Capítulo IV
Celos... Venenosos, dolorosos, nocivos para el corazón. Según el diccionario es el sentimiento que se experimenta cuando se sospecha que la persona amada ama a alguien que no eres tú... Pero ese sentimiento que Kuon Hizuri sintió dos días atrás fue mucho más que eso, fue mucho peor, demasiado. Ahora estaba desesperado, poco le importaba las señales de tránsito, los semáforos o poder perder su licencia. Simplemente no le importaba nada, solo quería llegar lo más rápido posible para impedirlo, evitar a toda costa que suceda, por nada del mundo iba a permitirlo. Ahí estaba él, recordando como había iniciado ese asunto que ahora se iba a "resolver" de la manera que menos quería... No, de la manera que más odia.
Mirando sin ver nada realmente, ese día que inició lo que se desencadenó en lo que pasaría hoy si no llegase a tiempo, sus puños se contraían y luchaba contra su cuerpo que tenía el insaciable deseo de destruir todo a su paso, ese de desaparecer todas esas imágenes que lo rodeaban asfixiándolo y atormentando su alma, y, especialmente, el deseo acabar con ese tipo que se atrevió a tocar lo que él tanto anhela tener. Ese día había iniciado como cualquier otro, su amada (hermanita) y él salieron a hacer las compras del día, pues tenían el día inesperadamente libre y esos (enamorados) hermanitos "cariñosos" no lo iban a desaprovechar, obviamente salieron a tener una cita, perdón, un tiempo de caridad de hermanos. En ese momento, en el que estaban en medio de esas usuales coqueterías que rozaban lo incestuoso, en la calle encontraron un carrito de Hot Dogs. Setsu se fue a pedir unos y Caín se quedó esperando con la espalda posada en un poste, al costado de un puesto de periódicos, hasta que algo le llamó la atención en las incontables portadas de las revistas, y no en el buen sentido. Imágenes por todos lados, bastantes imágenes a su alrededor que se clavaban una a una en su corazón. La que más se repetía de todas ellas era la de un cándido abrazo, luego venían palmadas en la cabeza que lo derrumbaron, sonrisas y miradas... Y la última y la que los terminó de destrozar: estaban en un estacionamiento, él abraza enterrando su cabeza en su cuello y ella enterraba sus manos en sus cabellos... Pero lo que causan los celos no son del todo lo que se ve, sino lo que se imagina a partir de lo que se ve. Kuon, es decir, Caín Heel no lo podía creer, no quería creerlo, pero esas fotos no mentían. Y en nada mejoraban los encabezados, cada revista tenía uno diferente, pero todos ellos estaban hablando de lo mismo: ¡Mogami Kyoko y Minami Kaname! ¡¿Acaso un joven romance nació en medio de las cámaras?!
Y lo peor eran los comentarios de las adolescentes, fanáticas de la serie que Kyoko y Kaname protagonizaron, que emocionadas compraban la revista y entre gritos alegría comentaban lo bien que se veían juntos y lo felices que estaban. La ira hacía que sus hombros tiemblen, sus brazos también, luchando con sus ganas de tumbar el puesto de periódicos, y su mirada se nubló, un chasquido de dientes se le escapó y entonces, una risa sarcástica terminó por despertarlo.
—Ja... estos japoneses hacen escándalo por todo... —le da una mordida a su Hot Dog de manera muy seductora y rodeando el cuello de él con un brazo, con el que sostenía los Hot Dogs, y colocando su manos por debajo de su ropa, tocando sus pectorales, continuó diciendo con monotonía— Ay... yo conozco a esa chica, Nii-san... es mi única amiga en Japón... —sube la mano que tenía por debajo de la ropa de su (amado) supuesto hermanito de sus pectorales hasta su cuello y comenzó a sobar lentamente donde antes hubo una marca de propiedad— Ella no quiere saber nada del amor... —se acerca a su oído y susurra— Tal vez porque no encontró un hombre que le haga sentir lo que yo siento por ti... Nii-san... —le dio un rápido mordisco en la oreja y se separó de él, para mirarlo, porque sabía muy bien que estaba molesto y quería ver si había logrado contentarlo y... ¡Qué manera de hacerlo! Él estaba totalmente inmovilizado.
Todo ese coqueteo de Setsu lo dejó sorprendido y luego lo que estaba diciendo... Él no necesitaba pensarlo mucho, ella sabía que estaba molesto, sabía el motivo y le estaba explicando, le estaba aclarando todo desde su papel de Setsu e intentaba... ¿Animarlo?
"¿Cómo puede ver tan fácilmente a través de mí?"
Pero de todas maneras tenía un mal sabor en la boca, no se iba a dejar convencer, quería estar seguro, que ella se lo asegure, que se lo jure si es posible.
—¿Cómo estás segura de eso? —preguntó con seriedad pero sin mirarla, para que no note la inquietud y ansiedad de su corazón.
—Yo la conozco... —suspira con ironía— Ella me lo dijo muy claramente —baja la mirada con una sonrisa divertida— Esa chica y ese chico no tienen más que una amistad, se quieren como hermanos y definitivamente nunca tendrán nada más que eso... —se ríe— Sinceramente entre ellos nunca pasará nada, eso es seguro, no podrían... ni aunque ella decidiese aceptar el amor en su vida... —lo mira con una sonrisa muy adorable, nerviosa, apenada y por sobre todo sincera, para este momento ya no era Setsu— Ella solo lo ve como hermano, jamás podrá verlo de otra forma, y él siente lo mismo por ella... —vuelve a bajar la mirada con una sonrisa, como si fuese a hablar para sí misma— Aparte... Digamos que existe un motivo muy importante que no puede ser ignorado ni tampoco revelado, no por el momento...
Él, por su mirada, por su sonrisa, por la sinceridad en su voz... Le cree, no solo porque sabía que ella no mentiría y porque conocía muy bien a su luz de vida, sino porque quiere creerle, porque a si le dijese que los cerdos vuelan o que el mundo es dominado por gremlins que se disfrazan de personas, le creería sin pensarlo... Así de terrible es el amor.
Su cuerpo se movió solo, sin permiso, aunque incluso si su cuerpo le hubiese pedido permiso su cerebro se lo hubiera concedido, se lanzó sobre ella y le lamió la comisura de los labios.
— Nii-san...
— Tenías mostaza ahí... —sonríe como el "Emperador de la noche" que es— Vamos a un lugar más cómodo... —muerde el que de seguro era su Hot Dog y que seguía en la mano de ella.
Su cara era un poema, pero se recompuso y con la sonrisa usual de su personaje lo siguió. Él se reía para sus adentros, sabía muy bien que al igual que las personas que los miraban escandalizados, sonrojados y sorprendidos, Kyoko seguro estaba hecha un lío por dentro, pero necesitaba hacerlo. Además empezaba a sospechar que tal vez muy en el fondo, en un punto bastante oculto, podría ser que... No le desagrade. Ay Kuon Hizuri... ¡Si lo supieras! A ella no solo no le desagrada... Le gusta.
Apenas bajó del auto y a pocas zancadas ya estaba dentro del canal de televisión, abriéndose paso sin importarle cuanto lo llamaban o que tuviese que empujar a los que le obstruían el paso, aunque por su actitud y su mirada letal todos se apartaron de su camino. Entró al ascensor sin dudarlo, sabía a donde se dirigía, pues Yashiro se lo dijo esa mañana agitada, claro que luego de burlarse por la situación en la que lo encontró, en la que pasaba por un remolino de emociones... Ya luego castigaría a esa chica por su travesura.
"Tan cruel... "
No puedo evitar sonreír resignado. Tenía que quitarse el sombrero, esa chica cuando quería podía ser muy astuta... ¡Usó como quiso sus sentimientos sin si quiera conocer de la existencia de estos! ¡De verdad eres débil, Kuon! ¡Bajaste la guardia! Pero por ahora no tenía cabeza para eso, lo que sucedió ese día, las fotos y finalmente las palabras de Lory, ese mismo día del escándalo que involucraba a Kyoko, su Kyoko, la mujer que ama con otro hombre, lo estaba atormentando por completo sin dejarlo pensar en nada más.
Esa misma tarde que salieron las fatídicas fotos, Lory les llamó para que vayan a su oficina. Cuando recibieron la llamada ellos estaban viendo una película en su cuarto, acurrucados bajo la misma manta, con la cabeza de ella en su pecho... Un paraíso terrenal para Kuon, y, obviamente, para estos momentos él ya se había relajado, aunque de todas maneras le molestaba que ella pueda ser así de cercana con otro chico, esas imágenes seguían ahí como una sombra.
Fueron a la oficina, aún vestidos como los Heel, y en la sala de espera se encontraron con el susodicho. Kaname se acercó sonriente y les saludó, para gran sorpresa de Kuon. Al final se viene a enterar de que Kaname ya de anticipo sabía de los hermanos Heel, eso fue como echarle sal en la herida a Kuon ¡¿Tanta confianza le tenía que hasta le reveló el secreto de los Heel?! Y entonces todo empeora cuando Kyoko le dice que el presidente aprobó que se lo dijese y que no tenía que preocuparse ¡¿Bajo que fundamento ese loco aprobó eso?! ¡Uy! Ahora sí que a Lory se le venía un interrogatorio encima. Ni hay que mencionar como estaba Caín, es decir, Kuon, él estaba con una sonrisa sarcástica y le hablaba de la misma manera sobre el escándalo, y poco más marca territorio diciéndole que Kyoko es suya, aunque finalmente sí dijo eso, pero entre líneas. Kaname, por el contrario a lo que esperaba, sonreía casi socarronamente, y, en una parte de la conversación, le dijo a Kyoko algo que le chocó bastante:
—¿Aún no lo sabe verdad?
"¡¿Qué quiso decir con eso?! ¡Maldición!"
Pensaba mientras inconscientemente daba una patada a la puerta del ascensor, que para él demoraba una eternidad. Finalmente el ascensor se abrió para dejarlo salir, caminó por el largo pasillo y encontró la puerta del programa.
—¡Tsuruga-sama! ¡Tsuruga-sama! ¡No puede entrar sin permiso! ¡Espere! —inútilmente un trabajador del estudio trataba de detenerlo.
— Por favor, salga de mi camino... —intentó sonar lo más amable posible, sin nada de éxito, y el trabajador se quedó helado y lo dejó pasar.
Al entrar la vio en el escenario, estaba cantando como un ángel. Sí, su ángel, y no iba a permitir que se la quiten, no, ni si quiera siendo solo ficción, ni aunque fuese una mentira por publicidad... No iba a permitirlo.
Cuando él le iba a preguntar a Kyoko a qué se refería Kaname con ese burlón "¿Aún no lo sabe?" Kaname le dio una palmada en el hombro y con una, claramente, falsa lastima y hasta cierto punto con tono de burla le dijo finalmente:
— Tranquilo, no es nada importante...
Kuon iba a responder pero te repente se abrieron las puertas de la oficina de Lory y salió Sebastian pidiéndoles que entren. Ren iba a entrar pero Sebastian le susurro que el presidente le dijo que esperase afuera, quiso oponerse, entonces vio que Kaname le dirigía una sonrisa que le desagradaba bastante, claramente estaba burlándose de él, y, antes de cerrarse la puerta, Kaname se le acercó y le susurró:
— No tienes de qué preocuparte... no te la voy a quitar...
Entonces, al terminar de pronunciar esas palabras le guiñó el ojo y las puertas se cerraron dejando a Kuon esperando, dando vueltas frente a la puerta de esa oficina como un león enjaulado. Fue eterno, una tortura para el pobre Kuon. Finalmente las puertas se volvieron a abrir y Kyoko salió por fin para ser acorralada por él, contra una pared, quien con la mirada le hacía preguntas y de la misma manera le respondía ella. Kaname carraspeó para llamar la atención de ambos, muy divertido por como dejaba ver su mirada pícara, y se despidió de Caín y Setsu, mientras Caín rodeaba con sus brazos la cintura de ella, con posesividad. Sebastián llamó a Caín y este le dijo a su hermana muy sensualmente que lo espere y que no tardaría, y, al recibir de ella un asentimiento, entró a la oficina donde el presidente lo estaba esperando. Kuon empezó con un interrogatorio y él le respondía pacientemente, pero llegó el momento y soltó la bomba.
— Ellos me dijeron la verdad —suspira cansado— Sí, su relación es muy fuerte... irrompible... Y no, puedes estar tranquilo, no en sentido romántico... —sonríe ladinamente— pero tampoco son simples amigos... —vuelve a suspirar— Ay... Kuon, Kuon, Kuon... él tiene una relación más solida con ella de la que tú tendrás con ella en mucho tiempo... Aunque claro no llega ni nunca llegará al ámbito romántico...
— ¡Deja de jugar conmigo! —le da un golpe a la mesa, violentamente, asustando al mayor y, con su mirada asesina y con tono de frustración, continuó— Demonios... ¡¿A qué quieres llegar?!
— Les dije que tenían dos opciones: Decirle al público la verdad... o decir lo que quieren oír... —sonríe ladinamente— Les aclare que la segunda opción trae más beneficios que la primera... aunque bueno... también es un arma de doble filo... —se prende un cigarrillo— Kuon... Ellos ya tomaron una decisión ¿Qué vas a hacer?
La canción terminó y comenzó la entrevista, a la cual no prestó mucha atención pues lo vio, él ya estaba ahí. Él ese día decidió no creerle a Lory, pues conocía a Kyoko, ella no querría destacar por una relación y mucho menos si esta era falsa, pues extrañamente, aunque era buena actuando, era muy mala mintiendo... O eso quería creer. Ahora estaba sorprendido y molesto, no quería pasar por más de lo que ya había pasado desde que esas fotos se hicieron públicas, sin importar que sea falso, no quería escuchar a nadie más decir que Kyoko, su Kyoko-chan, se veía bien al lado de otro hombre, no podría tolerarlo... ¡Jamás!
— Bien, Minami-san, es hora de que entre al cubículo del invitado sorpresa, cuando lo llamen saldrá y...
El trabajador no terminó de hablar cuando Ren, Kuon o Caín, mejor dicho todos funcionados, empujó a Kaname y entró al cubículo sin decir nada.
—¡¿Tsu... Tsuruga-sama?!
— Perdón, hubo un cambió de planes... —dijo por último cuando el cubículo empezó a ascender para aparecer en la parte de atrás del escenario de la entrevista.
— Buena suerte... —escuchó decir a Kaname, que lo miraba con una sincera sonrisa, la cual le sorprendió.
El cubículo subió completamente, ya estaba en el escenario y él se sentía como un niño que estaba haciendo una travesura. Yashiro y el presidente probablemente lo matarán, pero...
"Lo hecho hecho está ¿No?"
De verdad que durante los día después del escándalo no quería pensar en eso... Pero se dio cuenta que Lory tenía razón, en ese momento, cuando estaba sobre ella en la cama y su celular sonó con el nombre de él en la pantalla y con un mensaje que decía:
—Ya te estoy esperando en el estacionamiento para ir al estudio...
Perdió el control con ese mensaje y ella lo volvió más loco después. Literalmente lo sacó del infierno, lo llevó al cielo, luego lo dejó en medio de ambos para finalmente bajarlo al infierno otra vez. Miraba las esposas en sus bolsillos, un juego peligroso, en verdad peligroso, en el cual terminó siendo el perdedor... Por primera vez había sido engañado así... Ah... Pero Kuon Hizuri no lo dejaría así.
— ¡El momento de la verdad! Ya no podrá evadir Kyoko-san... Díganos con sinceridad... ¿El amor de las pantallas se convirtió en un romance real?
Él no podía ver nada de lo que pasaba, pero lo intuía. Iba a hacer que ella se enteré que ya estaba ahí y que su revancha estaba por iniciar.
— Parece que ya no hay escapatoria... Kyoko-san... —soltó con cierta malicia en su voz y que al ser reconocida por el público femenino se escuchó un gran grito.
Apostaría lo que fuese que la expresión de Kyoko seguro era invaluable, ya se imaginaba los ojos abiertos y la piel pálida. Porque la amaba, le iba a dejar pasar el intentar hacer eso de tener una relación falsa por publicidad, pero solo por el momento porque apenas la vea fuera del papel de los Heel le hablaría seriamente. Pero lo que de verdad no le iba a perdonar y lo que le iba a hacer pagar, en ese momento y más tarde en el cuarto, es esa travesura... No, no, no... La señorita le acababa de demostrar que tan inocente no era y ya no tendría compasión, pues eso fue una crueldad, pura crueldad. ¿Qué hizo? Bueno, algo así como calentar el agua y no servir el té, aunque mucho no se podría quejar, de todas maneras... Kuon sí que probó un sorbo.
— Bueno, hemos llamado a un invitado sorpresa... ¿Quién crees que es Kyoko-san?
Las luces se enfocaron en el cubículo en el que estaba y él sabía que ya estaba por salir.
— Te daremos pistas... Está más bueno que el pan... —él público femenino gritó— y ha trabajado contigo...
Sonaba un redoble de tambores mientras la emoción del público iba en aumento.
— ¡¿Y bien?! ¡Dinos quién es Kyoko-sama!
—... Tsuruga-san...
El cubículo se abrió dejándolo salir con una sonrisa victoriosa y se sentó junto a Kyoko quien estaba tiesa como una estatua.
— ¡Bienvenido Ren-san! ¡Un gusto tenerlo aquí!—los gritos eran tan fuertes que las presentadoras tuvieron que gritar a pesar de tener micrófonos— ¡Ya volvemos luego de los comerciales!
