Esto era una pésima idea. Nunca tendría que haber aceptado.
Con las palmas pegajosas del sudor y el corazón que me martillaba a mil por hora, sentía que estaba dispuesta a salir corriendo en cualquier momento. Es más, no había duda de que en cualquier momento saldría corriendo.
¡Que estúpida había sido para aceptar que el amigo de papá, el Dr. Cullen, me atendiera!
A pesar de que no lo conocía, no me sentía cómoda sabiendo que el doctor y mi papá tenían una relación de amistad, sabiendo que muy probablemente cuando se reunieran hablarían sin dudar de mí, y no me fiaba mucho de la profesionalidad del Sr. Cullen como para estar completamente segura de que no diría nada sobre de lo que hemos hablado. Era absurdo, lo sabía, más teniendo en cuenta de que estaría violando el código de confidencialidad médico-paciente. Pero por más absurdos que fueran mis temores, no podía evitar tenerlos.
Otra razón para no confiar en él: había pedido que nos viéramos en su residencia. Pensarás que no tiene nada de malo, no sería ni el primer o último doctor que atendiera a sus pacientes en casa, y al principio yo pensé lo mismo, hasta que me enteré por papá que ahí vivían su esposa con sus cinco hijos adoptivos. ¿¡Se pueden imaginar estar en terapia con cinco adolescentes dando vueltas alrededor!? Y mi cobardía me impedía pedirle que tengamos mi cita en mi casa, la cual no era mejor (todavía estaban Sue con Leah y Seth), pero mejor conocidos que extraños.
Así que aquí me encontraba, caminando a la puerta de la impresionante mansión (no había otra forma de describirla; ¡Era impresionante!), con el corazón en la garganta, temblando de los nervios y tratando de recordarme que salir corriendo no serviría de nada. Mi padre no estaba ayudando precisamente; a leguas se notaba que para él esto resultaba bastante incómodo, no sé si tanto como a mí, pero si estaba incómodo.
Llegamos a la puerta, y les juro que en cualquier momento me desmayaría. Mi papá llamó a la puerta y, unos segundos después, nos atiende un hombre de mediana estatura, rubio, y creo sin dudar la persona más pálida que he conocido, incluso más pálido que yo.
Nos sonrió, y por la sonrisa de reconocimiento que le devolvió papá, supe que este era el famoso Dr. Cullen, quien tendría el honor de ser mi terapeuta; lo primero que pensé es que era bastante joven como para ser médico.
Lo segundo fue que era demasiado guapo para ser médico, parecía más un actor que un doctor.
¡Basta! ¡Concéntrate!
Mi papá se veía bastante relajado, hasta complacido de verlo. El Dr. Cullen nos sonreía amablemente, incluso casi le devuelvo la sonrisa.
Se estrecharon las manos acompañado de una charla cordial y amable:
-Hola Dr. Cullen. -
-Hola Jefe Swan. -
-Como sabrás, esta es mi hija Isabella. -En esta parte colocó una mano en mi espalda y me empujó apenas unos centímetros, así que sonreí tensa y asentí hacia el doctor.
-Gusto en conocerte Isabella. - Aunque odiaba mi nombre completo, no tenía el valor de corregirlo, por lo que solo volví a asentir.
Un tenso silencio siguió después de este corto intercambio. El Dr. Cullen y yo no dijimos nada, y parecía ser el único al que no le importaba estar parado en completo mutismo. Si alguien no hablaba en los siguientes segundos, comenzaría a gritar.
-Bien entonces. -Mi papá se me adelantó, y con una mueca de no saber qué decir, empezó a tartamudear una excusa para irse, el muy canalla. - Bueno, tengo que hacer unas cuantas cosas en la comisaría, así que… mm… te recogeré a las tres, cariño. -Yo solo asentí.
El doctor seguía sonriendo sin inmutarse ante la patética despedida de papá y, como no, lo saludo cordialmente:
-Adiós Charlie, nos veremos. -
Lo vi caminar hasta la patrulla y no dejé de seguirlo con la mirada hasta que desapareció por el camino de entrada. Realmente me sentía traicionada de que me haya abandonado aquí. Bastardo.
Un suave carraspeo me recordó en dónde y con quién estaba, y me giré para volver a estar frente al Sr. Cullen. Creo que mi cara demostró cuanto pánico sentía, porque soltó una suave risa. Inmediatamente sentí que se me subía el color a las mejillas.
-Me parece que nosotros dos tenemos mucho de qué hablar, ¿quisieras pasar? - Todavía con la sonrisa amable se apartó de la entrada, invitándome a entrar.
Ya que no tenía opción de negarme, mejor entrar por la buenas sin hacer ningún escándalo; quizás me dieran comida y todo.
-Bien Isabella, mi nombre es Carlisle y soy licenciado en psiquiatría desde hace varios años. -sus ojos brillaron como si detrás de esa frase hubiese alguna especie de chiste privado.
-Espero que podamos llevarnos bien y progresar con tu…situación- Noté la duda al mencionar mis problemas, seguramente temeroso de utilizar un término incorrecto que desencadenara alguna reacción desagradable en mí. -Me gustaría que a continuación te presentaras para poder saber de ti. -
Después de conducirme por la inmensa y luminosa casa hasta su despacho, nos acomodamos en dos grandes sillones de cuero marrón enfrentados que parecían valer más que el sueldo anual de mi papá, los cuales se centraban en el medio de una biblioteca llena de libros que denotaban tener más cien años de antigüedad; en las paredes colgaban varios cuadros que no supe reconocer, pero que eran tan hermosos que me distrajeron completamente del doctor...hasta que me dijo que quería que hiciera.
Lo miré como si él fuera el loco en la habitación. ¿No se suponía que él debería de saber todo de mí? Me refiero a que él fue el quien leyó mi expediente, o se supone que debería de haberlo hecho. Estaba muy confundida.
Como si supiera exactamente que estaba pensando, o quizás mi cara me delato, me dijo:
-Sé que sabes que he leído tu expediente, pero me gustaría saber qué imagen tienes de ti misma. Me ayudaría a entender tu perspectiva acerca del entorno - Termino lo que parecía una simple petición con una sonrisa. Quizás el realmente estaba mal de la cabeza.
-Si usted lo dice...-Aún con la confusión en la mirada, agregué: - Aunque me parece justo dejar en claro lo ilógico que me parece su petición.
El Dr. Cullen estiró más la sonrisa que tenía, pareciendo muy entretenido y algo sorprendido con mi comentario; caí en la cuenta de que era la primera vez que hablé en su presencia… eso explicaría su reacción.
Suspiré con aburrimiento.
Después de todo, si él quiere que salté en una pierna porque me haría sentir mejor, voy a tener que hacerlo callada. Que más daba dar unos detalles que ya sabía.
A pesar de todo, todavía me seguía sintiendo estúpidamente un poco nerviosa.
-No hay mucho que decir…-
No sabía que debería decir sobre mí. Así que opte por lo básico que diría en una terapia grupal en donde debías presentarte frente a todos. Esto no se acercaba remotamente a lo incomodo que era hacer eso. Con ese pensamiento, continué: – Mi nombre completo es Isabella Marie Swan. Nací aquí en Forks, tengo 14 años y vivo con mi padre y Sue, quien es mi madrastra, y sus dos hijos, Leah y Seth. Pasé la mayoría de mi infancia con mi madre, Reneé, y en el último tiempo acompañada de su nuevo marido, Phil, el cual detesto. Los últimos años sufrí discriminación y acoso en mi antigua escuela debido a no tener amigos y mi preferencia sexual. Comencé a cortarme y dejé de comer aproximadamente a los 12 años, hice mucha actividad física, y vomitaba lo poco que comía. Entonces intenté suicidarme cuando sentí que no podía aguantar más. -
Termine de contar esto con los ojos empañados y un nudo en la garganta. A pesar de que había superado un poco lo que paso, contarlo en voz alta era diferente. Me hacía recordar el dolor que sufrí, y lo desesperada que estaba.
El Dr. Cullen simplemente me dejó procesarlo en silencio, seguro noto mis lagrimas sin derramar porque puso una caja de pañuelos descartables en frente de mí. Agradecí silenciosamente el gesto.
-Veo que has tenido una muy problemática adolescencia. -rompió el silencio.
-Lo peor de todo es que recién comienza. -comenté.
-Tienes razón, pero-Lo miré a los ojos esperando su declaración- de ahora en más, tienes a muchas personas que te acompañaran. No te preocupes.
Me sonrió con confianza. Le devolví una tímida sonrisa y continuamos la sesión.
-Bueno Bella, me parece que como primera sesión lo hicimos muy bien. -comenzó a decir el Dr. Cullen- Acerca de tu medicamento, me parece que no hay necesidad de que lo cambiemos. Veremos cómo sigues con el actual, y si amerita, lo modificaremos. Vamos a continuar viéndonos una vez por semana, pero recuerda que tienes mi número en caso de emergencia. No dudes en llamarme si sientes que necesitas hablar conmigo.
Claramente estaba dando por terminada la sesión. Dirigí mi vista hacia el lujoso reloj colgado en la pared. Eran las 2:45 de la tarde, en quince minutos vendría a recogerme mi papá. Me sorprendí por lo rápido que había transcurrido el tiempo. En un momento dado comencé a entrar en confianza con él, no se si por su amable expresión o porque realmente necesitaba hablar de mis problemas, pero dejé de prestar atención a cuanto tiempo faltaba para tener que irme.
El Dr. Cullen se levanto primero y me invito a bajar. Lo seguí en dirección a la cocina, y ahora un poco mas relajada pude apreciar los detalles de esta inmensa casa. Era hermosa de varias formas, a pesar de ser grande no dejaba de ser acogedora. Parecía la casa de algún diseñador de interiores que tuviese un trastorno obsesivo compulsivo por la limpieza, y no la de una pareja que tuviera cinco hijos adolescentes.
Estábamos por el segundo piso, cuando escuche ruidos de movimiento.
Al principio de la sesión, la casa estaba deshabitada (el doctor me había contado que sus hijos están afuera, y su esposa de compras) por lo que cuando llegamos a la planta baja y encontramos a la que supuse que era la Sra. Cullen, me asusté un poco. ¿Qué pasaba si conocía a sus hijos? Principalmente porque si su padre era así de guapo, sus hijos no deberían de quedarse atrás.
-Hola cariño-saludo con un suave beso en la mejilla el Dr. Cullen a su esposa. - Esta es Bella, la hija del jefe Swan.
Me presento tan caballeroso como era. No sabia bien si darle la mano o simplemente decir "hola".
-Hola encanto, me da gusto conocerte. Soy Esme, por cierto -la Sra. Cullen se me adelanto, lo que fue una especie de alivio.
-Hola, el gusto es mío. -mucho menos elegante le respondí.
Si Sue tenía un aire maternal, Esme era la personificación de la palabra madre. Tenía un rostro en forma de corazón que destilaba dulzura y compasión, junto con unos ojos dorados como los de su marido; era igualmente pálida, pero de menor estatura, aunque unos centímetros mas que yo.
Era un poco extraño que ella se pareciera a su marido, no como si fuera su familiar, sino como que compartieran el mismo origen. Raro.
-Estoy seguro de que Charlie vendrá pronto, mientras ¿te gustaría una taza de café? ¿O prefieres algo más? -Cordialmente me invitó Esme.
Antes de que pudiera responderle, el doctor nos interrumpió.
-Lamento tener que dejarlas, pero ha habido una emergencia en el hospital y me necesitan allá- todo esto lo dijo mientras miraba la pantalla de su celular. -Bella me despido ahora, y espero verte a la misma hora el miércoles que viene. Adiós cariño.
Besó de vuelta la mejilla de Esme, y se dirigió al que supongo que es el garaje.
Mire un poco incomoda a la Sra. Cullen, que me sonreía con simpatía. Recordé la pregunta sobre el café y le respondí que estaría muy agradecida de obtener una taza caliente y humeante.
Me invito a sentarme en su sala de estar, y mientras esperábamos que hirviese el agua fue cuando la vi.
A lo largo de mi vida vi a muchas chicas guapas que confieso que me enamoraron un poco, pero definitivamente ninguna era tan hermosa con ella.
Sus ojos eran negros, muy diferentes a cualquiera que haya visto, y su cara era totalmente perfecta, simétrica, con rasgos definidos; su cabello era largo, entre un color cobrizo y pelirrojo. Era simplemente perfecta.
Creo que se estaba dirigiendo a algún lugar de la casa, pero se detuvo al verme. Rápidamente dirigió su vista hacia Esme, sentada frente a mí, y luego volvió a mí, primero con confusión y luego con frustración.
No sabia que pensamiento estaba pasando por su mente, pero el ambiente se tornó tenso.
-Edy, cariño, esta es Bella, es nueva en la ciudad. Bella ella es Edythe, una de mis hijas. -Rompió el sobrecogedor silencio Esme.
Me pare, no sé por qué, y me quede estática mirándola. Su vista nunca se despego de la mía, y nerviosa dirigí mi vista al piso.
-U-un gusto conocerte- tartamudeé.
-El gusto es mío, Bella. -Dijo en respuesta, deteniéndose en mi diminutivo.
Con la cara ardiendo por su contestación, me senté apresuradamente en el sillón. Cuando este más tranquila pensaré en toda la situación y me moriré de la vergüenza, eso era seguro.
-Iré a preparar el café, regreso enseguida. –
Casi no noté cuando Esme se retiro de la habitación, tenía mi completa atención en Edythe. Lo que parecieron horas después, avanzo hasta el sillón que había ocupado su madre y se sentó delicadamente. Sus ojos nunca dejaron de mirarme, como si estuviera buscando algo y no encontrarlo aparentemente la frustraba.
En cambio, yo desviaba la vista con la cara escarlata, aunque confieso que me sentía alagada que mi insignificante presencia le llamara algo de su atención.
-Debe ser un gran cambio mudarse a Forks ¿no es así? -Amablemente preguntó, seguro con la intención de iniciar una conversación.
-La verdad es que si, es raro estar en un lugar donde no hay mucho sol- intente de seguirle.
Esme entro de vuelta con una taza en sus manos que deposito frente a mí. Musite un suave "gracias" y la tome con mis dos manos. Era confortante el calor.
Di unos cuantos sorbos, rogando en silencio que papá se apresurara.
-Su casa es hermosa. -comente.
-Muchas gracias, la verdad es que cuando llegamos era un total desastre, tomó tiempo, pero quedo apta para vivir. -Dijo Esme, con una suave risa al final.
Edythe sonrió ante el comentario de su madre. Gracias a todo lo sagrado había dejado de observarme fijamente, pero parecía levemente incomoda estando ahí presente.
Hubo algunos comentarios más por parte de Esme para alivianar el ambiente, pero por lo demás todo fue silencio, un largo, largo silencio.
Hasta que por fin escuchamos un auto en la entrada, y amablemente Edythe fue a ver quien era. Era mi padre, gracias a lo divino en el mundo.
Las tres nos dijimos hacia la puerta, mis pasos por alguna razón sonando más fuertes que los de mis acompañantes.
-Adiós Bella, espero que estés bien. – Amistosamente me despidió Esme.
-Nos veremos en la escuela, supongo. -Me dijo Edythe.
Asentí a las dos, sin saber que más agregar. Subí a la patrulla de policía de papá y nos fuimos.
- ¿Cómo estuvo Bella? - Dijo como saludo.
Lo consideré por un momento, intentado dar una respuesta vaga pero que informara de lo que hice. Fue todo muy confuso, ya de por si la sesión me dio bastante en que pensar, la Sra. Cullen y Edythe ocuparon el resto de mis pensamientos. Al final me decidí por "Fue todo bien, el Dr. Cullen es muy bueno, y su esposa es muy amable".
No mencione a su hija, quería meditar un poco acerca de ella. Extrañamente parecía muy dispuesta a encontrarme el lunes en la escuela, y me atrevía pensar que hasta podría llegar a hablarme.
Al final llegamos hasta casa, y mientras pasaba hasta mi habitación, salude a Sue y Leah que estaban en la cocina. Me senté en la batería, y sosteniendo las baquetas, pensé que el primer día de clases no lucia tan aterrador como antes.
