CAPÍTULO 4

Háblame.

Nagato había tomado el supuesto amor de Konnan por Yahiko peor de lo que a un hombre razonable con sus cometidos le atañía. Trataba a la consternada y sorprendida chica con indiferencia siberiana, hasta llegar al punto de hablarle sólo por medio de la telepatía y para cosas muy específicas de los asuntos de la aldea y los Jinchuurikis. No dejaba de ser el impasible y omnipotente líder de Akatsuki, pero los demás eran ninjas de élite y notaron el paulatino cambio. Empezaron a tomarse sus distancias con él, pues la nube de depresión y disgusto permanente del cabecilla no era algo placentero de soportar.

Contrario a Pein, Itachi había optado por ocultar hasta el más mínimo atisbo de expresión de su cara, evitar el contacto con seres vivos y contestar únicamente con monosílabos cuando era indispensable, cosa por otro lado no tan inusual en él. Actuaba como si no existiera Kisame, quien empezaba a hartarse de ser ignorado y respondió poniéndose agresivo con la gente y siendo muchísimo menos sociable que de costumbre.

-Hey, Kisame, pásame la miel –pidió Hidan con la pereza encima. El albino de pupilas púrpuras había llegado hacía unas horas, con su capa hecha una lástima y una expresión de satisfacción que anunciaba a las claras un exitoso y largo ritual a su Dios imaginario (Jashin) completado. Era el único que no notaba el ambiente de rigidez en la casa y estaba muy pancho disfrutando de una torre de waffles. -Kisame… ¡Kisame! –el aludido seguía perdido en el espacio revolviendo con furia su plato de carne. Por precaución, Konnan se alejó unos centímetros de él. -¡JODER KISAME, PÁSAME LA MIEL!

-¡POR QUÉ NO LEVANTAS TU MALDITO TRASERO Y LA AGARRAS TÚ, FANÁTICO RELIGIOSO! –el rugido del híbrido alarmó a todos, pero antes de que alguien interviniera, éste salió como un huracán en dirección desconocida.

Kisame no era del tipo que perdía los estribos por cualquier cosa, pero el asunto se estaba pasando de tolerable para él. ¿Qué demonios tenía Itachi? "Bueno, ya me he exprimido el cerebro por horas y no sé qué demonios he hecho. Será mejor preguntárselo a él mismo" pensó.

Se orientó a buscar a su compañero obteniendo escasos resultados, hasta que ya harto salió de la guarida y echó un vistazo en el bosque.


Konnan también resolvió salir a aclararse las ideas. Voló en forma de pajarillos de papel sin una dirección concreta, hasta que decidió ir a ver a Nagato personalmente, ya que al menos quería haber hecho algo malo, o hacerlo de una buena vez, para merecer ese castigo.

Sí tenía miedo de lo que pudiera pasar, cualquiera lo tendría, pero un shinobi debía aprender a controlar sus emociones o corría el riesgo de perder la vida. Llegó a la torre en donde descansaba Nagato, entrando en cuanto alcanzó la puerta. Con el corazón en la mano, la mujer recorrió apresurada el recibidor y las escaleras hasta llegar a la habitación de su amigo.

Al mirarlo de cerca sintió un sobresalto por el semejante estado en el que se hallaba. Si bien era cierto que desde aquella vez en la aldea de la lluvia, cuando invocó por primera vez a Hades, su cuerpo había quedado absolutamente consumido y demacrado, ahora había otra cosa, un inédito "algo" que ella, aún conociéndolo tan bien (o creyéndolo conocer mejor dicho) jamás había visto. Él la miró interrogante dentro de lo que su perenne inexpresividad le permitía.

-Vine a verte –anunció con voz suave acercándose a Nagato. –Y a preguntarte qué sucede.

-No era necesario que vinieras. Y no sucede nada extraño.

-¡¿Qué no sucede nada?! –exclamó ella sin levantar demasiado la voz pero evidenciando su enojo -¿Cuál es tu definición de "no pasa nada"? ¿El que de pronto me hayas hecho a un lado no significa que pase algo?

-No te he hecho a un lado. Sólo quiero un espacio para mí, y un poco de privacidad.

-Es una mentira. –Reprendió más tranquila luego de un silencio- Sé que hay algo más, Nagato, pero si lo que quieres es que me aleje de ti creo que lo haré. No puedo marcharme, porque hice una promesa a ti, a mí y a Yahiko y es mi deber cumplirla. Sólo quiero que sepas que cual sea la cosa que te suceda está afectando no sólo a mí y a la organización, sino a ti. ¡Mírate, cómo estás en estos momentos, luces horrible!

Ese fue un golpe inconsciente a la ya muy arañada moral de Nagato. Por supuesto, Konnan lo había dicho refiriéndose al aura de depresión – enfado – frialdad que lo rodeaba, pero él no lo escuchó así. Lo que él oyó fue una confirmación a todas sus sospechas (que ella lo veía como un asqueroso engendro y que sólo estaba con él para mantener la promesa a Yahiko), que le hizo bajar la mirada y darle la espalda como pudo a la Kunoichi.

La artista salió como un rayo y sin mediar palabra entre una nube de mariposas. Se sentía desplazada por aquella actitud insensible, doblemente sin saber las razones de la misma, pero aunque nadie se hubiera dado cuenta (principalmente por su silencio casi reglamentario) tenía un muy alto sentido de dignidad. ¿Que Nagato ya se había hartado de ella? Pues perfecto, seguiría cumpliendo con su deber aunque a él no le gustara. Definitivamente no se iba a ir a deprimir a un rincón ni sería la muñeca abandonada de nadie.

Qué le sucedía a su compañero lo iba a averiguar. Si podía iba a pelear por o contra ello, y si no, continuaría cuidando al hombre que de pequeña quería y de adulta amaba. Una terquedad de Nagato no iba a derrumbarla, ni a ella ni a lo que sentía.

Ésa era su propia determinación y la iba a seguir hasta el final.


Kisame regresó prácticamente de madrugada, con una expresión sombría y sin haber encontrado a su socio.

-¿Has visto a Itachi? –preguntó desanimado a un Zetsu cuyo lado pintado de negro tenía mala cara, y el blanco una expresión ofendida, además de que apenas cabía en el diminuto pasillo gracias a la gigantesca planta carnívora que le adornaba en la cabeza. Ver a ese tipo le levantaba la moral a Kisame siempre, se decía que al menos el tenía manos y un solo color… (Pobre Zetsu)

-En el balcón parece que algo le preocupa, al condenado. No se molestó en darnos las gracias por llevarle el plato de comida que Konnan le preparó. Es un malagradecido. Vamos, no digas esas cosas… -siguió monologando con él mismo mientras se escurría por una pared. Para cuando desapareció, Kisame ya se había ido de allí.

-Itachi

El apuntado no respondió.

-Itachi, por favor… -al escuchar el tenaz silencio, continuó –bien, si no me hablas tú lo haré yo…

-¿Por qué no vas y le pides a Deidara que hable contigo? Yo no estoy para perder el tiempo. –su tono era más plano que nunca, no parecía siquiera importarle lo que él mismo decía. Estaba sentado en la baranda, con la mirada velada por su cabello oscuro y rostro impecablemente helado, aunque bajo las largas mangas de la túnica, sus manos estaban ligeramente crispadas.

-¿Se puede saber a qué viene todo esto? –Kisame fue directo al grano, recargándose en la pared y con los brazos cruzados. –Has estado actuando muy raro conmigo, y quiero al menos saber por qué. –ante el insistente silencio, siguió con un tono más furioso -¿A qué viene esa rabieta, Itachi? ¡Esa maldita actitud infantil le pega más al idiota de Hidan!

-Esto no nos lleva a ningún lado –hizo el amago de saltar de ahí, pero la enérgica mano de su compañero lo detuvo en el acto. Lo miró activando el Sharingan en una muda advertencia.

-¡Tu actitud es la que no nos lleva a ningún lado! ¿Es porque te molesta que charle con Deidara? –soltó con sagacidad.

-Tú haces lo que te va en gana. Yo igual. Suéltame, Kisame, o no me contendré contigo.

-No planeo soltarte hasta que me digas por qué te portas como un necio conmigo. Luego puedes hacer lo que quieras. –La feroz mirada de Kisame estaba a escasos centímetros de él.

Itachi estaba casi perdido. Normalmente habría atacado a su interlocutor y se habría largado en silencio. Pero llevaba tanto tiempo conviviendo con Kisame, disfrutando de su amabilidad y permitiéndose el mismo tener algún detalle humano con él… más recientemente se acostumbró tanto a estar con él que se llegaba a sentir incómodo en una misión en solitario. Desde hacía más de un año que estaba en Akatsuki jugándose la existencia para proteger lo único que le quedaba: su hermano. Ahora… ahora estaba celoso por no ser el que su socio buscaba. Sentía presión y enojo consigo mismo por haber permitido que esos estúpidos sentimentalismos se colaran en su vida.

No llegaba a amarlo, no era dependiente a él. Pero el hecho de que no se hubiera perdido en la vorágine de muerte y traiciones que era su vida se debía exclusivamente a la presencia de ese hombre de aspecto tan extraño que le tendía la mano cada vez que lo necesitaba sin esperar nada a cambio. El quería estar con él. Por su propia cordura y felicidad, porque sabía que en ese momento Hoshigaki Kisame era una pieza importante en su oscura subsistencia.

Porque esos malditos celos lo estaban hundiendo.

-Es algo ridículo, discúlpame por haber sido un idiota. –susurró volviéndose a sentar mientras el híbrido lo soltaba y lo miraba atento. –Escucha, lo que me sucede es privado, y lo he estado desquitando contigo…

-¿Es demasiado privado?

-Tiene que ver contigo. Es… la verdad es que he estado celoso por tu cercanía con Deidara –confesó con una sacudida de pena en el abdomen, mirando el nubloso cielo y luego a su compañero. Una chispa de diversión lo asaltó al pensar que en ese instante su compañero que parecía un pez fuera del agua, boqueando y con los ojos y la mandíbula muy abiertos.

-Ah, amm…

-No es necesario que digas nada, por favor olvídalo. Como te advertí, era algo totalmente ridículo e incómodo para ti. Pero no pasará de un rato.

-A-así que ¿Según la lógica de quién yo estoy tras el rubio?

-Los escuché platicando en la sala el otro día…

-Itaachiii… Me pregunto qué pasó con tu entrenamiento ninja ¿Te acuerdas de que antes de sacar conclusiones de una conversación debes oírla completa o podrías malinterpretar las cosas? –le soltó recuperándose de la sorpresa con una repentina oleada de serenidad que lo hizo casi caerse de lado.

El más joven lo miró desconcertado y con el ceño ligeramente fruncido. ¿Era un Genjutsu o Kisame en serio estaba así de tranquilo cuando él sentía que se quería aventar del balcón por las sandeces que había hecho y dicho? ¿Y por qué no sentía ganas de replicarle aún cuando se había burlado tan abiertamente de su lapsus brutus?

-No… si yo… -¡Y era la segunda vez que se quedaba tartamudeando como retardado en dos días, mientras el culpable estaba ahí casi soltando las carcajadas!

-Vaya, es la primera vez que veo que te quedas con esa cara… Mira, la cosa está así: Yo sí te quiero ¿Qué tan lejos vas tú con eso?

-No sabría decirte, porque sería la primera vez. –se animó a responder el Uchiha luego de un largo y tenso silencio.

-¿Ah sí? Vaya coincidencia.

-Espera ¿Nunca te ha gustado nadie? –se sentía tan confundido por la calma con que Kisame hablaba de sí mismo que ni siquiera recordaba el mantener el tipo. Definitivamente ir y decir "Te quiero" a algún asesino criminal de tu mismo sexo de una manera tan impía era algo digno de trofeo.

-Gustar sí, pero más allá no. La verdad nunca tuve la oportunidad de andar con nadie –aclaró con tono inestable (más de la cuenta) y un aire algo deprimido. Itachi sintió una gotita resbalar por su nuca… -volviendo al tema… ¿Qué piensas?

-Me gustaría intentarlo, pero poco a poco. No sé nada de esto y no quisiera acabar mal. Aunque si vamos a empezar algo… serio… no voy a andar exhibiéndome por la mansión ni haciendo boberías – ¿Perdón? ¿Qué rayos estaba diciendo? Bueno, en momentos como ése había que hablar de lo que uno sentía, y era la verdad. La sola idea de andar acaramelado con Kisame cual tortolo enamorado se le antojaba bizarra y la mar de vergonzosa.

-No, si yo no pienso subirme arriba de ti… Además no es como si nos fueran a ventilar la relación por el periódico, es la ventaja de ser renegados.

Se miraron frente a frente, totalmente perdidos y apenados ¿Qué se supone que iban a hacer?

Itachi se acercó a pasos cortos pero seguros, poco a poquito, con la mirada fija en la de su socio y el corazón latiendo descontrolado en su pecho, queriendo asegurarse de que eso era lo que ambos querían... Sintió la mano dura y rugosa de Kisame tocar con exquisita suavidad su propia mejilla… unos escalofríos recorrer su rostro… todo demasiado lento y nuevo para él.

A pesar de la sencillez de dos pares de labios cerrados rozándose mutuamente, compartiendo un mismo ritmo de respiración, con ambos cuerpos demasiado cerca pero sin llegarse a tocar, eso significó mucho para ellos dos.


Todavía no me acaba de gustar este capi, y eso que lo pulí seis veces porque me pareció exceso de pensamientos y poca conversación ¬¬. Y sí, Itachi está avergonzado, todos lo estamos alguna vez aunque no lo demostremos…

Aunque como verán ninguno de esos dos tiene la más mínima idea de cómo hacer las cosas, las están haciendo (igual que yo y mi proyecto) y créanme: no porque se hayan ¿Declarado? Se acabará su historia y serán felizmente gays para toda la vida XDDD

Ah, sí. El próximo capi va el miercoles n_n

Siguiente capítulo: Explorando se entiende la Gente