Capítulo IV
Bueno primero que nada agradezco a las personas que leyeron mi historia, y votaron por ella.
Como siempre les agradezco por su atención.
The Loud House, no es de mi propiedad yo solo ocupo los personajes sin fines de lucro.
Estaba Lincoln sentado contra su puerta. No entendía por que le dolió tanto. Se supone estaba preparado para lo que le fueran a decir sus hermanas. Se supone que lo que quería es que explotarán, que le gritaran, inclusive que le reclamarán. Pero sin embargo nunca imaginó la posibilidad que no lo quisieran como su hermano. Joder! Era su única responsabilidad. Aún así había fallado. Recordó los primeros años de su vida. A su papá diciendo que debía cuidar de ellas, a su madre hablando con el, diciendo que las debía querer. En ese momento no imaginaba cuánto podría llegar a amarlas. Posiblemente por eso le dolía, las amaba más que su vida. Entonces por qué no les dijo lo que querían. Todo hubiera sido más fácil si lo decía. De todos modos que podrían hacer. Ahora todo se fue a la mierda. Quiso parar sus pensamientos, su misma mente le estaba jugando una mala broma. Quería que se callara esa voz que le recordaba las malas decisiones que tomo en esa discusión. Que cada palabra suya solo lo condujo a este punto. Era su culpa, ni siquiera pensaba que sus hermanas tuvieran la responsabilidad, el las condujo a ese punto. El quería esto el solo se lo busco. Se puso los audífonos y encendió la música al máximo, quería que la música opacara la voz de su cabeza. Lastimosamente la canción que sonó solo pudo recordarle que la cago.
Y sintió una gran presión en su pecho, lo estaba asfixiando, le estaba costando respirar. Le dolía, le quemaba el pecho. Destrozo su camisola, eso no alivio en lo más mínimo. Y grito, se lamentó en su propia inmundicia, sintió como el dolor de su pecho desaparecía. En cambio su garganta lo mataba, pero el respirar ya no se le dificultaba tanto. Pero desconoció su propio grito. Se levantó del piso, se posicionó enfrente de su espejo y le dió asco lo que vio. Las lágrimas recorriendo sus mejillas. Sus ojos rojos. Su semblante cambio completamente, esa mañana se sonrió a sí mismo por lo que veía, en cambio en ese momento no podía reconocerse. Alzó sus puños y golpeó el espejo hasta que ya no viera esa abominación en frente suyo. Sus nudillos sangraban, los miró y noto que unos cuantos trozos del antiguo espejo se habían incrustrado en ellos. El golpeteo en su puerta no le podía importar menos. Miró su cuarto, todo le decía a gritos todo lo malo que había hecho. Era una vergüenza. Y fijo su vista en un dibujo que le había hecho su hermana Lucy. Fue un regalo de cumpleaños.
Recordó cuando se lo dió. De seguro busco mucho para poder llegar a encontrar algo que le gustará a su hermano. Se veía nerviosa. Cómo si temiera que no le gustará. El recuerdo de sus brazos abrazando el pedazo de cartulina en el que estaba plasmado, le dejo un sabor amargo en la boca. Ellas se merecían a alguien que pudiera apoyarlas, alguien confiable. No un bastardo que se derrumbara por qué no supo aceptar lo que se buscó. Y hizo lo que decía su dibujo... Sonrió. Sostuvo la sonrisa. Se iba a convertir en el hermano que sus hermanas merecían. Después podría llorar.
Volvió en sí al escuchar otra vez la voz de su madre.
-¡Hijo! ¡Abre por favor!
Abrió la puerta, delante de él estaban todas sus hermanas y su madre. Se veían un grado más allá de la preocupación. Más sin embargo su semblante se tornó incrédulo, lo miraban estupefactas. No pudieron articular palabra alguna. Un charco de sangre a sus pies, sus manos rojas como si fuera participe de una masacre, tan llenas de sangre que no podían pensar de donde provenía tanta. Su ropa rota, él siempre trataba de cuidar su vestimenta, siempre bien planchado, procuraba que su ropa no se ensuciará de más, un aseo personal formidable. Era irreconocible. Más sin embargo lo que más las desconcertó era su rostro. Los ojos rojos, las marcas de las lágrimas que aunque habían parado, su fantasma seguía presente en su rostro. Un rostro pálido, su antes piel ligeramente bronceada ahora de un blanco enfermo. Y esa sonrisa que se ensanchaba a lo largo de su rostro no hizo más que incomodarlas. No era normal, todo era un contraste espeluznante. Lori que estaba parada a un costado de su madre estaba ahí con la finalidad de suplicar su perdón, sin embargo por más que lo intentará no podía articular palabra alguna, era una situación desesperante. Nadie decía nada, simplemente era como si el tiempo se hubiera detenido. Fue así hasta que Lincoln rompió ese instante de sufrimiento.
-Perdonen.
Una simple palabra, no fue siquiera una oración. Pero fue suficiente para que todas salieran de su trance. La primera en reaccionar fue su madre que se acercó desesperada a su primogénito y lo estrecho en sus brazos. Como si temiera que se desvaneciera entre sus manos. Todas querían seguir su ejemplo, pero no pudieron. Era un momento entre su madre y su hermano. Fue como si una fuerza les impidiera acercarse. Y todas una por una se retiró del pasillo. Lisa que pudo tener el pensamiento práctico más frío, fue a su habitación por un botiquín de emergencia, en el había todo lo necesario para realizar las curaciones que necesitaba su hermano. Se acercó a su madre y se lo extendió en silencio y se retiro. Ella lo tomo y guió a Lincoln hacia su habitación, donde lo curaría, y trataría de saber que fue lo que pasó.
Ambos se sentaron sobre la cama, Rita tomo la mano derecha de su hijo, vio los pedazos de cristal en ellas. Tomo el botiquín y en el había unas pequeñas pinzas, con ellas retiro cada pedazo. Al terminar tomo el alcohol y limpio la sangre que había sobre la mano. Verifico que no hubiera más pedazos, al percatarse que ya no había más, tomo el antiséptico y lo rocío sobre la carne, envolvió con cuidado su mano con una venda. He hizo lo mismo con la otra. En todo el tiempo que duró su tarea no dijieron nada. Rita esperaba que su hijo iniciará la conversación. Quería darle el tiempo para que acomode sus ideas. Por su parte Lincoln planeaba su proceder. Había tomado una decisión, se convertirá en el hermano que sus hermanas merecían, era un deseo egoísta. Quería aliviar la culpa que sentía. Finalmente no tomo en cuenta los sentimientos de sus hermanas, siempre dió por sentado su amor por el. Siempre creyó que con protegerlas, escucharlas, y de ves en cuando aconsejarles, tenía su amor seguro. Que estúpido fue. Nunca cuido el amor que le tenían, como todo si no lo cuidas se marchita. Sus celos eran perfectamente justificados, tendría el resto de su vida para relaciones sin compromiso. Sin embargo cuanto tiempo tendría con sus hermanas, cada uno tomaría su camino, cada quien haría su vida, y los días en los que pasaban juntos, quedarían en el pasado como un bello recuerdo. Cada vez se verían menos. Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo ves perdido. Este era un claro ejemplo. Recordó la condición de trabajar con Azrael "No descuidaras tus demás obligaciones", en ese entonces pensó que se refería al escuela, pero cuanto tiempo llevaba poniendo más atención a su propio placer que a pasar una tarde con sus hermanas, de disfrutar una plática con Lori, de alentar a Leni a confeccionar más ropa, de escuchar tocar a Luna, de reír a carcajadas con Luan, de jugar un partido con Lynn, de platicar del significado de la vida con Lucy, de ver un concurso de belleza de Lana, de enseñarle a Lana un poco más sobre mecánica o cualquier otra manualidad, de darle otro enfoque a los inventos de Lisa, de arrullar a Lily. Sí bien pasaban tiempo juntos no era lo mismo que enfocarse al cien por ciento a ellas. De ves en cuando las dejaba en segundo lugar. Creyó que dándoles dinero para sus necesidades, compensaba el hecho de no pasar el tiempo juntos. Que iluso fue. Y ideó un plan. Necesitaba tomar distancia. Al ver a Lori en la puerta de su cuarto sabía que quería pedirle perdón. Pero sabía que merecía su desprecio, por primera vez aceptaría lo que se buscó.
-¿Me vas a decir que pasó?- dijo su madre al percatarse que no decía ni una palabra.
-La cagué.- dijo viendo hacia la puerta de su habitación.
-¿A qué te refieres?
Inclino su cabeza hacia un lado para que viera las marcas. Su madre las vio y quería una explicación, más sin embargo, sabía que no era el momento.
-Ellas solo querían saber quién lo hizo.- hablo más para si mismo que para su madre.- Pero mi puto orgullo no me dejó decirles.
Rita agachó la mirada, sabía que esto sucedería, es más se extrañaba que tardará tanto. "El mal de la sangre", un orgullo insano en los hombres y en las mujeres celos posesivos. Pero aún no era tiempo de decirlo. Aún tenía que callar.
-Las descuide.
-Eso no es cierto. Saben que cuentan contigo.
-Pero no es lo mismo contar con alguien, a que esa persona te dedique su tiempo.
- ¿ Adónde quieres llegar?
- Me voy a ir un tiempo.
-¿Que? Dices que las descuidaste y te quieres alejar de ellas. ¿Que sentido tiene eso?
-Sabes que las amo mucho. - vio como su madre afirmó con la cabeza.- Pero di por sentado su amor. Necesito ganarlo. No merezco siquiera estar cerca suyo.
Ese maldito orgullo. No había nada que hacer. Podría dar miles de argumentos, y él le dará miles de repuestas. Ya había tomado su decisión. Lo único que podía hacer es tratar de apoyarlo.
-¿Que planes tienes?-. Le dijo dándole a conocer que lo apoyaba.
-Le voy a pedir a Azrael que me deje quedar un tiempo con el.
Debió haberlo imaginado. Lo veía sus ojos, confiaba en el. Y recordó la primera vez que vio en su hijo esa mirada. Confianza, no la misma confianza que se tenían entre ellos, era diferente. Muchos pensarán que es algo sencillo de conseguir, mas sin embargo, en Lincoln ese no era el caso. No confiaba en nadie aparte de su familia. Desde chico veía a los demás y sabia que debía desconfiar de todos, si quería estar preparado para proteger a sus hermanas. Siempre alerta, siempre preparado.
Flashback.
Habiendo pasado un par de semanas desde el incidente del primer día de Lori. Las cosas en la escuela lo inquietaba. No podía moverse sin llamar la atención de las personas. Empezaba a molestarle esa actitud. Pero no podía hacer mucho. Algunos lo miraban desafiantes. Cómo si quisieran probarlo, más que nada los mayores. Se preguntaba que querían, seguro comprobar que fuera cierto el rumor.
Ese día Lori había faltado por enfermedad, y sus padres recogerían a las menores. Iba saliendo de la escuela, cuando vio que en el pasillo que conectaba con la High School, había un grupo de chicos recargados en la pared. Supuso que esperaban a alguien al ver que volteaban hacia los lados con bastante frecuencia. Decidio no darle más vueltas al asunto, siguió caminando. En cuanto paso por su lado estos se pararon y fueron tras de el. Siguió sin darle importancia. Hasta que uno se posicionó enfrente suyo.
-Tu debes ser Cocaine. - dijo viendolo de arriba hacia abajo.
-Si.
-Entonces tu fuiste el que golpeó a mi hermano.
Sabía que significaba esa mirada. Era la misma que tenía el cuando le hacían algo a sus hermanas. Y sonrió, posiblemente el haría lo mismo. Pero esperarlo junto con otros se le hizo de mal gusto. Más sabiendo de la superioridad que conlleva la edad. No debía ser un genio para saber que posiblemente solo con un golpe lo dejaría en mal estado. Le ganaba por mínimo por dos años. Era suficiente para pensar que tenía más fuerza que el. Se cuestionó como debía proceder. Si corría podría perderlos, pero al día siguiente o la próxima semana lo atraparían y lo peor estaría con Lori. Así que a largo plazo lo mejor sería enfrentarlos. Se encogió de hombros.
-Supongo.
-Valla que los tienes bien puestos o de verdad eres muy estúpido.
-Estoy casi seguro que es la segunda.- respondió Lincoln con una sonrisa.
Los demás chicos rieron por su respuesta. Era inusual. No parecía tener miedo.
-Bueno, ya sabes lo que sigue ¿No es cierto?
-Sip.
Y siguió caminando, ellos lo guiaron al estacionamiento de la escuela. Al mismo lugar donde se peleó. Bajo su mochila. Se quitó la playera naranja y se puso en guardia. La mayor diferencia ahora es que no tenía a alguien atrás de el que lo respaldará.
Pero antes que cualquiera pudiera hacer algo. Vieron a Azrael caminado por la parte de afuera del estacionamiento, Lincoln sintió alivio al verlo. Por lo menos no estaría solo. Iba a llamarlo, más sin embargo, una camioneta negra con vidrios palarizados se paro a su lado. De ella bajaron cinco hombres, tenían el rostro cubierto con pasamontañas, y cargaban carabinas m4.
Inmediatamente al bajar de la camioneta le apuntaron, pero Azrael parecía no importarle, en cambio los espectadores solo atinaron a esconderse atrás de un coche con la esperanza de no quedar en el fuego cruzado. Temblaban cual gelatinas. No por nada vivían en los barrios más tranquilos de Michigan. En su vida habían visto un arma real. La situación les parecía irreal. Hubicaban a Azrael de vez en cuando lo veían por los pasillos de la escuela, apesar de su vestimenta no se metía con nadie, parecía tranquilo, rara vez se le veía acompañado, y era aún más raro oírlo hablar. Sin embargo llamaba demasiado la atención, básicamente toda la escuela lo conocía. Había rumores que decían que estaba metido en problemas de drogas o que era sicario. Y con lo que veían en este momento parecía ser el caso. Estaban estupefactos y agradecían que nadie parecía pasar en esos momentos por el estacionamiento. Y alguien más bajo la camioneta, mientras que los cinco primeros rodeaban a Azrael sin dejar de apuntarle, el señor que bajo de la camioneta se posicionó enfrente de el, vestía un traje gris completo, con una camisa negra. Un cabello rubio. Es todo lo que podían apreciar del hombre. Uno de los hombres golpeó la parte trasera de la rodilla de Azrael haciendo que se arrodillara, pero no quitaba la vista del hombre enfrente suyo. Parecía mantener la calma. Incluso juraría que parecía retarlo. El hombre sacó un revólver de adentro del saco y le apuntó a la cabeza. Los chicos que veían esto retuvieron el aliento. Y uno que otro apartó la mirada. Pero Lincoln no lo hizo veía fijamente a Azrael. Espero a que hiciera algo, y este acercó su cabeza al cañón del revólver. Y escucho perfectamente lo que dijo.
-Dispara.
No lo dijo gritando. No suplico, simplemente lo dijo. Parecía no importarle. No sé rebajo y nunca bajo la mirada. Un escalofrío recorrió su columna vertebral. Y pereció no ser el único que le inquieto eso. Los hombres que le apuntaban, bajaron por un momento los rifles y vio como temblaban. Y el hombre lo golpeó con la culata del arma, pero no movía su cabeza, seguía con la mirada fija. Repitió la acción un par de veces solo para recibir el mismo resultado. Noto como se desesperaba, al no conseguir ningún tipo de reacción y le volvió a apuntar. Tembló el arma, se movía de un lado para otro. Parecía que el que estaba en peligro era el. Solo con la mirada logro ponerlo en ese estado. Lo siguiente que vio fue que todos subieron a la camioneta nuevamente y se fueron cómo llegaron. Azrael se levantó sacudió su pantalón, y siguió su camino. Se adentro en el estacionamiento y ahí vio a Lincoln, le sonrió y se acercó a él.
-Hey Cocaine, ¿que haces aún aquí?
Y se percató de la presencia de los otros muchachos. Posó su mirada sobre ellos, pero antes de decir algo todos se levantaron y corrieron como si su vida dependiera de ello.
Lincoln se levantó del suelo, se puso su camisa, se colgó la mochila al hombro.
-¿Cómo hiciste eso?
Azrael sonrió. -Ventajas de ser cholo.
-Me estás jodiendo. - dijo alzando una ceja por la incredulidad. - Como la forma en que te vistes hace que no te maten.
-Primero que nada -. Dijo alzando un dedo enfrente suyo.- Ser cholo no solo significa vestir tumbado (holgado), es una forma de vida. Segundo.- alzando otro dedo.- ayuda a saber más de la vida. Lo que muchos no entienden es que si haces algo, debes estar preparado para recibir lo mismo que das. Sí matas a alguien debes estar preparado para morir a las manos de otra persona. Una vida violenta solo puede terminar violentamente.
Lincoln se quedó unos segundos viendolo. Sabía que no le estaba mintiendo, pero también sabía que no le decía toda la verdad.
-Entonces quiero ser uno.
Azrael soltó una carcajada. Al ver que no era una broma dejo de reír.
-No es algo que debas tomar a la ligera. -Dijo viendolo fijamente.- es de por vida.
-No es un capricho.
Azrael alzo los hombros.- Piénsalo bien cuando vallas a la casa me dices.
Azrael subió a su carro. Un Impala 64 color negro convertible.
Le abrió la puerta del copiloto, y espero a que Lincoln subiera. Este lo hizo. Le gustaban los carros clásicos. Desde su vieja van hasta en el que estaba montado.
Y vio en el tablero unos botones, le dió curiosidad. Pero no quería que lo regañara por tocar algo. Sin embargo Azrael vio donde tenía puesta la mirada y sonrió. Accionó el primer botón y se alzó de un lado el carro. Lincoln se sorprendió por la acción pero estaba fascinado con la acción. Sonriendo accionó el siguiente mientras ponía música.
El carro empezó a brincar sobre las llantas traseras. Lincoln no pudo contener la tentación y se sentó sobre el respaldo del asiento mientras el carro no dejaba de brincar. Más de una vez estuvo a punto de caer más sin embargo la sonrisa nunca dejo su rostro.
Al llegar a su casa bajo del carro y vio cómo siguió su camino. Entró a su hogar y vio a su familia. Saludo a su madre. Y subió a la habitación de Lori, la saludo, estaba recostada en su cama descansando,le dió un beso en su frente y salió para que siguiera descansando. Bajo y comió junto con el resto de la familia. Más el pensamiento de ser cholo nunca abandono su mente. Subió a su habitación prendió su computadora. Y busco la palabra "Cholo" leyó un poco de información. Básicamente hablaba sobre el crecimiento de una pandilla que recidia en las cárceles de California. Y se fue expandiéndose a lo largo de los estados del sur de su país, también se expandió hacia México. Fue hacia las imágenes sobre el tema, revisaba las imágenes, muchos carros como en el que había llegado, otros sobre payasos "Joker", ropa, y otras de diferentes pandillas haciendo señales con las manos. En medio de su búsqueda vio unas imágenes que lo paralizaron.
Básicamente todas decían lo mismo. "Sí tocas a mi familia te mato". Eso fue lo único que necesito para tomar una decisión.
Salió de su cuarto, bajo las escaleras y se despidió de sus padres y hermanas. Corrió entre las personas para llegar a la casa de Azrael, era una casa bastante simple, dos pisos, un patio delantero, y una cochera. Hasta donde sabía no tenía vecinos. Toco el timbre y espero, estaba ansioso. La puerta se abrió y ahí estaba el vestido con una camiseta de tirantes blanca, una bermuda color caqui, calzetas blancas que terminaban al inicio de la bermuda y unos Conversé negros. Lo hizo pasar, generalmente le decía que debía hacer. Generalmente era ayudarlo con su jardín trasero donde tenía rosales, otras veces era hacer lo mismo que cuando lo conoció, pero supo interpretar su silencio como queriendo saber si lo que iba a hacer sería lo correcto.
-¿Estas seguro?
No sé sorprendió que ya supiera su decisión. Generalmente siempre estaba un paso adelante que el.
-Si.
-Bueno, entra si quieres salte si puedes.- Le dijo sentenciado la decisión.- Tu entrada va ser que vamos a pelear durante trece segundos.
-Esta bien.
-Quítate tu playera.
Y así lo hizo. Alzó sus puños. Sabía que solo iba a recibir golpes. Pero no le importó. Estaba seguro.
- Uno.-dijo con la voz más grave que escucho en su vida.
Y antes que pudiera hacer algo recibió un golpe en el estómago, sintió como el aire abandono su cuerpo. Sin tiempo para pensar recibió otro golpe a un costado, que lo termino tumbando en el suelo, se levantó lo más rápido que pudo y se protegió la cara.
-Dos.
En los brazos recibió otro golpe que lo hizo hacerse hacia atrás.
-Tres.
Trato de golpearlo, pero al retirar la mano de su rostro recibió un golpe en la nuca.
-Cuatro.
Antes de volver a poner su guardia, recibió un golpe en el estómago seguido de un segundo en el mismo lugar.
-Cuatro. (Si es a propósito)
Se tambaleo en su lugar el aire le faltaba y le costaba respirar. Recibió una patada en la pierna derecha, que lo envío al suelo.
-Cinco.
En el suelo le empezó a patear las piernas y el trasero.
-Seis.
Trato de levantarse pero recibió un golpe en las costillas, que lo tumbó de nueva cuenta.
-Siete.
Se hizo bolita, y recibió una pisada en la altura del hígado.
-Ocho
Recibió repetidos golpes en los costados.
-Nueve.
Solo podía concentrarse en no dejar su postura.
-Diez
Ya no sentía los golpes.
-Once
El golpe de adrenalina, le hizo soltar un golpe al aire.
-Doce
Sentía que la conciencia lo abandonaba. Recibió un último golpe en el estómago.
-Trece.
Lo tomo de la mano y lo levanto. Por unos momentos no supo ni dónde estaba.
-Welcome to mi barrio.
Y entrelazó su manos. Y lo abrazo.
-Ahora eres mi karnal (hermano). -le dijo sonriendo, fue cuando notó que el único golpe que lanzó si conecto. Su nariz sangraba. - Tu brincas, yo brinco. Tú me cuidas, yo te cuido. Ya no caminas solo ahora yo te respaldo.
No sabía por qué pero se sintió feliz. Trato de sonreír, pero el dolor de su torso, se lo impidió. Azrael noto lo que hizo. Su torso negro por los golpes. Salió del cuarto donde estaban y a los pocos segundos regreso. Traía consigo una pomada. Era una pomada especial. Le unto todo el torso, mientras revisaba que no le rompiera alguna costilla. Al ver que solo era un gigante moretón. Lo llevo cargando a otra habitación. Lo sentó en un sillón, mientras le servía destilado de caña con jugo. Básicamente era la primera vez que tomaba, sentía el sabor del alcohol, pero era disimulado por el dulzor del jugo. Le gustó y lo termino de un segundo trago.
Entre copas le contó que significan los pantalones, las camisas, los tenis, los colores que se usan, incluso le dijo que significa el saludo. Lincoln escuchaba atentamente todo. Le fascino el significado de cada cosa. (Perdonen si no pongo el significado pero eso sí esta prohibido).
Pasaron las horas platicando y antes de darse cuenta, era de noche. La euforia de ser un "Sureño" hizo que perdiera la noción del tiempo. Antes de irse paso al baño, quería saber cómo le quedó el torso, aunque ya no le dolía tanto, se lo adjudicó al alcohol. Al alzarse la camisa, su torso no tenía ni una marca. Nada. Se sorprendió mucho. Pero por una extraña razón no le tomó importancia. Al salir estaba Azrael parado con una gran sonrisa y una mochila a un costado. Salieron y subieron al carro.
-Y que tienes en la mochila.
-Es un regalo.- le dijo viendolo de reojo.- Es ropa, tenis, y unas gorras. Son para ti.
Lincoln sonrió, era verdad ahora tenía un hermano.
Fin del Flashback.
Fin del capítulo.
Perdonen la tardanza.
Espero les haya gustado.
Hasta la próxima
