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LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO.
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Capítulo III. REHABILITACIÓN
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Hinata disfrutaba mucho cuando la gente gustaba de su comida, el ver comer al Yondaime animadamente le provocaba una pequeña felicidad en su interior. Aquel sonreía tan abiertamente al momento de engullir una de las bolas de arroz, se sonrojó al verle derramar algunas lágrimas por el exquisito sabor del alimento.
—Por Kami—gimió el rubio, se llevaba otro bocado—Esto está delicioso Hina-chan. Eres maravillosa cocinando.
Sin poder evitarlo sus mejillas adquirieron un tono rosado más fuerte—G-gracias Minato-sama.
—De verdad, está delicioso—la comida que la kunoichi había llevado estaba por terminarse. Y se le veía una pequeña barriga al rubio, pero éste no dejaba de comer—Cuando salga de aquí deberías invitarme a comer seguido.
—C-claro.
El almuerzo había transcurrido con varios elogios del rubio hacia la ojiperla sobre su comida. A la mente de la chica llegó un recuerdo de cuando era una niña.
La Mansión Hyuuga se encontraba llena de un delicioso aroma a comida. Los miembros del clan se aguaban la boca al percibir el delicioso aroma; adoraban cuando Minako Hyuuga cocinaba.
—Que rico huele mami—una pequeña niña se acercó a la mesa dónde una mayor cortaba algunos vegetales.
—Prepararé un poco de borsh Hinata-chan—sonrió su madre.
— ¡Algún día aprenderé a cocinar así de rico como tú!
—Claro que si amor—sonrió la mujer, dejando un momento el cuchillo para acariciar el rostro de su hija—Con tú comida podrás hacer feliz a muchas personas, cariño. Así como a tu padre le gusta mi comida, tú lograrás más que yo, estoy segura de ello.
Los perlados ojos de Hinata se abrieron con emoción, abrazó dulcemente a su madre. Durante esa tarde ambas Hyuuga se dedicaron a preparar la cena de la familia. Recibiendo durante la misma elogios del líder del clan al igual que de los ancianos consejeros.
Una amplia sonrisa se plasmó en su rostro por aquel lindo recuerdo que tenía de su madre. Minato había visto la sonrisa de la muchacha y se le había hecho sumamente bonita ya que ésta era natural, fresca, joven.
—Cuando sonríes te vez muy linda, Hina-chan—habló Minato, sacándola de sus propias cavilaciones. Cuando la Hyuuga escuchó el alago del rayo de Konoha se coloreó, había tenido demasiados sonrojos durante esa mañana. Aunque por lo poco que llevaba conociendo al Yondaime era su manera natural de actuar.
—C-creo que es hora de comenzar con el tratamiento—dijo la muchacha intentando evitar los nervios que el rubio le causaba a causa de sus palabras.
—De acuerdo—el rubio se acomodó en la cama y esperó a que la chica comenzara. Se había acostumbrado a verla activar su Byakugan. La sensación que le provocaban los toques de la chica, se sentía en paz. De vez en cuando cruzaban palabras pero al parecer se sentían cómodos con el silencio que se producía alrededor de ellos.
—Hina… ¿Crees que pronto pueda salir de aquí?
La pregunta del rubio la había tomado por sorpresa—S-supongo que no h-habría problema… aunque tendríamos que esperar las órdenes de Tsunade-sama.
—Entonces podrías ir a verla y pedir permiso—en el rostro del rubio se formó una sonrisa traviesa—Es aburrido estar aquí todo el día. Me gustaría salir.
—Iré a ver a Tsunade-sama para solicitar el permiso—la chica sonrió tímidamente—Quizás si tengo suerte, pueda llevarlo al pueblo.
—Sería maravilloso. Arigatou Hina-chan.
Hinata al visualizar con su línea de sucesoria notó que el rubio estaba recuperándose rápidamente aunque su red de chakra estuviera tardando tanto. Estuvieron trabajando hasta medio día.
—Regresaré para la comida Minato-sama.
—Claro Hina. Te espero.
De una pequeña nube de humo la heredera desapareció. Suspiró con flojera y se dejó caer en la cama, el mirar el techo blanco no le ayudaba a recuperar su memoria.
Mientras Hinata se encaminaba rumbo a la torre Hokage, se enteró por medio de Kiba qué el equipo siete estaría de misión durante medio año. Sabiendo la razón del porque se deprimió un poco fue porque no podría ver a Naruto durante tanto tiempo, además se sentía mal con ella por no poder decirle a su amado qué su padre se encontraba vivo. Pero retomando sus ánimos se dirigió dónde Tsunade se encontraba, al pasar por las calles de la villa varias personas le saludaban pues su labor en el lugar había dado frutos.
Al llegar a la entrada de la torre Hokage saludó a los shinobi que custodiaban el lugar, le saludaron y ella siguió su camino.
— ¿Qué sucede Hinata? ¿Ha sucedido algo con Minato?
—Etto… no bueno yo… es que.
—Se clara—pidió Tsunade, en ningún momento la había mirado a la cara ya que se encontraba leyendo algunos documentos.
—Bueno Tsunade-sama—agarró confianza para poder hablar—Q-quería saber si… bueno… M-Minato-sama quiere salir un rato del hospital—los almendrados ojos de la rubia mujer se posaron en la persona de la chica—Dice que se encuentra un poco aburrido y bueno y-yo quisiera s-saber si puedo escoltarle para dar una v-vuelta por Konoha.
La Quinta sonrió, vio a la chica juguetear con sus dedos sabiendo que estaba nerviosa por su petición. Dejó sus documentos un momento y se levantó de su escritorio.
—No creo que sea buena idea—la Hyuuga bajó su mirada, pues no sabría que podría decirle al rubio cuando regresará a verle—Pero no veo algún problema en que puedan pasear un rato—Tsunade en todo momento miró las reacciones que su alumna tenía—Pero podría ser un problema si los demás se enteran que está vivo el cuarto Hokage.
—P-pero…
—Oh está bien—suspiró la mayor—De todas formas, Naruto no está en la villa. Lo he mandado a una importante misión para ayudarle a Minato a recuperar su memoria. Así que tenemos el tiempo suficiente para que se recupere y darle una muy buena explicación a Naruto cuando esté de regreso.
Los ojos perlados de la chica se iluminaron.
— ¡Hai!—exclamó contenta.
—Solo ten cuidado Hinata.
Después de aquella pequeña charla con la Hyuuga ésta partió de inmediato a la torre. No sin antes buscarle algo de ropa al rubio, ya que no podría salir del hospital con la bata de interno, rebuscó en un pequeño almacén de la villa y se consiguió un pantalón y una camisa ninja. Esperaba que fuera suficiente para el ninja, se aseguró en llevar también un par de zapatillas.
Cuando regresó a la habitación dónde Minato se encontraba, no le sorprendía encontrar al rubio mirando por la ventana.
—Qué bueno que regresaste Hina-chan—habló el rubio desde la ventana, viendo a la nada en particular. Pero pues al menos así se distraía de no hacer absolutamente nada.
— ¡Hai!—exclamó la peliazul retomando el aire, ya que había ido corriendo—Etto… M-Minato-sama, yo…
El rubio por fin volteó su mirada. La chica estaba sonrojada, desde que la conocía ella siempre se sonrojaba bastante e indudablemente se le hacía bastante bonita y tierna cuando hacía eso; una sonrisa suave se instaló en sus labios. Pudo verla nerviosa ya que entre sus brazos traía un pequeño paquete que abrazaba más contra su pecho, había aprendido que la chica se auto protegía haciendo esos gestos.
— ¿Qué traes ahí Hina?
—Etto… bueno—el rostro de la kunoichi se coloreó—Le traje algo de ropa.
— ¿Eso quiere decir que me dejarán salir de mi encierro?—preguntó de forma divertida no pudiendo evitar una pequeña risa por su chiste local.
—Hai—suspiró la chica.
— ¡Genial! ¿Entonces qué esperamos?—al rubio se le veía bastante entusiasmado con la idea de que podría salir de esa habitación. Un hormigueo le recorría todo el cuerpo ya que sentía que a dónde iba le provocaba añoranza. Se acercó a la muchacha para tomar el paquete, al abrirlo se encontró con ropa—Iré a cambiarme, no tardo.
La muchacha asintió en silencio y se quedó mirando por dónde el Yondaime se había ido. Aquel hombre tenía la gran facilidad de ponerla bastante nerviosa, e indudablemente le recordaba a su adorado Naruto.
Pocos minutos después Minato apareció frente a la muchacha, ella se encontraba metida en sus propios pensamientos hasta qué sintió la presencia del rubio muy cerca de su espacio. Su rostro se coloreó mientras sus pupilas se dilataban, era presa de sus nervios ya que podía sentir el aroma personal del rubio. Era un aroma fresco y embriagante. Minato Namikaze veía fascinado a la muchacha, el ver sus reacciones era muy interesante, su rostro pasaba de pálido a rojo. Jugueteaba con sus dedos nerviosa y ese acto inmediato de llevar una de sus manos a la altura de su pecho para protegerse. Estaba demasiado cerca de ella como para no sentir el rico aroma que Hinata desprendía: Lilas.
Se quedaron mirándose uno segundos que para ellos pareció una eternidad.
—Lo siento—por fin Minato puso un alto a esa extraña cercanía que se formó alrededor de ambos— ¿Qué tal me veo?—preguntó ahora con una sonrisa genuina en su rostro. Hinata se sorprendió al verlo sonreír.
Su cara aún sonrosada asintió—Mu-muy bien M-Minato-sama.
Entre Naruto y Minato la sonrisa era muy parecida— ¡Genial! Supiste muy bien que ropa me quedaría… bueno, ¡Ahora vámonos!—se le veía bastante entusiasmado. Jalando a la chica de la mano la arrastró por la puerta, mientras los ANBU se quedaron sorprendidos al ver salir a la pareja de la habitación. No podían creer lo que sus ojos estaban viendo, desde que Tsunade les encargó la misión de custodiar esa habitación no sabían de la presencia de ese hombre en particular.
Se miraron mutuamente a través de su máscara.
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El Rayo de Konoha miraba fascinado la villa, sentía en su interior que conocía ese lugar. Pero definitivamente no recordaba absolutamente nada, pero estaba seguro de que ahí era dónde vivía. Su sonrisa era amplia, muy bonita para los ojos opalinos de Hinata, quién indudablemente no podía disimular mirarle de vez en vez, ya que era imposible no hacer comparaciones entre él y Naruto.
—Bueno Hina. Deberías darme un recorrido por el lugar—habló Minato de manera risueña.
— ¿A dónde le gustaría ir?—preguntó suavemente la chica, el viento veraniego de Konoha mecía sus cabellos de manera suave.
— ¿Qué te parece si vamos sólo a recorrer el lugar? Tengo un raro sentimiento—se quedó pensativo, Hinata estaba al tanto de sus palabras—Siento que aquí tengo memorias.
—Mi-Minato-sama—Hinata llamó, armándose de todas sus fuerzas para poder hablar al rubio—Y-yo le ayudaré a recordar.
— ¿Lo dices enserio, Hina?—preguntó el rubio. Mirando con un brillo especial a la kunoichi.
—Hai—asintió ella, al mismo tiempo que sus mejillas se coloreaban nuevamente.
—Entonces… ¿Qué sabes sobre mí?
—Sólo prométame sopesar toda la información correspondiente a su tiempo—contestó la muchacha tranquilamente.
—De acuerdo—otra vez esa sonrisa que lo asemejaba tanto con Naruto.
— ¿A dónde quiere ir?
— ¿Sabes algo Hina? Deberías dejar de llamarme de manera tan formal—sonrió Minato, ese hombre era una sonrisa andante ya que se expresaba mayormente con ese gesto—Me haces sentir viejo y… creo que no lo estoy.
La Hyuuga se quedó en silencio durante unos minutos ya que eran casi 19 años desde que él había fallecido. En la edad que murió el Rayo de Konoha éste tendría 39 años. Sin embargo; se le veía como un chico de 20 años, joven y fuerte. ¿Quizás se detuvo su tiempo? Mientras varias incógnitas se formulaban en la mente de la heredera, Minato aprovechó para admirar la villa.
—Etto… está b-bien Mi-Minato-kun—para ella era bastante difícil, ya que se encontraba con el Cuarto Hokage y aunque éste no recordara se merecía cierto respeto. Pero él se lo estaba pidiendo, que lo tratará como un igual.
Namikaze sonrió complacido al escuchar el nuevo pseudónimo de los labios cerezas de la muchacha.
—Tengo un poco de hambre—Hinata miró al hombre, era muy cambiante—Me provoca comer un poco de ramen.
Típico… de tal padre tal hijo, ahora entendía porque Naruto era un fiel amante de los fideos. Su padre era igual, sonrió con ternura—Minato-kun, vayamos a comer ramen entonces.
— ¡Genial!—emprendieron camino al interior de Konoha, el rubio podía sentir muchas miradas curiosas sobre su nuca más no se atrevía a preguntarle a la Hyuuga, ella se veía bastante incómoda a su lado, durante todo el camino mantuvo sus ojos escondidos bajo su flequillo y sus mejillas totalmente coloradas. Aquel acto de auto protección la acompañó durante todo el camino.
—H-hemos llegado—anunció la chica, Minato levantó la mirada sólo para encontrarse con un título conocido… Ichiraku algo en su interior le decía que él conocía ese nombre, pero asociaba el nombre del local con deliciosos ramen.
— ¿Entonces qué esperamos?—preguntó el rubio, tomando a la chica de la mano.
El rostro de Hinata se coloreó en su totalidad al sentir su mano entrelazarse con la del Yondaime. La jaló al interior del local, fueron recibidos por Ayame. Ésta última se le dibujaron corazones en sus ojos al mirar al atractivo rubio que estaba al lado de la tímida Hinata.
—Bienvenidos—suspiró enamorada la chica— ¿Qué ordenarán?—parcialmente la atención de Ayame iba dirigida únicamente a Minato. Él había sentido la mirada acosadora de la muchacha pero había preferido hacer de cuentas que no sabía nada, sintió en su interior por alguna extraña razón que no le gustaba ese tipo de atenciones por parte de las féminas.
—Hina… ¿Qué ordenarás?—preguntó el rubio, ignorando a la chica castaña.
La peliazul todavía se sentía cohibida por la atención recibida momentos atrás. Al escuchar que la llamaban por tercera vez, sus perlados ojos se dirigieron hacía unos océanos azules.
— ¿Nani?
— ¿Qué ordenarás, Hina?—volvió a preguntar el rubio. Sonriente por supuesto.
—Bueno… Un Sapporo Ramen, onegai—pidió la joven. El dueño de Ichiraku llegó en ese momento que su hija tomaba la orden de la ojiluna.
— ¡Ah Naruto, qué bueno verte por aquí con tu novia!—exclamó el hombre, sonriendo al rubio que lo veía como si éste tuviera cuatro ojos en la cara. Hinata parecía olla de presión, de sus orejas podía apreciarse como salía el vapor a toda velocidad, si la vergüenza seguía invadiendo su poca cordura iba a perder el conocimiento.
…¡Vamos! ¡N-no puedes desmayarte ahora! ¡Te verás patética! … aunque intentaba calmarse le era muy difícil.
—Creo que me confunde señor—llamó Minato, trayendo a la Hyuuga de regreso al planeta Tierra—Aunque… Naruto… me suena ese nombre, pero ¿dónde lo he escuchado?
—Disculpe usted caballero—dijo el chef, mirando apenado a Hinata—Lo siento Hinata-san.
— ¡Ie! No hay p-problema.
—Bueno por éste pequeño incidente, yo les invito la cena. ¿Qué les parece?—ambos shinobi se sorprendieron al escuchar al hombre.
— ¡De acuerdo!—exclamó Minato, ahora él mirando con entusiasmo el menú—Todo se ve delicioso… pero creo que pediré un miso ramen.
—Bien, en unos minutos se los preparo—anunció el chef, sacando sus utensilios de cocina—Ayame, hija, ofréceles un poco de té o agua.
—Si papá—habló la mujer, aun mirando con corazoncitos al rubio.
Entre ambos ninja se había quedado todo en total silencio… de alguna manera el ambiente se había vuelto incómodo. Minato podía sentir que la Hyuuga se encontraba tensa, ya que no lo miraba, por supuesto no emitía sonido alguno. Solo estaba ahí sentada esperando a que le trajeran la comida. Aunque en realidad, él tampoco tenía ánimos de hablar ya que el nombre de Naruto lo tenía pensando demasiado, quería recordar de dónde lo había escuchado o porque se le hacía tan tierno aquel nombre y querido. Miró a la muchacha una vez más, ella estaba moviendo los pies.
—Oye Hina—los perlados ojos se posaron sobre su persona— ¿Tú tienes novio?—mentalmente se regañó al hacer una pregunta tan tonta como esa. ¿Por qué le había preguntado eso a la peliazul?
Negando fervientemente intentó contestar—Ie… n-no tengo.
—Perdón por ser entrometido—se rascó con vergüenza la nuca, intentando aligerar la tensión.
—N-no te preocupes.
—Bien, aquí están sus órdenes—habló el chef, entregando dos tazones humeantes de ramen.
Los ojos del Yondaime se iluminaron al ver el tazón bien servido, el aroma era de otro planeta, pudo escuchar sus tripas gruñir. Se sonrojó un poco y miró a Hinata apenado.
— ¡Itadakimasu!—tomó los palillos que estaban a un lado suyo y empezó a degustar el delicioso ramen. Sus mejillas se sonrojaron al mismo tiempo que de sus ojos brotaban pequeñas lágrimas al sentir como sus papilas gustativas se extasiaban por el sabor.
Hinata hizo lo mismo, le gustaba el ramen de Ichiraku, pero de alguna manera era fascinante ver como el Yondaime disfrutaba de aquel platillo tan típico de Naruto. Su rostro se coloreó de un suave tono rosado al verlo disfrutar sus alimentos, retiró su mirada apenada al momento en que los ojos zafiros del rubio se posaron sobre ella, sorprendiéndola.
— ¿Tengo algo malo Hina?
— ¡No!—la chica se viró tratando de ocultar su sonrojo, Minato sonrió divertido por las reacciones de su compañera. No queriendo tomarle importancia mucho, siguió comiendo.
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La tarde estaba llegando a su fin, el sol empezaba a ponerse. Hinata y Minato seguían vagando por la villa, para fortuna de la kunoichi en ningún momento se toparon con gente conocida para ella, todos conocían al Yondaime. Pero no estaba lista para responder preguntas sobre su paciente, ya que Tsunade en ningún momento le había dado autorización para hablar del tema.
—La comida estuvo deliciosa, ¿no lo crees Hina?—Minato se sobó la barriga levemente inflada por el ramen.
—S-sí mucho.
—Oye Hina… quiero agradecerte—comentó él, mirando el camino. Pero podía sentir la mirada de la chica—Por sacarme de mi encierro en el hospital.
—Etto…
—Enserio te lo agradezco. Y agradezco que me ayudes a recuperar mis recuerdos.
—N-no es nada.
—Quizás para ti no sea tan importante—sonrió tan dulce que el rostro de la Hyuuga se coloreó—Pero aprecio lo que haces por mí. Mañana quisiera volver a salir.
—Pe-pero debes descansar—sugirió la muchacha—Etto… además no hemos te-terminado con la rehabilitación.
—De acuerdo—suspiró derrotado el rubio.
Hinata miró al hombre, en momentos éste parecía un niño. No se parecía en nada a lo que las leyendas de él contaban, era un hombre muy vital, risueño. Amable, abierto, y sobre todo muy sincero. La chica jugó con sus dedos un momento, sintiendo los nervios invadirle…
Se hizo de fuerzas para poder hablar, al principio las palabras no salían de sus labios consiguiendo solo boquear como un pez. Cerró sus ojos y podía escuchar su corazón latir aceleradamente por los nervios y vergüenza que tenía.
— ¿Te sientes bien Hina-chan?—Minato se acercó de nueva cuenta hasta la peliazul, con los últimos rayos del sol, ella se veía realmente hermosa no pudo evitar acercarse. Cuando la chica abrió sus ojos se sorprendió por su nueva cercanía. Coloreándose hasta las orejas.
—H-hai, demo… Minato-kun yo… etto… bueno… quería invitarte al Festival Obon—el rubio en ningún momento retiró su mirada azulada de la personita de la muchacha—Es el sa-sábado…
—Me encantaría—su voz sonó más ronca de lo normal. Su cuerpo se acercaba a la chica como si fueran imanes e inconscientemente el rubio sentía la necesidad de proteger a esa delicada niña. Mirando las reacciones de Hinata, se atrevió a acercarse a la chica y depositar un suave beso en la mejilla de la kunoichi—Gracias por éste día Hina.
Sintió su rostro arder, su corazón bombear al máximo y luego nada, cerró sus ojos al saberse que se iba a desmayar. Su mejilla ardía con el beso que Minato le había plantado. Pero el golpe nunca llegó.
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Tsunade miraba a distancia los avances de Minato, estaba orgullosa de Hinata ya que el shinobi podía sostenerse por sí solo. Indudablemente era el Cuarto Hokage de Konoha, tenía voluntad de acero. Mirando con curiosidad a su pupila y paciente, vio un extraño gesto de éste para la chica, un suave beso en la mejilla.
No pudo evitar sonreír divertida al ver a Hinata morir de la vergüenza, era más segura de sí, pero no estaba en su naturaleza recibir con naturalidad los toques o caricias entre personas del sexo opuesto.
—Quizás sea mejor que no recuerdes nada por el momento—susurró para sí la Godaime cuando vio al rubio sostener entre brazos a la inconsciente peliazul.
Después desapareció en las sombras.
Fin Capítulo.
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Quiero agradecer sus comentarios a: •RankaxAlto • fadebila • Mimi Tachikawa08 •TataMile •kandiliz25 •Nanistis •Cristal Azul •angel maria 15 •MarceOzuna y por supuesto a todos los que no dejaron su nombre, a todas las personas que leen en anónimo. También les agradezco su leve participación en éste fic.
¿Y bien que les pareció? Me gustaría que éste romance fuera lento, pero de repente me cuesta. Espero que les haya gustado éste capítulo.
Tardé un poco en subir continuación ya que estoy escribiendo un fic colectivo con unas amigas en un grupo de Facebook y la verdad la angustia me carcome cuando ellas no publican (?) en realidad no… pero si me emociono con los capítulos. Y más porque puedo usar a mi personaje propio: Negumi Uchiha.
Hoy también tuve una situación con respecto a una fanficker que se considera novata en esto… y me alegó que la ortografía y redacción no es importante en la escritura de un fanfic si al final del día se da a entender con los lectores. ¿Ustedes que opinan? ¿Es o no importante éste punto para un fic?
