Disclaimer: PPG y sus personajes no son de mi propiedad, pertenecen a Craig McCracken. La trama de la historia y los Oc's que aparecen en ella sí son de mi propiedad. Escribo esto sin fines lucrativos, sólo por el gusto de hacerlo y compartirlo con los demás.
Un anuncio rápido antes de iniciar el capítulo, como se habrán dado cuenta, este capítulo SÍ tiene nombre, no como lo anteriores (?), esto es porque hay una escena que está ambientada con el nombre de la canción (el capítulo lleva el nombre de la canción, es de Melanie Martinez, por si alguien no la conoce). Así que yo les recomiendo buscarla en Youtube, y reproducirla cuando Blossom empiece a soñar (no se espanten, sabrán cuando darle play). Son libres ahora, de empezar a leer.
Tag you're it.
Lo más pesado de la noche fue conseguir dormir.
Después de esa llamada me quedo una sensación de vacío en el estómago, comí bastante en la cena esperando que así se fuera el vacío. Buttercup se lo tomó como un reto personal, por cada plato que me servía, ella se servía tres más, todo con tal de no perder la imagen de chica ruda que come tres veces su peso y no engorda.
Puede que sólo haya sido yo.
Me esforcé realmente por aparentar normalidad en la mesa, cuando Bubbles preguntó porque comía tanto sólo pude decirle que había tenido un pesado día de escuela. Ellas también, según lo que escuché. Los Rowdy parecen haber dado problemas, no del tipo al que estamos acostumbradas, más común y normal. Perdí gran parte de los detalles pensando en que enfermo pudo haberme llamado sólo para decirme eso, supongo que tenía algo que ver con un partido de fútbol u otro deporte.
Algo así debe haber sido. Butter parecía muy molesta al respecto, no mejoró en nada su humor que yo no les prestara atención y que sólo comiera. En fin, dos de mis nueve horas de sueño realmente dormí. Cada vez que cerraba los ojos tenía la sensación de que había alguien frente a mi, viéndome dormir, era como un cosquilleo en la nuca al cerrar los ojos. No acostumbro usar pijama, me acaloro demasiado por la noche, y, sin embargo, ayer la usé. Odio esta sensación de persecución. La odio porque no hay nada que yo pueda hacer para eliminarlo.
Mierda.
De nuevo estoy temblando, sólo de recordarlo me pongo a temblar como gelatina. ¿Así me hago llamar líder de las chicas súper poderosas? Vaya que hay mucho de que alardear. Una absurda llamada telefónica al atardecer y un estúpido comentario sobre mi cuerpo basta para ponerme nerviosa, como si no hubiera dedicado años completos de mi vida a la lucha contra el mal, como si todas aquellas ocasiones en que me enfrenté a Él junto con mis hermanas nunca hubieran ocurrido. ¿Cómo es posible que los humanos puedan generar tanto miedo en mí?
Eso es lo aterrador aquí.
—¿B? ¿Por qué me da la impresión que esto es un hábito tuyo? —levanto los ojos hacia Alice. Es diferente a como ocurrió ayer en la cafetería, ahora usa un par de lentes protectores y tiene el cabello recogido en un moño muy desordenado. Igual, aunque con pequeñas diferencias, está inclinada frente a mí, sin parpadear.
—Quizá porque realmente es un hábito, suelo ir a mi palacio mental cuando pienso, sólo así consigo concentrarme de verdad —desvía los labios hacia un costado de su rostro.
Alice es una persona complicada de entender, con este ya son tres días desde que nos conocimos por primera vez y no pueda terminar de descifrarla, todo lo opuesto con Kyle y Jason. Kyle es un geek en lo que abarca el significado de esas cuatro letras, su teléfono y portátil están llenos hasta el tope con videojuegos en línea, instalados, comics, mangas, en fin, todo lo que está dentro de sus aparatos dice a toda voz: "¡Soy un nerd de los comics!". Y él está orgulloso, así que supongo que está bien, quizá lo diferente es que no te das cuenta al verlo porque viste muy… normal, sudadera con capucha, chaqueta sobre la sudadera, vaqueros desgastados, converse negras, en fin, normal.
Jason, por otro lado, da una imagen muy errada a lo que es en realidad. Su ropa parece ser sacada del fondo del cesto de ropa sucia, siempre arrugada, con manchas de dudosa procedencia en distintos lugares y de colores sospechosos, tenis o botas, desgastadas y sucias, pero todos de color azul, o negro. Por desgracia jamás ha sido presentado con un cepillo, así que usa gorros de lana para ocultar su cabello despeinado, que se le ve muy bien, por cierto, y no usa abrigo, a menos que vayamos a salir al sol, es alérgico al sol y sólo entonces usa un suéter, de lo contrario jamás los usaría. Aquí es dónde viene la parte divertida, es gay.
Uno pensaría que el gay dominante de la relación, por cómo se viste, ¡pues no! Es el gay pasivo de la relación, ni siquiera Alice pudo deducir eso por su apariencia, ella también creyó que era el gay activo cuándo llegó esta mañana a clase tomado de la mano de su novio, pero no es así, y tampoco es el que tiene la apariencia masculina, ¡es el afeminado! Fue todo un shock descubrir eso sólo por la forma en que se despidió de su novio antes de que él se fuera a su clase. Simplemente porque acaba de quedar claro que es gay, si no apuesto que todas las chicas de la clase —las otras tres aparte de Alice y yo— iríamos a por ese bombón.
—¿Estás citándome a Sherlock, B? —Alice un tono de voz gangoso al responder. De cualquier forma, sí, lo hice. Cite a Sherlock Holmes y no me arrepiento de que ella haya logrado captarlo.
—Yo pienso que no es malo —Kyle se levanta los lentes protectores para limpiar sus gafas—. Como científicos locos que planeamos ser, aislarse un poco de los demás suena lógico para poder pensar, yo lo hago antes de dar un monólogo en el role play.
Jason pone los ojos en blanco, haciendo un gesto con las manos de hablar, rezongando a cada palabra que dice Kyle. Dejando de hacerlo rápidamente cada vez que Kyle mira sobre su espalda para reprenderlo, tres días desde que todos nos conocimos y es obvio que congeniamos bastante bien, Alice y yo casi llegamos a perfecta complicidad, ella analiza fríamente todo lo que yo y los demás hacemos y decimos para decodificar nuestra personalidad, y yo me fijo en los detalles de su vestimenta para saber qué tipo de comentarios debería hacer, cuidado su estado de ánimo.
Kyle y Jason parece ser lo mismo, sólo que ellos no desperdicien la oportunidad para molestarse, jamás terminaré de entender cómo funciona la amistad masculina.
—¿Alguien sabe cuándo planea mostrar su feo trasero Brick? Son casi las once, debemos ir a comprar el tanque para el proyecto de la galaxia —Jason dobla el brazo para revisar su reloj por enésima vez.
Me alegra saber que no soy la única que empieza a perder la paciencia porque ese vago no aparece. Casi puedo asegurar porque no está aquí, seguro se entretuvo por ahí con alguna chica y olvidó completamente sus responsabilidades, no me sorprendería que fuera así. No puedes cambiar a una persona totalmente, nunca.
—Préstame tu teléfono, B. Llamé a mi padre en la mañana y me quedé sin saldo —Alice toma mi mochila para sacar el móvil. Puede que estemos armando un circuito cerrado para la clase de electrónica, pero eso no implica que sea agradable que el holgazán de Brick llegue a la hora que se le hinchen las bolas—. Alice, en realidad, pero ya que contestaste, tienes dos minutos para traer Tu flojo y gordo trasero a la clase, o serás tú quien pague todo lo que compremos hoy para el proyecto de la galaxia.
Conociéndolo, no llegará hasta dentro de media hora.
En fin, carpe diem, mi mundo no va a detenerse por un inútil como él, o como el resto de la clase, los cuales no parecen están en la mejor sintonía, aun cuando ya han pasado tres días de escuela ya han quienes muestran los clásicos síntomas de universidad, ojeras, cansancio, estrés, desorganización, y peleas, especialmente peleas. No comprendo que tiene la universidad que puede arruinar la vida de algunas personas así, Bubbles y Buttercup parece un poco presionadas también. No me sorprende de Butter, es bastante perezosa para estudiar. Bubbles, por otro lado, es más aplicada, cuesta creer que en el tercer día ya tenga problemas con sus tareas.
—Miren eso, el holgazán llegó.
Apago el cautín con el que estaba soldando para ver a la puerta. Ciertamente ahí está, parece haber despertado hace tan sólo unos minutos, por debajo de su gorra se ve su cabello, alborotado y apenas sujeto con una cinta. El peinado de Brick es cuento viejo para los habitantes de Townsville, gorra y una cola de caballo, todos sabemos eso. La mochila le cuelga por un brazo, vino corriendo a todo lo que dan sus piernas todo con tal de no dar un centavo por los demás. Por lo demás sigue siendo Brick, vaqueros a la cadera, tan gastados y usados que es poca tela la que sigue unida, convers sucias y… una patética playera sin magas.
"I'll fuck the world with my dik"
Todo un filósofo, realmente quiere transmitir un mensaje usando eso, el mensaje de que usa la cabeza equivocaba para pensar. Un verdadero grito para llamar la atención, como si sus brazos no lo hicieran ya por él, tiene que actuar como el galán de la escuela, el que las tiene a todas a sus pies, corrección, pretende ser el idiota que las tiene a todas de rodillas.
Se desliza entre las bancas hasta llegar a la nuestra, del otro lado del laboratorio de electrónica, por cierto, en la esquina que queda a diez metros de la puerta. Sí, el peor lugar si eres de los que llega tarde, como este cabeza hueca. No termino de saber si choca con alguien o no, necesito volver a soldar los cables para ver si funciona el circuito, es para hoy y será mejor acabar antes de que termine la clase.
—Eres jodidamente tacaño, corriste sólo para no pagar nada, ¿verdad? —Alice gruñe como una verdadera fiera luego de que Brick jala el banco para sentarse junto a ella.
—¿Crees que valen mi dinero? Obvio no, no gastaría ni un centavo por ustedes.
¡Joder!
Acabo de hacer pedazos un buen cautín sólo porque ese cretino quiso abrir la boca. Juro que todo el salón —y compañeros de mesa— acaban de volver la cabeza en mi dirección, hizo un ruido bastante fuerte el cautín al partirse a la mitad entre mis manos, no hay forma de justificar esto sin dar alguna mierda de excusa que en realidad sea creíble.
Punto bueno, era mi jodido cautín el que rompí, así que debo comprarme uno nuevo. Ese es el punto malo, joder.
—¿Ahora también eres una salvaje, Pinky?
—¡Cierra la boca, Him! —no extrañaba estas discusiones. Realmente no extrañaba las patéticas e impulsivas discusiones que solía tener con él, todo tiene que girar a su alrededor, siempre, si el estúpido cabeza de polla Brick Him no es el centro de atención se vuelve el centro de atención, me da nauseas lo alto que puede llegar su ego—. Maldigo el día en que pisaste el mundo.
Ya fue suficiente teatro para una mañana. Necesito salir de aquí, respirar aire fresco y despejar mi mente, lo último que necesito es una escena en la que quede en evidencia mi relación con Brick, conozco la rutina, protagonista sosa conoce a protagonista ligón, chica sosa se vuelve el blanco de todas las fulanas que quieren acostarse con idiota ligón, vida de la chica sosa arruinada totalmente por culpa de idiota ligón.
Lo he visto demasiadas veces como para cometer ese error.
Especialmente si incluye al idiota Rowdy rojo.
Tengo la sensación de haber escuchado a Alice llamarme desde su lugar cuando me paré y atravesé el salón con pasos largos, no puedo estar realmente segura, lo único de lo que me preocupo es de cuidar la velocidad con la que camino, cualquiera que me viera yendo a la velocidad del sonido sospecharía que algo va mal, si lo que intento es ocultar mi identidad como chica super poderosa, mejor no dar muestra de superpoderes.
Recargo la espalda contra un árbol y me deslizo hasta tocar el suelo. Dando grandes bocanadas para respirar, lo necesito. Junto las piernas y las doblo frente a mí, ocultando el rostro entre las rodillas. No estaba psicológicamente preparada para un enfrentamiento así, ni siquiera había contemplado el hecho de que estaría aquí otra vez, un día que no lo veo es suficiente para creer que ha desaparecido de mi vida.
—¿Te encuentras bien? —levanto el pulgar en forma de respuesta. Me siento como una mierda por rebajarme al nivel de Brick—. ¿Blossom?
—Estoy bien, Alex, de verdad —sonrío sinceramente a modo de respuesta.
Hay una sombra sobre los ojos de Alexander, esos bellos y cálidos ojos lilas, no sonríen y es por culpa de una rabieta, ¿acaso tengo cinco años para actuar así otra vez? Claro que no, tengo casi veinte años, madura y actúa de acuerdo a tu edad, Blossom.
—Me siento mal, pero no hay nada que puedas hacer para ayudarme, ¿me explico? —parpadea sorprendido por lo que acabo de decir. Sus mejillas se colorean con un adorable tono carmín, suspira y baja la cabeza, dejando que su cabello tape la vergüenza.
—Podría llevarte en mis brazos hasta la enfermería, ellos seguro pueden ayudarte.
Suelto una carcajada sin detenerme a pensar en lo que pensarán las personas que caminan a nuestro alrededor. Recuerdo un día que estuve así con alguien a quién creía amar.
Aquí vamos, hora de abrir la caja de pandora.
Adoraba pasar horas enteras sentada sobre la rama de un árbol con él, charlando sobre cualquier cosa, lo importante era pasar tiempo juntos. Sí, era ese tipo de chica, el que aprecia el más mínimo detallito que le haga su novio, y que sí solo lo ve dos segundos ya siente que el día mejoró, era ese tipo de novia. Me gustaba ser ese tipo de novia, la que cree que todo es perfecto porque "encontró" el amor verdadero.
La estúpida que deja que todos le vean la cara.
El único defecto de abrir mi caja de pandora es que se arruina mi buen humor. Dejo de sonreír naturalmente y empiezo a fingir, abrir la herida funciona para recordarme que es lo que no debo hacer, su contratiempo es que también revive el dolor, ¿por qué tiene que ser algo tan complicado el amor? Ese sí que cambia a las personas.
Saca lo peor de uno y lo mejor, lo peligroso es saber que se queda.
¿Yo? Dejó lo peor de mí en el exterior haberme enamorado.
—Olvidemos la enfermería, vayamos a comer algo.
—¿Te llevo en mis brazos hasta la cafetería?
—Sólo si aún estás dispuesto —bromeo encogiéndome de hombros. Da gusto saber que mi caja de pandora solo me afecta a mí, de esa forma el buen humor sigue alrededor de mis amigos, sin arruinar completamente el día.
Alexander me carga entre brazos como si fuera una princesa, jamás me habían cargado de esta forma antes, es extraño y lindo, porque puedo sentir los músculos de Alexander en la espalda y en las piernas, además de estar demasiado cerca para poder oler su colonia, Armani, creo. Tiene que ser Armani, huele demasiado bien para ser otra marca.
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Henos aquí, hora de la comida familiar, un momento para estar con la familia, convivir, platicar sobre cualquier cosa que haya ocurrido durante el día y que quieras rememorar para reír una vez más o llorar, o quejarte, o lo que sea que quieras hacer. Menos yo. ¿Para qué? No es como que quisiera ver a mis hermanas y escuchar sobre lo agotador que es para Buttercup ser miembro del equipo de americano siendo una mujer, o a Bubbles y lo mucho que le estresan las porristas que no coordinan en lo absoluto y retrasan los entrenamientos. Nada por el estilo.
En realidad, quisiera estar en casa ahora mismo, cocinando para mí y mis hermanas, escuchando sobre el equipo de americano y las porristas, daría lo que fuera por estar en casa con ellas y no en la tienda de mascotas con Brick. Me encantaría estar lejos de este lugar.
¿Qué le hice a Alice que fue tan terrible que decidió no acompañarme a ver los precios de los tanques? Definitivamente no fue no haberle hablado de mi mañana en la cafetería con Alexander, ella sola se dio cuenta y me interrogó al respecto. Tampoco fue por el accidente en clase de química, ella hizo explotar el matraz con la solución equivocada. Puedo asegurar que haber quedado atrapadas en el armario de la clase de física tampoco fue el causante, descubrimos que hay sustancias explosivas y muy toxicas dentro, sustancias que obviamente Alice quiere usar para secuestrar a alguien.
¿Qué fue entonces?
—¿Acostumbras ignorar a los que te hablan, Pinky?
Miro a Brick de arriba abajo, antes de dar media vuelta para cambiar de pasillo.
—Sólo si se ven igual a ti, Bricky Poo —respondo. Imitando el tono de voz de Princesa a los doce años, una voz aguda y chillona que perfora los tímpanos, además de usar el ridículo sobrenombre que ella usaba con él cuando aún iba en la escuela.
Tensa la mandíbula al punto de marcar sus venas. Bien, punto para mí.
Esta tiene que ser la cuarta tienda a la que vamos, es la cuarta vez que nos dicen que tanques, del tamaño que los necesitamos no los manejan. No hay forma de que pueda culparlos. Una simple pecera para una pared, de por lo menos sesenta centímetros de largo sólo se encuentran en una tienda de mascotas grande, esas dónde todo lo que venden es productos para mascotas. Dudo que encontremos una del tamaño que Alice quiere. Esa pequeña lunática dijo que quería una pecera, aka: tanque, de un metro de largo y medio metro de profundidad. ¿Dónde en la tierra se encuentra eso?
Brick no es de ninguna ayuda tampoco, solo se queda parado con las manos en los bolsillos, su mirada perdida en lo-que-sea-que-pueda-estar-mirando. Me ha delegado a mí la labor de hacer las preguntas e investigar, llegó a la clase sólo porque no quería pagar un mísero pavo para el trabajo, y la única razón por la que está aquí conmigo, es porque Alice dijo que si no me acompañaba tendría que buscar él la pecera y comprarla si yo no encontraba.
Menudo zángano haragán resultó ser.
—¿Qué ocurre Blossy, Damien no sabe complacer a una ridícula Chica Super Poderosa como tú? —siento la sonrisa de su rostro clavada en mi nuca. Ese cretino parido de un inodoro sabe perfectamente cómo y dónde golpear.
—Mira por dónde, sabe hacerlo mucho mejor de lo que tú podrías. Después de todo consiguió a dos. ¿Y tú? Princesa es la única que pensaría en estar contigo, las demás mujeres parecen tener mejores… estándares —por supuesto, yo también puedo unirme a su juego. Si lo que quiere es provocarme, tendrá que hacerlo mucho mejor que eso. No permitiré que nadie piense que se puede jugar conmigo como si fuera una muñeca, no de nuevo.
Quiero irme. Terminar este estúpido viaje y volver a casa, sumergir la cabeza en agua y luego tirarme sobre mi cama para dormir hasta la siguiente primavera. Quiero volver a los días dónde Brick y sus parásitos estaban fuera de mi vida.
—¡Señorita, espere! —una voz suave, y un poco aguda grita a mi espalda. Dejo ir el pomo de la puerta principal, doy media vuelta y busco a la mujer que acaba de llamar mi atención. La chica detrás del mostrador, se ve un poco agitada y se ha dejado el gorro del uniforme sobre el escritorio. Inspira profundamente y me extiende un papel, hay un número y un nombre escrito, además del nombre de la tienda—. Llame ahí para pedir la pecera en el tamaño que lo necesita, cobran el tamaño y el tiempo de fabricación, el envío es gratis si es menor a un tamaño especifico, no sabría decir cuál…, ehm…, diga que va de parte nuestra, accederán a bajar el precio un poco…, ehm…, lamento no poder ayudarla más. Es todo lo que puedo hacer.
Doy una rápida leída a la información que me acaba de dar. El nombre de la persona con la que debo comunicarme es complicado, europeo, tal vez de los países bajos, su teléfono tiene un prefijo que no conozco, la lada no es de América, así que no se encuentra cerca.
—Todo lo contrario, es de mucha ayuda, gracias… Sophie —sonrío con amabilidad. Es una verdadera fortuna que los empleados tengan su nombre clavado en el uniforme.
Salimos del local en dirección al estacionamiento, hacia el auto de Brick.
¿Cuál podrá ser el tamaño mínimo para que el envío sea gratis? No, pregunta equivocada. Reordena tus prioridades, Blossom. ¿Cuánto nos cobrará por el tanque? Espero que no sea algo que no podamos costear, y que sea definitivamente en dólares, si el precio es en euros estamos jodidos. Bueno, hagámosles saber a los demás lo que descubrimos para ver si están a favor de hacer la llamada. Subo al auto y espero a que Brick encienda el motor.
Alcanzo mi móvil para enviar un mensaje al grupo, Alice seguramente dirá en dos golpes, llama. Y lo mejor sería llamar ahora, eso si por casualidad el envío tarda en llegar, si llamo, lo hago a riesgo de que el precio sea muy elevado y al no estar enterados, yo deba encargarme del gasto. No, que sepan lo que va a ocurrir antes de llegar a una decisión acelerada.
—¿Y ahora qué? —procuro no despegar los ojos de la pantalla al contestar.
—Ahora yo vuelvo a casa. No quisiera retrasarte para llevarle pizzas a todos, ¿qué clase de monstruo sería entonces? —pulso el botón de enviar. Vamos Blossom, media hora hasta que llegues a casa, puedo aguantar hasta llegar a casa. No es difícil mantener mi autocontrol tanto tiempo, he durado hasta ahora.
—Ja, ja, ja, muy divertida, pinky.
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¡Finalmente!
Cierro la puerta de mi habitación con un portazo y floto hasta llegar a mi cama. Clavo la cara entre las almohadas y libero el aire contenido de mis pulmones. No puedo más, simplemente no puedo dar una más el día de hoy…, ¿qué hora es? La iluminación del cielo me dice cinco, pero mi mente dice siete. Revisaré, si es muy tarde, cosaquedudo, solo me quitaré los zapatos y a dormir hasta mañana.
Tanteo la mesa de noche junto a mi cama hasta sentir el despertador, atoro mi dedo en una de las patitas y lo jalo. Veamos…, la manecilla grande es de los minutos y la pequeña de las horas…, si la pequeña está en el siete y la grande en el uno es porque acaban de dar las siete, hace cinco minutos. Gracias mente, por no jugar con mis sentimientos como lo hace el cielo. Es temprano, muy temprano, me daré una ducha y bajaré a cenar algo. Extraño ver la cara de mis hermanas, ¿ya habrá durado mucho esta rabieta?
Definitivamente, cuatro meses mañana.
Meses.
Vaya, cuesta creer que hace cuatro meses encontré a Bubbles con Damien en su cama. Fingiendo que no estaba ocurriendo nada malo entre ellos, pretendiendo que ninguno de los dos sabía con exactitud lo que estaban haciendo. Hace cuatro meses me encontré a mí misma perdida en una red de mentiras, tan grande y bien hecha que era imposible notar los nudos que la sujetaban.
¿Será que soy yo el problema?
¿De verdad me convertí en el tipo de persona que todos quieren tener lejos? Porque no encuentro otra forma de justificarlo, he intentado de diversas maneras, ninguna me ayuda a explicar que hice. ¿Con qué pecado imperdonable me están juzgando? ¿Cuál fue el crimen que cometí? ¿En base a qué… en base a qué se alimenta este mal karma?
Lo desconozco. Sea cual sea el error que cometí en el pasado, jamás se me perdonará por él.
—¡Hey, zombi! —dejó el reloj sobre su lugar. Buttercup está de pie en la puerta, recargada sobre ella, seguramente. Estoy de espaldas a ella así que todo es una suposición—. La cena está lista para cuando quieras bajar y…
—¿Qué fue, Buttercup?
Mi pregunta sale tan abrupta como se escribió en mi mente. Sin meditarla. No me extrañaría que Buttercup responda con un seco: «¿Qué?».
—¿Qué fue de qué? Blossom, ¿estás bien?
—¿Qué hice yo tan terrible e imperdonable, qué tú y Bubbles decidieron no decirme nada cuando Damien empezó a engañarme? ¿Qué fue?
Buttercup balbucea, una respuesta, creo. Gruñe con violencia y finalmente sale dando un portazo, escucho como rezonga a lo largo del pasillo hasta las escaleras. Podría seguirla hasta descubrir que es lo que no me quería decir, o también darle vuelta a la página. Dejo caer mis parpados antes que broten las lágrimas de mis ojos. Humedecen mis mejillas y se pierden en el algodón de las almohadas.
Inevitablemente he empezado a llorar. Parece ser que no soy tan fuerte como creí. Mi corazón todavía no soporta enfrentarse a la verdad, no he dejado a la herida cicatrizar debidamente. Acaba de abrirla otra vez.
Permito que las lágrimas fluyan libremente, por lo menos el tiempo suficiente para librarme del peso que significa ser ignorada y bajar a comer.
Me miro en el espejo, el color de mis ojos logra disimular lo hinchado, ojalá funcione durante la cena. Inhalo y exhalo. Bajo las escaleras hacia el comedor, pendiente de la fuerza con que late mi corazón, ignorando el ruido que proviene de abajo. Los balbuceos de Buttercup siguen dando vueltas por mi cabeza, trato de unirlos para encontrar una oración lógica, armo las piezas y separo las pistas, sin resultados.
—…ta que hayas venido, amor.
¿Amor? No habrá sido capaz de…
Mi corazón se detiene y mis pies se clavan en el suelo, a pocos pasos de llegar. Hay algo que realmente me pone nerviosa, hay alguien más en la casa, no es el profesor, él jamás usa esa palabra con nosotras. Aun teniendo veinte años, nos sigue diciendo, mis niñas, o mis bebés. Buttercup tiene demasiada testosterona para usar esas expresiones, sólo pudo haber sido Bubbles, lo que significa que…
—Dije que vendría, dulce, y aquí estoy.
Damien.
Se forma un nudo de coraje en mi garganta.
¡Coño! ¡¿Por qué?! Sabiendo lo mal que me pone revivir la misma mentira una y otra vez, sabiendo que soy la más rencorosa de las tres… ¿por qué Bubbles lo invitaría a venir? Arrojar más sal en la herida, como si mi día no hubiera sido una verdadera mierda ya, es necesario mantener fresco el recordatorio:
Paga por tus pecados, Blossom.
Me sujeto a la pared con fuerza, siento mis piernas como gelatina, mi cuerpo pesa demasiado para sostenerlo, el coraje y la rabia siguen creciendo, segundo a segundo. ¿Por qué no responde mi cuerpo? Necesito salir de aquí, necesito… necesito…
¡JODER!
Una descarga de adrenalina despega mis pies de la alfombra, cierro mis manos en puño, clavándome las uñas en la palma de las manos, vuelo hasta mi habitación y me ahorro el portazo, ya fueron muchos por un día. Recargo la espalda contra la madera. Golpeo mi cabeza no una, ni dos, treinta veces hasta que se aclara mi mente. Hasta que mi palacio mental recupera su orden y tranquilidad.
Vuelvo a llorar, de coraje.
El llanto cae por mi rostro como un par de cascadas, constante y arrasador. Porque a la única persona que trato de engañar, es a mí misma. Me duele. Quiera o no aceptarlo, pueda o no encararlo como la única verdad, todavía lo quiero. Cuatro meses después, sigue clavado en mi corazón como si hubiera sido ayer cuando me hizo pedazos, su presencia no se ha desvanecido ni un poco en cuatro meses, su sonrisa todavía aparece en mi mente y me llena de calidez. Cuatro meses no bastan para olvidar la felicidad que tres años me dieron.
Lloro hasta que el cansancio me obliga a caer dormida.
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«Menos mal que el día escolar ha terminado, por fin. Casi diez horas en la escuela, ¡diez! No es que este quejándome, claro que no. Pero pasar tanto tiempo sentada en un salón con tantas caras familiares y conocidas puede volverse algo aburrido. Natural, una genio como yo, con gente que me conoce y me quiere por lo que soy no lo ve de la misma forma, tampoco es que los este menos preciado. ¡Nunca! Solo quiero un desafío. ¿Me explico? Alguien tan complicado y lleno de misterios que tenga que pasar todo el día tratando de averiguar porque es como es.
Un misterio.
Mi propio James Moriarty…, pensándolo bien, no. Definitivamente no quiero un Moriarty. En los libros Moriarty es el villano perfecto, el archienemigo que todo superhéroe quiere tener, y es perfecto para Sherlock, solo para él. Nadie podría enfrentarse con él como lo hace Sherlock.
Irene Adler funciona también, una amiga con tanta personalidad e inteligencia que cada platica será un partido de ping-pong, dónde cada una hará una pregunta que lleve a otra, ping, ella dice algo, pong, yo respondo con otra interrogante. Ping, aclara la pregunta y plantea un nuevo problema, pong, yo resuelvo el problema y ella vuelve a inquirir en otro tema. ¡Sería perfecto!
Nada más de imaginarlo siento como se eriza mi piel. Que sensación tan más placentera, la emoción por lo desconocido, esperar que algo ocurra sin conocer las consecuencias, eso es lo que más me gusta de ser una chica super poderosa.
El futuro incierto.
O debería decir, cierto. Desde que los villanos decidieron retirarse para ocupar su vida en cosas mejores, la vida en Townsville no tiene el mismo sabor, dos años antes todavía era buena, ahora es más aburrida que nada. Extraño la emoción y los problemas, que suene la línea directa y escuchar al alcalde, con su particular tono de voz, gangoso y cansado:
—¡Chicas super poderosas, chicas super poderosas, hay un monstruo atacando Townsville!
Yo respondería, como siempre que me toca contestas el teléfono:
—¡Nosotras nos encargamos, alcalde!
Ahora no ocurre eso. Las únicas llamadas que recibimos ahora son de la policía, pidiendo ayuda para contener algún criminal que intenta robar el banco, o asaltar a alguien, desactivar una bomba. Tareas que la gente podría realizar. Todo eso se ha vuelto la razón de sonar de la línea directa, no hay otra. Ser un superhéroe es fabuloso cuando puedes enfrentarte a alguien que valga la pena. Me sabe horrible decir esto, los Rowdy eran los únicos que quedaban en la ciudad para darle vida al crimen. Desde que desaparecieron reina la paz y la tranquilidad.
Odio la calma. Deja a los superhéroes sin trabajo.
En fin, será mejor ir a casa de Damien antes que anochezca, su madre me invitó a cenar y no quiero quedarle mal.
Sujeto la mochila a mi espalda antes de emprender el vuelo. El profesor dice que últimamente vuelo mucho, no puedo evitarlo, me gusta sentir la libertad del aire, saber que cuando estoy arriba soy inalcanzable. Volar es toda la libertad que necesito. Ya caminaré cuando sea necesario, por ahora todo lo que necesito es volar. Además, acorta distancias y tiempo, la casa de Damien queda a media hora caminando desde la secundaria. Él salió temprano porque…, bueno, Dam no toma las clases extra que tomo yo, por eso sale temprano.
—¡Blossom! Qué bueno que llegas, un poco temprano, en realidad. Pasa cielo, Damien está en su habitación, la cena estará lista dentro de nada —arrugo la nariz cuando la señora Hound toca la punta de mi nariz con su dedo. Lo ha hecho desde que Damien nos presentó. Creo que lo hace por el hecho de ser madre, tiene que ser ese instinto maternal que tienen las mujeres. Me gusta que lo haga.
—Gracias, señora Hound, si necesita mi ayuda hágamelo saber, con gusto ayudaré.
—¿Poner a la visita a cocinar? Jamás, cielo —me despide con la mano cuando vuelve a la cocina.
Cada intento es en vano, ella jamás me permitirá ayudar mientras siga siendo la novia de su hijo. Será mejor subir, antes de que empiece a jugar con sus videojuegos y sea imposible hacerlo bajar. Dejo mi mochila sobre la silla de la entrada, dónde todos los habitantes de esta casa dejan sus cosas al llegar. Acomodo mi cabello sobre uno de mis hombros y desacomodo un poco mi uniforme, es solo una idea mía, pero no me gusta ver a Damien con la apariencia formal de presidenta del consejo estudiantil que siempre tengo.
Remuevo mi fleco un poco antes de abrir la puerta de su habitación.
—Hey, Dam, más vale que no prendas la computadora, tu madre dice que la cena está… ¿Damien?
Mi garganta se seca en el momento en que entro a su habitación. Mi novio no está solo. El chico que siempre está solo en su habitación cuando vengo a verlo, no lo está hoy. Ni siquiera ha reparado en mi presencia, la música que suena tiene un volumen muy alto para que pudiera escuchar una sola palabra de lo que dije.
Sentado sobre su cama, con la cabeza echada hacia atrás suspira fuertemente, solo la música impide que el ruido salga de estas cuatro paredes. Inclinada frente a él hay una chica, su espalda sube y baja constantemente, lo que deja en claro lo que está ocurriendo. Damien suspira placentera por la felación que esa fémina le está haciendo. Abstrayéndolos de la realidad, ignorando que estoy parada como una estúpida frente a ellos, sin poder hacer nada.
Con los labios fuertemente cerrados para que no escuchen los gemidos de mi garganta al llorar. Pretendiendo que no ocurre nada. Sujeto la manija de la puerta tan fuerte que está se ha doblado bajo el férreo agarre de mis dedos. Tiembla mi barbilla, y aquí estoy, incapaz de pronunciar nada.
—¡Ah, Bubbles! —
¿Quién?
Puede más que yo el dolor de la traición, rompo el metal de la manija y así atraigo su atención.
El rostro de Damien se contrae en una expresión de terror, y la zorra, la traidora que ahora reconozco como mi hermana, palidece. Jala las cobijas que hay en la cama para cubrir su cuerpo desnudo y retrocede hasta esconderse detrás de Damien.
—Por favor, no se detengan por mí.»
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Despierto cubierta de sudor.
Con el pulso acelerado y la ropa pegada a mi cuerpo. No es verano, y siento que me estoy asfixiando en calor. Los latidos de mi corazón rezumban en la parte trasera de mi cabeza, el constante tamborileo de la vida. El sudor refresca mi cuerpo, no elimina la sensación de calor que invade a mi mente.
Caí rendida ante el llanto y, por ende, me quede dormida en el suelo, con la espalda recargada en la puerta, seguramente pretendiendo que eso impediría que alguien entre a mi habitación. Miro a mi alrededor, buscando el indicio de algo familiar, ayudar a mi desorientada mente a volver a la realidad, cerrar otra vez la caja de pandora y devolverla al calabozo dónde pertenece.
Recorro la pared frente a mí, mesa de noche, cortinas, venta…, ¿dejé la ventana abierta cuando llegué? No puedo recordar. Tampoco puedo recordar que hora era cuando me dormí, no debió ser muy temprano, la noche ya ha caído, y la luna está en su punto más alto. Su luz se filtra por la ventana abierta. Será mejor que la cierre.
Siento pesado el cuerpo, ajeno a mí, como si no me perteneciera.
Logro ponerme de pie, ahora entiendo porque dicen que dormir en el suelo no es lo máximo, la espalda te queda con un dolor horrible, como si te hubieran quitado dos cervicales, además del cuello, sé que estoy parada de forma correcta, pero no puedo evitar sentir que mi cuello está rotado setenta grados a la derecha.
Cierro la ventana con fuerza y corro las cortinas. Mi habitación se oscurece en segundos, una parte de ella lo hizo. Percibo el brillo de algo desde el rabillo de mi ojo izquierdo. Giro la cabeza en su dirección, hacia mi cama. Hay una caja sobre mi almohada. Forrada con papel metálico, por eso brilla con la escasa luz que hay, tiene un moño en la parte superior, no logro distinguir el color ni la forma. Dudo mucho que sea uno de esos moños que venden en las tiendas, parece ser un listón amarrado sobre la caja. Avanzo a la cama y me siento en el borde. Sujeto la caja y la arrastro hacia mí, pesa. Muy pesada para ser una simple caja de cartón.
Me tiemblan las manos cuando tanteo la superficie buscando el moño, tiro de uno de los extremos para deshacerlo, es extraño que no haga ningún tipo de ruido, ni el papel parece reaccionar a la fricción del lazo. Quito la tapa esperando ver nada más que un montón de rocas, una parte de mi mente me dice que eso es lo más lógico de encontrar, pues no es más que una mala broma.
Y no es así. El estómago me da tres vueltas y se cierra mi garganta. Vuelto a taparla. Esperando que así las náuseas desaparezcan. No lo hacen, así que tengo que correr al baño para vaciar mi estómago. Dudo que pueda olvidar lo que contiene la caja, su extraño y desagradable contenido. Sin embargo, alcancé a ver una nota.
Valor, Blossom. Abre la caja, toma el papel y la cierras.
Fácil decir que hacer. No sé de dónde saco la fuerza, ni el valor, abro la caja lo suficiente para meter la mano y sacar la hoja que está por encima del contenido, amarro el lazo a su alrededor, como si eso pudiera alejar la peste de mí.
«Aquella gracia que vive en los humanos, es la que yo he encontrado en ti. Admira y recuerda, que tu perfección va más allá de lo que las palabras pueden explicar.»
Siento una extraña presión en la boca de mi estómago. Como si hubieran atado una cuerda y la presionaran hasta evitar la salida del aire. Un escalofrío me sube por la espalda hasta la nuca, donde mi pulso se acelera y todo a mi alrededor comienza a dar vueltas. ¿La gracia del ser humano? Comprendo que haya quienes tratan de hacerlo entender, otros que quieren dar muestras que hagan entender su punto.
La parte que no comprendo, es como una caja llena de globos oculares puede ser una muestra de nada. Tan sólo aquella horrible necesidad por vomitar. Debe ser el mismo, el mismo enfermo que llamó ayer. No puede ser alguien más.
¿Por qué yo?
¿Qué clase de poder tiene para conseguir asustarme de verdad? Es aterrador, la fuerza humana para derribar a los demás, dos días han sido más que suficiente. Una llamada. Y un "regalo".
Mi seguridad y confianza se ha debilitado en tan sólo dos días.
Muero de ganas por saber cuáles serán sus reacciones... especialmente con la añadidura al cambio de actitud de Blossy, me pregunto que cara habrán puesto luego de saber con quien engañó Damien a Blossom -pone una expresión pensativa- y con otra aparición del misterioso. Además, claro, de la actitud que ha tomado Brick el día de hoy, no sé ustedes, yo realmente pienso que Brick es el tipo de sujeto que llegaría temprano a cualquier lugar si eso implica no gastar dinero en los demás.
En fin, espero que hayan disfrutado el capítulo, que la ambientación músical haya ayudado durante la lectura de las últimas dos escenas del capítulo, a mí me ayudó mucho al escribir, de verdad.
Dején su comentario si les gustó o hubo una escena en partícular que les haya gustado (escuchenme nada más... sueno como youtuber) es bueno para mi moral como escritora conocer su opinión.
Nos vemos en el siguiente capítulo, muchas gracias por su paciencia y por tomarse el tiempo para leer mi historia. Me despido con un beso fugaz.
LD.
