IV. Pretty Flowers.

17 de Junio

Había escuchado la noticia esta mañana, primero por medio de los rumores, luego por medio del sombrío semblante de su hermano Komui. En algún lugar de Carson City, Nevada en Estados Unidos, encontraron los cuerpos de tres buscadores. Uno de ellos seguía vivo, pero no por mucho tiempo. Y justo cuando escuchó la condición en la que se encontraron, ella misma pensó que debía ser una especie de broma de muy mal gusto.

Flores crecían de sus cabezas. Así tal como escuchó. Tres buscadores que habían investigado un caso en Nevada se encontraron desnudos y atados de manos y pies, sus cráneos abiertos al aire y con una flor creciéndoles del cerebro. A los dos fallecidos se les atribuye su muerte porque los compañeros que los encontraron intentaron cortar y remover las plantas que afloraban sobre sus cerebros(1). El único sobreviviente fue llevado rápidamente a Nueva Orleáns, donde estaba el único portal de Estados Unidos hacia el Arca.

Y no sólo eso. Habían otros tres Buscadores desaparecidos en Carson City, y no era de descartarse que hubieran corrido con la misma suerte.

Podría ser que todos los desaparecidos también tendrían una flor creciéndoles desde el cerebro.

Mentalmente era una visión grotesca y no se sintió capaz de querer preguntar a Komui quiénes fueron las víctimas de tan bizarro y enfermizo crimen. Pero quería saber.

–Lenalee, será mejor que te retires.

–Por lo menos dime quién es el único sobreviviente, hermano.

–Aunque quieras pagarle la visita, no servirá de nada. Su condición es muy delicada, realmente no sé si encontraremos forma de salvarle.

Ya había tenido mucho de qué preocuparse y pensar por el reciente accidente de Allen en el cuartel y el 'extraño' incidente del día anterior, y ahora aparecía este horrible caso. El problema aquí era que ella no podía sacarse de la cabeza lo que sucedió con Allen, y sentía una horrible náusea en su estómago cuando pensaba en 'ello'.

Pero, volviendo al tema a tratar, no era la primera vez que acontecían este tipo de agresiones contra los Buscadores, y normalmente los cuerpos llegaban hechos pedazos e incluso polvo cuando en una misión fallaban. Pero esto sin duda era anormal.

–Dime quiénes son. Hemos de saberlo todos sus amigos tarde o temprano, hermano.

–...Martin White. Los otros dos eran Lucas Cotton y Mariana Costa.

Conoció brevemente a Martin hacía unos meses y había platicado con él más de una vez. Nunca tuvo la oportunidad de conocerse con Lucas y apenas se había hablado con Mariana, pero esto no lo hacía menos doloroso, el hecho que más de sus camaradas hubieran caído.

–Gracias, hermano.

Ella iba a visitar a Martin, si es que de algo servía. Atendería mientras tanto el luto de los otros dos Buscadores muertos. No pretendía hacer de esto una rutina, pero Lenalee siempre fue atenta a todos sus compañeros. Si se herían, ella los visitaba. Si morían, también los visitaba. Porque Buscadores eran los del rango más bajo dentro del orden jerárquico de la Organización, y alguien tan importante como un exorcista, que fuera a sentirles compasión y les abrazara, equivalía a que dios viniera en persona para consolar a sus borregos pecadores.

Pero Lenalee ni se creía un ángel, tampoco una enviada por Dios. Ella odiaba a Dios, lo odiaba porque enviaba a los niños a la guerra, lo odiaba porque todos los que ella amaba morían, y más que nada, odiaba el nombre que le había puesto a sus armas para derramar la sangre de sus enemigos. Inocencia. La Inocencia tenía un significado podrido. Ella sabía que la Inocencia no era instrumento de los exorcistas, los exorcistas eran instrumentos de la Inocencia.

Pero ella hacía lo que pudiera, ella actuaba como ángel, porque lo único que le importaba era el mañana del mundo que la rodeaba, y daría cualquier cosa por protegerlo y mantenerlo de pie. Era lo menos que podía hacer, ser un ángel aunque odiara a Dios.


–No sabrás lo que me hizo pasar Timothy esta mañana. A veces no entiendo por qué tiene él tantos deseos de meterse en problemas...

Y ahí venía. Otra aburrida historia de la trágica vida diaria de la tutora de un pequeño exorcista en entrenamiento.

–...Me hizo llevarlo a la enfermería porque se cortó con un lápiz ¿puedes creerlo? ¡Un lápiz! Nadie puede cortarse con tal cosa. Pero apenas sangró una gota y me exigió llevarlo a la enfermería. No me pude rehusar, porque quedaría mal vista al no atenderlo, tú sabes. Me preocupo por Timothy, pero a veces es el colmo. ¿Sabes para qué quiso irse a la enfermería? Les llegó el día de hoy un buscador muy gravemente herido de América. No te imaginarás el susto que me dio. Le habían cortado la tapa del cráneo ¿tú crees? y se le veía el seso, y encima de ello, le estaba creciendo una planta desde adentro. Es la cosa más espantosa que he visto en mi vida... aparte de los Akumas, claro.

Esta bien, comenzó a ponerse interesante.

–¿Una flor creciéndole en los sesos?–preguntó Kanda.

–Sí, Timothy es algo morboso y quería ir a verlo... honestamente no creo que él vaya a sobrevivir, el Buscador.

–¿Y quién era el pobre hijo de perra?

–No sé... creo que se llamaba White o algo así.

–White...–creía reconocer el nombre, a sabiendas que se trababa de un apellido muy común entre la gente.

Entonces recordó aquella vez hace dos meses, cuando se vio obligado a viajar en barco hacia Estados Unidos con el zopenco Lavi y el marica Allen Walker y llegaron a Nueva Orleáns. Tenía la impresión de que fueron acompañados por un Buscador bajo y rubio llamado Martin White.

Era sólo un perdedor cualquiera, como todos. ¿Por qué recordaba su nombre encima de otros Buscadores? Sería que el maldito novato lo había retado a un duelo de esgrima, que por supuesto ése terminó perdiendo; y como un mal perdedor, Martin lo atrapó con la guardia baja y usó la espada para picarle los testículos, lo que provocó una mortal persecución entre él y el Buscador idiota. El Moyashi marica se rió por horas y Kanda terminó persiguiendo al buscador Martin por todo el barco hasta cansarse. Y ésa fue la razón por la cual le recordaba.

Y ahora, según decía su novia, el mismo tipo que lo desafió tan insensatamente y le golpeó las pelotas ahora era una maceta viviente.

–Iré a echar una mirada.

–¿Tú también?

–No vayas si no quieres.

Pero siempre sucedían este tipo de cosas. Las personas que él llegaba a conocer dentro de la Orden, tarde o temprano morían y lo dejaban cada vez más solo. Exorcistas, Buscadores, Científicos, todos morían en esta guerra sagrada. Daisya Barry, quien fue también discípulo de Tiedoll y tenía 'su misma edad', a quien le consideró un 'buen compañero', hacía apenas medio año fue muerto por un Noé, encontraron su cuerpo crucificado a la inversa con cadenas atravesándolo y con su corazón literalmente robado. Sólo por mencionarse un ejemplo.

Daisya, aparte de Marie, fue una persona cercana a la definición de 'amigo'. Y casi perdió a Marie cuando un Akuma le disparó en la mano; fue suerte y buena reacción lo que le salvó, pero ¿cuánta suerte más dispondría Marie a partir de ahora? Los exorcistas, los buscadores, todos morían tarde o temprano. Y él lo iba a presenciar todo.

No quería morir antes de encontrar a 'ésa persona', y eso era lo único que importaba.

Regresando a lo de Martin White, no es que sintiera algo en especial por el canijo ése, pero sentía un poco de curiosidad de lo que era su situación. El que le creciera una flor de la cabeza ya por sí sola la mención era intrigante y tal vez valía la pena mirar. Sólo sería un mirón del montón y ya.


Este día, 17 de Junio, algo nuevo sucedió en la sección de la enfermería. Entró un grupo apresurado de enfermeras alarmadas, llevaban a un hombre en silla de ruedas y con la cabeza cubierta por un trapo, de donde se distinguía una especie de bulto extraño que era anormal a la fisionomía de una cabeza normal. Quien probablemente era un Buscador fue puesto al lugar más apartado del cuarto de enfermería y le dieron un espacio con cortinas alrededor para darle más privacidad... o quizás para no perturbar a los demás enfermos de lo que sería una visión grotesca de una herida complicada.

–¿Qué le habrá sucedido?–preguntó Allen con voz apagada, que difícilmente podía mover su cuello hacia aquella dirección. Era perfectamente capaz de levantarse de la cama y darse sus pasos, pero la enfermera a cargo le pondría mala cara y Link hallaría la excusa perfecta para reclamarle mil cosas. Podrían darle de alta hoy o mañana si se portaba bien.

–Parece que lo encontraron con una planta saliéndole desde dentro del cráneo.

–¿Es eso posible?

–Lo vi esta mañana antes de atenderte, Walker. Mejor no lo veas si pretendes desayunar hoy. Yo no lo hice.

–¿Entonces me regalas tu desayuno?

–No exageres.–respondió su inspector con mirada despectiva.

En lo que fueron cuestión de pocos minutos, habían llegado demasiadas visitas a la enfermería; y Allen no tardó en imaginar que la mayoría no venía por tratarse de amigos del pobre hombre que acababa de llegar, sino más bien una bola de curiosos. Entre ellos reconoció al pequeño Timothy y su guapa tutora; luego vinieron Bookman y su joven aprendiz Lavi, que no le faltó venirse a hablar con su amigo en cama.

–¿Tú ya lo viste, Allen?–preguntó Lavi, difícilmente podía sonreír ahora, que no sabía si mantener su buen humor con su amigo o mostrarse reservado ante la pena del compañero herido.

–No. Link no me dejará.–dijo Allen echándole la mirada al alemán. Lavi hizo un gesto infantil.

–Ay, por favor, Dos-Puntos.–exclamó el joven Bookman como si un niño se tratara.

–Tengo nombre ¿sabía, Junior?–aquello era algo del montón de cosas que lograban molestar al casi inalterable Link.

–El viejo va ir a echarle un vistazo. Aunque dudo que a pesar de sus conocimientos de medicina, pueda hacerle algo al pobre tipo.

–No creo que vaya a sobrevivir. Si su cerebro está demasiado tiempo expuesto al aire libre... y si cortan la planta, morirá.–afirmó el joven inspector con tono sombrío. Era cierto, porque el tipo de una forma u otra se iba a tener que morir.

–Me pregunto cómo fue que le habrá sucedido...–murmuró Allen, que de verdad daba una buena pregunta.

–Habían encontrado a otros dos como él, y todavía hay tres más desaparecidos. Si no me equivoco, les hallaron en Carson City de Nevada. Estaban investigando un caso relacionado con la Inocencia y un día dejaron de comunicarse con los Cuarteles. Llevaron a algunos tipos a buscarles y... ¡sorpresa! Estaban tres de los Buscadores en el jardín de una casa abandonada, haciendo papel de macetas humanas.

A veces sentía miedo del frívolo modo que tenía Lavi de explicar las cosas. Le faltaba seriedad, pensaba Allen, pero bien, sabía que prefería el rebosante humor de su amigo Lavi que la ácida irritabilidad de Yu Kanda.

–Eso suena serio.–Allen frunció sus cejas hacia atrás, la imagen mental era macabra.– ¿No crees que les haya sucedido lo mismo a los Buscadores desaparecidos?

–Lo encuentro probable. Pero sólo podemos esperar a que hayan corrido con mejor suerte.

–Allen Walker.–llamó una mujer mayor vestida con delantal blanco. Tenía mucho estrés reflejado en su rostro.

–¿Sí, Señora Enfermera?–correspondió el muchacho un poco nervioso.

–Le haré otra revisión. Parece que se está curando muy rápido. Quizás sea la última vez.–No le agradaba la manera en la que su enfermera hablaba. Pronunciaba 'muy rápido' como si le disgustara el simple hecho.

–Bueno... te molestaré más tarde, Allen. Voy a andar fisgoneando con el viejo Panda.–dijo Lavi volteando a dar la espalda a su amigo.–Me saludas a Lenalee de mi parte cuando ella vuelva acá.

–Sí, lo haré.–Allen sabía que Lenalee venía aquí todos los días desde que ingresó herido a la enfermería, pero hoy no vendría; mucho menos por lo que sucedió la última vez. Él ahora sería incapaz de darle la cara por lo que él le hizo.

Todavía le recorría la espina dorsal un violento escalofrío cuando recordaba lo que sucedió entre él y Lenalee el día anterior, y estaba un poco agradecido de que Link no lo hubiera presenciado y que Timcanpy u otro gólem no lo hubiera grabado. Era más que un alivio. Aunque sabía que él se detuvo antes de ir muy lejos, Allen sentía que su corazón aceleraba a un ritmo casi mortal cuando le pasaban por su cabeza los horribles pensamientos acerca de Lenalee.


La gente en general era molesta, especialmente cuando todos se encontraban reunidos en un sólo lugar. Ni la cara de ira de la Jefa de enfermeras iba a poder ahuyentarlos, a menos que quisieran poner al 'paciente especial' en una habitación individual y privada, así se evitaría tantas molestas visitas. Todos sólo eran curioso, nada más.

Había alrededor de cincuenta personas en su camino, todos amontonados queriendo ver detrás de la cortina que escondía al pobre diablo. Parándose en sus puntas, Kanda podía ver que se abría el paso a un anciano y a cierto pelirrojo con parche. Era bastante obvio que ellos dos tenían que involucrarse, dado que los Bookmen tenían conocimientos médicos increíbles.

Y cuando volteó a su derecha, se percató que se encontraba justo enfrente de la cama del pendejo a quien envió a la enfermería hacía unos cuantos días. Por un segundo, se miraron a los ojos, él iracundo y el otro sorprendido. Allen estuvo a punto de decir algo, pero a último momento pareció callar, dada la presencia de Link era cercana; Kanda se dio cuenta que la cara del Moyashi era exactamente la misma con la que intentó proporcionar credibilidad a su cuento cruel.

Allen tenía mil palabras expresadas en sus ojos de gris cristalino, Kanda podía interpretarlo como una mirada llorona de un maricón, pero sabía por dentro que en realidad intentaba comunicarle algo. ¿No le odiaba acaso por haberlo empujado del sexto piso?

No. Sabía que ello no era enteramente su culpa, que el bastardo del Decimocuarto Noé había tomado control de su cuerpo por unos instantes, y se sintió impulsado a hacerle daño, ésa rabieta sanguinaria y primitiva hizo a Kanda soltarlo en picada. Creyó que al final el moyashi se iba a salvar a sí mismo, pero el Decimocuarto decidió probar equivocada la teoría del exorcista y por ello sonrió burlonamente al dejarse caer.

Eso era. El maldito hijo de puta quería reírse de él. Quería pelearse con él y probarle lo incapaz que era de matarle, pero que si lo intentaba, Allen Walker saldría herido, saldría convirtiéndose en víctima de la ira irracional de Yu Kanda.

Volvió su rostro a otro lugar, tratando arduamente de ignorar por completo al niño Walker, intentando que su corazón no fuera a sentir remordimiento alguno; apartó a los idiotas que estaban en medio de su camino, para que le abrieran el paso. Muchos se comenzaron a quejar contra el abusivo exorcista. Intencionalmente se resistieron contra Kanda. Muy mala idea.

–A ver, montón de perras...–no lo pensó dos segundos, sacó la vaina de su katana, y se cercioró de que todos le miraran con ojos de miedo.–¿Se apartarán o me veré obligado a apartarlos yo mismo?

–¿Estás loco?–gritó un Buscador cercano, uno con barba desmarañada y ojos saltones.– ¿Cómo puedes traer tu Anti Akuma acá a la enfermería? ¡Estás demente!

–Háganse a un lado.–elevó el nivel de su amenaza, Mugen estaba a la altura de sus ojos y apuntaba directamente hacia el buscador que se atrevió a desafiarlo.

–¡Esta es una enfermería, exorcista Kanda! ¡No está permitido pelear, mucho menos con un arma! Guarde su espada o lárguese de aquí.–ya la pobre enfermera tenía que lidiar con el exceso del escándalo, un psicópata con espada ya era demasiado. Por muestra de piedad, Kanda decidió regresar a Mugen a su funda.

Ya, sin mucho tiempo para perder, siguió empujándolos a todos, porque él también deseaba caer en la tentación de mirar el espectáculo. Se adentró al mar de gente hasta que se logró hacer frente a la cortina medio abierta, donde distinguía la espalda del Bookman y su aprendiz. Tendría que estar revisando entonces al desafortunado que tenía la flor en la cabeza.

Se estremeció involuntariamente. Su nariz percibió un dulce aroma que le era familiar.

Empujó con su mano la cabeza de otro Buscador para mirar mejor dentro de la cortina. La visión era mucho más grotesca de lo que imaginó, y ahora entendía porqué Emilia dijo que era lo más espantoso que había visto.

La mirada de Martin White estaba perdida en la nada, su boca medio abierta y la baba se le salía sin contención, estaba demasiado pálido, y efectivamente él era una especie de cadáver viviente. Aparentemente alguien había cortado el cráneo del joven, de modo que el cerebro no salió dañado, una apertura perfecta hacia la materia gris. Ver un cerebro vivo era mucho más desagradable de lo que pensó. Era una masa de apariencia viscosa y nauseabunda. Era rosado, pero también tenía rojo. Las raíces incrustadas en su interior eran verdes, de un verde brillante. La flor era un loto color rosa.

Una flor de loto, comenzaba a marchitarse.

Se acercó, curioso. Normalmente las flores estaban en el piso, y a veces en las paredes, pero nunca sobre la gente, y con ello él sabía por dónde caminar sin tropezar en la gente. Se acercó más, rebasando el límite que separaba el espacio que protegía al enfermo. Pero no le importó, sus ojos estaban concentrados en la flor de loto.

–Yu ¿qué haces aquí? La Jefa de enfermeras te regañará.–Lavi hablaba, pero el otro exorcista no le haría caso, como si solamente fuera un murmullo de un ratón.

No era normal que fuera a crecer fuera de una cabeza, las flores de loto crecían brotando fuera de la tierra sumergida. ¿Cómo florecía de la asquerosa carne de un ser humano moribundo?

"... Oye, ¿Sabes qué flor es ésta?"

"Una flor de Loto. Se eleva desde el lodo hasta los cielos y hace del mundo sea un lugar fragante."

–¡Yu, detente! ¿Qué estás haciendo?–exclamó la voz de Junior, apenas un sonido que percibía Kanda dentro de su percepción deteriorada de la realidad.

–¿Qué esta haciendo, Kanda? ¡Desista de lo que vaya a hacer!–Bookman también terminó reaccionando y tenía su mano reteniendo con fuerza exagerada la muñeca del exorcista Yu.

Hasta ahora no había notado que su mano había ido a tocar la casi marchita flor de loto que brotaba fuera de la superficie asquerosa del seso de Martin White. Sintió una especie de mareo repentino, como si le diera vueltas la cabeza, su agitación creció sin razón alguna. Era como si hubiera salido de una especie de trance que le sumergió en ecos de su inframundo personal.

–¿Qué sucede contigo?–Lavi lo jaló fuera del área rodeada por la cortina, Kanda seguía sintiéndose aturdido. Y lo peor de todo, que el estúpido conejo del parche lo andaba trayendo cual niño perdido.–Estás como ido, Yu-chan.

En lo que lo llevó a sentarse en una de las camas desocupadas de la enfermería, Kanda volvió por completo a sus sentidos en lo que incorporaba su cara sobre su mano. Se dio cuenta que Lavi estaba demasiado cerca y aquel intento de cercanía no le era agradable.

–¿Yu-chan?–otra vez le dio una palmada sobre la cabeza, como un estúpido.

–Si me vuelves a llamar así voy a llevarte lejos de la enfermería, te golpearé brutalmente, luego te cortaré la verga y le sacaré punta para luego clavártela en tu único ojo servible.

–Vaya, ésa es la amenaza más creativa que me has dicho hasta ahora.–dijo Lavi con una sonrisa tajante.

–¿Y de paso te corto las pelotas y te las meto por el trasero, estúpido conejo?–miró con cara iracunda al pelirrojo, advirtiéndole que fuera a tomar su distancia. Lavi decidió que sería mejor alejarse de su buen amigo Yu por ahora.

–... Esta bien... ya me voy. No te enojes.–dijo retirando sus pasos cada vez menos cercanos al malhumorado idiota.

La enfermera se le aproximó al exorcista a reprocharle de nuevo, pero luego se comenzó a preocupar cuando notó la palidez en la piel del joven Kanda. Como si estuviera enfermo.

–Mierda, estoy bien.–se quejó de mala leche mientras retiraba la mano fría de la mujer enfermera de su cara, pero ella insistió a muy pesar de las réplicas del patán de pelo largo, ella logró ponerle la mano en la frente y pareció un poco sorprendida.

–Dios mío. Estas hirviendo.

–No me moleste, estoy bien. No me he sentido mal todo el día.

–Tal vez pescaste algo al entrar a la enfermería.

–No estoy enfermo. No tengo fiebre, no tengo nada.–por última vez respondió al levantarse abruptamente del borde de la cama. Era ridículo. Él simplemente no podía enfermarse, porque su cuerpo se lo impedía. Era capaz de sentir agotamiento físico y mental, podía sentir frío, calor, dolor y placer, pero no podía portar enfermedad alguna.

–Odio a tipos testarudos como tú.–soltó frívolamente la mujer, quien sin miedo a dar una mala imagen le envió una mirada agresiva al exorcista.

–Dígame algo que yo no sepa.

Fue la última contestación que dio antes de largarse de la enfermería. Ni siquiera se dignó a mirar de nuevo al niño Walker cuando lo pasó de largo.

Iría a ver a Komui mañana si hacía falta, y ésta vez iba a exigirle más. Hablaría con él seriamente, porque era probable que fueran a enviar más Buscadores a Carson City después de esto, sin embargo, dudaba mucho que Central fuera a preocuparse por estos sucesos y se molestara en enviar a sus preciados agentes Crow a investigar a los que seguían desaparecidos. No moverían un dedo por salvar a las filas más bajas dentro de la jerarquía de la Orden Oscura.

Pero ahora no le preocupaba encontrar al trío de desafortunados ni salvarles las vidas porque ni les conocía. Lo que Kanda quería era encontrar al autor de este bizarro crimen, aquel que plantó flores de loto y logró hacerlas brotar del seso de Martin White. No necesitaba ser un genio para darse cuenta que este caso era anormal, y no solamente se trataba de intriga o interés, era una corazonada más que ninguna otra cosa.

Algo en aquella flor, tan pura y decadente, había llamado su nombre. En su corazón lo sabía. Alguien le estaba llamando.

Malditas fueran las corazonadas.


19 de Junio

El día de hoy, el Buscador Martin White murió, debido a que la flor de loto que moraba en su cabeza fue cortada al no encontrarse forma de sacársela sin provocar más daño a su cerebro. Fue sacrificado por el bien de su sufrimiento, si es que acaso, Martin seguía capaz de sufrir en aquel sopor mortal. De todos modos, nunca existió la posibilidad de salvarlo, este servidor de la Orden Oscura no podía ser más allá de un vegetal humano, con ése menoscabo cerebral. Igual que los demás, él sería puesto en un sarcófago blanco para su luto, cremarían su cuerpo al momento siguiente, igual que a cualquier miembro que hubiera dado sus servicios a esta Organización Religiosa.

Pero aún seguían tres Buscadores faltantes en ésta lista mortuoria, o si no, tal vez seguían en el mundo de los vivos, en algún lugar recóndito de Carson City en Nevada. Y el Supervisor encontraba necesario saber el paradero de ésos desaparecidos.

Quien fuera padre de estos extraños delitos, podía ser un vil psicópata apasionado por las plantas que caza a servidores de la Orden Oscura, dado a que sus únicas víctimas estaban uniformadas. O podía ser mera coincidencia. Pero que fuera humano, Akuma o Noé, no lo podían dejar suelto ahí.

Si más Buscadores continuaban su investigación de la Inocencia, serían acechados por el mismo perpetrador y terminarían igual. Esto no podía seguir así, y Komui conocía el valor de las vidas humanas que se perdían en este caso. Enviar exorcistas sería diferente. En caso de tratarse de un Akuma, ellos tenían el deber de eliminarlo. En caso de que fuera una persona humana, lo más que podían hacer era llevarlo a las autoridades para que se hicieran cargo de él.

Central ya había rechazado la propuesta de enviar agentes de Crow, pero Komui conocía bien a sus exorcistas, y ellos eran capaces de lidiar con un demente como éste. Lo haría. Por descabellado que fuera, iba a enviarlos ahí. Y de paso, habían solicitado que enviaran al Músico que controlaba el Arca de Noé para abrirles un portal a la Rama Norteamericana para conectarles con los Cuarteles generales de aquí.

–Komui, quiero que me envíes allá.

–¿Por qué quieres ir, Kanda?

–Necesito que me envíes allá.

–Allen Walker también irá ¿estás seguro que quieres ir?

–... Sí. Me importa un carajo. Sólo envíame y ya.

–Entonces sé bueno con el chico.

–No te prometo nada.

En ése caso, Komui no se explicaba porqué Kanda insistiría en ir a Carson City ¿tenía alguna relación con el Buscador? ¿Sería personal? ¿O era acaso por la flor? Kanda no era el tipo de soldados que se iban a misiones por motivos personales, él no se dejaba llevar por asuntos internos ni por sus sentimientos. Pero... esta era la única vez que se lo estaba pidiendo. No veía por qué negárselo.

–También enviaré a Marie.–sabía que si existía un camarada que supiera calmar los malos modos de Yu Kanda, ése tenía que ser Noise Marie. No había de otra. Lo enviaría a todos ellos juntos para que el equipo estuviera un poco más equilibrado.


Ya le habían dado desde ayer el alta del hospital, solamente conservaría el collarín hasta la próxima semana. Ya se sentía más contento porque no se vería obligado a engullir la horrible comida de la enfermería. A cambio de ello, Link estaría más suspicaz que nunca y tardaría un poco de tiempo en volver a hablarse con Lenalee... La pobre estaría asustada, indignada, enojada, cualquier cosa menos feliz por él y la culpa la sentía como si lo estuviera comiendo vivo. Fruncía el entrecejo con tan sólo imaginárselo. Que ése huésped indeseado controlara su cuerpo a su gusto y haya provocado su 'accidente'. No lo podía entender.

¿Qué tenía el Decimocuarto contra sus compañeros? Bueno, realmente no carecía mucho de sentido, si el rencor de un Noé hacia un exorcista era algo tan 'natural'.

Lo pensaba durante la comida del atardecer, usualmente no era tan llena de personas como en las mañanas. Muchos se encontraban trabajando y como el día de hoy no le fue concedido irse a entrenar Link estaba cuidándolo de cerca, así que no podía hacer nada en lo absoluto. Tuvo la fortuna de encontrarse de nuevo con su amigo Marie a la hora de comer, a quien vio muy contento al lado de Miranda Lotto, una buena exorcista que llevaba de conocer hace poco más de un año.

Ella era bastante torpe, nadie lo iba a negar. Pero dentro de sus propias imperfecciones, ella era especial entre muchos, y ella a menudo jugaba un papel sumamente importante durante las batallas contra Akumas, siendo su Inocencia un instrumento que lograba violar las leyes del Tiempo. Pero Allen estaba seguro, que ésas cualidades no le importaban a Marie si es que le estaba tomando de la mano. Era algo bonito verlos tan cerca de vez en cuando.

–¿Desde cuando están ustedes juntos?

–¿Juntos? ¿De qué... de qué hablas, Allen?–tartamudeó la mujer alemana un poco sonrojada.–Yo solamente le acompañaba al comedor y... ¡voy por un refrigerio!–anunció la nerviosa mujer, en lo que se separó de Marie para hacer fila con los que aún esperaban a pedir su orden de Jeryy.

–Esta bien, Miranda.–sonrió Allen en lo que veía cómo Miranda casi resbalaba y caía por su prisa en correr, el grande Marie tomaba lugar cerca de él. Esperaría su orden de comida por lo mientras. La sonrisa del exorcista Noise se marchitó cuando se dirigió a su amigo Allen.

–Komui me encargó llamarte. Parece que te quieren asignar una nueva misión para ti y para mí.–murmuró Noise con un tono muy serio. No se lograba figurar lo que pretendía denotar su amigo.

–Pues, nos vamos yendo con él ¿no?–formuló un poco dudoso el joven Allen.

–Será en Norteamérica, Allen.–dijo muy despacio y bajo, pero intentó no parecer sospechoso al agudo oído de Howard Link.–Parece que quieren que vayas a los cuarteles de la orden Norteamericana de allá para abrir un portal del Arca.

–... Gracias, Marie.

–Primero va la misión, Walker.–interfirió el joven alemán a su espalda que muy atento analizaba la conversación de los dos exorcistas.–No sé cuáles sean tus planes en Estados Unidos, pero no podrás realizar nada fuera de tus órdenes.

–Ah, gracias por recordármelo, Link. Te lo aprecio.–contestó el albino con un ademán sarcástico y desagradable. Esto no le gustaba en lo más mínimo a Howard, que el joven que vigilaba se volvía cada vez más rebelde contra su mando y se ponía más difícil tolerar su mala conducta.

En cuestión de minutos, tras una incómoda y silenciosa comida, ambos exorcistas acompañados del inspector Link, se dirigieron hasta la oficina principal que ocupaba el Supervisor Lee. Era tan tenso este silencio que hasta el joven Link no pudo evitar sentir que era extraño el hecho de que estuvieran tan callados. Sí, tal vez durante sus cortas ausencias, Allen no desperdiciaba el tiempo y tomaba acciones importantes que, simplemente, no deseaba compartir con su querido vigilante. Debía de dejarlo menos tiempo solo.

Al abrir la puerta de la oficina, Bridget Fay, asistente personal del supervisor, les recibió entregándoles a todos (menos a Marie, que no leía) una carpeta con la información acerca de su misión adentro. Era particularmente ligera. Komui estaba del otro lado de la oficina, dándoles la espalda para luego voltearse y dirigirles una mirada seria. Especialmente al exorcista albino.

Y lo notó, Lenalee se encontraba en la misma habitación, ella tenía en sus manos la bandeja con la que servía el café para su hermano mayor, ella no pudo evitar quedarse mirando a Allen. Y él le correspondió sin querer, pero le apartó los ojos de encima en un instante. No podía quedársele mirando, no cuando tenía en su cabeza aquella imagen sucia y vil cada que veía a Lenalee. Sentía pena de sí mismo, por haberla lastimado y asustado tan cruelmente y sin disculparse.

Lo que él le hizo pasar a su amiga no tenía una explicación, tardaría darse el perdón.

Pero intentaba arduamente de ocultar ésa tensión hacia Komui Lee, quien era el sobre-protector hermano de la muchacha. Si se enteraba de lo sucedido, estaba seguro que no iba a quedarse con los brazos cruzados. Lenalee, a ella la conocía bien, ella no lo delataría; pero lo más sano sería decir la verdad, fuera por el bien de ella y los demás, y por el bien de Allen Walker.

–Lamento tener que darte una misión cuando apenas te recuperas, Allen. Pero también tiene como objetivo abrir el portal hacia la Rama Norteamericana.

–Entiendo. ¿De qué trata, Komui?–preguntó Allen al sentarse en una de las sillas acolchadas frente al desordenado escritorio del supervisor. Marie le siguió el ejemplo.

–Ya se habrán enterado de los casos de los Buscadores que nos llegaron de Carson City. Este no es el trabajo común de un exorcista, pero deben de ir e investigar ése lugar y a los otros Buscadores que permanecen desaparecidos.

–Entonces ¿nos está pidiendo hacer el trabajo de otras personas, Komui?–preguntó Marie.

–No conocemos la verdadera naturaleza de quien esté ocasionando éstos crímenes. Pero sabemos que va detrás de seguidores de la Orden Oscura. Los Buscadores de ésa zona estaban investigando un caso relacionado con la Inocencia desde hace un mes, habían hecho avances y no podemos perder un posible fragmento del cristal sólo por las travesuras de un psicópata.

–Podría ser un Akuma o un Noé ¿eso pensamos?–Link emitió un poco de interés en sus palabras.

–Exactamente. Pero podríamos estar equivocados. Poco sabemos de lo que pueda ser capaz nuestro extraño asesino.

–Es curioso que utilice la palabra 'asesino', Señor.–interfirió Link ojeando las páginas de la carpeta en sus manos.–Quien sea autor de éstos crímenes, técnicamente no ha matado a nadie. Solamente podría encontrarse culpable de secuestro, tortura...

–Lo sé, gracias por dar a conocer sus puntos, Inspector Link.–interrumpió abruptamente el hombre chino. Esto indignó al joven Howard. Allen quiso en ése momento darle un gran abrazo a Komui por ésa linda intromisión.–Y debo agregar, sé que usted sigue indicaciones estrictas de Administración Central y yo no tengo derecho a darle órdenes.

–... Así es. ¿Cuál es su punto, Supervisor Lee?–preguntó Link, todavía enojado.

–Digo, si llega a ser necesario y se presenta una situación que lo exige, por favor no dude en usar sus métodos como agente que usted fue.

–No necesita decírmelo.–repuso el joven rubio con mirada inalterable.

–Y más que nada, quiero que se cuiden entre sí. Quien sabe de qué sea realmente capaz este sujeto que estamos buscando.

–Entendido, Komui.

–Saldrán esta noche, por el portal hacia Nueva Orleáns. Ya informamos a una Buscadora que los esperará allá. Tomarán un tren hacia Nevada desde ahí... pueden retirarse ya.–finalizó Komui, en eso que Allen, Link y Marie se levantaron de los asientos.–Espera un momento, Marie. Quisiera hablar contigo un segundo.

Allen dio la vuelta, pasando de largo a Lenalee, silenciosa y fría, sentía su mirada sobre él aunque trató de ignorarla. Quizás a éstas alturas Link lo había notado, que algo no marchaba bien entre esos dos amigos.

El albino no pudo despedirse de Lenalee, siquiera con una mirada. No tenía el coraje ahora mismo.


20 de Junio

Técnicamente, en ésta parte del mundo ya era el vigésimo día, por la diferencia de los husos horarios; aquí en América eran las siete de la mañana cuando en Londres eran las diez de la noche. Pero aquello no preocupaba mucho a Allen mientras esperaba parado en ésta estación de trenes tan temprano. Había algo que le tenía inquieto desde hace una hora, y era el hecho de que Komui decidió por alguna misteriosa razón enviar a Yu Kanda en la misma misión que él.

Quizás se le había zafado un tornillo, que ésta definitivamente no era la mejor de las ideas.

Pero había sido buena decisión que Marie estuviera acompañándolos, porque si no hubiese sido éste el caso, hubieran destrozado ya media estación ferroviaria por una pelea.

Ellos dos no se habían dirigido la palabra en todo este tiempo, ni siquiera se miraron a los ojos.

En cuestión de tiempo, la estación se comenzó a llenar de personas, también que tendrían que esperar su viaje en tren, reuniones familiares, negocios, otros asuntos indiferentes para los exorcistas.

A los quince minutos, vino presurosa una persona con el uniforme de Buscador. Era una mujer muy joven y alta, tal vez de unos veinte años, su largo cabello castaños peinado en cola de caballo tan descuidadamente. A simple vista era de linda cara, pero de cerca, uno podía notar las contadas cicatrices en su cara y el hecho de que llevaba un ojo de vidrio en su lado derecho.

–Hola, ustedes deben de ser los que el Supervisor Komui envió.–tenía una voz un poco chillona, tal vez de la emoción por verlos, pensaba Allen. Debía ser italiana debido a su gracioso acento. Aparte de ello, tenía una sonrisa agradable.–¡Oh, Señor Kanda! ¡Qué alegría verlo otra vez!

–... ¿Te conozco?–murmuró entre dientes el exorcista de mala cara, incapaz de reconocer a la amigable Buscadora.

–¿No me recuerda? ¡Soy Drusilla! ¡Fuimos juntos a una misión en Egipto hace tres años! ¡Usted me salvó de un Akuma en ése entonces!–enunció con unos ánimos muy grandes. La joven se hacía muchas ilusiones, podía ser que Kanda le agradara.

–Me acuerdo de tu nombre, no de tu cara.–respondió Kanda desinteresado. Aunque Kanda fuera del tipo de idiotas que olvidaban nombres y rostros con facilidad, por alguna razón no se olvidó del nombre de ésta Buscadora.

–Y señor Marie, qué gusto verlo bien.–ella estrechó la mano del otro gran exorcista, particularmente menos emocionada que cuando se dirigió al exorcista Kanda.

–Gracias, me alegra que tú también estés bien, Drusilla.–eso sí, Marie debía haber estado con ella recientemente, porque parecía responder y reconocer la voz de la joven.

–Y usted debe de ser el Señor Walker. Es usted más joven de lo que imaginé.–se dirigió al más joven de todos, parecía encantada de verlo, tal vez por lo mucho que escuchó de él.

–Mucho gusto.–sonrió Walker con cordialidad.

–¿Qué le sucedió a su cuello, señor Walker?–preguntó ella notando el blanco collarín que adornaba su uniforme negro y rojo. No creyó que causaría incomodidad con su pequeña pregunta. Allen intentó reír un poco, para camuflar la tensión en la que entró su cuerpo.

–Ah... por favor, sólo dígame Allen, señorita Drusilla.–repuso el albino extendiendo la mano para estrechar la energética saludadora de la Buscadora.

–De acuerdo, Allen.–asintió la joven italiana, con mucha alegría.–Yo estoy para servirle.–parecía que ya sentía mucha simpatía con él que acababa de conocer; y también parecía que ignoraba a Howard Link a propósito.

–¿Cuándo llega el tren? Llevamos aquí media hora.–anunció molesto el exorcista Kanda, procurando llamar la atención de la Buscadora, y aparentemente él no había notado que solamente habían transcurrido dieciséis minutos en las manecillas del reloj.

Beh, nuestro tren llegará dentro de unos diez minutos más. Haremos una parada en 'Santa Fe' y luego otra en 'Las Vegas' y llegaremos pronto a Carson City... Cuando la misión de allí finalice, les tendré que llevar a la Base de la Orden Norteamericana en Arizona.

Tal como ella había dicho, su transporte había llegado, a las siete y media de la mañana. Muchas personas abordaron el primer tren con prisa, pero no causó dificultad para los pasajeros de la Orden Oscura. Sólo bastaba con mostrar la Rosa Cruz y disponían de cuartos de primera clase cuando quisieran. Ser aliados del Vaticano representaba grandes beneficios de vez en cuando.

Pero bien, Allen estaba seguro de que difícilmente se iba a asentar cómodamente en la misma habitación que Kanda, no si todavía tenían broncas entre sí. En momentos como estos, agradecía la presencia de Marie, porque calmaba un poco las tensión contra Kanda. Y Drusilla, bueno, ella sólo estaría ahí. Y de modo que Kanda se sentía obligado a ser un poco caballeroso con las mujeres, no podía ser excesivamente grosero con ella. Pero como ella era del grupo de Buscadores, ella se quedaba afuera de la cabina de primera clase para los exorcistas y el agente.

–Deberíamos tardar aproximadamente veintisiete horas en llegar a Carson City si no nos entretenemos demasiado durante cada parada.–dijo Link al sentarse al lado de Allen en los sillones de gamuza café. Marie se sentaba enfrente al muchacho para que no quedara cerca de Kanda, así a los menos no tendrían que verse de frente a frente. Pero si Allen quería irse al baño, se vería obligado a pasar a su lado.

–Por lo menos nos hemos ahorrado varios días de viaje en barco, gracias al portal del Arca.–dijo Marie.

–¿Alguien quisiera algo de beber?–anunció la voz de la buscadora Drusilla fuera del camarote de los exorcistas.–Aquí están ofreciendo vino y agua.

–... ¿Tiene Vino Tinto?–preguntó con voz casi ahogada el exorcista Kanda.

Nadie se lo había esperado. Creían que Kanda odiaba cualquier cosa bebible o comestible que no fuera de origen oriental. Marie pareció preocupado.

–Sí, parece que sí. ¿Quieres la botella completa o una copa nada más?

–Oye Kanda, recuerda lo que te ha dicho el Maestro acerca del vino...

–Cállate, Marie. Quiero la botella y trae un copa, por favor.–pidió Kanda haciendo caso omiso a su compañero mayor.

–¿Alguien más quiere algo de beber?–volvió a preguntar la señorita Drusilla.

–Agua.–pidió Link con voz firme.–Que sea una jarra, tres vasos.

Tras unos segundos, Drusilla abrió la puerta del camarote de los exorcistas y les dio los pedidos. Kanda miraba a todos con ojos asesinos, como si creyeran que él estaba cometiendo un crimen. Miró la botella verde del vino por unos segundos, confirmando que se trataba de uno de gran reserva. Sin mucho esfuerzo quitó el corcho usando solamente sus dedos, y entonces el aroma del líquido golpeó las fosas nasales de Allen, llevándolo a revivir en su cabeza malas experiencias relacionadas con las deudas de Cross Marian.

Yu tenía a su disposición una mesilla donde colocó la copa de vidrio, vertió el vino tinto ahí, sin llenarlo. Se llevó el recipiente a la boca de forma lenta, lo tomó sin prisa.

–No sabía que te gustaba el vino.–comentó Allen, aparentemente inconsciente de que no andaba en buenos términos con Yu Kanda.

Le fue dirigida de repente una filosa mirada. Tan temprano que comenzó a marchar la pesada maquinaria del tren, y Allen comenzó de nuevo a molestarle.

–Con algo debo de ignorar tu molesta presencia las siguientes veintisiete horas.–simplemente respondió el exorcista oriental, mientras daba otro trago, ésta vez más rápido de lo prudente. Esto logró molestar un poco a Allen.

–Ya, Kanda. Con ésa copa es suficiente. Recuerda lo que pasó la última vez...

–Cállate, Marie. No me tomes por un ebrio.–contestó de forma cortante el exorcista. Después de ésa copa, no volvió a hablar con nadie más, solamente se sumergió en sus propios pensamientos privados.

Allen de verdad se preguntaba la razón por la que Kanda había terminado tomando ésta misión, y qué tenía en mente. Sabía que Komui no habría enviado a Kanda junto a él consciente de que casi lo mató días atrás, y entonces supuso que debía ser que fue petición de Yu venir hasta acá. Quería pensar que decidió creerle e irse a la Rama Norteamericana en búsqueda de Alma.

Debía ser eso. O si no, Kanda era un bastardo de lo más obstinado.


Estaba el tren pasando a través un desierto, y era el atardecer. Era una vista bella de apreciar desde la ventana; uno sin embargo se vería tentado a abrir la ventana, para dejar el aire entrar. Ésta sería la tercera vez que Allen se iba rumbo al baño, y cada que se encontraba con Drusilla lograba platicar un poco. Ella resultó una persona muy habladora y agradable, tal vez tan animada como el mismo Lavi.

Cuando regresó de atender sus necesidades, Link fue a reprocharle acerca de lo inestable que era su vejiga (en nueve horas había ido tres veces al sanitario, cosa que Link consideraba anormal), y por el tiempo que él 'perdía' con sus pláticas con la buscadora. Allen se disculpó culpando la cantidad de agua que él había ingerido. Drusilla se rió levemente por la pequeña discusión del inspector con el exorcista.

–Lo siento, señor Link, pero encuentro entretenido hablar con Allen.–dijo la jovencita.–Además, todavía quedan como dieciocho horas para llegar a Carson City, y no es divertido quedarme aquí parada sin hacer nada mas que vigilar su puerta.

–Dígame, usted, Señorita Drusilla ¿formó parte del equipo de buscadores de ésa área? Para que nos esté acompañando tiene que conocer por lo menos las ciudad a la que vamos.

–La verdad, sí, yo estuve la primera semana de investigación en Carson City. Investigábamos varios casos relacionados con alucinaciones masivas que sufrían constantemente con los ciudadanos... descubrimos que en los jardines de esos lugares habían flores con residuos del cristal de Dios, pero no era Inocencia completa.–tomó un respiro.–Pero luego fui llamada por otro equipo que estaba en Nuevo México, y dejé la investigación de Carson City.

Había un semblante triste en la cara de Drusilla al momento de hablarles. Su sonrisa se volvió amarga y entonces miró los ojos grises de Allen con un ojo negro y el otro de vidrio.

–Escuché que el único que había sobrevivido fue Martin...–dijo ella, su mueca era aún más agria.–Jamás me agradó ése moccioso, siempre se portaba arrogante y se pasaba de listo. Aún así, tuvo que morir igual que Lucas y Mariana. Quizás... quizás Lluvia, Albert y Cybill todavía siguen vivos, o... podrían estar igual.–se encontraba completamente diferente a como estaba hace unos minutos, Drusilla estaba muy deprimida. Era el dolor de perder a sus camaradas.–Quell'idiota di Martin... me caía mal, pero aún así... no se lo merecía. No debía morir.

Era curioso, solamente de su ojo izquierdo salían lágrimas, seguro por el daño que tenía su ojo derecho. Realmente lamentaba mucho la pérdida de estas personas. No era diferente a la mayoría de los Buscadores que perdían a sus camaradas.

–Solamente me va a reconfortar si... encontramos a los demás. Quisiera creer que siguen vivos en algún lugar. Esa es mi esperanza para seguir adelante con ésta misión.–dijo la joven buscadora, recuperó una corta sonrisa que representaba el deseo de esperanza.

–Vamos a encontrarlos, ya verás.–Allen siempre apoyado en el optimismo, aunque fuera una esperanza ciega.–Yo no me rendiré hasta dar con nuestros compañeros.

–De verdad eres lindo, Allen.–agradeció la italiana. Su sonrisa parecía borrar de inmediato las cicatrices que mancillaban su joven rostro blanco.

–Créame, señorita Drusilla, él no es siempre así.–comentó Link de intervención. Apenado, Allen asintió riendo, pero le siguió la buscadora el juego.

–Trato de portarme bien, tú sabes.–mencionó el albino.

–Eres tan buen mozo...–las cicatrizadas mejillas de Drusilla se ruborizaron un poco al hablar.–¿No tienes novia?

Esto le tomó por sorpresa.

–¿Eh? ¡No! Claro que no.–no sabía si él podía tener novia, dado que nunca se le ocurrió algún día tener tiempo para una dama en su vida. Pero últimamente veía que todos sus camaradas tenían una especie de relación amorosa, Marie con Miranda, Kanda con Emilia, Lavi con... (fuera quien fuera), y él... solamente había sido besado una vez, contra su voluntad, por la Noé Road Kamelot.

Pero si él pensaba en estar con una mujer, la única que se le venía a la cabeza era Lenalee Lee; aunque si lo pensaba bien, sería imposible con la guardia alta de Link, la paranoia destructora de Komui Lee y con el espantoso incidente ocurrido en la enfermería con ella. Estaba a años luz de tener a Lenalee como novia. De todos modos, ni ahora ni después serían tiempos para pensar en ello.

–¿Entonces has tenido...?–continuó preguntando la buscadora ante el súbito silencio de Allen.

–Ésa pregunta se sale de la conversación.–interfirió Link frunciendo el entrecejo.

Spiacente... pero como Allen se me hacía lindo, creí que ésa era una pregunta que se debía hacer.–respondió simplemente la joven mujercita. Allen se sonrojó tanto que dio la impresión que su cara se convertía en un jitomate.–Aunque el Señor Kanda también es guapísimo.

–¿Kanda?–exclamó el albino sobresaltado, casi sintió que se le vino una pequeña ira envidiosa encima, no por Drusilla, sino por la indirecta comparación con Kanda.–¿Cómo puede él ser guapo?

–Pues... tiene un hermoso cabello.–soltó la muchacha. Allen se preguntaba si Drusilla estaría enterada de que Kanda ya tenía una relación con Emilia.–Aunque opino que el cabello albo es interesante también. ¿No naciste con albinismo, verdad?

–No...

–¿Cuántos años decías tener?

–Dieciséis, mas o menos.

–Oh, pues ya eres todo un hombre... Perdón, no suelo preguntarle esto a hombres que apenas conozco... pero después de ésta misión... me preguntaba... ¿quisieras pasar un rato conmigo?

–Vaya, eso... No lo sé. Tal vez...–respondió el muchacho con una mueca. Ya no estaba muy seguro si se sentía cómodo en ésta conversación. A Link tampoco le gustaba, y su cara estaba igualmente roja. Era obvio que la buscadora coqueteaba con el exorcista, y no tenía la discreción de no hacerlo frente a su supervisor.

Link no se quedó en silencio y se vio obligado a separarlos para que no fuera más lejos con la conversación. No estaba bien visto que un exorcista estuviera siendo atraído por otra servidora de la Organización Religiosa Oscura.

Beh, entonces... nos hablaremos después, ¿no?

–Este...

–No respondas, Walker.–interrumpió Link abruptamente, con indignación mientras le jalaba de la mano al interior de la cabina .

Cuando cerraron la puerta de la habitación donde estaban Marie y Kanda, vio que éste ya se había tomado una tercera copa. Kanda estaba luchando contra su sueño, su cara ligeramente recostada en la vitrina de cristal del lado de la puerta. El Sol estaba poniéndose, y el brillo dorado se mantenía irritando los ojos del exorcista oriental. Marie parecía seguir dormido. El pobre no tenía mucho que hacer cuando estaba en el tren, porque Kanda se enojaba cuando su compañero se ponía a tocar su instrumento musical en momentos de tensión. Allen hubiera gustado animar a Marie a tocar una melodía, pero solamente comenzaría una disputa sin sentido contra Kanda, el idiota.


(1).– Ésta idea la saqué del manga MPD Psycho, un caso igual a éste aparece en el primer volumen.

N/A: No tengo idea de cómo serían las vías ferroviarias en E.U. por fines del siglo XIX y tampoco sé cuanto tarda un tren en llegar de Nueva Orleáns a Nevada, así que ando escribiendo a lo puro wey. Mis disculpas. Espero que no haya inconvenientes.