Aunque no le gustaba la idea, Daryl no tuvo más remedio que aceptar la propuesta de Lori. Iba a tener que trabajar con Rosita. Supo desde ese momento que no iba a ser fácil, y pudo comprobarlo cuando aquella misma tarde empezaron empezar un nuevo proyecto. Rosita intentó averiguar cosas de Daryl preguntándole preguntas íntimas.
-Los hombres que tienen tatuajes me parecen super atractivos. –Dice ella respaldándose contra la silla, e intentando hacer contacto visual con él. -¿Tienes más tatuajes? –Haciendo referencia al tatuaje en forma de estrella que tiene en la mano. Su voz es sensual y atrevida.
Daryl eleva los ojos al cielo, llevaban más de diez minutos intentando trabajar pero ella se ha dedicado a hacer preguntas. Él le dirige una mirada asesina y entonces le habla.
-¿Podemos trabajar? –Soltó con tono seco, evitando que Rosita siguiera con las preguntas. –No puedo perder el tiempo.
Ella hizo una mueca y por fin se pusieron a trabajar aunque Daryl no estaba nada satisfecho con el trabajo que estaban haciendo.
Desde que habían mantenido relaciones sexuales, Carol prácticamente le evitaba por los pasillos, apenas coincidía con ella y en las reuniones, Carol se había mantenido callada y le evitaba la mirada. Él sin embargo no podía evitar, recordar como ella había estado encima de su regazo. Sus labios entreabiertos, sus pechos rebotando a cada embestida, sentir como se aferraba a su alrededor…
Un codazo por parte de Aaron le saco de su ensoñación.
-¿Todo bien, Daryl? –La voz de Lori resonó en la sala. Daryl miró a todos lados como si se acabara de despertar y pudo ver todas las miradas recaían en él. Todas excepto una, la de Carol.
Sus mejillas se tornaron rojas por estar pensando en sexo mientras estaban en una reunión de trabajo. Él carraspeó suavemente y asintió.
-Nos podrías explicar en qué consiste el proyecto. –Insistió Lori algo confundida por su despiste.
Tras dirigirle una mirada, empezó a hablar maldiciéndose a sí mismo por ser tan débil. Esa mujer le llevaba a la locura. Y a la misma vez le volvía loco, porque no llegaba a comprender su rechazo. Era evidente que Carol también sentía atracción por él.
Ella siempre había dado el primer paso para besarle o para acostarse con él. Así que no llegaba a comprender porque se negaba a la evidente atracción sexual y la química que había entre ambos. Daryl quería abordar el tema y hablarlo con ella, necesitaba salir de dudas pero a la misma vez no sabía cómo hacerlo. Quizá debía dejar todo tal y como estaba y no indagar más sobre los motivos del porque Carol actuaba de esa forma. Pero estaba demasiado confundido con todo esto.
-Tío, ¿estás bien? –le preguntó Aaron cuando Lori dio por finalizada la reunión, él miró un momento a Carol quien le dirigió una mirada tímida antes de desaparecer de la sala de profesores. –Daryl… -volvió a preguntar.
-Sí, demasiadas cosas en la cabeza-, contestó finalmente.
El sábado por la mañana Daryl decidió ir a pasear con Nala a la playa. A pesar de estar en pleno noviembre, el sol radiante alumbraba el día. Se quitó sus zapatos, dejando que la arena acariciara sus pies. Con ellos colgando de su mano y con la otra agarrando la correa de Nala, Daryl caminó hasta quedar a unos metros de la orilla. Se sentó en la arena, mientras el sonido susurrante del mar se adentraba por sus orejas. El olor del mar se filtró por sus fosas nasales.
Daryl se puso las gafas de sol para evitar que le molestara en los ojos azules. Nala, quien aún estaba sujeta con su correa, se acercó a él con una pelota agarrada entre sus dientes. Daryl la soltó, y lanzó la pelota muy cerca del mar, la perrita estaba temerosa de que el agua le tocara, con indecisión se acercó al juguete, la agarró con su boca y volvió a él.
Giró el rostro mirando la largura de la desierta playa de Tybee Island, a través de sus gafas oscuras. A excepción de él, la playa estaba casi solitaria. A varios metros había una mujer estirada tomando el sol; al otro lado un matrimonio de septuagenarios, quienes parecían disfrutar de la vista del mar.
Daryl perdió la cuenta de cuántas veces le tiró la pelota a Nala, mientras él simplemente disfrutaba de una inusual paz.
Por un momento, Nala fue hacia la orilla y se separó en cuanto el agua le iba a tocar. Daryl se rió, y entonces vio como la perra se quedaba mirando hacia un punto fijo a su derecha y sin darle a tiempo a reaccionar, echó a correr.
– ¡Nala! ¡Ven aquí! –gritó el hombre.
Pero ella no hizo caso, y fue corriendo en dirección a la mujer que estaba estirada a unos 100 metros de ellos. Pero ya era demasiado tarde, y la perra ya estaba alrededor de ella. Daryl pudo ver como la joven se levantó aturdida mientras Nala solo buscaba un poco de afecto por su parte.
A medida que se acercaba corriendo, Daryl no podía creer que la mujer que estaba disfrutando de una otoñal mañana de un sábado fuera Carol. Estaba sorprendido de ese encuentro tan casual. Nala solía acercarse a cualquier persona, pero en esta ocasión le podía causar un malentendido. No quería que Carol pensara que le estaba siguiendo o acosando fuera del trabajo.
Cuando Daryl llegó a su altura, Carol se había incorporado y estaba acariciando a Nala, aunque evitaba que le chupara la cara.
Daryl frenó su carrera cuando se encontró a unos pocos metros, mientras admiraba a la mujer.
Los rayos del sol chocaban contra su piel blanquecina llena de pecas. Llevaba un bañador negro que se ajustaba a su cuerpo dejando entrever las curvas de sus senos. Sus largas piernas estaban cubiertas por unos finos pantalones blancos. El aire de noviembre era demasiado frío como para desnudarse por completo. Sus cabellos pelirrojos rizados estaban esparcidos por el aire.
Carol levantó la mirada hacia él, y supo que le reconoció al instante por la mueca de su cara.
-Lo siento, lo siento… -Se disculpó él intentando coger aire. –Es muy cariñosa y siempre que ve a un desconocido quiere que la acaricien, -intentó justificarse. –Lo siento. –Repite.
-No pasa nada, no te preocupes-. Daryl pudo ver una media sonrisa en sus labios, dándole a entender que no estaba molesta. Carol bajó la mirada hacia el perro, quien se había acomodado entre sus piernas, y se estiraba para que ella siguiera acariciándole–. Es preciosa. –Dijo ella mientras le hacía carantoñas al chucho. Daryl aprovechó para recuperar el aliento que había perdido por la improvisada carrera. -¿Cómo se llama? –Preguntó Carol, mientras Daryl se arrodilló contra la arena.
-Nala.
Carol parecía relajada y menos tensa que en la escuela, y le agradó verla así, además ese look más despreocupado le gustaba mucho. Daryl la miraba con una sonrisa en los labios, y vio como ella levantó la cara hacia su dirección. Prácticamente desde que habían mantenido relaciones sexuales, no habían hablado con tranquilidad.
La situación era extraña porque no estaban en su ámbito laboral, y todo hacía que fuera realmente raro.
Había una sonrisa en su rostro que desapareció de repente, y entonces, él supo que era mejor irse de allí. Por alguna razón ella no quería tener nada que ver con él y aunque no lo comprendía, no iba a presionarla.
Con la correa en la mano, se acercó a la perra, se inclinó en la arena e intentó agarrarla.
-Nala, cariño, vámonos. –La llamó con suavidad, pero ella parecía no hacer caso, estaba más interesada en las caricias que aún le estaba haciendo Carol. Al ver que se resistía, Daryl soltó una maldición y Carol se rió. -Parece que le has caído bien. –Le dijo mirándola.
-Eso parece.
-No quiero molestarte. –Dijo él cuando finalmente consiguió arrastrarla y engancharla con la correa.
-Daryl… -le llamó cuando estaba a punto de levantarse, pero él se quedó arrodillado en la arena. –Lo siento… por lo del otro día... –Susurró Carol con timidez. Nala aprovechó la situación para volver a acercarse a Carol y ella acarició su cabeza.
Daryl la observó a través de las gafas y negó.
-Fue algo de dos. No tienes que pedir perdón. Si te soy sincero, yo no lo siento. Me gustó. Me gustó mucho. -Ella apartó la cara mirando hacia el otro lado, y él supuso que estaba avergonzada.
-Nunca debió haber ocurrido.
-¿Puedo preguntar algo? –dijo él mientras aún estaba arrodillado en la arena. Ella levantó la mirada hacia él y asintió. -¿Por qué te avergüenzas tanto? Es evidente que hay atracción entre nosotros. Somos adultos y no tenemos de qué avergonzarnos. - Carol suspiró fuertemente.
-No sé si sabes que las relaciones están prohibidas en la escuela.
-Sí, lo sé, pero también sé que Lori y ese tal Rick están juntos. En realidad, nadie tiene porque enterarse.
Carol hizo una pausa mientras centró la mirada en Nala, quien apoyaba su cabeza sobre una de sus piernas.
-Es solo que… no puedo. No puedo.
–Hey –Daryl la llamó con suavidad, levantando su barbilla mirando a sus ojos que parecen asustados. -¿Qué es lo que te da tanto miedo? –Preguntó él, pero no hubo una respuesta por su parte y se encogió de hombros. -¿Estás casada o… tienes novio? –pregunta con tono más serio.
-No, Daryl. –Niega con la cabeza.
-No serás una delincuente o ¿una asesina? –Suelta Daryl con una sonrisa divertida, pero ella se mantiene seria.
-En realidad si… -suspiró – me acuesto con los profesores de informática y después los asesino. Pero solo los de informática, eh... -Dice ella con seriedad, pero Daryl puede ver un toque de diversión en sus ojos.
-Puf, ¡para!-. Dice Daryl con un bufido, al percatarse de que se trata de una broma.
Ella sonríe con diversión, mientras baja la mirada hacia sus pies, dejando que la arena fina de la playa pase entre sus dedos. Pero pronto desaparece la sonrisa y vuelve a mostrarse seria.
–Es solo que… no puedo… -Daryl no comprende que ocurre en su vida para que ella no pueda intentar tener una relación con él. Le gustaría poder ayudarle o saber de qué se trata, pero no quiere presionarla. Ella observa el ir y venir de las olas evitando mirarle.
-Está bien… lo entiendo. –Carol gira el rostro mirándole, y Daryl ve el sufrimiento marcado en él, intuye que una parte de ella quiere intentarlo, pero hay algo que se lo impide. Pero era su decisión y Daryl no va a presionarla.
-Por favor, no se lo digas a nadie. –Dijo ella totalmente preocupada.
-Por supuesto que no. Nunca haría eso. –Contestó indignado. A él nunca le gustaba contar sus hazañas sexuales, y jamás lo haría en este caso, pues era consciente de todo lo que se jugaban. Si llegaba a oídas de algún miembro de la escuela, podían ser despedidos.
-Gracias.
-Aunque no te voy a perdonar que tenga que trabajar con Rosita por tu culpa. –Ella se encogió los hombros divertida.
-Lo siento. –Se lamenta-. ¿Cómo es trabajar con Rosita?
-Buff, horrible. –Contestó él haciendo que ella sonriera. -Debería irme, nos vemos el lunes en el trabajo. Que pases un buen fin de semana.
Se despidió con un gesto con la cabeza, antes de que Carol se despidiera de Nala con un par de caricias más. Y entonces, Daryl tiró de su correa. Sin mirar atrás, Daryl avanzó por la arena mientras se convencía una y otra vez que la corta relación con Carol, fuese lo que fuese había llegado a su fin, y a partir de ahora, su relación con ella seria únicamente profesional.
Durante las dos semanas siguientes, Daryl cumplió la promesa que él mismo se hizo, solo habla con ella cuando es estrictamente necesario y únicamente por temas laborales.
Carol está inmersa en la obra de teatro que van a representar en Navidad. A pesar de que la obra entera la representarán al final de curso, siempre hacen una pequeña representación para estas fechas. Él, por su parte, intenta llevar a cabo el proyecto con Rosita, pero cada día se percata que es muy difícil trabajar con ella y está pensando seriamente en renunciar a este proyecto.
Era jueves por la tarde cuando Daryl caminaba a través de los pasillos hacia la sala de profesores. Él había acabado su jornada laboral, mientras los demás profesores aun le quedaban un par de horas más. Sin embargo, no puede evitar pensar en todo lo que le queda por hacer.
Corregir los proyectos de décimo grado.
Preparar el próximo examen para sexto grado.
Comprar pienso para Nala… y comida para él. En su nevera solo tenía un par de cervezas y un limón.
Ayudar a su sobrina a estudiar el examen de matemáticas.
Unos gritos le distraen de sus pensamientos, de repente ve como Robert y Carol salen del aula, muy alterados.
-¿Me quieres dejar en paz? Eres una puta pesada. –Dice el joven mientras camina por el pasillo desierto.
-¡Robert! Entra en clase, no hemos acabado. –Masculló Carol.
-Y yo te he dicho que no pienso entrar para esa puta mierda. –Gritó el adolescente.
Daryl aceleró el paso para intervenir en la discusión. Recientemente se habían enterado, que debido a las condiciones familiares en las que se encontraba Robert, los servicios sociales habían llevado a Robert a un centro residencial para adolescentes que no pueden estar con sus padres por estar desatendidos. Todos los docentes estaban prevenidos de que era posible que Robert estuviera más alterado de lo normal.
-¿Qué está pasando? –Intervino Daryl poniéndose al lado de Carol. La mujer le miró un momento y pudo ver mucha serenidad, parecía tener controlado todo el asunto.
Aun así, Daryl prefería quedarse pues tenía una muy buena conexión con ese joven debido a que a este le encantaba la informática y gracias a esto, habían congeniado bien con él.
-Robert, ya sabes lo que estuvimos hablando, sino te comportas bien en las demás clases…
-Me importa una mierda… el puto teatro o no venir nunca más a esta mierda de instituto.
-No, no es verdad. –Se atreve a decir Carol-. Quieres hacer que no te importa, pero te importa. Más de lo que crees.
-¿Y tú que cojones sabes? No sabes una puta mierda de mí. –se enfrentó a ella tan cerca que Daryl se puso en alerta por si tenía que intervenir, pero Carol parecía tenerlo todo controlado.
-Sino te importara no vendrías cada día. –El adolescente frunció el ceño. –Podrías no venir y sin embargo vienes a clase. A pesar de que después te vas a mitad o desapareces, pero vienes. Porque aunque intentes odiar este sitio y esas personas que están ahí dentro, te importan. Y te gustan las clases de Daryl.
-Cállate, zorra.
-¡Robert! –Le regañó Daryl, Robert estaba realmente alterado, pero seguía allí enfrentándose a ellos dos. Daryl miró a Carol quien parecía simplemente calmada y siguió hablando.
-Mira, entiendo por lo que estás pasando. –Robert negó con la cabeza e iba a hablar pero Carol se adelantó-. Viví casi toda mi vida en un centro como el que tú estás ahora. –Confesó en un tono suave pero con dolor-. Sé lo duro que es, Robert y entiendo toda la rabia que llevas, pero…
Daryl vio como el rostro de Robert cambiaba a medida que ella hablaba, entre la vergüenza e incluso pudo ver como se desmoronaba, pero pronto volvió a la rabia.
Daryl estaba sorprendido por sus palabras, ella había admitido que había pasado gran parte de su vida en un centro. Lo que suponía que los padres de Carol, podían estar muertos, o se habían desentendido de ella, o la maltrataban. Daryl no quería ni imaginar lo doloroso que podía ser. Sin embargo, sus palabras no tuvieron el mismo efecto para el joven, quien aunque estaba aturdido, rabioso y lleno de dolor, seguía con ganas de enfrentarse a ellos.
-Ahora entiendo porque eres una puta amargada, pero yo no pienso pasar mi puta vida en ese centro de mierda.
-Insultándome no vas a solucionar nada… Por mucho que lo odies, es posible que estés allí por un tiempo.
-¡Es que no me has escuchado! ¡Te he dicho que me piraré de allí! –Daryl escuchó el suspiro de Carol, y de pronto vio como los ojos de Robert empezaban a mostrarse llenos de tristeza además de rabia.
-Ojalá lo consigas, de verdad, pero no siempre es así.
-Que tú hayas estado allí toda tu puta vida y que además seas una fracasada no significa que yo vaya estarlo.
-Nadie ha dicho que vayas a ser un fracasado, Robert. Sé que eres bueno en informática y que te gustaría dedicarte a ello. Y sé que puedes hacerlo. Sé que puedes ser un informático muy, muy bueno.
Daryl vio sorpresa en los ojos de Robert y supo en ese instante que él no estaba acostumbrado a que los adultos confiaran en él. De hecho supo que nadie le había dicho eso en toda su vida. Y por primera vez desde que conocía a ese joven lo vio totalmente desconcertado sin nada que decir.
-Es cierto, eres bueno programando y tienes conocimientos que otras personas no tienen.
-Buff, dejadme en paz.
-Robert,-dijo mientras lo vio marcharse.
-Déjalo, -le sugirió Carol. –Necesita asimilar todo. –Justo en ese momento el timbre que daba por finalizada la clase sonó. –Voy a entrar un momento. –Dijo haciendo referencia a la clase que había estado desatendida por la discusión con Robert.
Daryl esperó en el marco de la puerta, viendo como los jóvenes se movían por la escuela hasta su próxima clase. Solo quedaba una hora más antes de que llegaran a su fin. Por suerte, él ya había acabado y podía irse a casa, sin embargo, quería hablar con Carol sobre lo que acababa de pasar con Robert.
-Chicos, mañana seguiremos ensayando. –Les dijo Carol a sus alumnos.
Daryl observó desde la puerta que todos ellos habían seguido ensayando a pesar de que Carol no estaba en el aula. Y esto le sorprendió enormemente porque cada vez que él tenía que irse del aula, se dedicaban a hacer de todo menos a programar.
Daryl avanzó por el aula mientras los alumnos iban abandonando la clase.
-Hasta mañana, -dijo un par de alumnos mientras Daryl se apoyaba contra la mesa y observaba a Carol guardar sus papeles en su bolsa.
-¿Qué? –Preguntó ella al verle allí. Daryl se mojó los labios antes de hablar.
-¿Es cierto que viviste en un centro?
-Sí. –Dijo ella, Daryl esperaba que le contase más detalles pero solo guardó silencio. Él sabía que no debía entrometerse en su vida.
-Lo siento, no debí preguntar. –Dijo él.
-No te preocupes. –Daryl vio una pequeña sonrisa en su rostro.
A pesar de que apenas hablaban, Carol parecía algo más relajada a su lado. Suponía que su conversación en la playa había ayudado. Aunque seguía siendo igual de reservada que siempre. Carol se apoyó contra la mesa y suspiró.
-Estoy preocupada por Robert, creo que tiene mucha rabia en su interior y no sabe canalizarla. Aunque es normal, –suspiró-, que te separen de tu familia, por muy mala que sea, es muy duro de asimilar. –Daryl asintió mirándole, aunque ella miraba a los alumnos que se despedían. Les mostró una suave sonrisa a dos alumnas que se despedían de ellos.
-¡Hasta mañana! – les saludó Becca Robinson, quien era la jefa de las animadoras del instituto.
-Hasta mañana, -contestaron los dos a la vez, antes de volver a la conversación.
-Estoy de acuerdo en lo que le dijiste, él quiere hacer ver que odia venir a la escuela, pero hay una parte de él que le gusta. -Intervino Daryl.
-Le apasiona la informática, pero creo que él piensa que no es suficientemente bueno para dedicarse a ello. Le habrán hecho sentir que él no merece nada de esto y que acabará siendo un fracasado.
Daryl asintió ante sus palabras. Se sentía tan identificado con estás. Él había tenido la suerte de tener una madre que lo había dado todo por él, pero era consciente que si no llega a estar ella, jamás hubiera tenido el valor de dedicarse a lo que se dedicaba. Sobre todo porque en su escuela nadie había apostado por él. Su adolescencia también había sido muy complicada, aunque agradecía haber tenido la madre que tenía.
-Por eso creo que es muy importante que a partir de la informática intentemos que ese joven tenga la esperanza de poder hacer algo con su vida. Sino, creo que lo perderemos entre las drogas. Ya está empezando a tantear algunas. Ayer vino prácticamente drogado y oliendo a mariguana.
Daryl suspiró, sabía por la experiencia de su hermano que esa era una posibilidad real. Daryl escuchó el sonido de la puerta y giró el rostro para ver que todos los alumnos se habían ido y habían cerrado la puerta tras de sí.
-Tengo la sensación que aquí es el único lugar donde hay alguien que se preocupa por él. Y por eso creo que siempre se revela contigo, porque tú te preocupas por Robert. –Reflexionó Daryl en voz alta.
-Es posible. –Carol asintió. Daryl le miró y le sonrió.
-Creo que estás haciendo un gran trabajo con él. –Ella negó con la cabeza y se puso la bolsa en su hombro.
-No lo creo, sería mejor si fuera un trabajo en equipo…
-Sí, es verdad.
Daryl centró la mirada en ella, y de nuevo, otra vez esa tensión y esa sensación de que todo su cuerpo se estremecía. Inconscientemente su mirada recayó en sus labios que se habían separado un poco, y después en sus senos tapados debidamente por una camisa, y un collar que rodeaba ese hermoso cuello. Daryl no pudo evitar sentir un toque de excitación, mientras la miraba.
Volvió a centrar su mirada en sus ojos, pero entonces se percató que había deseo en ellos. Era la misma mirada que había tenido cuando habían tenido sexo y él se encontraba en su interior. Pensar en ese momento, hizo que su entrepierna se estirara de placer.
Mierda. Mierda.
Pero cuando fue a hablar, Daryl sintió la suavidad de la boca de Carol sobre la de él. Inconscientemente, Daryl se aferró a ella mientras ambos dejaban caer sus respectivas mochilas al suelo. Ninguno de los dos hizo caso al sonido hueco de las mochilas chocando contra el piso. Sus bocas jugando entre si eran mucho más importantes. Daryl pasó sus brazos contra su espalda baja, y él la estrechó contra su cuerpo. Carol gimió contra su boca, y Daryl dejó que su lengua le invadiera. La dulzura de sus labios le cautivaba.
La empujó levemente contra la pared del aula, mientras el cuerpo de ella quedaba entre la pared y su enorme cuerpo.
Sus besos desesperados, mientras Daryl daba golpes con su cadera contra la suya y él intuía a que ella podía sentir su erección en su entrepierna. Daryl sintió sus manos aferrándose contra su espalda, mientras sus besos se volvieron más necesitados.
Daryl gruñó mientras siguió besando su boca con avidez y sus lenguas jugaban juntas. Ella movió sus caderas hacia adelante, buscando más contacto con las suyas a través de la ropa y se restregó contra él. Él gimió extasiado. Las manos de Daryl subieron por su cuerpo pasando por sus senos hasta su cuello.
Y entonces, se apartó de ella. Jadeante con el rostro enrojecido de la pasión y con la frente junta, ambos se percataron de lo que estaba a punto de suceder.
-Mierda… -Masculló él al darse cuenta de lo que estaba pasando. De pronto otra vez, el arrepentimiento en el hermoso rostro de ella. – Para, para. – pidió él.
Se separó de ella dándole la espalda mientras se pasaba las manos por su rostro para intentar calmar el deseo, mientras su erección se apretaba fuertemente contra sus pantalones.
-Lo siento, lo siento. –La escuchó susurrar por detrás de él. Daryl suspiró y se giró para mirarla.
Carol apenas se había movido del sitio. Sus mejillas estaban enrojecidas al igual que sus delicados labios. Sus hermosos ojos estaban totalmente avergonzados y no le miraban. Daryl suspiró y se acercó a ella.
-Hey, -le llamó llevando su mano a su barbilla para mirarle. Y cuando coincidió su mirada con la suya, entonces, él siguió hablando-, realmente no me importa que me beses cada vez que quieras. Me encanta. No lo voy a negar… –Dijo él con sinceridad-. Pero joder… estoy confundido. No puedo seguir así, con este juego… me dices que no quieres saber nada de mí, que no puedes y en cuanto estamos solos… me vuelves a besar. Me estás volviendo loco… –Confesó con una media sonrisa.
-Si quieres que no haya nada entre nosotros, está bien. Lo entiendo y lo comprendo. Y si quieres seguir con esto, sea lo que sea lo que tengamos… está jodidamente bien. No me quejo. Pero no me vuelvas loco.
-Lo siento, yo… no sé qué me pasa. –Admitió avergonzada, mientras se apoyaba contra la pared, tapándose la cara. Daryl observó como ella intentaba mantener la compostura y a la misma vez, sentía su arrepentimiento.
-Hey, me atraes mucho, -confesó él acercándose a ella. Carol levantó la mirada avergonzada hacia él-, y corrígeme si me equivoco, pero intuyo que tú también sientes lo mismo por mí.
Daryl vio cómo se mordía el labio meditando sus próximas palabras, pero la forma de morderse el labio le hizo sentir una descarga eléctrica en sus pantalones. La vio suspirar antes de hablar de nuevo.
-Tienes razón… -Admitió finalmente con pesadez. –Me atraes mucho.
-No hay nada malo en esto que hacemos; te lo dije en la playa, somos adultos. Nadie tiene que enterarse.
-Pero no puedo… no puedo. –Daryl negó con la cabeza antes de seguir hablando.
-No sé qué es lo que ocurre para que no puedas, pero no tiene que ser nada serio. Si quieres seguir con esto, podemos hacerlo, prometo no hacer preguntas. –Ella levantó la mirada, y frunció el ceño ante lo que le estaba diciendo. –Solo sexo… -Por la cara que ella puso, él intuyó que no le agradaba la propuesta.
-No soy de esas mujeres que tienen sexo sin tener una relación formal. –Contestó con un tono más seco de lo habitual.
-Te aseguro que yo tampoco. Nunca he tenido sexo con mujeres que no eran mi pareja… tú has sido la primera. Y si quieres, estoy dispuesto a aceptarlo de ahora en adelante.
-¿Por qué? –preguntó ella, curiosa.
- Porque me atraes. Mucho. Hemos estado a punto de hacerlo aquí otra vez, en el aula mientras decenas de estudiantes pasean al otro lado de la puerta. Y… -Carol bajó un momento la mirada al suelo, entre avergonzada y tímida-. Y aunque no suelo tener este tipo de relaciones… la atracción que siento por ti es muy fuerte. Estoy dispuesto a hacer una excepción por ti.
Daryl vio la mirada indecisa de ella, parecía que una parte quería aceptarlo, pero por otra parte, tenía dudas. Se quedó en silencio mientras ella pensaba.
-Entonces, ¿sin compromisos, ni sentimientos de por medio? –Se interesó ella.
Él le miró pensativo, por una parte odiaba lo que él mismo estaba proponiendo. Ni Daryl sabía porque lo estaba haciendo. Él no estaba seguro de que pudiera mantener una relación sexual y no sentir nada por Carol. Pero por otra parte, le daba la sensación que ninguno de los dos podría parar.
Daryl le miró y asintió finalmente.
-Solo sexo; sin compromisos, ni ataduras, ni sentimientos… -Afirmó Daryl a las palabras de ella.
