Otra vez robándome espacio exclusivamente para agradecer que sigan conmigo en esta serie de drabbles que provocan cortarse las venas… si, así como Feli… En fin, mil millones de gracias por los reviews, y a los lectores silenciosos por los favs. Espero sigan disfrutando de esta colección de breves historias y ahora les dejo con mi favorita. Deseo que les guste mi gran oso de peluche perturbado.
THEORY OF TRAGEDY
Rusia
Uno, dos, tres, cuatro... uno, dos, tres, cuatro… uno, dos, tres, cuatro… y comenzaba de nuevo Iván contando los golpes de su frente contra la pared mugrienta ahora manchada de sangre, su sangre.
El rojo no solo llenaba el concreto del muro, también su flequillo pero ya no dolía. La sangre escurría de su frente hasta el tabique de su nariz y al llegar a la punta de esta, goteaba en el piso formando un pequeño charco.
Al hacer esto con su mirada perdida, Iván intentaba acallar las voces que lo acosaban, a veces funcionaba, otras veces, como esta, solo hacía que siguieran murmurando incesantemente dentro de él.
-Te matarán…- decían constantemente pero Iván se limitaba a golpearse la cabeza contra la pared. Los guardias del psiquiátrico pasaban a un lado de su habitación, se asomaban por la rendija que tenía por ventana y seguían de largo… a ellos poco les importaba si Iván terminaba por abrirse el cráneo, no había quien reclamara de todos modos.
Llevaba tantos años metido en ese fétido cuarto que había olvidado incluso su propia edad. Era joven cuando llegó ahí, asustado, siendo hostigado por las muchas voces que gritaban y lo convencían de hacer cosas que él no quería.
Él nunca quiso agarrar a golpes a ese transeúnte que no tenía culpa de nada, pero las voces lo convencieron de que esa persona quería asesinarlo así que terminó por arrojarlo a las vías del metro… en serio no era su intención pero las voces eran tan insistentes que solo quería que se callaran por lo tanto no tenía otra opción que hacerles caso.
Después de eso hubo un complot en su contra que hizo que terminara no en la cárcel, pero si en esa clínica en donde podía pasarse semanas enteras golpeándose contra la pared, sin bañarse y sin que alguien fuera a alimentarlo. A veces cuando gritaba en medio de la noche por culpa de las personas en su cabeza, los hombres de blanco llegaban a propinarle sendos golpes con tubos de metal y era doloroso, sumamente doloroso… pero al menos el dolor físico de vez en cuando sosegaba las voces que lo mandaban.
Quería irse de ahí, sabía que el exterior era bonito, había un gran campo de girasoles y se le antojaba tanto correr entre ellos y recostarse en un lecho hecho de flores. Cuando niño no tuvo una infancia precisamente feliz por culpa de esa enfermedad que se hizo peligrosa al llegar a su juventud así que siempre se imaginaba a si mismo jugando en ese prado amarillo en un silencio sepulcral que solo fuera amenizado por sus risas infantiles.
Que genial sería… volver a ser niño, lejos de todo ese tormento.
-Deja de hacer eso, escucha bien… ellos vendrán por ti, te lo aseguro… vendrán y te mataran como han querido hacer antes y todo este tiempo- Y ahí estaban otra vez intentando convencerlo de cosas que él no quería creer.
Iván aumentó la fuerza de sus golpes contra la pared haciendo que el flujo de la sangre que escurría por su cara aumentara.
-No pierdas el tiempo, hay que escapar- le decían e Iván abría su boca seca.
-Ya lo he intentado y no he podido hacerlo- contesta con voz ronca todavía golpeándose a un ritmo constante.
-Esta vez tienes que lograrlo, anda, tú puedes. Sal de aquí- Y ahora con la frente ensangrentada pegada a la pared negaba con la cabeza.
-Me golpearán de nuevo, me llevaran a esa sala otra vez- repetía el de ojos violáceos mirando a ningún lado en especial, solo a la colección de marcas de rasguños en la pared, todas hechas por él.
Iván se estremece en el preciso momento en que escucha como la cerradura de su puerta gira para abrirse.
-Aquí vienen, aquí vienen, sabes que lo harán, sabes que te matarán ¡Te matarán! ¡Tienes que huir!-
Y en el preciso instante en el que la puerta se abre Iván da un grito ahogado e intenta correr al otro lado de la habitación pero el hombre que se hace llamar enfermero va tras él tomándolo del cabello con brusquedad sin sorprenderse por la frente sangrante del otro.
-Deja de actuar como un mocoso y vamos- le espetó el hombre que tiene que alzar su mano para tomarle el cabello a Iván que escucha como el que habita en su cabeza le repite constantemente el peligro en el que se encuentra.
Siendo presa de su propio miedo, Iván reacciona y suelta un potente puñetazo en la cara del enfermero que por instinto lo suelta y el paciente intenta correr para escapar fuera de su cuarto que bien podría ser una celda, sin embargo antes de lograr salir llega el compañero del otro hombre y le propina un golpe con el tubo de hierro en el estómago, a este le siguen muchos más por todo el cuerpo.
Iván se hace un ovillo en el suelo tratando de protegerse pero es en vano, la lluvia de golpes no termina y empieza a sentir huesos rotos y un sabor metálico inundando su boca, al mismo tiempo los gritos ensordecedores en su cabeza amenazan con hacer reventar sus tímpanos.
Iván solo quería escapar así que siendo víctima del choque del tubo metálico sobre su cuerpo, con sus brazos protegiendo su cabeza, cierra fuerte sus ojos y se imagina el extenso campo de girasoles junto con un silencio absoluto, gélido…
El encolerizado enfermero desata un golpe final sobre Iván y lo que solía ser un uniforme blanco esta ahora salpicado con motitas rojas por todos lados. Respirando agitadamente ambos hombres toman cada quien por un brazo a Iván el cual está semi inconsciente, chorreando sangre está vez de todos lados.
Sin molestarse siquiera en levantarlo lo llevan a rastras hasta la sala obscura por la que el paciente y las voces en su cabeza han desarrollado un miedo que raya en la fobia; Iván intenta zafarse del agarre, la voz le exige que se suelte pero le es imposible, para cuando acuerda ya está sobre la plancha metálica sostenido por correas de cuero que lastiman su piel, con dos electrodos posicionados en cada una de sus sienes.
La descarga eléctrica llega quemándole incluso por dentro, el grito tanto de su garganta como el de su cabeza es ensordecedor, desgarrador… tanto que ha desgarrado todo dentro de él… las voces y su vida misma.
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Rusia suelta una risita infantil tan típica de él cuando su pie se hunde sobre el pulcro manto blanco de nieve. Aquella noche cayó una nevada y dejó todo cubierto de ese inmaculado blanco.
El crujir de la nieve bajo su pie le hace ampliar su sonrisa que se torna inocentona, y da otro paso dejando sus grandes huellas sobre el suelo que hasta hacía unos segundos era como un lienzo sin pintar. Rusia comienza a correr divirtiéndose sólo, formando figuras con sus propias huellas hasta que finalmente se deja caer con los brazos abiertos y riendo como un chiquillo… aunque no hay eco alguno de sus risas, la nieve amortigua cualquier atisbo de sonido.
Y todo se torna mortalmente silencioso pero a su vez solitario como si el silencio y la soledad estuvieran siempre de la mano.
