Parte Cuatro


Les toma un día y medio salir, y para cuando lo han hecho, Sam no puede aguantar las lagrimas, su pierna le esta matando, y salir del maldito agujero solo le ha roto en dos el pedazo que se ha quebrado al principio, Sam comienza a sentir ese mal pánico que te da, cuando comienzas a pensar que no podrás caminar nunca mas.

Dean lo carga hasta el impala, sintiendo como si una hernia se formara en su fuerte espalda, de llevar el peso de su para nada hermano menor; tratando de ser fuerte y no largarse a llorar también, por la forma en la que Sam solloza.

Con casi treinta años debería estar prohibido llorar así, ¡debería estarlo!; y joder Dean podrá reírse de el todo lo que quiera, pero la pierna le duele, y la posibilidad de que la pierda es muy alta.

Le recuesta en el asiento trasero, dejando que el Winchester con madera de Campbell solloce allí, en su oreja prácticamente, una tortura muda para que se apresure al hospital, que no esta a nada menos que dos horas de donde sea que estén.

Wisconsin es un estado grande, lleno de más hospitales de los que te imaginas; y Dean no duda a usar al señor "Notwizki", para pagar el tratamiento de Sam y la operación a la que le someten.

Parece un perro rondando la sala de emergencias, ni siquiera le importa que Sam no camine de nuevo, eso es lo ultimó que pasa por su mente, que ahora se centra en el hecho de que un demonio, bruja, imbecil entrometido, se meta en esa sala y acabe lo que le ha tomado treinta años construir, cuidar, cambiar pañales, limpiarle las lagrimas e incluso el culo, de la buena manera, que era solo un bebe.

Bobby llega unas horas mas tarde, y con expresión preocupada palmea la espalda de Dean, que solo asiente, tratando de mantenerse fuerte, pero el cansancio, pese al fuerte olor a moho de su cuerpo, le vence, y no tarda en quedarse dormido en esas incomodas sillas blancas de hospital, con un hilillo de saliva saliendo de su boca y sus dedos llenos de tierra.

Como si Bobby fuera su padre y se sintiera seguro con el alrededor, duerme todo el rato que dura la operación; sin notar como varias enfermeras se acercan a el a acomodarle la chaqueta sobre los hombros, bajo la mirada complacida de Bobby, que no pierde de vista a ambos Winchester.


Para cuando se despierta, Bobby le esta zarandeado, con buenas noticias y la mano callosa sobre su hombro.

- Chico…tu hermano ha despertado, va a caminar.

Son cinco minutos los que le toma desperezarse y enfocar a Sam, que tiene en sus manos una de esas revistas que ponen en la sala de espera, es solo allí cuando Dean nota que le han subido a una camilla y de que esta en ropa de hospital.

- ¡Mira Dean! – exclama Sam, señalando la revista con esa sonrisa de niño de cinco años al que le han dado un DS, aunque Dean no tenga idea de que sea eso; solo recuerda como Sam se ha quedado embobado con una publicidad en la televisión, susurrando por lo bajo algo que Dean entendió como "Mierd…quiero uno".

Dean observa la revista por unos segundos, frunciendo el ceño mientras ve lo que muestra en el dichoso papel, que Sam sacude frente a sus ojos.

- A Bobby le encanto la idea de la casa, y dice que nos va a conseguir esta casa, tiene Jacuzzy. – lo dice como una ama de casa que se ha ganado un viaje al caribe.

- ¿Y? – pregunta Dean, casi ganándose una bofetada de parte de Bobby, que no solo le mira con reproche sino que le saca el dedo corazón detrás de Sam. – Ok… ¿entonces será allí donde vivamos?, eso es genial Sam.

Bobby asiente, feliz por el resultado que ha logrado.

- Buen chicos, hablare con Melissa, espero se decidan… - le da una mirada de advertencia, amenazante, a Dean que solo se encoge de hombros y mira a Sam.

- ¿Y?

- Cállate Dean.


Tres semanas después, Sam aun no camina, pero se queja como una mula insoportable, y Dean se jala su corto cabello, exasperado por que el mocoso se calle de una vez, ni cuando era niño balbuceaba tanta basura.

Solo que ahora es mas doloroso para Dena, por que Sam parece no tener otro tma de conversación que muebles, de toda clase, parasentarse, de cocina, de las habitaciones, camas, sillones, la cosa que sujeta el papel de baño, joder, que Dean no sabe ni como se llama.

Es horrible.

Una tortura que le aprieta el cuello al Winchester. Pero esa tortura no supera a la otra tortura a la que es sometido.

- Pero quiero ponérmela… - se queja Sam, mirando de reojo la ropa interior blanca que reposa sobre la cama, luce tan impecablemente apretada que Dean no quiere pensar en como apretara esa cadera, o otras partes que si pasan por su mente en estos momentos va a gritar y a pegarse un tiro.

- ¡Dije que no! ¡No tienes siete! – Le espeta, tomando los boxers de la mesita de noche y inclinándose a los pies de Samuel, quien le ve entrecerrando los ojos; se esta enfureciendo, y a Dean le vale mierda, por que el esta furioso desde que ha tenido que ayudar a su hermano a ponerse su ropa interior.

Es humillante, en algún punto que Dean no quiere ver, y joder, Sam tiene treinta años, no esta como para que Dean, su hermano (el mayor por cierto), le ponga ropa interior.

¡Por dios que son hombres!

- Vete. – la voz de Sam es gruesa y directa, y Dean no hace mas que rodar los ojos y arrojarle el boxer por la cara.

- Haz lo que quieras mujercita. – le gruñe, dándose la vuelta para meterse al baño y ducharse, esta aun empapado de ayudar a Sam a bañarse.

- Estupido… - es casi un susurro, pero a Dean se le erizan los vellos de la espalda, al escuchar la voz rota de su hermano.

Se voltea con prudencia en cada poro de su cuerpo, temiendo lo que va a encontrarse, y si es lo que ha imaginado; allí esta Sam, no ese Sam que bebía sangre de demonio, ni que trato de matar a Lilith, ni siquiera el Sam que trato de remendar la muerte de su padre, ni el que lloro la muerte de Jessica, tampoco el Sam, que enloquecido de rabia, hizo mas caótica su estancia en ese loquero donde estaba esa maniática espectro.

No.

No era ninguno de esos Sam.

Era ese Sam que lloraba por cereales, que extendía su bol por mas, dejando a Dean comiéndose las uñas, ese que soñaba con la universidad, que se dormía en el asiento trasero del Impala, el mismo Sam que se lanzo por el agujero al Infierno con tal de salvarle a el y no a la humanidad.

Y aunque su imagen de héroe quede manchada por el simple hecho de que usa ropa interior femenina, Dean no puede olvidar que es su hermano.

Así que se acerca, arrancando la tanga blanca de la mano de Sam, quien ha estado intentando ponérsela en silencio, y la mete por sus largas piernas, haciendo todo e recorrido hacia arriba, que no es el mismo que con sus mullidos boxers.

- Listo, ahora déjame colocarte los pantalones.

No pregunta, no necesita saber por que lloraba Sam; no es como que importe ahora, que esta en el Impala, con los labios manchados de helado y lleno de comida hasta el mismo tope, que Dean ha encontrado muy alto.


Viajan a Nueva Inglaterra, en Maryland, con la maleta del Impala entreabierta, cargando el magnifico mueble que Sam ha visto cerca de Delmar; demostrándole a Dean, cuan costoso le va a salir este nuevo viaje con Sam.

Una vida normal.

Castiel tiene la manía de llegar en los momentos mas inadecuados para ambos Winchester, incluso hay veces que llama a Dean cuando este esta en el baño con el papel enrollado en la mano.

A Dean le jode, por no hablar de Sam, quien chilla como nena cuando el ángel se aparece en medio de la carretera, y Dean casi lo atropella, en serio que lo mata, al Impala no a Cas, quien ni se molesta en quitarse.

Y luego les dice, con sus ojitos azules llenos de inocencia que Dean le quiere quitar a golpes y Sam a bofetadas.

- Lo siento, me aparecí donde no debía.

Como si fuera el puto Harry Potter para aparecerse.

Se gana un golpe inútil de Dean, que le rompe dos dedos al Winchester, y le hace gemir de dolor mientras se dobla en dos; bajo la mirada divertida de Sam, quien no se ha bajado del auto por obvias razones motoras.

Cas, o Cassie, Castiel, ángel de los cojones, les acompaña a la nueva casa, un poco menos estresados de lo que se le ve últimamente, con toda esa masacre entre ángeles, incluso se recuesta del asiento del Impala y se queda con su mirada perdida en alguna parte de la nuca de Sam, quien le ve por el retrovisor, sin notar la mirada que Dean le da.

Si alguno de los tres leyera mentes, no todo seria tan confuso, Sam, como el buen hermano menor que es, siempre ha sido muy celoso con Dean, y ahora que por fin le ha recuperado, que al fin ha logrado dejarle en claro a Dean que quiere algo mas; las ganas de alejar al ángel del cuerpo del Winchester rubio son casi intolerables.

Dean por su parte, le importan ambos sujetos, uno mas que el otro por supuesto, pero ambos como familia, nada fuer de eso, aunque tenga pensamientos incestuosos y lujuriosos sobre Sam y Cas, respectivamente.

Cas, como buen observador que es, sabe que Dean esta tan cerca de el como de lejos, y sabe que Sam, Sammy, Samuel no le quiere cerca de su hermano en ese sentido; aun no entiende muy bien esa parte, pero esta seguro que tiene algo que ver con como se siente el cuando ve a Dean con una mujer.

La casa es gigante, y Sam se muere por verla, pero aun les queda un motel mas antes de llegar, cerca de Nueva Inglaterra, Castiel se ha ofrecido a llevarlos, pero Sam se ha negado en redondo, y Dean también; así que ambos deciden descansar en el Chesire Hotel, al que Dean hace una tonta referencia con Alicia en el país de la maravilla, haciendo reír a Sam y fruncir el ceño a Cas.

- Alicia es una de mis hermanas. – anuncia Cas, cuando Dean esta ayudando a Sam a recostarse.

- Cas, no te ofendas pero odio a todos tus hermanos. – declaro Dean, sentándose a la orilla de su cama para quitarse las botas.

Castiel se ríe, una risa suave que sorprende a ambos hermanos.

- ¿Puedo mirarles dormir? – pregunta de la nada, mirando a ambos hermanos.

-¿Cómo nuestro ángel de la guarda? – replica en broma Dean, metiéndose debajo de las sabanas.

- Esta bien. – responde Sam, lanzándole la camisa a Dean para que se calle.


Continua.