Muchas, muchas gracias por los comentarios y por las personas que han agregado esta historia a sus favoritos. Y para los que leen y no comentan, sería bueno saber su opinión... No muerdo...

Cuarta viñeta~


...de humillación y tristeza...


Hermione secó sus lágrimas con fuerza, acurrucándose en el sillón y hundiendo aun más su nariz en el libro, tratando de ignorar a las personas que cuchicheaban sobre ella. Claro, no es que vieran sus lágrimas, pero aún así notaban su cambio de comportamiento. Ginny le había preguntado si se sentía bien, a lo que había respondido con una sonrisa forzada y con un asentimiento rígido. ¿Bien? No. Ella estaba pésimo. Sentía que iba a morir de vergüenza y dolor. Se recostó contra el sillón con el libro estratégicamente ubicado para cubrir su rostro, y por ende, el rastro de humedad en sus mejillas.

La puerta se abrió y un grupo de personas entraron hablando de forma animada y bulliciosa, Hermione no tuvo que mirar para saber que ellos estaban ahí. Su pecho dolió y una nueva ronda de lágrimas cayeron de sus ojos, ¿es que acaso era masoquista? Ella sabía a la perfección que ellos estarían tarde o temprano en la sala común, ¿así que para que había bajado? ¿Por qué no se encerró en su habitación, revolcándose en la miseria, vergüenza y humillación? Bueno, porque era más fuerte que esto. No iba a permitirse estar limitándose por ellos.

—Uh, Hermione, Fred y George…

—Lee. –interrumpió Hermione ceñuda:- Dile a tus amigos que no sigan molestándome.

Tras aquella contundente declaración, cerró el libro con brusquedad, agarró su bolso y lo colgó en su hombro antes de salir de forma aireada de la sala común. No podía ir a la biblioteca ya que no soportaría la mirada incriminatoria de la señora Prince, no tenía ganas de salir del castillo, ni de bajar a comer, así que… quizás se daría un baño. Así podría mantener su cabeza despejada y volver a leer.

'¿Te encuentras bien?' –preguntó Ginny en medio del desayuno.

'Sí, Ginny, ¿por qué lo preguntas?' –respondió Hermione removiéndose inquieta, tomando zumo, evitando mirar a la pelirroja.

'Por la poción que te dieron ayer los chicos…'

La felicidad y nerviosismo había sido cambiada rápidamente por humillación y dolor. Ellos la habían drogado. Lo habían hecho todo por vengarse. Y no estaba segura de poder reponerse de aquella traición.

El juego había acabado.

Y ella había perdido.