Hoy tuve muchas ganas de escribir, así que aquí está ésto.
Da Vinci's demons pertenece a sus respectivos creadores, escribo esto sin fines de lucro.
Ambientado en el capítulo 3x03 y desde la perspectiva de Riario.
−Lo siento tanto.
Riario se las arregló para subir a Da Vinci a su espalda y sacarlo del local, alguien del Laberinto se encargaría del caos de ese lugar, pero no quería que ninguno de sus "hermanos" tocara al genio, ya era demasiado malo por lo que iba a pasar para que además estuviera en sus manos.
Trataba de alegrarse pensando que se volvería uno de sus hermanos, pero en el fondo una voz le decía que eso no sucedería; a diferencia de él la fortaleza de Leonardo era indestructible, por más que Otranto lo hubiera cambiado sabía que seguía siendo el mismo Leonardo Da Vinci que tanto admiraba.
−En realidad lo siento tanto, Artista.
Los brazos del genio pasaban por sus hombros, mientras él sujetaba sus piernas a la altura de su cadera, la cabeza del florentino se apoyaba por momentos en su mejilla, el genio olía a pólvora, sudor, sangre y muerte. No era tan pesado como imaginó, pero saber el destino que tenían hacía el camino más difícil.
Era culpa del castaño, si no fuera tan brillante como lo era nunca habría significado tal problema para el laberinto.
−Demonio, Da Vinci ¿no podías equivocarte al menos una vez?
Riario suspiró, por supuesto que no podía, era como pedirle al ave que no volara, era algo imposible.
−Realmente lo siento tanto, Leonardo –repitió cuando ya se encontraba a la entrada de las cuevas del Laberinto.
No permitió que nadie lo ayudara, el mismo llevó a Da Vinci hasta ese instrumento en el que él había pasado tantas horas.
−Lo siento tanto –repitió un par de veces.
Dejó a Da Vinci apenas lo suficiente para utilizar, esa túnica que tanto le desagradaba del Laberinto. Cuando Carlo estuvo ahí, cuando se encontraba a nada de tocar al genio, sin pensarlo Riario apartó su mano con un golpe.
−Por favor, hermano, no te atrevas a tocar a Da Vinci –uso ese tono frío y de falso respeto que siempre tenía para Carlo de Medici.
−¿Tienes más aprecio por tu rival que por tu hermano?
−Mi rival ha sabido ganarse mi respeto, hermano, lo menos que le debo es que no sea tocado por el hombre que tanto odia.
−Entonces deseas guiarlo por el laberinto –había acidez en la sonrisa que le mostró.
No, por supuesto que no quería, lo que menos deseaba era que Da Vinci lo viera; no quería ver decepción en sus ojos al encontrarlo al lado del hombre que había asesinado a Andrea Verrocchio.
−Las órdenes del Arquitecto han sido claras –mintió el conde.
Al notar que el florentino comenzaba a despertar lo levantó para atarlo al aparato.
−Lo siento –se atrevió a murmurar en su oído.
Gracias por leer, besos y abrazos de mi parte.
