En ese momento, cuando oí su llamado, me presente muy asustado frente a él, saltando desde los arbusto que me escondían, mire donde se había ido la chica pero ella ya había salido de mi vista, Kacchan seriamente me dijo:

-Deku, acércate ahora.

Sentí miedo, por primera vez veía los hermosos ojos de Kacchan como algo realmente tenebroso, sentía que me iba a devorar con la mirada.

-Lo... Lo siento mucho... yo...

Él silencio un momento y me observo casi sin parpadear, no pude seguir mirándolo y decidí bajar la mirada.

-¿Te gusto lo que viste? –Preguntó-

-No- No vi nada... señor...

-Pude sentir tu olor, sé que viste todo lo que sucedió aquí.

-Perdón... No es de mi incumbencia las cosas que haga mi rey.

-Bien, me gusta que hables así.

Sé cómo tratarte Kacchan, sé que si solo bajo la mirada y me muestro inferior a ti estarás calmado y siendo quien tú eres ahora... no me atrevería a desafiarte en ningún sentido.

En silencio caminamos hasta el dragón, tomé las canastas y me subí nuevamente a Drakoris, comenzamos a emprender el vuelo, pero una flecha cayó cerca de nosotros casi lastimandome.

Un hombre que provenía de la villa verde grito: ¡Bakugou! a los cuatro vientos y volvió a disparar otra flecha, pero esta vez Kacchan la detuvo con su mano, sujetándola fuertemente, el viento soplaba enojado e intensificaba el fuego que comenzaba a surgir de las palmas del rey, estando aun en el aire, a una altura considerable, Kacchan salto y cayo logrando hacer un fuerte sonido en su aterrizaje, se aproximó al hombre quien comenzó a temblar y sudar frio, las pisadas de Kacchan era fuertes y firmes, con cada pisada el pasto se quemaba y el humo comenzaba a emerger.

-¿Cómo te atreves a atacar a un dragón? Siendo un simple y patético humano.

Dijo acercándose, intimidando al hombre con su altura y su cuerpo, pero poco le duro, el hombre tomo fuerzas y volvió a levantar su arco apuntando, con firmeza y determinación.

-¿Qué le ha hecho a mi hija? ¿Qué embrujo ha puesto sobre ella? No permitiré que usted la devore.

-¿Quién?

-¡Mi hija!, Anais, ¡a quien usted le arranco parte de su brazo! –Grito fuerte y claro-

-Ya veo, Anais. No tengo intención alguna de llevármela, ni terminar lo que comencé con ella ya he encontrado algo mejor.

-¿Algo mejor? Usted... ¿dejara a mi hija en paz?-Palabras muy desconfiadas salieron de su boca-

-¡Sí!, -Dijo firme y disgustado- Ahora lárgate si no quieres que te arranque el brazo también. –Menciono, haciendo un sutil movimiento con su mano como desprecio-

-Sí, mi señor, discúlpeme, gracias por dejar a mi hija vivir.

El hombre retrocedió sin darle la espalda a su rey hasta desaparecer de su vista, ciertamente se veía nervioso al retirarse, pero su voz sonaba más tranquila.

Kacchan subió de un salto a Drakoris y monto marcha hacia el castillo, nuevamente quedamos en silencio.

-Mi señor...

-¿Qué quieres?

-Usted siendo rey... ¿Porque no tiene más sirvientes?

-Por qué Drakoris se los comió a todos...

-¡¿Es enserio?! Drakoris se ve muy amable, ¿No... ¿No habrá sido usted verdad?

–Pregunte tímidamente sin meditar lo que decía, Kacchan en un rápido movimiento, desnudo mi cuello y lo lamio.

-¡N-No! -Grite desesperado, pero él no me soltó, me apretó contra su pecho con sus fuertes brazos asiéndome perder aire y susurro en mi oído.

-¿Quieres ser marcado como esa chica? ¿Quieres ser devorado como ella?

-¡No!

-Oh, pero yo pude sentir un dulce aroma viniendo de ti cuando estaba con ella. Un aroma especial ¿no?, ¿sabes de lo que hablo?

-No- No lo sé...

-Ese aroma me llamaba, me decía que tú deseabas ser esa chica...

-¡No es así! ¡No lo es y quiero que me sueltes!

Kacchan me soltó, tirándome hacia adelante, dejándome a su merced, me voltee a mirarlo y ahí estaba, observándome, seriamente, sus ojos brillaban delante de mí como los de un animal acechando y su semblante decía que deseaba lastimarme.

-No- No me mires así –Me cubrí con mis brazos intentando esquivar su mirada –No quiero ser devorado.

Kacchan me tomo de la cintura y me atrajo hacia él, saco mis brazos de mi rostro y me obligo a mirarle, mi respiración estaba entrecortada, temblaba y su rostro no dejaba de observarme, con su mano levanto mi mentón, e inesperadamente deposito un tierno y suave beso en mis labios.

Quede impactado, no podía entender lo que pasaba por la cabeza de Kacchan, sentí su cálido beso, húmedo y sutil, pensaba en como seria con el verdadero Kacchan, y dudaba mucho que él tuviera esa sutileza, esa amabilidad al demostrar sus sentimientos, cerré mis ojos y me deje llevar, sin desearlo, Kacchan me soltó y se alejó de mí, dejándome con las enormes ganas de que me siguiera besando.

-¿Por qué? –Pregunte sin saber lo que hacía-

-¿Por qué? –Pregunto él-

-¿Por qué me besaste? –Dije tímidamente, avergonzado y bajando mi mirada-

-Porque quise.

Volvimos al castillo y Kacchan se dirigió directamente al salón a prender el fuego, con pisadas largas y fuertes subió por las escaleras, y grito.

-Voy a salir al anochecer así que prepárame un baño ahora.

Comencé a preparar el baño del mimado rey, ya que de todos modos, no sabía que hacer en el castillo y ya no queria pensar más, pero, desde aquel suceso no pude dejar de pensar en el instante en que Kacchan mordió a la mujer, sin una habilidad de mi parte no me atreví a salvarla, ella claramente estaba siendo atacada, delante de mis ojos.

Definitivamente, ese hombre no era Kacchan o no el que yo conozco, aun así, debo decir que siento una enorme atracción por él, aún más fuerte que mis sentimientos por Kacchan de mi mundo, me daba asco pensar en mi persona cuando estaba realmente excitado viendo aquella escena... Kacchan tenía razón, yo si deseaba ser poseído por él.

Entre los arbustos estaba imaginado que era esa mujer en aquel momento. Imaginaba que me tomaba con sus ardientes manos, ¿En qué momento comencé a pensar así? ¿En qué momento Bakugou perturbo mi mente hasta el punto de hacerla suya? ¿Será desde que me arrincono en la cama? o ¿En el momento en que me acerco a su pecho y me hizo sentir su calor corporal? No, no era ninguna de esas, ¿Para qué engañarme? Si yo sabía bien que si él no tuviera ese rostro y esa voz que me han gustado desde niños, estás cosas no estarían pasando.

-Kacchan...

El golpe de la puerta abriéndose me saco de mis íntimos pensamientos y de forma instintiva me levanté y rígidamente salude a mi Rey, quien se acercó con cara de pocos amigos.

-¿Esta listo mi baño? Aun no te anuncias y ya deberías estar preparando la comida.

-¿Comida? ¿Quiere que cocine?

-¿No me digas que no sabes cocinar? – Se acercó a mi intimidándome como de costumbre-

-Es que... bueno yo... -Nunca tuve necesidad de hacerlo, mi madre siempre lo hacía por mí-

-Mierda... -chasqueo lengua.

Comenzo a desnudarse delante de mí, dejando su enorme capa burdeo en mis manos, desabrocho sus pantalones y los dejo caer, se introdujo en la bañera que aun estaba el agua muy caliente y me miro.

-Cambia esa estúpida cara y saca mis collares, no quiero que se mojen.

Temblando después de haber visto aquella escena, saque uno por uno sus collares, los deje a un costado junto con su ropa y le mire.

-Lávame –Ordeno entregándome una esponja-

-¿Qué?, ¡imposible!

-¡Basta ya! –Grito sujetando mi muñeca-

-¡Vas a limpiar a tu amo como corresponde! Si no, te juro que te hare pagar por tu falta de respeto.

Soltó mi muñeca y coloco la esponja en mi mano indicándome su espalda.

Comencé a refregarlo, por vez primera tome en cuenta cada una de sus facciones, su tez blanca con tatuajes en ambos brazos, era suave, firme y con pequeñas cicatrices en algunos sectores, observe su perfil, sus labios, pequeños y de sutil color rosa, sus ojos rubís sacados de lo más profundo de un volcán, varias veces había visto cómo podían quemar esos ojos, pero no de la forma tan detallada que podía hacerlo en ese momento.

Él cerró sus ojos y dio un pequeño suspiro dejando caer su cabeza en mi pecho, dejándome ver más allá, lave su pecho, suavemente, llegando hasta sus bien formados pectorales, me detuve y comencé a lavar su cabeza, siempre quise tocar el cabello de Kacchan, pero por temor a que se enfureciera y me hiciera explotar jamás me atreví hacerlo, masajee su cabello mientras aplicaba el shampoo, era seco, rubio, difícil de controlar que se proyecta para afuera y crecían en diferentes direcciones, un cabello difícil de tratar como su dueño.

Pude percibir un sutil aroma, dulce tal vez, extraño, me acerque a su cuello para sentirlo sin rozar su piel, pero poco a poco me fui acercado a su rostro que yacía descansando como si durmiera, con su respiración suave y rítmica, susurre su nombre para confirmar si se había quedado dormido, no me respondió y aproveche para dejar un suave beso en su rostro que se prolongó más de lo esperado, pensé:

-¿Cuándo voy a tener esta oportunidad nuevamente?

Quería estar con él, deseaba quedarme ahí para siempre, quería decirle lo que sentía, no me importaba realmente si era un buen o mal rey, no me importaba el por qué las personas le tenían miedo, solo deseaba estar con Kacchan.

De entre tanto pensamiento se vino mi madre a mis recuerdos. ¿Cómo estará? ¿Ya sabrá que he desaparecido?

-¡Mamá! -Pronuncie alzando la voz. Kacchan sostuvo mi cabeza que aún se encontraba en su cuello-

-¿Mama? -Repitió preguntando.-

-Yo... olvídalo, no es nada.

Salí corriendo del lugar y me encerré en mi habitación, todos los problemas volvieron a mí, ¿Cómo regresare a mi hogar? ¿Por qué me había quedado tanto tiempo ahí? ¿Qué estaba haciendo? Sentí un ahogo, las lágrimas no paraban de brotar, me costaba respirar, me acosté y dormí, no quería pensar.

Abrí los ojos y ya se había oscurecido, aún seguía en el mismo lugar, la misma fina y suave cama, el mismo gigantesco ventanal y el mismo extraño techo, suspire.

-¿Aun estas llorando? –Susurro a mi espalda Kacchan, quien estaba acostado junto a mi espalda.-

-No, perdón. -Dije secándome las lágrimas, él puso sus manos sobre las mías y termino de sacarme los ojos y las mejillas, me abrazo y nos quedamos así unos minutos, me hizo sentir más tranquilo, volví a desear que ese momento no terminara nunca. Me senté en la cama para no seguir en ese estado.

-Acuéstate, ya es tarde.

-¿Qué horas son? ¿Acaso usted no iba a salir?

-No, ya no, ¿Quieres comer algo?

-¡Sí! –Respondí instintivamente, no había comido desde la mañana.

Katsuki se levantó y me pidió que bajara con él, me sentó en una gran mesa del comedor, habían muchos de los productos que había comprado y otro más, probé las manzanas que le había comprado a una señora y cuando estaba dando el mordisco me di cuenta de Drakoris estaba en el salón junto con nosotros, esperaba su comida al igual que yo, me levante y le iba a dar un poco de verduras que habían en una cacerola.

-Drakoris solo come carne. –Dijo Kacchan trayendo consigo un puerco gigante.-

-Kacchan... eso...

Kacchan lanzo al animal en el aire y Drakoris con su aliento expulso un enorme fogonazo y de un mordisco introdujo al animal en su boca, una escena que quisiera olvidar y no volver a ver antes de comer.

-Siéntate –Ordeno-

Me senté a su lado, la mesa se veía tan linda que me volvió a entrar el hambre, el plato que había preparado Kacchan solo tenía carne de cerdo y ave, así que yo complemente con algunas verduras y frutas que estaban en la mesa, el me miro de reojo un poco disgustado tal vez, decidí probar las carnes que había preparado y no pude evitar un grito de dolor.

-¿Esta muy caliente?

-¡Me quema pero de picante que esta! -Grite molesto-

-¡Ya basta! ¡Te matare! ¡Es la comida de tu rey y te la comerás! –Ordeno intentado meterme la carne por la boca-

Al final termine dándole mi carne a Drakoris, siento que ella y yo nos estamos llevando muy bien.

Muchas Gracias por leer y por tu comentario Estrella