Hola! Siento el retraso, pero me he puesto a escribir apenas llegué de mi viaje. Espero que el capítulo les guste.

Disclaimer: todo lo que no reconozcan es mío; el resto es de J.K Rowling.


Make You Feel Better.

Capítulo 3. Títere Abandonado.

Scorpius se acomodó las mangas de su camisa y su suéter y contempló con indiferencia las manchas de sangre ajena en sus nudillos. Había puesto en sus bolsillos pañuelos con sus iniciales bordadas en dorado en una esquina, de modo que sacó uno y se limpió las manos.

Le dio la espalda a James Potter y Fred Weasley, que aporreaban sin piedad al desgraciado que había intentado violar a Rose. Había aceptado el ofrecimiento de Albus y esa mañana de domingo había partido hacia Hogsmeade con James, Fred, Hugo y Albus.

Louise Weasley, de trece años, había querido ir y comenzó a discutir con sus primos mayores, quienes preferían dejarlo de lado para una tarea tan escabrosa como esa. Finalmente y para sorpresa de todos, fue Scorpius el que disuadió a Louise para que se quedara. Había considerado que ya había pasado mucho tiempo presenciando esa discusión ridícula, y tampoco le costó mucho convencer a Louise. Después de todo, era un adulador nato.

El tipo que había intentado violar a Rose seguía desmayado en el callejón, justo donde lo había dejado Scorpius. Los cinco se habían dirigido en primera estancia allí y, cuando lo vieron tirado en el frío suelo junto al contenedor de basura, no dudaron en acercarse. El primero había sido Scorpius.

Lo cierto es que nunca había sido partidario de la violencia, consideraba que había otros medios mucho más efectivos y fríos para vengarse y siempre pudo disponer de ellos tranquilamente. Pero estaba demasiado indignado, demasiado colérico, como para esperar. Sin embargo, no había llegado muy lejos. Le había dado un puñetazo en la nariz que había tumbado de lado al criminal y hecho sangrar su nariz, satisfaciendo un poco el deseo de venganza de Scorpius. Luego se había retirado, dejando que los otros cuatro hicieran lo que se les placiera.

Decidió que no se iba a quedar viendo el espectáculo y, mucho menos, esperar a alguno de los otros, de modo que dio media vuelta y salió del oscuro callejón. Una ráfaga de viento frío lo recibió cuando salió a la calle y comenzó a caminar, sin molestarse mucho en admirar el hermoso cuadro que conformaba Hogsmeade nevado.

Pasaba delante de Honeydukes cuando alguien le puso una mano en el hombro. Cuando Scorpius se giró para ver quién se atrevía a interrumpir su solitario paseo, no se sorprendió demasiado cuando vio a Albus Potter sonriéndole.

- Pensé que nos esperarías -comentó Albus sin darle mucha importancia al hecho, poniéndose a su altura.

Ambos chicos comenzaron a caminar. Scorpius pensó que no serviría de mucho espantar a Albus.

- Mañana tengo examen de Aritmancia y no he estudiado nada -contestó con sencillez. Dejando de lado el hecho de que no le apetecía esperar a los Gryffindors (que ni siquiera eran sus amigos), el examen era su razón de peso para irse pitando a Hogwarts-. Y tú tampoco te has quedado a esperar a tu familia.

Albus hizo una mueca.

- Aritmancia, la odio. Ni siquiera sé porqué esperé hasta este año para dejarla -comentó, ignorando el último comentario de Scorpius.

- Yo también la odio, pero era la asignatura favorita de mi padre en la escuela y supongo que le hacía ilusión que yo la siguiera estudiando -contestó el rubio, encogiéndose de hombros. Decidió que le importaba un rábano que Albus no le contara por qué no había esperado a su hermano y sus primos, sino que había ido a buscar a un chico con el que ni siquiera hablaba. Al menos, hasta ahora.

- Pero, si a ti no te gusta la materia…

- A mi padre no le hubiera molestado que no estudiara Aritmancia, pero preferí hacerlo -lo cortó, sabiendo lo que el joven Potter posiblemente pensaba sobre su padre con todos los comentarios que, con toda probabilidad, habían hecho sus padres y tíos sobre la familia Malfoy.

Albus lo miró con curiosidad.

- ¿Por qué? -preguntó.

- Pues para complacerlo -contestó Scorpius, como si fuera obvio-. Mi padre no es ningún tirano.

- Lo sé -dijo Albus, y no mentía. El joven Malfoy era demasiado buena persona como para que alguien dudara de la educación impartida por sus padres.

Albus siempre había tenido una especie de sexto sentido que le indicaba quién podía llegar a ser una mala persona o no, y estaba seguro de que Scorpius estaba en el último grupo. En realidad, y debajo de tantas capas de frialdad e indiferencia, el rubio parecía ser una persona estupenda. O, al menos, Albus esperaba eso. Casi hasta aspiraba a entablar una amistad con Scorpius. ¿Por qué no? Después de todo, su familia le debía mucho y, si Malfoy no quería que le expresaran su agradecimiento con palabras, ¿por qué no agradecerle siendo su amigo?

Albus sonrió.

- Y… ¿tienes hermanos? -preguntó, para cambiar un poco de tema.

Las comisuras de la boca de Scorpius se curvaron en una pequeña sonrisa.

- Una hermana pequeña de cuatro años, Lyra -contestó.

- ¿Es de las hermanitas que se cuelgan de los mayores? Lily tuvo una época muy molesta en la que hacía eso -comentó con despreocupación.

- Creo que yo soy su favorito en la casa, porque siempre está detrás de mí -dijo Scorpius con un encogimiento de hombros-. De todos modos, no me importa.

- ¿Y primos? -inquirió Albus con interés. Nunca antes había hablado con Scorpius Malfoy, pero, ya que planeaba ser su amigo, más le valía ir conociendo su familia.

- Sólo una, Maria. Es de mi edad, pero estudia en Beauxbatons -contestó-. Y termina ya con el interrogatorio, Potter.

El moreno asintió sin ofenderse. Se esperaba aquello. Siguieron caminando unos minutos en silencio y, justo cuando estaban llegando al camino que los conduciría hasta Hogwarts, Albus habló.

- Bueno, ¿es que no me preguntarás cómo está Rose?

Scorpius no dejó de caminar, ni la expresión en su rostro cambió, ni sus ojos se turbaron. En realidad, cualquiera diría que Albus le acababa de preguntar sobre el clima. El muchacho siguió caminando como si nada, sin responder, sin inmutarse.

Albus dudó. ¿Es que no le interesaba siquiera cómo estaba su prima? Si él estuviera en el lugar de Scorpius, le gustaría tener esa información. Aunque, claro, él no era el joven Malfoy y era posible que prefiriera mantenerse al margen, pero entonces… ¿por qué los había acompañado a darle una tunda al violador? Eso significaba que, al menos, estaba lo suficientemente involucrado como para querer vengarse.

De modo que no le dijo nada sobre Rose y el resto del trayecto hacia Hogwarts transcurrió en completo silencio. Se separaron en la entrada, despidiéndose con un movimiento de cabeza.

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Sebastian revolvía su sopa de cebolla completamente ensimismado, pero aun así fue consciente del momento en que Scorpius se deslizó silenciosamente frente a él en la mesa de Slytherin. No le sorprendió demasiado que apenas le dedicara un escueto saludo y comenzara a almorzar en completo mutismo. Había veces en las que Scorpius prefería estar en silencio y Sebastian había aprendido, con el paso de los años, a respetar eso.

Estaban a punto de pasar al postre cuando Sebastian recordó algo.

- Eh, ha llegado una carta para ti. De tus padres -le informó, metiendo una mano dentro de su túnica y sacando un sobre que entregó a su mejor amigo.

Scorpius tomó el sobre en sus manos y se sorprendió al ver que era de sus padres. Normalmente, recibía una carta desde la mansión Malfoy una vez por semana, y la última que había recibido era del viernes. Entonces, tuvo un desagradable presentimiento y abrió el sobre de mala gana.

"¡Merlín santo, hijo!"

La carta empezaba así, sin siquiera un mísero "Querido Scorpius". Siguió leyendo con cierta resignación. Así que sus padres se habían enterado. Fantástico. El resto de la carta no decía nada que no se esperase. Que si estaba bien, que si Rose estaba bien, que no podía creer que un Malfoy hubiera salvado a una Weasley, que su padre tampoco lo podía creer…

La carta era demasiado extensa como para que Scorpius sintiera ganas de terminar de leerla, de modo que dobló el pergamino por la mitad y se lo guardó en un bolsillo junto a los pañuelos. Alzó la vista, encontrándose con Sebastian, que lo miraba con ambas cejas alzadas en señal interrogante.

- ¿Sucedió algo? -inquirió, sabiendo que los padres de Scorpius sólo le escribían a su hijo una vez por semana a menos que hubiera pasado algo importante.

El rubio, tras dudar una milésima de segundo, negó con la cabeza.

Sebastian suspiró con resignación. Los Slytherin, por regla general, solían respetar el espacio privado de sus compañeros, pero el joven Blishwick encontraba cada vez más difícil seguir esa premisa. ¿Cómo hacerlo, si él y su mejor amigo siempre se contaban todo? Pero, al mismo tiempo, sabía que presionar a Scorpius sería en vano: el rubio no le diría nada que no quisiera decirle.

Cuando terminaron de almorzar, volvieron a la Sala Común. Se sentaron en una mesa cerca de la chimenea y ambos se pusieron a estudiar. Sin embargo, los largos esquemas y problemas con números desalentaron de tal manera a Scorpius que los hizo a un lado antes de empezar siquiera.

- ¿Pasarás las vacaciones de Navidad en Grecia? -le preguntó de pronto a Sebastian, considerando que charlar con su mejor amigo era mucho mejor que la Aritmancia.

La madre de Sebastian era griega, pero su marido inglés, por lo que la familia vivía en Inglaterra. Pero siempre pasaban Navidades y un mes durante las vacaciones en Grecia.

- Claro -contestó el muchacho con naturalidad-. ¿Tú irás a tu casa, verdad?

Scorpius asintió.

- También vienen mis tíos y Maria vendrá desde Beauxbatons. Y mi abuela -comentó como si nada.

- Mándales mis saludos -le pidió Sebastian. Luego recordó algo y pareció desesperarse-. ¡Maldición!, no compré los regalos.

Scorpius abrió los ojos como platos, pues él también había olvidado los regalos y faltaba únicamente una semana para que comenzaran las vacaciones de Navidad. Había pensado ir a comprar los regalos el día anterior, pero entonces había sucedido lo de Rose y no era como si, después de haberla salvado, le pudiera proponer que lo acompañara a comprar regalos.

Luego se calmó, pensando que seguramente Maria no tendría problema en acompañarlo al callejón Diagon cuando se encontraran en la mansión Malfoy, aunque pedirle su ayuda significara aguantar largas horas de compras con su prima.

- Seguramente puedes hacer las compras en Grecia -lo tranquilizó Scorpius.

- Sí, pero mi madre va a matarme -gimió Sebastian, recordando a la severa, pero maternal, Ariadne Blishwick.

El joven Malfoy tuvo que reconocer que, en comparación con la madre de Sebastian, su abuelo Lucius parecía una dulce y agradable abuelita.

- Siempre puedes escaparte a Hogsmeade durante el almuerzo -sugirió de forma casual, pues no era la primera vez que hacían una visita de emergencia al pueblo mágico en la hora del almuerzo.

Sebastian pareció relajarse.

- Sí, eso haré. Mañana iré hasta Hogsmeade, lo cual me recuerda... ¿cómo te fue?

La pregunta no tomó a Scorpius por sorpresa. De hecho, le hubiera extrañado que Sebastian no lo hubiera sabido porque, a pesar de que él no le había dicho nada, lo terminaría sabiendo de alguna manera.

- Muy bien -contestó escuetamente Scorpius.

- Me alegro -Sebastian esbozó una pequeña sonrisa.

El rubio asintió y decidió que no iba a dejar que la conversación tomara rumbo peligroso tan deliberadamente, por lo que se concentró en Aritmancia. Sin embargo, por mucho que lo intentara, todo lo que leía parecía esfumarse de su mente a una velocidad asombrosa.

Frustrado, cerró los libros y los metió desordenadamente en su mochila junto a los pergaminos, sin importarle demasiado que éstos se arrugaran terriblemente. Se puso en pie.

- Esto es inútil, me voy a dormir -anunció.

Sebastian lo miró burlón.

- Dejando de lado el hecho de que son las dos de la tarde, te conviene dormir. Tienes un aspecto horrible con esas ojeras -comentó y volvió a centrarse en su revista de Quidditch.

Scorpius gruñó y se fue a su dormitorio. Una vez allí dejó caer su mochila en cualquier lado y se tumbó en su cama con dosel. Suspiró, entrelazó las manos detrás de su cabeza y cerró los ojos.

Lo cierto es que Sebastian tenía razón. No había podido dormir en toda la bendita noche y, en consecuencia, tenía unas ojeras que destacaban muchísimo en su pálida piel. Durante toda la noche no había podido dejar de darle vueltas y recordar, una y otra vez, los sucesos de ese día. Un intento de violación… era demasiado para cualquier chica de dieciséis años, pero, gracias al cielo, no había pasado a más. En realidad, gracias a él Rose no había sido violada. Se preguntó brevemente si ella sería virgen, lo cual seguramente empeoraría las cosas. Además, había estado preocupado por ella toda la noche.

El día anterior había ido hasta Hogsmeade con la única intensión de romper con Anna y se había encontrado con un hijo de puta que había intentado violar a Rose Weasley, una chica con la que en su vida había hablado y con la que, él lo sabía muy bien, era preferible que nunca entablara una amistad. Conocía a la perfección la rivalidad entre los Malfoy y los Weasley-Potter. Sabía, porque su padre le había contado, que Draco los había insultado de todas las formas posibles en su época escolar.

Y él no pensaba ser la persona que uniera ambas familias enemistadas desde hacía tanto. En realidad, aquella rivalidad se remontaba a la juventud de su abuelo Lucius, que le había transmitido a su hijo la hostilidad hacia los Weasley. Pero Draco había preferido no enseñarle a su hijo los prejuicios hacia una familia desconocida. Su padre quería mantenerlo alejado de todo el odio y los escrúpulos con el que él había sido criado, y Scorpius lo agradecía.

Sin embargo, siempre se había mantenido alejado de los Weasley y de los Potter. Sabía que su padre no daría brincos de alegría si se hacía amigo de ellos. Su madre, tal vez, aprobaría una amistad con ellos porque quería limar asperezas con la familia Weasley. No obstante, Scorpius había preferido no hacer amistades con esas familias. Sabía que eso sería lo mejor para todos.

Pero las cosas habían cambiado. Scorpius había salvado a un miembro de la familia Weasley de algo horrible. Ahora estaba conectado a esa enorme familia y no sabía si eso le agradaba o no. Los Weasley siempre le habían sido indiferentes, pero ahora…

No, pensó Scorpius con firmeza, me importa una mierda los Weasley. Rose es el único contacto que tengo con ellos, pero voy a cortarlo de raíz. No quiero involucrarme con los Weasley de ninguna manera. Que Rose se pudra.

Apenas terminó de pensar eso, vino un sentimiento de culpabilidad. Rose lo había pasado horrible y seguramente seguía así. En su defensa podía decir que lo último que quería era entablar amistad con los Weasley-Potter y, gracias a que había salvado a Rose de un intento de violación, ahora estaban… ¿qué? ¿Involucradas? ¿Relacionadas? No lo sabía, pero era indiscutible que, para los Weasley-Potter, Scorpius Malfoy ya no les era indiferente.

Scorpius suspiró. Realmente, pero realmente, no quería nada de eso.

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Rose permanecía derrumbada y hundida en su cama desde que había llegado de la enfermería. Se había tapado con las sábanas y las mantas hasta el cuello y se había hecho un ovillo. No había cambiado de posición en toda la noche y en lo que llevaba de día.

Mia Hewitt la miraba con preocupación, sentada en una silla ubicada en la cabecera de la cama de su mejor amiga. Mia recordaba muy bien estar acostada en su cama, padeciendo los dolores típicos de la regla femenina, cuando Lily Potter y Dominique y Molly Weasley entraron en la habitación, las dos últimas guiando a Rose hacia su cama llevándola cuidadosamente del brazo. Lily le había explicado, en susurros para que Rose no la escuchara, que la pelirroja había sufrido un intento de violación, pero afortunadamente Scorpius Malfoy pasaba por allí y la había rescatado.

Mia todavía no terminaba de asimilarlo, pero eso no impidió que se quedara junto a su cama toda la noche, cuando las tres primas de Rose tuvieron que volver a su dormitorio. A sus demás compañeras de cuarto, les dijo que Rose estaba enferma y que quería quedarse junto a ella.

Un intento de violación… Mia estaba enormemente preocupada por su mejor amiga. Rose no había dicho nada, ni se había movido, ni había cerrado los ojos para dormir, ni había llorado, ni nada. Era como si fuera un títere cuyo dueño la había abandonado en esa posición.

Mia acarició con suavidad el cabello pelirrojo de Rose y le preguntó por centésima vez en el día si quería comer algo, si necesitaba una ducha, si precisaba algo. Pero, como antes, la joven Weasley no respondió, ni reaccionó a las caricias de su mejor amiga.

La joven Hewitt escrutó el rostro de su amiga. Estaba blanquísima, pálida como la nieve, sin ningún rastro de rubor. Sus ojos azul claro, generalmente luminosos y risueños, estaban opacos y sin brillo, y les colgaban profundas ojeras oscuras. Sus labios estaban entreabiertos y habían perdido su habitual color rosado. Sus apagadas órbitas celestes miraban al vacío y la escalofriante sensación de que Rose parecía un cadáver se incrementó en el pecho de Mia.

Durante toda la mañana le había estado hablando, con la convaleciente esperanza de que, en algún milagroso momento, Rose le respondiera. Pero eso nunca había pasado, su amiga había continuado con la vista clavada en la nada. No parecía realmente estar en el dormitorio, sino en algún lugar remoto y lejano, muy lejos de Hogwarts. Lily, Molly y Dominique habían pasado unas cuantas horas con ellas en la habitación, tratando de que Rose reaccionara, pero obtuvieron los mismos resultados que Mia.

Ella sabía perfectamente que Rose estaba muy mal. Probablemente, aún se sentiría angustiada e insegura. Su amiga parecía estar en un estado de catatonía, y eso la preocupaba terriblemente. De todos modos, la entendía: que intentaran violarla era una experiencia terrible y traumatizante. Rose sólo tenía dieciséis años y había sufrido un jodido intento de violación.

Mia nunca terminaría de sentirse agradecida con Scorpius Malfoy. Como casi todos los Gryffindor, ella nunca había tenido contacto con el muchacho, pero se sintió vinculada a él. Después de todo, pensaba que a Malfoy le preocuparía el estado de Rose, justo como a ella.

- Rose, cariño… -la llamó, pero, tal y como las otras veces, la muchacha no dio señales de reacción-. Voy a las cocinas a buscar algo para comer, ¿quieres que te traiga algo?

Pero fue inútil. Rose no respondió y tampoco se movió ni un triste milímetro. Mia suspiró y, tras dudar unos instantes, la dejó sola por primera vez. Durante los veinte minutos en los que estuvo sola, la joven Weasley no hizo el ademán de moverse ni una sola vez. Siguió hecha un ovillo en la cama, con la cabeza apoyada en la almohada y mirando al vacío.

Todavía sentía miedo e inseguridad, a pesar de estar en su propia cama. No sólo eso, sino que se sentía asqueada consigo mismo, ultrajada, demasiado manoseada por las repugnantes manos de su atacante, y todavía tenía el estómago revuelto por el terror y la repugnancia. También se sentía una estúpida, ¿cómo se le había ocurrido ir sola por una calle alejada y vacía? Y la gente decía que ella era inteligente como su madre… ¡Ja! Hermione Weasley jamás hubiera cometido esa imprudencia.

Recordaba con demasiada viveza el terror, la desesperación, la angustia, el asco que la habían recorrido durante el episodio. Aún sentía en su piel las manos de aquel desgraciado, su peso asfixiándola. y eso le provocaba náuseas y unos horribles retortijones en el estómago.

No estaba segura de sentirse dolida, pero sí destrozada. Sabía que le iba a costar mucho superar el intento de violación, sobretodo sintiéndose insegura aún. La compañía de sus primas y su mejor amiga no conseguían reconfortarla ni serenarla. Seguía igual de mal que cuando se había encontrado con Scorpius en el pasillo, sólo que ahora no se movía ni hablaba.

Scorpius…le encantaría que estuviera allí. Se había sentido tan protegida y segura entre sus brazos, por primera vez en horas. Se sentía tan agradecida con el muchacho que, en algunas ocasiones, lo único que había dentro de ella era gratitud y conseguía olvidarse de todo, hasta que recordaba el porqué de que ella se sintiera agradecida con el joven Malfoy y volvía a abatirse.

Probablemente ése era el motivo del que estuviera inmóvil y afásica, a pesar de que no tenía ninguna herida. Ella estaba abatida, sencillamente eso.

Cuando Mia volvió con unos cuantos emparedados de pollo envueltos en servilletas y latas de zumo veinte minutos después, Rose seguía inmóvil, mirando al vacío.

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Scorpius miró sin inmutarse el pergamino de su prueba de Aritmancia. Cualquiera que lo viera, allí sentado con confianza, pensaría que sabía todas las respuestas del examen. Sin embargo, no era así. Había estudiado muy poco y tenía la mente en blanco.

Dio golpecitos inaudibles con su pluma en la madera de su pupitre. Estoy perdido. Si apruebo este examen, soy un genio, pensó el rubio. Se arrepintió de no haber estudiado aunque sea un poco más, pero decidió esforzarse.

Sin embargo, pronto desistió. No sabía ninguna de las respuestas ni recordaba cómo hacer aquellos cálculos. Barajó la posibilidad de empezar a escribir cualquier cosa a ver qué sucedía, pero rápidamente la desechó. Reprobaría aquella prueba de todos modos, así que ¿qué sentido tenía hacerla? Su padre iba a tener que perdonarlo.

Se puso en pie y sintió, no sin irritarse, las miradas de casi todos sus compañeros y su profesora sobre él. Sin embargo, se mantuvo imperturbable y avanzó hacia la profesora Serwin, que lo miraba con cierta curiosidad y perspicacia.

Scorpius depositó la hoja de examen frente a la profesora, que no necesitó más que un vistazo para comprobar que su alumno no había escrito ni una sola palabra.

- ¿Piensa no hacer el examen, señor Malfoy? -preguntó la mujer con serenidad.

El muchacho asintió, impávido.

- ¿Está seguro? -insistió y, ante el nuevo asentimiento de Malfoy, la mujer suspiró-. De acuerdo, recoja sus cosas y retírese.

Scorpius inclinó la cabeza educadamente en dirección hacia su profesora, se acercó a su pupitre ignorando las miradas de sus compañeros, se echó la mochila al hombro y salió del aula en completo silencio. Comenzó a caminar sin rumbo por los desiertos pasillos, pues todo el mundo estaba en clase, y trató de pensar en otra cosa que no fuera el intento de violación de Rose, pero no pudo. No había visto a la muchacha en el Gran Salón a la hora del desayuno, ni tampoco en la clase de Transformaciones que compartía con los Gryffindor. De todos modos, no le extrañaba que faltara a clases. Lo más probable era que se reincorporara en unos pocos días.

Sin embargo, no fue así. Durante toda la semana, vio desfilar ante sus ojos a todos los Weasley y a los Potter que había en Hogwarts, pero de Rose no había ni su sombra. Todas las mañanas escrutaba, con el disimulo que lo caracterizaba, la mesa de Gryffindor esperando encontrar a la chica, al igual que durante el almuerzo y la cena. Tampoco la veía en las clases de Transformaciones y Pociones, las únicas que Slytherin compartía con los leones. También comenzó a frecuentar más que nunca la biblioteca, con la esperanza de encontrarla allí, pero sabía que, si no estaba en las clases, difícilmente estaría en la biblioteca.

Claro que podría acercarse a alguno de los primos de Rose a preguntar qué tal estaba ella, pero antes prefería que lo enterraran vivo a revelarle a alguno de ellos su preocupación por la muchacha.

Sebastian había terminado por descubrir que miraba demasiado hacia la mesa de Gryffindor y que también buscaba a alguien, pero no terminaba de hacerse una idea de quién podía ser. Finalmente decidió interrogarlo.

- ¿A quién buscas tanto, Scorpius? -le preguntó una tarde en la que su mejor amigo lo había arrastrado a la biblioteca.

Scorpius, que estaba buscando un libro para Encantamientos, se quedó quieto y se volvió hacia Sebastian. ¿Habría llegado la hora de contarle lo de Rose?

- Debes prometerme que no se lo dirás ni a la almohada -murmuró, al tiempo que se sentaba en una mesa alejada y su mejor amigo lo imitaba.

Sebastian estaba exultante. ¡Por fin iba a saber qué diablos había pasado en Hogsmeade el sábado! O, al menos, eso esperaba él.

- Claro que sí -respondió en el mismo tono bajo que utilizó Scorpius.

El rubio miró en derredor para asegurarse de que nadie los escuchaba. De hecho, había muy poca gente en la biblioteca porque, con las vacaciones de Navidad a la vuelta de la esquina, los exámenes y las tareas habían disminuido considerablemente.

- El otro día, en Hogsmeade, cuando terminé con Anna, fui a dar un paseo por las calles secundarias -comenzó el rubio-. Cuando estaba por llegar a la calle principal, escuché una llamada de auxilio.

- ¿Una llamada de auxilio? -repitió desconcertado, y su mente se aceleró.

- Así es. Corrí a ver qué pasaba y salvé a una chica de ser violada -resumió lacónicamente, sin el menor atisbo de arrogancia en su voz.

Sebastian entreabrió la boca mientras sentía la sorpresa y la indignación bullir en sus venas. ¿Violación? ¿Scorpius, salvando a una chica…? Pero ¿a quién?

- ¿A quién salvaste? -inquirió.

Scorpius suspiró. Sabía que el joven Blishwick le iba a hacer esa inevitable pregunta, pero había albergado la tonta esperanza de que no fura así. Sin nombres, todo resultaba más impersonal.

- Rose Weasley -masculló.

- ¡Oh, demonios! -exclamó, en un tono demasiado alto para estar en la biblioteca, como se los confirmó la mirada fulminante de la vieja Madame Pince. Sebastian bajó la voz para continuar-. No puedes estar hablando en serio. ¿Un Malfoy salvó a una Weasley? Es descabellado.

La familia Blishwick era lo suficiente sangre pura y antigua como para saber la rivalidad existente entre ambas familias. Tal vez por eso, a pesar de que Sebastian sabía que a su mejor amigo le importaba un pimiento la hostilidad entre los Weasley y los Malfoy, fue que se sorprendió tanto. De hecho, saber el nombre de la chica fue lo que más lo descolocó de todo el relato.

- Claro que es cierto. Y adivina quién ha recibido un montón de agradecimientos de parte de una manada de pelirrojos -dijo con sarcasmo Scorpius, aun empleando un tono bajo.

Sebastian lo miró con diversión, pero aun se notaba en su rostro que ni en sus sueños había esperado semejante noticia.

- Todos estos días, ¿has estado buscando a Weasley, verdad? -preguntó, mientras todo parecía encajar. Scorpius asintió-. ¿Y la encontraste?

- No, lo cual es preocupante -contestó, desviando brevemente la vista. Luego volvió a mirar a Sebastian con firmeza-. Por supuesto, no puedes decírselo a nadie.

- Obviamente -dijo el moreno con naturalidad-. Pero dime que le has hecho algo a ese hijo de puta.

- Un puñetazo -replicó con indiferencia-. Luego se encargaron de él los demás Weasley.

A Sebastian pareció causarle gracia aquello, porque soltó una carcajada muda. Scorpius frunció el ceño.

- Conque haciendo amistades con los Weasley, ¿eh? ¿Dónde quedó eso de aislarte de ellos? -se burló.

Scorpius hizo una mueca de desagrado y le explicó escuetamente que no pensaba involucrarse más con los Weasley-Potter.

- Dudo de que a tu padre le moleste tanto que te relaciones con ellos, ¿no? -dijo Sebastian tras una pausa. Scorpius no respondió, pero el moreno decidió hacerle otra pregunta que le rondaba-. ¿Estás preocupado por ella, verdad? -Scorpius no respondió y su mejor amigo lo miró con comprensión-. Yo también estoy preocupado por ella, aunque nunca hayamos hablado.

Sin embargo, el rubio Malfoy hizo una mueca y negó con la cabeza suavemente.

- No, no lo entiendes, Sebastian. Estoy preocupado por ella todo el tiempo, hay veces en las que no me la puedo sacar de la cabeza…

- No te estarás enamorando, ¿verdad? -lo interrumpió Sebastian con voz burlona.

Scorpius lo fulminó con la mirada, enojado.

- Ni se te ocurra volver a mencionarlo -gruñó.

Su mejor amigo, como toda respuesta, bajó la cabeza para que el otro no pudiera ver su enorme sonrisa divertida. Aunque no podía encontrarle una explicación lógica a la continua preocupación del rubio hacia Weasley, de ningún modo creía que él se hubiera enamorado repentinamente de ella. Scorpius era demasiado sensato y precavido como para caer en un amor completamente prohibido y que le traería serios problemas con su familia.

- El caso es te preocupa una chica a la que salvaste de una violación -prosiguió Sebastian como si nada-. Es lógico que estés preocupado, si hasta yo lo estoy.

- Pero…

- Pero tú debes seguir con el tema en la cabeza porque lo presenciaste todo -terminó. No estaba muy seguro de que lo que decía fuera acertado, pero era lo único que se le ocurría, dejando de lado un posible enamoramiento, lo cual no se lo creía nadie.

Scorpius se aferró a esa teoría con uñas y dientes. Era la mejor respuesta que había encontrado –brindada por su amigo- para ese problema. Porque sí, no poder sacarse de la cabeza a Rose Weasley era un problema. Pero pensaba que era comprensible, después de todo la había rescatado de un intento de violación.

- De todos modos, despreocúpate -le aconsejó Sebastian-. El lunes volvemos a nuestras casas por Navidad. Ella estará en su casa, con sus padres, su familia…Seguramente, cuando la vuelvas a ver, estará mejor.

Eso consiguió tranquilizar a Scorpius, quien simplemente asintió.

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- ¡Mira quién te vino a buscar! -gritó una alegre y enérgica voz femenina muy familiar.

Scorpius ni siquiera necesitó mirar para saber quién estaba frente suyo.

Desde su conversación en la biblioteca con Sebastian ya habían pasado tres días, durante los cuales siguió sin ver un pelo de Rose, y esa mañana habían abordado el expreso de Hogwarts. El largo viaje había transcurrido en completa normalidad y habían llegado hacía escasos tres minutos a la plataforma 9 y ¾ en Londres.

Si Scorpius pensaba que lo iban a ir a recibir sus padres, quizá con su abuela y su hermana, estaba muy equivocado, porque, apenas se acercó a la puerta de salida del tren, había alguien esperándolo a centímetros suyos que no era ni remotamente sus padres.

- Maria -dijo el rubio, sorprendido. Sonrió inevitablemente. Su prima era esa clase de personas llenas de vida y energía positiva que iluminaban los lugares donde pisaba, y tenía un brillo muy especial en sus ojos verdes marrones-. No esperaba verte tan pronto.

Maria sonrió un poco más. Era una muchacha de la altura de su primo, curvilínea y con una larga cabellera castaña ondulada. Y, si quería a alguien en el mundo más que a ella misma, era a Scorpius.

- Lo sé, pero llegué esta mañana a Inglaterra y quise venir a buscarte -explicó ella sin dejar de sonreír. Entonces, divisó algo detrás de la espalda de su primo, y sonrió todavía más-. Y mejor deja pasar a la gente, Scorpius. Obstruyes la salida.

Sin inmutarse en lo absoluto y tomando su baúl con ambas manos, saltó del tren, siendo seguido por Sebastian y las demás personas que esperaban impacientemente para salir. Maria se hizo a un lado y ambos muchachos la imitaron.

- ¡Sebastian, no te había visto! -exclamó la muchacha con júbilo, sonriéndole ampliamente.

El joven Blishwick no pudo evitar devolverle el gesto, pues él y Maria eran amigos desde que habían coincidido un verano en casa de Scorpius.

- ¿Qué tal Beauxbatons? -le preguntó Sebastian.

- Horrible -bromeó la chica con una sonrisa, y luego se volvió hacia su primo. Frunció un poco el ceño y su sonrisa desapareció-. Tienes ojeras y estás más delgado. Ah, y por cierto, tus padres no quisieron contarme en qué andabas estos días, pero sí sé que pasó algo importante, así que espero que me lo digas pronto.

Scorpius hizo una mueca, pero no replicó. Desde que sabía que iba a pasar las fiestas con sus tíos y su prima, se imaginaba que iba a tener que contarle todo a Maria. De todos modos, era mucho más fácil contárselo a ella, porque no conocía a Rose ni de vista.

Un suspiro de resignación de parte de Sebastian atrajo la atención de ambos primos.

- Allí están mis padres -dijo, mirando a los lejos a dos altas figuras. Se volvió hacia sus amigos y les sonrió-. Nos vemos dentro de un mes, chicos.

Luego de las despedidas, Sebastian se acercó a sus padres arrastrando su baúl. A mitad de camino hacia los señores Blishwick, se giró y saludó con una sonrisa y un gesto de la mano a Scorpius y Maria; luego, se perdió entre el gentío.

Maria se volvió hacia su primo y, entrelazando su brazo con el de él, comenzó a caminar, arrastrando a Scorpius inevitablemente detrás de ella.

- Espera un poco, Maria. Puedo caminar solo -se quejó, intentando soltarse, pero su prima tenía una fuerza increíble y él había descansado tan mal los últimos días que estaba muy debilitado.

- Si te suelto, nos perderemos. Este lugar está abarrotado -suspiró la castaña, mirando a su primo por sobre el hombro.

Cuando llegaron a la barrera que los separaba del mundo muggle, alguien le puso una mano en el hombro a Scorpius, quien se giró, extrañado. Allí, frente a él, estaba Albus Potter, con su capa de viaje anudada al cuello y la respiración agitada, sonriéndole levemente.

- Tan sólo quería desearte felices fiestas -dijo el chico de gafas ante la mirada interrogativa del rubio.

La sorpresa se reflejó en el rostro de Scorpius y Maria, rodando los ojos, le dio un codazo para que devolviera el saludo.

- Un amigo tuyo muy amable te está deseando que pases unas buenas vacaciones, lo menos que podrías hacer es agradecerle -lo reprendió.

Scorpius la fulminó con la mirada y Albus la miró con diversión.

- En realidad, yo y mi familia somos los agradecidos con Scorpius -repuso el joven Potter, sorprendiendo esta vez a la muchacha. El moreno le tendió una mano-. Albus Potter.

Si Maria se sorprendió al saber que estaba conociendo a uno de los hijos del famoso Harry Potter, no lo demostró, sino que estrechó la mano ofrecida con una sonrisa enorme.

- Maria Nott, un placer. Soy prima de Scorpius -se presentó la muchacha.

- Ah, sí, había oído hablar un poco de ti. ¿Estudias en Beauxbatons, verdad? -preguntó Albus educadamente.

Maria asintió y miró a su primo con curiosidad. ¿Cómo sabía ese chico sobre ella? ¿Scorpius se hizo amigo de un Potter? Vaya, yo siempre supe que este chico era un problemático…, pensó la castaña divertida. Scorpius, al sentir la mirada de su prima sobre él, carraspeó y miró a Albus.

- Gracias por tus deseos, Potter. Lo mismo para ti y…tu familia -dijo Scorpius.

Albus sonrió ampliamente.

- Gracias, Malfoy. Y lo mismo para ti -le dijo a Maria, quien se limitó a asentir con una pequeña sonrisa.

Scorpius se planteó fugazmente preguntarle a Albus sobre lo que venía quitándole el sueño los dos últimos días: el estado de Rose. Pero, antes de que pudiera abrir la boca, una voz masculina llamó al joven Potter, que se despidió rápidamente de ellos dos.

Apenas se fue Albus, Maria se volvió hacia Scorpius, escrutándolo con curiosidad.

- ¿A qué ha venido eso? -preguntó-. ¿Te has hecho amigo de un Potter? ¿Y por qué su familia te está agradecida?

- No me he hecho amigo de nadie -dijo el rubio, con el ceño fruncido-. Y el resto es una larga historia.

La joven Nott lo miró con diversión y una sonrisilla que no auguraba nada bueno. Pero Scorpius hacía mucho que conocía a su prima como para intimidarse, de modo que no le prestó mucha atención y barrió con la mirada la estación.

Cerca de donde estaba Albus Potter, había una familia de cuatro personas. La mujer abrazaba a su hija y, cuando se separaron, Scorpius pudo comprobar que la chica se trataba de Rose Weasley. Era la primera vez que la veía desde el sábado, el día del intento de violación, y le impactó verla con ese aspecto. Ella estaba más delgada que antes, terriblemente pálida y con ojeras violáceas debajo de sus ojos opacos. Parecía un poco ida. El joven Malfoy tuvo que reprimir las ganas de acercarse y….No, se cortó con firmeza él mismo, no voy a pensar en esas cosas. Sólo me traerán problemas.

Le dio la espalda al resto de la estación y se encontró con Maria, que había seguido su mirada hasta toparse con la familia de esa chica desconocida. Ella lo observaba con la ceja alzada.

- Creo que tienes mucho para contarme, primito -repuso ella, sonriendo radiante.

Entrelazó su brazo con el de él y ambos encararon la barrera.

- Y tanto para contar… -suspiró Scorpius.


Hola! ¿Qué tal todo por sus vidas? Espero que muy bien. He llegado de mi viaje el sábado por la noche y el domingo a la tarde me puse a la labor de escribir, y aquí lo tienen! Espero que les haya gustado, aunque a mí no me tiene muy satisfecha. Sin embargo, no quería retrasarme más, por eso lo he subido. Sé que no hay escenas Scorpius/Rose, pero ya vendrán, se los prometo.

En fin, ¿creen que Albus conseguirá hacerse amigo de Scorpius, teniendo en cuento que nuestro querido rubio no quiere saber nada con los Potter y los Weasley? Y ¿cómo creen que afectarán esas ideas en su relación con la familia, en especial con Rose? Y sobre ella, ¿esperaban a una Rose llorosa? Yo también pensé en describirla llorando, pero me pareció más acorde que estuviera un poco catatónica. ¿Qué les pareció su amiga, Mia Hewitt, que se quedó con ella toda la noche? Y ¿qué piensan de Maria? Sé que la presenté en el prólogo, pero no describí su personalidad.

En el próximo capítulo, que subiré probablemente el viernes o el jueves, explicaré con más detalle porqué Scorpius no quiere preguntar por Rose. Y se vienen las fiestas navideñas, que centraré más que nada en la familia Malfoy y en algo más...

Quiero agradecer por su paciencia y por haber dejado sus reviews a: Nenita Malfoy, myflights, , affy bp, MusicBlack95, Nat Potter W y x.x. Y a todos aquellos que me agregaron a mí o a mi fic a favoritos o alertas. Gracias!

Me parece que no hay nada más para decir, excepto que seguramente subo un nuevo capítulo el jueves o viernes próximo.

Un beso, Keiian.