Más desconocidos que nunca

Hermione durmió muy mal durante toda la noche, no dejaba de ir de acá para allá en la cama, sin dejar de pensar de Draco y en las últimas cosas que le había dicho. Ahora, mientras cada minuto o segundo o incluso milisegundo transcurría, el peso de sus palabras adquiría incoherencia y escaseaba de sentido. Cuando el sol dejó entrar sus rayos abrasantes por la ventana abierta, decidió levantarse y darse un buen baño de agua caliente para poder relajar su cuerpo y la mente. Tenía suerte de que Julie estaba enferma y no daría clases ese día. No obstante, cuando se disponía de meterse a la bañera, ya desnuda, alguien llamó a la puerta y logró desquiciar levemente al humor de Hermione. Dedujo que era Draco y lo único que hizo fue coger una bata y colocársela. Llegó a la entrada y la abrió sin percatarse de quién estaba en el umbral. Apegó su ropa a su cuerpo cuanto pudo y se vio sonrojada.

—¿Qué haces aquí, Ron? ¿Es que no te enseñaron a llamar primero?

Ron, que pasó por alto el que Hermione estuviese con solo una prenda, se limitó a sonreír.

—Bueno, es que es muy urgente.

—¿Qué puede ser tan urgente? —le invitó a pasar haciéndose a un lado—. Se suponía que íbamos a vernos en dos días para esclarecer el asunto ese.

Ron caminó hacia pequeña sala y se quedó en el centro, mientras Hermione lo seguía.

—Pues… ha sucedido un ligero cambio en los planes, Hermione —indicó moviendo las manos, la castaña entrecerró los ojos intentando descifrar lo que quería decirle—. Mi mamá me llamó y… no quiere esperar una semana, me exige que llegue en dos días.

Hermione abrió los ojos de par en par.

—¡¿Qué?! ¿Te volviste un demente? ¡Sabes que no puedo! ¡Es netamente imposible! Mis clases…

—Lo sé, lo sé, y no te juzgo… pero si conocieras a mi mamá…

—Ron, no puedo —dijo en tono suave, pero firme a la vez—. Julie me matará si no voy.

—¿Te refieres a la maníaca y controladora de tu profesora?

Hermione rodó los ojos.

—Sí, precisamente. Me… me echará, o me retendrá.

—Bueno, ¿no podrías inventar una excusa? No sé… que tienes una amiga enferma, o que tu novio se accidentó, o… —se detuvo en seco. Hermione había bajado la cabeza, y aunque ella no estuviese enterada, él lo sabía todo, Draco lo había llamado en la madrugada—. Lo-lo siento, no debí…

—Ya no importa.

—Ustedes dos han terminado ¿verdad?

La castaña lo miró inexpresivamente para luego desviarla.

—Veré que puedo hacer… Tú tranquilo, será en dos días.

Nymphadora Tonks se apoyaba sobre sus manos con los fijos en un punto mientras lanzaba suspiros que no eran muy discretos. Ella podría pasar todo el tiempo así, con tal de ver al hombre que le quitaba el aliento. Sonrió al ver que Remus se rascaba la barbilla al no comprender el documento que estaba revisando, y es que él era un doctor profesional y como tal debía estudiar con minucia cada historia de sus múltiples pacientes. Una vez más soltó un largo suspiro, Remus se pasaba los dedos por los labios.

—Ok, ya, deja de hacer eso —advirtió la persona que se hallaba a su costado: Hermione Granger—. Me estás empezando a asustar —Tonks la ignoró estando centrada en el hombre que seguía con el ceño fruncido revisando. Hermione fue esta vez la que suspiró—. Si te gusta tanto ¿por qué no le invitas a salir TÚ?

Tonks se irguió y giró la cabeza.

—Le estoy dando oportunidad… Para que él confiese sus sentimientos. Mola ¿no crees? —vio a su amiga enarcando una ceja y se apresuró para agregar—. Mira, Remus no es como los chicos que lo único que buscan es burlarse, no. Él es más… tradicional. Yo sé que lo hará algún día. Además, tú no estás en posición para juzgar, Granger. Tú estás mucho más templada de un hombre casado…

—Sshh, cállate —silenció la muchacha alarmándose—. Si Remus se llega a enterar es capaz… capaz de asesinar a Draco…

—¡Y con gusto! No sé por qué te sigues arrastrando por él, bueno… te seguías —se corrigió a sí misma. Hermione no le guardaba ningún secreto, y pronto Tonks se había informado acerca de la última reunión de ella y Malfoy—. Esa es la diferencia entre nosotras, Hermione. Yo sí tengo posibilidades con Remus porque él y yo somos libres; en cambio, Malfoy…

—Él me dijo que iba a divorciarse pronto —esclareció la joven con voz seca.

—¿Y? ¿Lo ha hecho? —cuestionó clavando escépticamente su mirada.

Hermione le echó un vistazo para luego evadirla, bajó la cabeza para toparse con la mesa que estaba en frente de donde ellas se hallaban sentadas. Ya habían discutido miles de veces por eso… y siempre Tonks terminaba ganando a causa de la renuncia de Hermione, pero ella ya no podía seguir negando lo evidente. Las falsas promesas de Draco se estaban convirtiendo en ambiguas, ya no había más credibilidad, tal vez porque Hermione dejó de confiar en él. Ella era inteligente. No hay peor ciego que el que no quiere ver, muy típico de su situación. Quizá su pronta ida a Londres le estaba abriendo los ojos, le estaba mostrando que no dejaba nada atrás, que podía irse con confianza, a ayudar a Ron y, con un poco de suerte, conocer gente, agilizar su carrera como bailarina profesional y buscar la verdadera felicidad. Levantó la mirada esperando encontrar a Tonks, pero ésta se había ido a reunirse con Remus, a cada favor que él le pedía, ella se lo realizaba con gusto. Sonrió ligeramente, ojalá ella fuese como Tonks, como su amiga única que esta vez se había teñido el pelo de color morado. Ojalá tuviese una chispa de esa esperanza, vida y suerte en el ámbito del amor, que no tuviese complicaciones para enamorarse. Que fuese tan espontánea en ese nivel, que no tuviese vergüenza, ya que su amiga Dora se había enamorado de un hombre trece años mayor que ella y no perdía la seguridad de que algún día pudiesen estar juntos… de que pudiesen mostrarles a los demás… a los demás…

—Que su amor no se esconde, no se oculta… —finalizó su pensamiento en voz alta, la cual sonaba triste y decaída—… no se silencia.

Mantuvo la misma sonrisa curvada cuando se despidió de Lupin y Dora, logró fingir estabilidad emocional y salió de la casa de su querido padrino, su último familiar en el planeta, su último lazo de confraternidad y apoyo que pudiese tener. Él ya sabía que ella se iría de Australia por meses, y estaba de acuerdo; aunque desconocía que tuviese una secreta relación con un hombre casado. Y Tonks… ella, ¿qué podía decir de ella? La conoció después de la muerte de sus padres, en la academia de baile, solamente que ella la abandonó por no tener pasión en aquel arte. Hermione fue la intermediaria de esos dos y bueno, sucedió.

Ya eran cerca de las cinco de la tarde y el cielo se había oscurecido de manera prematura como si ya luciesen las siete. Generalmente se había ido a despedir de su mejor amiga y padrino, ahora le quedaba terminar de empacar para el día siguiente partir. Arribó a su casa y sintió cierta nostalgia, muy parecida a irse para siempre, se encogió de hombros, comenzó con su neceser colocando su maquillaje, peines, cepillo de dientes y demás chucherías. Siguió con la maleta grande y propuso toda la ropa que necesitaría. Escuchó su celular sonar más de diez veces, pero se negó a contestar porque adivinaba quién era. Anocheció aún más y decidió entretenerse con un libro que había olvidado terminar de leer, su nombre era "Bajo el cobertizo", una excelente novela romántica que deseó ella poder haber vivido. Allí describía el amor entre un hombre y una mujer y sus consecuentes obstáculos dramáticos. No había terminado ni el capítulo cuando oyó un sonoro trueno y comenzó a llover como si nunca fuese a llover más, fue muy parecido a un diluvio y creyó que el fondo de las gotas retumbar en el suelo era perfecto para la ocasión.

Toc, toc, toc

Hermione, a regañadientes, dejó el libro en el sofá sobre el que estaba echada y fue a abrir. La pelirroja cabeza del chico era netamente inconfundible, sus ojos azules eran tan únicos y reconocibles que Hermione no necesito distinguir las demás facciones.

—Ron… ¿qué haces…? —era la segunda vez que la visitaba.

—Oh por Dios… ¿estás bien? ¿No te ha sucedido… nada? —inquirió extrañamente preocupado.

—Er… no —respondió con cierto tono obvio—. ¿Por qué?

—Pues te estuve llamando al celular y no me respondiste. ¿Cuál es el motivo de tener uno si no contestas?

—Tuve una razón ¿vale? Además, ¿para qué querías comunicarte?

—Oh —se quedó bajo la lluvia, pensando en qué decir, aunque se lo tenía muy claro—. Ejem… Draco me llamó y… estaba preocupado por ti…

—Dile que se vaya al diablo —comentó cortante la chica entrecerrando los ojos—. Como si no tuviera cosas más importantes qué hacer…

—Vaya, por fin lo has comprendido. Pensé que esto demoraría aún más.

—¿A qué te refieres?

—Pues que Draco jamás se separará de su esposa —respondió con simpleza—. Eres muy intelig…

—¿Qué? —dijo ella abriendo los ojos—. Él jamás…

—¿No… no lo sabías? ¿Él no te lo dijo? Pensé que sospechabas… —Hermione jaló a Ron con fuerza, sujetándolo de la chamarra que tenía puesta. Cerró la puerta tras ella y aguardó. Ron se vio atrapado, de todos modos él también pensaba que Draco no hacía bien. Hermione le exigió explicaciones y no se movió hasta que él hubo hablado—. Él nunca se divorciará de Astoria, su padre lo desheredará si lo hace. Lucius Malfoy tiene una imagen que mantener, y pronto lo tendrá que hacer Draco. Su padre solo aprueba como nuera a Astoria, así que…

—¿Él jamás… se divorciará? —repitió anonada. Nuevamente las palabras de Tonks fueron su consciencia y su 'te lo dije'. Parpadeó varias veces y arrugó el entrecejo. Se vio amarrada y amordazada ante la verdad. Ron no tuvo reparos en decírsela de frente, sin adornos ni palabras bellas, tal y como era. Luchó contra una lágrima y ésta le ganó la batalla. Sonrió débilmente, se lo venía venir—. Él jamás se divorciará —reiteró con un susurro débil—. ¿Vaya, no es gracioso? —se dirigió a Ron—. Lo sabía, siempre lo supe… y yo fui tan testaruda…

—Hey, hey, tampoco es para que te llames así —tranquilizó Ron—. El amor te ciega por completo, y veo que tú estabas muy enamorada. El amor…

—Es una porquería —conjeturó ella asintiendo con la cabeza.

Ron sonrió y la vio a los ojos.

—Sí, es una porquería —apoyó y Hermione sonrió.

—¿Lo dices por algo en especial?

Ron apartó la vista y sacudió la cabeza, ocultando su verdad detrás de otra sonrisa.

—No, claro que no… solo estoy intentando ayudarte.

No sé por qué lo hizo ni por qué lo necesitaba, pero ella apretó los labios y se aproximó a él, rodeó sus brazos en su cintura y lo abrazó, acostando su cabeza en el pecho del chico; y ni siquiera le importó mojarse. Ron alzó los brazos y la vio con ternura, le devolvió el abrazo y le acarició la espalda mientras oía a Hermione llorar por la nueva noticia.

—Draco me las va a pagar —comentó tocando su cabello castaño— por haber hecho llorar a una mujer tan bonita —soltó sin más ni más, haciendo reír por lo bajo a Hermione, entre lágrimas. Eso sí que era raro, muy raro. Estaban más desconocidos que nunca, no se podían comprender… pero se podía intentar.