Página 7

Esos ojos penetrantes se acercaron directamente a mi rostro, temblaba con solo pensar que me iba a tocar. Lo único que atiné fue a cerrar los míos, a girar mi cabeza de costado y empujarlo con las manos aunque no termine tocando nada. Estuve un instante con los ojos cerrados y los brazos extendidos, pero sin darme cuenta, al abrirlos, vi que el panorama había cambiado: estaba en el exterior, fuera de una tienda.

Miré a todos lados, vi la puesta de sol interrumpida por los edificios que componían la vista, como no recordaba hace años, porque ya era un común ver aquel panorama desde el balcón de mi departamento. Se estaba haciendo de noche, llevaba un par de bolsas con alimentos para una semana o eso creo. Miré a todos, no sabía si eso era real lo que estaba viendo: estaba en el exterior, comprando tranquilamente en una tienda y llevando las cosas hacia mi departamento. Algo que no creía volver a hacer.

Página 8

Sin dar más vueltas al asunto, caminé como si nada a mi hogar, viendo cómo la gente del exterior caminaba por mi costado, sin sentir ese miedo que siempre había tenido cuando estaba en el departamento. Los miraba de la forma tranquila, serena... (En otras palabras, normal), ninguna de sus miradas me aterraban tanto como la de esos ojos blancos… los de ese ser que representaba mi pasado tan oscuro.

Empecé a pensar que el encierro, en que había estado todos estos años, no era más que un largo sueño. Creí en ese instante que los momentos en que escribí en el diario era parte de mi imaginación, un lapso, un sueño… un largo sueño, que creí me hizo pensar que esos años de encierro nunca fueron realidad. Así que, con toda calma, fui caminando directamente hacia mi departamento.