Capítulo 4: Las Palabras de Shakespeare no son tan Sabias como muchos Piensan.

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Bella Swan.

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—No debiste haberle golpeado – me dijo Jasper – recuerda que no sabe nada de esta época. Sus costumbres han de ser muy diferentes a las de acá. Seguramente no lo hizo con el afán de ofenderte ni de aprovecharse de ti.

—No me importa – balbuceé, aún entumida por el trancazo que le había dado al morboso aquel – Que se vaya acostumbrando que aquí no es su reino encantado.

—Creo que no se le olvidará – el rubio soltó una risita – con semejante golpe, dudo mucho que se le olvide. Eres tan divertida, Bella.

Mis mejillas se encendieron al divisar su gentil sonrisa. Y una vergüenza gigantesca me invadió. ¡Qué tonta había sido! Actuar de esa manera tan violenta cuando Jasper estaba en casa. ¿Qué pensaría de mí? Que era una bruta, seguramente. Bajé la mirada y la centré en mis manos, quedándome sin habla; patéticamente embelesada por aquel joven que, desde niña, había sido mi único amor.

Jasper Hale. Ese era su nombre. Desde el primer momento en que le vi se había ganado mi corazón y, aunque siempre he tenido muy presente que jamás me mirará más que como una hermana pequeña, jamás me ha interesado nadie más. ¿Cómo? Si ninguno otro se le comparaba. Jasper era la clase de chico que toda mujer pudiera esperar. Guapo, amable, inteligente, culto, serio, responsable… No como la bola de inmaduros y púberos rondando allá afuera (o como el estúpido príncipe ese).

Dejé escapar un suspiró y mandé a mis sueños tontos lejos, a otro mundo. Yo no era una chica fantasiosa. Siempre evitaba ilusionarme. Aunque claro, el único capaz de despertar algún sentimiento de ilusión en mí era él, el hermano mayor de mi mejor amiga.

Desde que nuestros papás murieron, hemos vivido juntos en aquel departamento. Entre los tres, formamos una banda que suele tocar en algunos eventos nada importantes. Trabajamos y estudiamos para pagar la renta y tener qué comer cada semana. Jasper acaba de ingresar a la universidad para estudiar Filosofía, mientras que Rose y yo apenas cursamos el segundo año de la preparatoria.

Somos una familia poco convencional. Cada uno es extraño a su manera. Hasta mi mascota, Jake, es un canino exuberante. ¿Cómo es que hemos logrado vivir juntos por más de cinco años y sin habernos matado mutuamente? Fácil. No tenemos a nadie más, así que no nos queda de otra, más que soportarnos.

—Aquí tienes – la tranquila voz de Jasper me hizo respingar.

Fruncí el ceño al ver lo que me tendía

—¿Y esto? – pregunté

—Es la ropa que me pediste para tu nuevo amigo.

Oh, sí, era verdad. Me resultaba fácil olvidar que había adoptado a un príncipe del siglo XII.

—No es mi amigo – aclaré, mientras tomaba el par de pantalones y la playera y me ponía de pie.

—Como tú digas. –sonrió.

Me obligué a dar media vuelta y caminar. Tampoco estaba dentro de mis intenciones que Jasper se percatará de mis sentimientos hacia él.

Llegué al baño. El sonido del agua cayendo aún se escuchaba.

—¡Ey! – Hablé fuerte para que me oyera – Aquí te dejo lo que te vas a poner…

Enmudecí en el momento en que la cortina que cubría la parte de la ducha se abrió inesperadamente, dejando a mi vista "algo" que me hizo olvidar hasta mi nombre y edad.

—Disculpad ¿podríais ayudarme? ¿Cómo hago para que deje de llover?

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¡Pervertidooooooooo!

El grito Bella hizo temblar el edificio entero y, segundos después, el príncipe volvió a recibir un golpe muy parecido al de hacía pocos segundos.

—¡¿Y ahora, se podría saber porqué me pegáis?! – exigió saber, cuando recuperó la visión y encontró a la castaña de espaldas hacia él.

—¡Ponte eso! – le señalaron con el dedo, sin mirarle – ¡Date prisa!

Edward bufó.

—¿Pero quién os creéis que sois, chiquilla, para darme ordenes y decirme que debo darme prisa?

La castaña alcanzó una escoba que se encontraba cerca

—¿Te dolió la fuerza mi mano, no? – Siseó – Apuesto a que, su "Alteza" no quiere probar la fuerza mi mano en combinación con otra arma.

El muchacho tragó saliva ruidosamente y no tuvo valor para seguir discutiendo. Sabía que esa mujer cruel no bromeaba. Cogió el par de prendas que le habían señalado y frunció el ceño al verlas.

—¿Qué es esto? – le dio vueltas por todos lados y no le halló forma alguna

—¡Póntelas! – le ordenaron con tal fuerza que, mágicamente, pudo vestirse sin problema alguno con los cortes tan extraños.

La castaña jadeó. Aquello era imposible… ¡En qué pensaba ese tonto al aparecer frente a ella así como Dios lo había traído al mundo! Mi inocencia ha sido corrompida, gimió mentalmente.

—¿Ya estás visible?

—¿Eh?, Si con eso os referís a si ya estoy vestido, entonces sí.

Se atrevió a dar media vuelta y comprobar con sus propios ojos que era verdad.

Cielo santo, la mandíbula se le aflojó al mirarlo. ¿Era el mismo? No lo parecía. Debía admitir que aquellos pantalones de mezclilla, en combinación con la playera negra, le sentaban muy bien.

—Hasta pareces gente normal – murmuró.

Edward hizo una mueca. Insistía en lo mismo: no sabía por qué, pero tenía la ligera sospecha de que cada palabra que la castaña le decía debería de tomarla como una ofensa.

— ¿Y mi primo? – quiso saber.

—Está durmiendo

—¿Aún no ha recobrado la conciencia?

—No… Pero no creo que se muera.

Gracias – replicó con sarcasmo, chasqueando la lengua.

Regresaron a la sala y tomaron asiento en ella, acomodándose frente a frente.

—Escúchame bien – dijo Bella – Desde hoy empezaremos a buscarte una novia.

—¿Una novia?

—La chica de la que te enamorarás – aclaró.—Vamos a salir. Pero debes de tener muy en cuenta que no puedes comportarte como estás acostumbrado. Trata de no hablar… ¿Sabes qué? Mejor no abras la boca para nada.

—¿No hablar? Pero… ¿Cómo me presentaré frente a las doncellas?

—Créeme – sonrió Bella de manera maliciosa – Lo último que querrás hacer con las mujeres que te voy a presentar será platicar. Ven – se puso de pie y lo guió hacia la salida – Ya es noche, así que vamo…

Pero apenas y se habían dado media vuelta, distrayéndose un poco, para cuando Edward había cogido su capa y espada.

—¡Quítate eso! – empuñó las manos, exasperada.

—¿Porqué?

—¡No puedes salir así!

—Pero…

—¡Tienes tres segundos para obedecerme!

—De acuerdo, de acuerdo – accedió Edward, siendo dueño de un frío escalofrío que le recorrió de pies a cabeza.

Ahora ya no le parecía tan buena idea haber pedido la ayuda de esa muchacha.

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—¿Hermana?

—¿Qué pasa, Jasper?

—¿Cómo sigue aquel joven que casi matas en la cocina?

—¿Te refieres a la pulga?– contestó la rubia con desdén – No sé.

—¿Porqué no le vas a ver?

—No tengo ningún tipo de obligación – bufó ella.

—Hermana, fuiste tú quien lo dejó en ese estado – recordó Jasper con amabilidad.

La rubia puso los ojos en blanco, pero aún así, a regañadientes, se puso de pie y se dirigió hacia la habitación en donde habían dejado a Emmett descansando. La noche había llegado. Se detuvo un momento antes de abrir la puerta y encender las luces. Realmente, ¿Qué obligación era la que tenía? Lo había golpeado, sí, pero, ¿Cómo se iba a imaginar que esa cosa era un hombre en miniatura? ¡Por Dios! Aquello simplemente era ridículo.

Solamente a Bella le pasan esas cosas, pensó con resignación, mientras su dedo apretaba el interruptor de luz y alzaba la mirada…

¡Kyaaaaaaaaa!

Jasper respingó brevemente, pero no hizo más caso. Parecía ser que ese día Bella y Rose no podían hacer otra cosa más que gritar. Continuó leyendo su libro de poemas, sin imaginar que su hermana se encontraba pálida, pasmada y aturdida al hallarse, frente así, a un muchacho muy alto, vestido con extrañas ropas medievales.

—¡¿Quién eres y qué buscas aquí?! – exigió saber, mientras cogía una lámpara que se encontraba en el buró de al lado.

Emmett dilató la mirada al reconocerla. ¡Era ella! La misma salvaje que le había agredido en la cocina. La recordaba más grande, pensó, dándose cuenta que ya no tenía aquella minúscula forma y había regresado a tu tamaño normal.

—¡Te he hecho una pregunta! – recordó Rose, tomando impulso para estamparle la lamparita de noche contra su cabeza.

¡PLAST!

—¡Ey! – intentó frenar él, pero fue imposible. Aquella mujer tenía más fuerza de la que aparentaba – ¡Esperad, os lo ruego!

¡PUM! Otro golpe.

—Amable doncella, creedme que vuestra violencia es innecesari…

—¡Sal de aquí, bestia!

¡PUM, PLAST!

—Rose – llegó Jasper, al escucha los huecos y despiadados sonidos – ¿Qué pasa?

—¡Un extraño ha entrado a la casa!

—¿Un extraño? – el rubio de ojos azules miró hacia el suelo, hallando sobre él a un amoratado Emmett.

Frunció el ceño. Le resultaba muy conocido…

—Hazte un lado, Jazz – siseó Rosalie, impulsando hacia atrás la ya desgastada lámpara – ¡Ahora mismo acabo con él!

—No, espera – le frenó su hermano — ¿Acaso no eres tú el primo de Edward?

—Ex… Exacto – gimió el moreno.

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Parpadeó numerosamente para aclarar su visión, al mismo tiempo en que una molesta punzada le recorría la cabeza. Le tomó más de cinco segundos el reconocer el lugar y recordar porqué se encontraba ahí. No es que tuviera mala memoria, pero tantos golpes habían logrado desorientarlo un poco.

—¿Ya te encuentras mejor?

Era Jasper.

Se puso de pie lentamente, sobándose las sienes.

—Sí, gracias…

Justo en ese momento entró Rosalie a la habitación, con un vaso de agua y una cajita blanca de extraña procedencia. Emmett palideció nada más al verla y se ocultó tras la espalda de Jasper.

—Por favor, no permitáis que se me acerque – pidió – Esta mujer es un demonio…

Grave error. A pesar de que sus palabras habían sido sólo un susurro, Rose las había logrado escuchar perfectamente.

—¿Qué has dicho?

Emmett tembló de pies a cabeza al apreciar aquella mirada maligna que le fue otorgada.

—Hermana, tranquilízate. Mira cómo tienes al pobre –señaló el rubio.

La muchacha bufó con insolencia

—Yo no tengo culpa alguna de lo que pase.

—¡Las únicas dos veces que os he visto me habéis agredido! – recordó Emmett.

—¿Y qué querías que hiciera? – libró – ¿Cómo iba a saber yo que podían existir cosas tan raras como tú? Eres un fenómeno.

—¡¿Fenómeno?! – Se ofendió – ¡Un momento, muchacha, no os permito que me habléis de esa manera tan irreverente! ¿Acaso no sabéis quién soy yo?

—¿El primo hermano de "Campanita"?*

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Bella Swan.

Dejé escapar un suspiro mientras caminaba por las desoladas y obscuras calles de Forks, junto a él, no por comodidad, si no por seguridad. Lo que hace uno por una bolsa de oro, pensé, viendo aterrada aquel escenario que nunca antes había visitado.

—Hemos llegado – anuncié.

El muchacho frunció el ceño al divisar el lugar adornado por letreros con luces de neón.

—¿En dónde estamos? – preguntó con recelo. Seguramente temía que tratara de encerrarlo otra vez en un centro psiquiátrico.

—Estás en el paraíso – contesté, empujándolo hacia dentro del barato club nocturno – ¡Entra!

—¡¿Solo?!

—¡Claro! – ni de loca iba yo a poner un pie en ese lugar.

—Me niego – se plantó firmemente.

—¿Por qué no? – reté – ¿Te quieres enamorar, no? Aquí hay muchas mujeres dispuestas a darte amor.

—¿Lo decís en serio?

—Sí – lucía ya un poco más confiado, así que insistí – Compruébalo tú mismo, no te arrepentirás.

—Ummm… - no se movió ni un solo centímetro – ¿Y por qué no queréis acompañarme?

—Porque no lograrías tener intimidad

—¿Intimidad?

—¡Pasión, amor a "primera vista", encuentros imprevistos! – gemí, desesperada, ¿Cómo trabajaba la mente de este tipo? – Esas cosas que suelen pasar en las películas. Y nunca en la realidad.

—¿Películas?

—¡Diooos! – Volví a gemir, jalándome los cabellos con mis dedos – ¡Eres increíble! ¡De acuerdo, te acompañaré! – me rendí, jalándolo del brazo e introduciéndolo al bendito club nocturno, repleto de mujeres semidesnudas danzando con movimientos lentos y sensuales sobre tarimas de madera.

¡Esto no podía fracasar! ¡Era el plan perfecto! Shakespeare no podía fallar al decir que "el amor entra por los ojos". Este príncipe no podía ser la excepción. Lo senté en uno de los sillones y me alejé lo más que pude. No quería ser una interrupción para su "momento mágico". Sin embargo, él se pegó a mí cuando una muchacha se le comenzó a acercar de manera sinuosa

—¿Qué es esto? – exigió saber.

—Una mujer, supongo –ironicé. ¿Por qué tenía esa cara de terror?

—¡¿Porqué tiene cadenas?!

Oh…

—Hola, guapo.

Ya era demasiado tarde para dar explicaciones. Me recorrí un poco hacia la derecha para no estorbar.

—Eh, Hola… ¿Señora?

Reprimí una risita. El tipo era un tonto.

—Ummm… Eres tímido. Me gustan los muchachos tímidos – declaró la morena de ojos grises, azotando las cadenas contra el suelo y haciéndonos respingar.

Alcé ambas cejas, sorprendida. Al parecer, "Su Alteza" tendría un encuentro salvaje aquella noche.

—Tienes unos ojos tan… atrayentes. ¡Grrrr!

—Gra-gracias… Pero, gentil doncella… - balbuceó él – no creo que sea propio de una dama acercársele así a un hombre.

Vi de reojo lo que sucedía. Pobre, comprendí su pavor pues la extravagante mujer se le había inclinado de tal manera que un par de grandes "atributos" amenazaban con asfixiarlo. Naaa, nada más se está haciendo el decente, le resté importancia, todos son iguales.

—Oh, veo que vienes acompañado.

¿Eh? Volví la mirada. Los felinos ojos de la mujer me observaban con lujuria.

—No – sonreí ante el mal entendido – Yo…

—Un par de tortolos que buscan cosas nuevas para su relación – interrumpió, mientras tomaba asiento entre los dos y extendía una de sus manos para acariciarme el rostro – Entiendo. Las relaciones a veces suelen tornarse aburridas.

—No es lo que piensas…

—Vamos, cariño – se me acercó a tal grado que casi me besaba en los labios. Pegué mi espalda lo más que pude hacia la pared. ¡¿En qué momento había caído yo en esto?! – Las mujeres sumisas llegan a aburrir a los hombres.

—Ella no es sumisa – refunfuñó Edward – Siempre me golpea.

¡Mierda! ¿Por qué tenía que haber abierto la bocota? ¿Acaso no se daba cuenta en lo que nos estaba metiendo?

—Ummm, eres una gatita depravada – me ronroneó la morena.

Un frío sudor bajó por mi espalda.

—Yo-Yo sólo lo acompaño. Le estoy ayudando con algunos problemas que tiene. Ya sabes, necesita "amor" – expliqué de manera confidencial.

La morena me sonrió con travesura —Entiendo – y se volvió hacia él.

—Así que… problemas de impotencia.

—¡¿Qué?! – jadeó – ¿Pero qué le habéis dicho? – me exigió saber.

Sonreí abiertamente y me encogí de hombros —Nada malo.

—Suelo ser muy cariñosa con los enfermitos – comentó la mujer, mientras volvía a azotar las cadenas contra el suelo (Esta vez con mucha más energía)

—Realmente lo dudo – musitó él. ¿Era mi imaginación o "Su Alteza" estaba más pálido de lo habitual?

—Vamos, amor, no seas tímido…

—¡No, No, NOOO!

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—Esto es… insólito – escupí, pasmada y confundida – ¿Me podrías explicar porqué saliste corriendo de ese lugar como si se te hubiera aparecido el demonio mismo? ¡Acabas de desaprovechar tu oportunidad! ¿Acaso no quieres regresar a tu época?

—Sí – contestó

—¿Entonces?

—¿Cómo pretendéis que me enamore de alguien que amenaza con romperme el cuello en cualquier momento? Busco una compañera, no una domadora.

Resoplé y puse los ojos en blanco.

—Era muy guapa.

—No lo niego – acordó – Pero…

—¡¿Pero qué?! Mira, si lo que quieres es una muchacha de vestidos largos, que se la pase corriendo en cámara lenta por jardines de mil colores y mariposas y que cante "adoro la alegría y las aves" no la vas encontrar aquí – advertí – Así que, o te vas acostumbrando y haciéndote a la idea de que aquí no hay doncellas esperando a ser rescatadas por un príncipe, o te resignas a quedarte en Forks por el resto de tu vida.

—¿Sabéis una cosa? – Me preguntó – Sois una INSOPORTABLE AMARGADA.

—Y tú un ridículo fantasioso – alcé la quijada – Ya me cansé de estar contigo, ¿Quieres conseguir una princesa encerrada en una torre? Lamento decirte que aquí jamás la encontrarás – y di media vuelta, frenando mis pasos al instante, pues algo muy peculiar había aparecido frente a mis ojos.

¿Un dragón? No, ¿Hulk? Tampoco, ¿Jack el destripador? Creo que hubiera sido algo mejor. No, no era nada de eso. Era algo horrible, terrorífico y escalofriante: una pequeña muchacha de largos cabellos negros y fino rostro de duendecillo… vestida con ropas medievales.

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*Campanita: El hada que acompaña a Peter Pan

Aquí lo dejamos por hoy. ¿Qué les pareció? ¿Se imaginan quién ha aparecido finalmente? Muchas gracias por todo su apoyo, me alegra y me halaga que se den la oportunidad de leer mis ocurrencias y les guste. Un saludo a todas, especialmente a las muchachas de Chile. Ánimo!

Atte

AnjuDark