Como muchos de su clan, Kakashi Hatake debía disfrazar muy bien su auténtica profesión, y de alguna forma explicar su sustento de vida; un rostro falso a la sociedad para tener un sitio en el cual dormir tranquilamente sin el temor de ser encontrado o descubierto por enemigos.
Muchos de sus antiguos compañeros esconden su entrenamiento ninja tras oficios como profesores, entrenadores en deporte, bibliotecarios; algunos poseen sus propios negocios como restaurantes de comida rápida, tiendas de productos diversos. Él, por su parte, buscó algo que le permitiera pasar sus días de descanso en completa calma y sin tener que laborar demasiado. Su actividad no era otra más que la de casero del edificio de apartamentos, cuyos cuartos rentaba exclusivamente a estudiantes de preparatoria o universitarios.
Se aseguraba de mantener el control sobre su establecimiento. Había reglas, y si la persona que buscaba un espacio no le convencía, no lo admitía sin importar que pudiera pagarle seis meses de adelanto; después de todo esto no se trataba de dinero, tenía el suficiente ahorrado como para retirarse en el momento que desee.
Siempre ha sido cuidadoso en no comprometer a su clan, por lo que ha creado una reputación en la que sus huéspedes saben que sufre de esos extraños padecimientos por el que le temía a los espacios abiertos y eso lo confinaba mucho a su cuarto; y de vez en cuando se ahorraba la necesidad de salir a comprar sus víveres, gracias a la cordialidad de la mayoría de sus jóvenes inquilinos que se ofrecían a hacerlo por él.
Para salir de los apartamentos sin ser visto y comprometer la seguridad de los huéspedes, poseía su propio pasadizo secreto que lo conducía hacia una bodega tres casas atrás (clausurada desde hace años) que también secretamente le pertenece, y desde allí se dirige a cualquier rincón de la ciudad a cumplir con sus misiones.
Pero habían pasado muchas semanas desde su último trabajo, y Kakashi encontró muchas utilidades en los PERSOCOMS que lo mantenían muy entretenido con Chii (así había decidido llamarla por obvias razones)
Después de algunos días, la había podido escuchar hablar más fluidamente, cuando le daba instrucciones precisas. Pero continuaba comunicándose con monosílabos o enunciados cortos. Le tomó poco aprender a decir 'Kakashi'.
Debía ser paciente con ella, eso lo sabía. Era una maquina demasiado humana, incluso para aprender cosas que, en teoría, debía saber.
Era como tratar con una niña inocente, que se maravillaba ante cada cosa nueva que veía, sobretodo de la televisión a la que permanecía pegada casi todo el día; emocionada al contemplar los paisajes coloridos y a los animales.
El ninja pensaba en ella conforme iba subiendo por los escalones, alzando la tabla que ocultaba el pasaje secreto que escondía y sellaba con un jutsu de protección.
No anunció su llegada, contempló la forma en la que Chii veía con tanta atención el programa de cocina que veía en el televisor, sentada en el suelo.
—He vuelto —dijo a fin de cuentas, causando que la PERSOCOM se girara rápidamente y con una gran sonrisa es que pronunció el animoso y entonado— ¡Bienvenido a casa! —que alegraba cada retorno al hogar.
Chii se levantó, y saltando sobre el sillón se dejó ir sobre Kakashi quien la atrapó para evitar accidentes. La pequeña de orejas rosadas se enganchó una vez más al cuello de su dueño, con una imborrable sonrisa y pronunciando 'chii' repetidas veces con claro gusto.
—Tranquila, tranquila, también me da gusto volver a casa Pero ¿cuántas veces te he dicho que eso es peligroso? Podrías lastimarte y en un descuido hacer daño a otros.
—¿Chii ha lastimado a Kakashi? —cuestionó acongojada, apartando sus brazos inmediatamente de su amo y alejándose temerosa por la salud de éste.
—¿Eh? No, no, no has hecho nada malo Chii, sólo te pido que seas mas precavida. Estoy bien, no me has lastimado, acércate.
Pero la PERSOCOM permaneció insegura en la esquina a la que fue a refugiarse.
Kakashi suspiró y se masajeó la frente con los dedos. Tomó asiento en su sillón favorito, y de una bolsa de papel que traía consigo sacó un lindo vestido de color rosado.
Los ojos de Chii se iluminaron al observar la prenda.
—Lo compré para ti —explicó el ninja. Debió emplear un jutsu de imagen para parecer otra persona y entrar sin penurias a las tiendas comerciales para comprarle algo de ropa; después de todo la PERSOCOM no podía permanecer en leotardo y mallas toda la vida.
Había un conejito blanco dibujado en la falda del vestido, y huellas del mismo que descendían desde el tirante izquierdo hasta donde se ubicaba su silueta regordeta.
Con precaución Chii se aproximó sin animarse a tomar la prenda, pero la amable mirada de Kakashi la llevó a sujetarla.
—¿Es para Chii? —preguntó, tímida.
—Sí, es para Chii. Y también lo que hay dentro de la bolsa —le aclaró.
Los pies de Chii resbalaron, y apoyándose sobre sus rodillas miró con curiosidad el interior de la bolsa del que sacó sin penas unas bragas blancas y un sostén— ¿Chii? —fue claro que no tenía idea de lo que esas cosas eran. Sujetó las pantaletas con la punta de los dedos y las estiró varias veces hasta donde el elástico permitía.
—No puede ser —pensó Kakashi con desdén ¿acaso tampoco sabría vestirse ella misma?
Un reconocido pitido llamó la atención del ninja. Él acarició la cabeza de la PERSOCOM antes de acudir a responder— Vístete, en seguida regreso —le pidió, dejando atrás a la desconcertada Chii con su primer encuentro con la lencería.
Kakashi tomó su lugar en el centro de computo, y con claro fastidio es que permitió la conexión, donde su ensombrecido superior sonreía con disgusto— ¿Disfrutando de tus vacaciones extraoficiales Kakashi?
—No puedo quejarme —respondió secamente.
—Sabes que no a cualquiera se le permite declinar misiones de rangos elevados como te lo he permitido Kakashi.
—Y estoy agradecido —no mentía. Cierto es que evadió varios trabajos para pasar más tiempo en casa.
—Pero temo que en esta ocasión no podrás escapar a tus obligaciones, es una gran S la que hay en el siguiente contrato mi estimado amigo.
El ojo de Kakashi se mostró desconfiado y expectante.
—Es una petición del propio gobierno Japonés donde tú resides. Me pareció apropiado al ser el ninja con más experiencia con el que contamos allá. Se te facilitará el moverte y actuar. No hay mejor candidato.
—Parece algo delicado, el gobierno no ve con buenos ojos nuestras actividades ¿por qué fiarse de asesinos ahora? ¿Algún trabajo kamikaze?
—Porque este hombre para el que trabajarás es diferente. Créeme, yo también tuve mis dudas, pero me bastó con una sola charla con él para saber que nuestro deber es ayudarlo en su empresa.
– ¿Y cuál es esa?
– Sector Heaven…
Capitulo 4. El despertar del dragón
Kagome abrió los ojos muy temprano ese Sábado, libre de estudios y tareas. Se aseó y vistió con un vestido amarillo antes de bajar a desayunar.
Su madre preparó huevos y verduras cocidas, también el almuerzo que se llevaría.
—Todavía recuerdo cuando tu madre tenía mas o menos tu edad Kagome, estuvo así de comprometerse con Kyouga Monou —aclaró el abuelo, enfatizando con una cortísima distancia entre sus dedo pulgar e índice—. Recuerdo bien que su padre, el viejo Ichigo, la aprobó para ser la esposa de su único hijo, pero Kyouga se rehusó tras empecinarse con una mujer a la que apenas conocía— sin importar cuantos años hubieran pasado ya, el anciano seguía sintiendo esa ofensa como si se lo hubieran hecho a su propia hija.
—Abuelo, por favor, no puedo creer que continúes con eso —alegó la atenta madre de Higurashi.
—¿De verdad mamá? ¿Saliste con el padre de Fuuma cuando eras joven? —inquirió Kagome, sorprendida.
Su madre se ruborizó un poco, arreglándose el cabello con manos nerviosas— Eso fue hace mucho tiempo hija, fue por él que conocí a tu padre —tomó lugar en la mesa frente a una humeante taza de té—. Kyouga y yo estudiábamos en la misma escuela durante la preparatoria, él era mayor que yo por un par de años, pero eso no importó en nuestra relación… Podría decirse que salimos y sí fuimos novios —suspiró ante los recuerdos de su juventud—. Para entonces él y tu padre eran grandes amigos, algo natural al ser ambos herederos de templos tradicionalistas, y después… —titubeó un poco—, ya lo dijo tu abuelo ¿no es así? Kyouga conoció a la que fue su esposa, Saya. Era una buena mujer, por lo que estuve feliz por Kyouga, y luego… Bueno, tu padre estuvo ahí y… las cosas ocurren por una razón —buscó sujetarle la mano a su hija—. Pero quiero que entiendas que eso no quita que haya amado a tu padre como lo hice, estuvo cuando más lo necesité y compartí con él mis memorias más felices. Me hizo muy feliz y lo amé con todo mi corazón.
—Descuida mamá —respondió comprensiva—. Yo entiendo, y no pienso lo contrario. Gracias por tu honestidad.
El abuelo continuó batiendo con fuerza su té, refunfuñando cosas que las mujeres ignoraron.
—Me voy entonces —Kagome tomó su gran bolso donde llevaba lo necesario para su estadía en el hospital.
—Ah, antes de que te vayas hija —su madre se apresuró en ir en busca de un ramo de flores azules—. Toma, avivará un poco esa fría habitación. Le hará bien.
Una vez acompañó a Kagome a ese lugar (tenía que estar segura de que su hija se encontraba a salvo) Sólo así es que le permitió seguir acudiendo.
—Gracias mamá, no te preocupes, volveré al atardecer —se despidió, iniciando su camino.
Han pasado alrededor de dos semanas desde que comenzó con esas visitas rutinarias a la clínica. Una necesidad extraña había nacido en Kagome desde que se reencontró con el impedido Fuuma; lo acreditaba a la gran pena de saberlo solo en el hospital sin ninguna voz amigable acompañándole. Además, desde que comenzó a hacerlo, los sueños extraños habían cesado ¿podría eso significar algo más?
En el Hospital Heaven, Kagome ya había entendido que la recepcionista era una de esas PERSOCOMS que anunciaban en la televisión y aparecían en las revistas, la más nueva moda por Tokio. Sus amigas culparon su poco conocimiento a la poca atención que ponía hacia los medios de comunicación.
Hasta Sota y el abuelo sabían de esos artefactos, y juntos se aferran a la idea de que un día tendrán su propio PERSOCOM que los ayudará con las tareas del templo. Pero había que ser realistas, los precios tan altos le impiden a muchos poder hacerse de una pieza avanzada como esa.
—¡Buenos días Amaya! — Higurashi saludó propiamente a la PERSOCOM que ya tenía un gafete con su nombre.
—Buenos días Kagome —saludó como ella le había pedido que lo hiciera, permaneciendo en su eterno lugar tras el escritorio—. Disculpa Kagome pero, no es un buen momento para que subas —le indicó la PERSOCOM al saber su intención por ir hacia el elevador.
—¿Eh? ¿Y por qué no? —se intrigó, preocupada.
Seis médicos se arremolinaban alrededor de esa cama. Cambiando el suero, inyectando medicamentos, aplicando el oxigeno, calibrando monitores, insertando más isótopos y vías de catéter.
Kurama observaba imperturbable todo desde el umbral de la entrada, acompañado por Kisaragi quien permanecía afligida con ambas manos unidas contra su pecho. Unos presurosos pasos la llevaron a voltear, viendo como Kagome venía hacia ellos a toda velocidad— ¡Kisaragi, señor Kurama ¿qué es lo que pasa?!– preguntó angustiada, intentando entrar. Mas Kisaragi la sostuvo por los hombros, esperando tranquilizarla primero.
—Espera Kagome, aguarda, no puedes entrar todavía —le permitió tan siquiera ver hacia el interior de la habitación, donde todos esos hombres y mujeres en uniforme blanco atendían la descompensación del paciente—. Están estabilizándolo ahora, tenemos que dejarlos trabajar.
Kagome asintió, serenando sus emociones— ¿Pero qué es lo que ocurrió?
—El tiempo se está agotando. La tensión que su mente ha acumulado estos meses está haciendo colapsar su cuerpo. Es como un navío que, sin su capitán, terminará chocando contra un arrecife y se hundirá... O tal vez es el capitán el que ha decidido abandonar el barco —musitó con frialdad.
—¿Acaso está diciendo que él va a…? —Kagome se atragantó, temerosa de la respuesta.
—Morirá si no ocurre un cambio, y pronto — Kurama aclaró, tajante. Conmocionando todavía más a Kagome y a Kisaragi.
Del mediodía hasta el anocher, Kagome permaneció en la habitación; en la misma silla junto a la cama donde solía leerle algún libro interesante o notas informativas de los acontecimientos del día; donde le ponía música en un pequeño reproductor que traía de vez en cuando.
Apenas y había probado su chocolate caliente, pues sus ojos estaban sobre cada respiración forzada y cortante del paciente como si fuera la ultima. La mascarilla de oxigeno se mantenía en el rostro pálido, empañándose con el agitado aliento; los ojos de Fuuma parecían temblar bajo el peso de sus parpados mientras el copioso sudor resbalaba por su frente.
Con un paño húmedo es que Kagome secaba con cuidado el rostro de Fuuma mientras él se debatía entre la vida y la muerte. Ella decidió quedarse allí, jamás se perdonaría que él pudiera morir sin que nadie estuviera acompañándole, alguien lejos de doctores y enfermeras, una persona que realmente pudiera derramar lágrimas sinceras por su partida.
Esa noche salió de ahí únicamente al baño. Apagando las fuertes luces antes de salir, dejando que la lámpara junto al florero fuera lo que diera luz a la estancia.
Con el saco que le había prestado Kisaragi para sobreponerse al frío, Kagome salió al pasillo y fue allá. Usó el retrete, después lavó sus manos y finalmente remojó su cara con el agua fría con la que palpó su estresada nuca.
Volvió sobre sus pasos con semblante cansado, abrió la puerta de la habitación y sintió como se le paró el corazón ante las sombras que en el interior encontró.
La impresión del momento no le permitió gritar o pedir ayuda en el instante crucial, pues allí había tres siluetas oscuras que habían desconectado a Fuuma de todos los artefactos médicos a los que se encontraba unido. Lo cargaban con toda la intención de llevárselo de ahí.
La ventana abierta dejó entrar no sólo al viento fresco de la noche, sino a esos individuos uniformados de pies a cabeza con trajes entallados de color negro, y un casco ovalado con lentillas igual de oscuras que reflejaban todo lo que había a su alrededor. Cada uno de ellos llevaba un número diferente grabado en sus atuendos: 1, 2 y 3.
—¡¿A dónde creen que lo llevan?! ¡Bájenlo en este instante! ¡Ayuda! —gritó hacia el pasillo, viendo horrorizada como dos de ellos saltaban llevándose a Monou, y el tercero se preocupó por ir a su encuentro y sujetarla.
**
Privado de su saco, el director Kurama permanecía en su oficina. Él no tenía una mujer por la cual debiera luchar por volver a casa temprano, ni una hija a la cual tuviera arropar antes de dormir. Era un hombre entregado en cuerpo y alma a sus deberes para el gobierno japonés, por lo que podía permanecer en las instalaciones todo el tiempo que necesitara.
Pero no siempre fue así, él tuvo una esposa y casi tuvo una hija… Al perder a ambas, decidió abandonar su antiguo trabajo, aquel que fue el causante de su pérdida en primer lugar. En ese entonces decidió sumirse en la soledad y esperar a que el alcohol y la depresión acabaran con su vida, sin embargo, antes de hundirse en el veneno del vicio, ella lo llamó.
Lo recordaba perfectamente, estuvo en un bar un martes por la noche; iba por su segunda ronda de sake cuando unos sujetos de negro llegaron a buscarlo, los acompañó no porque le mostraran sus identificaciones como agentes del gobierno, sino cuando vio el calibre de las armas enfundadas en sus cinturones.
Lo llevaron entonces al edificio Diet. Al subir al ascensor, este descendió en vez de subir; llegando a un sótano bastante peculiar donde dos mujeres, hermanas tal vez, los recibieron, y a él lo encaminaron hacia su señora.
Estuvo ahí también un muchacho que no dejó de dedicarle una mirada recelosa durante toda su entrevista, como si le advirtiera que no debía hacer algo indebido porque lo lamentaría.
Kurama siempre ha sido de pocas palabras, por lo que no exigió ninguna respuesta antes de tiempo, fue paciente y aguardó a que llegaran por sí mismas. Lo llevaron a una estancia bellamente arreglada, el suelo de tatami oscuro, cortinas largas y transparentes que escondían el rostro de una noble.
—Bienvenido Kurama, es un placer finalmente conocerlo —escuchó de ella la primera vez.
Su nombre era Hinoto, el oráculo del que políticos y gobernantes del Japón se fiaban para la toma de decisiones importantes del país. Se asombró de su aparente juventud y de la belleza de su rostro. Vestida con las más exquisitas telas para su kimono parecía toda una Emperatriz. Lo más desconcertante fue su incapacidad para ver, escuchar, hablar y caminar, pero ese era el precio que pagó para ser una vidente de los sueños.
Ella se hacía entender gracias a poderes fuera de su comprensión, los cuales empleó para mostrarle que él iba a ayudarle a partir de ese momento.
Todavía recordaba la desconfianza que sintió cuando la princesa Hinoto le pidiera que tomara su mano, y así compartiera con él las imágenes de los oscuros futuros que le esperaban al mundo dentro de poco, cuando Kamui volviera a Tokio.
Ninguno de los dos parecía muy alentador, pues si el dragón de la tierra vencía, la humanidad sería erradicada del mundo y así recuperaría su salud, volviendo a ser bello y estable; y en cambio si el dragón del cielo triunfaba, el mundo colapsaría por si mismo dentro de algunos años y la humanidad perecería por los cambios climatológicos… Por donde quiera que lo mirase, el hombre perdía.
Mas Hinoto le dio esperanzas, y es por eso que él estaba ahí. Lo predijo. Para el futuro que deseaban, él tenía que tomar un papel importante. Hinoto se había visto morir repetidas veces en sus sueños, por lo que dependería de Kurama ayudar al Kamui que venciera en la batalla del día de juicio.
Con sus influencias, Hinoto lo volvió un funcionario del gobierno Japonés todavía mucho más importante. Lo ayudó a prepararse para el día después del fin del mundo…
Han pasado cinco años desde entonces, y todo podría terminar sin siquiera haber comenzado.
—¿Qué pasará si el chico muere? —preguntó desde las sombras su colaborador de confianza, Kakashi Hatake, quien durante todo un año ha montado guardia en las instalaciones; asegurando el bienestar de las personas que laboraran en esa clínica, pero sobre todo la de Kamui.
Kurama le dedicó una mirada y sólo así respondió— No lo sé… —realmente no conocía una respuesta. La princesa le había asegurado que si el Kamui de los dragones del cielo vencía, viviría para llegar a cabo su misión.
Aunque no lo demostrara demasiado, se encontraba preocupado por la incertidumbre de los eventos, pero no podía hacer nada más que esperar.
Dio un discreto vistazo hacia la repisa en la que se encontraban los portarretratos de los que solía sacar inspiración, observando aquel donde una jovencita de cabello corto se encontraba compitiendo en una carrera de cien metros; había determinación en su pose y en su mirada; puntos plateados suspendidos a su alrededor por el sudor que desprendió su cuerpo al correr y que la cámara capturó— Tal vez debería llamarla… —pensó cuidadosamente.
Entonces, Kakashi fue el primero en percibirlo. Mucho antes que a Kurama se le informara por el comunicador, él ya había subido hacia el último piso, descubriendo que tanto Fuuma Monou como Kagome Higurashi habían desaparecido.
Escuchó los gritos de la estudiante proveniente de afuera, por lo que de inmediato se acercó a la ventana, alcanzando a divisar varias siluetas que se alejaban entre los edificios. Colocó un comunicador en su oreja antes de seguirlos— Intrusos se han llevado a Kamui, van rumbo hacia el Noreste, voy detrás de ellos —informó con calma el ninja, cuando sus pies se pegaran a los muros de los edificios y corriera por ellos a gran velocidad.
El secuestrador la mantenía fuertemente sujeta encima de su hombro, transportándola como si fuera una especie de barril. Kagome gritaba y pataleaba con fuerza, golpeando con sus puños frenéticamente la espalda de ese hombre que la ignoraba por completo. Higurashi desistió de sus golpeteos al resentir un dolor en sus brazos, como si estuviera golpeando una placa muy dura de metal.
Calló estrepitosamente al encontrarse de cabeza a una altura tan alta, pudiendo ver el tráfico de las calles como si fueran pequeñas líneas de hormigas. El vértigo la mareó lo suficiente para aferrarse con fuerza a las ropas del sujeto.
¿Qué clase de personas serían estas? Era la primera vez que veía a alguien capaz de hacer lo que ellos.
—¡¿A dónde nos llevan?! ¡¡Suéltennos!! —se retorció una vez más, intentando separar el férreo brazo del sujeto.
Entre el salto de un edificio a otro, Kagome percibió una presencia que a toda prisa estaba por alcanzarlos. Gritó asustada cuando su captor se precipitó hacia abajo en caída libre, pues un hombre emergido de la nada le propinó una patada en el punto medio de la cintura lanzándolo contra el edificio más próximo.
Con un movimiento, Kakashi había liberado a Kagome antes de que compartiera el mismo destino de su captor; y con una maniobra más propia de un baile, se la echó a la espalda en donde ella se agarró de sus hombros, mientras él le sujetaba las piernas.
Higurashi se sorprendió ante el cabello grisáceo que veía, sujetándose con fuerza para evitar caer como lo hizo el otro hombre que terminó como un punto oscuro dirigiéndose a las luces de la calle.
—Cayó uno por la avenida Norte —indicó el ninja a quienes lo escuchaban del otro lado de la señal—. Tengo a la chica, prosigo a la captura de los demás.
—¡¿Quién eres tú? —exclamó Kagome todavía consternada, pero al ver el auricular en la oreja de Kakashi que tenia impreso las palabras S. HEAVEN, logró tranquilizarse un poco.
—No hay tiempo para introducciones, ni siquiera para dejarte en un sitio seguro.
Kagome agregó impetuosa— ¡No digas tonterías, no me quedaría atrás de todas formas, tengo que ayudar a Fuuma!
—Ese es el espíritu —musitó Kakashi—. Sujétate entonces, que los alcanzaremos en el siguiente rascacielos —aseguró.
Kagome asintió. Qué gran fuerza percibía en ese hombre de cabello plateado, su energía circulaba armónica en todo su ser; debía de tratarse de alguna clase de maestro en artes marciales que dominaba el control de su energía interna, sabiéndola emplear para realizar actos sobrehumanos como el de ahora.
Adelante, dos de los secuestradores avanzaban sin mirar atrás, indiferentes a la caída del tercero de los suyos. El que lideraba el frente con el número 1 iba solo, el 2 le seguía de cerca, cargando en sus brazos al inconciente Monou.
De imprevisto, cuando el líder apenas y abandonó el techo del edificio, una columna de agua ascendió con la forma de un dragón y lo engulló. Su compañero frenó ante la pared de agua que se interpuso en el camino.
Abajo del rascacielos se veía una gran fuente circular por la que probablemente emergió el poderoso dragón.
Él 2 retrocedió al ver como un hombre trepó al edificio, encarándolo junto a la misma mujer que tomaron del hospital. Kagome corrió hacia un lado, alejándose como le había pedido Kakashi; buscando refugio detrás una pared.
—No avanzarás más. Suelta al muchacho o lamentarás las consecuencias —el ninja advirtió.
Unas gotas de agua cayeron sobre Kakashi, notando como es que el sujeto con el número 1 volvía después de recibir la técnica Suiton Suiryūdan no jutsu (Técnica del misil-dragón de agua). El hombre giró en el aire de forma acrobática y cayó pesadamente dentro del helipuerto; hundiendo y cuarteando el pedazo de concreto sobre el que permaneció de rodillas unos segundos, buscando estabilizarse después de recibir directamente ese poder.
Sí que es resistente, pensó Kakashi al saber que un humano promedio no resistiría la embestida del dragón de agua. Decidió ser precavido.
Una luz roja parpadeó a la altura de los ojos de los cascos de esos hombres y, al instante, el que se encontraba empapado desapareció de la vista del ninja para aparecer justo detrás de él.
Kakashi cubrió el golpe, comprobando que su oponente a vencer no sólo era veloz sino muy fuerte. El ninja eludió una patada al saltar hacia atrás, alistando un kunai que lanzó hacia el número dos que intentó huir con Monou.
La navaja atravesó el pie derecho del sujeto cortando su talón, algo visiblemente doloroso y que impediría a cualquiera el volver a apoyarse, mas el sujeto no pareció inmutarse demasiado por el objeto extraño que lo anclaba al concreto.
De las manos del numero 1 se activaron líneas eléctricas que permanecieron en sus palmas y dedos, arrojándose como fiera sobre Kakashi quien frustró sus intentos por tocarle golpeándolo en los brazos, evitando ser alcanzado por las chispas destellantes.
El ninja de Konoha retuvo los codos de su oponente, pudiendo descargar una potente patada bajo el mentón de su rival, resintiendo en su pie la fortaleza de ese cuello que apenas y se dobló hacia atrás, para volver al frente como si se tratara de un resorte y su cabeza golpeara la de Kakashi.
Atarantado por el impacto, el ninja retrocedió en varios giros que eludieron los puños eléctricos del sujeto. Kakashi se dejó caer al suelo de barriga, impulsándose con los brazos para que sus dos piernas patearan el pecho de su oponente, logrando derribarlo, permaneciendo encima de él. Con dos kunais le clavó las muñecas al suelo, inmovilizándolo.
Tal cual lo imaginó Kakashi, no había sangre brotando de las heridas. Y la carencia de un chakra lo confirmaba: trataba con androides.
El numero 2 permaneció observando el enfrentamiento, una vez que removiera la navaja de su pie con un simple pataleo.
Inesperadamente, un hacha le golpeó sobre la clavícula izquierda. El sonido de dos metales chocando entre ellos y repeliéndose dejó perpleja a Kagome quien sujetaba la pesada arma.
Cuando Higurashi descubrió un extintor y un equipo contra incendios, no dudó en romper el cristal y tomar el hacha en un intento por ayudar a los demás. Nunca imaginó que el filo no le haría ningún daño a ese individuo ¿cómo podía ser?
Descubierta por la siniestra figura, Kagome lo intentó de nuevo, lanzando un golpe horizontal que fue atrapado por la mano del numero 2. Fue imposible para la chica recuperar el control de su única defensa. El sujeto la empujó hacia atrás con fuerza, quedándose con el arma.
Higurashi cayó pesadamente y rodó varios metros hasta chocar contra la barra de contención que evitó que cayera al vacío. Seriamente aturdida, intentó ponerse de pie.
El numero 2 permaneció contemplando en su dirección, y con su presa aún en brazos, lanzó un tremendo pisotón que hizo temblar todo el helipuerto. Debajo de su pie se formaron líneas que trazaron velozmente un camino de fisuras que volvió a tirar a la chica al suelo, momentos antes de que la plataforma comenzara a desmoronarse.
La precipitada inclinación tomó desprevenida a Kagome quien a gatas intentó llegar a un lugar seguro, y en un último impulso saltó cuando gran parte del suelo donde se encontraba se viniera abajo, alcanzando a sujetarse de una barra de metal que salía de entre la construcción derruida.
Ante los gritos de auxilio de Higurashi y el fuerte temblor, Kakashi miró hacia donde la chica peligraba. Se olvidó de su oponente y corrió hacia allá, pero la parálisis eléctrica que le sacudió la espalda y subió hasta su columna dejó inservibles las conexiones de sus extremidades, cayendo irremediablemente al piso.
Un dañado numero 3 reapareció. Con el casco cuarteado y un hombro echando chispas y cortos, se encontraba ahora con su mano electrificada sobre la espalda del indefenso ninja.
Kakashi sentía ligero dolor, mas no podía moverse. Con esa simplicidad lo habían detenido.
Él notó cómo el numero 1 se libró de los kunais en sus muñecas, sujetando uno de esos afilados utensilios con los que bien podría hacer una disección en tan impertinente obstáculo.
El numero 2 se acercó a la orilla de la que colgaba aterrada Higurashi. Pareció haber cambiado inesperadamente de opinión con respecto al destino de la entrometida mujer, por lo que sin más se alejó para volver con sus iguales, dejándola completamente a su suerte. No se podría decir lo mismo para el ninja quien despertó un tremendo interés en esos tres individuos.
Kagome gritó todavía más fuerte conforme sus manos cedían y sangraban por su esfuerzo. Ventarrones fríos mecían con violencia su cuerpo colgante. Lágrimas de frustración estallaron en sus ojos, pues continuaba siendo una niña de dieciséis años que no quería morir de esa manera ni de ninguna otra todavía.
Esos gritos de terror…
Esos llamados de ayuda…
La congoja, la suplica….
Todo eso logró penetrar en la profunda oscuridad en la que se había sumergido su mente, inyectando imágenes intensas y crueles repletas de rostros sufriendo y afligidos. Memorias que intentaba dejar en el olvido, ese pasado sangriento y lleno de pérdidas, los gritos de su hermana y su expresión horrorizada al ver morir a su madre Saya y a su padre Kyouga.
Kotori… La vio nuevamente atada a esa cruz… Kotori… y la reluciente espada que se alzó majestuosa en manos de un verdugo sin rostro… ¡Kotori!… Él siendo retenido por un hombre con el rostro cubierto… ¡Kotori!... clama mas fuerte, forcejeando por liberarse de las sombras que lo aprisionan para llegar hasta ella… ¡¡¡Kotori!!!
Aún con la mejilla contra el suelo, Kakashi, junto al numero 1 y 3, contempló azorado lo ocurrido al numero 2, cuando su cabeza hubiera salido volando por los aires después de un simple corte. El casco ovalado cayó a los pies de los dos androides y frente al rostro del ninja.
Una brisa diferente comenzó a soplar alrededor del helipuerto.
Palpable fue para los sentidos de Kakashi el resurgimiento de una fuerza que escapaba de su comprensión, aquella que golpeaba contra su piel y provocaba un cosquilleo aterrador. Era la primera vez en toda su vida que percibía un chakra de tal magnitud; cierto es había enfrentado a muchos guerreros y conocido a otros tantos, pero esto escapaba de lo ordinario, de lo humano.
Su ojo izquierdo se mantuvo lo más abierto que su párpado le permitía, pues sólo así podía maravillarse del brillante chakra que se ocultaba bajo la piel de ese joven, y la forma en la que comenzaba a girar a su alrededor, formando una estela serpentina que subió hacia las nubes, donde rugió como un dragón al reventar su ira contra el cielo.
En esa noche despejada, se trazaron sobre Japón un centenar de rayos blancos que surcaron la bóveda celeste, logrando que las estrellas brillaran con mayor intensidad.
En Kyoto, el actual Sakurasukamori encendió un cigarrillo mientras contemplaba las saetas en el cielo. Fumó placidamente y despreocupado a diferencia de muchos, pues él sabía a quien le pertenecía todo ese poder— Así que estás con vida, Kamui —susurró entre el humo de su cigarro—. Pero… me pregunto para qué.
En el templo Koya en Osaka, el visionario y líder Hoshimi permanecía en meditación mientras el resto de los monjes señalaban la ocasión como un presagio de infortunio— Kamui… Nuestro salvador, has regresado —meditó el sabio— Sin embargo, me pregunto si nos creerás merecedores de tus sacrificios ahora que nos verás con nuevos ojos…
En una pequeña casa dentro del distrito de Ginza, una jovencita observa con indiferencia el espectáculo de luces; permanece en su cama sobre la que una serie de naipes se encontraban al descubierto. Sostuvo con su mano una carta en particular, la cual antepuso a le ventana, bloqueando el panorama del exterior— El emperador vuelve… ¿Para gobernar con benevolencia… o para castigar con justicia?… —murmuró, intrigada por lo que no todavía no visualizaba para el futuro.
A más de cincuenta metros bajo tierra, en una cámara de seguridad donde las tinieblas reinan, aguarda un monstruo en el que se despertó una ansiedad que hizo vibrar los barrotes que lo mantenían cautivo; atemorizando a quienes monitoreaban su prisión.
Todo ser viviente capaz de sentir el flujo de energías percibieron la aparición de ese poder. Atravesando océanos y continentes, el vuelo del dragón llegó hasta el último rincón de la Tierra.
Fue únicamente un instante en que toma un pestañeo para que todas esas fuerzas volvieran a callar tras haber cumplido un propósito: anunciar su retorno.
Apoyándose sobre sus propios pies, un ensombrecido Fuuma Monou acababa de recobrar algo de conciencia. Motivado por las emociones que hicieron palpitar rabioso su corazón, su primer acto no fue otro mas que el ejecutar a quien osaba el tenerlo como prisionero. Ignoró por completo que ese cuerpo cibernético cayera a su lado; hubiera sucedido exactamente lo mismo si se tratara de un ser humano.
Su vista, distorsionada por la falta de uso por tantos meses, permitía que las ilusiones de su mente se encarnaran en alucinaciones a su alrededor.
Cuando una de esas ensombrecidas criaturas se le vinieran encima, Fuuma únicamente le atravesó el estomago con su brazo, destrozando el metal como si se tratara de un simple cartón. Alzó el brazo de un rápido movimiento, trazando la simetría de ese cuerpo mecánico desde el vientre hasta la cabeza que se abrió como una si de una fruta se tratara, arrojando sólo circuitos y cableado.
La tercera y última sombra se arrojó a su destrucción segura, mas en esta ocasión, Fuuma levantó el brazo con la mano extendida, liberando una onda invisible que frenó el intento de su atacante; simulando una ola embravecida que atrapó en su interior a un indefenso pez, comenzando a reducirlo a nada. La fortaleza del acero no fue suficiente para evitar que el androide terminara consumido por el poder de Kamui, sacudiendo al edificio entero; consumiendo los pedazos de las otras maquinas de igual forma.
De los androides no quedó ni el rastro.
Kagome resistió todo lo que pudo, aun sobreponiéndose a la impresión que le ocasionó el despertar de Kamui. Pero, ese último estremecimiento en el complejo la hizo caer finalmente, cuando la barra de metal fuera expulsada de los cimientos; sus gritos se perdieron en el viento que no alcanzaba a sostenerla.
La voz de esa mujer hizo a Fuuma mirar en la dirección en la que había desaparecido. Sus sentidos, todavía afectados por su largo letargo, le cedieron a la chica el angelical rostro de su amada hermana Kotori. Siendo así por el que se lanzara inmediatamente a su rescate, como un ángel que había olvidado que no tenía alas para volar.
Higurashi quedó perpleja cuando vio a Fuuma venir a su encuentro, la forma en la que estiró sus manos para sujetarla y abrazarla contra su pecho. Ella únicamente cerró los ojos, preparando su mente para el peor de los escenarios, aforrándose a quien intentaba salvarla.
Con el viento golpeándole la cara y el destino final tan cerca, Monou resintió su verdadera condición física. Antes de que fuera tarde, apuntó su mano derecha en dirección a donde se encontraba la fuente circular y así, como muchas veces fue capaz de manipular metales y el aire, logró que el viento se acumulara debajo de ellos, aminorando la velocidad con la que descendían.
Cayeron dentro de la fuente que apenas y cubriría las rodillas a un hombre adulto. Kagome fue la primera en chapotear y aspirar con todas sus fuerzas, procurando que el rostro de Fuuma permaneciera fuera del agua; él lucía exhausto y adolorido, pero conciente.
Monou observó a la chica con detenimiento y después, Higurashi fue capaz de ver la desilusión de esa mirada, algo que la desconcertó.
Fuuma no fue capaz de articular palabra, se dejó caer rendido en ese regazo que no lo rechazó, al contrario, le cuidó hasta que la gente del director Kurama llegara y los trasladara de nuevo a las instalaciones.
FIN DEL CAPITULO 4
