Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.

― Bertolt Brecht

Capítulo 4: Tiene derecho a que no le maten (1978)

Sirius parpadeó sorprendido, a unos pasos de la puerta de su apartamento. Frente a él estaba James Potter, el que se suponía su mejor amigo del colegio. Estaba pálido, ojeroso, parecía que no había dormido en su casa y tenía la sonrisa más radiante que Sirius le había visto en años.

Oh, bueno, tampoco era como que lo hubiera visto mucho en los últimos años.

― ¿Qué haces tú aquí?― preguntó con resentimiento, llaves en una mano y la bolsa de la compra en la otra.

― He venido a hablar contigo― respondió James ensanchando su sonrisa―. Tengo algo que contarte, algo importante.

Sirius arqueó una ceja y le apartó con un gesto brusco. Fuese lo que fuese no le importó. Desde que había pasado lo de Snape, James llevaba haciendo esos intentos de aproximación, pero a Sirius no le interesaban una mierda.

Al principio había sido fácil evitarlo: él había sido expulsado y James se había quedado en el colegio. Durante el verano se había vuelto especialmente difícil el ignorarlo y, ahora que había terminado el colegio, Sirius suponía que se iba a convertir en un verdadero infierno.

― Canuto, escucha, sé que estás molesto conmigo― James se giró hacia él, poniendo una expresión más seria―. Joder, sé que lo jodí, ¿vale? Pero esto es importante. Importante de verdad.

Sirius abrió la puerta de su casa (heredada de su tío Alphard) y tiró la bolsa a un lado, sin preocuparse lo más mínimo.

― ¿Y bien?

― Sirius, para mí también es difícil, ¿vale?― gruñó James cruzándose de brazos―. Matamos a un inocente…

Sirius entrecerró los ojos peligrosamente: ― No, James, no. Yo lo maté, tú eres un héroe. ¿No te acuerdas?

― Sirius…

― Si eso es todo te puedes marchar ya. No me interesa.

― Joder, no. No es eso…― James bajó la cabeza y tomó aire muy lentamente, antes de comenzar a hablar―: Estoy metido en algo, en algo gordo.

La expresión de Sirius se suavizó inmediatamente y una oleada de compasión le cruzó el pecho. James tenía problemas y había acudido a él para que lo ayude. Podía ser que estuviera muy cabreado con James, pero no dejaba de ser su hermano. Y, como tal, haría lo que hiciera falta por él.

― Me han invitado a luchar en una organización contra Voldemort― Sirius parpadeó, algo descolocado. No esperaba esa salida― y yo… Yo no podía aceptarla si tú no estabas en ella.

― ¿Qué?― preguntó lentamente Sirius, para asegurarse que había oído bien.

― Dumbledore lidera una organización para enfrentarnos a Voldemort― respondió James―. ¿Qué me dices, hermano?

Todo el odio que quedaba dentro de Sirius se disolvió rápidamente. Suspiró y sonrió un poco.

― Por Merlín, ¡sí!― exclamó mientras lo atrapa entre sus brazos.

Quizá, y solo quizá, Sirius no estaba enfadado con James porque él se había llevado toda la culpa. Quizá, y solo quizá, es que se sentía un poco abandonado, fuera del grupo. Sobre todo al principio: Remus en prisión, James y Peter en el colegio y él en el viejo apartamento de su tío Alphard.

Joder, se sentía tan bien el volver a estar dentro de algo.

~X~

Ninguno de los dos hablaba. La habitación estaba en el más absoluto silencio, sólo rota por los recovecos de la discusión que estaban teniendo Lily y el profesor Dumbledore. Peter no podía apartar la mirada de las manos de Remus, que temblaban en su regazo. La verdad era que no entendía a qué estaba jugando su antiguo director. ¿Juntar a Lily y a Remus? ¿Después de lo que había pasado con Snape? ¡De locos!

Cuando había llegado al cuartel general de la Orden del Fénix, una casita pequeña cerca de las costas escocesas, Peter se había sentido especialmente orgulloso. No sólo había sido el primero en llegar, sino que, aparte de Remus, era el único que estaba allí.

Se había sentido especialmente orgulloso de sí mismo. Nunca había destacado en el colegio y, de pronto, había tenido la impresión de que era él el que resplandecía. Allí no habían estado James y Sirius, había estado él. Él y Remus. Pero, entonces, como si hubiese sido una mala broma del destino, la puerta del salón se había abierto y había entrado Lily Evans.

Peter había tardado en darse cuenta de que era ella. Estaba mucho más pálida que en sus días de colegio y mucho más delgada. Casi le había parecido una sombra de sí misma, vestida con una túnica oscura. Pero su cabello rojizo y sus grandes ojos verdes eran inconfundibles.

Nada más entrar había posado sus ojos en Remus y su rostro había cambiado . Y todo había comenzado. Los gritos, las acusaciones. El profesor Dumbledore se la había llevado a otra sala para continuar con su pequeña... "charla".

¿Cómo había podido ser tan insensible? Era que… ¿era que acaso no se había dado cuenta de lo mucho que le afectaba a Remus? ¿Que no había sido a propósito? ¿Que él nunca lo hubiese hecho?

Las puertas del salón volvieron a abrirse y Peter tuvo que contener la respiración. De pronto, se dio cuenta, no era especial en absoluto. Tras una Minerva McGonagall con expresión algo contrariada entraron James Potter y Sirius Black.

~X~

Minerva McGonagall abrió la puerta ligeramente, sacó su naricilla por la rendija y preguntó con voz queda.

― ¿Por qué no mueres?

Sirius a su espalda bufó incrédulo. James se acercó un poco a la puerta y susurró: ― Los ideales son a prueba de Avadas.

McGonagall desapareció tras la puerta unos segundos y entonces la abrió.

― James Potter, ya pensaba que habías olvidado nuest… Señor Black― se quedó allí, quieta, con sus ojos oscuros clavados en Sirius―. ¿Qué hace él aquí?

Sirius hizo una mueca, como si aquellas palabras le hubieran dolido especialmente.

― Dijo que íbamos a luchar contra Voldemort― la mujer se tensó levemente y asintió. Cuantos más seamos mejor.

Parecía que iba a replicar, pero al final asintió y les dejó paso: ― Sea como sea no es lugar para discutirlo, pasad.

James sonrió un poco a Sirius, para conferirle ánimos, antes de entrar en la casucha. Estaba vieja, con el papel de las paredes carcomido y despegado, y viejas fotos, ennegrecidas por el moho tiempo atrás, colgadas de sus paredes. El ruido de las pisadas resonaba por toda la casa, produciéndole escalofríos.

Y entonces… Entonces la oyó. Una voz clara, fuerte, dolida, furiosa. Una voz que le había vuelto loco durante sus años de Hogwarts. Lily Evans.

― ¡Es un asesino!― dijo su voz, amortiguada por las finas paredes de la casa. Una pausa, un golpe producido por unos objetos al caer―. ¡Le mató, le asesinó! ¡No estoy dispuesta a…! ¡No!

Más silencio.

McGonagall se paró frente a una gran puerta y la abrió con determinación. Dentro había un salón pequeño con varias butacas tapizadas de color rojizo. Y, para su sorpresa, sobre ellas estaban Remus Lupin y Peter Pettegrew.

― Albus vendrá en unos minutos― murmuró la profesora, saliendo de la sala y cerrando las puertas tras de ella.

James clavó sus ojos en Remus. Parecía mayor, mucho más de lo que era en realidad. No se había esperado encontrárselo allí, tampoco a Peter, pero esa era una sorpresa menor. Le había visto la semana pasada.

A Remus, en cambio, hacía tres años que no le veía.

Tenía un nudo en la garganta y todo su cuerpo le pidió que fuera y le diera un abrazo. Uno bien fuerte, para que no pueda volver a desaparecer. Pero la expresión de Remus le detuvo mucho antes de que decida comenzar a moverse.

Todo esto había sido su culpa. Si Remus les odiaba no tenían más que lo que se habían ganado a pulso.

― Remus― susurró Sirius detrás de él con un hilillo de voz. Remus abrió la boca y la cerró. El labio inferior le temblaba levemente, de manera descontrolada. Tragó saliva, bajó la mirada y se levantó de su butaca―. Remus.

― Yo…― comienzó a decir pasándose una mano por el pelo―. Lo sé.

Sonrió, solo un poco. Parecía tentativo y dolido, pero lleno de esperanzas. James suspiró y se acercó. Primero un paso, dubitativo. Luego otro, más seguro. Y un tercero necesario. Estaban apenas a un palmo de distancia y las palabras se negaban a salir.

No había palabras con las que se puedan disculpar de lo sucedido. Jamás. Y Remus ya lo había dicho todo. Cerró los ojos y al abrirlos se encontró con su mirada castaña.

― Te he echado de menos, Lunático― masculló.

― Ya― respondió escuetamente Remus, echándose hacia atrás―, ¿a vosotros también os ha invitado Dumbledore?

― En realidad… Fue McGonagall… Hola Peter― Peter asientió brevemente con la cabeza, desde su asiento―. Esto va a ser genial… Los cuatro juntos, otra vez. Como en los viejos tiempos, ¿eh?

― Es tan genial que tengo ganas de vomitar― una voz femenina habló tras ellos, haciendo que todos se giraran― . Cuando Dumbledore me contó las pegas de venir se le olvidó decirme que iba a tratar con una panda de asesinos.

James abrió la boca, sorprendido. Notó como Remus daba un paso atrás y Sirius empequeñecía un poco desde su sitio.

― No hay trato― continuó Lily, volteándose ligeramente hacia Dumbledore―. Me largo a casa.

― Lily― dijo el anciano suspirando un poco.

― Esto no trata de ti, Evans― intervino James, interrumpiendo a Dumbledore.

― ¿Qué?― Lily se paró, muy quieta, con sus ojos verdes bien abiertos―. ¿Cómo que no trata sobre mí? No, esto se trata de vosotros. De vosotros y de Severus, al que asesinásteis por diversión. Claro que no trata sobre mí.

James tragó saliva, nervioso, dolido, enfermizo.

― Tampoco se trata de Snape, Evans. Se trata… Se trata de que vamos a hacer lo correcto. Se trata de Voldemort― un pequeño escalofrío recorrió la sala―, los mortífagos y los inocentes que necesitan ser salvados.

― Nada va a cambiar lo que hicisteis― susurró Lily, abrazándose a sí misma.

― Lo sé― masculló James bajando la mirada, avergonzado.

~X~

Alice Barker, o más bien Longbottom porque acababa de casarse, levantó su varita y susurró: ― ¡Expecto Patronum!

De la punta de su varita salió un suave resplandor blanquecino que fue tomando forma poco a poco. Era una oca, de cuello alargado y alas pesadas.

― Bien― dijo Alice, sonriendo con su cara regordeta―. Como ya os he dicho, los patronus son muy útiles. En primer lugar nos permiten saber a ciencia cierta si sois vosotros o un impostor, puesto que no existen dos patronus iguales. Y, en segundo lugar, nos permiten enviarnos mensajes entre nosotros que no pueden ser interceptados… Pero, claro, para aprender a mandar los mensajes primero es necesario que dominéis el conjuro.

Alice rió suavemente mientras su patronus sobrevolaba la sala. Alice era una antigua Gryffindor que había asistido al colegio varios años por encima de ellos, una auror muy capaz y la encargada de entrenarles junto con su marido, Frank.

― Bien, recordar. Pensar en un momento muy feliz y agitar así la varita, con efecto de muñeca al final. Vamos.

Lily, situada en la esquina más alejada de la sala, levantó su varita y la agita: ― ¡Expecto Patronum!

― Un recuerdo feliz, Lily― canturreó Alice―. El movimiento es adecuado, pero tienes que proyectar tu recuerdo feliz, ¿está bien?

Lily la fulminó ligeramente con la mirada. Un recuerdo alegre, sí. Tenía cientos de ellos. No era como si su infancia hubiese sido desgraciada. Además, tenía los recuerdos de Severus. Severus… Lily entrecerró los ojos y suspiró. Tenían trece años y estaban estudiando juntos cerca del lago. Bueno, Severus la miraba y ella fingía no darse cuenta. Casi podía sentir los rayos de sol sobre su piel y el olor a hierba fresca.

― ¡Expecto Patronum! ¡Expecto Patronum! ¡Expecto Patronum! ¡Expecto Patronum!― nada, nada, nada y nada. Lily levantó la vista, furiosa, y se encuentró con la expresión condescendiente de Alice.

― No te preocupes, es un encantamiento realmente complejo. Sigue intentándolo.

Alice apretó amablemente su hombro y se fue hacia el grupo de los chicos. Lily los miró con odio. Potter ya había hecho aparecer una nube espesa y Black estaba por el mismo camino.

Al cabo de una hora y media todos habían conseguido progresos, excepto ella. Ni siquiera una triste voluta de humo. Hasta Pettegrew había conseguido que su patronus tuviera forma corpórea, una pequeña rata que saltaba alegremente por toda la habitación.

― Mañana vendrá Frank a entrenaros― dijo Alice mientras coge su capa―. Dice que vendrá un poco tarde, así que no seáis demasiado puntuales.

Y sonrió antes de salir del salón.

― Venga, Lunático, inténtalo otra vez― dijo Sirius desde el otro lado de la sala―, no es tan difícil.

― Déjalo ya, Canuto― replicó Remus mientras sale de la sala―. No tendrá forma por mucho que lo intente… Yo no… No tengo ningún recuerdo suficientemente poderoso, ¿vale?

Lily bajó la vista y la clavó en sus manos― pálidas y pequeñas―, ¿era eso lo que le pasaba? ¿No tenía ningún recuerdo lo suficientemente bueno? ¿El recuerdo de Severus no era... no era suficiente para lanzar un patronus?

Suspiró con pesadez.

― ¿Evans?

Lily levantó bruscamente la mirada y se encontró con Potter frente a ella. Dio un paso atrás, instintivamente, y levantó su varita. Se habían quedado a solas en el salón.

― Tranquila, no voy a hacerte nada― James se alejó un poco, con las manos en alto, como muestra de buena voluntad y visiblemente incómodo―. ¿Estás bien?

― Déjame en paz, Potter.

― Que no te salga el hechizo no quiere decir nada― James sonrió un poco―. A Remus tampoco le sale o, por lo menos, no del todo. Es un hechizo complicado…

― No necesito tu lástima, Potter.

― No te estoy ofreciendo mi lástima, si no mi ayuda. ¿La quieres o no?

Lily parpadeó. ¿Quería su ayuda? La respuesta clara, rápida y obvia era no, ella no quería nada de James Potter. Pero era la única a la que no le salía, por Merlín.

― Veamos tu método infalible.

James sonrió un poco.

― No, no es infalible. Piensa en él más como… Como una ayuda. Veamos, hazlo.

Lily cerró los ojos y se concentró en Severus, levantó su varita y exclamó: ― ¡Expecto Patronum!

Abrió un ojo esperando encontrar algún resultado y solo pudo bufar: ― No quiere salir.

James arrugó el ceño y suspiró.

― No es como si fuera un experto en el encantamiento Patronus, pero estoy bastante seguro que el fallo está en el recuerdo, ¿quie… quieres contármelo?― señaló con la cabeza las butacas.

― No.

No, no iba a hablar de Severus delante de James por nada del mundo. Él se lo había arrebatado para siempre. Se merecía todo su desprecio y su odio.

Y más.

― Vamos Evans, solo estoy tratando de ayudar, ¿en qué piensas?

Lily atravesó el salón con pasos cortos y se dejó caer en una butaca cercana: ― En Severus― susurró sin mirarle.

― Entiendo y… ¿estás segura que ese es un recuerdo lo suficientemente feliz?

Lily giró bruscamente la cabeza: ― ¿Qué estás insinuando, Potter?

― Yo…― James bajó la mirada, como si dudara―. Mira, a lo mejor tú crees que es un recuerdo feliz, y no dudo que lo sea, pero… quizá no es el más feliz.

Lily se abrazó a sí misma y hundió su cabeza entre sus rodilla.

― No se me ocurre otro mejor― confesó con un hilillo de voz.

~X~

Remus se agachó tras un coche rojo y suspira. El corazón le latía rápidamente y tenía el miedo instaurado en el fondo de su estómago. Había habido un ataque y Frank había decidido que estaban lo suficientemente listos como para salir y ayudarles.

O que estaban lo suficientemente desesperados como para necesitarlos.

Por encima de su cabeza sobrevolaban distintas maldiciones, que impactaban contra la pared de enfrente, dejando una sombra negra. Por Merlín, estaban en medio de Londres muggle, ¿habían tenido que atacar allí, precisamente?

Remus se incorporó un poco y agitó su varita: ― ¡Expelliarmus!

― Como solo uses esos hechizos, Lupin, estamos perdidos― jadeó Lily a su lado. Vestía un abrigo largo, prácticamente hasta los pies, y un gorro forrado de piel.

La relación entre ambos no era buena, aunque quizá sí se podría decir que no era horrorosa. Se trataban con una fría cordialidad fruto de las horas de trabajo y de convivencia.

― ¿Y qué sugieres?― jadeó Remus, mientras lanzaba un Desmaius.

Lily arqueó una ceja y esbozo una sonrisa picaruela: ― Mira y aprende… ¡Crucio!

Remus abrió los ojos de golpe, incrédulo. Lily tenía su varita en alto y unos gritos inhumanos rompieron el ritmo de la batalla. Ella estaba allí, de pie, hermosa. Terrorífica.

― ¡Lily!― jadeó tirando de ella hasta agacharla.

― ¿Qué demonios te pasa, Lupin!― se deshizo de su agarre y le fulminó con la mirada―. ¡No se lo esperaban!

― ¡Estabas usando una imperdonable!― susurró con un deje de pánico.

― No seas infantil, Lupin. Estamos en la liga para niños mayores. Si no te atreves, no juegues.

― Tú… tú no eras así― farfulló Remus

Lily clavó sus ojos verdes en él y sonrió tristemente: ― Soy más fuerte que antes― explicó sin mucha convicción.

Remus sintió como un escalofrío recorría su espalda. Ella no era así, ella no era… Despreciaba las artes oscuras, se acordaba de eso. Recordaba haberla visto peleándose con Snape por culpa de ese tema.

Algo, dentro de él, le decía que ese cambio había sido culpa suya. La dulce y buena Lily había desaparecido… para siempre.

~X~

Continuará.