¡Hola a todos!
Algo tarde, pero les traigo el fic con el tema de reencarnación del okikagu week x'3
Este fic esta ligado con uno de la misma temática que hice hace tiempo: Matsu.
Espero que le guste :'D
Los derechos de Gintama le pertenece al gorila Sorachi.
Yakusoku suru
[okikagu]
[Reencarnación]
[ligero shinsoyo y gintsuky]
"No llores por mí…
Cuando menos lo imaginas, ya estaré a tu lado"
Kagura Yato desde que tiene conocimiento ha tenido particulares sueño. En donde se veía crecer en otro lado, de sufrir por la destrucción de su familia, la llegada de aquel par idiota y aquel perro que sería su segunda familia. Como dejaba aquel planeta lluvioso para cumplir su promesa con su fallecida madre, como se encontró en un planeta azulado que la dio la bienvenida con grandes aventuras.
Aquel lugar donde conocería a esa persona que terminaría enamorándose. El como una rivalidad que empezó en un día de Hanami, haría que se enamora de aquel hombre de cabello castaño y ojos rubíes. Sin embargo, la tristeza dominaba su cuerpo al recordar dicho hombre.
Ella no había mantenido su promesa y lo dejo esperando en aquel parque que era especial para los 2.
Al principio de su infancia, había visto como su padre la miraban preocupada cuando llegaba diciendo cosas de aquellos sueños, de que estuviera tan segura de decir que era su vida pasada. Aún recordaba como sus compañeros del jardín la molestaba por sus sueños, sobre todo por esa promesa que decía tener con un chico.
Ella tuvo que aprender a quedarse callada cuando se trataba de aquellos sueños que parecían ser recuerdos. Ya sea para evitar que sus padres se preocuparan por ella, como para tener una vida escolar más tranquila.
Fue en secundaria cuando se encontró con alguien que aparecía en su sueño. Había sido por accidente, ella se había perdido en la nueva escuela cuando lo encontró. Sintió como una calidez llenaba en su ser a verlo, pero sabía que no era la persona a quién ella había hecho su promesa. Pero eso no la impidió a intentar ser su amiga en esa vida, volviendo a tener aquel lazo de hermandad que tenía en su sueño.
Incluso le ayudo a conquistar a su mejor amiga de cabello azabache y ojos marrones, más adelante.
En la preparatoria obtuvo un peculiar profesor de cabello permanente con un rato color plateado, la seguridad que le brindaba ese peculiar profesor. La sensación era la misma que tenía en su sueño donde esa misma persona había sido su tutor, sin embargo, en esta vida se volvía como un ángel guardián.
Sin embargo, ella no encontraba a esa persona que buscaba; ya sea de forma inconsciente como consciente. Deseaba verlo en esa vida, volver compartir situaciones con él.
Deseaba cumplir su promesa a toda costa.
Incluso había rechazado a chicos que se habían declarado, sintiendo que si lo aceptará estaría engañando al hombre que soñaba. Aferrándose a la promesa de sus sueños, esa donde hablaban de casarse y poder tener aquella familia que tanto habían deseado en lo más profundo de su corazón.
Sabía que era una estupidez aferrarse a ese sueño, y más, a una promesa de hace años. De que se veía ridícula esperando alguien que tal vez no recordara nada, ni siquiera estaba segura de que él había renacido como ella. Que tal vez fuera una imaginación, una fantasía que alimento a través de los años. Sin embargo, ahí estaba su alma y corazón le decían que lo buscara, que él la estaba esperando en algún lado del mundo; añorándola como ella lo hacía.
Aun si fuera en otra vida, ella lo seguiría buscando.
A su años 21 el sueño el sueño de sus últimos minutos de vida era más real, como su tranquilidad se convirtió en angustia al sentir el desequilibrio de aquella nave. Viendo la mirada llena de preocupación de sus compañeros de viaje, como las madres abrazaban a sus hijos por la preocupación. Como sentía el fuego expandir por su cuerpo en un segundo, quemándola sin ninguna misericordia.
Y su mente se iba a esas personas que había dejado atrás, y el deseo de ver a ese hombre de cabellera castaña.
Su terror a esa última parte de aquellas memorias le afectaba en su vida, la sensación que le quedaba al despertar no la dejaba tranquila. Aterrada en pasar por aquello por segunda vez y no ver al hombre de la promesa. Algunas veces abrazaba a su amado perro, para calmar su corazón. Buscando en el pelaje y cariño de su pequeño Sadaharu, el consuelo de que aquella terrible tragedia fue en el pasado y que esta vida no sería igual.
Por eso, había empezado a trasnochar para que no volviera esa pesadilla. Haciendo preocupar a sus padres en el proceso, pero ella no podía decir lo que le afectaba. No quería ser llamada loca, ni ir a un psicólogo, ella sabía lo que tenía y solo rezaba a que se detuviera.
Tal vez fue por eso, que cuando se juntó con su ex–profesor para pedirle ayuda en una materia de la universidad. No pudo evitar llorar y decirle lo que pasaba cuando le pregunto si estaba bien.
Le confeso de sus sueños y recuerdos de su vida pasada, el como antes ya se habían conocido y junto con su mejor amigo se hacían llamar la Yorozuya. Como era feliz con los tres haciendo estupideces o siendo vagabundo en algún lugar, como en esa vida se había enamorado de alguien que odiaba y su promesa de estar juntos hasta el final. Pero que por el destino, no se pudo lograr. Consiguiendo que lo buscara desesperadamente en esta vida.
Entre sus lágrimas pudo observaba como ese descuidado profeso la escuchaba, tan silencioso y serio que no parecía ser él. Como no le hizo ningún gesto de que estuviera loca, solo con el objetivo de que se calmara y se desahogara de aquellos que no podía compartí por largo años. También vio como él hablaba con total serenidad de aquello, como si fuera algo verdad y no un una locura.
— ¿También tienes sueño de tu vida pasada, Gin-chan? – no pudo evitar preguntarle al ver como se comportaba tan normal.
— Yo no tengo ninguna de esa capacidad, pero… – Gintoki parecía estar más atento a encontrar algún tesoro en su oreja — Tus lágrimas no dicen ninguna mentira, por eso confió en tu palabras kagura-chan.
Kagura no pudo evitar abrazar a ese hombre que en su vida pasada fue como un segundo padre para ella.
Se sentía más motivada al ver como Gintoki le apoyaba en su búsqueda, aunque también se burlaba de ella al darle falsa imagen de como estaría aquel hombre de su promesa. Haciendo que la carga que llevara fuera más ligera. A la vez que su esperanza crecía.
Era un día cualquiera cuando fue a visitar a su ex-profesor, con la excusa de que le ayudaría en el ramo de contabilidad, a pesar que estudiaba para ser una gran chef.
Al llegar a la casa del hombre con permanente saludo a su hermosa esposa, esa misma con la que se había casado en su vida anterior. Kagura aún le deba cierta ternura ver que a pesar de todo seguían juntos, haciéndole imaginar que cuando encontrara a su hombre pasaría lo mismo.
Espero a ese vago profesor hasta que apareció a su casa, vio como estaba algo alterado y cansado. Su ojo y su comportamiento le mostraban que solo quería descansar y tomar una leche de fresa.
— ¿Paso algo gin-chan? – preguntó curiosa.
— Nada, solo llego un nuevo profesor… - se notaba la molestia que tenía por aquel extraño sujeto. Se había sentado en el sillón para empezar a leer su jump y olvida lo difícil que fue su día — A pesar de su cara de ángel es un completo demonio. Mira que acusarme con la bruja por estar tomando leche de fresa en clases, mientras que los alumnos hacen la prueba… - dijo lo último con total desprecio.
Kagura no comprendía nada aquellas sensaciones que sentía, la ansiedad había dominado su cuerpo. Quería que Gintoki hablara de esa persona, ¿Por qué se sentía tan familiar a aquella descripción que dijo Gintoki? ¿Acaso ya estaba cerca de encontrar a esa persona amada?, Kagura solo sabía que aquel nuevo compañero del permanente era causaba mucha intriga; sin siquiera conocerlo.
La mujer de cabello bermellón empezó a ir más frecuente a la casa de su ex-profesor, solo para escuchar junto con su esposa cómo se quejaba de aquel compañero. Como hacía travesura entre los profesores y era popular entre las profesoras y las alumnas, pero también, la travesura que hacían juntos cuando se trataba de un policía de cabello azabache y de flequillo en v. Demostrando que había creado una extraña amistad con él.
Era tanta su curiosidad que le pidió a Gintoki, que le sacara una foto a ese sujeto. Esperanzada de que fuera aquel hombre de su sueño y recuerdos.
— ¡Gin-chan, es él! – no podía controlar su emoción. La foto que había conseguido Gintoki se veía perfectamente aquel rostro que tanto añoraba, haciendo apreciar cada rasgo de su cara, su cabello castaño y sobre todo, esos ojos rubíes que tanto deseaba perderse.
Las lágrimas salían de la felicidad, por fin lo había encontrado. Su corazón latía sin control, los recuerdos de su vida pasada viviendo a su lado fluía en su mente. El deseo de ir a buscarlo era tan grande, que sus piernas se movían sola para engañar su cuerpo y a su ansiedad.
Le pidió inmediatamente a Gintoki que le pasara un papel para tener una cita, al escucharle decir como la hermana mayor de él le buscaba una novia.
— ¿Estás segura de esto? – se notaba la preocupación de gintoki al hecho de que tuviera una cita con su compañero y compañero en el sadismo — Puede que él no te recuerde…
— Lo sé, y si eso pasa… entonces solo tendré volverlo enamorarlo de mí, así como tú lo hiciste con tsuky – una gran sonrisa adornaba en su rostro. Mientras veía como Gintoki se sonrojaba por su palabra.
Esa había sido su conversación un día antes de la esperada cita.
Estaba ansiosa, por primera vez se preocupaba por su apariencia. Quería darle una buena impresión, de que se embobara de ella rápidamente. Por eso se había demorado en elegir su vestimenta, eligiendo al final un vestido rojo, algo modesto pero que le hacía recalcar su figura y se hizo una coleta que le llegaba a la mitad de la espalda; saliendo su estilo habitual de su peinado. Incluso le había pedido ayuda a su querida madre para maquillarse y quedar espectacular.
Salió de su casa, escuchando un "buena suerte" de su madre y el grito de terror por parte de su calvo padre. Apresurándose para llegar al punto de encuentro al darse cuenta que iba a llegar tarde.
Al llegar al parque, lo primero que hizo fue buscarlo. Miraba por todos lados mientras lo buscaba, con la esperanza de que él la siguiera esperando. Pudo divisar a lo lejos una espalda al lado de un poste, sus pies se detuvieron a esa vista que tenía en frente en estos momentos. Otra vez sentía como sus emociones se descontrolaban, quería llorar, correr y abrazarlo, deseaba agarrarlo a besos. Fue cuando pudo estar más segura que nunca.
Él era a quien buscaba.
Sentía el nervio en sus piernas, quienes apenan podían caminar por la emoción que le recorría en su cuerpo. Su corazón latía tan descontroladamente que creía que se le iba a salir de su pecho. La sonrisa no desaparecía de su bello rostro y las lágrimas amenazaban por recorrer sus mejillas.
— Perdón por la demora – había logrado decir cuando llego a su compañero.
— No me conformare con unas sim… - El castaño detuvo sus palabras al darse vuelta y encontrarse con ella, mirándola sorprendido.
Aquellos zafiros después de tanta búsqueda y espera, pudo encontrarse con esos rubíes.
Sintió que el tiempo se detenía para ellos, como un pequeño mundo se creaba para los 2. No pudo aguantar más y dejo que las lágrimas hicieran su recorrido, pero no era de tristeza, era de una felicidad que le llenaba completamente.
Pudo observar como esos rubíes se humedecía a pesar que el tipo la miraba de forma extraña. Demostrándole que sentía lo mismo que ella sentía.
Al final él si la había esperado.
— Logre volver para quedarme, sádico – soltó. Sin importarle si el la recordaba realmente o no, sin importarle que después la mirara extraña. Había soñado, deseado por tanto tiempo esté encuentro que no lo podía dejar pasar.
Se lanzó a abrazarlo, sin poder aguantar más estar lejos de aquel hombre y su presencia. Sintiendo la calidez llenar todo su ser cuando el castaño la abrazo, compartiendo su dicha de haberse encontrado.
Él ya no necesitaba esperarla y ella buscarlo.
La promesa ya estaba cumplida y tenían una nueva oportunidad para aprovecharla.
(…)
Su alma estaba ligada a una promesa del pasado.
Buscando a la persona con quien la compartía,
Añorándolo cada día y noche su presencia.
Hasta que el destino se compadeció de ella
y le permitió encontrarse con su persona amada.
(…)
