Hola, si sigo viva jajaja Bueno antes que nada disculpen mi demora pero me han pasado un montón de cosas. Mi computadora murió no una sino dos veces y pensé que iba a ser pérdida total, pero gracias a mi amado técnico reparador de computadoras Kaliman pudo sobrevivir mi compu y logro rescatar todos mis archivos -bendito sea el buen hombre-. Además bueno estoy algo ocupada pues verán ya termine la carrera y una amigas y yo estamos trabajando para crear una nueva marca de ropa, y eso de crear una marca, toda una línea de ropa y establecernos es mucho trabajo. Pero le estamos dando todo para poder triunfar :3. Así que como verán este año estaré algo ocupada y no pobre actualizar tan seguido como yo quisiera. En fin pero, que quede claro que no voy a dejar tiradas mis historias oki, solo se retrasaran.
Advertencias: Algunas insinuaciones sobre Sai/Naruto. También viene una escena algo fuerte para Sasori que no es apta para mentes sensibles y no, no estoy hablando de sexo -Pervertidas-. De hecho la suavice mucho de lo que pensaba poner, ya sabrán cual es cuando la lean.
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Un escorpión, que deseaba atravesar el río, le dijo a una rana:
—Llévame a tu espalda
— ¿Que te lleve a mi espalda? —Contestó la rana— ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, me picarás y me matarás
—No seas estúpida— le dijo entonces el escorpión— No ves que si te pico te hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré.
Los dos animales siguieron discutiendo hasta que la rana fue persuadida. Lo cargó sobre su resbaladiza espalda, donde él se agarró y empezaron la travesía. Llegados al medio del gran río, de repente el escorpión picó a la rana. Ésta sintió que el veneno mortal se extendía por su cuerpo y, mientras se ahogaba, y con ella el escorpión, le gritó:
— ¡Ves! te lo había dicho ¿Pero qué has hecho?
—No puedo evitarlo— contestó el escorpión antes de desaparecer en las aguas— Esa mi naturaleza.
La rana y el escorpión/Esopo
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Capítulo IV
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—Deidara-senpai, Deidara-senpai —gritaba a todo pulmón cierto buen chico corriendo a su encuentro.
Deidara paró en seco ante semejante bienvenida.
— ¡Tobi idiota! ¿¡Cuantas veces tengo que decirte que no has eso? —regaño mientras se lo quitaba de encima.
— ¡Muchas!—contesto alegre y despreocupado.
— ¡Quítate de una buena vez Tobi! ¡No me molestes!
— ¿Pero si solo quiero saber cómo te fue con Sasori-senpai? —Dijo herido —Tobi fue buen chico y dejo a Deidara- senpai ir solo como era su deseo — concluyo esperanzado. Deseaba su merecido reconocimiento.
Deidara estaba fastidiado. Tobi siempre lo molestaba. Extrañaba a Sasori-danna como compañero, él no era molesto y tonto como su actual compañero. Sabía muy bien que vendría a continuación. Una avalancha de preguntas.
Tres.
Dos.
Uno.
—Deidara-senpai¿Cómo le fue?¿Vioalafuturamarioneta?¿Comosellama?¿Esbonita?¿Esfuerte?¿Sasori-senpaiestacomplacidoconella?...
Así siguieron un sin tregua las preguntas molesta e irritantes dichas tan rápidamente que ni siquiera lograba entenderlas.
Como odiaba a Tobi, por ser tan molesto y a Sasori por abandonarlo con este idiota irritante.
— ¡Ya cállate!—gritó mientras le lanzaba un explosivo a su molesto compañero. Con suerte moría y le cambian de camarada.
Su suerte fue nula como siempre.
Tobi siempre lograba sobrevivir a sus explosiones. Algun día descubriria como lo hacía.
—Deidara-senpai ¿El pergamino?—volvió a la carga Tobi-buen-chico como si nada.
—Ya tengo el pergamino, es lo único que interesa—respondió resignado mientras lo sacaba de la bolsa.
—Genial —lo tomo de inmediato de entre las manos de su superior y se fue corriendo— ¡Se lo daré a Zetsu-san! —clamó a lo lejos.
¡Fantástico!, la peste con cara de dedo ya se iba. Eso lo ponía de muy buen humor. Siempre que se iba con Zetsu tardaba horas e incluso días en regresar. No entendía por qué no el líder le daba a Zetsu a Tobi como compañero, se llevaban de las mil maravillas.
Comenzaba a sospecha que el líder tenía un muy cruel sentido del humor y le gustaba torturarlo.
. . .
—Naruto, Naruto recuerda que estamos aquí por trabajo —regaño una voz mandona y chillona.
Pero Naruto no escuchaba estaba muy emocionado comiendo unos dangos y viendo los juegos artificiales.
Le encantaban los festivales.
—Déjalo Ino —dijo paciente Yamato—además ya hemos terminado. El pergamino ha sido entregado, deberíamos disfrutar del Hanabata.
—Sí, supongo que tiene razón —dijo sonriente. Naruto parecía un niño pequeño corriendo de aquí para allá. Nada lo paraba, era lindo verlo sonreír para variar. Aun dolía mucho la perdida de Sakura, a ambos les dolía mucho aun.
Decidida a seguir su ejemplo, se puso manos a la obra y busco con la vista a Sai. Su nuevo proyecto humanitario ya que Choji no estaba. Su misión con este enigmático chico era hacerlo menos introvertido y enseñarle a identificar emociones por sí solo.
Una vez localizado su objetivo lo tomo apresuradamente del brazo y lo jalo hacía el festival.
Sai solo sintió el jalón y abrió sus negras orbes más de lo usual. Dándole un aspecto de sorpresa, que lo desconcertaba.
— ¿Ino qué haces? ¿A dónde me llevas? —preguntó con lo que creyó eran ¿nervios?, con Ino ya no sabía que esperar. Últimamente lo llevaba a todos lados y le preguntaba que sentía y siempre se quedaba sin contestar. No encontraba las palabras. Ella le explicaba varias emociones y sensaciones, para que le dijera que le era familiar.
Nunca sabía a ciencia cierta qué es lo que sentía, pero siempre de veía a Ino le entraba una extraña sensación lo invadía era como...de...mariposas, sí, eso mariposas en su estomago.
En cuanto llegara a Konoha iría directo a la biblioteca e indagaría sobre el tema. Algo raro estaba pasando y no entendía que carajos era.
Trago espeso y se dejo llevar. Era agradable estar con ella y ya no le parecía tan fea como osó decirle el primer día que se conocieron. Es decir Ino era rubia como Naruto y tenía los ojos azules como él; esos rasgos siempre le habían parecido atractivos. Además Ino era una chica.
Estaba muy confundido al respecto ambos rubios le gustaban de alguna muy extraña y particular manera…
. . .
¿Qué significaba ella para él? ¿Qué era ella para él? A estas alturas del camino ya no lo sabía con certeza. Con ella se sentía cómodo. Su presencia no le era para nada molesta. Y eso le era tan…raro…tan extraño…tan…
Insólito.
Esa era la palabra correcta para describir lo que sucedía.
Las personas extrañas siempre lo molestaban. De hecho casi toda la humanidad lo molestaba por el simple hecho de: existir, respirar, vivir, morir…
La humanidad era tan inmunda y molesta. Se asqueaba con tan solo verlos. Tan mediocres con sus simples y llanas vidas. Tan normales. Tan grises.
Repugnantes.
El mundo en su gran mayoría le repugnaba. Pocas cosas le eran medianamente interesantes, medianamente hermosas.
Exhaló con pesadez. Recodándose que lo único que valía la pena en su vida era el poder encontrar la belleza eterna, el arte eterno, la inmortalidad, el no ser olvido nunca, vencer al tiempo y a su peor enemiga: La muerte.
Odiaba el tiempo que a su paso terminaba por corroer todo, por destruir de forma tan rápida lo que a su vez había creado. El tiempo que da vida y muerte a su paso. Y lo peor de todo era el olvido…
El maldito tiempo a su parecer era una gran paradoja. Era algo que nunca debía existir.
¡Maldito tiempo! ¡Maldita espera! ¡Maldita muerte! ¡Maldito olvido!
La espera era algo que nunca debía existir. Odiaba esperar. Esperar sin hacer nada; solo esperar con la mirada puesta en el horizonte. Era ahí cuando el tiempo parecía ir más y más lento torturando a su víctima con la maldita espera…
El tiempo tan rápido y a la vez tan lento.
Lo extraño es que con ella el tiempo ya no lo torturaba con la espera. Podía estar sentado mirando al horizonte esperando con ella. Con ella ya no importaba, las cosas fluían libremente al tenerla a su lado.
¿Cuándo había sucedido esto?, o mejor a un ¿cuándo se había percatado de ello?
Sus orbes se abrieron más de la cuenta.
Entre más se lo pensaba mas incógnitas le venían a la mente. Más preguntas sin una respuesta que lo estaba comiendo por dentro. Que lo corroía.
Extraño, muy extraño…
. . .
Una vez más estaba en su gran taller. Escarbándose el cerebro para encontrar la respuesta.
Estaba estancado, atrapado sin salía y sin respuestas.
La desesperación se apoderaba de él tomándolo por el cuello hasta asfixiarlo sin poder hacer absolutamente nada al respecto.
Impotente.
Tan concentrado estaba en su frustración que no se dio cuenta que uno largos y níveos brazos lo rodeaban por su talle. Y una cabeza se apoyaba en sobre sus hombros, asomando unos curiosos ojos traviesos en su trabajo.
El contacto le hizo tensionarse al instante y su peculiar aroma florar lo atrapo. La sensación de asfixia disminuía con su presencia.
—Sora —llamo severamente—, ya te he dicho que no me gusta que vengas mientras estoy trabajando —. Concluyo trémulo, al tiempo en que bajaba sus manos y las posaba sobre las de ella.
¡Como desea poder sentir su contacto!
Pero le era imposible.
—Lo sé —le dijo con firmeza—pero has estado trabajando por días sin descanso —le reprendió con su tono mandón —se que tú cuerpo no necesita dormir pero tú mente sí.
—No me digas lo que necesito o no Sora —reclamó molesto —. Yo sé mejor que nadie como trabaja mí cuerpo —masculló con ira contenida. La frustración de no hallar una salida para mejorar su obrar. Para refinar su arte lo había consumido tenía que desquitarse descargar su ira en algo…o en alguien…
Se levanto con brusquedad azotando su puño sobre la mesa. Causando que todos los papeles salieran volando por la fuerza del golpe.
Nadie, absolutamente nadie le iba a decir que hacer y mucho menos una niña que se las hacía de sabionda cada vez que podía. Luciendo sus conocimientos con arrogancia para no sentirse inferior por sus defectos tanto como ninja, tanto como mujer ¡Que mujer, ni siquiera era eso! Era una triste mezcla entre niña y mujer con una ENORME frente y con tan poco senos que apenas se notaba que tenía.
Volteo a verla con ira. Conteniéndose de soltar su lengua. Conteniendo su veneno deseoso de salir y matar a alguien lentamente y con mucho dolor.
Todavía recordaba cómo es que había acabado con sus obras de arte con tan solo unos cuantos golpes. Lo peor aun como es que la mocosa se había creado un antídoto para uno de sus más mortíferos y difíciles venenos.
¡Maldita sea!
Ese veneno era una de sus más orgullosas creaciones. Le había tomado años crearlo y ella solo en unos cuantos días había hecho un antídoto; por si fuera poco con una inmunidad de unos cuantos minutos.
Y ahí estaba la maldita viendo altivamente. Sin mostrarle algún respeto con esa mirada jade que le retaba a decir algo, con sus brazos cruzados dándole un aire de falsa superioridad.
Lo estaba retando, decidida.
—Ya terminaste —afirmó viéndolo directamente a los ojos. Esos furiosos orbes caramelo que tanto adoraba. Sabía perfectamente bien que tan frustrado estaba por no obtener respuestas. Por no poder avanzar, por tener que ver su amado trabajo hecho pedazos. Lo veía día tras día buscando una respuesta. Encerrándose en su taller a cal y canto por días, ¡ya ni siquiera entrenaba con ella!
Después de ir por aquel dichoso pergamino le había dicho que ahora estaba por su cuenta avanzar y se encerró con sus marionetas dejándola sola. Le dolía que la dejara sola, que la apartara de su vida. Se sentía triste al verlo de esa manera.
Su semblante duro se suavizo al recordar la tristeza que sentía al verse arrancada literalmente de Sasori. Quería que se abriera con ella, que comprendiera que no estaba solo. Ella estaba ahí por él, para él.
Sasori era lo único que tenía. Era su mundo desde que podía recordar. Él siempre había estado ahí por ella y para ella. La había rescatado de morir de hambre en las calles; se había hecho cargo de ella y había creído en ella. En que no era una inútil o una molestia como el resto del mundo la había hecho sentir cuando quedo huérfana. En el orfanato siempre los demás niños la molestaban por su enorme y horrible frente, por ser más lista que el promedio de los demás niños, por ser diferente.
Los niños suelen ser muy crueles con los que son diferentes a ellos. Pero Sasori vio una gran fortaleza en ella, talento desperdiciado y decidió pulirlo.
— Vio en mí algo que los demás nunca vieron y por eso le estaré eternamente agradecida. Porque para él no soy ni un desperdicio, ni molestia.
Comprendía que Sasori necesitaba estar con ellas. Amaba a sus marionetas eran una parte muy importantes de él. Deseaba encontrar una repuesta para ellas, para él. Después de todo sabía que las marionetas siempre sería su amor más grande.
Ella tenía suerte de estar en su vida. Después de todo era solo una humana, una chica que estaba enamorada de su maestro. Si un clásico cliché de una novela romántica y de casi todas las chicas adolescentes del mundo entero ¿Qué chica no se había enamorado de su guapo maestro? Lo amaba de eso estaba muy, pero muy segura.
Había salvado su vida y la recogió cuando nadie más la quería. Sí, él era un hombre muy frío con las personas pero con ella, con ella…
Sus ojos poco a poco se fueron ablandando recordando lo cálido que podía llegar a ser. Que si era un hombre orgulloso, arrogante, intolerante y sabía herir con sus venenosas palabras cuando lo deseaba. Y sabía que en ese preciso momento se estaba conteniendo por no soltarle una de sus estocadas verbales directo a la yugular, cuando se moría por hacerlo. Con esto le demostró una vez más con su silencio lo dulce que podía ser.
Esos pequeños y casi imperceptibles actos le hacían quererlo más. Después de todo él era un escorpión venenoso que picaba en cuanto se sentía molesto, irritado o en este caso frustrado y amenazado por su presencia.
Cerros su párpados con lentitud y exhalo armándose de valor para lo que estaba a punto de decirle.
—Estoy preocupada por ti, me duele verte así —le dijo con la mirada caída, evitando su rostro. Lo que estaba haciendo era una muestra muy clara de su debilidad.
Sasori se desarmo la escucharla. Su aguijón repletó de veneno desistió de atacar. Esa frase y el tono con el que lo había dicho le decían muchas cosas.
La primera era que su enojo había pasado a segundo plano. El verla con le cabeza agachada con los puños cerrados tan apretados hasta ponerlos blancos le informó que estaba muy avergonzada de reconocer su propia debilidad frente a él, sobre todo a él. Que deseaba con fervor que la viera como una igual, que le apenaba perder su recién adquirido estatus después de la misión del pergamino.
Lo segundo le asalto por sorpresa, completamente desprevenido. Ella se preocupaba por él. Una sensación cálida comenzó a recorrer la única parte orgánica de su cuerpo, en su pecho. Era una sensación que se hallaba en el olvido, cuando era un niño recordaba vagamente esa sensación.
Le era agradable.
Y tercero y no por eso menos importante. Esa frase era una declaración de su cariño por él que no le paso desapercibido, el pequeño rubor en sus mejillas, que le evitara la mirada cuando se acerco y la obligo a levantar su rostro.
Su corazón latía a mil por hora. De hecho retumbaba en sus oídos de forma lastimera. Estaba completamente segura que se oía por todo el condenado taller.
El silencio del marionetista la estaba poniendo ansiosa. Sin saber que hacer solo siguió evitando aquellos orbes caramelo y comenzó a morder su labio inferior nerviosa.
Odiaba comportarse como una niña de quince años. Odiaba sus malditas hormonas. Odiaba no poder controlar sus emociones frente a él: Su mentor. Su compañero. Él hombre al que amaba.
— ¿Qué sugieres que haga Sora? —dijo arrastrando las palabras con suavidad, sin perderse detalle de sus expresiones. Se veía bastante curiosa de esta forma. Esa expresión no se la conocía, le agradaba que fuera por él. Le gustaba tener el control de la situación y se comenzó a concentrar para dejar que la sensaciones que su Sora lo invadieran. Ahora que estaba mucho más tranquilo.
Podía sentir el latir de su corazón bombeando con fuerza, el ligero hormigueo que tenía en sus mejillas donde tenía colocadas sus manos, su nerviosismo y la más curiosa de sus reacciones en la boca del estomago, el revolotear de un sinfín de mariposas revoloteando de un lado a otro.
Abrió sus ojos verdes desmesuradamente concentrándose en los ojos que tenía enfrente. Podía olerlo, su aroma a bosque de madera recién cortada. Un sutil, muy ligero aroma a caoba y a fresno con castañas. Era un olor delicioso que le hacía sentir, segura y en paz.
Tomo más aire para calmarse y poder contestarle con más seguridad de la que sentía. Pero debía hacerlo, tenía que.
—A veces es mejor comenzar desde el principio, desde lo básico para poder avanzar —cerró sus ojos nuevamente, lamio su labio inferior y continúo con una voz más suave y tímida — ¿Eh? Distraer la mente, en ocasiones la…respuesta viene por si sola cuando uno menos, se…lo…espera. —concluyo en susurros ladeando su rostro, para evitar su mirar.
—La inspiración viene cuando menos se le espera. Eso decía mi abuela…
Decidido camino hasta el otro extremo del taller y se colocó frente a una repisa de cristal. Se detuvo frente a ellos como buscando respuestas. Verlos siempre lo tranquilizaba y al mismo tiempo el causaba melancolía.
Sus padres.
Las marionetas modificadas por su maestra. Su amaba, orgullosa, terca y tonta abuela.
Después del gran enfrentamiento como así lo llamaba con su abuela no solo tomo a su actual proyecto. Las marionetas de sus padres eran sublimes también se merecían estar en su colección. Eran especiales, muy especiales y por lo tanto merecían un trato muy especial. Significativo.
—Fueron mis padres los que me hicieran tan impaciente sabes—le dijo a la chica a su lado que miraba con mucho interés la marionetas en la repisa de cristal.
Eran unas marionetas muy sencillas a simple vista pero tenían algo que llamaba a verlas, a admirarlas. La forma en la que estaba colocadas. Se sentías una cierta calidez al verlas, la forma en cómo estaban entrelazando sus manos era un acto intimo de cariño, eran como amantes. Una a lado de la otra con las manos entrelazadas con ternura con sus ojos fijos en el marionetista. Como si estuvieran vivas de verdad y supieran que su hijo era el que tenían enfrente. Su mirada era cálida, amorosa para su único y querido vástago.
La delicadeza de sus facciones se revelaba a simple vista para cualquiera que conociera o no de arte. Se veía el alma de esas marionetas, el alma del artista de las hizo. Reflejaban cariño, mucho cariño y sobretodo un amor cálido. Acogedor.
Sasori miró el aparador mas descerca, deslizando sus dedos sobre este con melancolía.
—Fueron las primeras marionetas que hice…
No estaba seguro del porque le conto su historia. Fue un impulso, un capricho se dijo. Algo sin importancia se convenció.
. . .
La guerra estaba en su apogeo y se requerían a todos los shinobis en el frente de batalla. Si podía empuñar un kunai ibas a campo de batalla.
Su cumpleaños seria en un par de días. Sus padres le habían prometido volver de su misión para estar con su él. Era una misión sencilla le dijeron una entrega solamente, estarían devuelta entes de que lo notara. Prometieron.
—Sasori, hijo todo estará bien —dijo su padre dulcemente mientras acariciaba los cabellos pelirrojos del niño que lo abrazaba con todas sus fuerzas para no dejarlo ir.
No quería dejarlos partir. Tenía un mal presentimiento de todo esto.
—Mamá —llamó con esperanza—no vayan, por favor no vayan —rogó —.Tengo miedo de que no vuelvan, algo malo va a pasar.
Su madre se puso a la altura de su hijo y lo tomo entre sus brazos para cargarlo.
—No pasa nada cariño, todo va a estar bien no tienes por qué tener. Esto es solo una misión de reconociendo entrega. Ni siquiera estaremos ahí. Las marionetas harán el trabajo. Nosotros estaremos muy lejos del peligro.
El pequeño abrazó a su madre y vio la vio directo a los ojos.
—Me lo prometen.
—Por supuesto que si, amor. Llegaremos antes de lo que te imaginas.
—Exacto llegaremos tiempo para celebrar tu cumpleaños. Es más mira ahí —señalo la ventana su padre —espéranos, dentro de un par de día estaremos aquí y nos podrás ver por la ventana. Ves, se ve todo por aquí y así nos veras llegar y le dirás a tú abuela que hemos llegado.
Los padres del niño lo abrazaron y besaron cariñosamente, despidiéndose definitivamente de él.
Le temblaban las piernas al verlos salir por la puerta. Muy dentro de su ser sabia que ellos no iban a volver. Pero aun tenía la fe, la esperanza de que volvieran. Bueno, ellos se lo habían prometido y las promesas nunca se rompen o ¿no?, tenía que confiar en ellos. Quería confiar en sus padres. Así se convenció de que todo estaría bien.
Regresarían a su hijo, porque se lo prometieron y eso era lo único que importaba.
Los días pasaron muy lentamente para el pequeño que pasaba todo el tiempo pegado a esa maldita ventana. Esperando. Aguardando. Aferrándose a ella sin importar nada más.
El día de su cumpleaños se atranco a la ventana con mayor fuerza. Nada, ni nadie lo iba a mover de aquel lugar. Iban a llegar, tenían que llegar. Pensaba la pequeña mente infantil con todas sus fuerzas y esperanzas.
Pero el tan esperado arribo de sus padres nunca llego. En lugar de sus padres solo llego una triste nota de un mensajero llevando unas ropas desgarradas, llenas de suciedad y vestigios de pólvora.
Nada, ni una parte de su cuerpo se había salvado de aquella explosión que acabo con su vida.
Su corazón se paralizo.
No podía creerlo sus padres habían muerto. Miro a su abuela con desesperación, algo pasaba. Ella de decía algo pero no escucho lo que le dijo, solo vio el movimiento de labios y la vio irse corriendo.
Su cuerpo temblaba. No sabía qué hacer. Su mente no procesaba lo que había pasado, fue detrás de su abuela. No pensaba solo actuaba por instinto, sus pies la llevaron directo a ella solos.
Llego a un gran pasillo completamente solo del hospital, sus pies actuando por su cuenta. Lo llevaron a parar a una gran puerta. Trago saliva y apoyo su mano para abrir "esa" puerta. No sabía que iba a encontrar ahí, pero si sabía que fuera lo que fuera le cambiaria la vida para siempre.
Se armo de valor y deslizo lento, con mucho cuidado, con la gracia del niño prodigio que prometía ser uno de los más grandes ninjas de la historia de Suna.
Su aliento se congelo. Su boca se abrió por completo y sus ojos se llenaron de lagrimas de horror por lo que estaba viendo.
Un cuerpo completamente deformado, cubierto de sangre, su piel o lo que quedaba de ella era de un rojo intenso, llena de ámpulas a punto de explotar.
El olor a quemado lo invadio junto con la nausea.
Tenía que mirar su rostro, tenía miedo, pero tenía que hacerlo. Tenía que confirmar sus sospechas, lentamente dirigió sus orbes al rostro de aquella pobre y completamente deforme y agonizante criatura.
Gritaba por el dolor tan intenso de sus herias. Su rostro estaba completamente destrozado, era irreconocible. Eso ya no era un rostro.
De pronto los ojos de ese podre y desgraciado ser miraron directo del pequeño y en ese momento lo supo.
Su padre, era su padre.
No pudo soportarlo. Se negaba a creer que ese ser, que con tanta desesperación trataba de salvar su abuela fuera su padre. No podía serlo, no podía.
No podía...
Su cuerpo reacciono antes de que pudiera evitarlo. Cayó al suelo sin más y comenzó a vomitar y a llorar, hasta que perdió la conciencia.
Algo en él se había quebrado ese día, causando una gran fisura que en cualquier momento terminaría por terminar de romperse algún día.
. . .
Sasori paró su relato, no podía continuar. Miro sus manos con desconfianza, templaban. Era extraño hace mucho que había renunciado a su cuerpo humano. Estas reacciones involuntarias habían llegado a su fin el día que se convirtió en marioneta o eso suponía.
Mira de re-ojo a la chica que lo acompañaba. Estaba llorando.
Avanzo lentamente hacia su maestro y lo abrazo con todas sus fuerzas. Se aferro a él como si su vida dependiera de ello y recargo su cabeza en su pecho escuchando los latidos de su corazón. La única parte viva de esa marioneta y sintió como lentamente su mentor su relajando su cuerpo y se dejaba abrazar. Como se dejaba consolar por la criatura que había escogido para él.
—Descuida yo llorare por ti —le dijo trémulamente a su maestro.
No esperaba ninguna respuesta por parte de él. Lo que estaba haciendo era una gran falta de respeto y una gran muestra de debilidad. Mas no podía evitarlo. Le desgarraba en el alma el silencioso dolor que cargaba solo y sin poder ni siquiera llorar por ello. Era algo tan terrible y doloroso, no podía permitirlo.
Para su gran sorpresa él respondió acariciando su cabello y un silencioso gracias reflejado atreves de sus ojos caramelos.
Jamás se lo había contado a nadie.
La opresión que sentía en su pecho cada vez que recordaba los últimos momentos de vida de su padre fue dispersándose poco a poco. Le dolían mucho esos recuerdos. La gran mayoría del tiempo estaban muy bien encerrados en los más profundo de su ser ignorando deliberadamente el dolor que le causaban. Con el tiempo se volvió indiferente a ellos, ya no le importaba o eso es lo que se decía a sí mismo para poder continuar.
Ahora que le había soltado una parte de su vida a Sora se sentía un poco mejor. No creía que ella le tuviera lastima o algo parecido. Solo le estaba dando un hombro en el cual desahogarse o en este caso ella estaba llorando por él. Porque él simplemente no podía hacerlo.
Se lo agradecería siempre.
Lentamente fue separándose de su maestro. No sabía cuánto tiempo había pasado llorando y moqueando como una niña. Ahora que el momento emotivo había pasado se sentía muy estúpida. No podía mirarlo a la cara siempre había sido una sentimental, ahora no sabía qué hacer o decir para disculparse.
La podía sentir: la tristeza, la duda, la vergüenza. Todo mesclado en su Sora. Era un ser muy pasional y sentimental.
Decidió dejarlo pasar actuar como si nada hubiera pasado. Tal vez ir al dichoso festival del Hanabata arreglaría todo y ella dejaría de sentirse como una tonta, pensó Sasori sin mucho entusiasmo. No le gustaban las multitudes, pero esa era la mejor opción para calmar las tensiones y demostrarle que no estaba molesto con ella de ninguna forma.
—Sora —llamo con solemnidad.
La chica volteo lentamente a verlo a la cara con un pánico muy marcado en su rostro.
— ¿S-si?—respondió a voz hueca.
—Qué esperas para arreglarte.
—¿Arre-glarme?
—Sí, arreglarte. Vamos al Hanabata —declaró en tono firme.
Estaba francamente muy sorprendida. Pero decidió no desperdiciar la oportunidad que le estaba dando Sasori con su sutil… ¿borrón y cuenta nueva?
—Sí, enseguida voy no me tardo —respondió con una gran sonrisa reflejada en sus labios y salío corriendo para arreglarse lo más rápido posible. Después de todo a Akasuma no Sasori no le gusta tener que esperar.
. . .
N/A:
Sai siempre me a parecido un tipo genial, sin inhibición en cuanto a su sexualidad, sumándole su retraso emocional pues salen cosas muy retorcidas en mi cabecita. Pero descuiden de momento es solo una ligera insinuación. Si a alguien le molesta me abstendré en el futuro de ponerlas. Dígalo ahora o callen para siempre en su muy valiosos rr, porque pienso ponerle más sazón a la libre sexualidad de Sai, estoy considerando muy seriamente hacerlo pansexual.
En cuanto a los recuerdos de Sasori pues la verdad son algo fuertes, este es solo la punta del iceberg y da una explicación del porque nuestro marionetista favorita esta tan trastornado. Así que bueno creo que cambiare la clasificación del fic a M. Porque pienso ponerme un como mas descriptiva con las escenas así, además habrá lemon en el futuro, pero a eso todavía le falta mucho :3 Ya hasta tengo escrita la escena y va a ser una gran sorpresa o al menos así lo espero yo.
Ha y una cosita mas los primero capítulos los he modificado y pasaron por un beta. No tiene la gran cosa de cambios pero ahí están ok. Pienso pasar el cap. 3 y este por mi beta pero como ya no quería hacerlos esperar lo publique.
. . .
Hora de los review y si falto alguien lo siento no era mi intención, avísenme y fue así oki doki.
Coryclain: Gracias, me alegra que te haya gustado. Bueno aquí tienes la continuación y espero no haberte decepcionado.
TSUKI NO TAIYO: Gracia por tu apoyo, pero también me gustaría que me digiera tú opinión sobre los capítulos para saber que te gusto y que no. Es para mejorar, gracias nuevamente por tu apoyo.
Utau Hoshina: Gracias, gracias, gracias. Me alegra que te gustara y lo adoraras :3
almitha-chan: Niña siempre es un placer leer tus cometarios. Sí, bueno espero seguir metiendo más datos reales con respecto a los ninjas y los samuráis, me he versado mucho en estos temas, me encantan XD ¡Que tú también amas a Suigetsu! Amiga yo también es genial, estamos conectadas por la misma sintonía a ver si luego me pasas tú correo para poder conversar más a gusto y extendidamente. Y no te preocupes porque escribiste mucho me gustan los review largos :3
Mio-chan Kiryuu: Orales, gracias me alaga que piense que es un fic interesante. Sip Sasori y Sakura es una pareja extraña, pero como ya dije la adoro. En mi retorcida y loca imaginación son tal para cual. Y disculpa el retraso, pero como ya explique fueron razones de peso. Ya tengo escrito mucho pero tengo que armar las escenas bien para que se vea fluida la historia, y espero que este capítulo cumpla tus expectativas y se te haya hecho interesante.
Xellas Metallium: Hola, linda que gusto ver que te gusto el capítulo y que te gusten las intervenciones de Deidara. Porque hay mucho mas Deidara explosivo para rato en este lugar :B Pero sabes que ya se te extraña por estos lares tus fans te aclaman por todos lados enserio. Espero que estés bien sabes que se te quiere mucho por acá :3 muchos besos y abrazos.
Lady Zombie: Amiguita del alma ya está el capítulo completo para alegrar tú bellos ojos de caracol espero que te guste.
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Ahora bueno gracias por leer este fic, deberás me alegran sus dulces comentarios. Y bueno lo que quieran decirme dignarlo acepto todos los cometarios, buenos, malos y demás. Claro siempre y cuando vengan con respeto así mi persona oki. Y el que quiera dejar algún correo para que le responda de forma más privada y personal bienvenido o si lo quieren dejar solo para conocerme mejor y platicar también es bienvenido.
Bye, bye y hasta la próxima.
