¡Hola hola, niñas mías! ¿Va todo bien en sus ilustres vidas? Como siempre, espero que sí ^^.

En fin, el último capítulo no tuvo reviews, imagino que me lo he buscado al escribir sobre una pareja tan poco común, pero bueno, servidora va (poco a poco) cumpliendo con sus requests xDDD.

Y cumpliendo con una request que varias me habeis dejado, aquí os dejo con mi primer Mycroft/Lestrade. Señoritas Lube, Otory y 012, espero que les guste.

Las reviews siempre se agradecen =D

Bless your soul, you've got your head in the clouds,

You made a fool out of me,

And, boy, you're bringing me down,

You made my heart melt, yet I'm cold to the core,

But rumour has it I'm the one you're leaving her for,

Rumour has it – Adele

Muchos pensaban que el Detective Inspector Lestrade era simple, plano, gris. Una persona completamente normal.y corriente. Los rumores decían que había conseguido su puesto gracias al intelecto de cierto Detective Consultor. Lo cierto era que, como era habitual, los rumores se equivocaban.

Gregson Lestrade era un hombre sencillo. No era extremadamente ambicioso, solía ser prudente y sabía escuchar. Tenía una mente abierta y una inteligencia que le habían ayudado a resolver una nada despreciable cantidad de casos que le habían valido el ascenso hasta el puesto en que ocupaba.

Tenía buenos compañeros, colegas y un contadísimo grupo de personas a los que consideraba amigos (entre los que se encontraban Sherlock Holmes y John Watson). Tambien tenía un matrimonio fracasado por la dedicación al trabajo hacía ya casi dos años y una preciosa niña rubita de siete años a la que a penas veía una vez al mes.

Y luego estaba él. Mycroft Holmes. El hombre de la reina.

Cualquiera diría que el Hombre de Hielo era su opuesto absoluto. Complejo, brillante… Con su porte aristocrático, su elegante forma de vestir y la prodigiosa mente que caracterizaba a los hermanos Holmes. Oficialmente, desempeñaba un pequeño cargo en el gobierno, pero se rumoreaba que era mucho más, que todo el gobierno británico comenzaba y acababa en él. Esta vez, los rumores eran más acertados.

Mycroft Holmes no tenía colegas o amigos. Existía un grupo de personas a las que consideraba cercanas y de confianza, como era el caso de Anthea o del doctor Watson. Tenía un enorme y bien disimulado afecto hacia su madre y su hermano pequeño. Estaba casado con una mujer perteneciente al alta sociedad Londinense, Maria, cuya relación (acorde a los rumores que circulaban por algunos de los más exclusivos clubs femeninos ingleses) se basaba en la mutua tolerancia por puro interés (de status y económico) y en una larga serie de infidelidades por ambas partes.

Y le tenía a él. Gregson Lestrade, Detective Inspector.

Se habían conocido hacía ya bastante tiempo, y todo había sido cosa de Sherlock. Greg había sido el que le había hecho dejar las drogas al joven proyecto de detective. Mycroft nunca supo cómo darle las gracias a aquel hombre sencillo y agradable que había ayudado desinteresadamente (por una mezcla de pena y rabia) a su hermano pequeño.

La relación entre ambos hombres había sido meramente anecdótica durante unos cuantos años. Mycroft recuerda que el gran cambio se obró tras el primer caso de Moriarty, aquel que Watson había llamado en su blog "Estudio en Rosa".

Lestrade recuerda cómo el mayor de los Holmes acudió a pedirle que le echara un ojo a su hermano pequeño. Recuerda cómo añadió humildemente que todavía le debía una que no sabía cómo pagarle y recuerda como él, inocentemente, le respondió que Sherlock era su amigo y que bastaría con invitarle a una copa. Y por supuesto recuerda (y está seguro de que Mycroft tambien) que ambos acabaron en su apartamento esa noche. Y desde ahí otras más, dando comienzo a una extraña relación sin etiqueta social válida para ser definida.

Aunque, según los últimos rumores, Mycroft Holmes se divorcia de su esposa.