Disclamer: Todos los personajes reconocidos pertenecen a J. y Warner BROS.

-- Capítulo 4: Halloween --

A las 19:30, los Merodeadores subieron para cambiarse. A las 22:00 las puertas del Gran Comedor se abrieron, los menores de 14 años salieron del salón y tras 20 minutos de espera, se volvieron a abrir las puertas dejando entrar a los alumnos de 5º, 6º y 7º. El lugar estaba irreconocible, increíble. Los premios anuales habían hecho un trabajo excelente. El Gran Comedor estaba lleno de velas que volaban sin rumbo por la sala, había calabazas también levitando y todo brillaba a la tenue luz de las velas con un toque dorado y lúgubre, que habían conseguido gracias al tul negro. La gente empezó a sentarse en su sitio, no sabían a quién tenían al lado y estaba prohibido quitarse la máscara hasta la medianoche. Las mesas habían desaparecido, dejando solo pequeñas mesitas redondas en las que cabían 6 comensales, los sitios estaban preasignados a suertes, a cada alumno le había llegado una carta a su habitación con el número de mesa correspondiente.

Nuestras chicas habían decidido vestirse igual, el traje en sí era de musa griega, pero cada chica lo llevaba a su manera: Dana había optado por toga corta y de asas, y el pelo lo llevaba recogido en un moño alto con una cinta dorada. Lily prefería la toga larga, la suya llevaba la espalda al aire e iba agarrada al cuello y el pelo lo llevaba semirrecogido con otro lazo dorado y con el resto del pelo lacio. Megan siguió la opción corta de Dana solo que su toga llevaba una sola asa y su pelo iba recogido en una coleta de lado baja, atado con un lazo dorado. Y Katrina llevaba una toga larga con asas normales y se había dejado el pelo suelto con sus bucles cayéndole por la espalda y los hombros; la melena le llegaba por la cintura, había dejado que le pusieran una pequeña pinza dorada que le retiraba un poco el pelo por el lado derecho del rostro. Todas habían complementado el traje con los mismos adornos: brazaletes de oro, sandalias de cuero y máscaras doradas que cubrían hasta debajo de la nariz.

-¿De verdad tengo que bajar así? Me siento rara – Katrina llevaba toda la tarde con la misma cantinela.

-Kat, ya está bien, no eres una niña pequeña – le dijo Lily un poco cansada.

-Kat, cariño – Megan se acercó a ella, que estaba sentada a los pies de su cama – ven un momento – y la llevó al espejo que tenían en la pared – ¿qué ves?

-A mí – contestó ella muy seca.

-¿Y cómo te ves?

-Rara – otra contestación seca.

-Pues yo veo a una chica guapísima que por fin se ha dado cuenta de que tiene cuerpo y que seguro que si a alguien se le ocurre molestarla, le dará una buena patada en el culo – le dijo Dana guiñándole un ojo por el reflejo del espejo. Katrina sonrió y se sintió mejor de repente.

Dos mosqueteros estaban bajando por las escaleras del recibidor del castillo, bien arreglados, con sus jubones azules y los estoques en el cinturón. La capa con el signo de la cruz de los mosqueteros franceses y el sombrero del que pendía una pluma roja les sentaban de maravilla. Llevaban antifaces de color negro.

-¿Qué mesa te ha tocado? – le preguntó Sirius a James.

-La 7 – respondió el aludido mientras de colocaba bien las gafas – ¿y a ti?

-La 32 – respondió resignado – ¿ya sabes de que irá vestida Evans?

-No, pero me enteraré enseguida porque hemos quedado en cuanto empiece el baile frente la mesa de bebidas, ella tiene una frase, yo tengo que completarla – James sonreía como un tonto.

Entraron y se quedaron boquiabiertos, aquello era un mar de disfraces, menos mal que sólo estaban 5º, 6º y 7º…

La cena fue perfecta, la música tranquila al principio, se tornó más movida cuando por fin comenzó el baile. Megan estaba encantada, a todo el mundo le había encantado la comida, incluso había oído que todo el mundo quiso repetir la tarta de calabaza. Estaba deseosa de encontrar a Remus para contárselo, pero entre tanta máscara… bueno, sería divertido.

Lily se levantó de su mesa, donde había conversado con todos y se había reído bastante, para encaminarse al lugar acordado con James. Al llegar allí, vio a dos mosqueteros plantados hablando y enseguida supo quienes eran. Se acercó al de pelo más corto y susurró…

-Dicen que una noche como esta, el conejo salió de su madriguera…

-…pues que no se encuentre al lobo, que va a comer fuera – James se giró para encontrarse a una más que espléndida Lily.

-Bonito disfraz – le dijo ella sonriendo – pero os falta un mosquetero, ¿ya ha subido?

-Acaba de salir de la sala común y se dirige al lugar acordado – dijo James que acababa de consultar el mapa del merodeador – y su traje señorita es simplemente perfecto.

-Voy a buscar a Megan, quedaos aquí hablando y vendré en un minuto – ellos asintieron.

-Meg, ¿qué haces? ¿Me acompañas a por un zumo? – le dijo en cuanto la vio, y prácticamente la arrastró a la mesa.

-Lily, no encuentro a Remus, ¿lo has visto? Es que quería decirle que la tarta ha gustado mucho a la gente.

-No sé dónde está – le dijo la pelirroja, entonces escucharon la voz de Sirius.

-Joder, y eso que le insistimos y mucho.

-Sí y se va a perder este fiestón – dijo James hablando un poco más alto – Pobre Remus – y esa fue la alarma que Megan necesitaba.

-¿Potter? ¿Black? ¿Qué le ocurre a Remus? ¿Le ha pasado algo malo?

-¿Cold? Vaya, nos has descubierto – le dijo James – ¿Remus? no es que le haya pasado nada malo, es sólo que está triste y no ha querido bajar a la fiesta.

-¿Triste? ¿Por qué?

-No lo sabemos, pero por si alguien quisiera ayudarle y hablar con él, suele refugiarse en la Torre de Astronomía, allí se va a pensar y… - James no había terminado la frase y Megan ya se había ido en dirección a la Torre. James y Lily sonrieron, habían dado el pie, el resto corría de la cuenta de los enamorados. De repente Sirius tomó cuenta de un detalle.

-¡Ei, Evans! ¿Habéis venido las tres vestidas igual?

-¿Las tres? Querrás decir las cuatro – lo corrigió Lily.

-¿DiCarlo va así vestida? – le preguntó James – es decir, ¿se le ve algo más que la cara?

-Dejadlo ya, - les dijo Lily un poco mosqueada – bastante nos ha costado que aceptase ponerse algo así como para que le toquen las narices. Así que, Black, te sugiero que te abstengas de decirle ninguna tontería o meterte con ella por eso, sino no se pondrá el uniforme de su talla ni de coña.

-Vale pelirroja, lo he entendido – empezó a caminar hacia la pista – pero eso no va a evitar que quiera verla con mis propios ojos.

Así que Sirius empezó a buscarla. Sería todo un acontecimiento ver a Katrina DiCarlo vestida con algo que no fuese un mínimo de tres tallas más grande de lo que debería. Buscó por un lado y por otro y no había forma de encontrarla. Entonces salió al balcón, miró al jardín y, por fin, la vio.

-¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este? – le susurró Sirius muy cerca del cuello a Katrina, ella sintió un pequeño escalofrío.

-¿Intentas ligar conmigo, Black? – le respondió ella sin ni siquiera girarse.

-Sólo tú tienes esa cualidad, ¿cómo es posible que sepas quién soy si ni siquiera me has mirado?

-He discutido las suficientes veces contigo como para reconocer tu voz hasta debajo del agua – la chica seguía mirando al lago, Sirius se sentó a su lado.

-Tienes razón – admitió él.

-¿Y tú? ¿Cómo es posible que me hayas reconocido?

-A cierta pelirroja se le escapó sin querer que eran cuatro musas griegas, tú eres la única que tiene el pelo negro, y es toda una sorpresa verte así vestida – le dijo fijándose en lo bien que le quedaba el traje – Aunque, no entiendo por qué te escondes – Sirius se puso a mirar hacia el mismo lugar que ella. Entonces fue ella quien lo miró a él.

-No me escondo, me he puesto este vestido y he bajado la fiesta.

-Sigues escondiéndote. Te lo has puesto hoy porque llevas una máscara, y te has venido para aquí porque sabías que serían muy pocos los que bajarían al jardín después de las doce, que están a punto de ser. De ese modo, te irás por el camino que está aquí detrás sin tener que entrar de nuevo al comedor y nadie se habrá dado cuenta de que has estado así vestida – Katrina abrió la boca para decir algo – Demuéstrame que me equivoco.

-Métete en tu vida, Black – Katrina se levantó enfadada, aunque no sabía si era más con el moreno o con ella misma – Además yo no te importo, mi vida es sólo un pasatiempo más para ti – comenzó a andar hacia el camino.

-Ahí te equivocas, Stella – el corazón de Katrina dio un vuelco en su pecho. Él se levantó y entró en el comedor. Ella siguió caminando, con la mirada fija y la máscara todavía puesta, aunque ya habían dado las doce. Llegó a su habitación, se quitó la máscara y se limpió las lágrimas.

En otra parte del castillo, una chica castaña de ojos plata, subía los últimos peldaños de la Torre de Astronomía. Se paró delante de la puerta y sopesó la posibilidad de que Remus quisiera estar solo y ella sólo lo estuviese molestando al ir allí. Finalmente, se decidió y entró. Abrió la puerta con cuidado y miró alrededor, Remus estaba sentado en el borde de una de las ventanas, mirando hacia fuera.

-¿Qué haces aquí? – le preguntó él, se giró hacia ella y se la quedó mirando – Estás muy guapa, ¿no deberías estar en la fiesta?

-Lo mismo te pregunto – le dijo ella – La verdad es que te estuve buscando para decirte que la comida había sido un éxito y que la tarta les había encantado y lo único que supe de ti fue lo que les escuché decir a Potter y a Black.

-Muy bien, ya me lo has dicho, ahora puedes irte y seguir disfrutando de la fiesta – Remus volvió a mirar por la ventana dando por terminada la conversación.

-No – dijo ella muy seca.

-¿Qué?

-Que no me voy a ir sin saber qué te pasa conmigo, llevas todo el día raro y ayer igual. Distante, incluso mezquino a veces. Has llegado hasta a no hablarme. Yo…

-Bueno, lo siento. Intentaré ser menos brusco de ahora en adelante, ¿ya está?

-¿Qué te he hecho? ¿En qué momento te he ofendido? ¿Dónde pasé de ser dulce a ser repudiada por ti? – a Megan le temblaba la voz.

-Megan, no lo entiendes, yo…

-Tú… - Megan lo animó a seguir.

-Yo iba a hacer algo hoy, me había decidido, las señales estaban claras y ya había esperado demasiado y anteayer en Hogsmeade te vi abrazada a aquel tío, a aquel… - Megan rió - ¿Qué te resulta tan gracioso? – Remus se estaba enfadando de verdad.

-El chico de Hogsmeade es mi hermano Mark.

-¿Qué? – Remus pensó que no había escuchado bien - ¿Quién?

-Mi hermano, Mark Cold. La receta del pastel de calabaza con el truco del chocolote, me la trajo él.

-Entonces, tú… tú no estás… con nadie, ¿no? – Remus se comenzó a sentir estúpido.

-Depende – respondió Megan medio sonriendo.

-¿Depende? ¿De qué depende? – Remus ya no sabía si aquello era una broma o qué era.

-Depende de ti – Megan se acercó a Remus y lo abrazó en un impulso de valentía. Remus se quedó de piedra, pero al sentir el contacto con la chica no pudo más que corresponder al abrazo y sonreír. Lo había deseado durante mucho tiempo y por fin había llegado el día. Se separó un poco de Megan y la miró a los ojos. Se acercó muy lentamente con intención de besarla, pero ella lo detuvo.

-¿Qué ocurre? Soy un torpe y voy muy rápido, ¿no? Lo siento es que… – Megan le puso un dedo sobre los labios para callarlo.

-Nunca me han besado – dijo y luego miró al suelo consciente de lo roja que se había puesto.

-¿Lo dices en serio? – preguntó Remus extrañado.

-Ya lo sé, vas a decir que soy una cría y… - esta vez fue Remus quien la hizo callar con un dedo sobre su boca.

-Lo único que iba a decir es que me parece muy raro que nunca te hayan besado, porque eres preciosa y tienes que haber tenido un montón de chicos locos por ti.

-El problema es que yo no estaba loca por ellos, nunca había conocido a un chico que me llenase… hasta ahora – lo miró y sonrió. Remus se puso colorado y también sonrió – Tengo miedo a no hacerlo bien.

-¿Hacerlo bien? ¿Qué crees que es un beso? – él la miró y le acarició la mejilla – No tienes que hacerlo bien, porque no hay una medida de la perfección de un beso. Sólo hay un sentimiento, es la representación de un sentimiento – se acercó a su cara, le besó los labios levemente y se apartó para volver a mirarla a los ojos – ¿Lo has sentido? – Megan asintió.

Remus volvió a acercarse y esta vez fue Megan quien buscó sus labios y se dieron un pequeño beso, un roce divertido. Ambos sonrieron. Remus tomó a Megan de la mano y salieron al exterior de la Torre, conjuraron una manta y se sentaron a mirar las estrellas. De vez en cuando se daban pequeños besitos y reían nerviosos por lo especial del momento. Entonces, Remus se puso de pie, le dio la mano a Megan, para que también se levantase. La abrazó fuerte y miró sus ojos plateados. Miró alternativamente a su boca y a sus ojos, como pidiendo permiso y a la vez expresando el deseo de un beso. Megan sonrió y miró también los labios del chico, la curiosidad la estaba matando. Él se acercó a su oído y le susurró: "sólo déjate llevar". Ella no contestó, vio como se acercaba él mientras cerraba los ojos lentamente y entonces sintió sus labios de nuevo, pero con más seguridad, con más dulzura y sobretodo con todo el deseo que ella también sentía dentro. Se dejó llevar, así como había dicho él y la sensación que la recorrió fue como una corriente eléctrica, un subidón de adrenalina, un sueño hecho realidad.

Justo antes de que diesen las ansiadas doce, se había perdido a propósito entre la multitud. Esperaba un milagro que no ocurriría, pero de ilusiones también se vive, ¿no? Se apartó un poco, pegándose a la pared contraria al jardín, para poder observar aquella masa de disfraces con perspectiva. Entonces, un chico vestido de montaraz se acercó por su izquierda sin que ella se diese cuenta.

-Bonito disfraz y no menos bonita dama – le susurró el extraño.

-¿Y cómo sabe usted eso, caballero?

-Lo supongo, alguien con ese porte y figura sólo puede ser una bella señorita – le dijo el galante montaraz acercándose más a ella y besando su mano muy cortés.

-Y después de tanto formalismo, ¿me vas a decir qué haces aquí? – ella lo miró desde el hueco de su máscara al de él – se supone que no puedes estar conmigo – agradeció llevar máscara para tapar su tristeza.

-No saben quién soy, no pueden prohibirle algo a alguien de quien desconocen su identidad – la tomó de la mano – ¿Me acompañarás esta noche? – ella no respondió, solo lo miró directamente y sonrió. Entonces salieron del comedor sin que nadie se diese cuenta de ello y caminaron por pasillos interminables, dando cuenta de sus pasos por si los seguían, por si alguien los descubría. Se pararon delante de un cuadro que tenía un gnomo de jardín mordiendo un rábano azul, el chico pellizcó al gnomo y se abrió el cuadro, dejando ver una habitación amplia con tapices y muebles de maderas claras, y sillones y butacas desperdigados por todas partes. Todas las paredes tenían al menos un par de estanterías medianas con libros de todas clases y colores. Entraron y se sentaron en uno de los sillones. Entonces el chico se acercó a la boca de la chica y le dio un beso, lento, suave y delicioso.

-Pensé que no volvería a sentirlo – dijo ella más pensando en alto que queriendo decirlo propiamente – Te he echado tanto de menos – y una lágrima cayó por su cara.

-No digas eso – él se sacó la máscara dejando ver sus ojos verde claro y le sacó la de ella, dejando ver los suyos azul cielo.

-No puedo decir otra cosa, Régulus – lo abrazó y él se dejó abrazar, le daba tanta rabia no poder separarse de ella. Era una tortura hacerle daño y era peor el sentimiento de ruptura que sentía cada vez que se separaban, podían pasar horas, días o meses; no había nada fijo entre ellos. Él no podía permitírselo, ella estaría demasiado expuesta. Sabía que aquello no era vida, pero también sabía que no podía dejar de quererla.

-Dana – dijo él pasados unos minutos - ¿tú crees que me parezco mucho a mi hermano?

-Jajaja – Dana rió - ¿A qué viene esa pregunta?

-Me lo han dicho hace unos días

-¿Un Slytherin? No me lo puedo creer, ¿se estaban metiendo contigo o algo así?

-Más o menos – contestó él pensando en su amiga morena.

-Pues, la verdad es que físicamente sois muy parecidos. Tú eres un poco más delgado, pero supongo que es porque Sirius hace más deporte y está más desarrollado. Tu cara es más afilada y tus ojos son verdes claro y no índigo. Además, tú eres totalmente correcto vistiendo y peinando, - le acarició su pelo corto – tu hermano es más desordenado; aunque viéndolo así es lo que caracteriza su punto rebelde.

-Vaya, me voy a poner celoso – le dijo él falsamente molesto.

-Eso nunca, si hay algo que os diferencia es, sin duda, el carácter. Él es insoportable, arrogante y un cabeza-hueca, y tú eres dulce, atento, cariñoso,… – dijo sonriendo.

-Sólo para ti, ya sabes que…

-Sí, Slytherin es Slytherin – ella apoyó su cabeza en el pecho de él para sentir su corazón y se quedaron así tiempo y tiempo mientras otros se divertían, se descubrían o se escondían.

Ya sin máscaras, en un comedor lleno de gente…

-Parece que nos han dejado solos nuestros queridos amigos – dijo James con falso aburrimiento, para romper el silencio que se había interpuesto entre él y Lily tras la marcha de Sirius.

-Yo ya me esperaba algo así, - James la miró sin entender – aunque pensé que al menos Kat me acompañaría.

-Acaba de subir a la torre – le aclaró Sirius que acababa de entrar en el comedor – creo que se encontraba un poco mal, quizá le cogió el frío.

-¿Has hablado con ella? – Lily lo miraba con una ceja en alto.

-Más o menos – y el moreno se metió entre la gente que bailaba, dejando a los dos premios anuales de nuevo solos.

-¿Qué le ocurre? – le preguntó la pelirroja a James.

-Digamos que Sirius es un sentimental – James sonrió.

-Espero que no le haya hecho nada a Kat, porque si no…

-¿A DiCarlo? ¿No crees que sería más bien al revés? – Lily se echó a reír.

-Tienes razón – miró su reloj de pulsera – creo que me voy a ir a ver que tal está Kat y así me acuesto pronto.

-¿Cómo? ¿Ya te vas? Pero si ni siquiera has bailado conmigo – James no quería que Lily se fuese.

-Potter, vamos a dejar las cosas claras – ella lo miró muy seria – montar todo este tinglado de la fiesta con vosotros ha sido… toda una experiencia, incluso me arriesgaría a decir que ha sido divertido – el chico sonrió – pero ha sido una tarea obligatoria. No me malinterpretes, con eso no quiero decir que lo haya hecho a disgusto. Sólo quiero que entiendas que no voy a olvidar tan fácilmente todo lo que me has hecho pasar estos años – la sonrisa de James se borró – no puedo pasar por alto la cantidad de veces que me has hecho quedar en ridículo pidiéndome que saliese contigo, ni todas las citas que se cancelaron misteriosamente sin razón, ni tampoco que nunca tuvieses en cuenta mis sentimientos, sino sólo los tuyos.

-Lily, yo… he cambiado.

-Es muy fácil decirlo, pero entiende que no puedo creerte así porque sí – James parecía a punto de echarse a llorar – Oye, yo no soy una persona que rechace así como así a nadie. Por favor, entiéndeme – y Lily se fue de allí.

James se quedó un rato en la misma posición en que lo había dejado Lily y después salió del comedor, camino de la torre de Gryffindor. No sabía cómo tomarse aquel golpe, en realidad no podía quitarle la razón a la chica y tenía que reconocer que era totalmente cierto todo, sobretodo la última afirmación "…que nunca tuvieses en cuenta mis sentimientos…".