Los nombres de los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, pero la historia me pertenece.
Rosalie.
Emmet había sido muy amable durante toda la mañana y tarde, me alegraba saber que él también podía ser mi amigo. Nunca había sido sociable, y no sabía lo mucho que la compañía me agradaba, hasta ahora.
- ¿Les gustó la peli?
Preguntó Alice dando un sorbo a su bebida.
- Estuvo divertida – atiné a decir.
- Opino lo mismo – dijo él, regalándonos una sonrisa.
- Oigan, necesito comprar algo, no me tardo. Esperen aquí.
- Nos dijo Alice antes de que Emmet o yo pudiéramos articular palabra.
- ¿No nos conocemos mucho, verdad?
Preguntó, recargándose en el frío respaldo de la incómoda silla de madera.
Miré a mí alrededor, la pequeña cafetería del cine se situaba a espaldas de la taquilla. La gente formaba una gran fila.
Sonreí.
- Creo que no, pero tu hermana me ha hablado de ti. Creo conocerte un poco.
Admití.
Tomé el vaso de plástico entre mis manos, agradeciendo el frío. Me sentía acalorada.
- ¿Qué crees saber de mí?
Quiso saber.
Lo observé a través de las pestañas, era apuesto y grande. Muy grande. Sus ojos poseían una luz aniñada que me recordaba a Alice, y su boca se encontraba entre abierta, parecía nervioso.
- Sé que eres muy bueno en los deportes, que te encanta el chocolate, la música rock, que eres muy divertido y…
Su risa me detuvo.
- ¿Qué ocurre?
Pregunté alarmada.
Recordé mis palabras, intentando ver si había dicho algo ofensivo.
- Nada Bella, es sólo que lo dijiste de una forma muy seria. Fue gracioso.
- No me di cuenta – baje la mirada para ocultar mi sonrojo.
Un ligero roce sobre mi cabeza llamó mi atención, Emmet había depositado una caricia sobre ella, al igual que se hace con un pequeño cachorro.
Tomó lo que quedaba de su refresco y suspiro.
Estaba embobada mirándolo. ¿Qué tenía la familia Cullen que todo lo hacían tan bien?
- Es verdad lo que dijiste, y yo también sé algunas cosas de ti, pero preferiría que tú me las contaras.
Me quedé estupefacta. ¿Qué sabía de mí?
Crucé las piernas bajo la mesa y aclare mi garganta.
- Pues, me gusta leer.
- ¿Y, que más?
- No lo sé.
Se cruzó de brazos negando con la cabeza.
- Te gustan los dulces, la música tranquila, nunca bebes ni fumas. Eres fan de la Guerra de las Galaxias, no eres muy buena en los deportes, te gusta cantar cuando te sientes triste, nunca has intentado bailar, y lees como si te pagaran por hacerlo.
Me quedé boquiabierta.
- Dijiste que no nos conocíamos mucho.
Murmuré.
- No lo hacemos, sólo sabemos lo que nos han contado.
Asentí pensativa.
- ¡Ya vine!
Alice arribo a la mesa con dos bolsas en mano.
Emmet y yo nos sobresaltamos por la brusquedad de su llegada, pero a los pocos segundos nos repusimos.
- ¿Me tardé?
- No.
Le dije.
- ¿Qué compraste Ali?
Preguntó Emmet jalando una de las bolsas, intentando mirar en su interior.
- Nada que te importe hermanito, son cosas de chicas. Te he comprado algunos broches para el cabello Bella, sé que te encantaran.
Dijo emocionada.
- Gracias.
- ¿Terminaron sus bebidas? ¿Quieren un helado?
Nos ofreció Emmet.
Ambas nos miramos, y asentimos.
Caminamos por la plaza bobeando algunos aparadores; era divertido ver como las chicas miraban descaradamente a Emmet, ya que cuando Alice se daba cuenta de ello, se colgaba de su brazo haciendo un puchero, aparentando ser su novia. Y lo mejor era que él no se molestaba, únicamente reía.
Cuando llegamos a la heladería decidimos pedir de diferentes sabores para compartir; así descubrimos que el helado de Emmet era el mejor, y terminamos comiéndolo, dejándolo a él sin nada.
- ¡Ahora me compran otro!
Se quejaba.
- ¡Ya! ¡Ya! ¡No vayas a llorar!
Contestaba su hermana, haciendo caras de bebe llorón.
- Te compraremos otro, ¿verdad?
Le guiñé un ojo a Alice.
- Si, si. Vamos por él.
Y así lo hicimos, pero sólo para embarrárselo por todo el rostro, claro que nosotras no nos salvamos, y terminamos igual.
Emmet sostenía mi muñeca para evitar que yo escapara, y sostenía entre sus dedos una pequeña cantidad de helado que poco a poco se derretía. Quería ponérmela en la punta de la nariz.
Yo luchaba por no ceder entre risotadas, mientras Alice le hacía cosquillas en el estómago, entonces él no pudo más y me soltó, terminé yéndome de espaldas, sentía que iba a caerme, pero alguien me sostuvo.
Aún reía, hasta que miré esos ojos.
- ¿Qué creen que están haciendo? ¡Pueden hacerse daño, o a alguien más! ¡Toda la gente tiene que esquivarlos para pasar!
La voz de Edward caía como un balde de agua fría sobre nuestros cuerpos.
- No te enojes hermano, sólo nos divertíamos.
Se atrevió a decir Emmet con voz suave, intentando hacer que se calmara.
- ¡Mírense nada más! ¡Tienen toda la ropa y la cara llena de no sé qué cosa! ¡¿No están grandecitos para eso?!
Alice chasqueó la boca.
- ¡Ya párale a tu histeria! ¿Y qué haces aquí?
La miré, y me acerqué a ella, tomándola del brazo.
- Vine por ustedes, ¿saben la hora qué es? La cena comienza en dos horas.
Todos sacamos nuestros celulares al unísono, para mirar el reloj.
- Le prometieron a Esme que no llegarían tarde.
Estaba furioso, parecía que echaba chispas. Me armé de valor, alcé la mirada, y me crucé con el par de bellos ojos enfurecidos.
Él me contemplo por algunos segundos; pude ver como la ira desaparecía.
- Vamos al auto.
Dijo, en tono conciliador.
- Vinimos en el auto de Emmet, nos vemos allá.
Edward dio un paso hacía nosotras.
- Lo siento. Estoy un poco estresado, nos vemos en casa.
Susurró. Dio media vuelta, y camino por el gentío hasta desaparecer.
El trayecto de vuelta nos relajo.
- ¿Qué le pasaba? ¡Casi nos comía!
Bromeaba Emmet.
- Debe ser por Rosalie, ya sabes que llega hoy.
Continuaron con la plática, pero ésas palabras me mandaron fuera de órbita.
- ¿Será que se había arrepentido de besarme? Y ahora que venía su esposa, sentía culpa y… ¿no quería saber más de mí?
El dolor era punzante, y cómo siempre; llegó hasta el fondo de mi corazón acabando con todo el tejido, sin siquiera detenerse a pensar en el daño que hacía en piel, músculos, huesos y órganos.
Cruzamos la puerta, y nos dirigimos a la sala.
Ahí fue cuando la vi.
Alta, rubia, con un cuerpo espectacular, era hermosa. Su sonrisa, el tono de su voz, era como si un ángel nos visitará. Usaba un vestido color hueso entallado que delineaba a la perfección sus curvas, su maquillaje era discreto pero acentuado, y sus zapatillas reflejaban su seguridad. Yo jamás podría caminar con ellas sin romperme algo.
- Buenas noches Rosalie, ella es mi amiga: Bella.
Alice parecía molesta... ¿Por qué sería?
La mujer caminó hasta donde yo me hallaba, y me extendió la mano, apreté la mía formando un puño, se sentía pegostiosa a causa del helado. Recordé que lucía patética, sucia, con la ropa llena de manchas color café.
Correspondí a su saludo.
- Mucho gusto, perdone que yo…
- No te preocupes, sólo es… ¿caramelo?
- Helado.
Corrigió Alice, rodando los ojos.
- ¡Mírense! ¡Lucen adorables! ¿No te parece Edward?
Éste mordió su labio inferior, ignorando el comentario de su esposa.
- Vayan a darse una ducha, los esperaremos para cenar.
Nos dijo ella, obsequiándonos una delicada sonrisa.
- Perdonen por llegar tarde.
Se disculpo Emmet.
- Anden, ya vayan.
Dijo.
Me sostuve de la mano de Alice, y dejé que me arrastrará hasta la puerta de mi habitación...
Cuando estuve dentro contuve el aire, sentía que la cabeza me explotaría.
Ella parecía tener buenos sentimientos. ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué no podía ser una bruja malvada? ¿Por qué?
Las lágrimas no se hicieron esperar. No pude detenerlas ni estando bajo el agua de la regadera.
Me enfundé en la ropa, aún soltando pequeños suspiros detrás de los lloriqueos.
Debía controlarme, y bajar.
Coloqué el maquillaje, tome aire. Me miré al espejo y sonreí.
Al abrir la puerta me tope con Edward, usaba un traje gris, camisa blanca, y corbata negra.
Estaba boquiabierta. ¿Qué hacía aquí? Alguien podía darse cuenta y...
Me sujetó por los hombros haciéndome retroceder, hasta que ambos quedamos dentro de la recamará. Escuché la puerta cerrarse.
Alcé la cabeza para ver lo que sucedía, pero sus labios atacaron con brusquedad los míos, aprisionándolos, seduciéndolos…
Me faltaba el aire…
Tomó mi cabeza entre sus manos, depositando un último beso en mi boca que se hallaba entre abierta, intentando recuperar el aliento.
- ¿Qué es lo que estoy haciéndote?
Lucía martirizado. Sus ojos no brillaban como en el día anterior, de nuevo tenían esa oscura sombra, al igual que la vez en que lo había conocido.
- No sé, pero no pares.
Susurré.
Me miró atónito, no esperaba mi respuesta, y yo tampoco.
- Baja primero.
Acomodó un mechón de pelo que se había levantado debido a lo sucedido y me encaminó a la puerta.
Hice lo que pidió, y me dirigí hasta el comedor.
La mayoría de las sillas se encontraban ocupadas, excepto dos. La mía, y la de Edward.
Caminé hasta llegar a mi lugar.
- ¿Estás bien Bella? Pareces sofocada.
Preguntó Esme.
Tragué saliva.
- Estoy bien, creo que abrí demasiado la llave del agua caliente.
- Así descansaras mejor.
Contestó Rosalie.
Asentí.
- ¡Es una lástima que nuestra Carlie se halla quedado dormida! Me hubiera encantado cenar con ella.
Se lamentaba Esme.
- Tranquila cariño, la veremos en el desayuno.
Le decía Carlisle.
Me alegraba de no tener que conocer a la esposa y a la hija de Edward el mismo día, sería demasiado que procesar, y con lo que acababa de suceder, no me sentía con la fuerza necesaria para poder afrontarlo sin enloquecer.
- Lamento la tardanza. Una llamada de negocios.
Dijo Edward, guardando el celular en el bolsillo derecho de su pantalón.
Intenté no mirarlo, y gracias a Emmet me fue posible, pues durante toda la cena se había dedicado a hacerme preguntas. Las contesté con facilidad, dejándome llevar.
Después, Alice pidió que diéramos una caminata nocturna, y acepté gustosa.
Nos quitamos los zapatos para disfrutar de la textura del pasto, y caminamos sin rumbo por el extenso jardín.
- ¿Qué te parece?
- ¿Qué cosa?
Pregunté confundida.
- Rosalie.
Un nombre tan corto y al parecer inofensivo, no podía casi ocasionarme un paro cardíaco al escucharlo.
- Es amable.
Dije cortante, esperando que Alice se conformara con ésa respuesta.
- Parece que es así… Pero sabes… Hace un tiempo engaño a mi hermano, por eso no la soporto.
- ¿Qué quieres decir?
No comprendía.
- Se acostó con un viejo amigo o algo así, fue un escándalo en la familia, pero al poco tiempo, Edward la perdono. Después de eso muchas cosas cambiaron, pero al parecer mis padres lo olvidaron.
Nunca había escuchado a mi amiga hablar con tanto odio y repugnancia. Mi estómago dolía.
- ¿Y Carlie es…
- Es hija de mi hermano, o eso es lo que él dice. Después de todo debe ser así. Él tipo nunca dio la cara, si fuese su hija, perdió el derecho ya. No tengo nada contra la niña, la adoro, es encantadora; pero a ella, a Rosalie: la odio.
Alice estaba tan molesta que sus cejas se juntaban, el tono de su voz era potente, helaba la sangre.
- Cuando Edward se enteró, vino aquí, destruyó su habitación y bebió por semanas… Luego ella al parecer lo llamó, y él, como un idiota, acudió a dónde ella le había indicado, completamente ebrio. Tuvo un accidente, y casi lo perdimos.
Apreté los labios evitando el llanto, imaginarlo en esas circunstancias dolía. No merecía que lo trataran así. ¿Qué tendría ella en la cabeza para engañarlo? Él era perfecto… No soportaría verlo así ni una vez.
- Pero afortunadamente se salvó, cuando despertó dijo que olvidaría todo, y que salvaría su matrimonio. Rosalie se ha portando muy bien con todos desde ese día, pero yo no se lo perdono.
- Entiendo.
Contesté con voz apagada.
- No quise amargarte la noche, pero nadie me deja hablar de esto y decir lo que pienso.
Tome aire.
- Está bien Alice, puedes decirme lo que quieras.
Sonrió.
- Lo sé. Ya hace un poco de frío, ¿entramos?
- Claro.
Caminábamos distraídas, distantes, cada quien en sus propios pensamientos.
Pensar en lo que me había contando me tenía más confundida de lo que ya estaba.
Aún si Rosalie no era tan buena como creía, tampoco estaba bien lo que yo estaba haciendo. Pero quizá esto era una segunda oportunidad para él, para mí...
Los dos teníamos un pasado que queríamos olvidar y tal vez juntos podríamos lograrlo.
Giré la vista hacía la ventana, y ahí estaba él, sosteniendo una copa; me miró a los ojos y bebió el vino de un solo trago.
Hola!
Perdonen el retraso al subir el capítulo.
Espero les guste y haya valido la pena la espera.
Dejen sus reviews.
Nos vemos el sábado, en el próximo capítulo; ahora si puntual.
Besos.
