Capítulo IV "No hay alternativa"
Las caricias subían de tono a medida que escaseaba la ropa que ocultaba ese maravilloso cuerpo. Sus manos entrelazadas, las piernas envueltas entre las sábanas, los suspiros entrecortados… las miradas de deseo…
Naruto observaba embelesado el cuerpo bajo suyo. Pálido como el mármol, esa anatomía masculina y estilizada, con finas curvas que definían el sexo de tan bello amante. Un vaho de aliento cálido cayó directo hasta su rostro, recordándole que aquel individuo le rodeaba de calor, le alejaba del frío… lo envolvía en su penumbra cálida.
Su mirada azulina se conecta con la azabache, luchando una frente a la otra, buscando respuestas y dejando preguntas inconclusas, rasgando cada vestigio de tranquilidad que la mirada de color mar pudiera proyectar. Hundiéndose en el negro de la noche, con brillantes estrellas refulgentes de placer.
A pesar de la rabia y la impotencia por no tener la fuerza de voluntad para negarse a cada capricho del azabache, disfrutaba siendo su amante, fundirse en el…
Ese cuerpo no había sido poseído por nadie más. Él era el único capaz de atravesar ese frío y rasgado corazón consiguiendo que latiera a su propio ritmo y calor.
Aquellos orbes del color del ónix oscuro, le observaban llenos de éxtasis, sus mechones azabaches caían y se removían suavemente en las almohadas siendo presas del vaivén de estos dos amantes. Un vaivén extasiante y dulce, lleno de amor entregado y recibido, lleno de cariño en cada roce, en cada beso… en un suspiro.
—Naruto… —gimió quedo al recibir las embestidas tan cargadas de ternura.
—Sasuke… —respondió con un jadeo al sentir como su miembro era apresado por esa cavidad.
—Vente conmigo, Naruto… —susurró con los labios húmedos esperando un beso de su apasionado amante.
—Sasuke…
—Devórame, Naruto… Bésame…
—Sasuke… Sasuke…
—Naruto…
—Sasuke… yo…
—Naruto… despierta, Naruto…
Pronto, aquella cama en la que se encontraba apoyado sobre su amante, desaparecía en la oscuridad. Un espacio sin final, totalmente tenebroso, le hizo sentir desamparado.
—Naruto… escúchame…
—¿Sasuke?... —Trató de ubicar la voz.
—Contigo yo jamás hubiese tenido un futuro…
—¡¿Sasuke?
—Naruto, despierta… no llores…
—Otou–san…
—Naruto… no importa que suceda ni cuánto tiempo te alejes, siempre volverás a mí, porque tú eres mío…
—Sasuke, ven conmigo… regresa…
—Naruto, yo estoy contigo… no te dejaré solo… te lo prometo… —Esa voz, la reconocía, pero no recordaba a quien pertenecía.
—Mío, Naruto… yo hago contigo lo que quiera… porque eres mi capricho… por mí estás vivo…
—Ya basta…no me hagas esto… —Sostenía su cabeza, confundido.
—Estoy contigo, Naruto…
—¡Ayúdenme!… ¡Ayúdame!…
—Naruto… —Esa voz… era de…
—¡Ayúdame, Minato! —gritó desesperado.
Minato volvía del baño con una pequeña tinaja con agua. Se paró frente a su habitación y entró sigilosamente tratando de no despertar al inquilino que tenía dentro de sus sábanas. Llevó la tinaja sobre el velador y remojó un paño, ya tibio, debido a la fiebre que poseía el menor.
Naruto llevaba seis días con fiebre. Se le notaba bastante frágil, pues esos días había permanecido inconsciente. Tsunade le visitó con el alma en un hilo mientras Shizune salía y entraba de la habitación con cosas. Él, para no estorbar, decidió quedarse en la sala sentado en el sofá esperando un diagnóstico. Y rezando con fervor porque lo ocurrido con Naruto no fuese obra del Sharingan.
Luego del cambio de actitud y la aceptación de su hijo, Naruto estaba más alegre y comprensivo. Sus sonrisas no eran radiantes, pero al menos sí eran sinceras. Se juntaba más con los amigos y salía poco de noche. Además de que el ramen volvía a ser su comida favorita.
De Uchiha no había vuelto a escuchar más que estupideces. Se decía que Karin, su pareja, tenía problemas con el embarazo por lo que él se desapareció como por arte de magia. Y, al parecer, Naruto no resentía esa ausencia.
En muchas de las salidas a comer que programaban, veía a su hijo observar de lejos como la joven abrazaba posesiva al Uchiha que ni se inmutaba por el contacto. Como también notaba esos ojos escarlata brillar de rabia cuando, en un acto de apoyo, Minato tomaba la mano de un sonrojado Naruto y lo sacaba del lugar.
Mientras que la relación entre Sasuke y Naruto era prácticamente inexistente, entre Minato y Naruto se forjaba una dependencia aún más firme y sincera. Naruto no le ocultaba cosas como antes, tenía sus secretos, pero era algo que con el tiempo iría revelando según sus propios deseos. Además, Minato no deseaba presionarlo, por ello practicaba con el ejemplo, contándole historias de cuando era más joven, igual de impulsivo y testarudo, y por supuesto de las aventuras que vivió con el pervertido de Jiraiya. Cada noche se juntaban en la habitación del más joven para conversar hasta muy entrada la madrugada. Eso y otras cosas…
En una de esas noches, Naruto le confesó haber sentido atracción por Kakashi cuando era más pequeño.
Casi le da un paro cardiaco.
"—Pero ahora sólo lo considero un gran maestro, tebayo —explicó con una bonita sonrisa.
—Me alegro —murmuró aliviado.
—¿Cómo dices? —preguntó extrañado, al no escuchar a su padre.
—Nada, Naruto, nada…"
Luego de esa noche, otros sucesos y confesiones se llevaron a cabo. Un ejemplo seria el shock de Kakashi al descubrir a su ex pupilo con su ex maestro, que además eran padre e hijo, desnudos, con la cara de agotados y satisfechos, y por si fuera poco en la misma cama.
Cuando Minato notó a Kakashi sobre el alfeizar de la ventana, con los ojos como plato y con un hilillo de baba cayendo por entre la máscara, quiso explicar de la forma más pacífica….
Un momento…
¿Un hilillo de baba?
Momentos después se podía observar a Kakashi, sentado en el comedor de la cocina, con un chichón humeante en la cabeza, esperando a su maestro que venía con unas tazas de té caliente.
—Maestro… —Quiso preguntar de forma sutil—. Usted… ehh… —Pero no había forma.
—Sí, Kakashi. Estoy llevando una relación con Naruto —contestó rígido, esperando un escándalo por esta anómala situación…
—Kyaaaaaaa, ¡Incesto! Es genial… no como el Icha Icha ¡Pero es genial! —chilló como loco con los ojos hechos corazón y la máscara babeante.
… aunque con Kakashi era mejor no anticiparse.
—Kakashi, sabes que esto no debe salir de aquí —Le espetó severo.
—Por supuesto, Maestro. Cuente conmigo —Aseveró con su ojito feliz.
Contar con la aprobación y ayuda de Kakashi fue fundamental en su relación, aunque también tenía su contra. Debía tener mucho cuidado con las ventanas abiertas y las puertas sin seguro, y sobre todo analizar los chakras que se encontraban alrededor. No era de mala persona, pero Kakashi se tomó la costumbre de interrumpirlos justo cuando realizaban una "Escena Yaoi" como las bautizó. Y aunque Naruto estuvo reticente un tiempo debido a que ya no era un secreto, rápidamente cambió su forma de pensar debido a una charla entre "Maestro y Alumno" que Minato insistía en averiguar. Cosa que ninguno de los dos ha querido mencionar hasta el momento.
Sin embargo, Minato confiaba en su hijo debido a una declaración que el menor confesó una de esas noches que hacían más cosas que sólo hablar.
"—A veces siento que lo único que me ata a ti es mi vínculo de sangre…
—… —Minato sólo permaneció en silencio.
—… Pero hay momentos que ni siquiera deseo tener estos lazos… —Naruto abrazado al pecho del mayor, no notaba como su rostro se compungía por las palabras recién escuchadas—. Pero la razón de ello es que no puedo… mostrar lo que siento cuando estoy contigo… es algo tal especial que no puedo soportarlo… me arde el pecho y… ni siquiera con Sasuke sentí algo así —completó algo más tranquilo.
Minato le abrazó con fuerza tratando de sumergirse en su piel. Acariciaba cada cabello rubio con la yema de sus dedos, sintiéndolos suaves y finos. Acercó su nariz para olfatearlo, embriagándose del dulce aroma de Naruto. Un olor a arce y miel, exquisito y raro que le obligaba a cerrar los ojos por la sensación tan sublime.
—¿Minato? —La voz de Naruto lo sacó del ensueño.
—¿Si?
—¿Tú me amas? —preguntó con los labios rozando el cuello de su rubio padre.
—Sí…
—Yo aún no…
—Lo sé —suspiró. Todavía no se daba por vencido.
—Sin embargo… anhelo tus labios —musitó sonrojado. Minato abrió los ojos sorprendido por la declaración.
—¿Y por qué no me besas? —curioseó mientras apresaba más el cuerpo a su lado.
—Porque estos labios sólo son de Sasuke… y prometí que nadie osaría siquiera rozarlos. Por esa razón, yo mantengo mi postura.
—Sasuke no se merece una promesa así —Apretó los puños sobre la espalda del menor.
—Es la persona que amo, no trates de empañar su recuerdo. Mi piel todavía lo necesita —murmuró mientras le daba la espalda y caía dormido.
—Yo haré que no lo necesites, voy a saciarte de amor hasta que no puedas ni aguantarlo. Seré yo quien te haga el amor una y otra vez, para que mi semilla en tu interior te marque como de mi propiedad —susurró en el oído de Naruto haciendo chocar su aliento en esa cálida nuca. Naruto se estremeció arqueando la espalda y logrando chocar sus nalgas con el miembro semi–despierto de Minato.
Esa noche Minato volvió a poseerlo, embistiéndolo con firmeza mientras acariciaba su miembro. Naruto gemía quedo con los labios entreabiertos y los ojos cerrados de la placentera sensación. Minato no desaprovechó esa oportunidad y rozó levemente sus labios con los del menor en una caricia efímera y necesitada que le hizo vibrar del éxtasis."
Minato se ruborizo levemente por el recuerdo. Luego de ese acontecimiento Naruto le dejó en claro que sólo serían leves roces, nada profundo, pues quería mantener su promesa. El no objetó nada, mientras lo tuviera entre sus brazos lo demás se daría solo. Lamentablemente eso no ha sucedido hasta ahora y todo por culpa de ese Uchiha.
Sabía que él tenía que ver con la repentina enfermedad de Naruto. Sólo fue una hora, una simple hora que lo dejó solo en su hogar para ir por comida. Cuando volvió, Naruto se hallaba inconsciente y con el labio partido. Botó las bolsas que traía y levantó a Naruto para llevarlo hacia su cama. Le dejó con un paño húmedo pues presentaba fiebre y de un "puff" se dirigió hacia Tsunade.
Luego del drama para traerla, las medicinas, las visitas y demás encargos, quedó solo en ese apartamento. Iba de vez en cuando hacia el baño por una tina pequeña con agua y cambiar los paños ya tibios por la fiebre del menor.
Observaba ese rostro sonrojado, los labios entreabiertos por el intento de llevar oxígeno a sus pulmones. Los ojos cerrados, pero titilantes, que daban la impresión que se encontraba soñando. Rozó con ternura la mejilla con los bigotitos que, a pesar de ser un karma para el menor, le eran adorables. Lo veía tan desprotegido y frágil que sin premeditarlo avanzó su rostro hacia el menor con la intención de probar sus labios.
Sentía la respiración chocar en su cara, y relamió sus labios con la lengua por la ansiedad. Apoyó sus brazos sobre la cama y descendió lentamente para no despertarlo. Entreabrió los labios a la espera de cazar los contrarios cuando el golpear de una puerta lo detuvo.
Cerró los ojos con todo el deseo de reprimir las horrendas ganas de asesinar al que se encontraba detrás de esa puerta. Se sacudió levemente y volvió a la misma posición de antes para saborear los labios de su retoño cuando, otra vez, tocaban la puerta.
—Ni que lo hicieran a propósito —Se dijo.
Aunque cuando abrió la puerta y vio quien le interrumpía, se dijo mentalmente "No reprimir mis ansias asesinas… nunca más".
—¿Qué quieres aquí, Uchiha–san? —Sasuke sonrió de medio lado.
—¿No me invita a pasar?
—Sólo a los que son bienvenidos y tú no lo eres, contesta —Le cortó grosero.
—Ya veo de dónde sacó el mal humor… —comentó como quien no quiere la cosa.
—¿Has venido a echar esta palabrería tan ridícula? —preguntó suspicaz apoyándose en el contorno de la puerta.
—En realidad vine a ver a Naruto ¿Se encuentra? —curioseó falsamente.
—Sabes perfectamente que Naruto está en cama, y de hecho también sabes que es tu culpa.
—Mmm, no lo sé. Con Naruto es difícil saberlo. A veces puede ser en la cama o en el piso… —Minato lo miró asqueado.
—No me interesa saber qué relación tuviste con Naruto, sólo quiero que te alejes de él —Terminó.
—Él no quiere alejarse. Jamás podrá alejarse de mí, me pertenece…
—Naruto no es un objeto.
—¿Y qué se queja tanto? Si no fuera por mi indiferencia Naruto jamás se hubiese acercado a usted —contestó mordaz.
—No te metas con nuestra relación.
—¿Y además tiene el descaro de confirmarlo? Me pregunto: ¿Qué haría El Consejo o Tsunade–sama si se enteraran de esto? —Levantó su dedo índice en un acto hipócritamente inocente.
—No es algo que te incumba, y si fuera tú no me metería en esto —Se acercó lentamente hacia Sasuke, enfrentándolo—. Tú ya decidiste dejarlo, tienes una mujer y un hijo a la espera. No intentes comprar a Naruto con amor porque de ahora en adelante yo seré su pareja —Sasuke le observaba impertérrito. Minato apenas aguantaba las ganas de lanzarle un golpe—. Y ni creas que me olvidé de cómo lo dejaste, lo sacaré de ese genjutsu para que se olvide de ti y de tu asquerosa obsesión.
—No hay nada que puedas hacer —Le refutó vulgar, olvidando el respeto hacia el antiguo Yondaime—. La única forma de que Naruto salga de mi técnica es acostándose conmigo —Sonrió de medio lado activando el Sharingan—. Ninguna otra piel podrá tocarlo. Sólo debería observarlo, mientras más se acerca a Naruto más sufre en sus sueños. Me ve alejándome de él cada vez que escucha la voz de otro… ahh —suspiró con los ojos cerrados—. Sería un desperdicio si muriera por culpa de la infidelidad ¿No cree?
—¿Qué quieres decir? —preguntó confundido.
—Si Naruto llega a besar a otra persona que no sea yo, simplemente le dará un paro cardiaco. No tendrá otra oportunidad —Observó detenidamente el semblante pálido de su adversario—. Lo habías intentado ¿No? —La cara de Minato lo decía todo—. Lo supuse, que bueno que llegue a tiempo —De repente su semblante de ironía cambio a seriedad absoluta—. Déjeme pasar, Minato–san. Yo puedo regresar a Naruto, sólo necesito estar a su lado todo lo que resta de la noche.
—Sobre mi cadáver —masculló tenso.
—No me va la necrofilia. Sólo quiero estar encima de Naruto. No suyo —Al ver la indecisión de Minato decidió largarse—. Piénselo, usted podría salvarle la vida, misma que se encargó de marcar apenas días de nacido —Le recordó hiriente.
—No te metas en eso —siseó con furia contenida.
—Volveré mañana. Hasta ese momento absténgase de siquiera tocar a Naruto. Eso sólo empeorará sus sueños —Volteó con parsimonia hacia el corredor del edificio—. Piense en su querido "hijo" antes que todo, no vaya a ser que cometa un error garrafal.
—¿Cómo puedes querer a Naruto mientras tienes a otra persona? —preguntó shockeado por la frialdad del menor.
—No tengo otra persona. Sólo tengo un contenedor de ovarios para fecundar —La frase creo un revoltijo en Minato—. Y Naruto me pertenece mucho antes de que a usted se le ocurriera volver —Le observó por el rabillo del ojo azabache—. Renaceré mi clan, pero Naruto jamás saldrá de mi vida. Él me quiso de vuelta, debe hacerse responsable.
—Eres tan orgulloso que ni siquiera admites sentir algo más por él, sólo lo disfrazas de obsesión —Observó con pena al último Uchiha, que le devolvió la mirada cargada de ira—. Únicamente lo harás sufrir, más de lo que sintió cuando estuviste lejos. Ahora tiene la oportunidad de ser feliz conmigo. ¿No te basta? ¿Tan malogrado tienes el corazón?
—Sólo son palabras al aire. No me interesa escucharle, Minato–san. Le recuerdo: Naruto es mío —Volteó para desaparecer con una técnica de tele transportación.
Llevaba más de tres horas en la misma posición, meditando. Analizando cada palabra dicha por el Uchiha. Sus expresiones, los dichos y por sobretodo la intención.
"Naruto es mío"
No negaba que él era tanto o más posesivo que el Uchiha, pero si eso revocaba en la felicidad del ser amado, simplemente reprimía tales sentimientos. Era terriblemente egoísta por parte de Sasuke el intentar mantener a Naruto bajo su propia ley y deseos. Demasiado vulgar como para querer tener a su esposa e hijos mientras un amante le espera en otra casa… extremadamente desesperado como para encerrarlo en una técnica donde la única solución es él.
Ese último pensamiento lo despertó del todo.
Si Uchiha llegó al extremo de encerrarlo en una técnica, debió ser porque Naruto se opuso a ser su amante. Algo debió ocurrir para que todo terminara de éste modo. Seguramente, Naruto no aceptó nada de Sasuke o…
—Tal vez, le mencionó sobre sus intenciones para conmigo —habló en voz alta.
—Tengo entendido que Sasuke–kun suspendió la boda —Una voz le sobresaltó, a pesar de haberla reconocido.
—¿Sabes el motivo, Kakashi? —preguntó mientras se enderezaba en el sillón.
—Al parecer, su novia Karin no aceptó ciertas reglas que Sasuke le quiso imponer —Se fue a sentar al otro lado del sofá.
—¿Crees que Naruto tuvo que ver en eso?
—Más bien pienso que Sasuke trató de meterlo en eso —Observó con los ojos cerrados—. Iré con él y le preguntaré ¿Le parece?
—Él ya vino aquí —contestó parco, observando el techo.
—Que le dijo…
—Si no se acuesta con Naruto, él no despertará —Kakashi abrió los ojos sorprendido mirando al frente—. Y si otro llega a tocarlo, morirá —Esta vez observó a su maestro, viendo el rostro sereno y a la vez angustiado. Sólo sus ojos hacían la diferencia.
—¿Qué decisión tomó, Maestro?
—Le dejaré venir… sólo Naruto puede decidir… —dejó la frase al aire.
…Si desea ser feliz o no
Podía sentir un cuerpo frío sobre el suyo, un calor familiar y a la vez de lejana remembranza. Sentía una necesidad angustiosa por mantenerlo y envolverlo en sus brazos. Una imperiosa necesidad de darle forma a ese cuerpo. Aquel que le acariciaba con los dedos helados y suaves, que le besaba con brusquedad y a la vez deseo. Esa extraña sensación de haber vivido antes todo aquello, le llegó a la mente como un vago recuerdo.
Su pecho era cubierto de besos, leves caricias que le estremecían. Podía oler la menta de los lacios mechones de cabello que caían hacia su cuello produciéndole cosquillas. A pesar de no abrir los ojos, rozaba esa fría piel contrastando con el calor de su propia excitación. Respondía a las maniobras en su miembro, mismo que fue devorado por una cálida boca. Succionaba y humedecía con un vaivén extasiante y vigoroso. Los sonidos de aquellas lamidas le circundaban como una serenata morbosa.
Aquellos movimientos cesaron de súbito, sintiendo el cuerpo contrario subir hacia sus labios para acercarle en un beso asfixiante. Toda cordura quedó atrás, enredando en sus manos cada fino y suave cabello, atrayendo esos labios que le robaban el oxígeno con ímpetu.
Poco a poco su miembro iba siendo apresado por una cavidad estrecha y húmeda. Una sensación de júbilo le instó a apresar esas caderas y penetrarle hasta el fondo. Oyó un ronco gemido saliendo de su boca junto con un jadeo proveniente de su amante. Podía sentir los temblores sobre si, el deseo de saltar, de adentrarse más en aquel cuerpo, de marcarlo y poseerlo hasta que se le fuera el alma. Tantas emociones y sin poder maravillar su vista.
Sus ojos pesaban, pero eso no le impedía volver loco a su amante. Movía sus caderas de arriba abajo, mientras el contrario se mecía de un lado al otro, tocando todos los puntos sensibles en el proceso.
La respiración entrecortada del otro era tan sublime y leve, que sus oídos trabajaban al máximo para deleitarse con ellos. Susurros de palabras calientes y groseras, recubiertas de ternura, eran un bálsamo para las heridas que ni siquiera recordaba tener.
Acariciaba cada resquicio de piel, deteniéndose en esos botoncitos del pecho que lograron expulsar un auténtico gemido de su dueño. Se levantó raudo para llevarlos a su boca y lamerlos como un gato sediento. Su espalda se cubrió de aquellas frías manos que pasaron a arañarle por las sensaciones incontenibles.
—Naruto…
Gemidos con su nombre embargaban el lugar, sin embargo, seguía sin soltar un nombre a la ligera. Ese cuerpo era su perdición y a la vez deseaba con todas sus fuerzas que fuese su salvavidas en aquella oscuridad. Por unos instantes aquellas gélidas manos se volvieron cálidas y grandes. Tanto era su ardor que se figuraba el cuerpo perteneciente a esas manos. Uno bronceado y suave. Con hombros anchos y musculosos. Imaginar aquello hizo vibrar su alma…
Sentía la culminación, los espasmos de placer, el estremecimiento de esa piel ajena y fresca, el pináculo de sus sentidos. Se adhirió a la piel del contrario para oír esas palabras cargadas de cariño, esas que tantas noches había soñado con escuchar despierto, esos sentimientos que podrían transmitirse con un simple beso, pero en vez de ello sólo recibió…
—Eres mío.
El orgasmo llegó con fuerza, dejándoles la mente en blanco. Con esa sensación de hormigueo y satisfacción por el cuerpo. Respirando agitados buscando con creses recuperar el aire. Abrazados, deseando fundirse. Sintiendo las paredes de ese ser húmedos por su eyaculación mientras sus vientres eran acariciados por las gotas de ese exquisito semen expulsado.
Sus ojos se abrieron despacio. Casi midiendo el tiempo. Tenía deseos de pronunciar el nombre de aquel que había ocupado su mente en el clímax. Evocar su recuerdo para revivir ese momento de placer, pero apenas posó sus ojos azules en el contrario, aquellas atrayentes cuencas azabaches, no pudo más que dejar caer su frente en la hendidura de su cuello, añorando en su mente aquel nombre amado.
"Minato"
El parque estaba vacío.
Había decidido irse del departamento con toda la intención de huir de ese espectáculo. Si apenas se hacía a la idea de que Naruto estaría con otro, menos soportaría escucharlos.
Sentía rabia, ira, frustración… celos. Sí, celos. Minato Namikaze, el gran Yondaime de Konoha sentía celos por su hijo. El mismo que en esos momentos estaba estampando a un Uchiha contra la pared.
Y pensar en eso le dio más rabia, pero esta vez no era de celos, sino de impotencia. Entender que él no podía hacer absolutamente nada porque ese encuentro se postergara, o en el mejor de los casos se anulara. Uchiha la había hecho de oro con ese genjutsu. Mira que crear una enfermedad donde él era la cura. ¡Magnífico! ¡Denle el Premio Nobel!
Si hasta se había vuelto irónico.
Pero, ¿De qué otra forma podía actuar? Ya se imaginaba un "Naruto, no quiero que veas más a Sasuke porque yo soy tu pareja"
Jo, jo. Si hasta se reía sólo de la ocurrencia, sobre todo por la segura respuesta que le daría su querido hijo–amante. "Yo amo a Sasuke".
¿Por qué tenía que terminar de ese modo? Él lo había hecho bien. A paso lento, pero prometedor. Ese odio–admiración de Naruto era su bálsamo. Y por eso es que había luchado todo este tiempo, por la aceptación de Naruto. Por su perdón y su cariño. Lástima que se había terminado enamorando de su hijo.
Ahora que lo analizaba bien, la frase le era repulsiva. En su vida se había imaginado una relación incestuosa, mucho menos verse implicado en ella. Pero así era la vida, todo menos justa.
Cuando volvió, cosa que jamás creyó posible, se encontró en uno de los cuartos utilizados para enfermería dentro de los rostros de los Hokages. Había abierto los ojos y se encontraba exhausto como si el cuerpo en el que se encontraba no fuese el suyo o llevara demasiado tiempo en la misma posición. Sin embargo, hizo caso omiso a la sensación y se acercó al cuerpo a su lado. Un rubio de bronceada tez y marcas en las mejillas que recordaba haber visto frente a la jaula de Kyübi. Su hijo. Observándole.
En ese momento la felicidad le había embargado. Y pronto una serie de recuerdos cayeron a su mente como un balde de agua congelada, dándose cuenta de la realidad. Su alma había regresado a su cuerpo gracias a la técnica de Pain. Un cuerpo extrañamente conservado debido al lugar donde fue enterrado. Según Tsunade, su cuerpo al regresar a la vida buscó de forma desesperada salir de la tierra. Cuando los ninjas de reconocimiento le encontraron, no lo dudaron para enviarlo y tratarle. Sobre todo al verificar el pulso. Además estaba el hecho de que, debido al deterioro del cuerpo, cayó en un coma profundo por casi un año. Lo bueno era que, gracias a que absorbió parte del poder de Kyübi dentro de la mente de Naruto, obtuvo la grandiosa habilidad de recuperar sus heridas, lentamente, pero era algo; entre otros detalles como el sentir la pérdida de Kushina demasiado reciente. De ahí fue que se dio cuenta que había perdido el hilo del tiempo. Kushina había muerto hace dieciséis años, los mismo que poseía Naruto. Que toda la aldea tuvo un gran cambio y a la vez rechazo del que se suponía tratarían como héroe y que Sadaime había muerto por culpa de un Orochimaru traidor. Se había perdido de mucho…
Dentro de los disparates y fantasías por su regreso, no faltó el idiota que lo comparó a una historia de terror denominándolo como un zombi. ¡Señoras y señores! ¡Les informo cordialmente que los zombis NO TIENEN ALMA! ¡Son muertos vivientes! ¡Muertos, la palabra lo dice!
Si no hubiese tenido autocontrol… lo bueno de ser paciente.
Pero ahora la paciencia estaba haciendo mella en el. Ser paciente cuando Naruto le informó de su odio. Paciente cuando creó esas nefastas reglas que le obligaron a actuar de forma sumisa y temerosa. Paciente al ver como un joven prometedor se hundía en la oscuridad. Paciente cuando ese joven rechazó las oportunidades que él le otorgaba sin nada a cambio. Paciente cuando logró sacarlo de ese agujero y también cuando su ex novio volvió a meterlo. Cuento de nunca acabar.
Vio una banca vacía y sin pensarlo dos veces fue a sentarse recostándose por completo en ella. No tenía fuerzas ni para mirar el suelo por lo que su cabeza quedó mirando las estrellas. Las observaba embelesado. Una de ellas llamó su atención pues su color le recordaba a los ojos de Naruto. Ese brillo que mostraba cuando conversaban de temas triviales. O cuando le relataba anécdotas donde con Jiraiya–sensei se metía en problemas. Esa sensación de que eran felices dentro de una burbuja se rompió gracias a una filosa y venenosa aguja de apellido Uchiha.
Sasuke Uchiha, ninja de Konoha. Renegado y vengador. Soberbio y distante. Egoísta e hiriente. Egocéntrico y sin lugar a dudas, orgulloso. Ciego de corazón, lento de sentimientos. Naruto Uzumaki, ninja de Konoha y próximo Hokage. Alegre y muy amistoso. Orgulloso como ninguno y emprendedor. No se dejaba amedrentar y mucho menos vencer. Bastante distraído, pero amable y sincero. Algo hipócrita con sus sonrisas aunque sincero en cuanto a sus molestias y miedos. ¿Qué tenían en común? Nada.
Eran como el agua y el aceite… no se mezclan, pero se juntan. Fueron amigos en el pasado. Mejores amigos en sus respectivas vidas. Muy unidos en cuanto a mejorar y superarse se refería. Pero de allí al amor, un trecho demasiado grande. Algo que con esfuerzo, muestras de cariño y preocupación y una mezcla de soledad, pudo conseguir.
Pero ahora, las cosas eran muy diferentes. Uchiha tenía su propia familia, Naruto también. ¿Acaso abandonarían todo en esa odisea? ¿Serían capaces de sobrellevar tanto karma? ¿Serían capaces de verse a la cara luego de los intentos funestos por matarse y detenerse el uno al otro? Minato quería creer que no. Pero si él era capaz de hacerse a un lado para ver feliz a su niño, ¿Por qué ellos no podrían olvidar el pasado y vivir juntos un prometedor futuro?
Y la impotencia volvía a cubrirlo al ver como esa estrella perdía su brillo. ¿Sería capaz de condenar a su hijo a vivir una vida de fantasía con alguien tan cruel y escrupuloso como lo era Sasuke? Si, lo haría. Por él. Para que su sueño se haga realidad. Vivir junto al Uchiha, estar a su lado. Pertenecerle y hacerlo suyo… como antes de que a Pain se le ocurriera liberar su alma junto con los demás y reconstruir su cuerpo.
Decidió cerrar los ojos y dejar de pensar, al tiempo que la misma estrella opaca brillaba con más intensidad, abriéndose camino en el infinito cielo. Respiró profundo y un deseo surgió inconsciente en su mente.
"Elígeme, Naruto"
