¡Hola! Aquí está el cap 4 y para que vean que no soy mala es un poco más largo que el pasado, espero les guste. :D

Muchas gracias a: isaaa95 por ayudarme a betear este capítulo :3

Todos los personajes le pertenecen a la fantástica Meyer, solo la historia es mía.


Capítulo 4: Rosas para la princesa.

Me paré tomando su manita pero… dejé de llorar y sonreí igual o más que el gato de Alicia en el país de las maravillas. Cuando sacó su manita, que todavía tenía detrás de su espalda, y me la estiraba para entregarme lo que tenía en ella.

Una rosa.

Una rosa, roja. ¡Era la flor más bonita que hubiera visto en mis cinco añitos! La tomé con mi manita y me aventé a abrasarlo.

¡Gracias Edward! Me paré de puntitas y le di un beso en su mejilla. Vi como su carita se ponía muy roja y yo me empecé a reír mientras apuntaba su cara.

Mira lo que te pinté Apunté con mi dedito su cachete. Me miró con duda, mientras tocaba su carita. Te pinté la forma de mi boquita y parece que traes un corazón en el cachete— Edward toco su mejilla e hizo algo por primera vez.

Ese día fue la primera vez que Edward me regaló una rosa y también una sonrisa…

Capítulo 4:

Bella Pov.

—¡Oye es la primera vez que te veo sonreír!— Le dije emocionada. Edward me sonrió otra vez e hizo una reverencia como la que hacen los príncipes a las princesas para después voltearse y seguir con lo que estaba.

—¡Oye!— Le hablé, ¡No quería que me ignorara otra vez! Pero no pude decirle nada porque escuché como alguien me llamaba.

—¡¿Bella? ¡¿Dónde estás Bella?— Escuché que me llamaba Angie. ¡Santa mermelada! ¿Tanto tiempo había pasado ya?

—Bueno, mañana trataré de regresar, no sé cómo, pero trataré, ¡Y gracias otra vez por la rosa! ¡Es la flor más bonita que he visto!— Edward me veía mientras le hablaba y vi como sonreía mientras decía que no con su cabeza. ¿Qué le dará gracia?

—¡Bella!— Ya no pude quedar para decirle nada más, me regañarían si me encontraran hablando aquí con él. Corrí rumbo a la casa y asomé mi cabeza por la puerta de la cocina para ver si Angie no estaba ahí. Como no la vi, entré, pero justo ella también entró. Me paré de golpe y puse mis manitas detrás de mi espalda para poder esconder mi flor.

—¡Ahí estás Bella! ¡Llevo rato buscándote y no te encontraba! ¿¡Qué haces así vestida? ¿¡Y eso que traes en los labios es lápiz labial?— Yo no sabía qué hacer, ni que decirle, aparte de que no sabía cómo hacer para que no se diera cuenta de la flor. Pero mientras yo me movía mucho, tratando de pensar que decirle, entró también a la cocina la señora Leah.

—¡Oh! No sabía que estaban aquí ¿Se les ofrece algo? Porque si tienen hambre les puedo preparar unos bocadillos…— Leah siguió caminando y hablando hasta quedar al lado mío para acariciar una de mis coletitas. Yo no me volteé porque si lo hacia Angie vería la rosa. La señora Leah seguía hablando sobre unas galletas de chocolate muy buenas que hacía hasta que miró detrás de mí. Cuando vio lo que traía en las manos abrió mucho sus ojos y se calló de golpe.

—No gracias, no vinimos por nada de comer— Angie le sonrió a la señora Leah— Le estaba preguntando a Bella qué hacia aquí y vestida así, además… ¿Qué traes atrás en la manos?-Angie estiró una mano para que yo le diera lo que traía atrás.

—Na-nada, no traigo nada Angie— Le traté de sonreír lo mejor que pude junto con mi mejor carita de cachorrito. Pero no funcionó.

–No me engañas Bella, cuando pones tu cara de cachorrito ya es mala señal– Abrió y cerró enfrente de mí su mano. Yo bajé mi carita y sentí como mis ojitos se llenaban un poquito de lágrimas. Yo no le quería entregar la rosa que me regaló el niño príncipe. Iba a estirar mi manita para entregársela, pero sentí como alguien me la quitaba de las manos.

—¡Nada ves!— Estiré mis manitas para que las viera vacías.

—Emmm… Sí, la niña Bella está vestida así porque estaba jugando al té imaginario con sus peluches, y me pidió que le prepare unos panecillos para acompañar ¡Que tonta soy! ¿¡Cómo los pude olvidar? ¿Por eso está aquí niña Bella?— ¡Woou! ¡Ahora me cae mejor la señora Leah! Tenía una mano atrás escondiendo mi flor y con la otra acariciaba suavemente mi cabecita.

—¡Sip!— Le sonreí lo más que pude y subí y baje mi cabeza muchas veces.

–Hum, pensé que andabas de traviesa, pero mejor sube a quitarte ese color rojo de los labios, tu papá llega a las tres y ya es la una y media. No vaya a ser que llegue antes y no creo que le guste que andes pintada siendo tan chiquita.

—Sí Angie— Le sonreí a ella y a la señora Leah para después irme. Quería recuperar mi rosa, pero ahí estaba Angie, mejor se la pido al ratito a la señora Leah.

Me asomé por mi ventana para ver si podía ver a Edward, pero no lo vi. Bueno debe de estar con los caballos o algo así. Me estaba terminado de abrochar uno de mis tenis, después de que me puse mi pantalón y blusita otra vez, cuando escuché que tocaban en mi puerta.

—¡Pase!– Grité. —Hola Leah– Le sonreí lo más que pude cuando entró a mi cuarto con las manos atrás.

—Bella, por favor siéntese— Leah me apuntó con su mano mi cama. Yo caminé hasta ella y me senté como me dijo. Se acercó a mí y sacó una de sus manos.

—Bella ¿Quién le dio esto?— Me dijo dándome de vuelta mi rosa.

—Nadie, yo la tomé del jardín— ¡Bien pensado Bella!

—Niña Bella, por favor no me mienta, yo sé que alguien le tuvo que dar esa rosa porque en el jardín no hay rosas.

—¿En serio? ¡¿Entonces de dónde la sacó Edward?— Me tapé mi boquita con mis dos manitas cuando me di cuenta de lo que dije.

—Sabía que había sido él, al parecer él tampoco entiende— Sonrió triste mientras movía su cabeza.

—¿Cómo que él tampoco entiende?— Le pregunté curiosa.

—Nada mi niña, nada— Movió su cabeza para decir que no con sus ojos cerrados y moviendo las manos.

—¿Le vas a decir a Angie o a mi papi?— Le pregunté muy preocupada y triste. Leah se quedó pensando y después de un rato y de soltar mucho aire volvió a hablar.

—No, no le voy a decir a nadie— Me sonrió y acarició una de mi mejillas.

—¡Gracias señora Leah!— Dejé mi rosa en la cama para no aplastarla y me lancé a abrazarla.

—De nada niña Bella, ¿Sabe? No le tenemos que decir a nadie que ves a Edward— Me lo dijo como si estuviera diciendo un secreto y dándome con uno de sus dedos un toque en mi naricita. —Además creo que le haría bien un poco de compañía a Edward, siempre ha sido un niño muy solo y callado—Tomó con una de sus manos mi rosa que estaba en la cama y la levantó para verla mejor —Me sorprende mucho que te haya dado una rosa, pensé que ya no tenía. La última vez que vi una rosa tan bonita fue antes de…— La señora Leah se calló de repente, como si se hubiera dado cuenta de que lo que estaba diciendo fuera algo muy malo.

—¿Antes de qué? ¿Qué?— Hice a un lado mi cabeza y la miré curiosa.— ¡No llores!— Me aventé a abrasarla cuando vi que una lágrima salía de su ojo. Me dio un abrazo rápido y después se alejó de mí dándome una sonrisa, aunque aún se veía triste y limpiándose son sus manos otra lágrima que salió de su ojo. No me dio tiempo de preguntarle nada más porque me dijo que se tenía que ir a hacer no sé que a la cocina.

¿Por qué se habría puesto así la señora Leah? ¿Cómo es eso de que en el jardín no hay rosas? ¿De dónde la sacó Edward entonces? ¿Antes tenía pero ahora ya no? Y si ya no tiene, ¡¿de dónde me la dio a mí y por qué las dejo de tener?

¡Ay yo no sé!

Tomé entre mis manitas mi rosa ¡Y de verdad era la flor más bonita que hubiera visto jamás! Tenía muchos pétalos y todos ellos era de un color muuuy rojo Además… acerqué a mi naricita la rosa

—¡Woow que bonito huele!— Dije cuando la olí.

Como ya no tenía nada que hacer y no podía bajar a hablar de nuevo con el niño príncipe porque estaba Angie en la casa, bajé a la sala para ahora de verdad ver la tele. Estaba viendo la película de Anastasia* cuando Angie llegó a sentarse a mi lado.

—¡Hey!— Dije cuando me apagó la televisión.

—No seas exagerada Bella, la apagué justo cuando se acabó— Yo me crucé de brazos y la miré enfurruñada.

—No me hagas esas caras Bella, necesito hablar contig… ¿¡Ya te vas!— No la dejé terminar, creo que ya sabía lo que me iba a decir por la cara tan seria que tenía.

—No te pongas triste Bella, las dos sabíamos que este momento iba a llegar— Me tomó entre sus brazos y me puso en sus piernas para hablarme.— Las dos sabíamos que yo solo venia contigo por unos días para que no te vinieras solita en el avión y te ayudara a acomodarte.

—Pero no quiero que te vayas Angie, tu siempre me has cuidado desde que era un bebe, mi mami se fue… no te vayas tú también— La abracé muy fuerte y empecé a llorar.

—Shhh… No llores Bella, todo va estar bien, no te vas a quedar sola. Ahora vivirás con tu papá, he hablado con él y de ahora en adelante se encargará de cuidarte la señora Leah. No será tu nana las 24 horas como yo, pero si estará ahí para lo que necesites— Parecía que ella también estaba llorando mientras me hablaba. —Además quedamos en que ya eras una niña grande para tener una nana todo el tiempo, mi pequeña princesa guerrera– Me abrazó muy fuerte antes de ponerme en el sillón de nuevo. Me secó mis lagrimas y después las de ella. —Pero tienes que prometerme que te cuidarás mucho y no te meterás en muchos problemas.

—Te prometo lo de cuidarme mucho— Dije tallándome mis ojitos.

—Ay Bella, ¡Cómo te voy a extrañar!— Angie se rió y me abrazó de nuevo.

—¿Cuándo te vas?— Le pregunté con voz chiquita.

—Me voy el Lunes.— ¿¡Qué? ¡Pero si eso es en tres días!

—¡¿Por qué tan pronto?

—Sé que es pronto, pero tengo que regresar con mi familia a Estados Unidos pequeña.

—¿No te puedes quedar un poquito más?

—No, no puedo pequeña… ¡Pero ya dejemos de hablar de cosas tristes y hablemos de otras cosa!— Levantó sus manos y me sonrió mucho.- ¡Este lunes ya entras a la escuela!

—Ay Angie ¡Dijiste que no más cosas tristes!— Me acosté en el sillón y me tapé con mis manitas mi carita.

—¡Entrar a la escuela no es nada triste! ¡Conocerás nuevos amigos y este será tu último año en el kínder antes de entrar a la primaria!— Bueno tal vez no sea tan malo si conozco a nuevos amiguitos.

—Mira, hablé con la señora Leah y al parecer me equivoqué. Tu papá no llega a las tres todos los días, solo llegó a esa ahora ayer porque sabía que ibas a venir, solo lo verás por las noches, por lo que será muy bueno que entres a la escuela para que no pases tanto tiempo solita.

—Está bien Angie— Después de eso, Angie volvió a encender el televisor y nos pusimos a ver un rato la tele. Después no hice nada interesante, solo vi la tele, comí y luego dibujé un rato.

Angie me dijo que tomara un baño y no bajé hasta que la señora Leah me avisó que ya era la hora de cenar. La cena estuvo muy callada, mi papá me preguntó cómo había estado mi día y yo le contesté que bien. Nada más.

—¿Ya estás lista para dormir Bella?— Me preguntó Angie cuando me vio salir de mi baño, después de que hubiese lavado los dientes.

—¡Sip!— Salté en mi cama y me tapé.

—Buenas noches Bella, que sueñes con los angelitos— Me dio un beso en mi frente y se paró para irse. —¡Oh casi se me olvida! Mañana también saldré en la mañana. Ya arreglé todo en tu colegió, pero quiero dejar todos los preparativos de la fiesta listos para que ese día solo sea cuestión de recoger las cosas— Apagó la luz y cerró la puerta de mi cuarto. Saqué de debajo de mi cama la caja de zapatos que había utilizado para guardar mi rosa. Suspiré cuando olí la flor ¡Vaya que olía bonito!

¡Sí, mañana veré al niño príncipe otra vez!

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¡Amaneció! Bueno… más o menos. Cuando asomé mi cabeza por la ventana ya se veía el sol, pero aún estaba un poco oscuro, ¡Vamos sol! ¡Tengo que ir a ver a mi príncipe!

¡Mira! Hablando de él…

Bajé mi cabecita y me fijé que Edward estaba ahí ¿¡Edward está ahí? ¡¿Pues qué hora es? Corrí a la mesita de al lado de mi cama y miré mi reloj de Blanca Nieves ¡Las 5:50 Am! ¡Ese niño príncipe está loquito! Le quise gritar para decirle hola, pero me di cuenta de que sí lo hacía despertaría a alguien, así que solo traté de llamar su atención.

-Pshh!, Pshh!- Hice ruido con mi boquita lo más fuerte que pude para que me volteara ver… ¡Y funcionó! Edward sostuvo con su manita el recogedor de hojas y con la otra me saludó desde abajo mientras me sonreía. ¡Me está saludando y sonriendo! Yo me pegué lo más que pude a la reja de mi balcón y me paré de puntitas para sonríele lo más que pude y con mi manita le decía hola, pero Edward de pronto dejó de sonreír y empezó a barrer las hojas como si no me hubiera visto. No entendí que pasó hasta que… ¡Santa Mermelada, mi papá! Me acosté en el suelo de mi balcón y solo asome mis ojitos por la parte de abajo.

—¡Deja de ver hacia la ventana mocoso y ponte a trabajar! Suficiente hago con tenerte en mi casa — ¡Hey mi papá no tenía por qué ser grosero! Se lo dijo mientras caminaba por el caminito que pasaba por el jardín hasta llegar donde estaba… ¿Cómo se llamaba…? ¡A sí! Quil, y le decía buenos días antes de subirse a su coche ¡Ja! A él si le dice buenos días y a mi príncipe le ladra.

Bueno… ahora que lo pienso, a Edward es al que trata peor, porque ni a la señora Leah, ni a Quil les habla tan feo como a él ¿Por qué…?

—¡Pshh!— Trate de llamarlo otra vez pero Edward me ignoro y hasta se fue. ¡Gracias papá! Bueno… Más al rato lo voy a buscar y decirle que no le haga caso al gruñón de mi papá, que a mí también luego me habla feo.

Me regresé a mi camita porque la verdad aún tenía un poquito de sueño y supongo que me dormí, porque más tarde llego Angie y me despertó cuando ya había mucho sol. Esta vez no me costó tanto trabajo levantarme como ayer, porque sabía que vería al niño príncipe. Le dije a Angie que me esperara abajo y fui a mi closet para ponerme una blusita de color verde y unos de mis pantaloncitos. No creo que al niño príncipe le importe, porque ayer ya hice todo lo que tenía que hacer. Bajé las escales para llegar al comedor y me devoré los huevos con jamón que me sirvió la señora Leah ¡Vaya que cocina rico! Creo que no va ser tan malo que ahora ella me cuide y además me cayó muy bien porque ella es la única que me deja hablar con Edward. Yo me volteé en mi silla cuando terminé de comer y dejé que Angie me peinara, mientras escuchaba como hablaba con la señora Leah.

—¿Entonces su esposo se encuentra bien?– Le preguntó Angie a la señora Leah mientras me hacía una coleta de caballo.

—¡Oh sí! solo ha sido una pequeño esguince en el pie, Sam nunca se fija por dónde camina— La señora Leah se rió y le brillaron sus ojos mientras hablaba de su esposo ¡Se deben de querer mucho! Lástima que mis papas nunca se pudieron querer así.

—¿Entonces el niño está haciendo todo el trabajo del jardín y los caballos mientras él regresa?— ¡Oh! Eso me interesa, están hablando de mi niño príncipe.

—Sí, al pobre le ha tocado hacer todo estas dos semanas mientras el bruto de mi esposo puede volver a trabajar, ¡Lo siento señorita Isabella! – Me dijo cuando se dio cuenta de lo que dijo ¡Pero sí bruto! ¡Por su culpa Edward ha tenido que hacer todo!

—No importa Leah— Le sonreí y dejé que siguieran hablando.

—Sí, ya decía yo que todo ese trabajo es mucho para un solo niño, ¿Y a usted no la ayuda nadie más con esta casa, no es muy grande para una sola persona?- Le preguntó Angie acomodando unos cabellos que no se quedaban quietos.

—Naaa… la casa es grande, pero casi siempre está intacta. El señor Swan casi no está aquí y a veces ni su cama hay que hacer porque no duerme aquí. Y… Sí antes tenía quien me ayudara…— La cara de la señora Leah pasó de estar feliz a… ¿Triste? Y parece que Angie lo noto.

—¿Y qué paso con ella?— Preguntó Angie. La señora Leah recogió mi plato vacio y caminó a la salida del comedor, pero antes de que se fuera se volteó para contestarle a Angie.

—Murió…

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—¡Adiós Angie!— Moví mi manita para decirle adiós cuando cerró la puerta.

¡Ahora sí!

Corrí hacia el jardín para poder encontrarme con mi príncipe.

—¡Hola!— Lo saludé cuando lo vi cortando unas plantas, pero no me contestó ni me volteó a ver.

—¡Otra vez no Edward!— Me acerqué a donde estaba él y me puse de rodillas para verle su carita. —¿Por qué no me hablas?— Subió y bajo sus hombros. —¿Alguien te dijo que no me hablaras?— "Al parecer él tampoco entiende" Me acordé de lo que dijo la señora Leah. —Porque a mi sí— Él volteó sorprendido y después negó con su cabeza. —¡Pero mírame, aquí estoy hablándote! Si tú me hablas, prometo no decirle a nadie. —Movió su cabeza para decirme que no.

—¡Oh ya sé! Mira… ¿No me puedes hablar?— Movió su cabeza para decirme que no. —Mmm… ¿Pero si te hago preguntas, tú me las contestas con un sí o con un no?– ¡Qué me diga que sí! Me volteó a ver, junto sus cejas y luego parecía que pesaba algo. "sí" me dijo con su cabeza.

–¡Sí! A ver… Tu nombre es Edward ¿verdad?– "Sí" me dijo con su cabeza.

—¿Cuántos años tienes?— Lo empecé a perseguir cuando se paró y empezó a caminar por no sé qué cosa. Se paró y me miró como si se me olvidara algo. —¡Oh sí, lo siento! ¿Tienes cinco?— "No" movió su cabeza —Mmm… ¿Siete?— "No" —¡Ya sé, ocho!— "Sí" —¡Yo tengo cinco! Bueno, ya casi seis.

—¿Vas a la escuela?—"Sí" – ¡Qué mal! Yo pensé que los príncipes se salvaban de ella… ¿Sabes? Yo entro a mi último año de Kínder el lunes— Dije orgullosa. Él me sonrió y tomó la manguera que estaba en el suelo para caminar hacia las platas y regarlas. Le seguí preguntando cosas mientras abría mis bracitos y comenzaba a dar vueltas por el jardín.

—¿Y tú… ¡Auuu!— Grité cuando me caí porque no me fijé que había una piedra y me tropecé con ella. —Jajajajaja— Me empecé a reír después de que me caí, pero me callé cuando vi a Edward corriendo hacia donde yo estaba y se veía muy preocupado.

—No pasa nada Edward, no me dolió— Le sonreí cuando se agachó y apuntó mi pantalón. —¿Quieres que lo levante?— Pregunté cuando lo vi haciendo señas como hacia arriba. "Sí" —Ok, pero enserio no me dolió, me caigo todo el tiempo— Levanté mi pantaloncito hasta mi rodilla —¡Mira, solo es un raspón!— Apunté con mi dedito la pequeña mancha roja que tenía un poquito de sangre. Edward quitó con su mano la mía con la que me estaba picando mi raspón. Me apuntó con su manita que me quedara donde estaba y lo vi salir corriendo a toda velocidad. Vi que desapareció por la parte de atrás de la casa, más o menos por donde estaban los caballos. Cuando regresó, tenía sus manitas detrás de su espalda. Se arrodilló para estar del mismo tamaño que yo.

–¡Otra rosa!– Le dije tomando contenta la rosa roja que me extendía con su manita. "Sí" Me dijo mientras su carita se ponía roja. Me iba a parar, pero él me detuvo antes que lo hiciera. Buscaba algo que parecía también había traído, pero que no encontraba entre sus pantalones. Me iba volver a parar, pero me volvió a detener con su manita. De pronto levantó contento su manita con un pequeño paquetito. Una… ¿Bandita?

—Gracias Edward— Iba a tomar con mi manita la bandita, pero él me dijo que "No" y él mismo me puso la bandita. Me extendió su manita y me ayudó a pararme.

—Edward ¿Te puedo preguntar de dónde sacas las rosas? Son las flores más bonitas que haya visto.— No me contestó solo subió y bajo sus hombros. —¿Y por qué me las das?— Pareció que lo pensó por un rato y después se rio un poco ¡ Woou tiene una risa muy bonita! ¿Cómo será su voz?

Se puso delante de mí y apuntó la rosa.

—¿Rosa?— "No" E hizo unas señas con sus manos como de más.

—¿Rosas?— "Sí" Después hizo señas como de alguien que le da algo a alguien más. —¿Para?— "Sí" Volvió hacer las misma señas como él dándome algo a mí, pero esta vez terminó haciendo como si tuviera un vestido y apuntando su cabeza como si tuviera una corona —¿Para la princesa?— "Sí" dijo muchas veces con su cabeza.

— ¡Rosas para la princesa!—Grité uniendo las palabras. "Sí" Y volvió a sonreír solo que esta vez su sonrisa fue hacia un lado y terminó haciendo una reverencia. Esa sonrisa logró que mi corazoncito de niña latiera como nunca lo había hecho…

Ese día fue la primera vez que Edward me regalo una sonrisa torcida…


¿Qué tal, les gusto? Espero que sí.

Ya pronto empezarán a llegar los demás personajes a esta historia ¿Les gustaría ver a una Alice pequeña y extra recargada? XD

Y para las que quieren Edward Pov ya no falta tanto :D

Ya saben que cualquier duda o sugerencia... ¡Ustedes con confianza! XD

Sin más que decir... ¿Le regalan un review a mi príncipe? :3