Aquí está el capítulo cuatro de mi historia. Espero que les guste.
Capítulo 4. Rechazo
Pinkie volvió a sus labores como organizadora de fiestas de Ponyville. Se acercaba el cumpleaños de Derpy, y la poni rosa debía asegurarse que la torpe pegaso tendría una buena fiesta. Sin duda habría sido más fácil sin la Señora Cake presionándola todo el rato para que quedase con Pokey Pierce.
"¿¡Se puede saber a qué viene tanto interés?!" le la poni rosa preguntó ya harta.
"Querida, ese unicornio está deseando volverte a ver"
Aunque aquel halago le hizo desenfadarse, Pinkie aún se mostraba algo cautelosa.
"¿Y cómo lo sabes?"
"Bueno, él… vino aquí a comprar y me lo dijo"
Aunque no se lo tragó del todo, la poni rosada prefirió dejarlo correr y continuar con sus tareas como organizadora.
No obstante, Pinkie volvió a verse con Pokey Pierce.
Ocurrió un día antes del evento, cuando ella estaba colocando una pancarta que decía "Feliz cumpleaños, Derpy" en letras grandes y torcidas. El unicornio llegó a Sugabcurne Corner con la excusa de ayudarla con los preparativos, pues con ayuda de su magia le facilitaba el trabajo, aunque Pinkie prefirió encargarse sola de la parte de los globos, pues el talento especial de él era pinchar cosas.
"Me alegro tanto de haber contado con tu ayuda"
"De nada, pero dime una cosa, ese poni que vino aquí…"
Pinkie bajó un momento la mirada. Acordarse de Cheese Sandwich la hacía sentirse triste, pero inmediatamente levantó la vista para demostrar que lo escuchaba.
"Era Cheese Sandwich"
"Eso ya lo sabía. Lo que quería saber es si eráis… parientes"
"Nope"
"Es que os parecíais…"
"Sí, pero vamos él es solo un buen amigo"
Aquello llenó de confianza a Pokey Pierce, que se acercó un poco más a Pinkie.
"Y dime, ¿Yo que soy para ti?"
Ella retrocedió un paso. Le incomodaba que el unicornio hubiese comenzado a invadir su espacio vital.
"Pues otro buen amigo"
"¿Estás segura?"
Entonces Pokey puso los morros en posición de besar. A Pinkie se le mezclaron la sorpresa y el repelús, y, actuando por instinto le dio un empujón.
El unicornio cayó de espaldas, dándose un buen golpe contra el suelo. No se había hecho daño físico, pero sí en su orgullo.
"Mira que llegas a ser torpe" dijo entre dientes al tiempo que se iba
Pinkie se quedó triste por lo que él le había llamado. Torpe… tristemente se metió en la bañera mientras pensaba por qué tendría tan mala suerte con los chicos. Pokey Pierce era el único que parecía querer estar con ella… pero no le gustaba…¿Y si no volvía a haber otro como él? ¿Y si se quedaba y envejecía sola? Cheese no parecía dispuesto a renunciar a su vida nómada por ella… A su mente vinieron los recuerdos de Gummy, el cocodrilo bebé. Y concretamente el día que lo perdió: Pinkie acababa de salir de la bañera cuando corrió a abrazar a su mascota, pero la poni rosa no se dio cuenta que tenía los cascos resbalosos, y el cocodrilo se le escapó de ellos. Ella intentó cogerlo al vuelo, pero falló y él cayó en el retrete. Al ir a cogerlo, Pinkie tropezó con el jabón que ella misma había dejado en el suelo, y, sin querer tiró de la cadena… y Gummy ya no estaba.
Cuando Pinkie les contó lo ocurrido a los Señores Cake reaccionaron de diferente manera. La Señora Cake se mostró bastante comprensiva y justificó a Pokey Pierce; es más, le dijo a Pinkie la próxima vez tuviese más cuidado para no tropezar. El Señor Cake, todo lo contrario, dijo que si Pokey Pierce volvía a faltarle el respeto le daría su merecido. La poni rosa sonrió para sí misma ante esta situación. Los Cake eran un matrimonio sólido pero… ¡Había que ver lo distintos que eran entre sí!
Sin embargo, las cosas para Pinkie Pie no se le pusieron mal hasta el día de la fiesta.
La velada había empezado bien, con la invitada divirtiéndose y atiborrándose a muffins.
Pero la cosa se puso peor cuando Pokey Pierce apareció entre los invitados. No le dirigió a Pinkie ni siquiera una mirada.
La poni rosa fingió que no le importaba este hecho, y se dispuso a escuchar a su amiga Fluttershy, que le contaba acerca de cómo le iban las clases que la Princesa Luna le daba para superar su timidez.
Entonces sonó un ruido fuerte, y todos los presentes, incluida Pinkie miraron hacia esa dirección. Al parecer, Pokey Pierce había reventado uno de los globos. El unicornio se disculpó rápidamente, y Derpy les pidió a todos el volver a la fiesta.
Pinkie fue la única que no festejó, pues no podía quitarse de la cabeza (algo raro en ella, ya que no solía centrarse en nada) la idea de que el unicornio lo había hecho a propósito.
"¿Se puede saber por qué has hecho eso?" le murmuró la poni rosa al unicornio entre dientes mientras Derpy rompía la piñata.
"¿Qué es lo que he hecho?"
"Romper el globo"
"Ha sido un accidente"
"¡Mentira!"
La poni rosada había gritado esto último y todos se le quedaron mirando, pero ella no se percató, pues estaba demasiado enfadada.
"¡El otro día me llamaste torpe y no lo soy! ¡¿Me oyes?! ¡No los soy!"
A Pinkie comenzaron a caerle lágrimas de rabia y de inseguridad. Inseguridad que la hacía entristecerse… y sin que se diese cuenta, su cabellera se le alisaba.
"¡Quiero que te vayas, Pokey Pierce! ¡Vete!"
Entonces, ella lo empujó nuevamente, pero se pasó con la fuerza, y Pokey Pierce salió despedido hacia atrás y cayó en el pastel de cumpleaños de Derpy, que se hizo pedazos y manchó a los invitados que se encontraban más cerca.
Cuando el unicornio se levantó estaba hecho una furia.
"¿¡Sabes una cosa Pinkie Pie?! Creía que eras bonita, y esperaba que los rumores que circulan de que estás como una regadera fueran falsos… ¡Pero no! ¡No solo eres una torpe, sino que además estás loca! ¡LOCA! ¡Y por eso no te querrá nunca ningún poni!"
A la poni rosa esas palabras dañaron su sensibilidad. Durante un momento se quedó completamente ciega y solo pudo oír un ruido estridente de fondo; cuando recuperó la vista, vio que aquel ruido no era otro que las risas de los invitados.
Snips y Snails la señalaban con la pata mientras reía; Sweetie Drops, la cotilla del pueblo parecía estar apuntándolo para contárselo a todo el mundo, y ni hablar de Derpy, la cual se había caído al suelo de tanto reír Incluso Rainbow Dash y Fluttershy lo hacían disimuladamente. Las dos únicas excepciones eran el Señor y la Señora Cake que estaban horrorizados con lo ocurrido.
Pinkie solo pudo salir corriendo de allí. En aquellos momentos todo se venía cuesta abajo. La poni rosa corrió hacia las afueras del pueblo, hasta que no pudo más y se derrumbó. Lloró mucho, tanto que pensó que se iba a quedar sin lágrimas para el resto de su vida… pero alguien acudió a consolarla. Era su vieja amiga, la mula Matilda.
Matilda era una de las habitantes de Ponyville de toda la vida, dulce, simpática, y aunque ya tenía algunas arrugas y canas aún conservaba parte de su belleza.
"¿Qué ocurre Pinkie?" preguntó al tiempo que le ofrecía un pañuelo.
Ella se sonó y luego le contó lo ocurrido. Cariñosamente, Matilda la consoló y le dijo que no debía preocuparse de lo que los demás pensasen de ella.
"Gracias, Matilda. Me alegro de tenerte como amiga"
"Y yo también a ti"
El marido de Matilda, el burro Cranky Doddle no pareció en principio demasiado entusiasmado de ver a Pinkie, pero cuando su mujer se lo contó todo, se le despertó la vena sensible y él también tuvo unas palabras de consuelo.
Unas pocas horas después, los Cake fueron a buscar a Pinkie a la casa de Cranky y Matilda; estaban aliviados de ver que la poni rosa estaba sana y salva.
"Se está empezando a hacer tarde, querida será mejor que volvamos a casa"
"¿Ya se han ido todos?"
"Sí"
"Entonces vale"
Pinkie se despidió de sus amigos y se fue.
Una vez en casa, también los gemelos se disculparon con Pinkie por haberse reído.
"Yo no me estaba riendo de ti" se justificó Bizcocho "Me reía del unicornio feo que cayó en la tarta.
"No es cierto, embustero" le reprochó su hermana gemela sacándole la lengua.
"Chicos, chicos. Os perdono a los dos"
"¡Te queremos, Pinkie!" exclamaron a la vez, y la abrazaron.
Confieso que se me cayó una lágrimita cuando escribí este capítulo, ya que Pinkie es uno de mis personajes favoritos.
