¡Hola!

Bien, lamento la demora, pero tengo poco de haber regresado a clases, y bueno, la escuela es primero, por eso debo enfocarme más que nada en mis estudios XD

Gracias Nerytaa Metallium, Nitta Rawr y a MisakiMadness por sus reviews, son los que me animan a continuar esta historia. Ahora sí, vamos al fic.

Soul Eater pertenece a Atsushi Okubo, solo la trama es mía.


My Little Sensei

Cuarto Acto:

Día del examen + Perturbadora Propuesta = Casi un beso


Stein se paseaba entre los espacios que había entre las butacas. Columna por columna, fila por fila, hacia un mejor trabajo que un policía o algún militar a la hora de vigilar; y es que el profesor de física podía llegar a dar bastante miedo cuando se lo proponía, y todavía más cuando se encontraba aplicando un examen.

No había ni el más mínimo chance de copiar. Black Star lo había intentado una vez y lo único que consiguió fue que Stein le lanzará un bisturí. A veces se preguntaba cómo era posible que se permitiera que un profesor intimidara de esa manera a sus alumnos, o también cómo era posible que la dulce profesora Marie estuviera casada con él, ¡y que estuviera actualmente embarazada! Esos serían misterios de la vida que jamás podría resolver.

—Quedan diez minutos —informó Stein a la vez que miraba el reloj de su muñeca.

Alumnos como Maka Albarn y Death The Kid ya habían entregado su examen. Otros como Soul Evans estaban corrigiendo algunas preguntas. Y estaba el caso de Black Star.

El inquieto muchacho estaba sorprendido de la situación, o más bien de sí mismo. La mayoría de las preguntas planteadas en el papel se las sabía, o al menos tenía una idea de que contestar. Cada vez que hacía memoria tratando de recordar las respuestas, aparecía la imagen de su tutora en su mente susurrándole de forma seductora la información. De hecho estaba por terminar el examen, algo que nunca había sucedido en todo el tiempo que llevaba siendo estudiante en Shibusen.

Antes de que Soul se levantara de su lugar para ir a entregar la hoja a Stein, un grito llamó la atención de todos los presentes, incluso de los de la clase «C», el salón de al lado, quienes se asomaron por la puerta entreabierta del lugar.

—¡Terminé!

Black Star se había parado en la butaca, tenía apoyado un pie en la mesita mientras que mantenía su brazo izquierdo levantado y en la mano el examen completamente contestado, sin dejar una pregunta —ni el apartado de su nombre— en blanco.

La mandíbula de todos casi cae al suelo ante dicho acontecimiento. Black Star se bajó de su asiento y se dirigió hacia Stein; una amplia sonrisa adornaba su rostro y esta no se esfumó al entregarle la prueba.

Un pensamiento invadía la mente de todos: esa era una señal del fin del mundo.


En el salón «A» de doceavo grado las cosas eran un poco distintas. Su periodo de exámenes ya había pasado, además Marie Mjölnir, la profesora de historia, estaba embarazada, lo que podía traducirse cómo «Marie solo utilizará sus clases para hablarnos de lo dichosa que se siente siendo que quedó embarazada poco antes de los 30, antes de que se le pasara el tren». Eso era bueno, dejando de lado los ascos de la profesora y de que una vez estuvo a punto de vomitar en plena clase.

Mientras Marie se recuperaba de uno de sus ascos matutinos, los estudiantes aprovecharon para platicar entre ellos, ya fuera para solo pasarse la tarea o para comentar acerca del baile, pero no perdían oportunidad para cotillear. La voz que más resonaba en esas cuatro paredes era la de Elizabeth, aunque esta vez no estaba precisamente hablando de ella, sino haciendo uno de sus pasatiempos favoritos: burlarse de los demás.

Y esta vez su víctima fue nada más ni nada menos que su amiga Tsubaki.

—Enserio, no puedo creerlo, enserio que no puedo —balbuceaba entre risas —. Es increíble que todavía no hayas conseguido una pareja. Si ya hasta Kim consiguió que Wes fuera con ella.

Y Kim Diehl lo había conseguido a la mala. Provocó que el hijo mayor del matrimonio Evans peleara con su novia Eruka. Solo de esa forma, aprovechando la cólera de Wes, pudo conseguir que aceptara ir con ella. Después de todo, inventar que Eruka se metía con Free fue mejor idea de lo que esperaba.

—Nadie me ha pedido que sea su pareja…

—Entonces tú invita a alguien. —Thompson contestó como si fuera lo más obvio del mundo, miró por encima del hombro de Tsubaki y señaló —. Giriko es una buena opción.

La japonesa giró su rostro algunos grados. El aludido, un tipo con mala facha, pinta de delincuente, y que no inspiraba nada de confianza, la miraba como si de un pedazo de carne se tratase. Tsubaki sintió asco y giró su vista de nuevo hacia Liz. Negó con la cabeza.

—Él no me agrada… dicen que está metido en líos de drogas.

—¿Y eso qué? Solo van a ir a un baile, no es como si te fueras a casar con él.

—Pero no me gusta.

—Pero tú a él sí, y mucho por lo que veo. Yo que tú me lo conseguía y así no quedaba como la solterona del baile.

La chica volvió a mirar a Giriko. No podía, definitivamente no podía ir con él al baile. Para empezar no le atraía en ningún sentido, no le parecía atractivo, ni siquiera era agradable. Se sabía que molestaba a los chicos de grados menores y que sus notas estaban por los suelos. Así que no necesitaba ni pensarlo. A pesar de que Liz le aconsejara lo contrario, no saldría con Giriko ni aunque le pagaran por ello.

En momentos como ese desearía que Black Star tuviera dos años más.


Durante el receso, Black Star, Maka, Soul y Kid se dirigieron al salón principal de Shibusen para ayudar al comité con la organización del baile. Al final, Albarn y Evans habían convencido a sus otros amigos de unirse a la causa. Con ese pretexto perderían clases —y la falta estaría justificada— y les regalarían un punto extra; Para Black Star lo del punto fue suficiente incentivo. Kid estaba por declinar la oferta, pero se enteró de que Chrona también era voluntario, y para poder pasar tiempo con él terminó ingresando al grupo de ayuda.

Aunque para mala suerte del joven Death, Maka era un tanto extraña, ella se autodenominaba fujoshi —aunque Kid no tenía ni la más mínima idea de qué demonios significaba eso—. Y una vez que aceptó abiertamente sus preferencias, su amiga no tardó en cuestionarlo.

—¿Y quién es el uke y quién es el seme en la relación?

Kid se sintió abochornado, a pesar de no entender los términos que su amiga empleaba.

—No sé de qué hablas.

—Mira, el seme es el que da y el uke quién recibe, tú me entiendes —explicó Maka en un tono lleno de picardía, eso provocó que el serio Kid, por primera vez en su vida, se sonrojara.

—Por favor, Maka, todavía no llegamos a ese punto.

—Pero planeas hacerlo, picarón.

Se retiró de ella y comenzó a acomodar algunas mesas, pero solo fue cuestión de tiempo para que Maka regresara al ataque.

—Es que tú tienes más características de seme, al menos estando al lado de Chrona, aunque él es más alto… ¡Ah! Esto es un dilema.

—Ya cállate —le susurró entre dientes. Estaba volviéndose demasiado vergonzoso.

En ese instante, Chrona apareció. Había terminado su almuerzo y regresó a su anterior trabajo de inflar globos. Kid al verlo se emocionó, enfocó su vista en la cabellera rosa pálido y sus pasos lo guiaron de forma inconsciente hasta su objetivo.

—¡Anda Takano, ve a por Onodera! —fue lo último que Maka le gritó. Gracias al cielo nadie entendió el verdadero significado de esas palabras.

Mientras tanto, Black Star se encontraba sosteniendo la escalera de Soul para que este colocara algunos letreros conmemorativos. Ya estaban por terminar, cosa que incomodaba un poco al de cabello azul. Stein les había dicho que corregiría los exámenes ese mismo día, así que les diría su calificación dentro de unas horas. Black quería mantener su mente ocupada hasta ese momento. Se jugaba la vida en esa nota. Si reprobaba, adiós amigos, adiós Shibusen, adiós Death City y adiós Tsubaki...

¡Por eso necesitaba tan siquiera una «D»!

—Hey, Black. —Kilik, su amigo y capitán del equipo de baloncesto al que pertenecía, le llamó —. Detén esta escalera, tengo que ir al baño.

—¿Del uno o del dos?

—Las dos —y dicho eso salió corriendo.

La escalera que Kilik había estado sosteniendo comenzó a tambalearse, haciendo tambalear a la rubia que se encontraba arreglando algunos listones. Black se acercó hasta donde ella, y cuando la pobre chica cayó de espaldas, él pudo sostenerla entre sus brazos, evitándole un doloroso golpe.

Ella mantenía los parpados apretados, su cuerpo se removía entre los brazos de Black. El chico decidió soltarla, y una vez que la rubia sintió el suelo, abrió los ojos y soltó un suspiro de alivio, seguido de una sonora carcajada.

—Creí que iba a morir —comentó ella en broma, luego se giró hasta él —. Gracias por salvarme, desconocido.

Black la observó de pies a cabeza. Era una chica solo un poco más bajita que él. De cabello rubio y corto, y sonrosadas mejillas. Además de tener una delantera espectacular. Era muy pero muy bonita.

—De nada, mortal. Un Dios como yo siempre se preocupa por sus súbditos.

—¿Dios? —repitió extrañada, mas volvió a reír —. Lo que tu digas, te apuesto a que no me ganas ni en unas vencidas.

—¿Es un reto? —la miró divertido —. Lo acepto.

Luego del pequeño momento de seriedad, ambos rieron. Se sostuvieron el estómago y casi caen al suelo. Ella fue la primera en recobrar la compostura. Le extendió la mano.

—Soy Patricia Thompson, pero llámame Patty.

Black estrechó su mano.

—Soy Black Star, el ser que superará a los Dioses. Es un gusto para ti conocerme, mortal.

Y, nuevamente, comenzaron a reír.


Luego de haber ayudado un rato con los preparativos del Baile de Aniversario, Black Star junto a sus amigos regresaron al salón de clases. Al parecer Stein ya tenía los resultados de las pruebas. Uno a uno todos los alumnos fueron llegando y se sentaron en sus respectivos lugares; algunos se encontraban rezando oraciones, implorándole a Dios —y no precisamente a Black— por pasar el examen.

Stein se levantó de su silla, como pocas veces lo hacía. En su mano izquierda llevaba todos los exámenes. Se ajustó sus gafas y comenzó a entregarlos.

—Albarn, Maka. —La aludida se levanto de su asiento—, te felicito, sacaste «A+».

Para nadie fue sorpresa, Maka siempre sacaba «A» en todo. La chica fue a por su examen y volvió a sentarse.

—Death The Kid, tienes «B». Aunque te faltó escribir tu nombre completo, para la próxima no pasaré eso por alto.

Normalmente el chico solo escribía «Death» en sus exámenes, para él era una tortura escribir la letra «K» de su nombre, era demasiado asimétrica para su gusto.

—Evans, Soul… tienes «D».

Repitiendo la misma acción de Maka, el chico solo tomó la hoja y volvió a tomar asiento.

Varios chicos más fueron pasando a por su examen. En momentos como ese, Black odiaba ser de los últimos de la lista. Hasta que por fin, Stein pronunció su nombre.

—Star, Black… espera. —Stein inspeccionó con detenimiento el examen de Black Star, segundos después levantó la vista, incrédulo —. Necesito un cigarro… Black, sacaste «C».

—¡QUÉ! —El grito fue masivo. Cada uno de los presentes estaba estupefacto; eso tenía que ser un sueño, no, una pesadilla. Definitivamente no podía ser real. Incluso Black Star no terminaba por creérselo. Estaba claro, en cualquier momento su despertador sonaría.

—¡El apocalipsis! —gritó uno de los alumnos del fondo. Todos le siguieron y salieron espantados del lugar, incluso Stein. Necesitaba un cigarro, aunque fuera el último ya que Marie le tenía prohibido fumar.

Black permaneció estático en su lugar; sus amigos eran los únicos que aún continuaban en el salón. Se acercaron hasta él y lo felicitaron. Black Star se dejó hacer, pero pasadas las felicitaciones salió corriendo del lugar.

Necesitaba agradecerle a una persona en particular.

Parecía que volaba de tan rápido que iba. Sus pasos lo llevaron hasta los salones de doceavo, al no encontrar ninguna señal de ella, salió disparado hacia la cafetería, donde tampoco se encontraba. Pasó por los pasillos, los baños —tanto de mujeres como de hombre— e incluso la biblioteca, pero no había ni la más mínima señal de Tsubaki. Al final decidió llegar al patio trasero, la observó sentada en una de las bancas sosteniendo un libro entre sus manos.

—¡Tsubaki! —La llamó, la aludida levantó la vista.

Black Star se acercaba a toda velocidad hasta ella. Era tanta su desesperación por agradecerle que no le importaba nada más. Mas no alcanzó a frenar a tiempo, y terminó cayendo encima de ella. El cuerpo de Tsubaki se hizo para atrás, aún así Black se acercó demasiado; sus rostros estaban a escasos centímetros. Ella no pudo evitar sonrojarse y apartó la mirada, Black hizo lo mismo.

—¡Mira! —Para camuflar su nerviosismo y poder evitar el tema, le estampó la hoja cerca de la cara —. ¡Saqué «C» gracias a ti!

Ella tomó la hoja y miró el examen con detenimiento. Era verdad, Black había aprobado.

—Todo gracias a ti, Tsubaki.

—El crédito es tuyo, Black Star. Yo no contesté el examen.

—Pero me ayudaste a estudiar —bramó —. Y es la calificación más alta que he sacado en toda mi vida.

—Felicidades, siempre supe que lo lograrías.

Continuaron en silencio unos segundos. Las mejillas de Tsubaki seguían arreboladas y las de Black Star también, aunque ella lo adjudicaba a la actividad física que había realizado al correr. La chica se levantó de la banca y lo abrazó. Black Star se deleito con el aroma que emanaba de ella, embriagándose con la sensación. Y aprovechó la pequeña oportunidad para poder hundir su cara en los pechos de ella.

Tsubaki lo notó, pero no hizo nada por impedirlo. Le gustaba la sensación y le gustaba todavía más que quién lo hiciera fuera Black Star.


Cuando Black Star llegó a su casa, su padre lo estaba esperando en el marco de la puerta de su habitación. El semblante de White era serio, como si esperara de antemano una mala noticia. Black sabía lo que su padre pensaba, así que se acercó hasta él con una altanera sonrisa en el rostro.

—Bien Black, he hablado con Sunshine y me dijo que ella estará gustosa de que vayas a Manhattan con Mifune y ella. Así que dame el examen y hagamos esto rápido.

Black no borró el gesto de su cara y le entregó la hoja a White. Su padre le dio un vistazo rápido, pero al notar algo inusual la examinó de mejor manera. Parpadeó varias veces e intercaló la mirada entre el examen y su hijo. Soltó la hoja y le revolvió el cabello a Black, para después entrar a la recamara del chico, acercarse hasta la ventana y gritar a todo pulmón.

—¡Mi hijo ha aprobado! ¡Se quedará conmigo!

Black Star no podía creerlo. Nunca había visto a su padre tan contento y emocionado. Se acercó hasta él.

—Hey, eso es vergonzoso, viejo.

—Es que no puedo creérmelo. Venga, hay que celebrar. Pediré cinco pizzas y un refresco… no, ¡por primera vez te dejaré tomar alcohol conmigo! Abriré la botella de vino que tengo desde la boda con tu madre.

Black esbozó una ligera sonrisa. Gracias a Tsubaki podía ver a su padre tan contento y también gracias a ella no se iría de la ciudad.


Tsubaki salió al supermercado en compañía de Tsugumi. Ambas habían ido a comprar todo lo necesario para preparar curry, antojo que tenía Masamune desde hacía algunos días. Aunque ninguna de las dos se percató que durante su trayecto hubo un par de chicos que no les quitaron los ojos de encima, principalmente a la mayor.

—Pues las dos están muy buenas, aunque la otra todavía está muy verde —mencionó uno de ellos a la vez que encendía un cigarro.

—Pero a mí la que me interesa es la otra, a esa si quieres te la puedo dejar, Noah.

Noah soltó el humo por la nariz. Miro de forma seria al otro.

—Por mí está bien. Aunque creo que esperaré un año al menos.

—Pero Tsubaki ya está en su punto. Seré el primero en deshojar esa flor.

—¿Tanto te gusta, Giriko?

Él solo rio. Volvió a enfocar su vista en la muchacha y se relamió los labios.

—Ella va a ser mía.

Y dicho eso encendió un cigarro también, el cual no era precisamente de tabaco.


Y bien, ¿qué les ha parecido? Espero que les haya gustado. Ahora sí ya apareció Patty, ya más o menos deben saber cuál será su papel en esta historia. Y respecto a Giriko, pues hay que ponerle emoción al asunto ¿no?

Nos vemos pronto, actualizaré lo más rápido que pueda.

¿Review?

Ellie…


A Nitta Rawr