-Capítulo Cuatro-
Note Book
La mañana del sábado corría con un clima especialmente rico como para quedarse en la cama hasta tarde, pero no todos podían darse ese lujo aunque lo tuvieran bien merecido después de una larga semana de clases y trabajos.
- No puede ser posible¿Luigi estas dormido?
- No, no como crees – dije bostezando – ya me estaba levantando¿que hora es?
- Aún es temprano pero debemos bajar a desayunar para no llegar tarde al estadio de quidditch.
Me levanté inmediatamente de la cama, busque mis zapatos tenis, me cambié el pijama y me puse unos jeans y una camiseta roja. Era ya una costumbre para mi vestir camisetas de ese color dado que el rojo es uno de mis colores favoritos; los otros Slytherins al inicio me vacilaban porque el rojo es color de Gryffindor, pero en gustos se rompen géneros; además mi hermana era Gryffindor y yo estaba orgulloso de eso.
Salí al pasillo que da a las habitaciones y llegué a la sala común, había muchos estudiantes conversando. Volví la mirada hacia una de las mesas, donde dos de ellos hablaban, uno llevaba dos escobas al hombro. Me dirigí hacia ellos, algunos estudiantes se volvían y me deseaban suerte para el partido de esa mañana.
Cuando estaba apunto de llegar donde estaba mi amigo con las escobas, otro estudiante de Slytherin se me acercó y me dijo:
- Luigi, hace un rato vino tu hermana y preguntó por ti, yo le pregunté a Stan que donde estabas y él me dijo que seguro aún estabas durmiendo. Así que volví y se lo dije a tu hermana, ella dijo que no hacía falta que bajaras a atenderla, te hizo una nota y luego se fue, la nota la puse sobre la chimenea – y señaló con el dedo hacia la chimenea, al costado de la sala común.
- Luigi, quieres hacer el favor de moverte, tengo mucha hambre y no quiero llegar tarde a los vestidores – me gritó Stan cuando vio que me dirigía en dirección contraria a él.
- Dame un momento, mi hermana Maby dejó algo para mí, no tardo nada.
Llegué hasta la chimenea y encontré la nota doblada, estaba junto a un candelabro de plata, la tomé y con un acto casi involuntario mi mirada se volvió hacia el retrato de marco color esmeralda que estaba sobre la chimenea. Siempre estaba vacío, cualquiera que no supiera su historia diría que ese cuadro no tenía dueño; abrí la nota y leí: "¡Hola manis!, si no nos vemos antes del partido te deseo mucha suerte desde ahora y si tampoco nos vemos después del partido, te aviso que en la tarde iré al bosque a buscar los hongos. Lo más seguro es que tenga que ir sola, pero no te preocupes, yo te prometí que lo haría y lo cumpliré, lo más admirable es que no lo olvidé, jeje (insólito ¿no?) Nos vemos luego entonces y arriba las serpientes (siempre y cuando no tan arriba que los leones). ¡Adiós! Atte: Maheba Lestrange".
Me guardé la nota en el bolsillo y corrí hasta donde estaba Stan, tomé mi escoba, ya que él la llevaba, y salimos de la sala común. Los pasillos de las mazmorras estaban casi desiertos, los estudiantes que no estaban durmiendo estarían en el gran comedor desayunando; llegamos al vestíbulo y de ahí al comedor que estaba bastante lleno para ser sábado en la mañana, la mesa de Ravenclaw y Slytherin tenían más estudiantes que las demás, dado que el partido de ese día sería entre esos dos equipos.
Stan y yo nos sentamos a la mesa y comenzamos a desayunar, unas cuantas tostadas con jalea y miel con una jarra de café; no estábamos en lo absoluto nerviosos a pesar que nuestros puestos en el equipo son de los más importantes, yo seguiría jugando de guardián y Stan de buscador, éramos bastante buenos.
De pronto me acordé de algo, he hice ademán de levantarme, Stan me miró mientras devoraba su sexta tostada.
- ¿Y ahora?
- Nada, es que olvidé algo pero después del partido lo resuelvo, si vuelvo a la mazmorra no llegaría nunca al estadio.
- Sí, de hecho, será mejor que nos vallamos ya – dijo y se atragantó el pedazo de tostada que le quedaba en la mano.
- Si, si vamos que estoy ansioso de ganarle a esos Ravenclaws.
Tomamos las escobas y salimos a los terrenos de colegio, llegamos a los vestidores y ahí estaba Sean Linmer, nuestro capitán, ordenando a todos que se pusieran el uniforme y repasando con otros las tácticas para el juego de ese día. Después de unos minutos ya todo el equipo estaba listo para salir al campo, el capitán nos ordenó salir, salimos, el árbitro pitó y la quaffle, las bludgers y la snitch se alzaron en el aire.
El partido estaba más complicado de lo que nos habíamos previsto en los entrenamientos y al parecer para los Ravenclaws lo era también, no nos daban tregua, al los pocos minutos el partido terminó, yo logré atajar todos los tiros a marco de los otros cazadores, pero aún así habíamos perdido: a Stan se le escapó la snitch por poco y el otro buscador la había atrapado. La tribuna de Ravenclaw estaba más que eufórica por la victoria bien ganada.
- Bueno, muchachos – nos dijo Sean cuando entramos en los vestidores – esto garantiza los rumores que teníamos de que Ravenclaw, este año de verdad está jugando bien al quidditch, no vamos a descuidarnos ni por un segundo, los entrenamientos continuarán como hasta ahora; y tú Mckellen, estuviste muy bien pero para la próxima a abrir más los ojos. Lestrange, tú, excelente y también el resto del equipo, buen trabajo.
- Si, no lo puedo creer, fue por muy poco que se me fue, estoy seguro que no volverá a pasar, la suerte nos les podrá durar toda la temporada a esos Ravenclaws.
- Esperemos que así sea, porque si no vamos a perder el campeonato – le dije a Stan.
Me cambié rápido y salí del vestidor, cuando pasaba por el estadio rumbo al colegio vi que la mayoría de estudiantes ya se habían ido de las graderías pero Maby aún estaba ahí.
- Hola, Maby¿qué te pareció el partido? – le di un abrazo y un beso.
- Estuviste excelente, Luigi, felicidades, lástima que al final les ganaron la snitch.
- Si, Stan está que se pega un tiro¿Qué es eso que tienes en la mano?
- Es el banderín de tu casa¿te gusta?
- Maby, que lindo, gracias – de verdad que me había hecho mucha gracia el detalle de que llevara un banderín de Slytherin aunque ella fuera Gryffindor.
- ¿Leíste mi nota?
- Si¿entonces irás a buscar las hierbas para el trabajo de Herbología?, en serio que si no tuviera que ir a la biblioteca a hacer parte de una investigación que tengo pendiente yo iría contigo.
- No hay problema, sin falta ahora voy y te las mando mañana.
- Y porque mandármelas¿que no puedes ir tu a dejármelas?
- Hay Luigi ya sabes que no me gusta causarte problemas por mis visitas a tu casa, mejor así yo te las mando, te busco o de las dejo con alguien.
- Bueno está bien – dije con vos cansina ya que este tema nunca tenía revés ni derecho.
Caminamos juntos hasta la entrada del castillo, Maheba tomó escaleras arriba y yo me dirigí a las mazmorras. Cuando iba por medio pasillo Stan me alcanzó.
- Luigi¿qué te hiciste?, salí del vestidor y no te vi.
- Pues estaba hablando con mi hermana y luego nos vinimos juntos, ella se fue rumbo a la torre de Gryffindor y yo, pues aquí me ves, te parece bien así o te lo detallo más.
- No seas dramático, lo decía porque los chicos y yo estamos planeando una salida a Hogsmeade, que te parece, la tarde es nuestra y tal vez podamos comprar algo de whisky de fuego.
- Yo quiero ir… pero no podré – dije apesadumbrado – tengo una tarea que hacer y mientras más pronto la termine mejor, pero prométeme que si consiguen me traerás, ya me los conozco bien, se lo acaban todo ustedes siempre.
- Bueno, pero no te prometo nada – dijo con una amplia sonrisa.
- ¡Larga Vida, Slytherin!
- Pero¡¿qué esperas?! – le dijo Stan al retrato de la puerta de la sala común, que al escuchar la contraseña ni se inmutó y siguió leyendo un grueso libro de pastas negras que apoyaba en sus piernas.
- No podrán pasar con esa contraseña Slyterins – dijo el retrato.
- ¿Y se puede saber por qué?
- Acaso no saben que día es hoy…
- Pues… – me puse a hacer memoria y el recuerdo me llegó como balde de agua fría – este inepto no nos quiere dejar pasar porque hoy es último sábado del mes, día de cambio de la contraseña, me llevan los diablos…
- Que es toda esta algarabía que hay aquí – dijo una vos femenina detrás de Stan y yo - ¡El bien mayor! – dijo y el retrato se abrió.
- Que bien que llegas, Hikari, nos salvaste de tener que esperar aquí la vida eterna hasta que alguien nos abriera¿fuiste al partido?
- No, Stan, no fui, no me gusta perder el tiempo, además ya me contaron que perdieron, eso si es verdaderamente humillante, y contra esos "Ravenraros".
- ¿Dónde estuviste entonces, Hikari? – pregunté.
- Fui de compras con mi mamá, me mandó una lechuza avisándome que estaría en Hogsmeade, así que salí con ella.
- Si no, que manera de aprovechar el tiempo – dije mientras llegábamos a la sala común.
- Luigi – dijo Stan – guarda mi escoba en mi baúl, voy a buscar a los chicos a ver que tal van los planes de la salida, nos vemos en la noche.
- ¿Van a salir? – dijo Hikari.
- Yo no, tengo tarea. Pero Stan sí, va con los chicos a Hogsmeade.
- Bueno pero necesito hablar con ustedes, los busco después entonces, así aprovecho la tarde para terminar mi redacción sobre los efectos sociales de la revolución del 98 en la comunidad mágica.
Stan se dirigió hacia el otro lado de la sala, Hikari se fue por el pasillo de las habitaciones de las mujeres, y yo pasé entre unos estudiantes que sostenían una fuerte discusión por lo del partido de quidditch; uno de ellos empujó al otro y el amigo del que fue empujado sacó la varita mágica y lanzó un hechizo de piernas unidas; pero cual fue mi suerte que el muchacho para el cual era dirigido el hechizo lo esquivó y yo era el siguiente en su camino, así que me dio de plano en la espalda, caí al suelo con mis piernas muy unidas, apenas pude poner las manos al caer por lo que tuve que soltar las escobas, todos los que estaban en la sala se quedaron en silencio al verme en el suelo, esperando un arranque de furia de mi parte.
Saqué mi varita de la bolsa de mis jeans y la nota de Maby calló al suelo junto a mi, apunté la varita a mis piernas y dije: ¡Finite!; al instante mis piernas volvieron a separarse, la gente estaba expectante; por otro lado Hikari había vuelto del pasillo y estaba viendo lo sucedido igual que Stan que tenía un risa en la cara casi una carcajada.
Me levanté y me dirigí con la varita en mi mano derecha hacia donde estaban los estudiantes que eran los causantes del jaleo. Me miraron con cara entre ceñuda y nerviosa, yo con una ligera sonrisa en mis labios los apunté y dije: ¡Petrificus Totalus!; los tres cayeron mudos e inmóviles al suelo de la sala, Stan y los demás soltaron las carcajadas.
- Ahí tienen tontos por meterse con Luigi Lestrange.
Tomé las escobas y la nota de Maby y me fui a mi cuarto. Al llegar no estaba de muy buen humor por el incidente, puse la escoba de Stan sobre su baúl y me dirigí al mío, lo abrí y saque de el mi mochila y metí mi escoba, me senté en la cama y comencé a buscar en el fondo de la mochila por lo que había estado preocupado a la hora del desayuno y después de unos segundos lo encontré, era un note book pequeño de pasta de cuero color café, lo tomé en mi mano y lo abrí, y me di cuenta que efectivamente lo había dejado abierto, olvidé cerrarlo la noche anterior cuando estuve haciéndole algunas anotaciones.
Estaba cansado por lo del partido así que metí unos libros que necesitaría más tarde a la mochila, unos pergaminos, la pluma, un tintero negro y mi note book, pero antes de meterlo dentro lo apunte con la varita y dije: ¡Claudo!; puse la varita en la mesa de noche junto con la mochila y me recosté en la cama. Cuando desperté habían pasado alrededor de dos horas, tomé mis cosas de la mesa de noche y salí de la habitación, no quería retrasarme más con mi investigación. Me dirigía hacia la biblioteca, ya que necesitaba consultar unos libros que eran de reserva y que sólo se pueden usar ahí dentro.
Llegué a la mesa de la señora Pince, ella me miró con cara de pocos amigos, y me preguntó:
- ¿Que libro deseas?
- Teoría del Tiempo, para trabajar aquí.
- Un momento – dijo y salió con dirección a un estante de libros que tenía justo detrás de ella, cogió el libro y volvió al escritorio y se sentó, tomó una calcomanía y se la pegó en la pasta al libro y me lo dio – aquí tienes.
- Gracias, pero ¿se puede saber que es esta carita sonriente que le pegó usted a la portada del libro, señora Pince?
- Es un nuevo sistema para evitar que se "desaparezcan" los libros de la biblioteca, si sales de la biblioteca con este libro la calcomanía comenzará a gritar el nombre de la persona que se lo esta "llevando".
- Ahhh, que "efectivo" – le respondí en tono sarcástico de la misma manera que ella, este sistema me parecía de lo más estúpido.
Para ser sábado por la noche la biblioteca estaba con bastantes estudiantes, tuve que pasar entre varias mesas que estaban ocupadas y tomé un cubículo en el fondo, puse el libro en la mesa y saqué mis cosas de la mochila, tomé el note book y lo toqué con la varita diciendo: ¡Aperio!; éste se pudo abrir y comencé una a releer por donde había quedo la última vez. Abrí el libro que había pedido a la señora Pince y lo leí durante largo rato, consultaba también de vez en cuando los libros que yo había traído de mi cuarto; después de más o menos una hora llegué a una acertada conclusión, el tiempo no pude ser manejado al antojo con otra cosa que no sea un giratiempo, así que lo que yo acababa de desarrollar era un logro para el mundo de la hechicería; por fin pude anotar al inicio de la investigación que había estado llevando en mi note book, el hechizo que acabada de inventar que me servía para controlar el tiempo. Estaba feliz.
Como ya era de noche recogí mis cosas, sellé el note book y lo metí todo en la mochila, me dirigí a la puerta pero en ese instante recordé que tenía que devolver el libro así que tuve que hacer un largo recorrido desde casi la entrada de la biblioteca hasta la mesa de la bibliotecaria para devolverlo; se lo puse en la mano y me volví para salir, cuando iba pasando por donde había todavía una muchacha en una de las mesas algo chocó contra mi y me empapó, me quedé ahí inmóvil mirando a la persona que era causante de ese segundo incidente del día: era una muchacha que no conocía, sólo de vista, nunca le había hablado. Inmediatamente se disculpó por lo sucedido y trató de remediar lo que había hecho, en ese momento mi fugaz felicidad estaba desapareciendo, yo le dije que no se preocupara que la ropa la llevaría a lavar pero no me hizo caso y me hizo un hechizo fregotego y ahí comenzó mi tercera maldición del día, el hechizo le salió mal y estaba escupiendo jabón por la boca¿acaso la situación no podía empeorar?, para que lo pensé, Sean estaba viendo lo sucedido, y parecía reír, que vergüenza, ya era suficiente así que me volteé y salí de la biblioteca, sucio, escupiendo jabón y con hambre.
Subí las gradas hacia la torre de Gryffindor, ya había perdido las ganas de comer junto a la felicidad por mi descubrimiento; mientras iba subiendo la gente se me quedaba viendo por las manchas que llevaba encima, bendita muchacha esa la de la biblioteca pensé; llegué al retrato de la señora Gorda, ella al verme puso cara de sorpresa:
- Pero ¿qué te ha pasado, muchacho? – saqué mi varita y como pude murmuré en una burbuja de jabón.
- ¡Flagrate! – una línea roja salió de la punta de mi varita y comencé a escribir en el aire: "¿esta mi hermana en la sala?"
- No, querido – dijo la señora Gorda, por lo que seguí escribiendo: "¿Estarán George o Ariana?"
- Ariana sí, ya te la llamo, espera – al poco rato Ariana estaba frente a mí.
- Hola, Luigi, Maheba no está¿le digo que viniste cuando llegue?, no sé dónde se metió – puse cara de preocupación porque no había vuelto¿le abría pasado algo en el bosque?, escribí de nuevo: "no, está bien, Ariana, gracias, yo hablo con ella después, escribo en el aire porque en este momento no puedo hablar, larga historia, nos vemos luego." Ariana se despidió de mí pero se quedó algo extrañada por las pompas de jabón que salían de mis orejas.
Volví a la sala común de Slytherin, y después de una odisea porque el retrato me dejara entrar porque no podía pronunciar bien la contraseña entré y vi que Hikari estaba en un sillón junto a la chimenea con otras estudiantes, me acerqué a ella y le explique como pude lo que me había pasado en la biblioteca para que me ayudara. Fue a su habitación y me trajo un frasco; me dijo que con eso se me quitaba la emanación de jabón, lo tomé y al momento ya podía hablar.
- Si que tienes suerte Luigi, que mal – me dijo.
- Ni me digas¿puedo tomar uno? – le pedí un pastel de calabaza que tenía sobre una mesita cerca de ella y sus amigas.
- Claro, coge, coge.
- Gracias – lo tomé y lo devoré – nos vemos mañana, estoy cansado y quiero dormir¿no sabes si Stan está en el cuarto?
- No ha llegado, o por lo menos no lo he visto pasar, que duermas bien.
- Buenos, nos vemos.
Llegué a mi cama, terminé el resto del pastel y puse mis cosas sobre la mesa de noche, saqué el note book y lo puse sobre la cama junto a una pluma, me puse el pijama y tiré la ropa manchada a un lado, me recosté, busqué en el note book hasta que encontré la página que decía con mi puño y letra: "Hechizo de Pertenencia", apunté con la varita a la mancha de tinta en mi ropa y dije: ¡Quem!; una nota como un pequeño letrero apareció sobre la mancha con el nombre "Elanor Potter", tomé una hoja limpia de pergamino y escribí: "Veo que tienes problemas con el hechizo fregotego así que te recomiendo, para la próxima vez, el hechizo Scourgify, que es de mi propia invención y que funciona perfectamente, suerte. Atte.: Luigi Lestrange".
Cerré la nota, escribí el nombre "Elanor Potter" por el revés, y con un toque de la varita la nota desapareció, en los días siguientes el destinatario la recibiría a través del correo interno del colegio. Metí de vuelta mis cosas en la mochila, me cubrí con la colcha y me rendí al cansancio del día.
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