Disclaimer: Hetalia no me pertenece, ni tampoco le pertenece a mi futuro marido por que soy casada. (¿?)
Titulo: Trueque
Autor: Victoria Schinkovinu
Pareja: Prusia x Austria, un poco de PrusiaxHungriaxAustria. Están advertidos, no se preocupen, terminara Yaoi
Advertencias: Una tortura, solo por que lo escribo yo, así que será, largo, cursi, uso de nombres originales y AU (¿Por qué demonios siempre escribo AU?)
Acotaciones: Solo que les gusta el Sado, por que siguen leyendo mi historia, y algo más de mi parte, en las notas finales, es todo…
A todas aquellas que son miembros de la campaña en defensa de los derechos ukerinicos de Roderich les informo que el sufrimiento del señorito… lean el fic…
Muchas gracias por sus comentarios a , Umiko Aoki, Aslysshearts, Antoinette Beilschmidt & Kriegsgott-kaiya. Las ultimas que hace mucho, mucho, mucho tiempo se compadecieron de mi fic de cuarta :'D
CAPITULO 4
Verdad.
No necesito más que los aullidos de Antonio y Francis para cerciorarse de lo que más temía…
— Ahí Gilbert, ¿Por qué no me das un besito a mí también? —decía Francis en tono empalagoso mientras Antonio se reía.
— ¡Pero que bien escondido te lo tenias compañero! —apoyaba el hispano mientras soltaba otra carcajada.
— Ya cállense los dos… —advertía la castaña, pero no podía disimular la risa en sus palabras— ¿Gilbert, por que no les dices nada? —el aludido rio.
— Por que son idiotas… y no valen la pena…—sus risas aumentaron cuando sus amigos arremetieron en su contra.
Ese ruido desconcertante, un susurro que le llegaba de muy lejos… sus voces no eran más que murmullos en el interior de su conciencia… sentía una apatía enorme, a pesar de que su semblante era sereno y tranquilo, en su interior se estaba cayendo a pedazos… cualquiera que mirara sus ojos podría percatarse del vacio de la decepción y el… dolor. Un malestar comenzó a expandirse dentro de Roderich, repentinamente sentía un huego profundo en el pecho, que al mismo tiempo era una burbuja en su estomago y esta subía y bajaba dolorosamente por su garganta, dejándole un sabor acido y amargo en la boca que lo asfixiaba, intento serenarse para volver a respirar y tragarse toda esa angustia que se expandía y lo ahogaba. Sin mucho éxito.
— Rode…
No, por favor… no me llames… suplico cerrando los ojos, pero las cálidas manos de Eli tomaron su frente y lo obligaron a levantar el rostro y mirarla.
En sus suaves ojos verdes estaba la preocupación y el desconcierto. Pudo sentir que en los suyos debieron de haber sido muy obvios sus sentimientos para que Eli lo mirara de esa manera.
Su Eli, su amiga, su nada, su imposible…
— ¿Te sientes mal? —pregunto mientras con una mano rozaba su frente.
— No —mintió, y después se arrepintió, lo mejor en ese momento, y lo que más quería también, era volver a su casa, solitaria y siniestra, en su cómoda y reconfortante cama…
— ¿Seguro? —insistió, no dejaría de hacerlo hasta que estuviera cien por ciento convencida.
— Enserio —se vio forzado a sonreír, nunca había fingido una sonrisa, no para Eli.
Miro en dirección a la mesa, Francis y Antonio apartaron la vista en el mismo instante que los observo, pero Gilbert no lo hizo, ni siquiera disimulo que lo estaba mirando…
No pudo darle pelea a la mirada rubí que lo observaba con fiereza, hoy más que ningún otro día, no sabía como sentirse respecto a ella… Tampoco fue muy consiente de sus acciones.
Miro los ojos verdes, que continuaban esperando una respuesta, entonces hizo lo más sensato que llego a su cabeza en ese momento.
Se levanto…
…sonrió…
…y la abrazo.
El cuerpo de la chica se estremeció con desconcierto, mientras su boca susurraba otras cosas… respecto a si le dolía algo, o si se sentía mal… se vio en la necesidad de negarle todo y mentirle y mentirle más… Hoy iba a ser el día en que por primera vez le iba a negar todo a aquella chica, comenzando por ella misma… por que por fin, por más difícil que fuera aceptarlo, comprendía todo…
Su deseo era imposible, comenzando por que a pesar de todos esos años nunca le pudo declarar sus verdaderos sentimientos y nunca se lo iba a poder decir… daba tanta rabia y tanto coraje pero no podía hacer otra cosa que resignarse y… llegar a la conclusión de ver primero por la felicidad de Elizaveta, que a partir de hoy era Elizaveta y ya no su Eli… por que a pesar de que nunca le correspondería de la misma manera, no podía dejar de quererla ni sentir ningún sentimiento negativo hacia ella, que tantos momentos de felicidad le había dado en su vida… si esa era su decisión, el la respetaba, por que eso era lo correcto… aunque doliera, aunque torturara, aunque matara…
Varios pares de ojos no le quitaban la vista de encima, pero solo unos lo miraban con una furia indescriptible…
— Sentados… —ordeno el profesor de la fachada indiferente después de cruzar la puerta, corriendo a Gilbert y a sus amigos de la mesa.
El albino lo miro haciendo una mueca y sin replicar fue a sentarse, Antonio y Francis por otro lado, se miraron de reojo y saludaron al profesor, para después sentarse.
Elizaveta trataba a Roderich, como si fuera a desmayarse de un momento a otro… Y Roderich, intentaba convencerse de sus propias decisiones…
Se sorprendió a si mismo del auto control que se impuso para mantener la calma a pesar de que no se sentía nada tranquilo, estaba dolido y lastimado, era cierto, pero de momento, sorprendentemente permanecía sereno… claro, apretar una hoja —pensando en el rostro de alguien— por debajo de la mesa para ver hasta donde se comprimía ayudaba bastante, pero impresionantemente escucho sin colapsarse la conversación de Elizaveta que estaba usando para 'relajarlo' sobre el día de ayer, donde le contaba como Gilbert le había propuesto que salieran.
— Ah, ya veo… —dijo sin ningún tipo de emoción, fingiendo que escuchaba al profesor— Eso explica bastantes cosas…
— Se que él no te agrada mucho… —comenzó, pero fue interrumpida.
— No importa —negó con la cabeza, y sintió que se mareaba— Lo importante es que tú seas feliz…
Desvió la mirada cuando Elizaveta le regalo una de esas deslumbrantes sonrisas que tanto le gustaban… pero que de momento dolían bastante…
— Gracias, Rode, me importaba bastante tu opinión, —más conforme decidió comenzar con los apuntes del pizarrón— Eres mi mejor amigo, y quería que tu primero lo supieras…
— Claro… —no tenia idea de por que seguía hablando— Somos como hermanos… —confesó, imprimiendo las palabras en nostalgia.
Siempre como hermanos…
Algo punzante en su interior se intensifico, cuando Elizaveta se volteo para besarle la mejilla.
El día fue normal. Exceptuando el hecho de que apenas sonó la campana, y la húngara se acerco a Gilbert, el pelinegro escapo por la puerta a la primera oportunidad… No sentía ningún deseo de verlos juntos, y lo más seguro era que Elizaveta así lo deseara, por que los recesos siempre los había pasado en compañía de ella, debía sentirse halagado de que no fuera la excepción, pero las circunstancias eran diferentes. Iba a intentar llevar ese extraño grado de neutralidad hasta donde pudiera, por eso se perdió en aquellos confines de la escuela donde nunca iba, subió escaleras, recorrió pasillos, bastantes chicas le pidieron el numero telefónico, e incluso visito los baños… hizo todo lo posible por pasar inadvertido, solo hasta que se canso y sintió hambre… fue cuando decidió dejar de vagar e ir a la cafetería del otro lado de la escuela. En lo solitario, pudo reflexionar bastantes cosas, y pensó que podría soportar el día por lo menos hasta la hora de salida.
Se sentó en una solitaria mesa a la sombra de un árbol, y tras un profundo, pesado y largo suspiro… brindo en solitario por la felicidad de Elizaveta y que a Gilbert, aunque más que nada que al ultimo lo matara un tren.
— Nos han abandonado… —la voz de una persona que se sentaba a su lado, lo sorprendió de repente, dos alegres ojos verdes lo miraron con felicidad.
Y del otro lado, una persona carraspeo para hacerse notar, giro el rostro y pudo ver a Francis que le giño juguetonamente. ¿En que momento se sentó ahí? Y lo más importante, ¿Por qué me están hablando?
Arqueo una ceja a la cuestión, no pudo evitar sentirse acosado, Antonio y Francis nunca habían intercambiado más de las palabras comunes con él y sus nuevas acciones lo tomaron desprevenido.
— ¿Qué quieres decir con eso? —preguntó recelosamente.
— Gilbo y Eli, —aclaro el rubio para no sentirse excluido— Nos dejaron… —hizo un gracioso puchero con los labios.
— Ah, ya… —agrego mirando hacia otro lado— Preocupa un poco la tarea de Física, ¿No?
Antonio, que hasta ese momento miraba con interés una pequeña paloma en la rama de un árbol, se giro y aclaro:
— Como te vimos solito, —dijo como si Roderich nunca hubiera intentado cambiar el tema— Decidimos acercarnos, y llegamos a la conclusión de que casi nunca pasamos tiempo contigo… ¿Interesante, no? —termino y le regalo una de sus mejores sonrisas.
— Claro, —frunció el ceño— que lindos… —en su mirada dejaba bastante claro que no era estúpido y que sabia lo que pretendían.
Lastima… Ese vulgar sentimiento que se les daba a los débiles y personas desafortunadas… como él…
¡Pero por supuesto que nunca estaba solo!, Hedervary siempre estaba a su lado y lo acompañaba, que la estuviera evitando era algo nuevo, pero para alguien con un poco de cerebro, no era extraño… Cerro los ojos e intento relajarse, permanecer neutral en su conciencia se estaba volviendo más difícil de lo que pensaba, orillándose a un lado incorrecto de la bascula, esa donde ponía la razón y sus impulsos. Gruño un poco al comprender también otra cosa, su persona debía verse muy patética, como para que esos dos se le acercaran para sacarle conversación. Llamándose a si mismos, los 'desechados'.
Apretó un poco los labios, mientras ideaba la mejor manera de deshacerse de ellos. 'No le abras la jaula al tigre…',había leído alguna vez por ahí, 'Por que si él tigre se escapa, dejara de ser manso…'
— Gilbo es un verdadero idiota, —continuaba el castaño, perdiendo a Roderich un momento, mientras asentía a la afirmación— No seremos sus amigos íntimos, pero por lo menos esperábamos que nos dijera que quería con Elizaveta… —se llevo una mano a la cabeza y se echo la melena para atrás.
— ¿No les dijo? —y al finalizar se mordió la lengua, su sentido de la curiosidad escapo sin su consentimiento.
— Nop, —a Francis le brillaron los ojos— ¡De hecho, nosotros intuíamos que…! ¡Hay! —por su tono de voz, daba a entender que iba a decir algo muy emocionante, de no ser por que su compañero se estiro para golpearlo.
¡Hmp!… y aparte hipócritas… pensó con rencor frunciendo el ceño.
— No, no nos dijo… —reanudo Antonio como si nada pasara— El día de ayer estuvo bastante extraño, callado… solo hasta que intercepto a Hedervary a la hora de la salida… De hecho la corto, se veía bastante apurada… —reconoció.
Un sentimiento intenso, que opaco todas las sensaciones de abatía, resucito en su interior, fuego incandescente, volcán y meteorito… que por fin le regalo el calor vital que tanto necesitaba su cuerpo…
Kono Obaka-san… poco a poco un calor familiar comenzó a expandirse por su cara. Al parecer ya tenia planeada sabotear mi vida desde un principio… apretó un puño y el refresco se abollo un poco.
El francés miro con atención todas sus acciones, tras un bullido de fastidio, rodo los ojos y se levanto en dirección a Roderich, tras una exagerada replica de Antonio por detenerlo…
— El que más sorprendió… —señalo— Fuiste tú…
Francis apuntaba el rostro de un incrédulo austriaco.
— ¡Francis! —replico Antonio, quien también se levanto, repentinamente nervioso. La mano extendida del francés lo freno antes de que hiciera cualquier cosa…
— No, mon ami, esto tiene que saberlo… —agrego con una severidad que ninguno de los presentes podía creer— Su problema de miopía no viene de los ojos… —y tras decir eso se señalo la cabeza.
— ¿Qué…? —el pelinegro estaba muy sorprendido para terminar de enterarse de la situación— Oye… que grosero… —se defendió, a pesar de que no lograba de conectar todos los cables.
El rubio se inclino hacia él, tomando con suavidad sus hombros… y sin despegar el contacto visual se aproximo a su rostro…
¿Qué…? ¿De nuevo va a intentar besarme…?, pensó con un poco de pánico.
— Roderich… —comenzó Francis en tono sereno, a un palmo de su rostro— A ti te gusta Elizaveta Hedervary, ¿Cierto?
Un imprevisto sonrojo que no vio venir, se extendió por su rostro, delatándolo en una afirmación silenciosa. Se sorprendió, por que hasta ese momento no creyó posible el volver a sonrojarse.
— Francis… —suplicaba Antonio a su lado, quien también se había sonrojado de vergüenza, y tiraba de la espalda del francés para alejarlo del pelinegro.
El rubio sonrió, y algo brillo en sus ojos azules, que no se despegaban de los ajenos.
— Te diré otra cosa que también se… y te las digo, por que yo las deduje, no porque alguien me las haya dicho…—dijo casi en un susurro mientras le guiñaba el ojo—… Gilbert esta pelando por una persona que quiere, no es justo que solo tú estés en desventaja y si te interesa algo, deberías pelear por el… hasta el final… —soltó uno de sus hombros y acaricio una de las mejillas de un rostro incrédulo— Ya sabes lo que se dice…
— ¡Ya déjalo Francis!
—…El fin justifica los medios…—soltó el rostro del austriaco, que lo miraba con bastante sorpresa. Rio de su expresión— El amour es mi fuerte, mon ami, se más cosas que tu ignoras, pero hoy no es el momento, ni lugar para contarlas… —finalizo pasando una de sus blancas manos entre su cabello rubio y echárselo atrás.
El primero en cerrar la boca fue Antonio, a Roderich le faltaba un poco más de tiempo para creérsela…
El español se abalanzo sobre Francis, como quien lucha contra un reo que escapo de prisión, a pesar de que el francés no puso resistencia alguna cuando fue jalado para atrás, solo hasta que pareció querer agregar una ultima cosa, fue que se la puso difícil a Antonio.
— Esta loco, —replicaba el castaño mientras se despedía torpemente con una mano y con la otra intentaba someter a Francis— algo borracho… y creo que se droga. ¡Adiós Roderich, disculpa las molestias…!
— ¡No se la dejes fácil! —le gritaba el francés antes de desaparecer por un pasillo— ¡El amor debe ser intenso!, ¡Deja que pelee!, ¡Tú también pelea!
Uno… dos… tres… cuatro minutos… a los cinco se percato de tener la boca abierta, la cerro…
¿Qué demo…? Miro el refresco a medio terminar que estaba en la mesa, continuaba frio, lo tomo y apuro de un sorbo.
El frio de esa acción, lo hizo reaccionar al fin. Era estúpido, era increíble… pero… tenia sentido… y por eso era imposible…
Nunca se imagino que el pervertido que corría detrás de las faldas de las porritas y animadoras, o cualquier cosa que cayera en desgracia, y por no decir, todas las chicas de la escuela… tuviera razón en algo… y menos que él mismo Roderich se la diera.
Se quedo bastante rato sentado, dándole vueltas a sus palabras, intentando replicar algo, usar el método de la razón, o el de la lógica sobre las hormonas para llegar a la sensata y saludable conclusión de que 2 + 2 era igual a 'Francis-apunta-por-los-dos-lados' y no a 'Genio Incomprendido', frustrantemente no pudo, y espantosamente eso lo reconfortaba.
Una pregunta llego con el meneo de los arboles por el viento, era una pregunta que no quería hacerse, cuya respuesta era tan obvia… que temerle a la pregunta era estúpido…
¿Eli me quiere?
Y como si la hubiera invocado, una bella joven apareció segundos después desde el mismo punto donde se habían esfumado Antonio y Francis unos cuantos minutos antes. Lo reconoció a la distancia y lo saludo con esa hermosa sonrisa que la caracterizaba. Sin poder evitarlo el también le sonrió en respuesta, y se sorprendió de lo fácil que fue hacerlo… sin dolor… sin miedo… sin rencor…
— ¡Rode! —dejo a la persona a su lado para correr junto a él, Roderich se levanto para recibirla en sus brazos— ¡Te busque por todas partes! ¿Dónde estabas? —replico haciendo un puchero.
Claro, por supuesto que si te quiere… se contesto a su propia pregunta.
— Discúlpame Eli, —admitió, avergonzado— Necesitaba tomar un poco de aire para aclarar mis ideas… —volvió a sonreírle, ¡Que fácil era hacerlo!
Ella rio, mientras lo abrazaba.
— Vaya… —dijo una persona riendo a su lado— ¡kesesese!, ¿Quién diría que te encontraríamos flojeando por ahí? —dijo en un tono normal, aunque cauteloso.
Lo miro arqueando una ceja, y en efecto, los ojos rojos de Gilbert lo interceptaron con intensidad…
— Nada de flojear, Kono Obaka-san, me parece que yo hago lo doble que tú nunca harás… —respondió, acomodándose los lentes.
La risa de Eli inundo el lugar, y antes de mirarla para sonreírle, impredeciblemente se percato de cómo Gilbert le sonrió de medio lado…
Su día se modifico de una forma asombrosa, todo cambio desde una perspectiva nueva… era como si nunca hubiera perdido a Eli, tenerla como su amiga de nuevo, solo ellos dos —claro sin contar el hecho de que ahora Gilbert los seguía a todas partes—, mientras hablaban, reían y se hacían compañía… Se atrevía a decir que la presencia del prusiano tampoco había sido muy desagradable, con solo decir que se ignoraban mutuamente, era decir bastante pero también… una mentira…
Ya había llegado anteriormente a la conclusión de que Gilbert era una persona que definitivamente, no se podía ignorar. Pero se sorprendió de que en las conversaciones, no agregara algo más que solo una respuesta cuando se le preguntaba, se mantenía tranquilo y silencioso… demasiado sospechoso… demasiado… y eso lo inquietaba…
Afortunadamente el día termino normal. Solo hasta la hora de la salida donde incluso —y solo por Eli— se digno a despedirse también del albino, deseándole que tuviera una buena tarde. Este le sonrió socarronamente, asintió con la cabeza y sin dejar de mirarlo, se atrevió a abrazar a la castaña y se despedirse besándola en la mejilla, en frente de sus narices… Esto desconcertó a Roderich
También estaba el hecho de que… extrañamente el albino nunca se acerco a hablar con él para solucionar sus pendientes, no es que el quisiera volver a tocar el tema, pero de alguna manera estaba seguro que Gilbert mencionaría algo al respecto. Ese había sido su principal miedo al comenzar el día, y ni en sus mejores sueños se imagino que serie tan fácil zafarlo así sin ninguna consecuencia…
O eso pensó hasta que…
— Y dime señorito, —dijo Gilbert mientras abrazaba a la castaña para fastidio del pelinegro. Sonrió— esos guantes tan finos que estas usando… ¿Son la nueva moda en Austria?
Mierda. Pensó cuando se percato que Elizaveta miraba sus manos.
— Es cierto Rode, no me había dado cuenta —extendió una mano, pidiendo la de Roderich.
Este dudo en darle si o no la mano, no tenia alguna buena escusas para no dársela, pero fue inteligente y le extendió la que no estaba herida. Aunque Gilbert no paso desapercibido este movimiento. La castaña le acaricio la palma, ignorando lo que realmente su compañero le escondía, le acaricio con los dedos la palma, hasta llegar al dedo índice, en pequeñas caricias mientras le dedicaba amables sonrisas.
— Son lindos y suaves, ¡Debes conseguirme unos así! —tomo la palma de Roderich y la extendió por su cara. El chico de ojos violetas, no pudo evitar sonrojarse un poco por las caricias amistosas que le dedicaba su amiga, y por supuesto no hacia nada por detenerlas.
Nada podía arruinar ese momento. Pensó muy pronto.
— Seguramente el señorito quería cometer un homicidio, ¡Por eso esta usando guantes, para esconder la evidencia! —por supuesto que el pruso no podía contener esa infame necesidad de hablar e interrumpir todos sus momentos de felicidad para con Elizaveta.
La castaña soltó una carcajada, divertida por su comentario, pero ni así soltó su la mano de su compañero, el unido no tan divertido por el chiste era Roderich que lo fulmino con la mirada, para diversión del más alto. Eli seguía examinando las figuras de su guante, el austriaco estaba lanzándole miradas de tal admiración que quizá ya se hubiera delatado de sus sentimientos para ella. Gilbert, que por supuesto ya se sentía excluido y frustrado de no obtener una respuesta chillona por parte del señorito, tomo las manos de Eli y las aparto de la mano de Roderich, sin decir nada las llevo hasta sus labios y beso.
El rostro claro de la húngara paso a tener una tonalidad rosa, que Roderich hubiera apremiado como la cara más adorable de la chica, de no ser por que quería sacarle los ojos en ese mismo momento a Gilbert.
— ¡Kono obaka-san! ¡Que falta de respeto para una señorita es esa! —el también se puso rojo, aunque de coraje, el pruso no lo miro para nada, solo estableció un contacto visual con Eli, fijo, irrompible, irritante para Roderich, hasta que finalmente se atrevió a decir.
— No hagas eso… Me pongo celoso —le sonrió, aun con las manos en sus labios.
Ninguno de los dos se esperaba esa respuesta por parte del albino. La castaña rio nerviosa.
— ¿P-pero que cosas estas diciendo? ¡No seas tonto! —le dio un codazo al otro, una acción para nada femenina en una señorita, y que le arranco un quejido a Gilbert— Roderich es como mi hermano, el puede abrazarme, besarme, sentarse conmigo y contarme cosas. Así como yo también puedo… —aquí volteo a ver al austriaco con una sonrisa.
Roderich se sintió imponente, y miro con altanería al prusiano que le lanzo una mirada de lo más desconcertante, y saliendo del hecho de que lo había dejado en plazo de hermano, era la victoria más cercana que tenía contra Gilbert por parte de Eli, solo hasta que…
— ¿Pero eso quiere decir que yo también puedo, verdad? —en un rápido movimiento, tomo a la chica de los hombros y la empujo para que cayera sobre su regazo, casi recostándola sobre su pecho, Elizaveta reía, y Roderich quería enterrarle el tenedor a Gilbert en la pierna.
Creo que al final si usare los guantes para ocultar un homicidio…
Los ojos, ahora ya nada temerosos, de Roderich miraban fijo y con fuego a los ojos de Gilbert, que indescifrable le sostenía la mirada, con burla, con desafío, que por si eso fuera poco se atrevía a sonreírle y mirarlo, mientras pasaba la mano por el cabello largo, castaño y semi rizado de la húngara. No la toques… No. La. Toques.
— ¡No voy a responder eso! Eres tan idiota a veces… —negó con la cabeza mientras tras un empujón de su pecho lo apartaba, aunque bastaba fijarse bien para ver que seguía roja— Rode… ¿Rode? Estas un poco rojo… ¿Todavía te sientes mal? —en tono de preocupación.
Por fin rompió el contacto visual con esos ojos rojos, intentando transmitirle de manera telepática lo mucho que lo odiaba, aunque si las miradas fueran armas…
— ¿Eh? Si, no te preocupes… Debe ser el calor… ¿Ya casi es hora de volver no? Deberíamos ir ya para el salón Eli… —antes que nadie se levanto, y volvió a ofrecerle la mano sana a su amiga, cuanto esta se la dio, se extraño un poco del fuerte y rápido tirón que Roderich le dio para que se levantara— Ah, Gilbert, ya que estas, ¿Te importaría llevar las cosas? Tengo que hablar de algo con Eli…
— ¿Q-qué? ¡Pero cara de que me viste, señorito cuatro ojos! —alego solo, puesto que el pelinegro se adelanto un par de pasos empujando a su amiga.
— ¡Despacio, Rode! ¿Qué pasa? —en vez de estar molesta le daba gracia.
Al doblar en un pasillo, se atrevió a ir más despacio, miro hacia el piso y luego levanto la vista.
— Se que hace un momento te dije que mientras fueras feliz, aceptaba tus decisiones… —cerro las manos en puños, mientras continuaba— P-pero quiero que sepas… Que me sorprende que estés saliendo con alguien que recién entro a la escuela hace pocos días y conocemos muy poco…
La chica lo escucho con atención, pero su rostro se mostro sereno ante las palabras.
— Oh, Rode… Se que estas preocupado, pero Gilbert no es tan mal chico, de hecho yo lo…
— S-si lo se, no podemos juzgar a nadie por su apariencia —le interrumpió sin darse cuenta, por que estaba tropellando sus propias palabras, que por cierto, esa ultima ni el mismo se la creía— Pero me imagine que alguien tan lista y seria como tú… Iba a terminar saliendo con… algún chico… que yo… Que fuera adecuado para ti… —ahora se torno más nervioso, hasta comenzó a acariciar su nuca con los dedos— Alguien que conocieras de tiempo… No solo eso, alguien que conociera todo de ti, q-quizá no el más brillante, ni más popular, pero si alguien bueno, q-que te amara mucho y t-te hiciera muy feliz…
Roderich rezaba por que ese calor que sentía en el rostro, no fuera debido a un sonrojo, estaba rozando peligrosamente la barrera entre la vida cotidiana y la confesión de amor.
Una sonrisa nació de los labios de la chica, en sus ojos nació una ternura y amor que hicieron estremecer a Roderich hasta el ultimo pelo de la cabeza, ella corrió a sus brazos y lo abrazo muy fuerte, torpemente apenas pudo corresponderle, nervioso y con el corazón a punto de escapar de su pecho y correr lejos, lejos, lejos, temió su respuesta.
— Aquí no existe nadie, a demás de ti, que me conozca tan bien y me quiera tanto… —sus manos acariciaron el rostro de Roderich y sus labios besaron de forma dulce sus mejillas y frente, el chico ni siquiera se movió, temiendo arruinar este momento— Te agradezco mucho Roderich, que siempre estés cuidándome como un ángel guardián…
¡Vamos, vamos! Tenia ganas de soltar las palabras que por tanto tiempo se había guardado recelosamente, de que por fin se llenara de valor y no hubiera como un cobarde.
— También quiero lo mejor para ti, Rode, debes confiar en…
Fue silenciada por un dedo puesto en sus labios. Sus manos fueron tomadas con tranquilidad y bajadas, pero sin ser soltadas, entonces el austriaco abrió los ojos y se vio reflejada en estos mismos, tomo aire y soltó despacio.
— Elizaveta… En realidad tu siempre me…
— ¡OEEE, SEÑORITO PODRIDO! ¡NO SOY TU MULA DE CARGA PARA LLEVAR TODAS TUS COSAS, EL ASOMBROSO YO NO ES EL SIRVIENTE DE NADIE! —por supuesto que el impertinente de Gilbert tenia que aparecer.
Roderich sintió arder su sangre, diferente a las otras veces, no soltó la mano de la húngara y se giro para silenciar de una vez por todas a aquel que le atormentaba la vida. Pero al final si debió soltarla, por que en ese momento su mochila fue arrojada con violencia sobre su pecho. ¡Que salvaje! El albino se la había arrojado con tanta fuerza y tantas ganas que le saco el aire e hizo retroceder hasta chocar contra la pared.
Atónico, olvido por un momento su enojo y busco a Gilbert con la mirada, pensó encontrarlo burlón, altanero, como un idiota riéndose de él, pero por el contrario, volvió a reconocer esos ojos rojos furiosos, flameantes, hasta su expresión era de hostilidad.
Y si por el hecho de haberlo dejado contra el piso hubiera sido poco, Gilbert también dejo las demás cosas en el suelo y pasando de largo a una histérica Elizaveta que le gritaba por que le había hecho aquello a Roderich, el prusiano seguía en línea recta hasta un objetivo.
Él, Roderich. La furia, valor, coraje y determinación de hacia solo unos momentos se había esfumado, no quería pensarlo, no era de hombres, pero hasta su sentido de la lógica le grito que no era un sujeto hecho para la pelea, y que si bien Gilbert quería, podía romperle los lentes de un solo puñetazo y algo más. Con miedo, pero con la seguridad de que no iba a apartarse como un cobarde, vio como este se inclinaba hasta su persona, estrujo la mochila al tenerlo tan cerca, pensando que de un momento a otro podría usarla como escudo o arma blanca.
— No quieras pasarte de listo, mariquita cobarde…
Esas fueron las palabras que encendieron a Roderich para ahora si saltar sobre su enemigo.
Después de eso todo pasó como un relámpago.
El prusiano fue apartado de su cuerpo, aunque no precisamente por voluntad propia. Pudo ver como sus ojos se dilataban mientras era jalado por el cuello de la camisa y Roderich casi se desmaya al ver como Elizaveta. Si, Elizaveta, hacia girar al albino en su dirección, con una expresión tan seria y un tanto aterradora, que hasta el mismo pelinegro se estremeció.
Lo siguiente que se escucho, fue la fuerte bofetada que le metió la húngara al prusiano, lo cual, debido a la fuerza, hasta lo hizo retroceder de forma torpe un par de pasos.
Tanto albino como pelinegro, tenían los ojos abiertos de par en par y no podían creerlo.
— ¡GILBERT! —bramo una histérica y furiosa húngara— ¡PEDAZO DE MIERDA, NO VUELVAS A LASTIMAR A RODERICH! —su labio se torció hacia abajo, era una clara mueca de disgusto y amenaza, el austriaco volvió a temblar, por que conocía muy bien esa mirada, era la que solía poner Eli a los chicos antes de dejarlos retorciendose en el piso.
La expresión del prusiano era un poema, saliendo del hecho de que se había quedado sin habla, su mejilla estaba apenas enrojecida, ¡Claro que le dolía! Pero era más su estupefacción y cierto terror que comenzó a nacer por aquella mujer.
Roderich no cavia entre su emoción mesclada con miedo y estupefacción. Por que por supuesto, estaba feliz de que Elizaveta golpeara a Gilber, tenia miedo por que siempre le había dado miedo su encantadora princesa transformada en ogro, y por que no se espero esa reacción por parte de la castaña.
Debido al silencio que ambos chicos le dedicaban, la húngara comenzó a regular su respiración, por que al ver como Gilbert derribaba a Rode, como a todos los que se atrevían a lastimar a su hermano ella se volvía el mismo demonio y lo defendía a capa y espada. Parpadeo un par de veces, segundos después de mirar sus manos, cayo en cuenta de lo que hizo, la expresión se borro de su cara y avergonzada se llevo las manos al rostro.
— A-ah… Yo… Lo siento… —su sonrojo fue más grande, pero rápidamente corrió hasta donde Gilbert, que este, al ver que se aproximaba, se aparto de su camino alejando la cara, Elizaveta lo paso de largo y se arrodillo en el piso al lado del castaño— Rode, ¿Estas bien?
— A-ah… S-si por supuesto que estoy bien, no tengo nada Eli… —se apresuro a explicarle, para que dejara esa mueca de preocupación, aunque a medias se notaba que la preocupación y vergüenza no eran precisamente por el estado de Roderich.
Al levantar la vista sus ojos violetas se encontraron una vez más con los ojos rubís que lo miraban fijamente, el prusiano estaba tallando su mejilla, una vez que la chica le dio la espalda, y hacia una mueca graciosa, más no de dolor, al mirar a ambos de esa manera. Esto de algún modo le dio una punzada de satisfacción a Roderich, que no oculto su impulso de abrazar a la chica, que seguía como estatua palpando sus costados para ver si no tenia nada malo.
Al levantarse sacudió su ropa. Como nadie se atrevía a decir nada, el opto por romper el hielo.
— Creo que era de esperarse tan salvaje comportamiento de alguien inadecuado como tú… —dijo el austriaco receloso, a lo que su compañero le miro con una enorme sonrisa en los labios— ¿No te enseñaron a dar las cosas en la mano?
— Kesesese~ ¡No pensé que fueras tan débil! Apenas la arroje con fuerza y ya estabas en el piso, quiero verte en clase de deportes, ¡Seguramente te vas hasta donde el viento te guie, señorito! —comenzaba en tono burlesco, si no fuera por el sonrojo en solo una de las mejillas, podía pasar por inadvertido el golpe nada suave de la chica.
Elizaveta era la única que no decía nada, probablemente por el hecho de que se debatía entre si pedirle disculpas a Gilbert o enojarse con el por Roderich.
— Jamás subestimes a alguien que es más inteligente que tú, Beilschmidt —Y el caballero de la zona, por supuesto, no podía permitir que una señorita se encontrara en semejantes apuros— Quizá no te gane en fuerza bruta, pero si puedo ser más astuto.
— ¿¡Túúú!? ¿En serio? Kesesese~ ¡Eso me gustaría verlo! El asombroso Yo es invencible~
Gracias a la euforia del albino, que se animaba conforme la conversación, ¿Alegación?, continuaba. Elizaveta pudo levantar el rostro y mirarlos divertida pero avergonzada.
— ¡Pregúntale a Eli! —Roderich se acomodo los guantes, pero al dar un tirón de más se lastimo así mismo haciendo una mueca que se apuro a borrar— Casi no juego, pero a mi equipo no podrás vencerlo, ¿Verdad, Eli?
— Creo que Rode tiene razón, —soltó una risita animada— Estas perdido, el te va a ganar.
— ¡Ganara solo si yo estoy en su equipo! ¡Cosa que no va a pasar, por supuesto! —su sonrisa sofoco a ambos, mientras el pulgar era levantado por encima del pecho para señalar su persona— ¡Por que yo soy el awesome, todos están por debajo de mi nivel!
Roderich no comprendía como es que habían terminado en esto, pero ahora el reto llamaba su atención, todo, lo que tuviera que ver con Gilbert, era un reto constante. Sobre todo si el premio era Elizaveta, aunque claro, que el no la consideraba un trofeo. Pero el único sentido de las cosas era derrocar a Beilschmidt, que el mismo reconociera que Roderich era mejor y más adecuado para ella en todos los sentidos.
— ¡Aunque bueno! ¡Si tienes a semejante guerrera en tu equipo creo que si puedes tener una posibilidad! —dijo el albino, sacando al austriaco de golpe en sus pensamientos
El de ojos rubís soltó una carcajada profunda cuando Elizaveta comenzó a reír nerviosamente, y volver a ponerse roja, también por el hecho de que Roderich volvía a fulminarlo con la mirada… pero eso no era suficiente, por lo menos no al criterio de Gil.
— B-bueno, me parece que es tarde, mejor me adelanto para apartar lugares… ¡Los veo! —les dio un beso por igual en la mejilla a ambos y tomando sus cosas huyo de ahí.
Se sintió afortunado, como todas las veces, de ser besado por tan fuerte mujer que le hacia suspirar, y no salió del hechizo por el cual lo tenia preso su chica, solo hasta que ella se perdió por el pasillo y quedo solo con Gilbert.
Solo con Gilbert. Sabia que su presencia no era importante, aun así no pudo evitar sentirse un poco nervioso, si fue así, no lo demostró, se inclino para tomar sus cosas, ahora era un hombre nuevo, sin errores y sin miedos, se atrevió a mirarlo a sus ojos rubís y sonrió burlón mirando la zona roja de su cara, a lo que su compañero arqueo una ceja.
— ¿Te duele? Espero que sepas que Elizaveta estuvo una temporada en el equipo de luchas y que-…
— Silencio. Ahora que se fue, dejemos el teatro. —lo corto de pronto, dejando a Roderich ofendido pero también muy confundido— Aprovechare que tu niñera no esta aquí para interrumpirnos.
Sin decir nada, se dio la vuelta para encarar a Roderich, este se apresuro a retroceder, sin proponérselo realmente, Gilbert se aproximo tan rápido y en tan poco tiempo que el corazón de Roderich comenzó a bombear sangre muy rápido, para mala fortuna del mismo, al igual que ese día no pudo moverse. Por su mente pasaron muchas cosas, mientras era atrapado por la mirada rubí que no salía de sus ojos, pensó en huir, pero un brazo fuerte le había cerrado el paso, aterrado, pensó que alguien podría verlos, ¡Que demonios!
Por su parte Gilbert se había quedado callado, bajo una mano, mientras arqueaba una ceja y aprovechando la cercanía que inconscientemente le había permitido el otro, se propuso a estudiar esos ojos violetas a través de los cristales. No estaba sonriendo, pero después de un tiempo sintió ganas de, cuando noto como Roderich fruncía el ceño igual que un niño pequeño y modificaba su expresión aterrada por leve desconcierto. Fue ahí cuando decidió atacar por fin, aunque para sorpresa del pelinegro, su horror se volvió dolor cuando Gilbert le apretó la mano.
— ¡Auch! ¡Kono Obaka-san, deja ahí! —intento tener su mano de regreso, pero el otro no se lo permitió, se odio así mismo, de ser tan débil, por que cuando intento empujar al otro fue como intentar mover un muro, igual cada que lo intentaba el otro se pegaba más a el y eso lo ponía nervioso— ¿Qué estas sordo? ¡Que me sueltes te digo, idiota!
— Lo sabía… Kesesese~ nadie puede engañar al increíble de Yo —la sonrisa del mayor fue más grande y profunda, probablemente por que había descubierto el secreto de Roderich, aunque no duro mucho su expresión de jubilo, que fue modificada por una seria, rara en Gilbert— Se me hacia raro que de un día para otro fueras zurdo, señorito, ¿Qué te paso?
— ¡Nada que te importe! Así que sueltamente y déjame ir, —intento jalar su mano de regreso sin éxito, y cada que lo hacia esta le dolía, pues el corte se rosaba contra los vendajes y temió que la herida volviera abrirse— ¡Eli se preocupara por nosotros!
Esto pareció hacer enojar al prusiano, por que le apretó más fuerte la mano y la pego contra la pared, Roderich estuvo a punto de romper su código de la moral y gritarle una sarta de blasfemias, pero cuando levanto el rostro su nariz rozo contra la nariz del pruso, al tener su rostro tan cerca se aterro, por que por su mente pasaron las imágenes del día anterior donde Gilbert había estado igual de cerca y nada bueno salió de eso, quizá fue por la adrenalina del espanto, que saco fuerzas de dios-sabe-donde y logro empujar al otro con todo y mano lastimada para apartarlo, luego de eso se dejo caer al piso, tomo su mochila y gateo lejos.
Gilbert apenas se dio la vuelta y comenzó a seguirlo, volviéndolo a atrapar antes de que se levantara, para ponerlo nuevamente contra la pared.
El pelinegro se sentía como en una película de terror, claro, el chico cobarde siempre muere primero, en su cabeza comenzó a faltar aire de lo nervioso que estaba, aunque por su parte su estomago sentía una opresión, como si de repente se hubiera tragado una enorme roca y esta intentara llegar al suelo.
— ¿Qué cosa quieres? —se atrevió a desafiarlo y espero no arrepentirse.
— Le diré a Hedervary que estás herido de una mano, y no querías decirle~ —y le había dado a Roderich donde más le dolía.
— No te atreverías… —¿Qué si no? Arg, estúpido prusiano— No le digas nada… —miro hacia otra parte y se quedo quieto por fin, pero con una mano en el pecho del otro para marcar distancia— Hmp… oye, tú estas muy… cerca, Kono Obaka-san. ¿Qué cosa quieres? —repitió más desesperado y sintiéndose sofocado.
— ¿Cómo te lastimaste la mano? Déjame ver… —quiso sacarle el guante, pero Roderich no se lo permitió— ¡Oe, quieto! Parece que eres un pobre desgraciado al que siempre le pasan cosas malas… —dijo medio burlón y cínico.
Esa fue la gota que derramo el vaso.
— ¡Si tengo la mano herida es por tú culpa! —oh si ahora que recordaba como había sido todo, la mano se la lastimo por culpa de Gilbert, bueno, más bien por una rabieta y descuido suyo, pero todo había sido culpa de Gilbert— Si, Tú… Desde que te apareciste por aquí mi vida ha sido un infierno… —eran acusaciones muy graves pero Roderich sencillamente estaba acorralado y harto.
Gilbert borro su sonrisa e hizo una mueca de desprecio.
— ¿Quieres decir que esto paso por que ayer te bese en penitencia?
Roderich se quedo estático. Maldita la hora en que lo dijo, por que no pudo evitar encenderse en rojo y morir de vergüenza para apresurarse a negarlo.
¿Pero que te esta pasando? ¿Por qué te pones así cuando fue algo desagradable? ¡Desagradable, maldita sea! ¡Piensa en cosas desagradables!
— ¡NO, NO PASO! ¡Eso fue un accidente! ¿Me oíste? ¡Fue un ACCIDENTE!
—…Es la primera vez que escucho que alguien quiere cortarse las venas después de haberme besado… —en su tono de voz divertido, continuaba en matiz de seriedad— Kesesese~ ¡Sin duda eres extraño, señorito!
— ¡NO! ¿NO LO ENTIENDES? ¡No paso nada! —para estas alturas Roderich estaba un poco histérico, aterrado, avergonzado, frustrado, pero sobre todo irritante. En esto se dio cuenta Gilbert, cuando definitivamente el cuatro ojos no se callaba, comenzando a balbucear cosas que apenas y le entendía, insultándolo a el, insultándose así mismo, repitiendo una y otra vez que había sido un accidente, y que ni muerto besaría a un hombre.
Harto. Gilbert volvió a ponerlo contra la pared y puso una mano en su boca.
— Roderich… ca-lla-te… —el austriaco lo hizo al instante, por que no le dio otra opción— Esta bien, el increíble Yo realmente no te dio uno de sus increíbles besos… —acepto por fin, y el pelinegro suspiro aliviado, al retirar Gilbert la mano, noto como el otro se acostó contra la pared, más tranquilo. Aquí fue donde se permitió sonreír— Pero este si te va a gustar~
Si decir absolutamente ninguna palabra, otra vez sus labios se encontraron por segunda vez con los de un desconocido, Roderich abrió los ojos, atónito… Incrédulo. No, no, no, no, no… ¡No podía estar pasando de nuevo! Tenia que ser una pesadilla. Por lo cual cerro fuerte los ojos y deseo despertar de este horrible sueño, aunque en ese momento sintió otra cosa rara, el albino le había mordido uno de sus labios, eso lo hizo estremecer y golpeándolo en el pecho le exigió que se apartara, pero justo en ese momento el otro hizo otra cosa desconocida para el austriaco y sintió algo cálido y húmedo adentrarse en su boca. ¿Le estaba metiendo la lengua? Esto hizo que la sangre se le bajara del rostro y volviera a subir.
Esta vez con más ímpetu intento apartarlo, uso sus manos, incluso la que estaba lastimada, que para este momento olvido que la tenia así, ahora sentía algo más fuerte en el pecho que lo aterraba, en el estomago igual, lo que más le daba miedo es que no era un dolor agudo ni destructor como cuando se imagino que había perdido a Eli, no quiso averiguar que era esa sensación, por que si tenia que ver con Gilbert no era nada bueno, con sus uñas araño sus brazos, con sus rodillas golpeo las del prusiano, con sus hombros intento empujarlo, y con su cabeza intento meterle un golpe o algo.
Gilbert por su parte lo tenia bien sometido, en fuerzas le ganaba, y al otro no le quedaba otra cosa más que rendirse, cuando sintió acceso a su boca busco su lengua y sintió como el otro se retorcía cuando estas se rosaban la una con la otra, la de Roderich huyendo y la del persiguiéndola, como había sido siempre, esto lo hizo sonreír y ladear el rostro para tener un acceso más profundo a su boca. Malditos lentes que estorbaban, se vio tentado a retirarlos, pero pensó que así seria mejor, tenia los ojos abiertos y sabia que Roderich no le estaba mirando, por lo cual fue más despacio, como si estuviera a punto de detenerse, fue aquí donde el pelinegro entreabrió sus ojos violeta y lo primero que vio fue a Gilbert, estos estaban un poco llorosos, el albino no tenia idea de por que…
Más cuando Roderich miro en los ojos de Gilbert y se vio reflejado en estos, lo odio, lo odio por estarse burlando tan descaradamente de el, lo odio por ser como era, lo odio por ponerlo en esa posición tan vergonzosa, y lo odio por colocarlo en un estado por el cual se desconocía. Por fin Gilbert se separo despacio, sus labios liberaron a unos rojos, húmedos y partidos labios austriacos. El aliento caliente de este chocaba contra los labios del más bajo y rebotaba de regreso a su boca, el no estaba tan mal… Pero Roderich…
Tenia el cabello alborotado debido a la mano que tuvo todo el tiempo detrás de su nuca contra la pared y que no permitió que se alejara, el cuello de su camisa impecable estaba todo arrugado, al igual que el chaleco, los lentes estaban hasta la punta de la nariz, pues durante el beso, el rostro de Gilbert había sido el único que los sostenía. Las manos de este se apretaban fuertemente de su ropa, aunque no solo eso, por que las uñas estaban enterradas en su piel y lo apretaban de manera dolorosa. En ese silencio donde solo se escuchaban respiraciones agitadas, de entre los labios del menos esperado, salió un sugestivo y singular sonido.
El dueño del mismo no se había dado cuenta al inicio, pues estaba muy ocupado intentando recuperar el aliento. El dueño de los ojos rubí por su parte, se quedo estático mirando hacia la boca del más bajo, memorizando esa imagen que le hicieron tener un segundo corazón en el estomago. Parecían horas, aunque en realidad fueron un par de segundos, en los que el austriaco pudo recuperar el aliento y entonces salió de su ensoñación. Perdido, sus ojos recuperaron volumen y comenzó a mirar hacia todas partes sin ver a Gilbert realmente.
El no había sido, ¿verdad?, el no había hecho esto. A él no le estaba pasando esto. El no estaba a mitad del pasillo acorralado por un mastodonte albino que acaba de declararle su homosexualidad. ¿Verdad?, ¿Verdad?, ¿Verdad?
Lo pero de todo fue escuchar la risita burlona y peculiar de Beilschmidt. Kesesese.
El muy maldito se había reído de él, en su cara.
— Entonces, ¿Ya aprendiste como es un beso verdadero del awesome Yo?
No hubo respuesta, ni siquiera movimiento. Roderich estaba petrificado.
— ¿Vez? Te dije que si te iba a gustar~ Yo se besar bastante bien~ Kesesese~
Cállate.
— ¡Ja! Te gusto tanto que hasta hiciste un sonido chistoso, y ahora te quedaste sin…
Para terror de Roderich, Gilbert volvió a bajar el rostro con unas intensiones que hasta el más estúpido podría darse cuenta, pero esta vez Roderich fue más rápido.
El no sabia dar puñetazos y en su vida había dado una bofetada, en alguna ocasión lanzo pierdas, o golpeo a compañeros sin querer con una pelota, había dado un mal consejo, e incluso entre lo más oscuro había saboteado alguna calificación por egoísmo.
Pero jamás le deseo tantas malas cosas a nadie.
— ¡ERES UN ESTÚPIDO! —lleno de furia y rojo de coraje, Roderich tembló en su lugar de rabia, y apenas tuvo al otro tan cerca de su cara que estaban a punto de besarse de nuevo, hizo lo que su instinto homicida le ordeno, tomo al otro del otro y le dio un golpe en la frente con la propia, aunque antes de eso, rosando el impacto, sus dientes arremetieron contra el labio de Gilbert y lo mordió tan fuerte como le ordeno su adrenalina en ese momento.
Por supuesto que apenas sintió que el albino grito, lo aparto de un empujón, para tomar sus cosas del suelo, y salir corriendo en dirección a la salida más cercana.
TBC.
NOTAS FINALES.
La última actualización de esta historia fue el 10 de Agosto del 2010, hace aproximadamente mucho tiempo. A decir verdad jamás fui muy constante, luego caí en depresión y casi un año deje la computadora. Al regresar comencé a eliminar historias que alguna vez fueron lindas, pero sabia que no iba a terminar, o simplemente ya no me gustaban, pero esta la deje… La deje por el simple hecho de que había comenzado el cuarto capitulo y no lo había terminado, una tarde, en mi tiempo libre, decidí finalizarlo, no tiene muchos días que lo hice, y entre mis documentos, encontré el borrador de esta historia, como planeaba hacerla desde un inicio y cual iba a ser su final, me llene de nostalgia y decidí continuarla, a pesar de que se que me echo la soga al cuello por que tengo otros proyectos que mantengo activos, no precisamente del PruAus (Aunque no niego que me gustaría escribir más). Pero este fue mi primer Fic de Hetalia publicado, no podía matarlo.
Hoy es 22 de Agosto del 2012 y hace aproximadamente 14 días este fanfic cumplió 2 años.
¿Por qué digo esto? Por que me pareció un dato curioso. Por que les quiero advertir dos cosas… En dos años una persona evoluciona mucho, por la forma de escribir, pensar, tolerancia, ideas, metas, sueños, y más cosas que quizás muchos ya conocen. En el capitulo que sigue por fin se hace el sentido de esta historia (espero, si no se me alarga el cap), mi fuerte siempre ha sido el humor, aunque los capítulos como los vi, pasaron de graciosos a dramáticos, espero que este sea el ultimo, si es que no quiero matarlos otra vez de suspenso (¿?)
Los invito a leer mis demás fics C: para que tengan una idea de cómo escribo ahora.
Voy a continuar esta historia, ya no la dejare botada otros dos años por que tengo y se de que va la historia, les pido una enorme disculpa por el retraso. Que quizás muchos dejaron de seguir el fanfic y quizás muchos más, después de leer esto, no me consideren una autora fiable.
Mis principios no cambiaron, hago las cosas por amor, a la pareja y a los que gusten de ella. Como dato extra, ya comencé los primeros párrafos del capitulo que sigue, y serán más largos, así que sean pacientes.
Por ultimo. ¿Además del triangulo amoroso; GilbertxElizavetaxRoderich y de la pareja principal, Prusia x Austria, les gustaría que se agregaran más personajes o parejas? Soy muy tolerante con todas ellas, así que pueden exigir por más rara que sea o no xD aunque obviamente serian secundarias, se puede hacer una mención e incluirlas c:
Si nada más que agregar, me desaparezco por hoy. Prometiendo regresar mañana (¿?) literalmente hablando, claro, pueden ver que tan activa soy en mi perfil y si alguien quiere tomatazos personales, por mp puede pedirme mi fb, digo, por si alguien… xD
¿No les parece awesomen e increíble que ahora nada más bajando el mouse tenemos la cómoda opción de comenzar a escribir un Review? *-* okno, no soy nadie para pedir, pero por cada mensajito Gilbert le va a robar un beso a Roderich. (¿?)
¡Saludos a todos!
