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Capitulo Tercero
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El ruido que la puerta hizo al cerrarse quedo resonando en los pensamientos del joven Avatar, contemplo aquel pedazo de metal de la lujosa habitación que en el palacio le habían otorgado
Acababa de tener una larga, pero satisfactoria, conversación con la pareja real.
Ambos se habían presentado en sus aposentos después de haber ido a visitar a su amiga maestro tierra, de una forma muy apenada Katara se disculpo por haberle esperado casi toda la madrugada para hablar con él, pero la pareja tenia la fuerte necesidad de mantener esa conversación lo antes posible estando únicamente los tres
Aang les dejo entrar y sentado en la cama de la habitación les observo para que comenzaran aquella conversación que provocaba una incomodo momento
- Aang, no se como iniciar esto - la primera en hablar había sido la joven maestro agua, con delicadeza se coloco al lado derecho del joven y coloco una mano sobre su rodilla, se encontraba muy nerviosa como para tratar el tema con tranquilidad, pero estaba dando su mejor esfuerzo para aclarar todo con el joven Avatar - se que debiste estar muy herido todos estos años después de habernos... encontrado - la ultima palabra salio de sus labios casi como un murmullo sin forma, pero el monje logro entenderla, dio un asentimiento para que la chica continuara - aquella vez Zuko y yo habíamos planeado decirte, y no solo a ti, también al resto de nosotros lo que teníamos... tenemos - la joven originaria de la tribu del Agua del Sur se paso un mechón de cabello detrás de la oreja, le costaba mucho trabajo hablar con naturalidad en esa situación, las ideas se le había revuelto un poco y se encontraba levemente avergonzada
- después de lo ocurrido, queríamos arreglar todo en cuanto saliera el sol - la voz de Zuko continuo con él relato, parado frente a ellos - pero nunca nos esperamos que ni siquiera quisieras escucharnos - el Señor del Fuego agacho la mirada dolido, haber escuchado de sus sirvientes que se había visto al bisonte del Avatar salir de los dominios de la Nación le había dejado con un dolor casi permanente en el pecho, una enorme culpa lo había consumido sus primeros años de ausencia
- no debí huir - susurro el monje al darse cuenta que ellos no eran a los únicos que había hecho daño con su ausencia, la imagen de una cabellera negra y larga con un par de ojos verde opaco abordo sus pensamiento provocandole un pinchazo de dolor en el corazón, él mismo con su desaparición había provocado dolor a ella.
De todas las personas a la que mas había hecho sufrir era a su maestra tierra, buscándolo con desespero por el mundo, y el huyendo hasta el cansancio.
La fuerte mano del joven gobernante de la Nación se coloco sobre su hombre izquierdo, Aang por instinto levanto la cabeza para mirarle a la cara, se encontró con el rostro de Zuko mirándole con dolor
- No sabes cuanto lamento que las cosas se dieran así Aang, debí haberte dicho todo desde el momento en que me di cuenta de mis sentimientos... - retiro su mano y con una gran reverencia volvió a hablar - perdóname Aang - el joven monje pudo escuchar los sollozos de su amiga su lado, miro perplejo al Señor del Fuego hacer tales actos
- debimos ser sinceros contigo Aang - la siguiente en hacer una reverencia fue Katara - debí hablarte claro y nunca omitirte nada; las consecuencias de mi indecisión nos llevaron al sufrimiento - levanto la cabeza mirando fijamente con sus grandes ojos azules al par de grises de Aang - a tu sufrimiento... perdóname - entre sus cálidas manos tomo las del Avatar, le miro suplicante y este alterno la mirada entre el Señor del Fuego y Katara
Con una sonrisa extendió los brazos y atrapo a la pareja real en un fuerte abrazo, el cual ambos respondieron
Cruzaron palabras triviales después de unas lagrimas y acordaron pasar la mañana juntos para recuperar el tiempo perdido y reconstruir su amistad
Aang se quedo con un sabor de satisfacción cuando ellos se retiraron, sabia que las cosas irían bien desde ese punto en adelante, se giro saliendo de sus recientes recuerdos y se acostó en la amplia cama estirándose en el procesos
Se sonrió de saber que podría volver a reír con sus amigos, de que había nuevos integrantes que podría conocer, y hasta enseñar, refiriéndose a la Joven heredera al trono de la Nación del Fuego.
Se giro quedando con el pecho sobre el suave colchón y bajo una mano hasta tocar el suelo de tierra pulida, la palpo suavemente con la punta de sus dedos y con sus latidos desenfrenados coloco la palma extendida sobre el suelo
Había hecho ese acto durante los últimos ocho años
Con la esperanza de que su maestra tierra pudiera sentir sus vibraciones donde sea que estuviera
Se sonrojo al recordarla; había cambiado mucho desde la ultima vez que la había tenido enfrente, había crecido y hasta madurado; la ruda chica que conoció a los doce años había desaparecido para dejar a una hermosa mujer de estatura baja, con una hermosa piel de porcelana, una melena larga y oscura, una figura delicada acompañada de una firmeza muscular que a simple vista no puedes notar por el suave andar de la chica
Sintió su rostro arde de nuevo y avergonzado se abrazo a la almohada y comenzó a girar con ella en brazos
El joven monje tenia que admitir que desde que volvió a estar con ella aquellos pensamientos impuros y carnales habían estado rondando sus pensamientos sin cansancio
Suspiro; los sabios monjes no le habían enseñado mucho a reprimir dichos deseos y él tenia que arreglárselas para no dejar que le corrompieran... o el mismo corrompería a su querida amiga maestro tierra.
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La mañana se levantaba sobre el Reino Fuego, una castaña de cabellos largos se asomaba desde el balcón ubicado a un costado de la habitación del Señor del Fuego. estiro sus brazos soltando un suspiro y contemplando a la bella ciudad de Fuego, observo a sus habitantes despertar y salir de sus hogares para realizar sus actividades diarias.
Levanto la mirada y observo al cielo cuando escucho el característico ruido emitido por el lémur del Avatar, este descendió del tejado y se acerco a la chica maestro agua
- Momo - levanto su brazo izquierdo para recibir al animal y consecutivamente un par de lamidas en su mejilla. Sonrió, llevaba años sin sentir tales caricias del lémur y esto le trajo un sentimiento de nostalgia y una enorme alegría
Había pasado tanto tiempo desde que no tenía a su amigo peludo de tal manera por los hechos ocurridos, bajo la cabeza algo desilusionada de sí misma, se sentía realmente mal por su indecisión hace ya varios años, por no haber sido lo suficientemente honesta tanto consigo misma como para los demás, y gracias a ello Aang salió bastante herido.
Durante todo ese tiempo en que Aang se mantuvo oculto de todo el mundo trato de reprimir su culpa, sustituyéndola con felicidad al lado de Zuko y luego vino la sorpresa de que venía un pequeño producto de su amor.
Ahora que el Avatar había re-aparecido ante ellos bastantes recuerdos habían sido removidos dentro de Katara y una vez más las imágenes de ella misma engañando al pequeño maestro aire la destrozaban por dentro.
- Aang… ¿estás bien con todo esto? -
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Toph se había levantado bastante temprano aquella mañana, su descanso para nada se acercaba a tal palabra.
En aquel momento se encontraba recostada en los jardines del palacio mientras mordía un trozo de pan que había tomado antes de salir. Los rayos del sol caían sobre sus pies en lo alto del volcán, haciéndole sentir lo cálido que podría ser el sol por la mañana, la chica llevaba un kimono sencillo atado sobre su cintura con un fino trozo de tela
La joven maestra tierra no podía dejar de pensar respecto al sueño que la había mantenido despierta durante la mayor parte de la madrugada.
Sucedía en días como aquellos, tranquilos y sin prisa, todos reunidos y sin ningún problema; a excepción claro de la soñadora. Su sueño transcurría en una discusión grupal con sus amigos, la retirada humillante del joven monje estaba grabada en sus memorias, la situación se reproducía como una película en sus sueños, el recuerdo de ella siguiendo al joven monje y no alcanzarlo antes de su despegar le había atormentado durante muchos años.
Ante tal sueño mezclado con recuerdo ni siquiera podía recordar que discutían todos.
Y como balde de agua fría dentro de su sueño unos suaves labios besaban los suyos descaradamente, nada propio de lo que había escuchado de los monjes.
- me gustas -
Su rostro ardió de calor con solo recordar aquel momento onírico, era fácil adivinar que se había sonrojado de solo recordarlo.
- Maldición - dijo, aventando la bola de papel en la cual había envuelto el pan que ya no existía.
Molesta se levanto de su sitio y comenzó a dar pasos pesados dirigiéndose al camino de regreso, quería dejar de lado aquellos pensamientos y esperaba que la convivencia con otros seres humanos la distrajera fácilmente, ademas de que quizá el desayuno ya estaba servido.
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- cuando la pequeña Izumi nació, Katara era un desastre, no podía sentarse cuando la pequeña pelirroja ya estaba quemando algo* - la carcajada de Sokka resonó en el comedor del palacio, tenia un trozo de carne entre sus dedos y señalaba con este a quien quisiera de forma nada educada, Zuki le miraba con algo de pena mientras este le contaba al Avatar las desgracias que paso su hermana aprendiendo a criar a un maestro fuego.
La pálida maestro tierra disfrutaba de la conversación, se encontraba satisfecha de escuchar tales anécdotas, al menos la princesa chispita se sentía bastante avergonzada de compartir aquellos momentos; Toph no podía dejar de sentir rencor ante la pareja del reino Fuego, le parecía totalmente imperdonable lo que habían hecho, no había otro nombre para lo que ambos le hicieron al joven Avatar; Traición.
Para Toph no era nada sencillo pasar del asunto como su amigo calvo había hecho, no podía darse el lujo de hacer como si nada pasara para hacerles a aquellos mentirosos y despreciables pseudo amigos la vida más fácil.
Y por ello había asistido, como lo había pensado hasta cansarse desde que piso el suelo de la nación del Fuego, además, claro esta, no solo había ido por ello, ella estaba ahí para ser un sustento en caso de que Aang llegara a sentirse mal, ella sería la primera en huir con él a donde sea.
Aquel pensamiento la hizo sonreír antes de llevar una cucharada de avena a sus labios
- ¿te sucede algo Toph? Estas roja de la cara - la voz suave del Maestro Aire la saco de sus pensamientos y su mecánico movimiento de la mano subiendo y bajando la avena se detuvo. De inmediato proceso la pregunta, aquella información de su rostro rojo provoco que mas colores se elevaron hasta sus mejillas.
Se levantó abruptamente de su lugar y todos guardaron silencio; la miraron expectantes esperando no recibir montones de tierra como desayuno
- iré a tomar un poco de aire - con prisa comenzó a caminar hacia la salida del comedor real del palacio - valla que la comida fue deliciosa Señor del Fuego. Me retiro por hoy - soltó una risita mientras hacia volar sus cabellos por los aires, rápidamente desapareció del lugar dejando a todos mirando en la dirección por la que salió
- parece que ella un no toma muy bien el asunto - una vez más Sokka no guardaba sus comentarios incómodos, el moreno del grupo buscaba constantemente sacar el tema, no por querer hacer evidente los errores de su hermana o de su ahora cuñado, mas que nada quería que las cosas dejaran de estar flotando en el aire, quería aclarar todo el asunto para que sus amigos pudieran estar bien, no con el resto, sino consigo mismos
- me parecería un poco más cortés de tu parte si guardaras tus comentarios, Sokka - la voz de Zuko se escuchó desde un extremo de la enorme mesa, con la copa de vino rosando sus labios miraba reprobatoriamente a su cuñado
- Zuko - Katara trato de calmar la situación echando una mirada molesta al Señor del Fuego, parecía que todo se caería en cualquier momento y aquella reunión no terminaría en nada bueno, como la última vez que estuvieron todos juntos.
Un vez más, la culpa la asaltaba.
- creo que aunque las cosas ya se encuentren estables… deberían hablar… Aang - el oji azul miro a su joven amigo de manera insistente, no siendo consciente de la conversación clandestina que tanto Zuko como Katara habían mantenido durante la madrugada con él - yo sé que hay dudas sobre todo… - el ambiente se había tornado bastante tenso, de forma silenciosa y muy discreta Iroh se retiro con la joven princesa a cuestas, mientras esta se quejaba de la repentina huida
Sokka dejo de lado la comida frente a él y coloco ambos brazos sobre la mesa del comedor, miro alternativamente a sus acompañantes, para ese momento ya no supo que más aportar a la situación, sabia que no debía meterse, pero no sabía que hacer, su hermana había engañado a su mejor amigo y eso le dejaba en una posición nada deseable
¿Cómo reaccionas ante esas circunstancias?
- ¿Cómo fue? - la voz de Aang se escuchó un poco tímida, durante ese corto periodo de tiempo medito lo que su amigo moreno le había dicho; efectivamente tenia dudas, quería saber como había comenzado a suceder todo entre ellos, quería saber en que momento ambos se dieron cuenta de sus sentimientos y quería sobre todo alegrarse por ellos, por su felicidad
Al escuchar la pregunta del joven monje Katara se mordió el labio inferior, aun después de la charla que mantuvieron seguía sintiéndose mal con Aang.
- me sorprendió - la dulce voz de la maestro agua fue la primera en escucharse, dejo los cubiertos sobre la mesa y miro fijamente al Avatar - no sabía que sucedía, aquella sensación de querer formar parte de la vida de Zuko fue tan abrumadora - Aang sonrió al escucharle decir tales sentimientos genuinos
- ¿fue mágico? -
- ¡Sí! - ambas voces, las de Zuko y Katara, afirmaron más que convencidos, Sokka pudo jurar que vio como sus ojos brillaron de emoción y pudo notar el salto que el Señor del Fuego dio en su lugar, la pareja se sonrojo al darse cuenta del tipo de reacción que tuvieron, mientras el resto de sus acompañantes rieron divertidos de verles actuar aun como un par de adolescentes
Después de todo, eran felices.
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- Toph - el joven de tatuajes caminaba sobre los jardines del palacio, miraba a todos lados y nombraba a su amiga para encontrarla, esta había salido toda la mañana y Aang tenia que admitir que extrañaba mucho a su compañera, disfrutaría pasar un rato con la peli negra a solas.
Se sonrojo ante su pensamiento.
- ¿Qué pasa pies ligeros? - el movimiento de la tierra frente a él lo tomo por sorpresa mostrando a su amiga.
- llevo buscándote un rato - la contemplo acostada sobre una muy cómoda piedra recargada en un gran árbol del jardín, sus cabellos caían de forma suave sobre el musgo del lugar, la chica aun llevaba la bata de seda color verde claro, sus brazos detrás de su nuca dejaban ver la suave piel de su clavícula, Aang pudo notar la delgada capa de suciedad en la planta de los pies de Toph; anteriormente cuando viajaban para detener a Ozai, el joven monje siempre se pregunto como se sentiría la piel de los pies de Toph, ¿como se sentiría ella si Aang en algún momento se propusiera lavarle los pies?
El tren de sus pensamientos le llevo a recordar las veces que su maestra le derrotaba sin ningún esfuerzo, sonrió alegre
- ¿quieres un enfrentamiento? - se colocó en posición de defensa ante la pequeña mujer, la joven Bei Fong sonrió ante su desafío levantándose para sacudir sus ropas en el proceso
- No llores como nena cuando te derrote - sin antelación y con un movimiento veloz lanzo un trozo de tierra salido del suelo, Aang con su agilidad de maestro aire lo esquivo fácilmente y camino a ella con tierra control, a cada paso la maestro tierra atacaba, mientras el Avatar se protegía y mandaba a volar cada trozo de tierra lanzado hacia su persona
Se giró sobre sí mismo e hizo que la tierra lo tragase, Toph tomo serenidad y se detuvo a escuchar y sentir las vibraciones de su amigo bajo tierra, escucho el cantar de las aves a la lejanía y la brisa del aire veraniego rozo su rostro con sutileza, inspiro y expiro, unos segundos después su rostro giro a su izquierda y corrió contra un árbol, dio una patada antes de llegar al mismo y Aang salió disparado del subterráneo, cayendo de culo viendo hacia el árbol.
- Buen intento pies ligeros - tomo el cuello de la camisa de Aang por la espalda y lo jalo para terminar de sacar su cuerpo de la tierra y así este le contemplara desde el suelo, el rostro de la chica estaba en dirección al monje a sus pies, el Avatar pudo ver las bellas piernas pálidas de su acompañante, rogó internamente que el disparar de su pulso pasara desapercibido para su maestra tierra - pero te enfrentas ante mi - la chica continuo hablando ajena a la hiperventilación de Aang a sus pies, ella se agacho hasta quedar sentada muy cerca de la cabeza del chico, este aun en su posiciones contemplo el rostro de Toph, sabía que ella tenía la piel más hermosa que cualquier otra chica del reino tierra, fuego o agua, miro ese par de grandes ojos verde opaco sin vida, siempre se preguntó qué tan difícil fue su infancia, y que tan divertida se convirtió con la tierra control.
Esbozo una enorme sonrisa, giro su cuerpo con una sutil y suave ráfaga de viento, haciendo que levitara unos segundos en el aire, se coloco de rodillas frente a la joven peli negra, estiro un poco el cuello para estar más cerca de la chica, para poder estar a escasos centímetros de su rostro
- Y eres la mejor Toph - alcanzo a rozar la punta de su nariz con la de ella y se levantó, corrió colina abajo sintiendo el palpitar desbocado de su corazón, giro un poco el torso para gritarle a su compañera que bastante sonrojada se había quedado en su posición - vamos… sígueme con Appa - Aang siguió corriendo en dirección a los establos donde le habían permitido dejar a su bisonte
La maestra tierra se sintió bastante confundida ante lo que había sucedido, aquel acto por su amigo le había hecho sentir una explosión en el estomago; había escuchado que cuando la gente sufre enamoramiento siente mariposas revolotear en sus entrañas, pero lo que ella había sentido era como una estampida de rinocerontes de Komodo, aturdida se levanto de su sitio y comenzó a correr en dirección a un sonriente Avatar
Le haría pagar después su osado acto
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Sokka caminaba des preocupadamente por los largos y silenciosos pasillos del palacio, silbaba una canción cualquiera y mantenía ambas manos detrás de su espalda, de forma inocente.
sus pasos se detuvieron cuando encontró la solitaria mesa de té del Señor del Fuego, este le miro fastidiado mientras dejaba su té sobre la pequeña mesa, Sokka, bastante sonriente y complacido con la reacción de Zuko tomo asiento a su lado
Zuko pensó, no es que el hermano de su esposa le desagradara, de hecho lo apreciaba mucho, es solo que era un poco, por no decir demasiado, imprudente, impulsivo y desconsiderado en varios aspectos
- dime chispitas - el Señor del Fuego pudo sentir una vena en su cien palpitar, aquel apodo, que al parecer se había hecho permanente, le molestaba en gran manera, miro al joven guerrero de soslado y dio un sorbo mas a su té, esperando que continuara, este coloco sus codos sobre sus rodillas y muy sonriente miro a su acompañante - ¿como estas? - la cuestión tomo por sorpresa al joven gobernante
Bajo lentamente su té con la duda en su rostro, Sokka resoplo molesto al percatarse que le había desconcertado, soltó un bufido de insatisfacción
- vamos Zuko, no pregunto para molestarte, ya sabes... - se rasco la nuca algo nervioso - con todo el asunto y los invitados sorpresa -
- ¿te refieres a ti? - el maestro fuego arqueo una ceja mientras le lanzaba una mirada divertido a su compañero, este le miro con reproche - Aang envió una solicitud de audiencia a diferencia tuya que te invitas solo -
- debo tener beneficios de que Katara sea tu esposa y yo su hermano - le guiño un ojo chocando su codo contra el brazo del Señor del Fuego
El motivo por el cual estaba Sokka con Zuko era porque el primero quería saber que rondaba por su mente, toda la situación quizá le estaba volviendo loco y no quería una nueva amenaza para el mundo, rió ante su pensamiento, si bien estaba formulado para una broma que este seguro no perdería la oportunidad para soltarla cuando pensara que era el momento adecuado, muy seguramente no lo diría en uno.
Se miraron en silencio una vez mas y Zuko soltó un suspiro de cansancio
- realmente todo esta bien Sokka - se paso una mano por su cabello suelto, al descender su mano acaricio la cicatriz de su rostro - se que Aang lo esta tomando bien, de hecho tuvimos una platica por la noche - el moreno abrió los ojos sorprendido pero dejo que el joven maestro fuego continuara - quiero recuperar el tiempo perdido con él -
Las ultimas palabras dichas por el Señor del Fuego conmovieron a Sokka, después de todo Zuko quería a su amigo monje
Con alegría renovada el oji azul se levanto y palmeo la espalda de Zuko
- lo se Señor Chispitas - el hijo de Ozai gruño molesto
- ¡no me llames así! - antes de siquiera escuchar su reclamo, Sokka huía a toda velocidad por el largo pasillo, un Zuko muy molesto miraba en su dirección, inhalo y exhalo para calmarse, un Señor del Fuego no debe perder la compostura
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- y el aterrador Señor del Fuego Ozai ataco con todo su fuego al Joven y débil Avatar -
- ¡oye! -
La joven maestro tierra narraba una historia a la princesa, la cual le miraba a ella y al Avatar con emoción e ilusión impresa en su rostro; la bella historia que Toph se había ofrecido a Iroh contarle a la heredera al trono se había transformado a una historia del fin de la guerra contada desde el punto de vista de la chica de cabellos negros
En repetidas ocasiones había aprovechado para insultar a su joven amigo monje, el cual solo se había limitado a mirarla sonriente, ya que el también estaba de oyente, y soltar uno que otro quejido que no iba en serio
Toph se encargaba de hacer todo los movimientos requeridos para darle vida a la historia, cosa que emociono de mas a la princesa, la cual aplaudía y mantenía sus pequeñas manos sosteniendo la otra frente a su pecho, anhelante.
- y ¿sabes tu pequeña llama de fuego, como venció a tu malvado abuelo pies ligeros aquí presente? - la infante negó efusivamente a la joven chica que le tocaba con cariño su pequeña nariz
- ¡Hey! que después no dejara de llamarme pies ligeros - Aang reclamo a su lado, contemplando todos y cada uno de los movimientos de la maestro tierra, sus delicadas manos se movían con gracia al contar la historia, y aquel gesto que tuvo con la pequeña le cautivo, esperaba que todas esas vibraciones que su pulso mandaba a cada parte de su cuerpo no los estuviera captando su compañera
- ese es el propósito... pi-es li-ge-ros - Toph giro el rostro a la dirección de Aang, el movimiento suave de los labios de la chica al pronunciar cada silaba de su apodo fuerte y claro hipnotizo al joven Avatar, este pudo sentir como su rostro era rodeado de una onda de calor que abarcaba hasta sus orejas - ¿te avergüenza acaso? - las cejas de la chica se movieron demostrando su diversión ante su reacción
- mierda -
Pensó el joven monje palmeándose la mejilla izquierda, estaba mas que convencido que a su querida compañera no se le pasaba nada desapercibido, eso incluía sus pulsaciones
Agacho la cabeza rendido, no por el tema de conversación, sino por el hecho de que nunca le podría ocultar nada a Toph.
- ¿que es lo que están haciendo? - la voz de Katara se escucho a sus espaldas, la pequeña Izumi se giro sonriente a su madre
Los tres se encontraban en el jardín de juegos de la pequeña, sentados en el suave pasto pasando el rato
- ¡mami! ¡la señorita Tejón me contaba como derrotaron al malvado abuelo! - la heredera al trono se levanto con suavidad comunicándole a su joven madre los hechos que ahí estaban ocurriendo
- ¿Señorita Tejón? - Katara tomo entre sus manos a la infante, con una ceja arqueada miro a la joven maestro tierra, con un tono divertido en su voz
Toph por su parte soltó un bufido ante la pregunta de la esposa del Señor del Fuego, se cruzo de brazos molesta por la interrupción, cada acto no paso desapercibido por los otros dos adultos que estaban con ella en el lugar
En aquel momento Katara se dio cuenta que las cosas con la maestro tierra no estaban nada bien, necesitaba hablar del asunto con ella, con tranquilidad se despidió de ambos chicos con la excusa de que tendría de preparar a Izumi para la cena
En cuanto ambos se encontraron solos Toph pateo la tierra y se dejo caer al pasto con un gruñido de frustración, estaba cansada de estar en aquel palacio tan cerca de la pareja real fingiendo ser perfectos; bufo
Soltó un suspiro de resignación y giro el rostro al cuerpo de Aang, el cual había tomado la misma posición que el de la chica a su lado izquierdo, miro el cielo azul sobre de ellos, con las pocas nubes siendo arrastradas por el viento
- ¿que esta mal? - Aang soltó la interrogante con las manos sobre su estomago
Cada que creía que las cosas estaban mejorando vivía un momento incomodo, no sabia como quitar la tensión del grupo, creyó que si simplemente aceptaba lo que había ocurrido, así como también sus sentimientos, todo estaría bien; también pensó que si hacia las pases con sus amigos todo iría mejor
Pero las cosas habían cambiado muy poco y aun sentía aquella tensión que lo sumía en una enorme tristeza
- ¿a que te refieres? - Toph giro el torso hasta recargar la mano izquierda entre ambos cuerpos, el Avatar continuo en su posición
- me refiero a que quería que las cosas mejoraran - Aang alzo los brazos al cielo con un poco de frustración, haciendo énfasis en su hablar - creí que si venia y hablábamos todo volvería a estar bien - largo un suspiro y giro el rostro encontrándose con el de Toph muy cerca de él, se sintió sonrojar y para distraerse continuo hablando - no me refiero a que quiera que las cosas vuelvan a ser como antes... - inevitablemente la mirada del joven monje escaneaba el bello rostro de Toph, pudo sentir su suave respirar chocar contra su mejilla - solo quiero estar bien con todos y que todos estén bien entre si - el silencio los comenzó a envolver, Toph comenzó a cerrar los ojos casi como si tuviera sueño
El Avatar no podía dejar de mirar los labios rosados entre abiertos de su compañera, soltando suaves soplos de aire cálido, sin darse cuenta, las ganas de dejarse guiar al mundo de los sueños comenzaron a apoderarse de él; ambos frente a frente recargados en un costado de si mismos, Aang mirando hacia la izquierda y Toph con el cuerpo hacia la derecha, la escena vista por un tercero parecería que se están contando un secreto
- esta bien pies ligeros, lo has conseguido - la voz de Toph lo devolvió a la realidad, dejándolo un poco desconcertado, se percato de que había cerrado los ojos para dejarse llevar a lo onírico
Al abrir sus ojos grises se encontró con su acompañante sentada junto a él, levanto la mirada hasta encontrar su rostro mirando al frente, el viento del atardecer comenzaba a correr por el jardín y los cabellos azabaches de Toph se movían con suavidad hasta hacer que rosaran las manos tatuadas del monje, las cuales estaban aun sobre el pasto
- ¿que es lo que he conseguido? - imitando a la maestro tierra Aang se sentó sobre el pasto verde debajo de ellos, miro curioso a la chica y esta se cruzo de brazos girando el rostro a la dirección contraria de donde su amigo se encontraba
- hablare con princesa chispitas - al decir las dos ultimas palabras de su oración la chica hizo ademanes de burla y un claro todo infantil, delataba sus escasas ganas de mantener la charla que en ese momento se había auto impuesto dejar de posponer y evitar
El joven monje comprendió lo que su amiga le estaba declarando, feliz e impulsivo, como pocas veces era él, se abalanzo sobre ella envolviéndola en un fuerte abrazo, la chica soltó un grito cortado al sentirse aprisionada en los brazos del Avatar
- eres la mejor Toph - recargando su barbilla sobre su pequeño hombro, Aang aspiro el embriagante aroma a menta de la maestro tierra, pudo sentir como se removía entre sus brazos y un asentimiento hizo que los cabellos de la chica acariciaran su recién rasurada cabeza
- me alegra saber que no lo olvidas, pies ligeros -
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¡Continué!
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Notas del autor:
He aquí la continuación, esperaba subirlo antes del fin de semana pasado pero una y otra cosa me hizo posponerlo
Espero estén disfrutando la trama de drama xD
saludines~
Sin más decir
Se despide Alexiel Izumi•
