Chicas ! perdón por la tardanza, pero aquí esta! Disfruten la lectura y no olviden dejar sus reviews!

Los personajes son de Meyer y la historia pertenece a Miranda Lee.

CAPITULO 4: Platicas con el enemigo.

Mierda !.- pensó de manera inmediata Bella. No es posible que tenga tan mala suerte, allí estaba Edward en todo su esplendor. Y ella balbuceando como pequeña.

- Yo, ...- Pensó Bella un momento.

- Hija ! - grito Carmen al tiempo que salía a prisa de la casa con dirección a Bella. Cuando estuvo lo bastante cerca abrazo a la joven con cariño sincero.

- Carmen, ¿Cómo estas, cariño? - Sonrió Bella, respondiendo al abrazo, Carmen era una mujer estupenda, pero bastante dada al chismorreo.

Edward hizo una mueca cuando escucho el apelativo cariñoso, "cariño", esa palabra resonaba en su cabeza. Antes de perder los estribos salió sin decir nada, mientras Bella era arrastrada hacia el interior.

1 hora después de chismorreo con Carmen, Bella no había vuelto a ver a Edward, lo cual le pareció muy raro ya lo extrañaba.

Por lo que en ese momento le estaba comentando Carmen, la nueva novia de Nick, Tori, debía de ser una bruja.

—Es tan mona como la anterior —le había dicho Carmen después de decirle que era una creída—, sólo que más inteligente. ¡Y cómo presume de ello! Pero sé que no va a durar más que las demás; nuestro Edward no supera los seis meses. Si ese chico sienta la cabeza algún día, me meto a monja.

Bella hizo una mueca mientras sacaba las dos pesadas maletas del maletero del coche. Ella haría lo mismo. Edward no era de los que se casaban, eso estaba muy claro; y tampoco le iba el romanticismo. Satisfacer sus necesidades sexuales era su juego en lo que se refería a las mujeres.

Una vez le había reconocido a Bella, cuando ella tenía unos doce años y acababan de ver una película romántica en la tele, que jamás podría enamorarse corno los personajes de aquella historia.

Le había confesado con tristeza que no tenía ni idea de lo que era sentir esa clase de amor, ella pensaba que su incapacidad para amar a las mujeres estaba relacionada con haberse criado en un hogar sin amor, un tema que había oído discutir a sus padres poco antes de morir su madre. Aparentemente, Edward había sufrido muchísimo a manos de un padre alcohólico y violento y se había escapado de casa para vivir en las calles de Seattle cuando sólo tenía trece años. Después de esto, había tenido que hacer algunas cosas horribles para sobrevivir.

Bella jamás se había enterado del grado de violencia de esas cosas, pero se las imaginaba. Justo después de cumplir dieciocho años, Edward había pasado dos años en la cárcel por robar coches. Durante ese tiempo había conocido por fin lo que era la bondad y que alguien lo ayudara un poco. Un hombre había descubierto su inteligencia, su capacidad, un hombre que durante años había dedicado generosamente muchas horas a ayudar a los menos favorecidos.

Edward entró a formar parte de un programa especial de reinserción que ese hombre había fundado. Enseguida se había convertido en uno de los alumnos más brillantes y conseguido completar sus estudios superiores en un tiempo récord.

Ese hombre que había ayudado a Edward había sido su padre.

En ese momento Bella se encontraba en el garaje, perdida en sus pensamientos no se dio cuenta que había caminado hasta allí.

—¡Bella! - La aludida estuvo a punto de caerse del susto; pero al ver quién era, sonrió.

—Hola Eleazar, qué bien te veo. El marido de Carmen debía de tener más de sesenta años ya, pero era uno de esos hombres atléticos que se movía siempre con agilidad y por el que los años no parecían pasar.

—¿Traes mucho equipaje,? —el hombre se acercó al maletero —. Vienes para quedarte, ¿verdad?

—Todavía no, Eleazar. ¿Me has conseguido un buen árbol?- Sonrió Bella al terminar la frase.

—Sí, una preciosidad. Lo he colocado en el sitio de siempre en el salón. También he puesto los paquetes para decorar alrededor y he colgado las luces en la terraza de atrás.

—Estupendo. Gracias. - Eleazar asintió. A diferencia de su esposa, él no era un hombre muy hablador. Cuidaba maravillosamente de los extensos jardines de Goldmine, donde había muchos caminos y grupos de rocas, combinados con estanques y fuentes, estratégicamente colocados entre los árboles y las diferentes plantas.

Recogió las maletas de Bella sin que ella se lo pidiera y echó a andar por el camino que llevaba al porche delantero, Bella suspiró, cerró el coche y se apresuró por el camino para alcanzar a Eleazar, que ya había dejado las maletas a la puerta y en ese momento llamaba al timbre.

—Tengo llaves —dijo Bella, mientras metía la mano en el bolso, pero en ese momento alguien abrió la puerta.

Era Edward de nuevo. Bella se alegró de verlo y paseó la mirada oculta tras las lentes oscuras por su cuerpo, hasta regresar a sus labios. De no haber tenido unos manos tan ásperas y unas facciones tan duras, los labios le habrían dado el aspecto de un niño bonito, ya que eran carnosos y sensuales.

Lo único que a Bella no le gustaba demasiado era que llevara el pelo tan corto; pero entendía que aquel estilo de pelo le daba un aire de imposición que seguramente le sería muy útil en el mundo de los negocios en el que se movía.

—Vaya... Hola otra vez, desconocida —Edward la miró de arriba abajo. Pero no reacción en modo alguno aparte de eso; en su expresión no había ni rastro de admiración, ni siquiera de sorpresa. Esa falta de reacción exasperó a Bella, que había esperado al menos algo por parte de el. ¿Qué tenía que hacer para que aquel hombre se fijara en ella?.

Gracias, Eleazar —se agachó a recoger las maletas—. Ya me ocupo yo- Cuando Eleazar asintió y se dio la vuelta, Edward ya le había metido las maletas en casa.

Bella tuvo ganas de darle un grito o una patada, pero se contuvo. Se dijo que estaba a punto de cumplir veinticinco años; que cuanto antes echara a Edward de su vida, mejor. Era como una espina que llevaba clavada. ¿Cómo podía conseguir lo que más deseaba en la vida, que era tener hijos, si él estaba siempre allí, fastidiándole todo? ¿Cómo iba a sentirse feliz si siempre lo comparaba con los demás hombres con los que salía?

Bella ahogó un suspiro mientras cerraba la puerta, y vio que Edward se dirigía a las escaleras.

—Ya las subo yo. - medio rito Bella en un intento desesperado por estar a solas un momento para recuperar la compostura.

Aunque hacía tiempo que sabía que sus sentimientos hacia Edward no tenían futuro, enfrentarse por fin a la inutilidad de sus fantasías era una experiencia dolorosa.

¿De qué le había servido esforzarse tanto en el gimnasio? ¡El ni siquiera se había dado cuenta de que había perdido peso!

—No me importa hacerlo —respondió él mientras se echaba una de las bolsas al hombro y continuaba escaleras arriba.

Bella apretó los dientes y lo siguió.

—¿Por qué no estás jugando al golf?- pregunto de manera discreta Bella.

—Quería hablar contigo —respondió él—. En privado.

—¿Sobre qué? .- dijo Bella con un tono aprensivo. El no respondió y continuó subiendo.

—¿Sobre qué, Nick? —repitió ella cuando lo alcanzó.

Él se detuvo en el rellano del primer piso, dejó las bolsas en el suelo y se volvió hacia ella.

—Para empezar, de Carmen.- dijo Edward de pronto.

—¿Qué le pasa? No estará enferma, ¿verdad?

—No, pero ya no puede hacer lo que hacía antes; se cansa mucho. Este último año, he tenido que contratar los servicios de limpieza de una agencia para que vinieran dos veces por semana e hicieran las tareas más pesadas por ella.- finalizo Edward, mientras se pasaba la mano por le cabello.

—No lo sabía.- susurro Bella, muy triste. Carmen había sido como un madre para ella.

—Si vinieras a casa de vez en cuando —señaló Edward—, a lo mejor te habrías dado cuenta. Era un comentario lógico, que la hizo sentirse culpable. Bella reconoció que ese año había estado muy obsesionada consigo misma, muy ocupada con su empeño de bajar de peso y hacer ejercicio.

—Yo... he estado muy ocupada —evitándote, pensó.

—Con el novio nuevo, imagino —comentó él en tono sarcástico.

Bella se puso tensa. —Tengo derecho a tener vida social — lo miró con rabia—. Tú desde luego la tienes.-

—Desde luego. Pero no domina mi existencia.- Aquella actitud de condena de Edward en lo referente a los novios de Bella siempre provocaba en ella una reacción de rebeldía.

—Jake y yo estamos muy enamorados; algo con lo que tú jamás podrás identificarte. Cuando una persona está verdaderamente enamorada, quiere pasar todo el día con el objeto de su amor.

—Me sorprende entonces que hayas venido a casa —respondió Edward en tono seco—. ¿O acaso tu amante se pasará luego?

- Jacob trabaja hoy —respondió Bella enfadada.

—¿Haciendo qué?- pregunto Edward, mientras sentía como un nudo en la garganta se le formaba, Odiaba a todos los tipos que se acercaban a Bella, los detestaba por que ellos podían tenerle y el no.

—Es dueño de un gimnasio.- dijo Bella de pronto, sacándolo de sus ensoñaciones

—Ah, eso lo explica todo.-

- ¿Qué es lo que explica?- Hablo Bella un poco mas alto de lo normal.

- Tu nueva figura.- respondió al tiempo que unos ojos verdes, recorrían el cuerpo de Bella.

¡Se había fijado!, pensó Bella, mientras en su interior brincaba como niña chiquita, pero luego reparo en el tono que él había usado. —Lo dices como si eso tuviera algo de malo. -

—Estabas bien como estabas.-Bella se quedó boquiabierta, cuanto bien le hubiera hecho escuchar esas palabras unos meses antes.

—¡No me digas tonterías! Estaba engordando y yo ...- Bella no pudo terminar su oración por que Edward dijo —¡Qué ridiculez, _!

Bella volteó los ojos. O bien Edward estaba ciego, o le importaba tan poco que ni siquiera se había fijado antes en ella.

- A lo mejor tú no te habías fijado.- Siseó Bella, pero había sonado más a reproche que comentario.

Edward se encogió de hombros con brusquedad.—A lo mejor no. Aun así, supongo que yo no tengo por qué decirte lo que tienes que hacer.- dijo el con un tono de molestia. le enojaba tremendamente que Bella tuviera tan poco amor propio.

- !Me alegro de que por fin te hayas dado cuenta! .- Acusó una Bella enojada.

—¿Qué quieres decir con eso?-

—He perdido la cuenta ya del número de veces que te has metido en mi vida, en mis relaciones. Cada vez que traía un novio a casa, tú hacías todo lo posible para hacer que se sintiera mal. Y de rebote a mí. -

—Sólo hice lo que tu padre me pidió que hiciera; que fue protegerte de los avariciosos de este mundo.-

—¡No eran avariciosos!-

—Desde luego que lo eran. -

El tono en el que Edward lo dijo, le dio miedo a Bella y no quiso preguntar. Pero no era lo suficiente miedosa como para acobardarse en medio de la discusión —A partir de ahora, seré yo quien juzgue eso, muchas gracias.- finalizo Bella, mientras retomaba la subida de las escaleras.

—Hasta que no cumplas veinticinco no, señorita. No tengo intención de dejar que caigas en las redes de algún gigoló que vaya detrás de tu herencia. No podría dormir por las noches si lo hiciera. - dijo Edward mientras veía como Bella se detenía en el escalón siguiente.

—Vaya. No te imagino pasando las noches en vela por mi causa.-

—Entonces te equivocas completamente —soltó él en tono áspero.

Cuando se miraron a los ojos, Bella se sorprendió bastante al ver la rabia en la mirada de Edward.

¡Cuánto le había pesado ser su protector todos esos años! Estaba segura de que se alegraría muchísimo cuando ella cumpliera veinticinco en poco más de un mes, y la obligación con su padre dejara de existir.

—No te he dado muchos problemas, ¿no? —le dijo ella en tono bajo, más desanimada. Aunque aceptaba que jamás atraería a Edward, siempre había pensado que, en el fondo, ella le gustaba. No sólo por ser hija de quien era, sino por ella misma. Cuando era más pequeña, él a menudo le había dicho lo encantadora que era. Le había dicho que tenía temperamento y buen corazón, también que era divertida, algo que había demostrado pasando buena parte de su tiempo libre con ella.

Pero eso había sido hacía mucho tiempo, antes de que Edward hubiera alcanzado el éxito en sus negocios. A partir de entonces, había empezado a ignorarla; y después de morir su padre, esa actitud hacia ella desapareció. Se había Enamorado de estaba claro que en ese momento sólo había quedado reducida a una mera responsabilidad; una responsabilidad que obviamente le resultaba tediosa y exasperante.

—¿Sabe él lo rica que vas a ser dentro de muy poco? —quiso saber Edward.

Bella se puso tensa. Sin embargo, no tenía sentido mentir. Mejor sería responder a sus preguntas en ese momento que dejar que le hiciera el tercer grado a Jacob en la comida de Navidad.

—El sabe que voy a ser rica —soltó ella enfadada. — Pero no conoce el volumen de mi herencia.

—Lo sabrá en cuanto aparezca mañana. La gente que vive en esta calle tiene que ser por lo menos multimillonaria. No le costará sumar dos y dos..- soltó con rabia Edward.

—Jacob no es un cazafortunas, Edward. Es un hombre honrado.-

—¿Cómo lo sabes?-

—Lo sé, así sin más. -

—¡Dios mío, tú no sabes nada! —dijo él—. Tu padre pensó que te protegía con su testamento. Sin embargo sólo te ha abocado al desastre. Debería haber regalado la mayor parte de su dinero, haberlo donado a alguna institución benéfica, en lugar de dejarlo en manos de una chica como tú.

—¿Qué quieres decir con eso de una chica como yo? - casi grito Bella, desde donde ella estaba podía ver directamente a sus ojos.

Él abrió la boca para decir algo, pero claramente cambió de opinión; levantó las maletas del suelo y las llevó a su dormitorio con cara de póquer. Después de dejarlas en el suelo con malos modos, salió al pasillo.

—Seguiremos con esta discusión más tarde —le dijo en aquel engañoso tono bajo que adoptaba cuando estaba a punto de perder los nervios, aunque eso sólo ocurriera raramente.

En los años que llevaba con él, Bella había aprendido a reconocer esa táctica. El detestaba perder los nervios, perder el control. Prefería comportarse con frialdad, tanto en los negocios como en su vida personal. Raramente le había oído gritar. Ni siquiera decía palabrotas ya, como había hecho antes.

Pero su lenguaje corporal lo decía todo, y también su mirada.

—Tomaremos un té por la mañana en la cocina —declaró él—. Después pasaremos a mi despacho a hablar.

—Sobre Jacob, no —le advirtió Bella . -No tengo intención de que te pongas a criticar delante de mí a alguien a quien ni siquiera conoces.-

—Lo entiendo. Pero tengo muchas otras cosas que hablar contigo, Bella, cosas importantes relacionadas con tu herencia. Quiero que todo quede hablado antes de que terminen las Navidades.-

- Tenemos el resto de mis vacaciones de verano para hablar. - le recordó Bella

—No, no es así. Yo no voy a estar.-

—¿Dónde vas a estar?-

—Voy a pasar casi todo el mes de enero en Happy Island.-

A Bella se le cayó el alma a los pies. Sabía que Edward tenía allí una casa de vacaciones, aunque raramente la utilizaba en esa época del año.

—Carmen no me ha dicho nada de eso por teléfono. Entre Navidad y Año Nuevo tenemos una semana —argumentó ella, decepcionada porque Edward se marchara tanto tiempo.

—Sí. Pero esa semana tengo un invitado. Y tú tienes a tu nuevo novio, con quien reconoces que deseas pasar cada minuto del día. Será mejor dejarlo todo claro mientras tengamos tiempo. -

Bella, ya no encontraba excusas, quería irse a su cuarto y pensar en todo lo que había dicho Edward. —Pero hoy tengo que decorar el árbol. -

—Sólo quiero un par de horas, Bella, no todo el día.-

—¿Y esta tarde? ¿No puede esperar hasta esta tarde?-

—Esta tarde voy a comprar regalos .-

Bella suspiró. Qué típico de un hombre ir a comprar los regalos en el último momento.

—Vamos —dijo bruscamente Edward—. Bajemos.

—Primero necesito ir al baño —le dijo ella sin mentir.

—Bien —respondió él con indiferencia—. Voy bajando y le digo a Carmen que vaya haciendo el té.

Bella se quedó pensativa. Ponerse guapa al día siguiente y fingir con un novio de mentira no iba a cambiar nada. Ella no significaba nada para Edward salvo una obligación de la que él claramente se quería librar.

Estaba claro que él no podía esperar a que ella cumpliera años; y de pronto Bella sentía lo mismo.

Estaba más que harta de permitir que lo que sentía por Edward la dominara y disgustara de continuo; Harta de penar en secreto por lo que nunca podría ser.

Había llegado el momento de seguir adelante con su vida. Con una vida en la que no estaría Edward. El primer paso era quedarse en su cuarto un rato más, no iba a bajar tan deprisa.


Bueno y hoy conocimos un poquito más a nuestro Edward, ¿Qué querrá decirle a Bella?.

Chicas, ojala y les guste el cap de hoy. No se olviden de dejar sus reviews, muchas gracias a las que se han animado dándome sus comentarios. Los agradezco, Nadiia16 no te preocupes que el triángulo amoroso no dura, muchas gracias por prestar atención a la lectura. La historia original se desarrolla en Australia por eso del calor y frío pero era necesario que fuera en Seattle para un suceso que va a pasar más adelante. Tecupi, lo séee ! maldito Edward XD, alas demás muchas gracias por sus reviews y a las lectoras anónimas también.

Los quiero atte A. Roberts