A/N: Wiiiiiiii! Aquí me tienen publicando, me demoré porque intento ser ordenada con mis publicaciones :P ¡Yo no olvido ningún proyecto activo asique no os desesperéis! ¡Ahora me pongo a trabajar en ¿PQNP…? Asique espero que sean pacientes conmigo, ¡ah!, la vida es tan agotadora… y distractora… e inspiradora… y… Bueno, ustedes saben xD

De verdad que espero que este capítulo sea del agrado de todos y todas, y espero que nos leamos pronto de nuevo ^^.


Capitulo 4.


(…)

"Siempre me esmero porque comprendas que tanto me importas, que tú no eres cualquiera para mí, sino que único en mi mundo. ¿Qué debo hacer para que lo entiendas, qué debo hacer para que dejes de ignorarlo?"

¿Qué tan fuertes son nuestros sentimientos por esa persona y hasta qué punto podemos controlarlos?

Sin importar que tan preciados sean para nosotros, dejamos que los pisoteen, nos hagan llorar y gritar a cambio de nada. Fingimos tener completo control de nosotros mismos, pero la realidad es otra, no estamos controlando nuestros impulsos, sólo los contenemos y eso es algo peligroso. ¿Por cuánto tiempo podemos contener esa bomba de tiempo tan intensa?

(…)

"Tengo miedo…"

"Vamos, Corazón, levántate por favor…"

"…nosotros también tenemos miedo, por eso síguenos…"

"…bajo nuestro velo estarás a salvo", corearon los ojos intentando levantar a su amigo.

"No puedo, no debo irme de aquí… pero tengo tanto miedo…", temblaba Corazón.

Otro ser, desconocido para él, estaba delante suyo mirándolo con una intensidad tan indescifrable que lo asustaba. ¿Qué era lo que esperaba de él? Con los años que tenía y aun así le temía a lo desconocido, pero a la vez se sentía atraído. Adrenalina, dirán algunos, es el causante.

Los Ojos, quienes estaban a su lado, hicieron un último esfuerzo por moverlo, lo tomaron como pudieron entre sus brazos y dieron todo de sí con ese único objetivo en mente, pero todo esfuerzo fue en vano, el Corazón siempre fue uno de los más pesados y difíciles de mover, ninguno de los dos lo podría levantar.

Ni un poco se movió y el tiempo ya se les iba agotando. Finalmente el miedo pudo con uno de los Ojos que ya empezaba a ponerse un tantito sudoroso y corriendo tomó a su hermano del brazo.

"¡Ya casi no nos queda tiempo, hermano! ¡Huyamos!"

Tanto el grito como el empuje, fue inesperado y por lo mismo el otro Ojo no opuso resistencia, sólo alcanzó a chasquear la lengua y gritar en dirección al Corazón.

"Volveremos por ti, Corazón, lo prometo."

Y con esas palabras desaparecieron los hermanos Ojos bajo su velo. De haber podido, lo habrían compartido con Corazón, pero no podían moverse, su velo, su protección, estaba fija, si Corazón no se movía no podían hacer nada por él. Al final, sucede lo de siempre. Nada ni nadie puede protegerlo, él sólo debe aprender cómo hacerlo.

Temblando, Corazón los vio irse. Tenía tanto miedo en ese minuto que ni alcanzó a sentirse abandonado, el ser que estaba delante suyo era tan intimidante, no sólo por serle desconocido sino que también porque mantenía esa postura, su intención era intimidarlo y él había caído redondito.

El sonido de su cobardía, su rápido y loco latir, lo sentía recorrer todo su cuerpo, no podía pensar, sólo deseaba que nadie lo escuchara, que nadie supiera que tan aterrado se sentía, que tan débil era en realidad.

Necesitaba calmarse y ya…

(…)

- Yanase-san… -retumbó en un tono bajo y grave dentro de los oídos del asistente de mangaka la voz del editor sonriente. Kanade lo miraba a los ojos con cierta molestia en ellos, sintiéndose por dentro furioso con la persona que haya estado al otro lado de la línea al poner tal expresión de angustia en el rostro de la persona que tanto amaba en secreto.

Yanase, mientras tanto, presentía esa llamada, pero hubiera dado lo que sea para que su presentimiento fuera erróneo. Sabía que su cara no era la mejor, pero no quería confirmarlo, no quería que un externo pudiera leer su pena. Por eso mismo cerró los ojos y volteó el rostro, escondiéndolo al menos hasta que hallara la manera de controlarse, aunque eso no sirvió de mucho debido a que Kanade tomó su barbilla y elevó su rostro.

La nueva posición lo incomodó hasta avergonzarlo, ya no tenía cómo esconder su expresión y de paso ningún motivo para mantener sus ojos cerrados. Su corazón le sorprendió aún más al sentirlo acelerarse, ahora sí que no podía ponerse más en ridículo, o al menos eso era lo que creía.

Sin aún abrir los ojos volvió a intentar bajar el rostro, pero las dos manos de Kanade se acomodaron en sus mejillas manteniéndolo fijo. Su aliento se aproximó a su nariz y con un nuevo llamado, ahora susurrado, lo sorprendió. Yuu intentó correrse, pero la pared a su espalda le hizo reconocer la desventajosa situación en la que se había metido.

- Yanase-san –escuchó el susurro, ahora en su oído y con cierto toque amenazante.

El aliento de Mino recorrió su oído y bajó por su cuello estremeciéndolo y, de ser posible, acelerando más a su corazón. Si antes había pensado que no podía ponerse más en ridículo, ahora no sabía cómo se llamaba el nivel que acababa de inventar. Su acelerado corazón hizo que se le subieran los colores a las mejillas y las prendieran hasta las orejas con un fuerte rojo.

- ¿Qué quieres, Mino-san? –se atrevió a preguntar no soportando más su posición y abriendo sus ojos al sentirlo alejarse de su rostro.

- Quiero saber qué sucedió –respondió moderando su tono, aún grave, pero más comprensivo y enfocando su mirada en sus ojos. No podía ver bien los colores de sus ojos, pero aún podía sentir su miraba.

- No es asunto tuyo, no deberías preocuparte –respondió cortante, ladeando el rostro al sentirlo libre.

- Sí que me preocupo, esa cara que llevas no me da motivos para no hacerlo –le dijo imitando su tono de voz y tomando, de nuevo, su rostro para que lo mirara.

Ambos rostros de expresión enigmática se enfrentaron firmemente a pesar del sonrojo del, por unos pocos centímetros, más bajo. Aun así, sin importar la cercanía y que tan fijo lo mirara, los ojos de Kanade seguían siendo un misterio, pero eso no le quitaba fuerza a su expresión; al mismo tiempo, los ojos de Yuu buscaban alejarlo con una intensa expresión amenazante, usando como apoyo unos mechones que los ensombrecían con una intimidante intención.

Desafortunadamente para el de ojos cobrizos, Kanade nunca retrocedió, e incluso, de la nada sus labios curvaron una escalofriante sonrisa que pudo con él. Sin querer reconocer su derrota, suspiró despeinando sus cabellos y manteniendo la expresión de su rostro, preguntó:

- ¿Acaso tan mala cara tengo?

- Si no fuera así me habría retirado con la mirada que me dedicaste –dijo ensanchando la sonrisa, separándose un poco para darle espacio.

- ¿Ha? ¿Eso quiere decir que la notaste y aun así ignoraste? –dijo sorprendido, esperando poder reprenderlo.

- Yo nunca me dejo intimidar, Yanase-san, mucho menos por un pequeño zorrito como tú –rió divertido ante su propia analogía calmando un poco el ambiente entre ambos.

- ¿"Pequeño zorrito"?, ¿desde cuándo yo soy un "pequeño zorrito"…? –dijo, más para él que para su interlocutor- Ah, no importa. Vámonos, hemos dejado por mucho rato sola a Chinatsu-chan…

Intentó pasar a un lado de Kanade pasando por alto el tema y encaminándose de vuelta al salón donde estaba Chinatsu esperándolos, pero este lo detuvo obstaculizando su paso con su brazo, apoyado contra la pared, justo en el lado por el cual Yuu había intentado irse.

- ¿Qué quieres, Mino-san? Quítate del camino, por favor –exclamó en un suspiro intentando no gritarle su molestia y frustración.

- No me moveré de aquí y tú tampoco lo harás hasta que me cuentes qué fue lo que sucedió con el hermano de Yoshino-san. Aún estoy esperando que me cuentes.

- Pero si no pasó nada –intentó negarlo cuando la mirada de Mino le increpaba en silencio su mentira. Suspiró con molestia y le respondió-. Mira, aunque hubiera pasado algo, no es tema tuyo. Tú mismo lo dijiste, Mino-san, estaba conversando con el hermano de Chinatsu-chan y sus asuntos no te incumben –le reprendió esperando así lograr callarlo.

- Tal vez sus asuntos no son míos, pero si te ponen así de mal no es justo que los tengas que cargar tú solo –le respondió evidentemente ofendido-. Déjame ayudarte, Yanase-san, hace semanas que sé que hay algo molestándote. ¿Qué acaso no puedes confiar en mí, ni un poco?

- No es que no confíe en ti, Mino-san, es sólo que no quiero hablar de esto. No ahora.

- ¿Y si lo dejamos para cuando estemos solos?

- ¿Tanto así quieres que te cuente? –preguntó buscando la respuesta en sus ojos.

- Sí, porque me preocupas… -le dijo sin más ni menos, sin siquiera tartamudear o mover la cabeza.

Yuu lo pensó un momento, ya estaba molesto por tener que soportar todo este problema sólo por una conversación con Chiaki, pero no veía otro camino, aunque fuese con una mentira tenía que responderle a Mino-san.

- Está bien, te contaré, pero no hoy, otro día... cuando Chinatsu se vaya.

- ¿Y cuándo será eso?

- No seas impaciente, Chinatsu está juntando información de las universidades que le interesan, no creo que le tome más que un par de semanas.

- Entonces así será, en un par de semanas me contarás lo que sucedió sin falta.

Kanade retiró su brazo del camino con una sonrisa complacida por el resultado, pero que para Yuu se sintió como un canto de victoria. "Que persona más extraña…", suspiró en su mente. Tenía que reconocer que Mino podía ser muy intimidante cuando quería. Detrás de esa amable sonrisa que portaba casi todos los días, hay una persona de un carácter y presencia muy fuertes… "Tal vez éste es el Kanade Mino del que hablan las mangakas…", pensó observándolo de reojo. Nunca se esperó tener que escuchar su voz tan grave y seria dirigida a él y mucho menos intentar hacerle competencia. Él sólo reaccionó, para cuando se dio cuenta ya estaba intentando intimidarlo. Parecía que ambos competían por quien es más intimidante… a pesar de ahora saber que él era el perdedor.

Ya de regreso a la mesa donde Chinatsu los esperaba, ambos hombres se sentaron sonriendo. Yanase le devolvió el teléfono disculpándose por la demora recibiendo un "descuida" como respuesta junto a la interrogante que rondaba en la cabeza de ambos sólo minutos atrás.

- ¿Qué le pasó a mi hermano, por qué no pudo recibirme?

Yuu no pudo evitar hacer una mueca mientras pensaba qué le decía, no se atrevía a hablarle con la verdad y decirle que su hermano prefería pasar tiempo con su amigo-amante a siquiera prestarle una habitación para dormir a su hermanita que ya casi no veía. El sólo pensarlo sonaba terrible y cruel para con la muchacha. Al final optó por decirle que no llegaron a ese tema, pero que después le preguntaría con calma.

La chica sólo pudo asentir y desviar la mirada con cierta tristeza. Yuu también bajó la mirada, pero apretó los puños por ser conocedor de esa molesta verdad y no poder hacer más que mentir para evitarle un mal rato. Kanade sólo los observó sin saber qué hacer, sabía que algo no estaba marchando bien, pero como Yuu le dijo, era asunto de Chinatsu y su hermano y que, como puente de conexión entre ambos, estaba el castaño en medio.

(…)

Después de ese día, Chinatsu y Yanase se dedicaron a pasear por la ciudad y visitar algunas universidades, en algunos casos recibiendo un recorrido por las facultades y en otros recibiendo sólo los panfletos con la información de las becas y las mallas curriculares de las carreras en cuestión. En un principio Chinatsu insistió en hacerlo sola para no molestarlo, pero luego, ambos agradecieron la existencia de los teléfonos celulares; de no ser porque Chinatsu tenía uno, era muy probable que la hubieran reportado como desaparecida desde los primeros días de su estadía. A pesar de estar con un mapa y haberle preguntado a los locales y un oficial el cómo llegar a la primera universidad que había marcado para su recorrido, terminó metiéndose en calles desconocidas que no lograba ubicar necesitando de la ayuda de Yanase para volver.

Al final Chinatsu se tomó dos semanas de estadía en la ciudad, tal cual como había calculado Yuu antes, en las cuales hizo todo lo que tenía que hacer y hasta se compró ropa nueva para presumir cuando volviera a casa. Hubo días que pasó sólo con Yanase y otros en los cuales se les sumaba la compañía de Kanade durante el recorrido. La presencia de este último le parecía un poco extraña a la muchacha, pero agradable al fin y al cabo. Cada cierto rato tuvo la oportunidad de ver cómo ambos hombres, Mino y Yanase, bromeaban entre ellos y se reían. Casi se atrevía a pensar que Mino era ahora el amigo más cercano que el castaño tuviera en la ciudad, al parecer ya no era tan cercano a Chiaki como antes. Sin importarle mucho ese detalle, se acostumbró a su compañía, encontrándola agradable.

- ¿No se te olvida nada? –preguntó Yuu despidiéndola en la estación de trenes.

Fue el solo a dejarla ya que el fin de ciclo en la editorial estaba empezando y tanto el mangaka como los editores estaban ocupados con ello. Él no tanto ya que todavía faltaba un poco para que empezaran a solicitar su ayuda con desesperación.

Durante la semana pasaba habían ido a ver a Chiaki al departamento de Hatori, más por insistencia de la muchacha que por placer del ayudante que aún no sabía cómo explicarle el motivo por el cual estaban ambos "amigos" viviendo bajo el mismo techo. Para su fortuna no tuvo que inventar nada, Chiaki y Hatori ya les tenían un cuento preparado y que supieron explicarlo a ambos de manera bastante convincente. El asunto era, en su cuento, que para evitar que Chiaki se atrasara mucho con la entrega del manuscrito, iban a pasar unas semanas juntos, así Hatori podría controlar su rendimiento y Chiaki podría avisar a tiempo cuando estuviera colapsando. Con ese cuento la muchacha ya quedó más tranquila, aunque decepcionada de su hermano al ver que no podía realizar su trabajo sin causarle molestias al editor, pero al final todo salió bien… de momento.

Aunque a Yanase le molestaba de sobremanera la descarada forma de mentirle a ambos, no pudo quejarse ya que a las dos semanas se volvió real lo que decían. "Karma" era lo que celebraba. Y, por lo mismo, pudo librarse de Kanade. No era que le molestase el editor, con él se llevaba de lo mejor y al menos hasta ese día en el restaurante nunca habían tenido ningún tipo de discusión. Pero fue durante la estadía de Chinatsu que empezó a incomodarle un poco.

En un principio, Kanade los acompañaba, a Chinatsu y a él, a recorrer la ciudad como un simple amigo interesado en pasear por un rato, pero lentamente se iba haciendo evidente la atención que le dedicaba al castaño. Sin tener que decirse nada, Yanase sabía que Kanade estaba preocupado y, aunque nunca le recordó el día en el restaurante, lo observaba con incomoda atención en sus expresiones y estado de ánimo.

Por eso, en cuanto se enteró de que algunas de las mangakas que estaban a su cargo estaban muy atrasadas con sus manuscritos, se alegró de sobremanera esperando que así, el tema se olvidara y su amistad continuara como siempre.

- No, nada, llevo todo lo que necesito –respondió Chinatsu con una tierna sonrisa en los labios, agradecida-. Gracias por recibirme y cuidarme en tu casa, Yanase-san. No sé qué habría hecho sin ti.

- Descuida, no fue problema, por el contrario, fue todo un placer tener a mi hermanita de visita. Hacía tiempo que no nos veíamos –sonrió honestamente despeinándola un poco, para él Chinatsu era como la hermanita menor que no tenía. Él era hijo único y su fuerte amistad con Chiaki le generó ciertos sentimientos fraternales hacia la chica, ¿y cómo no desarrollarlos si cada vez que Chiaki se iba con Hatori, la dejaba de lado quedándose él a cuidarla? Varias veces actuó como un verdadero hermano mayor para ella-. Mándale saludos de mi parte a tu mamá y te deseo mucha suerte con las postulaciones a la universidad.

- Así haré y espero quedar en mi primera opción –dijo con un gesto lleno de ánimo. De fondo se escuchó el timbre que anunciaba que su tren estaba por ingresar a la estación así que tomó su maletín y con un gesto de la mano se despidió de él-. Cuídate mucho, Yanase-san –iba a darse media vuelta cuando recordó algo que la detuvo-. Casi lo olvido… Llama a Mino-san cuando llegues a tu casa, no lo conozco mucho, pero pude notar que estaba muy preocupado contigo. Perdona que me meta en tus asuntos, no sé qué puede tenerlo así o qué te haya pasado, pero sé que tanto tu trabajo, como el de mi hermano, es uno bastante estresante y que requiere de mucha dedicación. Aun así deberías cuidarte, no sé qué esté sucediendo, pero tienes que estar bien, así al menos Mino-san no estará tan preocupado, ¿no crees? ¡Ah!, pero no es solo él quien se preocupa por ti, Hatori-san, mi hermano y yo también lo hacemos, asique cuando necesites ayuda no dudes en llamarnos, ¿sí? –terminó su frase con una pequeña sonrisa, casi apenada de decir todo eso en voz alta y antes de girarse volvió a despedirse, deseando nuevamente que se cuidara mucho.

Yanase se quedó mirando la figura de Chinatsu alejarse y desaparecer dentro del tren con una muda expresión en su rostro. Le pareció tan adorable el gesto de ella al decirle todo eso y no pudo evitar sonreír al reconocer ciertos aspectos en común que tenían los hermanos: esa inocente amabilidad al momento de pensar en los demás. Era esa inocencia la que lo tenía perdidamente atraído a Chiaki y que a la vez le molestaba.

"Es más despierta que Chiaki…", pensó ya saliendo de la estación rememorando sus palabras. Pero entonces pensó en las posibles reacciones que tuviera si llegase a enterarse del tipo de relación que Hatori y Chiaki mantienen, sobre todo porque hasta la fecha ella aún estaba enamorada del editor. Si supiera que es por esa relación que había sido ignorada y que para colmo Yuu también sufriera por estar enamorado de Chiaki.

¿Cómo pudiera ser que tanto daño, tantas preocupaciones, las generara una misma persona? Tenía que reconocerlo, se había enamorado perdidamente de un distraído egoísta al cual no quiere renunciar, no aún.

(…)

- ¡Yanase-san! ¡Ayúdeme con esto, por favor! –exclamó una asistente de mangaka acercándose al castaño de ojos cobrizos con la plana en la que trabajaba entre sus manos.

- Espera un momento, Kishimoto-san, déjame terminar con esta parte primero… -pidió trazando lo más rápido que sus manos le permitían el fondo de la página que le habían entregado, cuidando de hacer un muy atractivo fondo de un parque de diversiones.

Oficialmente, el fin de ciclo había empezado para él y ahora mismo se hallaba en una de las oficinas del edificio donde se ubicaba la editorial Marukawa, ayudando a una atrasada mangaka y era claro, por la expresión que portaba esta vez, que no era cualquiera.

Justamente esa mañana le habían llamado, solicitando sus servicios, para ayudar en la editorial, no le dijeron cuáles serían los mangakas a los que ayudaría, pero sí que estarían trabajando en alguna oficina asique lo único que tendría que hacer era ir a la primera que le indicaran y una vez terminada su labor, buscara por los pasillos alguien que requiriera de su ayuda. ¿Quién le hubiera dicho que, Masamune Takano, el editor en jefe del departamento Emerald, prácticamente lo monopolizaría y encerraría en las oficinas con las mangakas de su departamento?, sobre todo al ser metido, casi de inmediato, en las mismas oficinas en las que estaban las mangakas del editor Kanade Mino.

Sabía que así no se lo quitaría de encima por el resto del día. Aunque estuvieran trabajando de cabeza en cada manga, podía sentir cómo lo miraba de vez en cuando. Pero a pesar de eso, trabajo es trabajo, y dinero es dinero. Su trabajo no se verá afectado por cada repentina mirada, cada gesto y roce que tuviera del editor. ¡Oh, no! Eso no sucedería… Ni el sonido de su voz lo desconcentraría de su labor.

- ¡Yanase-san, cuidado! –exclamó una asistente al ver como golpeaba el frasco de tinta negra amenazando con botarlo, afortunadamente ella fue lo suficientemente rápida como para evitar un desastre- No tenemos tiempo para rehacer una página por un descuido así, Yanase-san. Concéntrese, por favor–le regañó en un casi puchero.

- ¿Está cansado, Yanase-san?, ¿quiere que tomar un café o una energética, o prefiere salir a tomar aire un momento? –preguntó otra asistente deteniendo su labor mientras esperaba su respuesta.

Casi todos los ojos de la habitación estaban fijos en él. ¿A esto llamaba un trabajo bien realizado? Había golpeado el frasco de tinta cuando sintió a Kanade pasar detrás suyo y rozarle la espalda cuando iba en dirección a la mangaka con unas hojas en mano. No fue algo intencional, fue sólo una especie de espasmo, una reacción involuntaria a la corriente eléctrica que provocó el contacto.

"Tranquilízate, Yuu… si sigues actuando así recordará lo del restaurante y te volverá a insistir con el tema. Si te tranquilizas y no llamas más la atención podrás irte sin mayores problemas…", se dijo intentando recobrar la compostura. Miró de reojo a Kanade, maldiciendo en su cabeza debido a que tenía su completa atención. Sonrió de una manera que tranquilizara a sus compañeras de trabajo respondiendo a sus atentas preguntas.

- Descuiden, estoy bien, gracias por preocuparse, pero primero terminemos con esto y después vamos por un café, ¿sí? –lo dijo de tal manera que las mujeres sonrieron encantadas y volvieron a su trabajo dejando de inquietarlo con preguntas.

Mino-san negó con la cabeza mientras portaba la misma sonrisa que llevaba siempre y continuó hablando con su mangaka. Al final ese tema perdió importancia y el trabajo se volvió prioridad en la mente de los presentes, todo por terminar con la labor a tiempo para enviarla a la imprenta y así todos librarse de ese tema.

Lo bueno de la situación fue que lograron terminar el manuscrito justo en el tiempo que entraba otro editor preguntando desesperado cuanto les faltaba. En cuanto recibió el manuscrito de manos de Kanade, el editor de ojos verdes, sin perder su estresada expresión, salió corriendo de la oficina, casi que chillando ininteligibles palabras.

En cuanto la mangaka y las asistentes perdieron el rastro de sus gritos se dejaron caer agotadas en sus asientos, algunas descansando en el respaldo de su silla y otras sobre la mesa, justamente entre estas últimas estaba Yuu, quien se dejó caer reposando sólo su cabeza en la mesa mientras sus brazos se dejaban caer entre sus piernas sin ofrecer ningún tipo de esfuerzo.

Mirando hacia el asiento vacío que tenía a su lado suspiró cerrando los ojos. Por la hora al fin podría irse a su casa, a menos que alguien lo llamara y lo reservara por el resto del día y tal vez parte de la noche. Afortunadamente su teléfono no parecía que fuera a sonar pronto, asique sus planes de irse a dormir no se verían frustrados.

Sin que se diera cuenta, Mino se sentó en el puesto vacío que estaba a su lado y apoyando su cabeza sobre sus brazos se acomodó para mirarlo.

- ¿Muy cansado? –le preguntó sonreído.

Yuu abrió de golpe sus ojos al escucharlo sorprendiéndose por la repentina cercanía y algo tartamudo pudo responder.

- Un… un poco… ¿Y usted?

- ¡Uff! Bastante, ¿me pregunto por qué será? –preguntó al aire un poco más fuerte haciéndose escuchar por los presentes y casi de inmediato recibiendo respuesta.

- No es mi culpa, Mino-san, usted ya sabe que mi hijo se enfermó, no lo pude evitar… -gritó la mangaka tirada sobre su mesa de trabajo sin molestarse en mirarlo de vuelta.

El editor sólo sonrió de manera más marcada mirando a Yuu.

- Le creeré entonces sensei, pero recuerde, la próxima vez iré yo mismo a ayudarla con su trabajo. No he cambiado mis métodos asique le aseguro que será una rutina ya probada por usted –Yuu pudo ver de reojo como la espalda de la mangaka se tensaba un momento y luego esta hacía un sonido de queja.

Después de un rato, las asistentes y mangaka ordenaron sus cosas para irse en breve, dejando a solas a Yuu y Kanade, quienes seguían muy cómodos sobre la mesa.

Yuu las despidió con una sonrisa que se desvaneció al momento que la puerta se cerró, al igual que sus ojos. Casi se olvidó de la presencia de Kanade, atreviéndose a suspirar fuertemente.

- ¿Cómo te sientes?

- Cansado.

- ¿Y con respecto al otro día?

- ¿Cuál otro…? Oh, ese… -abrió sus ojos confirmando a lo que se refería, buscando los de Kanade que seguían enfocados en él con la cabeza apoyada en sus brazos - No te preocupes, Mino-san, ya pasó –intentó minimizar el problema mostrándose cansado, pero relajado con respecto al tema.

- De que pasó, pasó, pero no se ha solucionado, ¿o acaso me equivoco? –preguntó, ahora enderezando la cabeza sujetándola con una mano mientras Yuu se estiraba el cuerpo con pereza.

- Eso es tema mío, Mino-san… -dijo esperando a que así la cortara con tomar el tema, ya estaba muy cansado al respecto y no quería darle la razón.

- ¿Y no crees que yo te pueda…? –intentó ofrecerle ayuda, pero no se atrevió a terminar la frase cuando el teléfono del castaño sonó.

- Permiso, dame un momento –susurró Yuu antes de contestar-. ¿Chiaki? Hola, ¿cómo…? ¿Cuál? –guardó silencio mirando de reojo al editor y con un suspiro continuó charlando-. De acuerdo, voy para allá. Sí, no es ningún problema, hace un rato me desocupé.

Se levantó de su asiento guardando sus cosas mientras terminaba de conversar y al momento de colgar tomó su maletín con firmeza.

- Lo siento, Mino-san, me llama el trabajo asique me tengo que ir –miró su reloj pulsera suspirando, apenas eran pasadas las seis de la tarde y tenía que moverse rápido para ayudar a otro mangaka.

- ¿Quién te llamó, era Yoshikawa-sensei?

- El mismo, o la misma… como prefieras llamarle. Me voy, gracias por la labor realizada y no olvides llamar cuando necesites ayuda de nuevo.

Le sacudió la mano caminando hacia la puerta de la oficina y dejándolo sólo, aún con el tema del restaurante latente en la mente; Kanade deseaba pronto saber más del tema ya que le estaba preocupando demasiado, notaba en Yanase que algo lo estaba molestando, pero aún no había podido sacárselo del pecho. Por eso, aún sin saber el cómo, se prometió que hallaría pronto el momento para sacarle respuestas, quisiera o no dárselas.

(…)

El denso ambiente producto de una aún latente batalla contra el tiempo ahogaba a los ocupantes de una pequeña oficina de unos doce metros cuadrados aprox. Dentro de esa pequeña oficina se encontraba todo un equipo de asistentes de mangaka y un par de editores, todos reunidos por una misma persona que era la que se hallaba en un fuerte estado de desesperación: Chiaki Yoshino.

Aunque claro, esa desesperación no era únicamente del mangaka, después de él, en la escala de desesperación, estaba su editor, Yoshiyuki Hatori, quien más que mostrarse desesperado se mostraba muy molesto mientras intentaba ayudar a apurar el proceso, y finalmente después de ellos dos, estaba el editor en jefe de Hatori y las asistentes. El motivo de tanto problema era que el mangaka se había atrasado, otra vez, pero de manera considerable. La cantidad de páginas faltantes había extendido al promedio común, convirtiéndolo, oficialmente, como el autor más irresponsable de la editorial. Definitivamente esto le acarrearía muchos problemas, problemas que se tratarían después por el editor en jefe. Ahora la prioridad de todos los presentes era terminar con el manuscrito e irse a sus casas a descansar.

Entre las asistentes estaba Yuu. Él junto a Kantou-san, recibían las páginas de Chiaki y terminaban los fondos para luego pasarle la hoja a otras asistentes que terminarían con los detalles minúsculos (pero importantes al fin y al cabo) y el trabajo de luz y sombra.

Cuando Yuu entró a la oficina donde Chiaki estaba trabajando le informaron que el plazo de entrega vencía en menos de tres horas y que no había tiempo ni para saludar asique lo sentaron en una mesa que quedaba disponible con páginas por trabajar. Con el ambiente que se respiraba no sería extraño que alguno de los presentes colapsara en cualquier momento, pero aun así estaban dando su máximo sin decaer.

Con tanto trabajo encima, cualquiera diría que no tenían tiempo ni para pensar cuanto les faltaba, para eso tenían a Hatori encima, pero la mente del único hombre entre las asistentes se movía a un ritmo impresionante. Sin descuidar ni por un trazo su trabajo, su mente estaba maldiciendo a Hatori. Según él, todo era su culpa. Si no hubiera sido tan egoísta y posesivo no se encontrarían en este problema y para esa hora estarían terminando el manuscrito. Pero no, tenía que llevarse a Chiaki a su casa, distraerlo de su trabajo, dejar sin hermano a Chinatsu y dejarlo a él con todo esto en el pecho.

"No es justo…", se repetía una y otra vez en la cabeza, "no es justo que todos estemos en este lío sólo por tu egoísmo, Hatori. No es justo, es imperdonable, espera a que terminemos el manuscrito y me escucharás, no importa quién esté cerca, me escucharás…", se juraba mil y un veces con cada plana que pasaba por sus hábiles manos.

Desafortunadamente para Yanase (o más bien afortunadamente), justo en el momento en el que el manuscrito estuvo listo, Hatori salió corriendo con él en manos siendo seguido de cerca por su jefe que llamaba a la imprenta para avisar que el manuscrito estaba en camino. Fue así que entre asistentes y mangaka se escuchó un largo y fuerte suspiro, lleno de cansancio. Y sólo instantes después las mujeres empezaron a ordenar sus cosas para despedirse rápidamente de ambos hombres que se habían quedado sobre sus mesas recuperando el aliento. Se fueron en grupitos y con pocas palabras, casi sin mirar hacia Chiaki. Aunque hubo una que fue la excepción que se detuvo un momento para dedicarle al mangaka un par de palabras que nadie se atrevía a pronunciar, pero que ganas no faltaban.

- Yoshikawa-sensei, ¿tiene un momento? –le preguntó, era una de sus regulares, una mujer alta de cabello negro aún peinado como un tomate por su trabajo.

- Claro… ¿qué sucede? –suspiró Chiaki sin moverse.

- ¿Podría mirarme, sensei?, no es muy cortés de su parte que me dé la espalda mientras conversamos, sobre todo después de habernos hecho pasar por tan incómoda situación…

Fue por esas palabras que tanto mangaka como asistente se enderezaron como pudieron y miraron a la mujer que empezó.

- Sensei, no sé qué le haya pasado para que se atrasara tanto esta vez, pero quiero pedirle que de ahora en adelante sea más considerado con nosotras. Nuestro trabajo es ayudarle a terminar el suyo, pero todo tiene un límite y hoy lo propasó. De verdad que espero que esto no se vuelva a repetir porque si no, no seremos capaces de ayudarlo más y tendrá que buscarse un nuevo equipo. Lamento decirlo de esta forma, pero necesito que lo tenga claro.

Tanto Chiaki como Yuu se la quedaron mirando en silencio sorprendidos, nadie se lo esperó, bueno, en ese momento no... Chiaki se avergonzó y bajó la cabeza asintiendo con un murmurado, pero honesto, "lo siento", con eso se fue la asistente, no muy feliz de lo hecho, pero sabiendo que era necesario. Una vez la puerta se cerró y quedaron solos los hombres, Chiaki volvió a tirarse sobre su mesa sin pronunciar nada más.

Yuu volvió a acomodarse sobre su mesa, pero esta vez mirando fijamente hacia su amigo. Sabía que las palabras de la asistente eran ciertas, hasta él pensó en decirlas, pero aún no se sentía con el valor para hacerlo, sabía que sí o sí golpearían fuerte al mangaka.

Mientras meditaba eso veía casi con adoración su figura, a pesar de estar casi que desparramado en su "lecho", Yanase podía apreciar su delgada figura moverse tenuemente al ritmo de su respiración, tan pausada, tan agotada. Fue un día agotador para ambos, pero aun así no podía evitar sentirse tranquilo. Irónico pensar que hace unos poquísimos minutos estaba hecho una furia por dentro.

Después de un rato acumulando energía se levantó y dirigió donde Chiaki a despertarlo. Posó una mano sobre su hombro y lo movió exclamando.

- Oye, Chiaki, tenemos que irnos, ya es tarde –un ronquido fue la respuesta que recibió y volvió a insistir- . Vamos, Chiaki, si no te despiertas por ti mismo, entonces no me quedará otra más que hacerlo yo.

- ¿Y cómo planeas hacerlo…? –murmuró sin moverse ni un poquitín.

- Asique si estabas despierto –sonrió con algo de malicia. Lentamente acomodó ambas manos en el cuerpo de Chiaki y fue bajándolas por su espalda-. Tendré que hacerte cosquillas hasta que te levantes, ¿qué te parece eso?

Chiaki se removió con esa amenaza, pero sin decir nada sólo acomodó su rostro de forma que mirara a su amigo. Con los labios entreabiertos y la pausada respiración estaba tentándolo, pero eso no era algo que molestara mucho a Yanase, en realidad le gustaba esa imagen. Al estar solos los dos, compartiendo este momento, se imaginó que Chiaki no estaba con Hatori, que era suyo y sólo suyo. Un lindo sueño, ¿no? Por ello sus manos bajaron hasta la cintura de Chiaki y se atrevieron a jugar un poco con confianza.

- No… Yuu, no… por favor… Sólo un poco más… -se quejó Chiaki al sentir las primeras caricias que eran dadas como unas suaves cosquillas que se detuvieron poco después de su queja.

- Aah… sólo porque yo también estoy cansado –suspiró estirando ambas manos hasta entrelazar sus dedos en el estómago de Chiaki abrazándose a él y apoyando su cabeza contra la suya.

Se quedaron así un rato, respirando pausadamente como hasta hace unos pocos minutos atrás hacían. Yuu disfrutaba esos momentos que Chiaki le daba, sentía que era correspondido de alguna manera. Ahora era feliz, pero en unos minutos, cuando volviera a la realidad volvería a sufrir. Pensó entonces que tal vez sería mejor resolver sus dudas.

- Dime Chiaki…

- ¿Qué cosa…?

- ¿Estas saliendo con Hatori o sólo tienen sexo casual?

Su voz sonaba calmada, pero su mente recordó ese día que los vio en la cama y los sonidos que hacían. Ahora que lo pensaba, él supuso que eran pareja, pero nunca lo confirmó. Ahora se daba cuenta que tal vez sí tenía una oportunidad, que tal vez ahora podría hacerlo suyo, aunque sea sexualmente. Pensaba que si lograba poseer su cuerpo tal vez podría poseer su corazón algún día.

- ¿De… de dónde sacas tales ideas, Yuu?, ¿qué te hace pensar que Hatori y yo tenemos ese tipo de…?

- Los vi haciéndolo –lo cortó en medio de su tartamudeada pregunta, no quería mentiras, quería la verdad, aunque le doliera-. No tienes porqué esconderlo, ¿acaso no confías en mí?

- No es que… no confíe en ti, Yuu, es sólo que… verás, lo que hay entre Hatori y yo no es más que…

- ¿Sexo casual? –intentó apurarlo.

- ¡No!, no es eso…

- ¿Entonces qué, Chiaki? Dímelo, tu sabes lo que siento por ti, ¿acaso quieres que te devore aquí y ahora?

Yuu se enderezó para mirar el rostro sonrojado de Chiaki. Éste lo miraba con tanto nerviosismo que casi no podía pronunciar palabra alguna. Sus ojos se enfrentaron, Yuu intentando descifrar la verdad en los ojos azules de su amor y Chiaki pensando en cómo evadir la verdad.

"Si no lo reconoce a pesar de saber que los vi, entonces no está seguro de lo que quiere. Tal vez pueda convencerlo…", pensó acercándose a sus labios. Ninguno de los dos cerró sus ojos, ni siquiera cuando Yuu rozó sus labios. Los de Chiaki estaban entreabiertos de la sorpresa dándole así espacio al de ojos cobrizos para buscar un beso apasionado.

Un grito de fondo y una carrera rompió el mundo de ambos. Tan cerca y a la vez tan lejos, otra vez el deseo de amar y ser amado se vio frustrado. ¿Cuántas veces más su corazón soportará ese dolor?

(…)

"No lo puedo evitar, ya no más. Hoy es el día, hoy finalmente lo haré", decía decidido con su objetivo en la mira.

"Tienes todo a tu favor…"

"…aprovéchalo" corearon los Ojos detrás suyo, enfocados únicamente en su objetivo.

Al final el deseo es de todos. El Corazón quiere amar, los Ojos quieren ver por siempre lo que el Corazón ama, la Boca quiere saborear ese amor y el Cuerpo quiere fundirse en ello. Pero todos siempre detrás de un mismo objetivo que el Corazón decidió.

La adrenalina se sentía en el aire y la pasión estaba por desbordarse debido a la adoración de tan esperado momento. Tanta emoción, tanto nerviosismo, tanta seguridad, tanta calma. Tanto todo… y sólo por él.

(…)


A/N: Y eso es todo por ahora, espero que nos leamos pronto ^^