—Jazmín Rojo Bajo Lluvia De Sangre—
Por Zury Himura
Correcciones :Claudia Gazziero
Disclaimer: La historia no me pertenece, este fanfic es escrito sin fines de lucro. 2. Cualquier parecido con algún fic, novela o película anterior es meramente coincidencia y se prefiere no profundizar en eso.
3. Se aceptan gustosamente solo reviews positivos. Favor abstenerse de críticas destructivas y comentarios grotescos. 4. Zury Himura se reserva el derecho de admisión de reviews mala onda. 5. Zury Himura ama todos por igual, muchas gracias por sus comentarios anteriores.
Capítulo 4: Aceptando el destino
I
Kaoru había caminado ya varias horas y estaba cansada. Decidió detenerse a descansar bajo la sombra de un árbol frondoso. Recargó su espalda y simplemente se dejó caer en el suelo. Cerró los ojos ante una leve brisa que acarició su rostro y el rostro del pelirrojo se le vino a la mente. Aquel muchacho que la había salvado y que después de eso la ayudó con tanta facilidad. Aquel, que aunque no lo admitió le abrió las puertas y pudo ver su verdadero ser. Estaba tan sumida en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta que alguien estaba parado junto a ella. De pronto sintió como una mano le tapó la boca y otra la obligó a levantarse de su lugar. Sabía que algo estaba mal y por tal razón no quería abrir los ojos. "tonta, tonta, tonta" se reprochó mentalmente al bajar la guardia en un lugar que no conocía.
—No te preocupes Kaoru, al fin te encontré y ahora estas a salvo —la joven lentamente abrió los ojos al reconocer aquella dulce voz.
— ¡Eres tú! —se lanzó a los brazos de aquel joven de piel blanca, ojos alegres y cabello castaño.
— ¡Sí, soy yo y he estado preocupado desde que no te vi! Tuve a todos mis hombres buscándote por toda la noche y ninguno podía dar contigo hasta que te vi pasar cerca de la base, en ese momento supe que se trataba de la jovencita hermosa que algún día conocí —Kaoru, sonrojada, se separó del chico.
—Gracias Okita y siento mucho darte estos dolores de cabeza me han pasado tantas cosas que ni siquiera podrías creerme… —Okita la silenció poniendo un dedo sobre sus labios y la tomó de la mano.
—Sólo olvídalo, será mejor que vayamos a la base a que descanses, pues tenemos muchas cosas de las que hablar. Ahora estás conmigo y nada te pasará, te lo prometo —le besó la mano, sellando así su promesa. — Debemos darnos prisa, pues aquí las noches son las más peligrosas, los hitokiris del Ishinshishi trabajan en las sombras y sobre todos los mejores. Aunque no les tengo miedo, ahora tengo a alguien más a quien proteger —Sus pensamientos retrocedieron hacia algunas batallas pasadas; siempre con el mismo individuo, la misma calidad en cuanto habilidades y la misma rapidez…. Todo aquello se resumía siempre a una palabra "empate". Entrelazó más fuerte la mano con la de la joven y emprendieron la caminata.
Kaoru se sentía aliviada y bendecida por haber tenido la suerte de encontrar a Okita en ese momento. Ahora todo sería más fácil de afrontar, y al fin tendría en su poder la última voluntad de su padre, o al menos eso era lo que ella pensaba.
II
— ¡Chicos, chicos! Pongan atención necesito decirles algo —La voz de Okita se hizo oír con autoridad ante los cuchicheos de los demás soldados que estaban reunidos en el cuarto. Todos veían a Kaoru como si fuera la última mujer en el planeta, lo cual no pasó desapercibido por Okita. — Desde hoy tendremos a esta bella señorita como huésped especial entre nosotros. Cabe notar que ella es toda una dama, por lo cual no quiero que la molesten. En otras palabras a la primera queja de ella se las verán conmigo —Los hombres, sorprendidos ante la amenaza del líder, se limitaron a mirarse entre ellos sin articular palabra alguna. Los soldados sabían muy bien que para que Okita se pusiera en ese plan era que algo se traía con la chiquilla.
— ¡Ella sólo nos traerá problemas, molestias para serte concreto!… Tú lo veras con el tiempo. Pero por ahora no dudo que sólo nos vaya a servir para limpiar y servirle de distracción a uno que otro por aquí — se escuchó una voz ronca de entre todos los hombres. Okita cerró los ojos y caminó hacia el medio del cuarto.
— ¡Ella no servirá de entretenimiento, y si tienes algún problema o algo más que discutir acerca de su estadía limítate a darme la cara y lo arreglaremos entre tú y yo, Saito! —El aludido echó a reír mientras se ponía de pie.
—Bueno, la mocosa ya está haciendo estragos desde ahora. ¡Mírate! ¡¿Qué demonios estás haciendo amenazando a tu propia manada por una chiquilla como ésta?! —Saito se dio vuelta dispuesto a irse cuando Okita lo detuvo.
—Esta mocosa, como tú la llamas, es la hija de Kojiro Kamiya, tu maestro —Saito, estupefacto ante lo que acababa de oír, se dio la media vuelta y miró a Kaoru por el rabillo del ojo.
—Mis más sinceras disculpas, señorita —Terminando esta frase se retiró del cuarto ante la mirada de todos. Sabían que Okita y Saito eran casi los mejores amigos, siempre leales y casi iguales en cuanto a habilidades. Aunque por un pelo se podría decir que Okita era superior a Saito. Y por este pelo Saito desistió en seguir la discusión.
Todos los demás soldados salieron del cuarto dejando a los dos jóvenes solos.
—No es necesario buscarte problemas con tu grupo Okita, yo sólo…sólo quiero la carta de mi padre y me iré en paz —Una Kaoru con los ojos cristalinos se puso de pie.
—No te preocupes, aquí te quedaras y yo cuidare de ti. Por ahora te tengo que ayudar y para eso es necesario que conozcas a alguien… —El joven salió del cuarto. Después de unos segundos entró con un hombre ya de cierta edad. — Mira, te presento al señor Okina. Él fue el soldado que llevó a tu padre cerca de tu residencia y el que una vez me acompaño a tu casa. Él, junto con su hija, trabaja para el Shinshen—gumi. Ella está fuera completando una misión y por el momento no podré presentártela.
El hombre se acercó hacia Kaoru y se inclinó en forma de reverencia, la cual fue correspondida por la joven.
—Mucho gusto señor Okina, mi nombre es Kaoru y como sabrá estoy aquí por la carta —señaló la chica, sin tiempo que perder, pues estaba ansiosa por tener el último recuerdo de su padre.
—Sí, lo sé pequeña —El hombre sacó de su bolsillo una hoja doblada que contenía unas manchas de sangre y estaba desgastada. — Aquí la tienes; te daremos unos momentos a solas —con una señal se dirigió a Okita, quien rápido la entendió saliendo junto con él del cuarto.
Kaoru estaba ansiosa y nerviosa a la vez. Las lágrimas comenzaron a rodar sobre sus mejillas, una tras otra: como si hubiera una carrera entre ellas. Rápido Kaoru analizó los trazos y confirmó que era la letra de su padre.
Kaoru:
Hija mía, hoy me enfrentaré ante la mayor amenaza del Shinshen—gumi, por eso me anticipo a escribir esta carta antes de que cualquier cosa suceda. Todo este tiempo luché para darte una mejor vida y aunque no estuve mucho tiempo contigo quiero que sepas que lo hice por tu futuro y para darte un lugar lleno de paz y armonía. Sin embargo… hoy me doy cuenta de que algunas cosas que te enseñé estuvieron mal. Hoy quiero pedirte que luches para defender mi honor y los principios sobre justicia y honor que te enseñé. Si algo pasa esta noche quiero que luches en mi nombre, ya que tus habilidades te facilitarán mucho esta tarea. Nadie que haya conocido tiene un don igualable al tuyo y sé que con la ayuda correcta igualarás o hasta superarás la fuerza de mi enemigo. Sé que con disciplina y dedicación podrás vengar mi muerte, pues si esta carta llega a tus manos es que de seguro ya no estoy contigo. Cuídate mi pequeña y has honor a mi nombre. Battousai, es el nombre que quieres saber. Siempre estaré cuidándote.
Tu padre.
Kaoru se encontraba en el piso… las lágrimas habían dejado de correr, dándole el paso a una expresión de confusión. Su padre, el que le había enseñado que la venganza corrompía el alma del hombre estaba ahí pidiéndole que se vengara por él. El mismo hombre que la había reprendido por usar sus habilidades extraordinarias estaba ahí pidiéndole que las usara para lastimar a alguien más. El hombre que amaba y admiraba con toda su alma se convertía en un hombre diferente y desconocido ante sus ojos. Tomó fuerzas para asimilar cada una de sus palabras y aceptarlas en su corazón. Era la última voluntad de su padre y ella no era nadie para revelarse en ese momento. Aunque eso significara que ella dejaría de ser quien era y darle paso a lo peor, lo haría. Su padre se lo había pedido como su última voluntad.
Fue entonces que ella pudo entender a su totalidad a aquel chico pelirrojo "Eres quién no quieres ser". Qué tonta era al pensar que: ella lo había ayudado en algo. Estaba punto de hacer lo mismo y tenía el corazón dividido. Pero, ¿cómo podría lograr una venganza? Tendría que comenzar por machacar cada una de sus emociones y sentimientos y olvidarse de su personalidad.
Vengarse de Battousai, miembro del Ishinshishi… ¡No! Había tomado una decisión y no se convertiría en esa mujer. Lucharía en el mismo bando que su padre y por los mismos ideales. Y si era del destino que ella y aquel asesino se encontraran y se enfrentaran así sería, más sin en cambio si eso no sucedía, ella nunca propiciaría un encuentro. Ella era mejor que eso y si su padre no había visto lo que ella era… era error de su padre, pero nunca se rebajaría a albergar sentimientos como esos. Pidió perdón a su padre por aquella decisión, seguiría su destino e incluso se prometió jamás volver a llorar pues sus lágrimas habían muerto junto con su padre.
—Si el destino quiere que nos encontremos así será… pero yo no te buscaré, Battousai —cerró los ojos y cabizbaja se dirigió a su habitación.
III
— ¡Pelirrojo, pelirrojo… te dije que estaría aquí puntualmente! —La ninja apareció sobre un árbol en el punto de encuentro que había sido acordado.
Kenshin traía un sombrero enorme de paja; roló los ojos al verla.
—Esto tiene que ser una broma… —La miró con fastidio.
— ¡¿De qué hablas, pelirrojo?! Si ni siquiera he hecho nada aún… —la ninja bajó del árbol de un salto.
Kenshin, fastiadiado por lo de "pelirrojo" la retó. —Dime, ¿qué es esto mocosa? —señaló su gran sombrero.
—Pues un sombrero, ¿no? —dejó caer sus hombros.
—Y ¿para qué sirve?—preguntó sarcásticamente.
— ¿Para taparse del sol?—alzó las manos en señal de confusión.
— ¡¿Es una broma?! ¿Cómo piensas ser okashira? —Kenshin se cruzó de brazos sin creer lo que oía y decidió darle una oportunidad. — ¿Qué oculto bajo mi sombrero, ninja inteligente?
— ¡Oye! ¡Se lo que quisiste decir!… Bueno, en fin, tu cabello, eso es lo que ocultas —respondió, al mismo tiempo que entendía el porqué de su actitud. — ¡Ooohh! ya veo... lo siento, pelirrojo —Kenshin se dio un golpecito en la frente al ver el coeficiente intelectual de su compañera.
— ¿Sabes que…? Olvídalo. ¡Fue un grave error dejar que me acompañaras! Si eso es lo que voy a aprender de ti prefiero quedarme tal y como estoy —artículo en un tono burlón. — Eres peor que un enemigo… como mi aliada: me estas entregando en charola de plata revelando mis señas particulares — Cansado de discutir, se dio la vuelta dispuesto a marcharse.
— ¡Oye! Sólo estaba bromeando, ya sabía que no tenía que decir pelirrojo; eres muy sentido sabes —señaló la ninja, alcanzando a su compañero.
—Más te vale, porque me estabas dando vergüenza ajena.
—Está bien Battousai, me quedaré callada y te explicaré para que comencemos, ya que tengo más trabajo pendiente, tengo que lavar el ba… —Estaba a punto de continuar cuando notó que su acompañante se había quedado atrás. — ¿Qué es lo que te pasa, battousai?
Kenshin irritado y molesto le dirigió una mirada amenazadora
— ¡Eso! Me estas llamando por Battousai, algo peor que el color de mi cabello —Kenshin ya no sabía si la chica se hacia la graciosa o de verdad necesitaba mucha ayuda médica.
—Bueno, te llamé así porque no me has dicho tu nombre real —la joven ninja se dedicaba a hacerle bromas a todos pero ninguna de sus víctimas había sido tan escalofriantemente sensible como aquel chico.
—Himura… Himura Kenshin —contestó de inmediato.
—Bueno Himura Kenshin, comenzaremos con esto… lo primero es: ¿estás casado? —El pelirrojo se paró en seco y la miró con indiferencia.
— ¡¿Eso que tiene que ver?!
— ¡Nada, sólo que eres un Ishinshishi muy guapo! —la ninja se llevó las manos a la boca tratando de ocultar las carcajadas que estaban a punto de escaparse.
— ¡¿Estas tratando de jugar conmigo o qué diablos te pasa?! Además a la única que me interesaría responder esa clase de preguntas es Kaoru —El joven se cruzó de nuevo los brazos sonriendo arrogantemente. — ¡Qué chiquilla tan mas aventada! —Frunció el ceño al ver la car de confusión de Misao. — Y ahora ¡¿qué demonios te pasa?! —preguntó.
—Em… Nada sólo que pensé que tu esposa se llamaba Tomoe… pero al parecer escuche mal —El pelirrojo cayó en cuenta de lo que había dicho.
— ¡Eso fue lo que dije mocosa del demonio! —se excusó, tratando de convencer a Misao y hasta a él mismo de que se trataba de Tomoe y no Kaoru.
—No, yo claramente escuché el nombre de Kaoru. ¡Juego a hacerme la tonta algunas veces como hace rato, pero para nada lo soy ¡y sobre todo, tengo muy buena memoria, Himura! Al parecer tú no eres tan cuidadoso como yo pensé. Agradece que me lo dijiste a mí y no a tu mujer si no ya estarías de patitas en la calle —se rió.
— ¡Cállate, no sabes nada de mis mujeres! —ya ni siquiera sabía lo que estaba diciendo. Se hundía en un hoyo que se hacía cada vez más y más profundo.
— ¡¿Tus mujeres?! Oh... ya entiendo… entonces ¿Kaoru es la amante? ¿A quién amas más? —se mostró interesada, mirando de reojo la reacción del espadachín.
— ¡Que te importa, mocosa metiche! Mejor apúrate a enseñarme si no quieres que te deje aquí degollada — ¿Qué más le quedaba si no que amenazar para desviar la atención? Misao, muy persuasiva se dio cuenta lo que el pelirrojo quería evitar, bueno en realidad ya había soltado toda la sopa así que ya no había nada más que preguntar.
—Está bien Himura, te dejare en paz...Lo primero que tienes que saber es lo siguiente…
IV
Kaoru se había despertado muy temprano, ya hasta había desayunado. Rápido se dirigió a la habitación de Okita para saber sobre sus deberes.
—Okita, ¿puedo pasar? —preguntó, al tocar la puerta del cuarto del joven.
Se abrió poco a poco la puerta exponiendo así el inocente rostro de él joven. Kaoru no pudo controlar sus pensamientos en ese momento, los cuales le permitieron comparar a dos jóvenes. Por una parte estaba Okita Soji, un joven: tierno, lindo, de aspecto inocente, ojos castaños y alegres, al igual que su sonrisa. Pelo castaño, piel blanquizca y un experto en ocultar sus emociones. Por el otro lado estaba Kenshin Himura, un joven: misterioso, indescifrable, arrogante y altanero, antisocial, grosero, atractivo y se podría decir que entraba en la categoría de sexy, tenía el cabello rojo, piel nívea y ojos color ámbar que no eran para nada risueños. — ¡Que confusos son los hombres! —pensó.
—Estaba a punto de ir a buscarte Kaoru, hoy comenzaremos con tu entrenamiento. Okina habló conmigo y me explico lo que tu padre quería, depende todo de ti —Kaoru, un poco ofuscada, asintió. — Muy bien, te presentaré a quien será tu primer maestro. Ya que sabemos de antemano tus habilidades y talentos, los aprovecharemos. Crearemos una sola técnica, aprenderás de los mejores y fusionaras todas sus técnicas en una sola.
— ¿Los mejores? Por lo que sé tú eres el mejor del Shinshengumi, ¿por qué no me entrenas tú? —preguntó una Kaoru confundida.
—Porque como líder principal mi técnica se tiene que mantener oculta, y los demás han acordado ayudarte con lo mejor de sus técnicas para que puedas alcanzar mi nivel o hasta superarlo —el chico se adelantó y acarició la mejilla de la joven.
—Entonces… ¿me convertiré en una maquina? —frunció el ceño, al notar una sonrisa en Okita.
—Claro que no, Kaoru. Lo único que haremos es brindarte fuerza y nuestros conocimientos, eso es todo. Nadie tiene el don que tú tienes y eso ya es una ventaja pues no tardaras en perfeccionar los movimientos e incluso podrás combatir usando los movimientos de tu contrincante, mezclándolos con los más fuertes de nosotros —terminó de decir, mientras la tomaba de la mano y caminaban hacia el dojo.
— ¡Espera! No me digas que él me entrenará... — asustada, se echó para atrás soltándose del agarre.
—Tranquila, Saito es uno de los mejores y sin el estarás perdida, todos nosotros te complementaremos, ¿de acuerdo? Tranquilízate, que te está esperando en el dojo —Siguieron su camino cuando el joven de repente recordó —Se me había olvidado explicarte tus horarios: entrenarás todos los días, dos días entre semana de descanso. Te daremos tres a cuatro horas durante el día para lo que sea que desees hacer, eso es todo —Kaoru asintió y suspiró con resignación.
Estaba nerviosa, las piernas le temblaban pues no se llevaba muy bien con Saito. Él no la quería y ella no lo quería… fin de la historia. Recordó las palabras de su padre:
"Lucha por mí, Kaoru"
Lucharía por él, más no se vengaría de nadie. Así que tomó fuerzas y suspiró. Era hora de entrar y vérselas con aquel lobo.
—Buenos días, Kamiya —Le arrojó una katana y se acomodó en posición de ataque. — No perdamos el tiempo, te presento a mi "Gatotsu Isshiki"
Kaoru recogió la espada y tragó saliva, ¡¿en qué demonios se había metido?!
V
—Muy bien, Himura. Todo lo que me has repetido demuestra que me has puesto atención, estoy orgullosa de ti, mi primer estudiante —Misao le dio unas palmaditas en la espalda como signo de aprobación.
— ¡Tranquila, que no me gusta que me toquen! —se movió incómodo hacia la dirección contraria de su compañera.
— ¡Uh! ¡Lo siento! Se me olvidaba que sólo Tomoe te puede tocar… ¡a no! ¿Quién era? ¿Kaoru, verdad? —rió burlonamente. Pues sabía que esas dos mujeres en ese momento le servirían para molestar a su nuevo amigo.
— ¡Tomoe, Kaoru, quien sea… en esa lista de nombres no está incluido el tuyo, tonta! —La miró con desagrado. — Ya dime, ahora qué haremos, mocosa del demonio —Tajantemente se dirigió a la ninja que no hacia otra cosa más que agarrarse el estómago de tanto reír. — ¡Chiquilla tonta!
Después de un largo ataque de risas, Misao recobró la serenidad. — ¡Iremos al mercado! Ahí demostraras tus habilidades aprendidas como espía el día de hoy. Con esto digo que elegirás a una víctima sin importancia y practicaras con ella hasta que perfecciones el arte y puedas enfocarte en los peces gordos. ¿Me explico, Himura?
— ¡Estuvo claro, mocosa! —Él junto con la chica emprendieron su larga caminata hacia el mercado de la ciudad.
VI
— ¡Kamiya, tienes que ser más rápida! Hasta una tortuga anciana te ganaría si hablamos de velocidad —Kaoru estaba sudando y muy enfurecida miraba a Saito pasearse de un lado al otro como si nada hubiera pasado.— Tu error chiquilla es que demuestras mucho lo que sientes, por ejemplo: veo que si fuera por ti me estarías quemando en una hoguera y además vivo. —Kaoru asintió con dificultad.— Confías mucho en tus habilidades y eso es bueno, pero recuerda que si tu contrincante no se mueve tu estarás perdida, pues no habrá nada que imitar, nada que oír y nada que ver… entonces en ese momento Kaoru Kamiya será comida de perros.
— ¡Basta! He practicado durante cinco horas seguidas, mi muñeca nunca había sostenido tanto tiempo el peso de una katana, vencí con uno de tus propios ataques a tu Gatotsu Isshiki y aprendí a usar tu Gatotsu Nishiki… todo ésto en unas míseras 5 horas. ¡¿Dime cuando te tardaste tú en perfeccionarlo?! —Kaoru, que seguía agitada pero molesta, lo miró con indiferencia.
Saito se echó a reír.
—Está bien chiquilla, te daré tu descanso… después vendrás y te enseñaré lo básico de mis últimos dos Gatotsus. Eso es todo, puedes retirarte —agitó la mano varias veces para que desapareciera de su vista.
Kaoru, muy molesta, dejo caer la espada y salió como alma que lleva el diablo. Okita, quien estaba en la salida esperándola, se le acercó.
—Hermosa señorita, éste es el dinero que tu padre dejo con Okina en dado caso que te faltará algo. Y pensaba que podías ocupar parte de esto para comprarte ropa —A Kaoru se le iluminaron los ojos y de repente el dolor en su cuerpo desapareció así como si nada y todo se lo debía a la frase: ir de compras.
— ¡Claro! Vi unos puestecitos muy cerca de donde pasamos y necesito al menos tres o cuatro kimonos, así que aceptaré tu oferta y estaré aquí en tres horas —Okita se quedó con la mano vacía y con la boca abierta al ver como Kaoru prácticamente le arrancaba el dinero de la mano y dejaba sólo rastros de polvo al salir corriendo.
VII
—Himura, quiero que pongas atención a aquel hombre que está en ese puestecillo de comida —señaló la joven mientras se escondía tras de una tienda. Kenshin asintió. —Quiero que analices sus movimientos y lo sigas por el día de hoy —añadió la ninja, mientras ella escogía otro blanco para la demostración. — Yo ya tengo el mío.
—Está bien, aquí nos separaremos. ¿Ya tienes alguien a quien espiar?—miró sobre su hombro para ver quién sería la victima de la mocosa.
—Sí, nos vemos dentro de 10 minutos en este mismo sitio, y recuerda: sigilosa y disimuladamente… —El espadachín asintió y empezó su rutina de prácticas.
A Kenshin no le iba muy bien con su víctima; a decir verdad era un poco aburrido ver como se la pasaba comiendo y bebiendo. No tenía nada de especial. — ¿Cómo le irá a la mocosa? —pensaba.
Durante ese tiempo no sucedió nada interesante, así que decidió regresar con la molesta ninja.
—Muy bien, Himura… ¿qué observaste? —preguntó ansiosa la chica.
—Observé al sujeto que comía como si no hubiera comido en años, traía un gi color naranja y la hakama era azul marino, su cabello era corto y castaño, ojos café oscuro y ninguna cicatriz lo cual significa que no ha tenido ningún encuentro. En cuanto al tema hablado pude deducir que es dueño de varios terrenos y los renta para cosechar. Tiene una esposa y dos hijos uno de ellos irá a estudiar a Alemania...En fin, es todo lo que pude averiguar… —Misao asombrada, asintió con la cabeza.
—Muy bien, Himura; te daré mi informe así que pon atención… Mi chica tiene el cabello negro azulado, aunque es delgada puedes notar que su cuerpo tiene curvas, irrelevante pero esencial. Usa una coleta alta, su piel es blanca como la nieve, el color de ojos es muy inusual azul zafiro… diría yo, llamó la atención de varios chicos… —Al escuchar estas señas particulares el pelirrojo dio un salto de sorpresa y prestó mucha atención a lo que Misao le decía. Se preguntó si esa joven era Kaoru. — Aunque es hermosa trae hakama y un gi; al parecer entrena, ya que después la vi midiéndose ropa en un puestecito lo cual me hizo entender el porqué de su vestimenta. Nunca dijo su nombre, tenía en su rostro esta dulce sonrisa aunque su mirada me desconcertó, era…triste —Misao estaba a punto de continuar cuando notó que Kenshin salía de la sombra de su escondite; lo jaló de gi — ¡Oye! A dónde vas?
— ¿Dónde está ella? —preguntó ansioso a una Misao desconcertada.
— ¿Ella quién? —lo soltó, entendiendo que tal vez el pelirrojo sabía algo importante sobre aquella joven.
—La chica a la que seguiste. Quiero cambiar de objetivo, el mío está muy aburrido, te queda a ti —Misao con una venita furiosa en la frente le señaló el camino por donde la había visto la última vez.
—Tenías que ser hombre, Himura… tienes dos y no te basta.
Kenshin, ansioso de confirmar sus sospechas, apresuró su paso. — ¿Será Kaoru? ¿Podré tener la oportunidad de verla de nuevo? —pensó. Se encaminó llegando a un puesto de verduras cuando pudo divisar la silueta de la mujer — ¡Sí es! —se acomodó de forma lateral a una pared para poder contemplarla a totalidad, con cuidado de no ser visto. Estaba ahí, llena de paquetes, apenas y podía ver su muy delicado rostro asomarse de entre ellos. La joven estaba en un puesto de adornos y cintas para el cabello, se veía serena y llena de vida, aunque su cabello estaba un poco desarreglado. Se veía hermosa, Kaoru terminó la compra y colocó las cintas dentro de uno de los muchos paquetes que ya traía en los brazos. De repente, todos los paquetes tambalearon cayendo de lado y Kenshin por un momento dudo en ir a ayudarle, pero recordó que estaba de espía en esa ocasión. La pelinegra se agachó para tratar de recoger algunos de los paquetes pero en su intento se le cayeron otros dos. — ¡Tonta! —murmuró Kenshin. Decidió salir a ayudarle, pero antes de llegar al lugar vio como otro chico se le adelantaba y ofrecía su ayuda. — ¿Para qué aceptaba la ayuda de ese tipo si él estaba ahí? —Muy molesto caminó hacia la pareja. — ¡Eres una tonta Kaoru, primero por cargar más de lo que puedes y segunda porque te están coqueteando y tu ni en cuenta. ¡Mujeres! —reclamó en su mente. Estaba a punto de llegar cuando sintió otra mano tomarlo de la muñeca y lo dirigió hacia otro escondite.
— ¡¿Qué estás haciendo, Himura?! —preguntó Misao, enojada.
— ¡Qué te importa, mocosa del demonio, ocúpate de tus asuntos y déjame en paz! —soltó en un tono agresivo y frío que hasta la misma Misao tuvo que retroceder unos cuantos pasos. Su mirada dorada resplandecía más de lo normal.
—Te estuve vigilando y sé que ella significa algo para ti, ¿qué paso? Recuerda que: no tienes que mesclar cosas personales con el trabajo —Misao, con un tono más severo reprendió a Kenshin.
— ¡¿Y porque demonios me tienes que seguir?! Tu objetivo era otro si no mal recuerdo— le reclamó molesto.
—Es parte del trabajo de un ninja y creo que de un espadachín también: si ves algo sospechoso con tu acompañante y crees que la misión corre peligro es mejor que tu nuevo objetivo sea tu compañero.
Tenía razón y él lo sabía; desde que escuchó la descripción de Kaoru supo de inmediato de quien se trataba e hizo caso omiso a las órdenes de Misao. Pero, no lo iba a aceptar así como así, nadie le daba órdenes y menos una mocosa metiche como ella.
En el puesto Kaoru le agradecía al amable joven que le había ayudado. Éste, como todo un caballero se ofreció a acompañarla unas cuantas calles. Pasaron cerca del escondite de la ninja y el espadachín.
—Mi nombre es Kaoru y me da mucho gusto en conocerle joven Akali. Siento no poderle ofrecer mi mano ni alguna reverencia pero como ve estoy un poco indispuesta —Los dos se echaron a reír.
En el escondite, Misao veía con asombro a un Kenshin que no despegaba la mirada de la pareja que pasaba por un lado de ellos. Ahora entendía: esa era la tal Kaoru. Con un golpecito en el brazo Misao trató de llamar la atención de su compañero, pero éste molesto por la interrupción alejó su mano con un manotazo sin perder de vista a los dos chicos que se alejaban.
—Vamos por allí… —susurró la ninja entendiendo la importancia de la joven para el Battousai. Éste volteó y miró el dedo de la joven señalándole el techo de una casa.
— ¿Estas segura que no nos veremos raros saltando de un lado a otro durante el día? —preguntó Kenshin, acercándosele al oído de Misao.
— No que no rojito, no que ¡sólo ciertas chicas me tocan! —pensó la joven ante la reacción de este.
—Bueno, si no quieres seguirla te quedaras aquí, yo ya me voy a ver cuántos besitos se dan los tortolitos — la ninja saltó al tejado de la casa y sonrió al sentir otros pasos detrás de ella. — Muy bien Himura, agáchate lo más que puedas y cuando paren te tendrás que acostar por completo —volteó a verlo para obtener una aprobación de entendimiento. Ahí estaban otra vez los ojos dorados destellantes. — ¿Sabes Himura? No hablaba enserio sobre los besos así que no tienes por qué molestarte. Eres muy posesivo.
—Más te vale que no pase lo que dijiste porque si pasa me desquitare contigo y créeme que no me gusta asesinar mujeres —siguió caminando sin voltear a ver a una Misao congelada.
—Está bien, está bien… ya no diré nada pero dime Himura, ¿quién es ella? —Misao estaba muy curiosa, sí, sabía que la joven era alguien importante para Kenshin pero quería saber que significaba o que era para él.
—No te importa…
—Claro que sí, estoy contigo en esto así que tendrás que decirme.
—Es Kaoru, ¿qué no oíste? —formuló en tono sarcástico, mientras daba pasos chicos para no hacer ruido.
— ¡Tonto! Ya sé cómo se llama… me refiero a que si Tomoe es tu esposa… entonces, ¿quién es ella? Al principio pensé que era tu amante o algo así pero si la andas siguiendo y no le das la cara lo único que me haces pensar es que eres un pervertido —Para esto Misao se había quedado unos pasitos más atrás que el pelirrojo, por precaución a la reacción del espadachín.
Al oír esto Kenshin se detuvo y se dio cuenta de la gravedad de sus actos. Dejó que Kaoru y su acompañante se perdieran por las calles.
— ¡Oye! Sigue caminando que los vamos a perder —ordenó la chica al perder de vista ambas figuras en el camino. — ¡Ay, si serás tonto Himura! Perdiste tu oportunidad de saber a dónde iba.
—Tomoe es mi esposa y tengo que volver, no puedo hacer esto… —Kenshin dio la vuelta y comenzó a caminar hacia lo que se veía que era un callejón para así poder bajar del tejado.
— ¡Espera, espera! Por lo que pude observar la que te interesa es esta chica, hasta mostraste celos… ¡No entiendo lo que pasa! —los dos saltaron al mismo tiempo bajando del techo. Kenshin se mantenía en silencio y pensativo.
—No es de tu incumbencia así que no pises esos terrenos —le advirtió, con una mirada asesina.
—Mira no es de mi costumbre dar consejos, pero creo que deberías decidirte con quien quieres estar, para mi es obvio, pero veo que para ti todavía no lo es.
—No, no es así de fácil mocosa. A Kaoru yo apenas la conocí y con Tomoe llevo 3 años de casado. ¿Cómo podría yo sentir algo así de rápido? —Se acarició la barbilla. — Ante esta pregunta no se explicarme ni a mí mismo la reacción que tuve cuando la vi con ese chico. ¡Ni si quiera ser por qué demonios te estoy contando esto a ti! —le dio la espalda y se echó a caminar con velocidad. Era mucho lo que cargaba su alma y esa niña aunque grosera y atrevida le inspiraba confianza. Y se lo demostró impulsándolo y apoyándolo al seguir a Kaoru sin ser su problema.
—Sabes… apenas te conozco y me doy cuenta de lo enredado que estás en tu vida sentimental. Estás con una esposa a la que piensas querer dominado por la costumbre… y de pronto despiertas de un largo sueño y conoces el amor —Kenshin paró en seco y la vio sorprendido —la explicación de lo que sentiste con ella… —prosiguió.— se llama celos. Aunque no son nada buenos ni saludables pero son la primera señal del amor. Dime, ¿sentiste ésto con tu esposa alguna vez? —Battousai negó con la cabeza. — He aquí la respuesta. También no te asombres si apenas conoces a la joven Kaoru y ya te sientes así. El amor es así de malo e injusto, cuando te toca te toca, y eso se llama amor a primera vista. Y si no es amor al menos te gusta —La joven se echó a andar dejando a Kenshin ahí parado y procesando todo lo que había oído.
—Pero… tengo a Tomoe y nunca podría hacerle daño, ni mucho menos ésto. No estoy para estúpidos juegos de adolescente.
—Sigue engañándote, Himura. Si tú estás así no dudo que Tomoe también esté conformada y resignada. Será más doloroso irte a la cama con ella pensando en lo que llamas jueguitos de adolescente.
Al oír esto Kenshin recordó cada una de sus pelas, los momentos íntimos y se dio cuenta que lo que decía Misao era verdad en su totalidad.
—Gracias por preocuparte pero no necesito de tu ayuda, yo sé muy bien lo que tengo que hacer y problemas como estos son de menor relevancia en mi vida.
—Como quieras, Himura. Es todo por hoy. No vemos mañana —agitó una mano en el aire en forma de despedida. Unas lágrimas rodaron por las mejillas de la ninja.
—Sí serás estúpido, Himura —masculló.
Battousai se dio la vuelta y en dirección contraria de Misao emprendió su camino.
Misao tenía razón en todo lo que había dicho. No se atrevía a decir que era amor lo que sentía por Kaoru, pero sin duda significaba algo especial para él. En el momento que el decidió quedarse con la frazada de Kaoru supo que había algo raro con él. Pensó que no volvería a verle pero nunca perdió la esperanza de encontrarla de nuevo. Kaoru lo había hecho sonreír, le enseño muchas cosas en una sola noche y lo hizo sentirse en paz. Por esa y varias razones ella era especial.
Misao entendía a Kenshin más de lo que él se imaginaba. Pues algo así había pasado con ella.
Un año antes de la alianza Ishinshishi—Oniwabanshu, Misao había conocido los líos del amor con uno de los "miembros" del Ishinshishi. Su nombre era Akira, quien se acercó a ella supuestamente con las mejores intenciones. Ella al verse rechazada varias veces por Aoshi Shinomori, el segundo al mando de los Oniwabanshu decidió darse una oportunidad con alguien que la supiera valorar. Se la pasó muy bien con este joven, no lo amaba pero servía para darle en la torre al señor Aoshi. La relación se le salió de control, durmió con él varias veces. Después de varios meses Akira dejó de visitar a Misao y desapareció de la posada donde se encontraba con ella. Esta, muy preocupada se hizo de un contacto Ishinshishi quien le informó que ningún Akira era parte de esa organización, al contrario había sido muerto por la mano del mejor hitokiri del clan. Entonces recordó las tantas platicas que habían tenido, en las cuales compartían información importante. Pronto serían parte del mismo equipo y en ese momento no le vio nada de malo. Fue ahí donde Misao reparó en que había sido utilizada y burlada sólo para obtener información. La tristeza la invadió y no dejó de sentirse sucia y estúpida. Pocos días después desapareció la persona a la que más le tenía confianza: Okina, pues tras una emergencia familiar renunció a su puesto de Okashira y simplemente se marchó. Dando por perdidos los consejos y los ánimos de él que ella consideró su abuelo, la joven se quería echar a morir, pues aparte de lo vivido la mirada de Aoshi la mataba. Él, ya enterado de la muy importante información que Misao había revelado y los amoríos de la mujer a la que amaba, lo tomó como traición pero nadie lo apoyó.
Aoshi había rechazado a Misao un sin fin de veces; sabía que había problemas internos pero eso no significaba que la dejara de amar. El sólo pensaba que ella tendría que esperarlo sólo un poquito más para poder levantar el clan y poder estar con ella sin ninguna preocupación. Pero ella no esperó y no se cansó de restregarle en la cara al joven con el que se estaba acostando. Él mismo decidió tomar un grupo de ninjas, los más leales y desertar de los Oniwabanshu, pues ya sabía que se aliarían con los Ishinshishi, el grupo del ex amante de Misao.
Cuando la alianza Ishinshishi—Oniwabanshu se selló, Aoshi renunció al reciente puesto otorgado como Okashira. Misao se reveló ante su decisión de abandonarlos sin saber los verdaderos motivos por los que se iba. Ella lo amaba y no supo elegir bien, pensó que ella podría olvidar al señor Aoshi entregándose a otro y vivió engañada por bastante tiempo. La respuesta siempre estuvo allí, frente a sus narices, pero no pudo verla. Al saber que él desertaba del clan lo amenazó de muerte, como tradición de los Oniwabanshu ante un desertor. No era tanto porque él desertaba sino que la dejaba sola. Aoshi la miró por última vez antes de salir de la base.
—Entonces, así será Misao… si nos llegáramos a ver las caras de nuevo no tendré piedad de ti y sé que tú de mí tampoco, así que no te cruces en mi camino si no quieres morir. Desde hoy seremos enemigos —pronunció, con gran dolor en el corazón.
—Estaré preparada y por todo lo que has hecho morirás —Su mundo se le derrumbaba, pero sabía que no había vuelta atrás.
Y así entre estos dos quedó estipulado.
CONTINUARÁ
Nota:
