Hola! Gracias a todas por sus comentario y sugerencias, pero sobre todo, gracias por continuar esta historia, por favor continúen leyendo y no olviden comentar.

Declaro que los personajes de Candy Candy no me pertenecen nyo sólo los tomo prestados para crear una historia para fines de entretenimiento.


Una Flor para Escocia.


Capítulo IV

Mientras recorrían los intrincados senderos del camino plagados de ovejas y un campo color esmeralda, casi igual de infinito que sus ojos, Candice experimentaba una honda emoción que seguramente se debía a que la tierra escocesa la llenaba de nueva vitalidad.

A pesar del largo viaje, la vista del paisaje la envolvía de inspiración. En los días previos a su boda, había estado leyendo la historia familiar de los Andrew y haber leído acerca de los brezales purpúreos y de aquella luz que, según decía el viejo y casi deshojado cuaderno, sólo se podía encontrar en Escocia y ahora que ella lo veía, pensó que nada podía ser tan cautivador. Este paisaje sería su nuevo hogar.

-Es tan abrumador, ¿no le parece señora?

- ¡Es hermoso, Dorothy! – convino con la doncella mientras miraban el camino desde la ventana del carruaje- Pero por favor, no me llames señora, para ti sigo siendo Candice

- ¡Oh, no puedo hacerlo! Debo seguir las reglas, usted es mi señora ahora y debo respetar eso

Candice entornó los ojos resignada. Entendía la posición de Dorothy, la chica tenía miedo de que la echara y más en un lugar tan extraño para ella. Pero no alegaría más, daría a Dorothy el espacio que necesitara.

El carruaje se detuvo repentinamente. Al parecer ya habían llegado al castillo de los Andrew. Candice volvió a asomar la vista por la cortina y se encontró con una hermosa villa y siguiendo el camino un pequeño castillo de roca oscura. Aquel era el hogar de William y ahora también suyo.

Después de la cordial y festiva bienvenida que a Candice le resultó exótica y, por un momento, escandalosa, pasaron a comer un gran banquete para festejar por la nueva esposa del patriarca. A muchos les pareció que Candice era una mujer muy bella, tan bella que a la mayoría de las mujeres les pareció más bien delicada. Una figura hermosa hecha de porcelana que debía tratarse con mucho cuidado. A los hombres, en cambio, les pareció una mujer hermosa y con un cuerpo tentador bajo las telas tan finas de sus vestidos.

Pudo disfrutar de su primer banquete como esposa del patriarca; por protocolo, William y ella se sentaban en la mesa principal del gran salón, lady Elroy les acompañaba, pero ella se sentaba del lado derecho de su esposo, mientras que ella ocupaba el lado izquierdo.

En los lugares restantes, a ambos lados, se sentaban Anthony Andrew y Marie-Rose, quienes fueron presentados como hermana y sobrino del lord. Ambos le dieron una cálida ya afectuosa bienvenida a Candice, la hermana de Willam quedó encantada con la belleza y finos modales de su nueva cuñada; mientras que Anthony había quedado abrumado por la dulce figura de su nueva tía, sobre todo porque nunca espero que fuera tan hermosa. Apenas intercambió un par de palabras con ella, Candice pensó que era más bien huraño pero la realidad era que Anthony había quedado hechizado por su mirada esmeralda.

Después de las presentaciones familiares, William dio un discurso de agradecimiento por las festividades y el banquete. Presentó a su joven y bella esposa a quien tomó de la mano y juró, ante todos, protegerla, darle cariño y cuidados para que ella le diera un cálido hogar e hijos sanos. Luego llegó el vitoreo, a Candice le parecieron palabras más bien impositivas, pero comprendía a lo que se refería, dejó a un lado el escrutinio al discurso de William y se dejó llevar por la algarabía de todos.

Ya en la mesa, lady Elroy daba un recordatorio sobre el sabathen y las obligaciones de cada uno durante la celebración.

-Escocia y los ancianos de nuestro Clan son muy estrictos en cuanto a conducirnos con propiedad durante una celebración– explicaba William cerca de Candice, para que comprendiera el discurso de su abuela- pronto serás tú quien transmita el mensaje.

Candice asintió con una sonrisa volviendo a poner atención a las palabras de lady Elroy. Por sus lecturas en el cuaderno viejo supo lo tradicionalistas que son los escoceses acerca de las fiestas, y ya en la capilla donde se casó había podido observar cuán devotos eran todos.

Después del banquete, William le presentó a Candice su nueva doncella escocesa, la señorita Patricia O´Brian, una jovencita tímida pero muy amable. William le indicó que Patricia le ayudaría a conocer el funcionamiento dentro del castillo y algunas normas básicas.

-Es posible que la abuela Elroy quiera instruirte ella misma en algunas cosas, pero puedes confiar plenamente en Patricia.

-Muy bien, estoy segura que Patricipa me ayudará –sonrió a la chica que acomodaba sus gafas

-Patricia, por favor muestra a la señora nuestra habitación y has que se instale para que pueda descansar

-Por supuesto, señor

- ¿nuestra?

-Claro, Candice, no esperas que reposemos en habitaciones separadas, ¿verdad? –dijo despreocupadamente mientras Candice sonrojada no podía evitar sentir vergüenza frente a sus doncellas por lo que William acababa de decir.

-No, pero…creí que usted…

-Entiendo las costumbres inglesas, pero Candice aquí estamos en Escocia y es natural que los esposos duerman juntos.

Candice estaba confundida por el cambio tan extraño que había sufrido William. Desde que el viaje comenzó se había mostrado más atento, preocupado por la comodidad de su esposa durante el trayecto. Viajaron separados, ella en el carruaje y él a caballo, pero hacia paradas constantes para acercarse y preguntarle si necesitaba algo. Y William, por su parte, disfrutaba del desconcierto de su esposa; le parecía que su expresión era más encantadora cuando había sorpresa en su rostro; eso provocaba que las diminutas pecas de Candice adquirieran un color aún más intenso.

Patricia dirigió a Candice y a Dorothy a través de los oscuros pasillos del castillo hasta llegar a un pasillo que se extendía de norte a sur; cruzaron una pequeña estancia y llegaron a unas escaleras que las llevarían a la segunda ala, donde se encontraba, entre otras, la habitación principal.

Candice preguntó por las otras habitaciones a lo que Patricia respondió un simple: están vacías.

-La señora Elroy tiene su propia zona, aquí es exclusivo para el señor Alber…digo, William, William, esta área le pertenece al señor William – continuó diciendo, pero ahora más nerviosa que nunca –aquí siempre es solitario, sólo es para descanso del señor.

-comprendo – contestó Candice obviando, por ahora, la actitud de su nueva doncella. Mientras Dorothy miraba un poco asustada la soledad del área

-A veces el señor trabaja aquí junto a George.

- ¿Aquí vivía con su primera esposa?

Patricipa se detuvo en seco y casi provoca que Candice tropiece con ella. No supo cómo reaccionar por lo que se apresuró a indicarles la puerta de la habitación y dónde podrían encontrar todo lo que necesitaran. Indicó a Dorothy la habitación que sería para ellas. Y mientras Dorothy ayudaba a Candice a instalarse, Patricia se excusó con llevarle un poco de té y agua.

Aunque William le había sugerido descansar ello no quería hacerlo, tenía mucha emoción encima como para poder quedarse dormida. A demás la inmensidad de sus aposentos la hacía sentir insegura. Le pareció que todo era oscuro y que el decorado era demasiado rústico, imaginó a su madre dando un suspiro por la falta de arreglo.

El lugar tenía una estancia que lucía cómoda, una mesa amplia y algunos libros que supuso podrían ser del lord. Cruzando la estancia estaba el dormitorio, un espacio tan grande como el anterior, la cama le pareció verdaderamente amplia, quizá por los relieves que la adornaban; y en un cuarto contiguo estaba la bañera. Suspiró queriendo reconocer pronto estos nuevos lugares como propios.

Más tarde Patricia llegaba con una bandeja con algunos bocadillos para la señora, Dorothy ya había ayudado a Candice a cambiar de vestido por uno más adecuado para caminar por los alrededores.

- ¡Señora, qué hermoso vestido! –exclamó Patricia mirando embelesada la figura de su señora –Pero tal vez deba usar otro vestido, menos fino, el señor William dijo que, si se rehúsa a descansar, le avisara que vendría por usted para llevarla a pasear cerca del mar, ahora que está muy tranquilo.

- ¡Oh, gracias Patricia, eso suena maravilloso! –dijo sonriendo abiertamente- y no te preocupes por el vestido, no es uno de gala

-Me temo, señora, que Patricia se refiere a que tal vez es demasiado inglés –advirtió Dorothy notando la inquietud de Patricia

- ¡oh, comprendo!

-Discúlpe mi señora, no quise ofenderla, retiro lo dicho, el vestido es hermoso…es sólo que…

-Descuida, Patricia –se acercó a ella tomando sus manos- comprendo bien, pero me temo que tendré que usar este vestido mientras encuentro la forma de cambiar mi guardarropa

-Seguramente la señora Elroy le tendrá un ajuar pronto

Candice sonrió para tranquilizar a la asustadiza doncella, aunque en el fondo sentía un poco de miedo que fuera precisamente lady Elroy quien eligiera su vestuario. Tendría que solicitarle al lord que la dejara a ella y a Dorothy hacerse cargo de su ropa. Pero mientras pensaba en la mejor manera de abordar el tema, decidió probar los bocadillos que Patricia había llevado.

Pocos minutos después William se anunciaba para llevar a Candice de paseo, cuando entró a la habitación no pudo evitar quedar boquiabierto con la imagen tan bella que daba su esposa con ese vestido mostaza que ceñía su cuerpo de manera encantadora.

Candice debió notar la mira estática del lord en sus encantos femeninos que buscó la manera de mantener su porte despreocupado y elegante que tantas veces su madre le obligaba a tener. Ninguno de los esposos se percató de que lady Elroy los miraba desde la puerta con una expresión de satisfacción en los ojos, hasta que Patricia anunciara su presencia.

Había ido a buscar a Candice para hacerse cargo de sus vestidos y demás accesorios, sin embargo, William le advirtió que sería más tarde, quería caminar con ella antes de volver a sus obligaciones diarias. Esto desconcertó malamente a Elroy quien no tuvo más opción que pretextar tener varias cartas que escribir.

Pocos minutos después, luego de un ligero paseo a caballo, estaban cruzando las verjas que separaban el castillo del resto de las propiedades, llegaron a los brezales y comenzaron a ascender. Todo a su alrededor permanecía en silencio turbado únicamente por el paso de los cascos y el canto de algún ave que a Candice encantaba.

Después de haber dejado los caballos y ascendido un pequeño trecho, William indicó a la joven mirar hacia atrás

Candice lo hizo y pudo contemplar, desde lo alto, los tejados y las torres del castillo. Se veía el jardín que todavía no conocía y, por último, el azul del mar que se prolongaba hasta el horizonte, igual que los ojos del lord. Todo era muy bello, incluso más de lo que ella misma esperaba.

-Y bien, ¿te gusta?

- Por supuesto, es más bello de lo que había imaginado –respondió Candice- sólo… ¡millones de veces más bello!

William soltó una sonora carcajada que distrajo a Candice de su contemplación.

-Eso es lo que me parece también siempre que vengo a este lugar luego de un largo viaje.

Candice no dejó de mirarlo y recordó las palabras de su madre: "sólo debes aprender a conocerlo…" Volvió su mirada al frente y fue William quien la observó esta vez. "Date la oportunidad de aprender a ser feliz con ella…" habían sido las palabras de George. Y como si interiormente se hablasen el uno al otro, cada uno respondió al viento: lo intentaré.

Al volver William explicaba a Candice de sus ocupaciones, la mayor parte del tiempo tenía que atender los percances que se suscitaban diariamente en el clan. Pero también tenía obligaciones en Londres, en la Corte, sobre todo porque para él era importante no dejar que los ingleses se olvidasen de Escocia. Le hablaba que debía recordarles siempre que los escoceses tienen mucho que ofrecer.

Esto a Candice le pareció maravilloso y muy loable, aunque también veía sus desventajas, pues mientras más cargos tuviera en la corte, menos podría despachar las necesidades primarias de su clan.

Así que le sugirió tener precaución con los acuerdos en Londres, pues los duques en la corte eran propensos a no molestarse por el beneficio de sus aliados. A William le sorprendió las observaciones tan puntuales que hacía la joven y pensó que, ciertamente, su padre, el conde, no se había equivocado, su esposa era una mujer muy inteligente que bien podía llevar el gobierno y las leyes ella sola el día que él debiera viajar.

-Aun no conozco del todo a su gente, pero pienso que su trabajo es necesario, Escocia es muy bella y no debe ser ignorada.

Concluyó meditabunda mientras William la miraba intrigado. Notaba que estaba más tranquila y desde el viaje se mostraba más abierta y feliz, sin embargo, esa barrera en su lenguaje preciso y adecuado le daba a entender que aún no lo había perdonado por la canallada del baile en Trenwind.

Seguía tratándolo con honoríficos, aunque él la llamara sólo Candice. Suspiró desangelado, pero no abatido. Haría que Candice lo perdonara y conseguiría de ella su plena confianza, quería escucharla llamarlo William o mejor aún, Albert, y él se volvía loco por llamarla Candy…"mi pequeña Candy"

-Disculpe, ¿ha dicho algo?

- ¿Te parece si trotamos? Es un poco tarde…

-Por supuesto…

Al regreso William desmontó sin dejar de trotar y ayudó a Candice a bajar de su caballo, aunque no lo necesitara, ella se dejó ayudar y agradeció el gesto de galantería del lord. Dieron los caballos a Robert, encargado de los establos, quien se ocuparía de ellos y comenzó su día.

La noche llegó demasiado pronto para gusto de Candice. Tenía cierto temor por afrontar su primera noche junto al lord. Desde la boda no habían tenido ninguna noche solos y aunque parece que para lady Elroy era todo un escándalo que no se cumpliera con las tradiciones debidas, ella agradecía el espacio que el lord le concedía.

Pero aquí, en escocia, no podía apartarse; no había excusa suficiente para negarse. Pensó que tal vez el lord recordara su advertencia de no intimar y simplemente disimularía ante todos, pero de acuerdo con sus últimas conversaciones, parecía más esmerado en su contacto con ella.

-Mi señora, aquí traigo su ropa de dormir y también la del señor –decía Patricia entrando y colocando la muda sobre la cama para dedicarse a preparar el lecho.

-Gracias Patricia –dijo maquinalmente mirando cómo la chica destendia la cama –eres muy amable –miró el color de las sábanas, bermellón, inusualmente bermellón. Se preguntó si habría sido elección del lord ese color de sábanas

- ¿señora? – inquirió Dorothy sin recibir respuesta- ¿Candice? –insistía ya por tercera vez

-Ah! Dorothy, discúlpame –dijo apartando la mirada de la cama – me distraje

-Permítame desvestirla

-Gracias Dorothy, pero sólo desata el corsé, yo me ocuparé de lo demás

-Pero, ¿las faldas y su cabello?

-Puedo hacerlo, Dorothy, ve a descansar, el viaje ha sido largo, por favor procura despertar temprano mañana. –la joven asintió y salió seguida de Patricia luego de terminar de preparar todo.

Candice agradeció a ambas y continuó ella sola quitándose el resto de su vestido. Fue tras el biombo para enfundarse el camisón de cama, entonces escuchó la puerta de la habitación abrirse. Pensó que quizás Dorothy habría olvidado algo y esperó a que abriera las puertas del dormitorio para salir y solicitar, con vergüenza, su ayuda nuevamente para desprenderse de las faldas interiores.

-Dorothy, que bueno que regresaste, ¿puedes ayudarme con esto?

Pero cuando salió se encontró con la mirada estática de William sobre la esbelta figura que lucía en ropa interior. Se le subieron los colores al rostro y empezó a temblar, de frío, vergüenza y vértigo. Lo miró relamerse, sutilmente los labios, y sintió un ligero mareo, las piernas empezaron a temblarle, pensó que perdía fuerzas para mantenerse de pie. Su cabeza le decía que corriera al refugio del biombo, pero su cuerpo no respondía.

- No soy Dorothy...-se giró volviendo en sí luego de contemplar la impactante figura de su esposa – pero puedo ayudarte, si me lo permites –dijo ya dándole la espalda

Candice seguía sin moverse. Tardó varios minutos en volver en sí y recordar que esa vergüenza que sentía debía evitarla, era una mujer casada y aquel hombre era su esposo. Así que serenó su espíritu lo más que pudo y contestó:

-Está…bien

William volteó suavemente y llevó sus manos a la espalda, quería darle seguridad y tranquilidad a Candice para no asustarla. Ella recogió los brazos sobre su pecho y le dio la espalda para que pudiera desatar los cordones de sus faldas interiores.

Despacio desató los cordones y empezó a aflojar la tela que cayó en un santiamén a los pies de la joven. Miró con impaciencia las prendas sobre el piso, quería subir la mirada, deseaba tanto hacerlo. Candice permanecía quieta y entonces comenzó a mirar; primero sus tobillos, blancos y delgados igual que sus piernas, lucían largas, tersas y fuertes; luego sus glúteos, firmes y pequeños, armónicos con su silueta; luego su cintura, estrecho camino encandilado hacia la planicie de su espalda.

La miró temblar de frío, quiso abrazarla, rodearla entre sus brazos y darle el calor que reclamaba su piel, pero un giro sutil de su cabeza lo hizo volver en sí.

- ¿su…sucede algo? – preguntó ella con la voz temblorosa. Un tono nuevo en ella, un tono tan indefenso o más bien inocente

-Tu camisón

-S…sobre el biombo

Tomó el pequeño camisón entre sus manos. Era de una tela delgada con sutiles adornos al frente, sonrió nada más verlo, le pareció encantador. Le pidió levantar las manos para poder ponérselo. Ella lo hizo y sintió cómo la suave tela empezó a recorrer su cuerpo, cerró los ojos imaginando que eran las manos del lord hasta que sintió la prenda detenerse a la altura de sus muslos.

Abrió los ojos para descubrir sorprendida que tenía las manos de William sujetándola fuerte. Se acercó a ella y respiró el aroma de sus rizos aún sostenidos por su peinado.

-Tranquila, no tengas miedo…

-No…tengo…miedo

-Estás temblando

-Yo…no sé qué hacer

-Déjamelo a mí, Candice

De repente recordó las palabras de Annie en Trenwind "es conocido por sus visitas a casas poco decorosas", y aunque sabía que era algo normal, como lo dijo su madre, se sentía extraña o más bien inquieta; algo dentro de ella la había llevado a un estado de alerta.

Aun sabiendo que el lord podría enfadarse por negarle sus derechos como esposo, decidió apartar las fuertes manos de sus caderas y mirarlo de frente. Conocía que todo lo que hacía estaba realmente mal, salía de todas las normas y cada acción podía causar más que el enfado de su esposo, pero sentía la necesidad de hacerlo.

Por su parte William permaneció quieto, con la mirada fija en sus ojos verdes, pensando en qué fue lo que pasó, aunque una idea tenía; Candice no quería que la tocara y cómo iba a querer luego de haberle dejado en claro que sólo era una esposa de aparador y que no querría hijos con ella.

Tal vez George se había equivocado y nunca podría enmendar su error. Falló como prometido y fallaría como esposo, por segunda vez en su vida. Sin decir nada volvió a ocultar las manos en la espalda y empezó a caminar a la salida hasta que la firme voz de Candice lo detuvo.

-No me niego a cumplir con mi deber de esposa –dijo con el temple frío – es sólo que no me siento preparada –decidió no desviar la mirada –a pesar de lo que pueda pensar, no tengo la experiencia que seguro usd ha adquirido…y – entonces miró sus manos y recordó lo cálidas que se sentían sobre sus caderas –tengo...incertidumbre.

William la miró sorprendido, quiso decir algunas palabras, pero no pudo acertar a decir algo medianamente coherente, así que se tomó un minuto antes de contestar

- ¿experiencia? –meditó las palabras de Candice y las repasó en su cabeza y se percató que ninguna de las razones que le había dado para negarse a compartir su lecho se debía a la afrenta en Trenwind. – No comprendo, Candice

-Por favor, mi señor, no me haga hablar del tema –dijo, ahora sí, desviando la mirada – como hombre y caballero puede visitar las casas que le plazcan, pero como mujer yo no puedo atreverme a tales actitudes y como sabrá usd es el prim…

- ¡No Candice! –la sostuvo de los hombros – No sé qué te han dicho o contado, pero esa experiencia a la que temes no es de casas indecorosas –se explicaba casi con desesperación –por favor, no pienses en mi de esa manera – notó su miraba lánguida sobre ella –sé que he actuado inapropiadamente y que me he comportado como un canalla, pero te suplico que me des la oportunidad de demostrarte que en realidad ese no soy yo.

Candice se quejó, la había estado sujetando cada vez más fuerte y cuando se dio cuenta la soltó como si temería haberla roto.

-Por favor, perdóname

-Está bien –dijo ella sobando sus brazos – no pasa nada

-Podemos esperar, Candice –le dijo mirando una vez más sus ojos – no tenemos que consumar ahora

Y a pesar de que Candice había permanecido en silencio, él supo que le había concedido el beneficio de la duda que no era mucho, pero al menos no pensaría en él como un proxeneta.

Entonces, a la luz de las velas, se acercó para soltar el rubio cabello de su esposa. Sonrió de complacencia al notar que ella no le había negado ese gusto, sino que giró, nuevamente, para dejarle terminar el trabajo. Se animó a deshacer el peinado y enredar los dedos entre su melena.

Ese aroma peculiar se desprendía con cada rizo turbado y sentía cómo se esparcía por todo el dormitorio, al rato quiso que todo el castillo se impregnara de ese perfume de rosas, porque así le parecía que era el aroma de su Candy; como una rosa.


CONTINUARÁ...


Hola chicas, hasta aquí el cuarto capítulo. Una disculpa por tardar un poco más y por no poder contestar todos sus comentarios. ahora ando con un poco de apuro, estoy viajando y en cada parada hago el intento por conectarme a internet; ademas estoy concluyendo otra historia que había dejado detenida por poco, pero no se preocupes, esta historia seguirá actualizándose.

Por favor no dejen de leer y seguir comentando.