Maniquíes

Personaje: Sweetie Belle

No es fácil ir a dormir a la casa de Rarity, ¿saben? Al principio, bueno, hay algunas cosas que dejo pasar, porque Rarity es así y nada la va a hacer cambiar. Sin embargo, esta noche descubrí que hay algo peor que los delirios de mi hermana.

Mis padres se fueron a un viaje de negocios, y yo desde que oí la palabra "viaje", ya supe lo que me esperaría. "Bien, me dije, tengo que hacer lo posible para convivir." Por lo demás, pasamos una tarde bonita, como nunca. Yo le ayudaba en la confección de sus vestidos, tomamos leche con galletas que ella compró en Sugar Cube Corner, y estaban deliciosas. No hay mucho más para añadir al resumen de los hechos de la tarde, sólo que era una de las dos caras de la moneda, y de las dos, la mejor, pues pasé un mal trago aquella noche.

Cenamos con Rarity unos sándwiches de avena y no sé qué más, sé que eran orgánicos pero estaban deliciosos. Nos acostamos un poco más tarde de lo normal, porque yo le pedí que me leyera un cuento, y acabamos las dos jugando a la guerra de almohadas en mi cama y armando un gran revuelo. Se molestó un poco por eso, pero no evitó que me diera un beso de las buenas noches con una cálida sonrisa. A veces Rarity me sorprende, estaba de muy buen humor hoy… recuerdo que me comentó que la había visitado un amigo muy especial el día anterior, y aunque yo no le presté mucha atención, noté que debía ser un amigo muy especial… En fin, con el miedo que pasé por culpa de sus maniquíes, la verdad es que un amante de Rarity es lo que menos me importa.

Lo confieso, sí, me dan algo de fobia los maniquíes. ¿Qué otro potrillo no tendría miedo de un objeto inanimado que se parece perturbadoramente a un ser vivo? Admito que pueden dar más terror los payasos o las muñecas y las estatuas, por lo que tener miedo de un maniquí es bastante estúpido. Incluso yo lo creí cuando esa noche, entre las penumbras, intentaba convencerme de que era todo una ilusión mía eso de que los maniquíes se movían… por lo menos de noche.

Me dormí plácidamente luego de que Rarity se fue. A eso de las tres, más o menos, me desperté. Me pareció haber escuchado ruidos abajo, en el salón donde están acomodados generalmente los maniquíes. Tuve sed de repente, aunque no tenía ganas de levantarme porque la cama estaba calentita. Así que bajé, y para ir a la cocina, opté por el camino más corto, que era el salón. Vi los cinco maniquíes, dos de los cuales no traían vestido, había uno en la ventana del este, otro en la ventana del oeste, uno a la derecha de la escalera, otro a la izquierda de la puerta de la cocina, y finalmente uno en el medio. El del medio, el de la ventana del este y el de la derecha a la escalera eran los que lucían los vestidos que Rarity había terminado esa tarde. Los contemplé en la penumbra de la sala, sólo veía las sombras, la luz de la noche cubría más de lo que descubría.

Fui a la cocina, me serví agua en un vaso, y mientras la bebía, pude oír unos murmullos, como de algo arrastrándose en el suelo muy débilmente. Dentro de mi cabeza, una vocecita chillaba que subiera a mi cuarto rápidamente, a la seguridad de mis sábanas. Me acerqué y miré hacia el salón, la luz de la cocina me permitía ver un poco más. No noté nada raro, la verdad. Es decir, no me di cuenta enseguida de que los maniquíes se habían corrido unos milímetros de su posición. Apagué la luz y subí a mi cuarto.

Pasó media hora sin que consiguiera pegar un ojo de vuelta. Era como si hubiera perdido el sueño. Los ruidos aumentaron gradualmente, y por mucho que intenté convencerme de que debía ser Opal, andando por la casa como parte de su rutina gatuna, ciertas características de esos ruidos me hacían dudar de que fuese ella quien los provocaba. Además, cuando me acerqué al cuarto de Rarity, vi que las dos dormían plácidamente.

Bajé de nuevo, para ir al baño, y vi que ahora los maniquíes se disponían de otra forma, los de las ventanas estaban más al centro, el del centro se había arrimado a la puerta de la cocina, casi me tropiezo con el que estaba a la derecha de la escalera. Sentí un escalofrío que me heló hasta la punta de mi cuerno. Vi que el de la puerta de la cocina se hallaba cerca de la del baño.

"No pueden atraparme, no pueden atraparme, sólo son maniquíes" me dije. Todos estos fenómenos ya habían hecho mella en mi psiquis, y usé el servicio como pude, mientras continuaba oyendo el sonido de los maniquíes arrastrándose. "Princesa Luna…ayúdeme…" rogué, pegada a la puerta, aterrada pensando que los maniquíes podían moverla. Quise creer que era un mal sueño, me mordí la lengua para despertar, pero todo era real.

Pasé saliva. Traté de pensar una forma de volver a mi cuarto, traté de no pensar. No, no debía pensar. ¿Gritar? No, sería ridículo. ¿Correr? Lo más acertado, sin dudas. No podía teletransportarme porque mi magia no estaba desarrollada aún.

Tomé aire, apagué la luz del baño antes de salir, tenía miedo de que me encontrase con que los maniquíes tenían bocas llenas de dientes filosos y ojos rojos. Fue una sola corredera hasta mi cuarto, y me tapé hasta la cabeza.

A la mañana siguiente, debí tener unas ojeras muy notables como para que Rarity se fijara en mi aspecto. Al pasar por el salón, vi que estaban todos en sus puestos originales.

-Oh, querida Sweetie Belle, ¿dormiste bien?

Yo la miré, y dije que tuve pesadillas con los maniquíes, una verdad a medias.