Rin se sentó de rodillas en su futón, esperando pacientemente que su tutora le explicara la situación. Lo que ella no sabía era que Aika estaba intentando buscar una explicación que tuviera sentido, pero la verdad ninguno de los habitantes del castillo (probablemente ni siquiera el propio Señor Sesshomaru) conocía el motivo de la visita del Señor Mamoru y su familia. Lo único que sabían era que él era un gran aliado del Señor Sesshomaru, y que éste último estaba comprometido con la única hija del primero. Lo más probable es que el hombre estuviera ahí para discutir algo sobre una de esas dos situaciones, pero no había manera de comprobarlo.
-Vinieron algunos visitantes al castillo de imprevisto. El Señor Sesshomaru no está muy seguro de que estos sean amigables con los humanos, por lo que ordenó que te quedaras protegida aquí.
Aika se había sorprendido gratamente cuando lo primero que hizo Sesshomaru fue asegurarse de la seguridad de Rin. A lo largo de estas semanas, se dio cuenta de que su Señor no protegía a la niña por algún tipo de obligación o pacto, sino que realmente éste sentía un gran afecto por ella , aunque sabía que lo más probable es que nunca lo aceptara. Había conocido al Señor Sesshomaru desde que éste apenas había nacido, y la verdad, nunca lo había visto tan preocupado y atento de alguien.
Rin, en algunos momentos de ocio que ambas compartían, le había llegado a narrar con su devoción infantil todas las veces que el Señor Sesshomaru la había salvado, incluso de la misma muerte y el infierno. Por la manera en la que ella se dirigía hacía su Señor, y en como interactuaba con él, era obvio para cualquiera que tuviera ojos que sentía un profundo y arraigado amor infantil por él.
Viendo que nuevamente se perdía en sus pensamientos, Aika se volvió a centrar en Rin. Se hallaba en la misma posición, como si estuviera digiriendo la situación. A veces se olvidaba de que era tan solo una niña, ya que usualmente se comportaba de una manera muy madura para su edad exceptuando las pocas veces que hacía un berrinche o tenía un capricho).
-¿Quiénes vinieron?-preguntó finalmente.
-Un amigo del Señor Sesshomaru-era mucho más fácil decirle que era un amigo que un aliado político, ya que debería explicar muchas más cosas. Aika dudó en decirlo, pero finalmente dijo-… Y su futura compañera.
Los ojos de Rin se abrieron tanto que parecía que se iban a salir de sus cuencas.
-¡¿El Señor Sesshomaru tiene amigos?!-preguntó con sorpresa.
Aika estuvo a punto de soltar una carcajada poco propia de ella al ver la inocencia de la niña, pero solo asintió con la cabeza mientras murmuraba algo parecido a "algo así".
Sin embargo, Rin se quedó pensando por varios segundos, como si hubiera algo que no tuviera sentido para ella. Aika esperó pacientemente a que Rin formulara su pregunta, como siempre hacía cuando ponía esa cara.
-¿Qué es una compañera?
Al principio no supo que contestar. Por un momento, se había olvidado que aquello era una costumbre exclusivamente youkai, y que los humanos no lo hacían. ¿Cómo explicárselo a una niña? Después de pensarlo por unos segundos, encontró su equivalente humano.
-Una compañera es una mujer que, como su propio nombre lo dice, acompañará al Señor Sesshomaru por el resto de su vida. Los humanos las llaman "esposas", pero una compañera es un poco más profundo que eso.
Nuevamente la cara de Rin volvió a poner la cara de sorpresa, pero no tuvo tiempo de realizar alguna pregunta porque de repente se oyó una gran conmoción por fuera de la habitación.
Aunque la reunión que se realizaba en el despacho de Sesshomaru era bastante tensa, Sesshomaru no podía evitar estar un poco distraído, ya que se estaba intentando concentrar en otra cosa. Lo único que hacía era observar directamente al Señor Mamoru mientras éste hablaba lastimosamente del veneno que recorría su cuerpo desde hacía ya varios meses, y de como su vida se había visto severamente acortada. Sabía que debía prestar atención, que no debía perder ninguna palabra de lo que le dijeran para ver si encontraba algo que usar a su beneficio, pero su preocupación por Rin no se lo permitía.
El día en el que conoció a Chihiro también había sucedido algo a lo que no le había prestado mucha atención en su momento, pero la presencia de Rin en su vida hacía las cosas muy diferentes: Cuando se adentraba en el palacio, casi echando humo por la furia que sentía por la que algún día sería su compañera, escuchó una serie de ruidos extraños. Cuando se asomó por una puerta, descubrió que aquellos sonidos eran los gemidos de dolor de una pobre humana, que se yacía desnuda sobre un charco de su propia sangre, acurrucada en posición fetal. Uno de los guardias que acompañaban al Señor Mamoru la pateaba en las costillas, mientras que otro la tocaba de una manera indebida. Ambos reían de una manera maliciosa.
A pesar de que a su edad Sesshomaru no era ignorante de la violencia y crueldad (ya había acompañado a su padre en varias de sus travesías, hasta el momento nunca había visto que alguien estuviera tan feliz de hacerlo. Sin saber muy bien que hacer, acudió a su padre, quien se puso furioso y paró el maltrato hacia la pobre mujer, finalmente dejándola ir libremente. A pesar de que cojeaba y estaba desnuda, la mujer corrió lo más rápido que pudo hasta que finalmente Sesshomaru no pudo olerla. Sesshomaru esperaba que su padre se enfureciera con el Señor Mamoru y exigiera que los guardias fueran castigados, pero lo único que hizo fue pedirle que por favor le pidiera a su guardia que se abstuviera de tener tales comportamientos en sus terrenos.
Solo fue unos años después que Sesshomaru realmente comprendió lo que había pasado. Su padre le había enseñado toda su vida que no lastimase a nadie a menos que éste se lo mereciera, pero al parecer él era de los pocos que tenían esa filosofía. En el reino del Señor Mamoru, consideraban que el simple hecho de ser un humano los hacía merecedores de maltrato, pensamientos que compartían la mayoría de youkais. Los guardias que le habían echo eso a la mujer lo hacían simplemente porque estaban aburridos.
Es por eso que ahora Sesshomaru intentaba esconder a Rin, aunque en realidad era tarea imposible: su olor se hallaba en todos los rincones del palacio, imposible de pasar por alto. Tenía dos motivos por el cual intentarlo: primero, y mas importante, la seguridad de Rin; no podía evitar poner a Rin en la situación de la otra mujer y sentir un leve y casi imperceptible escalofrió; y segundo, existía la posibilidad de que si el Señor Mamoru se enterara de que tenía una humana bajo su protección rompiera su alianza, cosa que en momentos de guerra le afectaría mucho.
Obligándose a si mismo a no seguir pensando en las terribles consecuencias de tener a una niña humana en su palacio, empezó a poner atención a la conversación (aunque en este punto ya casi parecía un monologo) que realmente le importaba: su compromiso con Chihiro.
-… Es por éste y otros motivos que he decidido adelantar la unión entre ustedes dos-dijo el Señor Mamoru, convencido de que Sesshomaru le había estado escuchando durante todo ese tiempo-. Aunque, claro está, "adelantar" no es la palabra correcta, ya que nunca se escogió ninguna fecha en específico. Es más, mi compañera y yo estábamos esperando que se desarrollara hace ya mucho tiempo, cuando ambos tuvieran un aproximado de 600 o 700 años.
-Así que, ¿usted fue el que tomo aquella decisión?-preguntó Sesshomaru levantando elegantemente una ceja.
-Bueno...-empezó Mamoru un poco nervioso. Por muy poderoso que fuera, era casi imposible no intimidarse con la mirada de Sesshomaru- técnicamente fui yo y mi compañera, e incluso se lo consultamos a lady Irasue antes de hacerlo algo oficial...
-¿Nunca se le pasó por la cabeza preguntarme primero a mi sobre eso?-preguntó nuevamente Sesshomaru, con un tono de voz cada vez más frío- ¿Se dignó siquiera a preguntarle a su hija su opinión sobre un tema que afectará su vida de una manera tan radical?
-Yo cumpliré con los deseos de mi padre, cualquiera que sea-respondió Chihiro, hablando por primera vez desde su llegada. Con el paso de los años, su voz se formó aún más profunda (pero no gruesa), contrastando con la delicadeza y feminidad de sus rasgos.
Sesshomaru nuevamente se quedó observándola, presionándola a que dijera la verdad. Sabía que si ella llegaba a dudar sobre el compromiso, los dos asunto. No era un secreto el amor que el Señor Mamoru profesaba por su hija, y cumpliría cualquiera de sus caprichos. Pero ella se veía segura de su palabra.
Sesshomaru no tuvo tiempo alguno de responder, porque escuchó algo que escuchó muchas veces a lo largo de esos últimos años, pero que de igual modo hizo que acudiera a su fuente como si fuera la primera vez: el grito de Rin.
Olvidándose por completo de los otros presentes en el despacho y sin decir alguna explicación, Sesshomaru se levantó y salió corriendo en dirección a la habitación de Rin, tan rápido que ni siquiera Mamoru, con su visión de youkai, pudo verlo.
Durante sus viajes con el Señor Sesshomaru, Rin se había envuelto en situaciones peligrosas una infinidad de veces, por lo que en un principio no se asustó cuando escuchó algunos gritos y golpes por fuera del cuarto. Lo que en realidad le hizo inquietarse bastante fue el pánico en el que entró Aika, que de inmediato soltó un grito y se puso frente a ella, como intentando protegerla de cualquier cosa. Ella no estaba acostumbrada a este tipo de reacciones frente a esas situaciones, ya que lo máximo que lograría sacar al Señor Sesshomaru es una leve dilatación de pupilas, y Jaken era histérico todo el tiempo.
En realidad Aika no estaba preocupada por su propia seguridad, sino por la de Rin. Dejando a un lado el hecho de que si algo le llegaba a pasar a la Rin ella terminaría con su cabeza clavada en una estaca, las personas que estaban por fuera estaban buscando a una humana, y muy poca atención le prestarán atención a Aika. De nuevo maldijo internamente la visita imprevista del Señor Mamoru. Si tan solo hubiesen dado un aviso de unos cuantos días, incluso horas, hubieran podido tener tiempo de esconder a Rin y camuflar su olor por todo el castillo. Pero ya era demasiado tarde.
-¿Tienen una humana ahí escondida, no es cierto?-escuchó que gritaba una voz masculina y ronca.
No hubo respuesta, solo sonidos demasiado violentos incluso para una mujer de miles de años como Aika, mucho más para Rin, que estaba tapándose los oídos intentando bloquearlos. No mucho tiempo después hubo un silencio casi absoluto, haciendo que Rin se relajara, pero Aika, por el contrario, adoptó una posición aún mas a la defensiva. Gracias a su desarrollado olfato, le era muy obvio quien había derrotado a quien.
La puerta se abrió lentamente, haciendo que el corazón de ambas se congelara. Aika había sido ama de llaves y niñera por mucho tiempo, y éstas eran ocupaciones que no requerían muchas técnicas de defensa, por lo que en ello era casi nulo, aparte de sus poderes que venían naturalmente gracias a su naturaleza youkai, pero ni siquiera esas las tenía bien entrenadas.
Entraron dos hombres, ambos vistiendo el uniforme que los guardias de las Tierra del Este (territorio perteneciente al Señor Mamoru) debían llevar por obligación. Eran como el agua y el aceite, aunque ambos tenían las mismas sonrisas malvadas, porque uno de ellos tenía un aspecto casi repulsivo gracias a las escamas verde musgo que recubrían todo su enano y gordo cuerpo. El otro, por el contrario, era el tipo de hombre que hacía que todas las mujeres se derritieran a su paso, abriendo su kimono en el proceso: su cabello negro reluciente le colgaba hasta la cintura, recogido en una trenza, y sus ojos, de un negro profundo como el azabache, hacía que te perdieras en ellos, en una especie de hipnosis.
Esto último no era una exageración, ya que era exactamente eso lo que hacía con Aika. Sus ojos azules se hacían cada vez más opacos, mientras que su posición se relajaba poco a poco. Se suponía que este poder tuviera efecto en todas las mujeres, pero como Rin era tan solo una niña, solo podía ver como su protectora se iba dejando llevar por el hechizo, mientras que su pánico iba avanzando cada vez mas.
-Así que tu eres la humana que ha dejado su olor por todo el castillo-comentó el de la piel escamosa mirándola con curiosidad-. Pero eres solo una niña. No puedo sacar mucha diversión de ti a parte de matarte.
-Eso demuestra que tienes muy poca creatividad Kaito-dijo el hombre guapo, con una sonrisa cruel adornando sus llenos labios-. Podemos sacarle provecho antes de matarle. Sería una pena que ese pequeño cuerpo se desperdiciara...
A pesar de ser tan solo una niña, Rin había vivido suficientes cosas en su vida para saber de que estaban hablando. Su piel se puso de gallina, aterrada de su futuro próximo. Finalmente, recordó lo que tantas veces le había dicho el Señor Sesshomaru: "Si alguna vez te encuentras en peligro, grita. Yo vendré a ti".
Y gritó lo más fuerte que pudo.
En un principio, no obtuvo el resultado que deseaba. En vez de sentirse intimidados, los dos hombres se quedaron en silencio por unos segundos, antes de estallar en carcajadas.
-¿Realmente crees que alguien vendrá a salvarte?-le dijo el hombre guapo, casi con lastima-. No sé porque estás aquí, pero algo es seguro: ningún youkai con el mas mínimo orgullo podría desear que te quedaras. Nadie vendrá a salvarte-miró a su acompañante-. Kaito, por hoy te dejaré a ti primero.
La sonrisa de Kaito se extendió por su rostro de una manera terrorífica, mientras se acercaba a paso lento hacia Rin.
Ella, quien todavía estaba en shock por la rudas palabras que había dicho aquel hombre, no se movió en lo más mínimo. ¿Y si tenía razón? ¿Y si nadie venía a salvarla, ni siquiera su Señor Sesshomaru?. A lo mejor era una carga. Tal vez él solo estaba esperando el momento adecuado para deshacerse de ella. Tal vez...
Sin embargo, todos aquellos pensamientos pesimistas se borraron de su mente, dándole paso al alivio, cuando escuchó n gruñido que solo le podía pertenecer al Señor Sesshomaru proviniendo desde la puerta.
Ahí se encontraba él. Sus ojos brillaban de un rojo carmesí que Rin había visto pocas veces, pero que hacía que se estremeciera un poco, no por miedo a él, sino porque sabía lo que significaba. Las líneas que parecían pintadas en su rostro se expandieron, dándole un aspecto mucho más salvaje. Además, mostraba sus colmillos de una manera amenazadora y estaba en una posición de ataque. Todas estas características amenazantes iban dirigidas hacia los dos atacantes, claramente.
Los dos youkai retrocedieron, claramente asustados de encontrarse con un Sesshomaru tan furioso.
-¿Se atreven a tocar lo que es mío?-preguntó Sesshomaru, su profunda voz distorsionada en un gruñido.
Los dos youkai, asustados, empezaron a tartamudear excusas. Ninguno de los dos había esperado que el Señor Sesshomaru protegiera a esa niñita sin valor. A lo mejor estaba guardándola para él mismo...
-¡Señor Sesshomaru!-exclamó Rin, mientras que corría hacia su salvador, abrazándolo y enterrando su cara en la suave piel que llevaba en su hombro todo el tiempo.
Sesshomaru no respondió ni dio ninguna pista de que se enterara de la presencia de Rin, pero de igual modo no hubiera tenido tiempo de hacerlo porque una voz sonó detrás de él, interrumpiendo la escena.
-Señor Sesshomaru... ¿Podría explicarme lo que está sucediendo?
Sesshomaru se había olvidado por completo de Mamoru, quien se veía claramente confundido sin despegar la mirada de Rin. Intentó calmarse un poco, pero sin dejar de mirar a los dos youkais que estaban casi temblando frente a él, dándoles una clara promesa de muerte.
-Señor Mamoru... Recuerdo claramente que mi padre le pidió explícitamente que controlara a su gente en nuestros territorios-dijo con una voz que casi podía congelar el lugar.
-¿Qué hace una niña humana aquí?-preguntó Mamoru, ignorando por completo la advertencia de Sesshomaru.
Rin, sabiendo que hablaban de ella, miró por primera vez a aquellas personas. Quedó completamente maravillada por la hermosura de aquellas mujeres y el poder que desprendía el hombre. Se quedó muda, sintiéndose insignificante al lado de tantas criaturas hermosas. Deseó poder encogerse hasta ser del tamaño de un grano de arroz, que la piel en la que se hallaba apoyaba la absorbiera o que simplemente el Señor Sesshomaru la rodeara con sus brazos, ocultándola de la escrutadora mirada de aquellos youkais.
Pero Sesshomaru parecía tener una idea completamente diferente, porque con suavidad pero firmeza la giró para que quedara de frente a los visitantes. Apoyó sus manos en los hombros de la niña, como previniendo que saliera a correr. Ahora que ya no había manera de ocultarla, Sesshomaru se dio cuenta de lo estúpido que había sido al esconderla. Él podía protegerla de ser necesario, y no podía demostrar debilidad alguna frente a nadie, ya sea aliado o enemigo.
-Ella es Rin, y está bajo mi protección-fue toda la presentación que hizo.
Rin hizo todo lo posible de verse orgullosa y digna, como toda protegida del Señor Sesshomaru debía verse, pero el sonrojo en sus mejillas y su mirada clavada en el piso la contradecía.
Las facciones de los youkai frente a ellos no cambió, pero Sesshomaru pudo notar la sorpresa emanando de ellos. No era de menos, obviamente. Si hace dos años algún youkai le dijera que tenía a una humana como protegida, habría sido muy difícil camuflar su sorpresa. A parte de que los youkai eran por naturaleza superiores a los humanos en todos los sentidos, no veía la utilidad de semejante acción: seria como conservar a una mascota inservible e inútil. O bueno, eso era lo que pensaba antes de conocer a Rin.
-Su... Protegida-dijo Kumiko, la compañera de Mamoru, lentamente, como si en realidad no se lo creyera.
-Así es. Por eso les pido amablemente que eviten cualquier daño hacia ella-dijo Sesshomaru con una voz gélida, que hizo que se le erizaran los brazos a Rin-. Si alguien toca un solo cabello de ésta niña, será considerado como una grave ofensa hacia las Tierra del Oeste ¿Entendido?
Los tres asintieron lentamente, incapaces de ignorar la autoridad con la que hablaba Sesshomaru. Seguían observando a Rin, quien, al verse liberada del agarre de sus hombros, nuevamente estaba escondida en la piel que colgaba del hombro de Sesshomaru. Él, por su parte, no pudo evitar notar la mirada de disgusto de Mamoru y Kumiko; en cambio, Chihiro solo observaba a Rin con cierta curiosidad.
-¡Jaken!-exclamó Sesshomaru, invocándolo (nadie supo de donde salió) rápidamente-. Encárgate de todo éste desastre. Tengo una reunión que terminar.
Suavemente despegó a Rin de la piel, guiándola hacia Jaken. Al principio ella se opuso, agarrando la suave piel con sus manos, negándose a alejarse e el calor y comodidad que éste le brindaba, y mirando a Sesshomaru a los ojos con unas pocas lagrimas amenazando con salir. A pesar de que no dijo una sola palabra, con su mirada le pidió que estuviera tranquila y que ya iría por ella. Rin, como siempre lo había echo, entendió a la perfección y se quedó con Jaken sin discutir más. Fue entonces que recordó los modales que Aika le estaba enseñando y, antes de que los visitantes se fueran, hizo una inclinación diciendo:
-Fue un placer conocerlos.
La única que le devolvió el gesto con una leve inclinación fue Chihiro, pero eso no logró que Rin se sintiera mal: el Señor Sesshomaru la miró con aprobación, y eso era todo lo que necesitaba para estar feliz.
El resto de la reunión fue de lo más aburrida. En resumen, no hubo manera de volver a aplazar el compromiso. El Señor Mamoru estaba completamente convencido de que su final se hallaba cerca, y quería alcanzar ver a su hija unida a alguien, para asegurarse de que no se hallara sola. Sesshomaru sabía muy bien que en realidad aún faltaban algunos años antes de que Mamoru encontrara su final, pero después de analizarlo bien durante unos segundos, se dio cuenta de lo beneficioso que podría ser: Chihiro era hija única, por lo que una vez Mamoru y Kumiko murieran, el pode recaería sobre ella.
Eso hubiera estado bien, ya que si la convertía en su compañera después de eso, ambos territorios unirían sus fuerzas de igual modo. El problema era que, con tan solo verla, cualquiera con un poco de experiencia podía deducir fácil y correctamente que Chihiro definitivamente no tenia madera de líder. Sesshomaru temía que, por tomar malas decisiones, Chihiro llevara las Tierras del Este a la ruina. Y, analizándolo mejor, ese parecía también ser el principal motivo por el cual Mamoru adelantaba el compromiso.
Durante toda la reunión, Sesshomaru obtuvo miradas extrañas por parte de todos los invitados, incluso los guardias. Esto lo irritaba a más no poder, pero la verdad era que debía acostumbrarse: era parte del precio que tenía que pagar por mantener a Rin a su lado. Un precio que estaba completamente dispuesto a pagar.
No mucho después, la reunión se dio por terminada. Mamoru y Kumiko se dirigieron hacia la habitación que se les había preparado, y Chihiro se fue al jardín. Sesshomaru, por su parte, tenía asuntos que arreglar con Rin.
Chihiro caminaba calmadamente por los jardines que en un futuro próximo le pertenecían, junto con todo lo que la rodeaban. Aunque la idea para cualquier otra persona sonara de lo más apetecible, la verdad era que Chihiro no estaba muy emocionada por ello. Ella tenía su propio palacio personal, que había mandado a construir en cuanto supo lo que era "independencia". Ella tenía sus propios criados y sus propios terrenos. Ella era la dueña de sus propias cosas, no tenía ninguna necesidad de unirse con el Señor Sesshomaru. Es mas, hasta hacía poco pensaba seriamente en dar por cancelado ese absurdo compromiso. O bueno, eso pensó antes de que aquel veneno afectara a su padre.
Ella podía entender las preocupaciones de su padre, obviamente. Sabía perfectamente que la política no era lo suyo. Si las Tierra del Oeste estuvieran en sus manos, éstas se hundirían en tan solo unos años. Y, siendo completamente honesta, no le importaba en lo más mínimo. Cuando decía que era independiente, eso también incluía a su padre y todo su "querido" reinado.
Pero no podía ser egoísta. Todos sus antepasados habían luchado duro por conseguir lo que tenían, y no iba a ser ella la que arruinaría todo. Ese era el único motivo por el cual se uniría al Señor Sesshomaru.
-Lady Chihiro, ¿no cree usted que ya es hora de que vaya a descansar a su cuarto?-preguntó una de sus dos damas de compañía. Chihiro ni siquiera sabía cual era su nombre.
-Quiero estar aquí. Ustedes pueden adentrarse, si así lo desean-fue todo lo que respondió. El "si lo desean" era claramente una orden, por lo que las dos youkai hicieron una reverencia, dejándola sola frente al mismo lago que la había maravillado tantos años atrás.
Sabía que debía ser agradecida. El Señor Sesshomaru parecía ser un compañero más que ideal, e incluso era increíblemente guapo. Algo le decía que tendría un buen futuro junto a él. Pero la verdad, es que ella sabía que eso era lo máximo que iba a conseguir: Un buen emparejamientos y futuro político. Ella, por desgracia, pertenecía a esa poca población de youkai que esperaba lo que supuestamente estaba reservado para los humanos: el amor. Eran muy pocos los youkai los que aún creían en ese "cuento de hadas". La mayoría lo veía como una debilidad y completamente innecesario.
Pero ya era tarde para lamentarse: el compromiso ya era completamente oficial, así que a menos de que un milagro ocurriese y se enamorara del Señor Sesshomaru, lo más probable es que muriese sin saber lo que se sentía ser estrechada por aquel que más quiere.
Pero de igual modo, el Señor Sesshomaru le agradaba, a pesar de que no había hablado con él mucho. Siempre lo imaginó como alguien sanguinario y cruel, pero esa visión de él se borró cuando vio como trató a la pequeña humana que él mismo llamó su protegida.
A diferencia de sus padres (y casi la totalidad e youkais que conocía), Chihiro no tenía nada en contra de los humanos. Si, era inferiores y extremadamente frágiles, pero no tenía ese sádico pasatiempo de cazarlos. Con tal de que éstos no se metieran en su camino, ella podía convivir pacíficamente con ellos.
Aunque claro, de convivir con ellos a tener a una como su protegida era un paso demasiado grande. Chihiro se preguntó que era lo que había llevado al Señor Sesshmaru a tomar una decisión como tal, pero no encontró ninguna respuesta. Primero debía conocer un poco más sobre el pasado de esos dos para poder contestar apropiadamente esa pregunta, pero luego se dio cuenta de que era una perdida de tiempo. No era su asunto, a fin y al cabo. La niña no representaba ningún desafío o riesgo hacia ella. Sin embargo, aquella curiosidad que tan pocas veces la embargaba le hacía sentir l necesidad de saber el porqué de las cosas.
Cuando Sesshomaru llegó al cuarto de Rin, se encontró con ésta dormida, mientras Jaken hacía guardia en la puerta.
-¡Amo!-exclamó Jaken, ganándose una gélida mirada por parte de Sesshomaru, ya que sus chillidos podrían despertar a Rin-. Amo...-esta vez susurró-. Los dos sinvergüenzas que atacaron a Rin fueron dirigidos hacia los calabozos. Usted ya decidirá que hacer con ellos, mi amo.
Sesshomaru solo asintió y le hizo un gesto a Jaken para que saliera de la habitación. Después de tantos años junto a Sesshomaru, Jaken ya entendía todas las ordenes que venían implícitas en los movimientos de su amo, por lo que obedeció inmediatamente.
Una vez se aseguró de que no había nadie que pudiera observarlo en sus momentos de más debilidad, Sesshomaru se acercó hacía el cuerpo dormido de Rin. Se veía tan pacífica y tranquila que casi sintió pena por despertarla, pero tenía una charla pendiente con ella, y con todo el ajetreo del asunto del compromiso no sabía cuando volvería a tener otra oportunidad cercana para hablar con ella.
Con mucho cuidado, levantó su cuerpo y la acomodó en su regazo, en una posición semi-acostada y con la cabeza apoyada en la piel que colgaba de su hombro. Ella se agitó un poco antes de que abriera sus parpados, que revolotearon como alas de mariposa antes de que se volvieran a acostumbrar al ambiente.
-Rin-llamó su atención Sesshomaru.
Ella no dijo nada, pero se le quedó mirando por un largo tiempo. Sesshomaru sabía que ella debía tener un montón de preguntas que hacerle, así que esperó a que se despertara por completo y pensara claramente. Pasaron algunos minutos antes de que ella dijera:
-Seños Sesshomaru, ¿Usted realmente me desea aquí?
Aquella pregunta no era lo que Sesshomaru se esperaba, y no sabía que tenía que ver con lo sucedido horas antes, pero respondió calmadamente:
-¿Qué es lo que te ha dado la impresión de que no sea así?
Rin no respondió. Sesshomaru no podía permitir que ella le ignorara de una manera tan descarada, así que la sacudió suavemente mientras repetía su nombre, forzándola a responder.
-Uno de los youkai que vinieron me dijo eso-fue toda la respuesta de la niña.
Sesshomaru se puso furioso. ¿Quiénes se creían esos bastardos para hacer que su protegida dudara de él de esa manera? ¿Y porqué Rin les hacía caso? ¿Acaso no demostraba lo suficiente lo mucho que ella le importaba? A pesar de que deseaba recriminarle a Rin su falta de confianza, se dio cuenta de que sus dudas y temores eran reales, y que en nada ayudaba comportarse de una manera agresiva con ella.
-Rin, no creas en todo lo que te dicen. Ya deberías saber perfectamente el lugar que ocupas en mi vida, no debería estar recordándotelo siempre-a pesar de que sus palabras eran un poco duras, acariciaba su cabello suavemente para amortiguarlas.
Rin pareció pensar seriamente en las palabras de Sesshomaru, antes de sonreírle como siempre lo hacía y asentir enérgicamente con la cabeza.
-Cambiando de tema, ¿Qué castigo quieres que se les imparta a esos dos?-preguntó Sesshomaru, sorprendiendo a la niña.
-¿Debo decidirlo yo?-preguntó.
-Por supuesto-contestó Sesshomaru, como si fuera algo obvio-. El ataque fue dirigido hacía ti. Debes ser tú la que decida que se haga con ellos.
Rin se quedó callada por un largo tiempo, sin saber que decir. Por una parte, estaba aún temblaba un poco recordando lo sucedido y deseaba que los dos youkai se ganaran su merecido pero, por otro lado, no creía que la violencia se solucionara con más violencia, y no quería que nadie sufriera por culpa de ella.
-¿Podrían simplemente estar encerrados por un tiempo?-preguntó.
-¿Estas segura?-preguntó Sesshomaru, sin creer que ese sea un castigo lo suficientemente efectivo. Sin embargo, cuando Rin volvió a asentir con su cabeza, no tuvo más remedio que seguir con lo dicho por la niña. Al fin y al cabo, fue él ismo el que le dio la libertad de elegir el castigo que ella deseara.
Rin no parecía tener preguntas referente a lo sucedido en la tarde, lo que sorprendió a Sesshomaru, quien se esperaba todo lo contrario. Sin embargo, no quería separarse prontamente de la niña, así que se quedó con ella varias horas, mientras la noche se ponía cada vez más oscura, escuchándola hablar de sus clases y otras cosas triviales y comentando ocasionalmente, cuando lo considerara necesario.
Finalmente, cuando Rin cayó dormida aún en sus brazos, Sesshomaru la acomodó nuevamente en el futón y dejó la instancia, pensando en como aquella niña le había cambiado la vida. Lo que más le molestaba era que no sabía aún si era para bien o para mal.
Hola! He aquí un capítulo nuevo, espero que les guste! Por favor, dejenme saber sus opiniones, para así poder mejorar. Recuerden que un comentario siempre me alegra el día!
