Reconociendo al amor
Chapter 4
Estaba leyendo el periódico cuando vio pasar una cabellera naranja por delante de la puerta de la cocina. Segundos después escuchó como Hinata se iba del departamento.
Suspiró y siguió ojeando la sección de búsqueda de empleo. Nada le convencía, pasó hojas y hojas hasta que uno de los anuncios lo detuvo. Se trataba de algo sencillo – o al menos eso era lo que pensaba—, ser camarero no parecía tan complicado. Tomó su celular y tecleó el número que figuraba. Creía que nadie atendería hasta que una voz se escuchó al otro lado de la línea.
— ¿Si?
Parecía que aquel hombre recién estaba levantándose luego de una larga noche de fiesta y alcohol.
—Llamaba por el anuncio del periódico, dice que necesitan un camarero.
— ¿De qué ha… ¡Ah! Sí. ¿Tienes para anotar? Preséntate a la siguiente dirección.
No sin dificultad, Kageyama encontró un lápiz, mordido y partido a la mitad pero lápiz al fin. Anotó detalladamente la dirección y las instrucciones que le dio el otro hombre. Cuando cortaron, Tobio pensó que había sido demasiado fácil. Comenzaría a trabajar mañana mismo, sin necesidad de alguna inútil entrevista o algo similar. Se permitió sonreír un poco y se dirigió a la habitación para dormir un rato.
El rato terminó convirtiéndose en cuatro horas. Apresuradamente se levantó, se cambió y se fue. Tenía tan sólo cinco minutos para llegar puntualmente a su clase de Teoría del Estado, que comenzaba a las seis y a la cual no asistía desde hacía dos semanas.
Como siempre, la mala suerte de su lado. El colectivo se le fue luego de correr dos cuadras intentando alcanzarlo, metió el pie en un charco de agua y para culminar descubrió que había olvidado su billetera. Debido a eso tuvo que bajarse del colectivo que había tardado en llegar y caminar hasta la universidad.
Cuando llegó, abrió la puerta y sólo lo recibió el encargado de la limpieza.
— ¿Dónde están todos?
—En sus casas. El profesor dijo que hoy no daría clases porque estaba dando una conferencia en no sé qué país.
Kageyama cerró los ojos intentando no gritar. Agradeció la información al hombre y dio media vuelta para irse.
Llegando a su casa se sentía agotado y malhumorado. Todo le salía mal, siempre.
Rechinaba los dientes cuando una pequeña mano se enganchó a la suya.
—No estés tan enojado papá, o te saldrán arrugas y te harás viejo.
Aquel pequeño era de lo poco que disfrutaba en la vida. Tenía tan sólo siete años recién cumplidos pero sentía que cada día que pasaba era él quien aprendía de Kisumi y no al revés, como se supone que debe ser.
Aflojó sus facciones y le sonrió con aquella sonrisa que solamente le dedicaba a su hijo.
—Ya veremos quién es el viejo.
Tobio había retado a su hijo a subir corriendo las escaleras y ver quién llegaba antes. ¿El resultado? Ambos estaban agotados luego de haber subido tres pisos. Kageyama por el largo trayecto recorrido y Kageyama junior por el reciente entrenamiento.
Con un acuerdo silencioso se dirigieron al ascensor. Mientras ascendían respiraban agitadamente por el esfuerzo realizado.
—Sí que te estás poniendo viejo.
—Pues tú también crecerás algún día enano.
Y le dolía pensarlo. Llegaron a su piso y apenas entraron al departamento cayeron desplomados en el suelo.
— ¿Qué hay para cenar?
—No sé.
Haciendo un gran esfuerzo, Tobio se levantó y se dirigió arrastrando los pies a la cocina. En la heladera había un pequeño sobre con su nombre que guardó inmediatamente. Abrió la heladera y todos los estantes estaban vacios, excepto por un pedazo de queso y una botella de gaseosa casi vacía.
—No hay nada ¿Qué quieres comer?
—Mmh… ¿Qué tal hamburguesas?
Ni siquiera tendría que haber preguntado. Volvió a ponerse las zapatillas y se despidió de Kisumi con un beso en la frente.
Por una vez tuvo suerte y aquella compra resultó ser rápida. Ambos se sentaron en la mesa y comieron mientras el pequeño le contaba a su padre todo lo que había hecho en el día.
— ¡Hoy hice un pase genial! El entrenador me felicitó. ¡Dice que si sigo así cuando sea grande podré ser un profesional!
—No creo que los profesionales hablen con la boca llena.
Tobio realmente esperaba grandes cosas de su hijo. Tenía un talento innato para ser setter a pesar de no ser su hijo biológico.
Al terminar, Kageyama mandó a su hijo a bañarse y luego a dormir. Lo arropó con unas frazadas livianas y dejó encendida una pequeña lámpara que "ahuyentaba a los monstruos". Cerró la puerta luego de asegurarse de que se había quedado dormido.
Se dirigió al sofá del salón y sacó la carta de Hinata del bolsillo de su pantalón. Estaba sellada con un sencillo sticker circular. La abrió sin ningún tipo de emoción aparente. Aparente, porque por dentro estaba asustado. Soltó todo el aire que estaba reteniendo cuando leyó lo mismo que leía todas las semanas. Volvió a meter el papel dentro del sobre y lo rompió en pequeños pedacitos que luego tiró a la basura.
Se fue tranquilamente a su cuarto y apenas se acostó, aun con la ropa de calle puesta, se quedó profundamente dormido.
"Lo mismo de siempre, Kageyama. Decile a Kisumi que tuve un trabajo urgente y que voy a estar ausente por unos días. Kuroo y yo te mandamos saludos."
Vuelvo de una semana con poca inspiración. Los exámenes me dejan medio muerta... De todas formas, el fic ya está acá. Por si a alguien le quedó la duda, Kageyama está estudiando derecho. Lo iba a poner a estudiar medicina, pero no le quedaba por ningún lado.
¡Gracias por sus comentarios! Me levantan el ánimo a las mañanas.
Bueno, eso es todo por hoy, nos leemos el próximo domingo. ¡Besos!
