Disclaimer:
Las obras de Harry Potter ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling. Sólo es de mi autoría la trama de esta historia y no autorizo su publicación, entera o parcial, en ningún otro sitio.
Capítulo 4.
—Fue agradable.
Draco bailaba con Luna para cumplir su rol de prometido en la fiesta al abrir el baile.
"Fue agradable". Las palabras que alcanzó a oír como si fueran un suave suspiro, casi inaudibles, daban vueltas en su cabeza. «¿Agradable? Él besaba mejor que agradable. Bah qué le preocupaba si es evidente que la loca tiene el gusto atrofiado, basta con ver su ropa o sus amistades, porque para ser amiga de la comadreja y la rata de biblioteca hay que tener mal gusto, tan mal gusto como el del cabeza partida.»
Y hablando de San Potter ahí se aproximaba hacia ellos «¿con qué necesidad?» pensó Draco. Lo saludó con un asentimiento de cabeza que fue correspondido de igual manera por Harry.
—¿Me permites esta pieza con Luna?
—Por supuesto, Potter —contestó arrastrando suavemente las palabras y remarcando el apellido de Harry—.
Si por él hubiera sido se hubiera negado a prestarle a Luna para bailar, sólo para llevarle la contra, pero eso sería de mala educación y los Malfoy's son por sobre todo educados. Habían llegado a un entendimiento silencioso y pacifico con Harry, pero no era fácil para ninguno perder la costumbre: pelearse era parte de su rutina y entretenimiento y ninguno de los quería abandonarla del todo.
—Luna ¿sabes lo que estás haciendo? —preguntó Harry en tono preocupado—.
—Claro que si Harry, estoy bailando contigo.
—No me refiero a eso —a veces no sabía si Luna realmente no comprendía a dónde quería llegar o le tomaba el pelo, pero sospechó que la segunda opción era la apropiada ahora, así que bajo su mirada verde y la clavó intensamente en la azul de ella—.
—Oh ya veo, te refieres a Draco. Les expliqué lo que sucedía en la carta que le envié a Ginny con sus invitaciones, ya sabes porque hago lo que hago y no me enorgullece, pero es necesario.
—Debe haber otra forma de solucionarlo, yo podría ayudarte, prestarte dinero quizás.
—No Harry, te lo agradezco. Mi padre y los Malfoy's lo intentaron todo, pero el contrato no puede romperse. Ambas familias lo perderíamos todo y ellos además podrían ir a Azkaban.
—Lo entiendo, pero yo sólo quiero que seas feliz —comentó Harry deteniendo su baile en una esquina y revolviéndose el cabello con frustración—.
—Lo sé Harry, eres mi mejor amigo y nunca nadie me ha entendido como tú. Quizás todo pueda solucionarse luego…
—Debes prometerme que si él te lastima de cualquier modo o pasase cualquier cosa y necesitaras ayuda o estuvieras en peligro, o simplemente quisieras ver a tu preocupado amigo, acudirás a mí, me enviaras un patronus o me llamaras de alguna manera, o en el peor de los casos usarás el galeón, y yo vendré. Promételo Luna.
—Lo prometo Harry, eres un gran amigo, recuérdame arte el repelente par duendecillos que te prometí. Por alguna razón no les agradas y no quisiera que te molestaran con sus travesuras.
—Claro Luna —dijo riendo y besando la coronilla de su inocente amiga— sabes Hermione pasó noches enteras sin dormir desde tu carta buscando una solución, Ginny ha estado eufórica y emocionada por momentos y furiosa por otros, y Ron… bueno Ron cree que puede solucionar tu problema dejándote viuda antes del matrimonio o convirtiendo a Malfoy en hurón, se la ha pasado diciendo: "Es simple, matemos al Huron y ya, o mejor aún, convirtámoslo para siempre."
Luna y Harry no pudieron evitar reír ante las ocurrencias de Ron, mientras se encaminaban a charlar en la mesa donde el resto de sus amigos se encontraban. Unos ojos grises los observaban con una mirada calculadora y una mueca de asco en la cara. Draco estaba en una mesa con su padre y su padrino observando la fiesta por un rato.
—Quita esa expresión Draco, que ellos estén aquí es algo bueno, el mundo mágico los adora. Tu prometida nos está devolviendo la credibilidad y el respeto que hemos perdido aun sin saberlo. Además no puedes quejarte, es sangre pura y arreglada es una niña bastante bonita.
Severus que escuchaba atentamente lo que Lucius decía sonrió malicioso y sin disimulo alguno a su sobrino, que por toda respuesta rodó sus ojos.
Cuando la fiesta terminó Narcisa le pidió a Draco que le enseñara la casa a Luna, así que el joven rubio se dispuso a hacerlo de muy mala gana.
—Sígueme, ya conoces la sala, las dos puertas que ves son el despacho de mi padre y el del al lado será el mío. —entraron a otra estancia mientras Draco hablaba— Este es el comedor y esta es la cocina. La elfina será tu ayudante personal, su nombre es Ary y bastará con que digas su nombre para que acuda a tí.
En la cocina se encontraban algunos elfos trabajando o comiendo, que apenas vieron a Draco hicieron una exagerada reverencia hasta chocar el piso con su nariz. Una sonriente Luna los saludó devolviéndoles una reverencia.
—Buenas tardes señores y señorita.
Los elfos escandalizados se miraron sin saber que decir y Draco frunció el ceño y la reprendió
—No seas extremadamente amable con ellos, no son señores, son quienes sirven en la casa.
—¿Por qué no ser amable? Que trabajen aquí no significa que no necesiten respeto o cariño, los elfos son criaturas muy agradables. Yo conocí a uno muy valiente, era amigo de Harry también… —Luna iba a continuar con su relato pero un exasperado Draco la detuvo—.
—Ya, diles como quieras, has lo que quieras, no me interesan tus historias con el cara rajada así que deja de parlotear de una vez y sígueme para ver el resto de la casa.
Por alguna razón el hecho de que nombrara a Harry Potter lo enojó, estaba harto de escuchar ese nombre. San Potter, siempre tan perfecto y bueno, incluso a ojos de una loca como Lovegood era perfecto. Claro si no sólo había salvado al mundo mágico en general, sino que también había ido en persona a rescatar a la que ahora sería su futura esposa. De acuerdo, estaba feliz de que la víbora de Voldemort ya no existiese y de que Potter haya ganado, es más, ya no tenía ningún problema con él y a veces sólo peleaban para conservar la costumbre, pero el hecho de escucharlo nombrar permanentemente era irritante y le hacía recordar lo equivocado que había estado y los horrores que vivió durante la guerra.
Siguieron su recorrido por el baño de abajo, los cuartos de huéspedes y la habitación de los elfos, y llegaron a los jardines, donde Luna se maravilló con las rosas de todos colores de Narcisa, los pavos reales de Lucius y la inmensidad del terreno que abarcaba un invernadero, un pequeño bosque y un lago.
—Es un lugar muy precioso, seguramente debe haber muchos duendecillos por aquí.
—Oh sí, no sabes cuántos —contestó Draco irónicamente— de seguro ni tenías jardín y por eso te impresionas tanto.
—No estoy impresionada, creo que es precioso. Mi casa tenía un jardín, pero jamás se nos ocurriría exponer en él pavos, había ciruelas dirigibles cerca del pórtico y pimplys de agua dulce en la laguna. ¿Cuántos son?
—¿Qué cosa?
—Los duendecillos, dijiste que no sé cuántos hay, ¿Cuántos entonces?
—Ah eso —Draco rodó los ojos y reprimió una sonrisa burlona— unos trescientos, todo un ejército.
—Guau, y ¿los has visto?
—Claro, pero para poder verlos debes ensuciarte en el barro primero, les gusta el barro —mintió sólo para burlarse de ella—.
—Entiendo, creo que puedo hacerlo.
Aguantando la risa Draco la condujo de nuevo a la casa, no era conveniente que la loca se ensuciara, aunque hubiera disfrutado la imagen, y su madre se enterase que él era el culpable. Mejor burlarse a la distancia.
—Sigamos por la planta alta —ordenó el joven—.
Subieron por las escaleras que conducían a la planta alta. Al pie de las escaleras se mostraba un gran ventanal con vista al bosque y al lago, al pie del ventanal un bello sillón permitía acomodarse para disfrutar del paisaje. Allí se bifurcaban dos corredores amplios que conducían a las habitaciones.
—El ala derecha es de mis padres, su alcoba se encuentra allí. El área donde se unen ambas alas es donde se encuentra la biblioteca
Cuando entraron al recinto Luna no pudo evitar abrir la boca, la biblioteca era más impresionante que la de Hogwarts por su belleza. Los estantes cubiertos de libros llegaban hasta el techo, la estancia decorada en tono beige crema se hacía muy acogedora y confortable, el lugar contaba con sillones mullidos para la lectura, algunos de ellos cerca de la chimenea, y dos mesas de caoba donde se podría estudiar con tranquilidad. Salieron de la biblioteca y se encaminaron por el corredor izquierdo de la planta alta, en él se veían algunas pinturas muy bonitas y un espejo colgado en la pared, estaba adornado también con pequeñas butacas y una mesita redonda estilo Luis XI.
—La puerta que se ve sola es el baño, aunque cada habitación posee uno propio —Draco mencionaba esos detalles orgulloso de la grandeza de su mansión— Tu habitación es la primer puerta y la contigua es la mía, así que espero que no te atrevas a meterte en mi cuarto.
—¿Por qué querría entrar a tu habitación si tendré la mía? —preguntó Luna confundida—.
—Porque soy irresistible quizás.
—¡Oh! —Luna sonrió con el brillo de la comprensión en sus ojos— Realmente eres muy apuesto —Draco no pudo evitar sonreír de lado satisfecho, aunque su expresión no duró mucho— pero tampoco eres el único chico lindo del mundo como para ser irresistible, a menos que tengas sangre veela, pero no lo creo porque no me siento impulsada hacía tí irracionalmente, ni hechizada. —luego de un corto silencio, en el que Draco intentaba procesar lo que había escuchado, sin saber si reírse o enojarse, la voz de Luna llego nuevamente a él—.
—Hay otros chicos lindos en Hogwarts.
Eso fue demasiado, además ninguno se comparaba con él, ni en belleza, elegancia o riqueza.
—¿Cómo quién? ¿Potter, la Comadreja pobetona o Longbotton?
—Harry es lindo y es buen amigo, Ron también lo es sólo que es un poco bruto y Neville tiene una belleza que no es de la que tú hablas porque no necesita ser apuesto, él es muy agradable y noble. Pero si hablas de lo físico, Hermione me ha mostrado unos catálogos de moda muggle en el que también se ven modelos masculinos de prendas, y son bastante apuestos y elegantes como los Slytherin.
—Potter usa esas horribles gafas y tiene un feo corte en la frente, la comadreja es simplemente impresentable y Longbotton es un desastre. Y yo perfectamente podría dejar atrás a cualquiera de esos... modelos. —siseó arrogante—.
—Tal vez seas un poco vanidoso, pero es bueno que tu autoestima sea alta. Papá siempre dice que es muy importante saber valorarse y quererse. Aun así, sé que no te intereso en lo absoluto, así que aunque fueses irresistible de nada serviría. Estoy algo cansada, hasta luego Draco Malfoy.
Luna se despidió con una enorme sonrisa, se metió a su habitación y se dispuso a dormir un poco, pero Draco quedo estático en el mismo lugar sin dar crédito a todo lo que había oído, claro que él era guapísimo y que jamás miraría la lunática ni aunque ésta le rogara. Pero «¿De qué catálogos hablaba?» Ya lo averiguaría. Esa rata de biblioteca de Granger definitivamente era una mala influencia.
