Hola! Qué hay de nuevo? Seguro que han tenido una semana genial!


Capítulo 4: La verdad y sus consecuencias.

Justo en el momento en que trataban de hacer las pases, dos personas aparecen en el patio de la casa. Se trataba de Ryoga (poseído por Itami) y de Hiroshi. Después de saludar a todos, Ryoga le dice a Akane que quiere mostrarle a p-chan y se dirige al estanque. Ranma se da cuenta de lo que pretende, así que rápido se aproxima para evitar que cometa aquella locura.

Hubiese llegado a tiempo para impedirlo, pero Hiroshi lo detuvo en el último segundo, sujetándolo del brazo. Ranma abrió mucho los ojos al ver como Ryoga se zambullía en el agua y frente a todos, salía bajo la forma de aquel cerdito mascota que Akane había bautizado como p-chan.

Todos pusieron cara de sorpresa, pero sin duda, la más sorprendida fue Akane. Ranma en cambio, tenía una expresión de terror en el rostro.

—No puede ser — murmuró Akane sin poder creer lo que veía.

De inmediato Hiroshi intervino: Itam...digo... Ryoga siempre quiso decirte la verdad, pero Ranma nunca se lo permitió.

Akane regresó a ver a su prometido. Ranma tragó saliva, al ver aquella mirada asesina en el rostro de su novia, el odio ardía en sus ojos.

— Espera Akane, puedo expli...

No logró terminar esa frase, pues Akane le propinó un fuerte puñetazo en el rostro, que le hizo rodar por el suelo.

Ranma se puso de pie inmediatamente. La boca le sangraba debido al golpe recibido.

— Eres una basura... — exclamó Akane, mientras le asestaba otro golpe, esta vez una sonora cachetada que de nuevo arrojó a Ranma contra el piso.

Ranma se incorporó, y se sintió el ser más miserable al ver como las lágrimas se deslizaban por las mejillas de su prometida.

— Cálmate por favor Akane , déjame hablar, quiero explicártelo todo — pidió el chico.

— Y qué te hace pensar que quiero escucharte? —le preguntó ella embargada por el odio y el dolor — Durante años me ocultaste la verdad...lo que digas ahora ya no tiene ninguna importancia.

Abandonó el patio con el corazón destrozado, subió las escaleras y se fue directo a su cuarto. Se sentó en la cama, y continuó llorando con la cabeza entre las rodillas. Ranma la siguió. Golpeó la puerta pero nadie contestó, así que fue hasta la ventana para ver si tenía mejor suerte. La vio junto a la cama. Dio unos ligeros golpecitos y espero a que le abriera pero no lo hizo. Ella no quería verlo, ni mucho menos que le hablase. Además, qué iba a decirle? todo estaba muy claro ahora.

Como no pudo hablar con Akane, Ranma optó por regresar al patio y darle su merecido a Ryoga, pero ya no estaba allí.

— Dónde está ese maldito?! — preguntó Ranma a gritos.

— Se fue con su amigo — contestó Soun. Ranma salió disparado como un rayo, directo a la calle, corrió en todas direcciones pero no encontró rastros de él ni de Hiroshi. Frustrado, golpeó una pared con su puño, quebrándola al instante. Luego, regresó de nuevo al dojo. Mientras volvía, no se percató de que una esfera diminuta de luz blanca salía del interior de su cuerpo (por su espalda). Dicha esfera se elevó, y cuando alcanzó una altura mayor a la de las nubes, se expandió de golpe, para luego tomar forma humana. Poco a poco, la luz se disipó, y en aquel lugar quedó un hombre de aspecto fantasmal (su cuerpo era transparente). Además, vestía de forma extraña, ya que todo su cuerpo (incluido el rostro) estaba cubierto de una armadura color blanco, y de sus hombros, colgaba una larga capa de color azul. Se quedó inmóvil, flotando en el aire durante unos instantes.

— Increíble... Así que ya lo encontraste, no?... Itami — dijo aquel sujeto. Luego, desapareció repentinamente.

De esa forma, terminó aquel terrible día.

Al amanecer del siguiente, Kasumi, como siempre los llamó a desayunar. Todos estaban, menos Akane. Al notar esto, Ranma se levantó para ir a verla a su cuarto, pero Nodoka no se lo permitió.

— Por ahora, será mejor que no le digas nada... ella está muy dolida, y en estos momentos a quien menos quiere ver es a ti.

— Yo iré a hablar con ella — replicó Kasumi — Nabiki, acompáñame por favor.

Al llegar a la puerta, tocaron, pero Akane no les abrió.

— Hermana... abre por favor...quiero hablar contigo — pidió Kasumi.

Esperaron un momento, hasta que finalmente la chica se decidió a abrir, y las dejó pasar.

Akane tenía los ojos hinchados y bastante irritados, prueba de que había llorado por un largo rato.

— Ranma te ha estado buscando... quiere explicar...

Nabiki fue interrumpida por los gritos de su hermana menor, quien exclamó: — Explicar?! Qué? No hay nada que hablar!

— Cálmate Akane, estás muy exaltada — dijo Nabiki.

— No, no estoy exaltada, estoy dolida, destrozada, todavía no puedo creer que él haya sido capaz de hacerme algo así... como pude ser tan tonta!

Kasumi quiso acercarse para abrazarla, pero Akane se dirigió a la puerta y abriéndola dijo: — Quiero estar sola.

No les quedó mas que obedecer. Apenas bajaron, Ranma las abordó:

— Y bien? qué pasó? puedo hablar con ella?

Kasumi negó con la cabeza.

— No? Pero necesito...

— Ella no te escuchará — lo interrumpió Nabiki — todavía no se le pasa el coraje.

Por otro lado, Itami y Hiroshi ya estaban de regreso en la fortaleza, gracias a la técnica de tele transportación del muchacho (que por suerte no falló esta vez).

Itami comentó complacido: — Genial, todo salió de maravilla...

— Así es señor, Ranma en aquel momento ni siquiera se dio cuenta de que le coloqué la marca tipo sensor en su brazo... pero... para qué me pidió que le pusiera eso? — inquirió Hiroshi.

— Recuerdas que te dije que si el corazón de Ranma era invadido por sentimientos negativos me facilitaría la extracción de su alma? — preguntó Itami

— Si — contestó el joven.

— Pues con la noticia que les acabamos de dar, según los recuerdos de Ryoga, Ranma podría tener muchos problemas en casa, especialmente con la chica que estaba junto a él... eso generará en Ranma un odio enorme hacia mi — pronosticó Itami.

— Aaaah, ya entiendo, pero... todavía no me dice para qué me hizo ponerle aquella marca? — insistió Hiroshi.

Itami le mostró la palma de su mano izquierda.

— Lo ves? Yo tengo una marca idéntica a la que le pusiste... están sincronizadas, así que cuando el odio y el rencor invadan el corazón de Ranma, la marca en mi mano arderá... así sabre que ya debo ir por él, para quitarle su cuerpo.

— Usted si que piensa en todo... vaya... es un genio — lo elogió Hiroshi

— Lo sé — se jactó Itami. Luego agregó:

— Ya! Basta de charla, ve de una vez a recoger los pergaminos que faltan...en la mesa está un mapa con los sitios a los que debes ir...Recuerda, no le quites a Ranma los que yo le dí hace tiempo en el monte Fénix, ya que cuando me apodere de su cuerpo, los traeré a la fortaleza... Además, no conviene que él te vea.

— Entendido señor — contestó Hiroshi, quien rápidamente tomó el mapa y se teletransportó dispuesto a cumplir lo que Itami le pedía.

En Nerima, Akane no salió de su cuarto durante todo el día. Ni siquiera fue a clases. Ranma tampoco quiso ir, pero su madre y Nabiki lo convencieron de que fuera, diciendo que tal vez en su ausencia, decida bajar y hablar con ellas. Ahí, tratarían de interceder por él, para que en la tarde, Akane escuche sus explicaciones.

Unas horas más tarde, Akane decidió salir a caminar un rato, y tomar un poco de aire. No se había cambiado, vestía la misma ropa que la del día anterior, tenía el cabello revuelto, los ojos inyectados de sangre. Pero decidió salir por la ventana, pues presentía que Nodoka y Kasumi tratarían de detenerla para que no saliera en ese estado, y en ese momento, ella no tenía ánimos ni siquiera para hablar, mucho menos para discutir.

Una vez fuera, empezó a caminar sin rumbo fijo. Sumida en sus pensamientos, la chica no notó que alguien la seguía.

Había decidido salir de casa para tomar un poco de aire fresco y ver si así podía sentirse un poco mejor, pero aún estando fuera de la casa, era inevitable dejar de pensar en como Ranma le había ocultado la verdad sobre p-chan. Por qué lo había hecho? se preguntaba.

No le había importado en lo absoluto, que metiera a su cama a Ryoga, pues aunque estuviera en su forma de cerdo no era una mascota en realidad, era un hombre. Si Ranma había sido capaz de ocultarle semejante cosa, Akane pensaba:

Qué más no le había dicho? Qué otros secretos tenía?

Luego, empezó a cuestionar lo sentimientos de Ranma. Era verdad cuando le decía que la amaba? No, seguramente era una mentira, pues las personas que se aman, no se guardan secretos como ese. Estaba tan confundida, que ya no sabía ni que pensar, parecía que la cabeza la iba a estallar en cualquier momento.

Cuando pasaba cerca de un parque, vio que una pelota avanzaba hacia ella, rodando por el suelo. Akane le dio una patada al balón con tanta violencia que lo mandó muy lejos de allí, provocando un sinnúmero de reclamos por parte de quienes jugaban con aquella pelota. Ella simplemente los ignoró y continuó caminando. De pronto, el tipo que la estaba siguiendo, corrió y se paró frente a ella:

—Ayúdame por favor! No soy de aquí, debo llegar a este lugar, un familiar está agonizando! Tengo que verlo! Debo estar junto a él al menos en sus últimos momentos!

Akane iba a decirle que no lo molestara, pero al escuchar los motivos de aquel joven, aceptó. Tomó la hoja con la dirección del lugar a la que el muchacho quería llegar.

— No está muy lejos — señaló Akane — tardaremos quince minutos si caminamos rápido.

— Genial... vamos entonces...por cierto, perdón, no me presenté, soy Taichi, y vengo del campo... por eso es que soy un poco torpe moviéndome en la ciudad — dijo aquel joven.

Akane no le contestó, no estaba de humor para socializar. Solo siguió caminando.

Tras recorrer un buen tramo, llegaron a una esquina y al doblarla entraron a un largo callejón. Debían cruzarlo para llegar al sitio que se especificaba en aquella hoja. Esa avenida estaba desierta, nadie pasaba por allí. Tan solo habían un grupo de cinco chicos, que conversaban alegremente sentados a un costado del camino. Akane y Taichi siguieron hasta el final de la calle.

— Aquí es — le dijo a Taichi. Le entregó el papel, y se dio vuelta para marcharse, cuando de pronto, dos de los tipos que había visto antes se le pararon en frente.

—Oye! guapa —la llamó uno mientras pasaba a su lado — A dónde vas?

Akane no respondió, solo, se apartó de ellos y continuó caminando, a la vez que apretaba un poco el paso.

Después de un rato, se dio cuenta de que los dos chicos la seguían. Caminaban uno junto al otro y se reían. También, los otros tres, se habían puesto de pie y avanzaban hacia ella. Estaba rodeada.

— Hola... preciosa — exclamó otro.

— No la asusten así! — gritó Taichi, acercándose.

— Tranquila Akane... no te vamos a hacer nada malo — agregó aquel joven.

La chica se sorprendió: — Cómo rayos sabes mi nombre?

— Digamos que... soy psíquico.

A lo miró con desdén, y luego, quiso seguir caminando, pero uno de los chicos la sujetó del cuello. Taichi se paró frente a ella y dijo:

— Será mejor que no te resistas, mira a tu alrededor... aunque grites, nadie te escuchará.

Taichi reía triunfante, mientras pensaba: Kenji... siempre me ganabas, en los estudios, en los deportes, salías con las chicas más hermosas, tu siempre

creyéndote el centro del universo...Ja, pero esta vez.. yo gané, soy yo quien tendrá a esta preciosura primero, no tú... púdrete Kenji.

—Te ves bien con esa ropa, pero te verás mejor sin ella— dijo Taichi — quítenle todo...para que no nos estorbe.

Dos de ellos se acercaron a Akane. Uno la sujetó de la cabellera mientras el otro decía:

— Espero que lo disfrutes, nena.

— Puedes gritar todo lo que quieras...con confianza... — le sugirió Taichi, mientras se quitaba los pantalones.

— No... yo no voy a gritar... pero ustedes sí... y mucho — contestó Akane fulminándolos con la mirada, mientras apretaba los puños con tanta fuerza, que sus nudillos tomaron un color blanco.

En la universidad, las clases le parecían interminables. Ranma contaba los minutos para poder regresar a casa. Necesitaba hablar con Akane, y conseguir su perdón. Ya no soportaba aquella situación, sentía que no sobreviviría sin el amor de su chica.

Kenji tampoco estaba muy concentrado en las explicaciones de los maestros, se notaba claramente que estaba preocupado por la ausencia de Akane. Sabía perfectamente que ella no acostumbraba a faltar, es más, desde que la conoció nunca la vio saltarse clases, mucho menos faltar un día completo.

Cada hora, miraba hacia la puerta, con la esperanza de verla entrar.

Era ya cerca del medio día, cuando Akane finalmente regresaba a su casa. Se notaba que estaba muy cansada, y toda su ropa estaba manchada con sangre, así que para no preocupar a los demás, decidió entrar por la ventana de su cuarto. Tomó una funda y una toalla, y se dirigió al baño, con sigilo, evitando que la vieran. Lentamente se quitó toda la ropa, y la guardó en aquella funda. Se puso bajo la ducha, y dejó correr el agua. Se miró las manos y notó que aun le temblaban. Ahí se percató que también estaban manchadas de sangre, por lo que se frotó las manos con fuerza, tratando de quitarse la sangre que se había secado sobre ellas.

Todavía no comprendía que le había sucedido. Se había dejado llevar por la ira, y aunque los tipos que le abordaron en aquel callejón no eran buenas personas, ella no tenía derecho a quitarles la vida. Enfurecida, los había golpeado hasta casi quedarse sin aliento. Cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo y vio toda esa sangre en el piso, salió corriendo de allí como si fuese una criminal.

Definitivamente había resultado inútil salir a caminar, pues regresó con un ánimo peor que el que tenía antes.

En la noche, poco antes de la cena, junto a la mesa, todos esperaban a que Akane bajara, pues no había comido nada en todo el día.

Cuando ya casi perdían las esperanzas de que saliera de su habitación, al fin, la vieron bajar por las escaleras. Ranma se tensó, pero a la vez se aligeró un poco su angustia, pues le preocupaba que siguiera sin querer comer algo.

A caminó directo hacia la mesa.

— Siéntate hermana, enseguida te sirvo — dijo Kasumi.

La cena transcurrió en silencio total. Apenas terminó, Akane se puso de pie. Ranma la siguió, y la tomó del brazo, obligándola a que se girara hacia él.

Cuando lo hizo, el chico se quedó sin aliento al ver el dolor que reflejaban sus ojos.

— No me toques! — exigió Akane.

La chica sacudió el brazo, y se liberó del agarre de su prometido.

— Te odio con toda mi alma — dijo Akane

—Akane... yo — susurró Ranma totalmente bloqueado. Simplemente, las palabras no salían de su boca.

— Siempre lo supiste... — le reprochó la chica, agachando la mirada y apretando los puños con fuerza, para intentar contener las lágrimas que estaban punto de brotar de sus ojos.

Ranma la tomó de la mano, pero de inmediato ella la apartó.

— No vuelvas a tocarme! Ni tampoco te atrevas a hablarme...tu presencia me da asco.

Al escucharla, Ranma sintió un estremecimiento de verdadero pánico que le heló la sangre.

— No digas eso, por favor.. déjame explic... — el chico no pudo terminar de hablar, pues ella la interrumpió:

— Se acabó!... Ya no puedo seguir siendo la novia de un ser tan despreciable como tu ...

— Espera! — exclamó Ranma intentando detenerla nuevamente del brazo.

— Suéltame! — gritó sacudiéndose y apartándose de él — desde el momento en que me enteré de tu engaño, lo nuestro terminó...para siempre.


Hasta aquí este capítulo! Siento que sea mucho más corto que los anteriores, pero el próximo les prometo que será más extenso.

Qué dicen? Creen que será definitivo este rompimiento? Y cuál será el próximo movimiento de Itami?

Cuídense mucho y los espero la próxima semana con el siguiente capítulo!