Una mentira particular
Estoy en la puerta de un pub que no conozco esperando al idiota de mi marido. Debería estar en casa viendo una película, tomando un buen vino y pensando en mis problemas. Mi querida hermana consiguió convencerme en salir y ahora estoy pensando en por qué acepté.
Mi móvil vibra y sé que él se va a atrasar.
Me voy a atrasar.
¡Qué gran novedad! Agradezco por la satisfacción fría y entró en el lugar abarrotado. Encontrar a Zelena nunca fue un desafío. Sus largos cabellos pelirrojos la hacen sobresalir en una multitud y hoy no sería diferente.
Está parada en la barra encarando a una mujer que sé que se llevará a casa. Intento acercarme esquivando a personas que no quiero tocar. A personas que no conozco y que ni me esforzaré en reconocer. Me desinterés a veces me asusta.
Consigo caminar algunos metros más y ver a la mujer que mi hermana se está comiendo con los ojos.
"'¡Vaya!"
Zelena siempre ha tenido buen gusto. La morena con algunas mechas rojas me mira y se detiene en su aproximación. Desorbita los ojos ante una sorpresa desconocida. ¿Acaso la conozco y no la recuerdo? Hay una enrome posibilidad de que sea eso. No reparo durante mucho tiempo en las personas para recordar cada rostro. Nunca me focalicé en personas que no conozco.
"¿Qué habrá de malo con esa muchacha?"
Zelena me lanza una mirada cuestionadora y yo solo me encojo de hombros. La morena extraña continúa mirando a alguien como si intentase entender. Acompañamos la trayectoria de su mirada y vemos. Mi visión se nubla.
-Emma…
Mi cuerpo se estremece. Ella me está mirando con su mirada asustada. Consigo ver su fascinación, pero está escondida, encogida detrás de un muro de asombro. Por algunos segundos, me siento feliz, me siento feliz por ver aquellos ojos puestos en mí, por ver aquellos ojos verdes. Solo algunos segundos.
"¿Mi noche puede quedar peor?"
Pensé demasiado pronto. Siento un toque en mi brazo. Mi marido idiota no llega tan tarde. Mi sorpresa al verla allí me impide evitar el movimiento, ella siempre me paraliza. Él me da un beso tierno. Frente a ella. De nuevo mi cuerpo se estremece y cierro los ojos ante la desesperación.
"¡Joder!"
En los segundos que él saluda a mi hermana, mi mirada se cruza con la de la srta. Swan y consigo ver su corazón romperse. Una vez más. Mi cuerpo entero quiere disculparse por la inconveniencia, involuntariamente me siento tirada hacia delante, en dirección a ella. Siento las manos de él aún en mi brazo y despierto a la realidad y sencillamente desisto. Prometí que no la heriría de nuevo y es eso lo que acabo de hacer.
En aquel maldito pub, aparentemente solo cuatro personas consiguen entender lo que acaba de suceder o creen que entienden la profundidad del hecho.
Yo, desorientada por haber herido a alguien que, insisto en empeñarme en creer, no tiene ningún valor para mí. Alguien que consigue tener mi preocupación, mi atención, mi sonrisa y mis ojos. Alguien que me hace mirar un vaso de cartón todos los días. Alguien que me hace frecuentar una cafetería que nunca me gustó.
Zelena, intentando entender lo que estoy sintiendo y lo que estoy negando solo con una mirada. Ella sabe que hay algo que va mal en esa relación de miradas y hace de todo para entender.
La morena extraña, asustada por verme y aterrorizada con el beso robado. Preocupada por su probable amiga. Ella me ha tenido que ver en algún momento para reconocerme y asombrarse tan inmediatamente. Ella me conoce.
Emma Swan, inmóvil ante la escena. Asustada, afligida, en conflicto, confusa. Consigo ver en sus ojos el deseo de huir de aquel lugar.
"No huyas"
Las cuatro quedamos inmóviles por un tiempo que no consigo medir. Estamos paradas en un momento. Mi desespero por a ver a Emma en aquel estado se estaba plasmando en mis ojos. En aquel instante mi preocupación hizo que cada sensación escondida saliera a la superficie para quien quisiera ver o quien reparase lo suficiente. No era el caso.
Robin estaba a mi lado esperando ser correspondido, cosa que yo no quería, que no podía. No allí. No frente a ella.
Zelena se descongeló justo a tiempo para salvarme.
-Robin, querido. ¡Qué bien que has llegado! Mira a ver si consigues una mesa para nosotros- la sonrisa falsa de mi hermana me sorprende.
Él solo asintió e intentó sonreír. Mis ojos vuelven a la rubia que tanto me incomoda y ella ahora está encarando alguna cosa demasiado interesando en la mesa. Más interesante que yo. La morena da dos pasos hacia atrás, suelta un "Disculpe" a Zelena, demasiado bajo para que lo escuchemos, se gira y vuelve a la mesa en que mi dependienta favorita está.
-Tenemos que hablar- mi pelirroja susurra mientras aún encaro a la rubia.
-No tenemos nada de qué hablar, Zel
-¡Sí tenemos! ¿Me podrías explicar por qué te pones tan nerviosa por haber visto a la rubia que te irrita? ¿Y por qué aún sigues mirándola?
Debería haberme quedado en casa.
-¡Zelena, hoy no!- aparto mis ojos de los verdes, y encaro los azules.
-¡Regina!
-Zel, por favor. Robin está aquí y no sé qué decirte. Solo quiero marcharme, tomar un baño y dormir- fui lo más sincera que pude.
-No nos vamos a marchar. Tú te vas a calmar, vas a olvidar que aquella rubia está aquí, vas a poner una sonrisa en medio de ese lindo rostro, vamos a ignorar al tonto de Robin, vamos a beber mucho y vamos a divertirnos mucho. Aún deseo a aquella morena.
Mi hermana es la mejor persona para mí. Me protegía de las locuras de mi madre. Me consoló en la muerte de nuestro padre, incluso necesitando ella también consuelo. Ignoraba cualquier problema para estar conmigo y hacerme reír. Creo que es por eso que siempre la acompaño en sus salidas para conocer mujeres a las que no se apegara afectivamente. Siempre fue divertido ver sus métodos de conquista, las mujeres no se resistían a su encanto casi inglés, a su sonrisa falsamente sincera y a sus ojos abiertos.
Zelena me apoya en casi todo. Lo único que no acepta es mi matrimonio con Robin de Locksley- el famoso idiota de mi marido. Lo conocí en la facultad de derecho. Su padre, Adam de Locksley era el dueño del mayor bufete de abogacía de Boston y mi madre vio ahí una oportunidad.
Siempre he hecho lo que mi madre ha querido y no fue diferente con mi matrimonio arreglado. Con los años pasé a amarlo, así lo creía o aún lo creo. Debo amarlo para estar aún con él. Nuestra relación no me incomodaba la mayor parte del tiempo, ya sea por la comodidad en que se ha instalado o por la estabilidad que hemos creado. Hoy sencillamente me gustaría que estuviera con algunas de sus putas.
Mi hermana no está de acuerdo, insiste en que soy infeliz con él. No sé si puedo estar de acuerdo. No conozco la felicidad que ella dice que no tengo y no sé si tendré esa plenitud que ella cree que existe.
Respiré hondo e intenté concentrarme. Emma no puede controlarme de esa forma. Ella no puede limitar los lugares que frecuento. Yo no puedo sentirme culpable. Ha sido una coincidencia. Una terrible coincidencia.
¡Él es mi marido! ¡Es mi vida! Y ella no forma parte.
Robin consiguió una mesa y como mi suerte había decidido rehuirme y esconderse en lo más profundo del pozo, la mesa era justo al lado de la de ella. Sigo enfocada en la realidad mentirosa de no importarme si le hago daño.
Nos sentamos. Robin a mi lado, demostrando todo el afecto que no poseía, no cuando estábamos en casa. Zelena frente a nosotros, casi pegada a la morena extraña detrás de ella. ¿Robin tenía que escoger esta mesa? Parecía que quería ayudar a mi hermana y destruirme en el proceso.
Emma estaba frente a la morena y por consecuencia, frente a mí. Evitaba mirarme. Evitaba ver la escena que le causaba dolor.
Un joven bonito, con ojos azules seductores, se lanzó a su lado y la abrazó.
"No la toques"
Mi maxilar se tensó ante la escena y mis ojos lanzaron sangre. Aprieto el puño hasta sentir mis uñas clavándose en la carne.
"¿Quién es él?"
Ella no ve mi patética crisis de celos. Está demasiado distraída con el canalla a su lado. Swan susurra algo y él desorbita los ojos, después la olisquea, besa su cuello y juguetea con sus rizos dorados. Ella le sonríe. Es una sonrisa sincera y alegre. Mi sangre hierve sin ningún derecho. Mi cuerpo reacciona ante aquella escena y tengo que controlarme.
"Tengo que salir de aquí"
-Voy a pedir algo de beber
No soy cuestionada por mi marido, pero soy bombardeada por la mirada inquisidora de mi hermana. Me levantó más rápido de lo que pretendía y corro de allí. Respiro hondo una vez más y tardo más tiempo de lo necesario en regresar. Necesito un tiempo para mí. Necesito un tiempo lejos de ella con aquel…aquel…aquel tipo encantadoramente seductor.
"Solo tengo que controlarme durante una hora, después me marcho"
Cuando vuelvo, la morena está en nuestra mesa, sonriéndole alegremente a Zelena. Camino más despacio, atrasando el encuentro. No necesito esto hoy. Me siento con mi mejor sonrisa, o la mejor que consigo en ese momento.
-Ruby, esta es mi hermanita Regina Mills. Regina, esta es Ruby Lucas- la noche puede quedar…no, no voy a preguntarme eso. Sé que sí puede.
-Un placer- intento ser educada.
-El placer es mío. ¿Nos conocemos de algún lugar?-la sonrisa de Ruby al preguntarme la delata. ¡Maldita! Me conoce. Pero, ¿cómo? ¿Acaso me habrá visto ayer? ¡Mierda!
-Creo que no, srta. Lucas. Estoy segura de que me acordaría- contrólate, Regina.
Tengo la sensación de que esta broma no va a acabar aquí. Miro el reloj y solo han pasado 3 minutos.
"¿Cuándo es que el tiempo se volvió torpe?"
-Ya que me has presentado a tus amigos, ¿puedo presentarte a los míos?- Zelena me mira y sonríe. Ella va a entrar en el juego y sé que estoy perdiendo.
-Claro. Me encantaría conocerlos- Ruby se levanta sonriendo y yo intento matar con la mirada a mi hermana. Ella dijo que sería divertido. No lo está siendo.
La srta. Lucas regresa con Emma y el muchacho que odio antes incluso de conocerlo.
-Zelena, estos son Emma y Killian. Esta pelirroja hermosa y encantadora es Zelena, este es Robin y esta…- espera un poco. ¿Hizo una pausa antes de presentarme? Sí, ha hecho una pausa –Esta es Regina Mills
Es increíble la capacidad que el mundo tiene de pararse cuando la miro. Cómo parece que nada existe. Cómo mis problemas desaparecen, la calma me domina y me siento temblar. Mi intento de ignorarla no funciona cuando la veo y no entiendo o me niego a entender los motivos.
-¡Es un placer!
Ella extiende la mano derecha esperando un saludo educado. Miro aquel movimiento con cierta incredulidad. ¿De verdad va a fingir que no me conoce? ¿Que no nos veíamos todos los días, que ella no me sonreía todas las mañanas? ¡A mí! Me levanto por inercia, extiendo mi brazo y nuestras manos se tocan.
¿Cómo un gesto tan sencillo puede significar tanto? Es la primera vez que toco su piel. Ella me mira y me descifra. Me siento desnuda. Olvido que un día ya sentí añoranza de esos ojos, ellos son tan míos. Mis barreras se desmoronan ante ella. Olvido el pavor, el nerviosismo. Olvido que mi marido está a mi lado, viendo toda aquella escena sin entender qué está sucediendo dentro de mí. Nadie entiende lo que está sucediendo dentro de mí. Ni siquiera Emma Swan. Me escondo demasiado para que ella lo vea.
Y es el idiota de mi marido quien quiebra toda la tranquilidad de aquella mirada y el ruido del ambiente vuelve a incomodar mis oídos.
-Usted es la dependienta de la cafetería que le gusta a Regina, ¿verdad?
Ella suelta mi mano demasiado rápido. También fue sacada del trance por él. Emma asiente con la cabeza negándose a decir cualquier palabra a Robin. Mi marido no recuerda nuestro aniversario de boda, pero recuerda a una bonita rubia que solo ha visto una vez.
Yo también la recuerdo. Todos los días. Él no imagina que la atención de ella es mía.
Zelena los invita a nuestra mesa y mi deseo de matarla aumenta. La rubia, frente a mí, se niega a mirarme, se niega a ver las demostraciones erradas de mi acabada relación.
Veo cada sonrisa de ella que no es para mí. Veo su interacción con toda la mesa, menos conmigo.
"¿Me está evitando?"
Nunca he reaccionado bien a ese tipo de comportamiento. No me gusta ser ignorada, sobre todo por ella. Cuando Killian la abrazó, perdí el control.
-Srta. Swan- ella finalmente me mira. Todos me miran. Estoy ciega. Estoy rabiosa. Tengo celos -¿Hace cuánto que están juntos?
"No he preguntado eso. ¿Por qué he preguntado eso?"
No me atrevo a mirar a las otras personas de la mesa.
Ella no me responde, no habla conmigo. Solo me mira intentando entender las razones de mi pregunta. Desde que nos conocemos tenemos estas conversaciones sin palabras. Tenemos conversaciones agradables, peleas intensas y reconciliaciones rápidas. Todo eso en un silencio que nunca tuve. Converso más con la srta. Swan sobre mis problemas que con mi terapeuta. Nuestra falta de palabras nunca fue un problema. Hasta aquel instante. Ahora, su rechazo me estaba matando.
-No estamos juntos. Solo somos amigos- responde Killian con una sonrisa abierta y yo aún solo miró hacia ella –Su corazón no es mío.
Ella desvía la mirada. El arrepentimiento de una sencilla pregunta me hace daño y la añoranza en verla feliz retorna. No cometo el mismo error. No hago más preguntas y ella vuelve a ignorarme. Por segunda vez, me siento derrotada y desisto. Aprovecho el resto de la noche con quien debería aprovecharla.
Robin.
Bromeo lo máximo que puedo, fingiendo una tranquilidad inexistente. Miento a todos y me miento a mí misma. Intento creer que la rubia que tengo enfrente no tiene gran valor para mí. Vuelvo a mi mentira particular.
Dejo a mi hermana divertirse con su nueva morena y lastimo a la rubia que está a su lado con besos falsos y cariños restringidos.
Finjo para mí misma que no me importa. Finjo para mí misma que me estoy divirtiendo. Finjo que sus ojos llorosos no me atormentan, pero al final, todo se resumen a ella. Cada movimiento de mis músculos es para ella, cada beso asqueroso en Robin, cada carcajada despreocupada, cada detalle, cada comportamiento falso. Solo para saber cómo es su reacción. Y tengo la sensación de que mi mentira se la cree. Consigo engañarla de una manera única.
"¿Hasta cuándo vas a aguantar?"
La desafío mentalmente y ella cede.
No sé si Emma es transparente o es que yo la conozco de memoria. Está tan claro para mí lo que siente. Es tan obvio el dolor que la noche le ha causado. A fin de cuentas, esto viene bien. Me va a olvidar. Su fascinación va a desaparecer y todo va a volver a la normalidad. ¡Cómo deseo que toda esa confusión desaparezca! No deseaba herirla, pero será por su bien. Necesito creer en eso. Necesito creer que es lo correcto.
Ella se levanta y se despide. Sus amigos argumentan, insisten en que se quede. Yo rezo para ellos lo consigan, ella solo los ignora e ignora mis deseos.
Se despide de la mesa sin mirarme. Mis ojos la siguen y ella se va cerrando la puerta tras ella. Dejándome ahí, solitaria en compañía.
Me quedo mirando la puerta demasiado tiempo. No consigo evitar llamarla en pensamiento para que vuelva. Me entrego al pavor. Me callo y escucho las carcajadas animadas de las personas. Pienso en la manera en que se ha ido. Pienso si ha cogido un taxi. Pienso si estará bien, si llegará sana y salva. Pienso que debería seguirla, celando por su seguridad como he hecho varias noches. Mi obsesión es dejada de lado y me olvido de evitar la entrega. Me olvido de luchar contra algo que no entiendo. Me olvido de evitar y de nuevo pienso que toda mi noche se había resumido a ella.
"Disculpa, Emma"
