¡Hola!
Aquí vengo con el tercer capítulo *-*
— CASI INTOCABLE —
3
— ¡Alcaldesa, Alcaldesa! —la llamó una vocecita desde delante de su escritorio.
Las comisuras de sus labios se elevaron hacía arriba de manera tierna. Dejó a un lado el papeleo en el que había estado centrada hace unos segundos, tanto que no había notado la puerta del despacho abrirse, ni el salto que siguió (pues quien había abierto la puerta aun no era lo suficientemente alto para llegar a la manija por si solo) ni los pequeños trotes hacía su escritorio, y se inclinó sobre el escritorio de madera lacada para devolverle la mirada a los grandes y brillantes ojos marrones que tanto le recordaban a Melody.
— Ryder, pequeño pillastre, te has vuelto a colar en la alcaldía. ¿Cuántas veces tengo que decirte que eso no se hace?
Eso podría haber contado como una regañina, si no fuera por la sonrisa juguetona en los labios de la mujer. El pequeño niño de no más de tres años rió un poco ante su travesura bien hecha y porque sabía que a ella en realidad no le importaba.
— No podía dormir, Alcaldesa —se excusó el niño, está vez un poco avergonzado jugando con los pliegues de su pijama, fue ahí que la mujer notó que el niño traía un pequeño papel entre las manos—. Mira, hice este dibujo para ti.
La mujer sintió que le invadía la ternura viendo como el niño extendía el papel coloreado hacía ella mientras miraba al suelo. El día en que Melody dejo este mundo se juró que protegería al pequeño y recién nacido Ryder como si de su propio hijo se tratase. Por un tiempo pensó que tendría problemas en cuanto el niño fuera mayor para hacerle entender que ella no era su auténtica madre. Pero Ryder la sorprendió notablemente en cuanto a ello y muchas otras cosas. De todas formas, a sus tres años, él aun no había preguntado nada sobre sus verdaderos padres, parecía que no le interesaba otra cosas si no ser el orgullo de su madrina, la Alcaldesa Goodway.
— ¿Ah, sí? Entonces, vamos a ver que hiciste —dijo tomándolo entre las manos—. Pero después a dormir.
El niño asintió euforicamente, impaciente por conocer la opinión de la mujer que lo criaba.
La mujer observó el dibujo, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones de la impresión. La imagen de ella misma no parecía hecha por un niño de tres años, ni mucho menos, si no que más bien parecía un retrato hecho por un artista experimentado. Ella sabía que su pequeño Ryder era un superdotado, a su corta edad donde el resto de niños comenzaban el jardín de infancia, él ya estaba preparado para cursar el último curso de primaría como un niño de 11 años. Aun así no dejaba de sorprenderla con cosas como estas.
— ¿No te gusta? —la voz un poco dolida del pequeño la sacó de su impresión.
Ryder la observaba esperando una respuesta, analizando cada rasgo de su expresión, la cual parecía haber malinterpretado, con ojitos tristes.
Goodway rió quedamente, puede que el niño tuviera una mente prodigiosa, pero seguía siendo un niño al final de cuentas.
— ¿Qué dices, mi pequeño? ¡Al contrario! ¡Es maravilloso! —la expresión de Ryder se iluminó tan rápido como se había apagado.
— ¿De verdad?
La Alcaldesa se levantó del asiento para darle un merecido abrazo al pequeño.
— ¿Cuándo te he mentido yo, pequeño? —Ryder, sonriente, recíproco con gusto el abrazo.
Los fuertes brazos de la mujer lo alzaron en el aire.
— Vamos ha a hacer que lo enmarquen —aseguró ella, mientras salia del lugar con el niño en brazos y enarbolando el dibujo—. Va a ser mi retrato oficial.
Los ojitos del niño brillaron todavía más de ser posible, pero pronto comenzaron a apagarse con un sueño que ya no podía finjir más no tener. Apoyo su cabecita castaña en el hombro de la mujer cerrando y volviendo a abrir los ojos por momentos, hasta que por fin se rindió a los brazos de morfeo. Sonriendo, la mujer lo cargó hasta su habitación.
En ella encontró esparcidos por todas partes dibujos que ella reconoció como más que posibles bocetos al resultado final que ya estaba en su poder. Unos mejor hechos que otros. También había lápices de colores esparcidos por el suelo. Tal parecía que el niño se había sentido tan eufórico por haber echo por fin un dibujo decente que quiso llevárselo a la Alcaldesa cuanto antes, sin molestarse en ordenar el lugar.
La mujer lo recostó en la cama, lo arropó y con un "Buenas noches, mi pequeño Ryder" le besó la frente.
Después de eso, recogió un poco el desorden y lo dejó encima del pequeño escritorio de plástico del niño.
Antes de salir apagando la luz, Goodway miro atrás una vez más, observando a Ryder dormir plácidamente. Sonrió tiernamente de todo corazón y después salió de la habitación. Su pequeño ahijado estaba tan unido a ella, que por un momento creía que serían muchos años a su lado. Pero las apariencias engañan y más pronto que tarde Ryder se independizaría de ella.
De vuelta en la actualidad, Ryder y la Alcaldesa no estaban pasando un momento tan bueno.
— ¡¿Qué vamos a hacer, qué vamos a hacer, qué vamos a hacer?! —no paraba de preguntar la mujer a los cuatro vientos, llendo de un lado para otro, como siempre hacía cuando estaba nerviosa.
Chickaletta, por su parte, se echaba un pequeño sueñecito en el bolso de su dueña.
Rocky y Rubble la seguían con la mirada, no sabiendo muy bien como tomarse la situación actual. Es decir, no eran tontos, sabían que su estado de animo lo había provocado ella, pero no tenían ni idea de quien era ella.
"¿Qué voy a hacer, qué voy a hacer, qué voy a hacer? —pensaba también Ryder por su parte, su mente de momento totalmente ocupada en Chase y Skye, quienes aun no daban señales de vida— ¿Cómo se me ocurrió enviar a mis cachorros tras una persona así? ¿Y si es la misma persona de la que hablaba el Alcalde Humdinger? No están listos... No, yo no estoy listo..."
— ¡Ahhhh! ¡No aguantó más! —exclamó de repente el niño genio, casi hundiendo sus uñas en la piel de la preocupación.
Rubble, Rocky, Goodway e incluso Chickaletta se le quedaron mirando sorprendidos y sin decir nada. Algo que a él no pareció afectarle.
— Chase y Skye se han tardado lo suficiente, vamos a buscarlos —ordenó mirando fijamente a los dos cachorros—. Llamaré a Marshall y Zuma y...
— ¡Ryder, mira ahí! —exclamo de repente el Pitbull, estirando una de sus patitas hacía el cielo.
— ¡El helicóptero de Skye está volviendo! —completó Rocky con una expresión de alivió en su rostro.
Un alivió que también sintió el niño al ver también el vehículo rosado acercarse. Pero fue un sentimiento que no les duró mucho cuando se dieron cuenta de que no había señales de Chase por ninguna parte, una de las hélices del helicóptero estaba dañada y que los ojos de la cachorra estaban teñidos de preocupación en cuanto bajo a tierra con un poco de esfuerzo.
— Ryder, vi una sombra sospechosa moverse entre los arboles —comenzó a informar la cachorra voladora, en cuanto salió del vehículo—, intente avisar a Chase, pero su comunicador no daba señal. Me asuste. Baje demasiado para intentar ver algo... pero solo sirvió para dañar una de las hélices y Chase, temo que él... —llegada a ese punto de la explicación no fue capaz de hablar más, solo los grandes lagrimones que salían de sus ojos lo decían todo.
Ryder hizo todo acopió de su valor y autocontrol para no derrumbarse como ella ante esas nefastas noticias. Ahora más que nunca antes debía verse como un líder de primera. Acunó a la temblorosa Skye en sus brazos, para insuflarle un poco de tranquilidad.
— Con esa información solo podemos suponer que Chase ha sido secuestrado —Rocky y Rubble ahogaron una exclamación de sorpresa y terror ante eso.
La Alcaldesa Goodway se comía las uñas del nerviosismo.
Skye se hundió más entre los hombros de su humano, mojando su chaleco con sus lágrimas. Dios, se sentía tan culpable...
— Skye, ¿viste a dónde se dirigía la sombra sospechosa?
Ante la pregunta de Ryder, ella levantó la vista y asintió, solo un poco más calmada.
— No cabía duda que se dirigía a Foggy Bottom.
— ¡Cómo no! —no pudo evitar exclamar la Alcaldesa, creyendo al escuchar eso que el culpable no era otro que el Alcalde Humdinger y sus Gatitos Catastróficos.
Ryder volvió a dejar a Skye en tierra, quien pronto fue socorrida por el Pitbull y el cachorro mestizo, y cogió su PAW Pad.
— Avisaré a Marshall y Zuma... también a Everest, cuantos más seamos mejor.
— ¡Tienes mucha razón, Ryder! —exclamó la Alcaldesa— Voy a poner sobre aviso a todo Adventure Bay. No creo que nadie vaya a poner pegas si se trata de ayudar a Chase.
Chase despertó sintiéndose mareado. Por un momento temió vomitar lo que había desayuno antes de que todo ese desastre de la nota y la misión de la mañana comenzarán, pero gracias al cielo la horrenda sensación se fue tan rápido como había comenzado.
— ¿Dónde estoy? —se preguntó a si mismo viendo a todas partes y solo captando negro— Woof, visor de visión nocturna.
La función de su uniforme de espía le respondió de forma favorable. Su visor le mostró que estaba dentro de una habitación humana desconocida. Había mucho espacio para que solo hubiera en esta una cama para una sola persona, un escritorio desordenado llenó de papeles, una estantería llena de libros y él mismo. Una gran alfombra marrón cubría todo el suelo y él había estado tumbado sobre un grupo de almohadones.
— ¿Tuviste un buen sueñecito? —le preguntó una voz a sus espaldas.
Él se dio la vuelta rápidamente, encontrándose cara a cara con un joven humano que no debía pasar de los dieciocho años, era delgado y fibroso y un cabello castaño necesitado de un corte casi tapaba los ojos marrones que fueron lo último que Chase vio antes de desmayarse.
— ¡Tú! —exclamó el Pastor Alemán— ¡Tú rompiste la entrada del basurero y además me has secuestrado!
— También fui el que metió una notita interesante en vuestro buzón, ¿la habéis visto? Por cierto, soy Zak —habló el joven, totalmente amistoso.
— Espera —dijo Chase, llendose el enfado y viéndose bastante pensativo y sorprendido—, ¿tú... eres el padre de Ryder?
Zak se quedó mirando a Chase como si fuese la primera vez que veía un perro y no le gustase lo más mínimo.
— ¿Crees qué tengo edad para ser padre? ¡No! No contestes —dijo eso haciendo aspavientos con las manos, temiendo la posible respuesta. En otra situación, Chase se habría reído por lo mucho que eso le recordaba a la Alcaldesa Goodway—. No soy su padre, solo le estaba haciendo un favor a mi tía. Soy el primo de Ryder. Encantado.
Chase se quedó mirando al joven sin saber que pensar. Era el mismo que le había dormido con cloroformo, lo había admitido, entonces ¿por qué se mostraba tan amable con él?
— Avisare a la Patrulla sobre esto —decidió el cachorro policía.
Zak levantó divertido una ceja mientras sonreía de medio lado.
— ¿De veras? Me encantará ver como lo haces sin esto —dijo y extendió un brazo para mostrarle a Chase su propio collar que no se había dado cuenta que ya no llevaba y...
— ¡Mi comunicador! —ladró indignado— ¡Devuelmelo ladrón!
Chase se lanzó sobre Zak para atacarle, mientras el joven parecía muy animado por eso. Con una facilidad insultante se quitó a Chase de encima, riéndose.
— No soy un ladrón, solo lo tomé prestado —dijo sin perder la sonrisa de medio lado.
Chase no estaba dispuesto a rendirse.
— ¡Woof, red! —exclamó, pero el joven esquivó la rápida red, ya sin reírse.
— Oye —dijo metiéndose el collar en un bolsillo del pantalón—. Vamos a calmarnos, ¿vale, perrito? El único motivo de todo esto es para ayudar a Ryder, ¿vale? Creeme cuando te digo que yo no soy el enemigo.
— ¡Si no fueras el enemigo no me habrías drogado ni robado mi comunicador! —bramó enfadado el Pastor Alemán.
— ¿Qué te acabó de decir? Que me creas —Zak logró con esfuerzo posar sus dedos entre las orejas de Chase y empezó a rascarle justo en su puntito especial.
Chase mentiría si dijera que no le gustaban esas caricias.
— ¿De verdad piensas qué soy malo? —preguntó Zak poniendo cara de angelito.
El Pastor Alemán sintió de nuevo el aroma familiar y los ojos marrones del chico y supo entonces que él representaba una batalla perdida.
Decidme, ¿Qué pensáis de Zak? ¿Es bueno o malo? ¿Cuales son sus intenciones? ¿De verdad es primo de Ryder?
Respuestas más adelante :)
