba en la magia de Draco. Si Draco tratara de quebar el juramento, su propia magia lo evitaría. Se masajeó la mano y levantó la ceja, nuevamente. Esta vez, impaciente. Severus decidió empezar con lo más liviano y le contó a su ahijado cómo había sido hallado Harry en el tren, lo que él había presenciado en la enfermería, y en la habitación secreta. Draco escuchaba sin interrumpir. Cuando Severus calló, el rubio frunció el ceño.
- Eso es …desafortunado- dijo delicadamente- pero no me estás diciendo todo. ¿Por qué necesitas mi ayuda?
- Tú entiendes algo de Psicología- Severus demoró.
- Sí, lo que tú me enseñaste. Pero en ese punto, tú eres un maestro, yo no- Draco gruñó.
Severus se puso de pie y caminó unos pasos, cruzando la oficina. No tomó ningún libro; se mantuvo de espaldas a Draco, las manos en la túnica para esconder un temblor. Draco espero pacientemente.
- Harry sufre bajo una culpa tan poderosa que lo ha trastornado. Cree que las maldades del Señor Oscuro son su culpa, porque aún no lo destruyó. Cree esto desde lo profundo de su subconsciente. Por eso, su magia no lo protegió contra las palizas de su tío.. Harry cree que merece ser castigado. Pero su tío fue más lejos que eso, más lejos de cualquier castigo soportable, y Harry, finalmente lo rechazó. Su magia trató de protegerlo, pero sin que él lo supiera, su tío había drogado su comida; esto hizo que su cuerpo no le respondiera y de algún modo se interpuso entre él y su habilidad de controlar su magia. Pero su mente se mantuvo intacta; estaba totalmente consciente, como tú lo estás ahora, sentado allí.
- Sólo dímelo- saltó Draco. No podía dejar que siguiera dándole largas. Sus nudillos estaban blancos, sus manos sujetaban los apoyabrazos de su silla con fuerza y todo su cuerpo estaba tenso.
- Su tío…-Severus se aclaró la garganta y trató otra vez- Él lo violó. Harry fue violado por su tío.
- Merlín- Draco murmuró roncamente- Tú viste…
Severus asintió, y Draco no presionó por más respuestas. Él realmente, realmente no quería saber lo que su padrino había visto. No podía imaginarlo, ni lo intentó. El silencio continuó hasta que Severus pudo enfrentar a Draco nuevamente. Volvió a su silla y apoyó la espalda, levantó la cabeza, mirando el cielo raso.
- ¿Qué puedo hacer?- preguntó Draco con suavidad.
- La Señorita Granger y el Señor Weasley le contaron sobre el encantamiento de la canción, tratando de alegrarlo. Por alguna razón pensaron que la tuya era una buena opción para hacerlo. Pero no lo hizo reír, en vez de eso, captó su atención.
-¿Qué estás diciendo?
-Por todo lo sucedido, Harry no tiene voluntad de vivir. La única razón por la que sobrevive es por su completamente pasiva negación. Esto no durará mucho, y moririrá. Desde que despertó, ni una vez preguntó dónde está o si debía hacer alguna cosa. Se sienta y respira. No participa. Pero, eso cambió anoche.
Sin que lo incentive, preguntó por tu canción y qué te había sucedido para que ese sea tu tema. Entonces, lo que quiero es que le digas a tus amigos que dejarás el colegio esta noche, después de la cena, para hacerte cargo de tus negocios. Quiero que pases el fin de semana conmigo y Harry. Tu principal tarea será mantenerlo interesado en la vida; y la mía será tratar de que enfrente lo que ha vivido y que quiera pasar sobre eso.
-¿Cómo vas a hacer eso?
- Pasos pequeños- Severus suspiró y se sentó derecho.- Primero, voy a analizar su canción con él. Veré si puedo hacer que admita los sentimientos que expresa, después movernos al por qué de lo que siente. Si continúa vivo después de eso, vamos a tratar de encargarnos de la culpa que ha puesto en el lugar equivocado.
- ¿Y todo lo que quieres que yo haga es mantenerlo interesado?- Draco frunció el ceño.
- Es vital- dijo Severus, seriamente, clavándole los ojos.-No me importa si es una nimiedad, pero Harry tiene que mantenerse agarrado de sus sentimientos de interés, de otra manera no va a recobrar la voluntad de vivir. ¿Lo entiendes?
-Sí, entiendo: Sólo que quiero hacer más.
- Una cosa por vez¿recuerdas?- Severus sonrió cansado, Draco le sonrió a su vez.
- ¿Te veo después de la cena?- preguntó, poniéndose de pie.
- En mis habitaciones; iremos por flú hasta la enfermería- le dijo, mientras le indicaba que se retire.
Severus se levantó. El ruido del comedor fue diminuyendo gradualmente, a medida que los alumnos se dirigían a sus salas comunes. Él no estaba prestando real atención. Sus pensamientos estaban centrados en lo que podìa suceder cuando lleve a Draco a ver a Harry. Podía resultar de mil maneras diferentes… y él no estaba entusiasmado con ninguna de ellas.
- Severus, muchacho; ven a verme a mi oficina- dijo Dumbledore.
El Profesor levantó sus ojos oscuros y vió al Director parado en la entrada que los Profesores usaban para entrar y salir del comedor. Asintió y caminó, pasando a su lado, y dirigiéndose a la derecha, en lugar de ir hacia las mazmorras. Dumbledore lo siguió en silencio. Unos pocos momentos más tarde, alcanzaron la gárgola que guardaba la entrada de la oficina del Director.
Dumbledore le sonrió a Severus, él permaneció de pie.
- ¿Caramelo de limón?- preguntó mientras se sentaba en su escritorio.
-¿Qué puedo hacer por ti, Albus?
-¿Cómo está el joven Harry?- inquirió.
Severus, breve y concisamente le explicó lo que había observado, las conclusiones a las que había llegado, y lo que planeaba hacer para tratar de mitigar el daño. Dumbledore escuchó gravemenste y asintió. Severus hizo un gesto con la cabeza y giró para retirarse, topándose con Ron y Hermione. Los ojos de los chicos se iluminaron cuando lo vieron.
- ¡Profesor¿Cree que podríamos ver a Harry?- pidió Hermione ansiosamente.
- Todavía no. Se lo haré saber.-Severus disparó y pasó a su lado intempestivamente, cansado de preguntas. ¡Tenía un maldito trabajo que hacer!
La cabeza de Harry giró lentamente cuando oyó que la puerta se abría. Vió que su Profesor y Malfoy, entraban. Parpadeó. ¿Ya era tiempo de comer, otra vez? Sentía como si eso fuese lo único que hacía; pero no podía imaginarse al Profesor Snape trayendo una bandeja, yéndose y trayendo otra. Realmente no tenía hambre. Parpadeó nuevamente y se dio cuenta que sus vistantes ya no estaban en la puerta, los buscó con la mirada y encontró a los dos Slytherins a su lado.
Draco miraba fijo e impasivo al Chico de Oro, pero por dentro temblaba. Esos grandes ojos eran escalofriantes. Miró hacia su padrino, quien le ordenó a Harry que se levante y use el baño y luego coma. Varias veces debió repetir sus palabras, hasta que su significado le llegó a Harry, lentamente los ojos verdes iban deshelándose, despertándose. Finalmente, Harry terminó de comer y permaneció sentado en la cama.
- Hola Potter- Draco ofreció y se encontró con los ojos verdes. Harry no habló, entonces, Draco se dio cuenta que no había dicho ni una palabra desde que entraron a la habitación.
-Tú querías escuchar la canción de Draco¿verdad, Harry?- preguntó Severus casualmente.
La mente de Harry reprodujo la canción que Hermione había cantado, y otra vez, captó su atención. Miró a Draco y asintió. Severus realizó el encantamiento. La música de un piano, seguida por cuerdas, llenó la habitación. Luego la voz de tonos altos de una mujer. Las palabras lo empaparon. Comenzaron lentas, luego subieron y se les agregó una batería. La voz remontaba y se rasgaba, emocionada.
.-'Los vientos del invierno se fueron y se apagaron...Le conté a los cielos pensamientos grises...Lágrimas sobre mi almohada, un niño perdido en el dolor...Recé...por días mejores...Levántame, sácame de este lugar...Estoy levantándome. Cambié delante de tus ojos. Levántame de las cenizas, hazme completo…...Levántame y recréame...y ayúdame a vencerme...a mí mismo...Guíame desde el infierno...'
Estoy levantándome. Avanzo...Dame la fuerza para continuar ...Siento la luz en mi rostro...Oigo las palabras de gracia del ángel...Mis alas quebradas fueron hechas para volar...Tú me levantaste y me redimiste...estoy poniéndome de pie, estoy enfrentándome...siento que los muros caen con estrépito...'
La canción terminó y la música se desvaneció. Harry sintió que una sonrisa suave tocaba sus labios, pero no estaba seguro si era feliz. Draco sintió que sus mejillas se acaloraban. El encantamiento era bastante personal; tocaba muy cerca de lo que el corazón mantenía oculto, pero supuso que ese era el punto. Cuando vió la sonrisa suave en los labios de Harry, supo que no se arrepentía.
- Lindo. Tú no fuiste siempre lindo- Harry murmuró y fue su turno para que sus mejillas se acaloraran- Quiero decir, fuiste un bastardo, no es que piense que eras atr...
Antes de que pudiese terminar el pensamiento, su rostro palideció dramáticamente; sus pupilas se contrajeron y comenzó a gemir. Era un sonido desgarrador, terrible, que puso de punta los cabellos de la nuca de Draco y de Severus. El Profesor de Pociones corrió, con una poción calmante, pero en el momento en que lo tocó, Harry entró en pánico y comenzó a luchar y a gritar.
Draco se tambaleó; el sonido era infernal. ¿Cómo podía ser que tanto ruido viniera de alguien tan pequeño? Miró con los ojos agrandados por el shock cómo el pequeño luchaba contra su padrino. La cabeza del chico se movía incontrolada, los ojos fuertemente cerrados, brazos y pies pateando y sacudiéndose; su cuerpo se arqueaba sobre la cama. Parecía poseído.
-¡Ayúdame!- gruñó Severus, cuando un segundo golpe cayó en su cara.
Draco se adelantó y sostuvo la parte inferior del cuerpo de Harry. Severus luchó, pero pudo administrarle la poción. Los movimientos se enlentecieron y, finalmente se detuvieron. Su respiración se hizo profunda y su rostro se relajó en el sueño. Severus jadeó por un minuto, mientras Draco estaba parado, temblando ligeramente.
-Eso estuvo bien.- Severus gruñó, al fin.
- Espero que estés siendo sarcástico- dijo Draco con disgusto, sacándose el cabello de la cara con violencia.- Creo que te mordió. Tu mano está sangrando.
Harry empeoró desde entonces. Sin responder, haciendo lo que se le decía, pero sin reaccionar. Al día siguiente, Draco ayudó en lo que pudo, mayormente buscando cosas, releyendo los libros de Psicología de Severus, investigando sobre hechizos que afecten a la mente. Para el sábado a la tarde, Severus hasta cedió en traer a los Gryffindors, pero ellos tampoco lograron una respuesta. A la única cosa a la que Harry reaccionaba, era al tacto, y siempre de una muy mala manera.
Después de lidiar con un furioso Ron Weasley, que lo acusó de ser el culpable del estado de Harry, Severus se encerró con Draco, todo el domingo. Buscaban desesperadamente por una ayuda mágica; era obvio que otra terapia no resultaría. Después de horas de búsqueda, dieron con algo que les dio esperanzas, y llamaron a Dumbledore para que les ayude, pues necesitaban ajustar el hechizo.
Originariamente, el hechizo permitía que uno viera su pasado; como en un pensadero, pero en primera persona. El observador podía ver el recuerdo tan vivamente como si volviera a suceder. Así no ayudaría, pero, combinado con algo que encontraron en un libro de Psicología, pensaban que podía ser lo que necesitaban.
El libro decía que los niños que sufrían abuso, con frecuencia, creían que lo merecían, que estaba bien que los trataran de ese modo; pero cuando alcanzaban una mayor edad podían entender que eso era un error, y con ello podían continuar y sanar. El truco consistía en hacer que el chico vea el abuso objetivamente y permita que su sentido moral le muestre la verdad.
La mejor manera de hacerlo era que el terapeuta le dijera al chico que un amigo fue abusado; dándole detalles y preguntándole si estaba bien ser tratado de esta manera. Nueve de diez casos, la víctima rápidamente protegía a su amigo, exclamando que no estaba bien; con ello, alcanzaban claridad de pensamiento.
La idea de Severus consistía en debilitar el hechizo de memoria. ¿Podrían hacer que Harry viese sus recuerdos claramente, pero como si le sucediera a otra persona? Viendo a un chico que no conocía. Severus estaba seguro que el complejo de héroe de Harry surgiría al instante y protestaría. Draco estaba de acuerdo. Trataría de proteger al chico, sabiendo que lo que sucedía estaba mal.
Luego le harían saber que era a sí mismo a quien trataba de proteger, que ese modo de tratarlo había estado mal.
Severus esperaba que esto le mostrara a Harry de una vez por todas, que estaba bien protegerse a sí mismo y reaccionar contra sus abusadores.
Los tres trabajaron por horas y terminaron a la madrugada. De hecho, no tuvieron tiempo para probar el nuevo hechizo. Severus tenía clases que dictar y Draco tenía clases que tomar.
Dumbledore sonrió cansado: -Yo lo probaré.
-¿Estás seguro? Me gustaría ver lo que resultó.- Severus frunció el ceño.
- Hicimos los cálculos de adelante para atrás y de atrás para adelante.- Dumbledore les hizo un gesto con la mano- Vayan, les haré saber cómo fue.
Los dos Slytherin hicieron, de mala gana, como les pidió el Director. Él recogió los papeles con el trabajo y se fue vía flú, a sus habitaciones. Draco preguntó en voz alta a quién usaría el Director como conejillo de Indias. Severus resopló, siguiendo a su ahijado.
-Si tenemos suerte, usará a Fudge, así, si no funciona, nuestra decepción estaría atenuada por la explosión de la cabeza de ese incompetente.
La carcajada de Draco resonó en los pasillos.
- ¡Yo no lo entiendo!- Ron murmuró sombríamente en el desayuno. Habían pasado todo el día anterior con Harry y su amigo no había respondido para nada- Sé que lo que le pasó es horrible, pero vamos!
-¡Cállate, Ron!- Hermione le lanzó una mirada asesina, apuñalando su comida violentamente- No tienes idea de lo que le ha sucedido y de lo que está atravesando.
- Es duro. Fue golpeado por su familia; fueron peores este verano. Lo entiendo- Respondió- Pero Harry enfrentó al Innombrable y salió sonriendo.¡El es más fuerte que esto!
- Y entonces ¿qué?...¿Crees que está fingiendo?- Ginny tiró el tenedor sobre su comida, obviamente un segundo antes de explotar.
- Chicos. No deberíamos estar haciendo esto aquí- dijo Neville, nervioso, mirando a sus compañeros de casa, que les lanzaban miradas sospechosas y curiosas.
- Te superaste, Ronald- siseó Hermione y dejó la mesa con vehemencia.
-¡Qué amigo eres!- agregó Ginny con furia y siguió a su amiga.
Ron agachó la cabeza y atacó a su desayuno como si lo hubiese insutado. Neville se sentó a su lado; quería seguir a las chicas, pero hubiese sido demasiado abandonar a Ron. Suspiró y se quedó sentado, pidiendo silenciosamente que Harry se ponga bien pronto. Todos lo necesitaban.
-¿Cómo te fue con los negocios?-Pansy le preguntó a Draco.
- Bien. Aunque no es nada firme, todavía necesito dedicarles mi atención por unos días.
Entraron al salón de clases de Transformaciones y buscaron sus asientos. Weasley llegó unos minutos después de ellos, pero no se sentó al lado de Granger. La chica le lanzó una mirada oscura antes de darse vuelta, con la nariz en el aire. Weasley se escondió en el asiento de al lado de Finnigan. El rubio le preguntó qué estaba mal, pero Weasley le ladró que se meta en sus propios asuntos... Pansy giró y levantó la ceja en dirección a Draco.
- Problemas en el paraíso- Draco sonrió con desprecio.
- ¿Crees que se debe a la rueda que falta?- Pansy sonrió astutamente- Tal vez podríamos sacudir el bote y ver qué cae.
El año anterior Draco se hubiese reído y hubiese sido el primero en instigar la pelea; pero ahora, le parecía mezquino y un derroche de energía.
No sólo eso, podía simpatizar con los Gryffindors; era muy estresante, como mínimo, pasar el tiempo que fuera con Potter. Los gritos de tortura llenaron su cabeza nuevamente, y miró desdeñosamente a Pansy, clavándole sus filosos ojos grises.
-¿Por qué no tratas de parecer inteligente? Al menos, haz tus metáforas correctamente.
-¿Y a ti qué te pasa?- Pansy le espetó, con sus manos en la cintura.
Draco no respondió; en lugar de ello, la ignoró y fingió que le prestaba atención a McGonagall. En realidad, en lo único que podía pensar era en el hechizo, se preguntaba si funcionaría o no.
Draco estaba sentado en el almuerzo,entre Vince y Greg, cuando una lechuza real dejó caer una carta en su plato. Pansy estaba con Millicent, unos cuantos asientos más allá. Todavía enojada con Draco, no le hablaba. Cosa que a él no le importaba demasiado; era otra de sus reacciones infantiles, y él no se sentía con ganas de lidiar con eso. Abrió la carta, que era de Severus. El hechizo había funcionado y lo iban a hacer esta noche, después de la cena. Draco se retiraría temprano y luego iría subrepticiamente a las habitaciones de Severus.
- Negocios- dijo el rubio, por si acaso, y quemó la carta con un encantamiento.
Severus y Draco entraron en la habitación de Harry, seguidos por Dumbledore. El anciano mago les aseguró que el hechizo había funcionado, pero que debían usarse tres mentes: uno haría el conjuro; el segundo proveería los recuerdos, y el tercero sería necesario como vínculo con el segundo, para asegurarse que todo suceda como debía ser y para dar imparcialidad cuando el segundo vea sus propios recuerdos. Decidieron que Draco cumpliría ese rol, y que Severus haría el conjuro. Dumbledore declaró estar muy cansado como para hacerlo, él permanecería cerca en caso de necesidad.
Severus levitó a Harry, suavemente. Dumbledore hizo desaparecer la cama y todo el moblaje, mientras Draco dibujaba un triángulo en el el suelo, cuidadosamente, con luz blanca. Lo rodeó con un círculo, que tocaba las tres puntas. Severus bajó a Harry, con gentileza, y lo colocó en la base del triángulo.
Él tomó su posición en la punta superior, enfrentándose a la figura de Harry. Draco se colocó en la línea del círculo, directamente enfrente de su padrino, y sólo a algunas pulgadas de la cintura de Harry. Mientras pasaba todo esto, Harry ni se movió, sólo parpadeó. Dumbledore se paró en un rincón, para observar en silencio.
- ¿Estás listo?- preguntó Severus, y Dracó respondió asintiendo con la cabeza.
El hechicero de ojos oscuros levantó sus brazos, para que estén directamente en línea con los lados del triángulo, con las palmas hacia abajo. Tenía una varita en cada mano, entre el pulgar y el índice; la propia en la mano derecha y la de Draco en la izquierda. Conjuró el hechizo que ligaría temporalmente a Draco y a Harry. Una luz dorada brilló sobre las cabezas de ambos. Los ojos grises de Draco se apagaron, no tanto como los de Harry; y los de Harry se pusieron más vidriosos, un poquito más vivos. Con calma, sin transición, comenzó a invocar el conjuro de memoria, en un idioma parecido al latín.
Pasaron tres minutos, luego cinco. Un error podía desviar la magia. El círculo brilló con luz azul, el triángulo con luz blanca; y la nube de luz dorada se mantenía en las cabezas de los adolescentes. Con un tono firme, pero manteniéndose absolutamente quieto, Severus dijo la última palabra. Observó a los chicos; sintiéndose extenuado, como si lo último de sus magia hubiese sido exprimido. Los pechos de ambos se levantaban y bajaban al mismo tiempo, hasta los latidos de sus corazones estaban perfectamente sincronizados.
-¿Qué ves, Draco?
- Nada- respondió Draco, como adormecido, lentamente.
Severus miró al Director. Dumbledore tenía el ceño fruncido; su cabeza se sacudió, diciendo que eso no era correcto. Draco debería estar viendo un recuerdo de Harry, con él. Pero ambas figuras brillaban poderosamente, con todo lo que Severus había puesto en el conjuro, más el agregado de la amgia de Draco. No había manera de que nada sucediera.
-¿Ves algún recuerdo?- presionó Severus.
- No. Nada.- respondió Draco.
Con suspiro desalentado, Severus hizo el conjuro para terminar y dispersar la magia.
Hubo una explosión muy fuerte, como si una secuoya gigante se quebrara a la mitad, y luego una conmoción de magia golpeó las paredes. Los muros se abollaron, el cielo raso y el piso se resquebrajaron como una telaraña, partiendo desde el círculo dibujado en el suelo. Severus fue arrojado hacia atrás, contra la pared, y vió como Dumbledore caía, parecía desarmado, luego la inconsciencia lo reclamó también a él. Sucedió tan rápido que ni siquiera sintió dolor.
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