Sacársela de la cabeza parecía casi imposible para él después del baile en la fiesta de Versalles, era indudablemente hermosa, aquel vestido que usaba se ajustaba perfectamente al cuerpo de la mujer, su cintura pequeña y la leve curva en sus senos. Antes de aquel baile el sueco había estado pensando en Oscar por breves instantes, ahora aquella belleza invadía sus pensamientos día y noche. La despedida entre ambos fue dolorosa y desde entonces no volvió a verla, la extrañaba casi al punto de necesitarla, ver sus ojos de zafiro con aquel brillo confiado, sus hebras rubias menearse levemente con su caminar, su voz fuerte pero a la vez suave. Esa mujer le estaba volviendo loco, necesitaba dejar de pensar el ella.

— Oh, Oscar, ¿qué estás haciendo conmigo?

No lo pensó por mucho tiempo antes de dirigirse a las caballerizas y tomar a su caballo, solamente para dirigirse hacia la mansión Jarjayes, aunque era un poco tarde y probablemente todos se encontrarían durmiendo a aquella hora, pero realmente necesitaba ver a Oscar, ya no podía resistirlo más, necesitaba tenerla entre sus brazos nuevamente, besar sus labios y fundir sus cuerpos.

Efectivamente toda la mansión Jarjayes dormitaba a aquella hora, las luces estaban apagadas y nada se escuchaba en el interior de la mansión. Fersen fue hacia la ventana que daba a la habitación de Oscar y comenzó a escalar la pared. Se sentía como un bandido y algo irrespetuoso por invadir la recámara de una dama, pero Oscar no era como las otras mujeres. Una vez llegó a la ventana, entró a la habitación y se acercó a la cama. Oscar lucía muy bella como de costumbre, su rostro mostraba una expresión serena, sus ojos cerrados dejaban ver el largo de sus pestañas, su cabello de oro esparcido por las almohadas y sus rosados labios entre abiertos, tan apetecibles. Se acercó hasta ella antes de aprisionar sus labios contra los suyos. La acción provocó que la mujer despertara y comenzara a forcejar, Fersen tomó sus muñecas impidiendo que le alejara, mientras seguía besando hambriento aquellos labios.

— F-Fersen, d-detente—. Pidió Oscar. — L-La reina...

— Olvídate de ella, Oscar, tal y como yo lo he hecho. Quiero estar contigo. — Respondió él sobre sus labios.

— A-André.

Cuando oyó aquel nombre escapar de los labios de Oscar la miró con gran impacto, ella lloraba cerrando sus ojos.

— Tú no eres mi André— Sollozó ella.

Él la soltó retrocediendo y negando con la cabeza, no podía concebirlo, no podía concebir que ella le hubiese olvidado cuando él apenas había reconocido sus sentimientos por ella. La había perdido.