Titulo: Manos Vacías.

Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, sus personajes son propiedad de su creadora que, como ya dije, no soy yo.

Summary COMPLETO: Rose es inteligente, obediente y el orgullo de sus padres, pero sigue sintiéndose inconforme con ella misma y esa sensación se incrementa cuando por una tragedia su mundo empieza a desmoronarse. Scorpius se ha propuesto destruirla y para eso va a tener que conocer sus debilidades, lo cual terminará en algo que él jamás imaginó. Ambos están atrapados en oscuros agujeros de los cuales no pueden salir, o por lo menos no por su cuenta.

Nota: Hola :) Gracias por comentar el capitulo pasado, me alegra que les haya gustado y que de hecho le estén dando una oportunidad al fic. Bueno, como había explicado antes Rose va a pasar por muchas cosas duras en esta historia y una de ellas pasará en éste capitulo, así que a leer:


Manos Vacías.

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Afrontar las consecuencias.

Cuando Rose llegó a casa se encontró con un panorama deplorable. Los muebles estaban desacomodados, en la mesa descansaban varias botellas y varios cuadros estaban tirados en el suelo. Pero eso no fue lo peor. Lo peor fue encontrarse a su madre en la sala con la cabeza entre las manos.

Rose dejó a James y Albus atrás y se aproximó a su madre intimidada. Sabía la que le esperaba pero por alguna razón hasta ahora no había pensado en lo que sus padres dirían al verla llegar a casa. Hermione alzó la vista y Rose vio sus ojos rojos de tanto llorar y su rostro pálido, la mujer se puso de pie.

-Mamá, yo…

Pero Hermione Weasley no la dejó terminar pues le estrelló la mano en el rostro dándole una fuerte bofetada que la hizo girar la cabeza y sostenerse de la pared. Albus dio un paso adelante pero James lo sujetó con fuerza del brazo para impedir que interfiriera. Rose no se animó a alzar la mirada y la mantuvo en el suelo. Hermione sollozó.

-Eres…no puedo ni decir lo que pienso de ti en estos momentos. –dijo entre lamentos. –Sí algo le pasa… si no se recupera…

Acto seguido se echó a llorar con fuerza abrazándose a sí misma y volviendo a caer al sillón. Rose la miró de nuevo intrigada. No entendía sus palabras. ¿Sí algo le pasara a quien? ¿Qué había ocurrido allí mientras ella estaba fuera? Su madre le dirigió una mirada fría y furiosa.

-Tú te vas a ir a la Madriguera lo que resta de la noche y no vas a salir de ahí hasta que te deje hacerlo ¿Oíste? Sí te vuelves a irte sin permiso no vas a volver a pisar Hogwarts nunca ¿Bien? A ver si con amenazas eres capaz de obedecer. –bufó y luego le dio la espalda. –Albus se va a marchar contigo. James, tú acompáñame, creo que tú eres el único que podrá sacar a Lily del hospital.

-Mamá. –la llamó Rose. -¿Qué ocurrió?

-No quiero oírte Rose. –masculló entre dientes. –Tu hermano…sí algo malo le pasa… ¡Te pedí que le cuidaras, joder! ¡Yo le conozco, sé que es un inconsciente! Pero tú…pensé que eras responsable.

Rose se estremeció y se llevó ambas manos a los labios que también le temblaban ligeramente y sintió una lagrima resbalar por su mejilla. Hugo. ¿Qué le había pasado a Hugo?

-Me voy al hospital. –dijo Hermione más tranquila. –Pero antes ustedes se van a la Madriguera. –agregó mirando a Albus. –Ahora.

-Pero mamá. –replicó Rose. -¿Qué le pasó a Hugo? Dime que ocurrió.

Hermione se tensó y su hija creyó que iba a volver a pegarle, pero esta vez solo bajó los brazos y sollozó con fuerza. James la abrazó y ella le correspondió el abrazo. Luego ambos se desaparecieron sin darles a los dos adolescentes ningún tipo de respuesta. Rose también lloriqueó un poco y se abrazó a su primo con tristeza. Él le acarició el cabello por unos segundos y luego le susurró al oído:

-Vamos, tratemos de conseguir respuestas.


-Lily, por favor. –pedía su madre. –Por lo que más quieras, hija. Ve a casa, descansa.

-Ya te dije que no. –dijo ella como si de pronto el que Ginny le hablara le causara dolor. –Me quedaré aquí hasta que despierte.

-Lily…

Entonces la chica de cabello pelirrojo y ojos terriblemente enrojecidos, notó como hacia ella se acercaban James y su tía Hermione, que era abrazada por los hombros por su sobrino. Cuando llegaron Ginny y Hermione se abrazaron y James se sentó junto a Lily sujetándola por la cintura y acariciándole el cabello.

-Albus y Rose ya están en La Madriguera. –informó la madre de Hugo.

Eso para Lily fue como despertar de un sueño. Rose y su hermano estaban de vuelta. Ya había una preocupación menos sobre los hombros de todo el mundo.

-Cuando le vea, ese chico va a escucharme. –prometió su mamá. –Estoy segura que fue él quien incitó a Rose a dejar su casa, llevaba semanas planeando ir a esa fiesta, Hermione. Lo siento enserio.

-No. –le cortó su cuñada. –Sí Rose desobedeció y se largó fue sólo porque quiso. Albus no la obligó a nada, ella es la única responsable de que estemos aquí ahora.

-Eso no es verdad. –intervino Lily que parecía una verdadera zombi. –Rose tenía derecho a…-iba a continuar pero ella misma guardó silencio al sentir las lagrimas juntándose en sus ojos. –La culpa es también mía. –aseguró secando su llanto. –Le dije a Rose que cuidaría a Hugo y no lo hice. Le permití que llamara a sus amigos, le deje tomar cuanto quisiera, incluso yo bebí. ¿Qué clase de prima soy? Yo quiero a Hugo más que a nadie, lo quiero muchísimo. –su voz se quebró porque ahora las lagrimas corrían libremente por su rostro. –Pero no fui firme con él, no le dije que estaba mal lo que hacía, yo sabía que él me escucharía si se lo decía. Siempre lo hace. Hugo es el único que me escucha realmente. Pero…es que se lo estaba pasando tan bien y yo…yo fui tan estúpida…

No pudo decir nada más porque sus sollozos se intensificaron y James volvió a abrazarla contra si dejando que le empapara su camisa. Hermione y Ginny intercambiaron miradas perturbadas mientras Lily lloraba. La madre de la pelirroja se acercó a ella pero su hija no le permitió tocarla. Hermione la imitó y también se puso a llorar.

-James, llévatela de aquí. –pidió Ginny afectada al ver a su hija tan mal. –Ahora.

Su hijo no hizo más que obedecer y cargar a su hermana en sus brazos mientras ella le abrazaba por el cuello, aún con su rostro escondido en el pecho de su hermano mayor. James inmediatamente se la llevó del lugar.


Cuando Rose y Albus llegaron a La Madriguera vieron que todas las luces estaban encendidas y que la sala estaba llena de gente. Al principio no ubicó a ninguno hasta que todo dejó de darle vueltas. Eran sus primos.

Los brazos de Lucy la abrazaron de pronto pero ella no entendía nada de lo que pasaba.

Lucy era una chica muy delgada y no muy alta, su cabello era largo y castaño quebradizo que caía en capas por su espalda, sus ojos eran del color del chocolate. Era una chica femenina y generalmente efusiva y parlanchina pero ahora se veía como si no supiera que decir.

Otra que se puso de pie fue Roxanne, que lucía asustada. Era una morena de cabello café oscuro y ligeramente rojizo. Poco femenina y bastante inmadura, aunque Rose jamás la había visto con ese rostro de temor.

-Alguien nos podría explicar qué demonios ha pasado ¿No? –dijo Albus que parecía más molesto que nada.

En los sillones estaban los demás. La más alejada era Dominique, una chica de cabello rubio y alborotado con algunas mechas negras en el, de ojos azul eléctrico y personalidad explosiva, competitiva y rebelde. Más al fondo estaba Louis, que era de la misma edad que Roxanne. Era un chico muy lindo de cabello cobrizo y ojos igual de azules que los de su hermana. Por último estaba Fred, un chico pelirrojo de ojos color miel, burlón y simpático, parecía que se quedaba dormido con los brazos cruzados sobre su pecho.

-Nos han mandado aquí a todos. –contestó Roxanne tras unos segundos. –Bueno, nuestros padres dicen que estarán yendo y viniendo del hospital y que es mejor que estemos juntos y nos quedemos con la abuela. –añadió mirando a los demás, como queriendo que agregaran algo más.

-Bueno a casi todos. –renegó Dominique refunfuñando. –Porque claro, Molly, Victoire y James son muy mayores para pasar la noche en el hospital si quieren. Pero nosotros…

-Yo tengo la misma edad que James y Molly y mírame aquí. –le interrumpió Fred que tampoco parecía el más alegre.

-Es cuestión que practicidad. –comentó Louis. –James permanece con Lily y Molly es muy buena para tranquilizar a la gente, por eso están allá. –explicó intentando darse a entender. –O eso pienso yo. Y bueno, Vic no quiso salir de casa.

-Oh claro, es que allí iba a estar el gran Teddy Lupin. –musitó su hermana mayor. –Y como ella es patética, no puede ir a ningún lugar donde él esté.

-Dominique. –la reprendió Lucy, mirándola tiernamente. –Vic está sufriendo por amor.

-Y una mierda, Lucy. –alegó la rubia. –No puede dejar de hacer su vida porque ese infeliz esté por todos lados. ¿O qué? ¿Jamás saldrá de casa de nuevo?

Ante esto todos comenzaron a hacer comentarios. Rose sollozó y Albus se dio cuenta de ellos, por lo que decidió hacer uso de su enorme poder de liderazgo.

-¿Se pueden callar la boca? –inquirió y los demás le miraron con duda. –Lo que quiero saber es que rayos pasó con Hugo y nadie me ha contestado.

Los Weasley se miraron los unos a los otros asombrados al ver que no sabían lo que ocurría.

-No te preocupas, Rose. –le murmuró Lucy, abrazándola una vez más. –No es tu culpa.

-Claro que no lo es. –secundó Dominique Weasley. –Hugo es grandecito y se puede hacer responsable de sus actos.

-Explíquenos ya mismo. –exigió Albus. Rose no podía siquiera hablar. Sentía que estaba soñando.

Sus primos volvieron a verse con intriga y entonces fue que algo pasó, dos personas entraron por la puerta.

-Yo les voy a explicar que pasó. –dijo decididamente Lily.

Rose jamás la había visto así. Lily siempre, siempre, siempre, lucía bien. Se esforzaba en ello y lo conseguía con facilidad, llamaba la atención comúnmente con solo agitar su cabello, pero ahora…ahora Lily Potter se veía como una muerta en vida, con ojeras bajo los ojos totalmente enrojecidos y el cabello sujeto en una coleta muy mal hecha. James Potter se cruzó de brazos tras de ella.

-Cuando Al y Rose se fueron, Hugo me dijo que había llamado a unos amigos. –comenzó con la voz casi inaudible. –Yo le dije que estaba bien, después de todo, teníamos los mismos amigos. Le pregunté si podía llamar a Lucy y a Verónica pero me dijo que sería ya mucha gente. Era una de las primeras veces que Hugo me negaba algo. –hizo una pausa. –Claro que no lo entendí pero no le di importancia. Luego supe que era porque el alcohol que sus amigos llevaban no iba a alcanzar si había más chicas en la casa.

Rose suspiró y sin darse cuenta una nueva lágrima cayó.

-Empezamos a conversar y beber, todos nos llevamos muy bien así que la noche pasó rápido. Luego jugamos unos juegos hasta que casi todas las botellas se terminaron. Luego Hugo empezó a hacer el tonto. –Lily se llevó una mano al pecho y apretó los ojos dejando salir su llanto. –Debí detenerlo, debí hacerlo. ¡Debí jalarle el cabello o golpearle para que no sacara su escoba! –Lily se puso a llorar con intensidad y Lucy la abrazó por los hombros. –Fui un monstruo. ¡Jamás voy a perdonarme no haber hecho más que gritar y maldecir!

-¿Qué pasó luego, Lily? –preguntó Albus que estaba lívido e impactado.

-Pues claro, Hugo subió a la escoba y me ignoró completamente. Hugo nunca me ignora, jamás, siempre me escucha. Pero es que ya estaba borracho y no sabía que hacía. Yo corrí para intentar detenerlo pero me caí y él se elevó por los aires. Grité hasta que me quedé sin voz pero no funcionó. Cuando él subió más de diez metros empecé a llorar y a maldecir. Sus amigos reían pero luego también le gritaron que bajara, él no hizo caso, Rose. –agregó girándose a su prima que también lloraba en silencio. –Subió y subió hasta que casi no le vi y luego…fue…fue horrible.

Lily no pudo continuar más y hundió la cabeza en el abrazo que Lucy le daba.

-Se cayó. –dijo James Potter. –Su cabeza sangraba cuando los tíos, papá y yo llegamos para llevarle al hospital, sangraba muchísimo…

Rose sintió una opresión instalarse en su pecho sin querer desaparecer. Su hermano estaba herido y de gravedad y todo era culpa suya, aunque Lily dijera lo contrario y las miradas de todos sus primos le dieran ánimos, ella sabía la verdad. Su estupidez y necedad eran el único motivo por el cual Hugo yacía en una cama en San Mungo con un destino incierto.

¿Cómo había podido ser tan idiota? Sí algo le pasaba a su hermano…sí de verdad era tan grave…no quería ni pensarlo, probablemente jamás podría superarlo, no volvería a ser capaz de mirar a sus padres a la cara y estos posiblemente tampoco querrían verla jamás. Si Hugo no se reponía Rose sabía que su vida se volvería un infierno permanente.

-Rose. –volvió en sí cuando oyó su nombre de una voz quebradiza. Cuando miró vio a Lily frente a ella. –Yo lo siento, enserio. Sé que te dije que lo cuidaría, sé que fue mi culpa y que soy una tonta, pero…

Su prima no dijo nada. Solo se puso de pie y se marchó sin dejar a Lily acabar. Corrió escaleras arriba al cuarto donde dormía siempre que se quedaba en casa de sus abuelos e ignoró las llamadas de sus primos. Le molestaba que Lily se disculpara, pero más le molestaba de hecho, que se auto culpara de algo que, todos sabía, solo era responsabilidad suya.


Dominique vio a Rose correr escaleras arriba y al contrario de todos sus primos ella no la llamó a gritos ni corrió en su encuentro. Se quedó sentada en el mismo sofá y en la misma posición. No tenía caso ir tras alguien que quería estar sola, sí Rose hubiera deseado ser consolada se hubiera quedado allí con ellos entre sollozos de Lily, abrazos de Lucy y palmaditas de Albus.

Pero no lo hizo y para Dominique era evidente que lo que quería era encerrarse a pensar, o quizás solo a llorar amargamente. No por nada llevaba semanas viendo lo mismo en casa con Victoire, y ahora más que nunca no podía considerar a su hermana más patética y sentir pena por ello, aunque Vic y ella ya no se llevaran tan bien como antes. Rose tenía sus razones para ser infeliz, su hermano estaba al borde de la muerte, pero Victoire…

Victoire solo hacía berrinche.

Miró como Lily lloraba amargamente echa ovillo en una esquina y quiso acercarse a consolarla, ella si parecía desearlo. Lily y Dominique estaban en la misma casa, Gryffindor, y a pesar de que la rubia era un año mayor y que sus personalidades eran muy distintas, Lily era una de sus primas favoritas desde siempre.

-Quisiera ser yo la que estuviera en el hospital. –chilló la pelirroja Potter. –Yo y no Hugo.

-No digas eso, Lils. –le reprendió su hermano Albus, que era en cierta forma una de las voces de la razón, junto a Rose. –A él no le gustaría.

-Es que ¿Cómo esperas que me sienta? –preguntó limpiando su rostro. –Quisiera morir.

-Por Merlín, Lily. –aportó Dominique apoyando sus brazos en sus rodillas. –No creo que decir que preferirías ser tú la que estuviera en esa cama ayude mucho a Hugo, solo intenta pensar un poco y ser positiva.

-¿Ser positiva? –preguntó Roxanne. Hasta ahora nadie había notado que estaba llorando amargamente en una esquina. -¿Cómo puedes serlo en una situación así? Dímelo Dominique, porque yo no lo sé.

La rubia quiso poder decir algo pero nada se le ocurrió. Era cierto que el momento era duro y que casi todos tenían miedo pero ella solo quería tener algo en que creer. Algo que la salvara de hundirse un poco como los demás. Odiaba tanto drama y sentimentalismo, a pesar de que la situación lo ameritara.

-Bueno, creo que todos estamos cansados. –opinó Louis, como siempre sereno. –Deberíamos ir a descansar.

Pero antes de que cualquiera pudiera agregar cualquier cosa, escucharon a alguien acercarse. Dominique enmarcó los ojos y vio entrar a Teddy Lupin. Atractivo, alto y con unos ojos azules y penetrantes que se veían un poco ensombrecidos. Lily al verlo se lanzó automáticamente a sus brazos y el ahijado de su padre la mantuvo abrazada durante minutos enteros susurrándole cosas al oído.

Era él el causante del sufrimiento de Victoire. Él, que había estado con ella durante casi siete años y luego la había votado sin más, como si fuera un trapo sucio. Él, que tenía miedo al compromiso, o se había cansado de su hermana, o tenía a otra, o cual fuera la razón. El caso es que era él y nadie más que él. Dominique siempre lo había encontrado divertido y agradable pero ahora era un enemigo por solidaridad al que de sólo mirar la ponía de mal humor.

-He venido por ti, James. –relató Ted. –Aún no se sabe nada. –aclaró antes de que le preguntaran. –Pero como Harry debe ir al trabajo no quiere dejar a Ginny sola. –fue su explicación.

El chico de cabello azabache despeinado asintió y se puso de pie mientras se pasaba una mano por el rostro intentando despejarse un poco.

-Díganle a Rose que todo va a salir bien, por favor. –pidió el joven mago y luego sus ojos viajaron especialmente a Dominique. –Los Weasley son fuertes. Sé que pueden superar todo lo que se les avecine. El tiempo va a mejorarlo todo.

Dominique no era tonta y entendió de inmediato.

-Hay cosas que el tiempo no cura, Ted. –musitó sin mirarlo a la cara, con sus ojos azules fijos en la chimenea. –Sobre todo cuando no se tienen respuestas claras y todo es tan abrupto.

El metamorfomago se encogió de hombros.

-No soy quien para cambiar la postura de nadie. –soltó el joven que de pronto parecía aún más ensombrecido de lo que había llegado.

-No, no lo eres. –confirmó la hija de Bill y Fleur. Teddy le dio la espalda y James le siguió.

-¡Manténganos informados! –exclamó Lucy al verlos perderse en el pasillo.


Rose se inclinó sobre el inodoro y vomitó por segunda vez consecutiva en la noche. Quiso tomar agua pero no le apetecía bajar así que soporto la sensación de ardor en la garganta. Regresó a la habitación donde dormiría esa noche y se acostó sobre la cama mirando al techo. Su mente no le funcionaba, sus siempre perfectos y claros pensamientos parecían volar muy lejos de ella esa noche. No sabía que pasaba y tenía la esperanza de que todo fuera un mal sueño.

Por una vez que hace algo que no debe, y las cosas se arruinan. Esto debía ser algo así como un castigo divino para demostrarle que ella, Rose Weasley, nació incapacitada para poder desobedecer y que su único fin en la Tierra era el de ser la alumna e hija modelo y nada más.

Por primera vez en toda la noche se acordó de Malfoy y unas ganas de llorar la invadieron. Maldito alcohol, malditas hormonas y maldito sujeto aprovechado. Porque sí, Malfoy se había aprovechado de su confusión y había querido hacer con ella lo que quisiera pero Rose no lo permitió, sí lo hubiera hecho ahora mismo ya estaría tratando de matarse a sí misma.

La cabeza le dolía demasiado pero no había nada que hacer. Rose empezó a tener flashazos de lo que había ocurrido desde que salió de casa del brazo de Albus. Había bebido como si no hubiera mañana, había bailado y dejado que el amigo de Albus le coqueteara, había mantenido una conversación extraña con Isabelle Harrison, y claro, lo que se llevaba el premio, se había besado con Scorpius Malfoy.

No podía odiarlo más. ¿La razón? El simple hecho de haberse dejado besar por ese aprovechado la hacía detestarse a sí misma. Darse asco. Ése no quería más que disfrutar con la primera incauta que viera, y para su lastima, esa fue ella. Sólo la quería como un objeto y permitírselo la hacía sentirse una basura desgraciada. ¿No debería de haber tenido dignidad? ¿No era una Weasley incapaz de dejarse siquiera tocar por un Malfoy?

Y es que eso era. ¿Para qué más la iba a querer un hombre que para eso? Era idiota pensar lo contrario. Los chicos solo podían ver en ella a una distracción. Un juguete al que usar y luego tirar por allí. Jamás verían en ella a una mujer guapa, inteligente e interesante que les robara el corazón, Rose no tenía esa capacidad. No podía lograr que se fijaran en ella más que para burlarse. Así como Malfoy. Una oleada de furia la invadió al imaginar en lo que el rubio estaría pensando. Se reiría mentalmente de ella por horas preguntándose como una chica con unas notas y una fama como la suya, de muchacha sensata y digna, había sido tan imbécil como para caer frente a él. Se sintió humillada e iracunda.

Rose miró el espejo de cuerpo completo que había en la habitación. Se vio y comprendió el porqué Malfoy se había aprovechado. Se veía desvalida, frágil y desesperada. La ropa yacía mal acomodada y arrugada, el cabello despeinado, largo y pelirrojo que caía en ondas alborotadas, su rostro ovalado y blanco cual papel, sus ojos rojos, sus labios rosas y pálidos, no podía tener peor aspecto aunque se lo propusiera. Era horrible.

El llanto volvió a caer inconscientemente al pensar en Hugo y en su salud. Su hermano podía ser irritante, molesto y burlón, pero jamás le hubiera deseado mal. Nunca en su vida habría querido que algo así le pasara. Prefería mil veces ser ella la que muriera. De todas formas, ¿Quién iba a extrañarla? Posiblemente sus padres, abuelos y Albus le llorarían unos días pero luego se olvidarían de ella como quien se olvida de un insecto que piso por la calle.

Y se odió más que nunca, por no ser ella la que muriera de una.

Tembló y sus sollozos aumentaron, levantó la vista encontrándose con su patético reflejo. Quiso matarse. Quiso desaparecer. Alzó una mano y golpeo el espejo con todas sus fuerzas rompiéndolo en mil pedazos y ahogando un grito de dolor. Se miró la mano escandalizada y la encontró sangrando abundantemente. Por segunda vez en la noche estaba sangrando y ahora no necesitaba de ningún Malfoy que fingiera cortesía. Ella quería morir, después de todo.

Cayó de rodillas al suelo.

-Sólo…sólo quiero desaparecer… -susurró mientras veía el charco rojo que se formaba en el suelo donde descansaba su mano y los otros miles de pedazos de vidrio. –Desaparecer para siempre…

Entonces la puerta se abrió de par en par y Albus entró por ella acompañado de Louis quien al ver la escena abrió los ojos al doble, el chico era impresionable y sensible, después de todo, muy diferente a Al.

-¿Estás loca? –preguntó Louis acercándose a ella. Rose dejó escapar un lamento.

-Escuchamos el ruido, Rose. –comentó Albus que se veía perturbado, posiblemente por el espectáculo de sangre que había montado. -¿Por qué haces esto? ¿Crees que las cosas no están ya suficientemente mal?

Rose no respondió, no tenía voz en la garganta. Louis y Albus la ayudaron a ponerse de pie y entonces alguien más pasó por la puerta. Rose sentía que no tenía fuerzas, las piernas no le respondían y las sentía como si fueran de mantequilla. No podía mantenerse en pie.

-Por Merlín ¿Qué ocurrió aquí?

Esa voz era la de la abuela, la pelirroja reconoció. Se sintió avergonzada de montar tal alboroto en un momento como éste, pero es que no podía evitarlo. Cuando Molly Weasley se le acercó y ayudó a los chicos a llevarla a la cama Rose gritó.

Gritó y se removió como una serpiente huyendo de sus cazadores. Su grito fue agudo y casi hace que Louis la suelte para taparse los oídos. La abuela Molly sacó su varita.

-Hija, sé que es duro, no me hagas hechizarte y cálmate.

Lejos de hacerlo Rose chilló más y se retorció logrando que Albus la soltara y cayendo al suelo. Solo quería sacar todo lo que llevaba dentro.

-Rose, Rose, Rose. –la llamaba su primo moreno mientras la intentaba sujetar del rostro. -¡Rose reacciona y cálmate!

Y por segunda vez en esa noche la pelirroja recibió una bofetada en pleno rostro de parte de su abuela quien ya tenía también los ojos empapados. Rose se quedó quieta unos minutos y luego sintió su cuerpo perder aún más las fueras y su mano arderle adolorida.

Después de eso solo pudo cerrar los ojos y dormir.


Lucy Weasley suspiró mientras veía a los demás.

Fred se había quedado dormido sobre el sillón y nadie lo culpaba, era muy tarde y el día había sido especialmente largo. Dominique no se había movido ni un ápice desde que llegaron y continuaba con la vista fija en la chimenea. Roxanne se limpiaba un último rastro de lágrimas y Lily estaba seria, sin decir o hacer nada más que abrazarse a sí misma.

Lucy se removía nerviosa escuchando los gritos desaforados de Rose.

Quería hacer algo. Lo que sea. Poder hablarles de algo y ponerles de mejor humor, Lucy era buena en eso desde siempre, hablando y hablando hasta hacer que la gente se sintiera cómoda en su presencia. Era parlanchina y casi nunca se ponía triste. Pero ahora…

Ahora la situación era triste.

Intentó acercarse a Lily pero se acobardó. Lily era su prima más cercana, ambas tenían la misma edad e iban en Gryffindor por lo que se llevaban muy bien. Aunque Lucy sabía que su relación con la pelirroja no era ni la mitad de buena que la que ella tenía con Hugo.

Deseó que alguien se preocupara por consolarla a ella pero sabía que era inútil. Cada quien tenía sus preocupaciones en estos momentos y pedir eso sería egoísta. No todos sus primos eran como ella, que siempre veía por el bien de los demás antes que el suyo.

Quiso que Lysander estuviera allí. Al menos su novio si estaba al pendiente suyo siempre.

Lysander Scamander era su pareja desde hace un año. El chico era un año mayor que ella e iba en Gryffindor, a diferencia de su hermano gemelo Lorcan, por lo que iba en la misma clase que Dominique desde primero, así que ambos eran mejores amigos, lo que le sirvió a Lucy para acercarse al muchacho. Lysander era gracioso, despreocupado y escandaloso, por lo que congeniaba de maravilla con la castaña de los Weasley.

A veces Lucy sentía que Lysander era el único en el mundo que la escuchaba y se preocupaba por ella. Por alguna razón Lucy sentía que ella era la ignorada de los Weasley. Bueno, no era bellísima como Victoire, ni la más lista como Molly, ni la más responsable como Rose, o la más graciosa como Roxy, tampoco era como Dominique, buena en todo e interesante, ni como Lily, segura de si misma y coqueta.

Ni siquiera era como los chicos. Ni bromista y divertido como Fred y James, ni como Al que era listo y un líder nato o siquiera como Louis, un rompecorazones.

Evitó pensar en Hugo.

Ella era más la típica chica que está hecha de sonrisas e ilusiones. Una soñadora empedernida y ¿Por qué no? Un pelín dramática. Tal vez por eso la gente, en especial sus primos, se creían que podían decirle siempre que hacer y que no. Con quien hablar y con quien no hacerlo. Como sentirse y como no. A Lucy casi nada la molestaba, pero sinceramente empezaba a cansarse de ser tratada como un bebé que no tiene ni voz ni voto.

Afortunadamente eso con Lysander no pasaba, él la quería tal como era y jamás la había hecho cambiar o le había dicho que hacer.

Agitó su cabeza. No era tiempo de pensar en su novio, era momento de enfocarse en lo importante. Rose y Hugo, porque Lucy sabía que ambos en este instante estaban igual de mal. Su primo al borde de la muerte y su prima al filo de la locura. Los gritos de Rose cesaron.

Roxanne se incorporó y Lucy también se puso alerta cuando vio a Albus y Louis bajar de nuevo.

-Se ha desmayado, la abuela se quedó con ella curándole la mano. –explicó el chico Potter.

-¿Qué le pasó en la mano? –quiso saber Nickie (Bueno, Dominique, que odiaba los sobrenombres)

-Rompió un espejo. –fue la respuesta de Louis, que parecía afectado, probablemente por la condición de Rose. –Era como si no fuera ella misma.

-Se trataba de una crisis nerviosa. –aportó Al. –O eso parecía.

-Es comprensible, está pasando por algo horrible, y se siente culpable. –acotó Roxy.

-No debería, la única culpa es mía. –añadió Lily, su voz era hueca, sin sentimientos y Lucy quiso poder ayudarla pero no sabía cómo hacerlo. –Ella no debería sentirse así.

-Mira Lily. –la llamó Dominique y de repente parecía enfadada. –Tú no puedes decirle a Rose lo que pueda o no pueda sentir. Sólo eres responsable de tus propios sentimientos, ¿Bien? Aunque tampoco deberías sentirte culpable, sí quieres hacerlo, hazlo. Pero no ganarás nada. Ya te he dicho que fue un accidente de mierda y nada más.

Todos se quedaron en silencio hasta que alguien más habló. Lucy bajó ligeramente la mirada, ella nunca se había llevado muy bien con Dominique, que la intimidaba bastante, pero había creído que la forma en la que su prima rubia le estaba hablando a Lily era muy dura.

-Dominique tiene razón. Es ridículo, Lils. A tus padres y hermanos no les gusta verte así ¿Verdad Albus? –el aludido asintió cruzado de brazos. –Solo sé fuerte. Demuestra que eres Gryffindor y una Potter-Weasley.

Todos miraron a Fred asombrados. Primero, porque creían que estaba más dormido que despierto. Y segundo, porque el pelirrojo no solía decir cosas tan ciertas o serias como aquella. La mayoría de lo que salía de su boca eran tonterías y burlas ridículas.

-Creo que todos ya deliramos por el sueño. –agregó Louis alejándose mechones de cabello cobrizo de los ojos. –Mejor vayamos a dormir, dudo que nos den noticias ahora.

Lucy le sonrió a Louis, que como ella, le gustaba ayudar a que los demás se sintieran mejor. No por nada era un Hufflepuff. Luego todos asintieron y partieron a las habitaciones donde dormirían esa madrugada, algunos más despiertos que otros.


Nota final. Hasta aquí el capitulo, bueno espero nadie me mate por haberle hecho esto a Hugo, pero es que era necesario. ¿Se recuperará? Quien sabe, por ahora lo veo díficil ehh, aun así esperemos a ver que pasa con él.

Bueno, aquí no ha salido Scorpius porque se ha enfocado básicamente a los Weasley y como afrontan esta díficil situación pero en el proximo capitulo lo veremos de nuevo.

Como dije al iniciar este fic, la historia se basará no sólo en Rose y Scorpius, sino también en todos los chicos de ésta generación que tienen sus historias que contar, y me parecía bien introducirlos, así que aquí los tienen, ésta es mi versión de la tercera generación, quienes tendrán sus propios tramas y problemas. Además también sale Teddy, quien ha dejado a Victoire misteriosamente sin explicación alguna, ¿Volverán o ya no hay futuro para ellos?

Bueno, eso lo sabrán más adelante. Gracias por haber leído y les mando un gran beso a todos.

Ah, por cierto, empezaré a contestar los reviews a partir de éste capitulo, que he acabado la escuela y vuelvo a tener tiempo de sobra :)

Saludos!