Stelra Etnae: Sí, ¡El largamente esperado capítulo de Marineford finalmente está aquí! ¡Espero que esté a la altura de tus expectativas!
¡Sigue leyendo!
En el Archipiélago Sabaody, una conmoción cruzo la multitud que se había congregado frente a las pantallas mientras se esforzaban por ver mejor sobre las cabezas que estaban delante de ellos, alertados por los susurros de los que estaban más cerca.
— ¡Es Sombrero de Paja! ¡Sombrero de Paja ha aparecido!
Los espectadores miraron fijamente el den den mushi visual enfocaba al prisionero que se dirigía al puesto de ejecución. Era algo que se quedaría grabado en sus mentes, incluso cuando lo recordaran años después, y traería de regreso esas memoria a aquellos que habían presenciado o escuchado historias de otra legendaria ejecución.
Porque a pesar de que Monkey D. Luffy estaba siendo llevado a su muerte… nunca hizo su sonrisa vacilar.
—Garp… voy a contarles todo.
—Ha lo que quieras. Estaré abajo.
Tsuru observó a Garp sagazmente, pero no dijo nada. Sin embargo, Garp sintió el peso de su mirada y suspiró pesadamente.
—En este punto, no es que vaya a hacer ninguna diferencia. Las etiquetas no pueden dañarlo más, no a este punto. Especialmente ahora que se ha convertido en un notorio criminal por su cuenta –el Marine veterano endureció su mandíbula. —él ha hecho su elección u tiene que vivirla –o morir por eso, no fue dicho. Tsuru volvió su mirada hacia el horizonte, permitiéndole a su viejo amigo privacidad.
En lo alto, Sengoku recogió un Den Den Mushi.
—A todos, tengo algo crucial que decirles. Algo sobre el verdadero significado de Monkey D. Luffy encontrándose con su final aquí hoy.
— ¡Guararara! ¡Mi amado hijo mejor que este sano y a salvo!
— ¡Barbablanca! –Sengoku apretó los dientes. Sus ojos recorrieron la formación de luna creciente hecha por los aliados de Barbablanca en la bahía. La forma en que los piratas los habían rodeado era preocupante, pero había un punto que le llamó la especialmente la atención. Justo en el centro, en la entrada de la bahía, había un espacio lo suficientemente grande para que pasara otro barco. ¡No podía ser…! Pero por supuesto, podía. Sabían de esta posibilidad en el momento en que tomaron la decisión.
En respuesta a sus sospechas, apareció la figura de otro barco, envuelto en bruma y cada vez más claro para el ojo. Ese inconfundible mascarón de dragón en la proa entró primero en su visión mientras la insignia de los Revolucionarios navegó sin temor a la bahía, para tomar su lugar al lado del Moby Dic. Los ojos de Garp se entrecerraron ante la figura envuelta en una capa verde que estaba de pie en la proa.
— ¡…Dragon!
Las manos de Sengoku se apretaron en sus costados. Solo los Cielos sabían cómo sería el resultado de la batalla.
—Derrite un poco de hielo y nos deslizaremos hacia abajo— ¡Mi pie!
—Lo siento, ¡Fue un accidente!
— ¡Vamos a morir! ¡Allí abajo solo hay hielo solido!
— ¡Puuuuñoooo deeee fueeeegoooo!
— ¡Oh, espera! ¡Si es hielo puedo derretirlo! ¡HIKEN!
— ¡Ahora vamos a ahogarnoooooooossss!
—Estos usuarios de Frutas del Diablo…
— ¡Cierto! ¡Sabo, contaré contigo!
— ¡Maldición, Ace!
Todos quedaron boquiabiertos cuando un acorazado cayó del cielo, junto a lo que parecía ser todo un batallón de prisioneros fugados.
Gruñendo, Sabo arrojó a Ace sobre el hielo. El usuario de fuego se levantó de golpe en el momento en que estuvo libre de la adormecedora agua marina, poniéndose de pie sin prestarle atención a la superficie resbaladiza.
— ¡LUFFFFYYYYY!
— ¡ACE!
— ¡ESTAMOS AQUÍE PARA SALVARTE! –gritó Ace. Sin ceremonia tomó a Sabo por el brazo en un fuerte agarre, sin prestar atención a sus protestas. — ¡ESTE IDIOTA ESTÁ AQUÍ TAMBIÉN!
Por un momento, Sabo vaciló, pero la vista de esa figura familiar disipó toda la incertidumbre. Se enderezó, sacudiéndose el brazo de Ace para gritar también: — ¡LUFFY!
Los ojos de Sengoku se entrecerraron.
—Garp. ¿Quién es ese chico con Puño de Fuego? –preguntó.
Garp se quedó estupefacto.
—Solo se me ocurre una persona, pro me dijeron que murió hace años.
Pero un susurró del prisionero encadenado lo confirmó.
— ¿Sabo…? –había incredulidad en su voz, pero no duda. —Sa… ¡SABO! –Luffy lloró, las lágrimas corrían por su rostro.
Sabo sonrió con ironía.
—Es el mayor, pero sigue tan llorón como siempre.
—Eso nunca va a cambiar.
Los hermanos compartieron una mirada, con una profunda exasperación quedándose por un momento antes de que la seriedad retomara sus expresiones. Ambos sabían cuánto había en juego. Sin palabras, las cejas de Ace se levantaron una fracción en cuestión, y Sabo inclinó la cabeza apenas perceptiblemente.
Pero ese intercambio casi invisible fue claramente suficiente para los dos, ya que Ace inmediatamente inició un sprint completo. Sin perder el ritmo, Sabo se mantuvo a su lado, igualando su velocidad a la perfección. Poco a poco, rostros sonrientes se compartieron a pesar de la situación. Esto era familiar, esto era bueno, e iban a recuperar a su hermano para completarlo.
— ¡No te quedes atrás, Sabo! ¡Tienes diez años de entrenamiento que alcanzar! –Ace bromeó mientras disparaba un aluvión de puños en llamas.
La sonrisa de Sabo se ensancho, sacando una tubería de metal atada a su espalda. Un negro tintado se extendió sobre él mientras cubría el arma con Haki. Golpeó el extremo largo de la tubería contra el diafragma del Marine más cercano, enviándolo contra los que lo seguían.
— ¡Dítelo a ti mismo, Ace! ¡Intenta seguir el ritmo!
— ¡Luffy! ¡Vamos por ti!
—Dragon…
El líder Revolucionario se giró ligeramente para mirar al hombre que había aterrizado en la cubierta con una gracia que desmentía su tamaño. Una insinuación de sonrisa apareció en sus labios, disipando la preocupación en sus ojos por un momento al ver a un viejo amigo.
—Bienvenido de nuevo, Iva.
—Fufufufu, es un honor para mí luchar a tu lado una vez más. Solo me gustaría que no estuviera en una situación tan peligrosa como esta. Hay una cosa que deberías saber si todavía no la has escuchado, la escuché en un canal de la Marina de camino aquí. Están planeando ejecutar a Sombrero de Paja-boy antes de lo previsto.
Luffy cerró los ojos brevemente, y entonces los abrió de nuevo.
— ¡ALEJENSE! ¡ACE, SABO! SOY SU HERMANO MAYOR, YO—
— ¡MALDICIÓN, LUFFY! ¡ES NUESTRO TURNO DE PROTEJERTE AHORA! –Ace rugió, interrumpiéndolo, seguido de una fuerte patada en el estómago con una bota llameante hacia un Marine que se había puesto en su camino.
— ¡LO QUE ÉL DIJO! –la tubería de Sabo estaba cubierto de negro con Haki, y estaba resultando extremadamente efectivo para despejar el camino.
Luffy retrocedió, con los ojos muy abiertos cuando sus hermanos atravesaron a los Marones mientras luchaban para llegar a la plataforma de ejecución.
Con los ojos entrecerrados, Sengoku levantó el receptor de la transmisión del Den Den Mushi.
— ¡Derroten a esos hombres sin dudarlo! ¡Puño de Fuego es otro peligro para el futuro! ¡No solo fue criado junto con Luffy, sino que también es hijo del difunto Rey Pirata, Gold Roger!
Ace apretó los dientes cuando exclamaciones de asombro estallaron en el campo de batalla. Odiaba que eso importara en un momento como este, especialmente en un tiempo como este. Odiaba los ojos que lo seguían en todo el campo de batalla, ahora que lo sabían. Pero aun así…
Sobre la forma caída de un oficial de la Marina, Sabo lo miró a los ojos.
—Luffy es primero.
—Por supuesto.
—Ace, ¡Adelántate! ¡Tienes que llegar a Luffy! ¡Voy a detener a estos tipos!
— ¡Muy bien!
Ace corrió sin dudar en el camino que había hecho Inazuma, confiando en la capacidad de su hermano para cuidarse a sí mismo. Luffy era el que corría más riesgo aquí, ya que habían intentado ejecutarlo antes, ¡Tenía que llegar antes de que los Marines intentaran algo más!
Una figura demasiado familiar aterrizo en medio del camino, desmoronando la piedra como si estuviera hecha de arena.
Los ojos de Ace se ensancharon.
— ¡Mierda! ¡Abuelo!
Garp se alzó.
— ¡Si quieres pasar, tendrás que matarme primero!
—Maldición Abuelo, ¡No puedo! ¡Sal del camino! –puede que no estuvieran relacionados por sangre, pero le debía su vida a este hombre. Y a pesar de todas sus faltas, Garp había sido un buen abuelo. ¡Pero no podía detenerse aquí, no cuando había llegado tan lejos!
— ¡Entonces Luffy morirá!
— ¡No puedo dejar que eso suceda! ¡Abuelo! ¡Déjame pasar!
— ¡Eres mi enemigo, Puño de Fuego Ace!
Con los ojos muy abiertos vio el puño que se alzaba contra él, pero luego su mirada se estrechó con determinación. Luffy iba primero. Tenía que hacer esto.
Aún así, fue un shock incluso para él mismo cuando su puño desnudo chocó con el costado del rostro de Garp, haciendo que el Vicealmirante cayera hacia abajo. Ace tragó con dificultad mientras seguía corriendo hacia Luffy. El Abuelo lo había dejado ganar, lo sabía. No había manera de que lo hubiera derribado tan fácilmente. Sabiendo eso; sabiendo que las expectativas de tantos caían sobre esto, no podía fallar.
Respirando hondo, dio el último paso hacia la plataforma.
¡¿Llamas a esto ser libre?!
Más libre que tú, Abuelo.
— ¡FUEGO!
La cabeza de Sabo se dirigió hacia la plataforma, con los ojos firmes en sus hermanos que caían. Ace parecía estar luchando con las esposas de Luffy todavía. Si no lo hacía a tiempo…
De repente, una enorme figura con forma de globo se expandió, atrapando todas las balas de cañón y arrojándolas de vuelta. Los gritos estallaron cuando todos hicieron lo posible por evitar las municiones y las explosiones en llamas.
Luffy y Ace aterrizaron junto a él.
— ¡Sabo!
Su sonrisa hizo que le dolieran las mejillas, pero finalmente estaba en casa.
— ¡Vamos a salir de aquí!
Vista silbó, impresionado.
— ¡Solo míralos ir!
Si alguien hubiera pensado que el trabajo en equipo entre los dos más jóvenes había sido fluido, este equipo era impecable. Los tres hermanos cayeron a la perfección en un patrón que parecían conocer instintivamente, rellenando los huecos que los otros dos dejaban abiertos.
—Shishishishi, extrañe esto.
Una sola onda de choque del Haki del Conquistador envió a la mitad de los Marines en su camino al suelo y los pocos mareados que quedaban fueron fácilmente dispersados por un Gatling rápido como un rayo. Detrás de él, Ace y Sabo se colocaron espalda con espalda, encargándose de los que intentaban cargar desde otras direcciones.
— ¡Sombrero de Paja!
Luffy se inclinó hacia un lado, esquivando hábilmente la trayectoria de un jitte con punta de piedra marina.
—Lo siento, Smokey, ¡No voy a dejar que me atrapes aquí! ¡Gear Second!
Smoker apretó los dientes cuando un puño cubierto de Haki se estrelló contra su vientre.
— ¡Vicealmirante! –Dashi corrió para ayudar a Smoker, con la funda de la espalda tintineando a su lado, pero el hombre mayor levantó una mano para hacer que el Capitán volviera a su posición mientras observaba a los tres hermanos moverse más y más lejos.
Era mejor de esta manera.
En el archipiélago de Sabaody, un hombre alto se quedó viendo la transmisión.
— ¡Eres un problema como siempre, Mugiwara-ya! ¡Bepo, estamos zarpando!
— ¡Aye, aye, capitán!
"¡Torao! ¡Torao!" "¡Eres mi amigo!"
El Moby Dick se estaba quemando.
Luffy se quedó quieto, mirando hacia la espalda de ese gran hombre, fuertemente de pie a pesar de las heridas que cubrían su cuerpo.
— ¡…Oyaji!
— ¡Escuchen bien, Piratas de Barbablanca! ¡Esta es mi última orden como capitán! ¡Ustedes y yo nos estamos separando aquí! ¡Regresen a Nuevo Mundo en una solo pieza!
— ¡¿Oyaji?!
—No, Oyaji, ¡No nos dejes!
— ¡Oyaji!
Barbablanca miró al joven que se había acercado, con una pequeña sonrisa curvando sus labios ensangrentados.
—Nunca te di el enfrentamiento que querías, Luffy, ¿Verdad? Gurararara. Espero que perdones el descuido de un anciano.
— ¿Realmente no vendrás con nosotros, Oyaji?
—Soy un remanente de mi era. No hay ningún barco que me lleve a la nueva. El mundo les pertenece a ustedes, jóvenes.
El rostro del joven de goma, generalmente alegre, era muy serio.
—Ya veo.
El gran hombre se rió entre dientes.
—Buen chico. Ayuda a Marco en algún momento, ¿De acuerdo? Sabes cómo trabaja demasiado. Ahora ve.
Luffy asintió.
— ¡Vamos, Ace, Sabo! –el par estaba inmediatamente a su lado.
—Luffy, vayamos al barco de los Revolucionarios. Dragon-san está esperando por ti.
—Vale.
Comenzaron a correr, incluso mientras el mundo ardía alrededor de ellos. Detrás de ellos, Marineford se sacudió por la fuerza del poder de Barbablanca. Pero Sabo solo tenía ojos para sus hermanos y su destino donde estaba ese hombre parado. Estarían a salvo, solo tendría que llegar a ese barco…
— ¡Cuidado, es Akainu!
Magma explotó justo al lado de sus pies, enviándolo a tropezar sobre el hielo. Intentó ponerse de pie, pero ya era demasiado tarde. Sabo solo podía sentarse allí, congelado mientras el puño de magma descendía sobre él. Había engañado a las llamas las últimas vez, pero parecía que está seguía siendo la forma en que iba a morir…
Dejó que sus ojos se cerraran. Solo podía desear que sus hermanos salieran ilesos de esto.
"Lo siento, Luffy, Ace, parece que es un adiós de verdad esta vez."
Pero en lugar de dolor ardiente, un cuerpo cálido lo envolvió. Todo su aliento dejó su cuerpo. No… no podía ser…
Dedos apretaron el agarre de su camisa, y el fuego chamuscó la tela cuando el elemento se deslizó fuera del control de su usuario.
Solo tomó el sonido del susurro destrozado de Ace para que supiera que había sucedido. O no, en realidad ya lo sabía, simplemente no quería creer que el olor que llenaba sus fosas nasales era de carne quemada y goma. Y aunque sabía que no quería ver lo que enfrentaba, se obligó a abrir los ojos.
Sobre él estaba Ace, pero se giró con ojos igualmente abiertos y Sabo solo pudo observar aturdido cuando su hermano mayor cayó en sus brazos. Porque no podría estar pasando, ¿Verdad? Pero estaba. Y sangre goteaba entre sus dedos, y él no era ajeno a la sangre, pero esta era la sangre de su hermano que se derramaba de un agujero ardiente a través de su pecho.
—Shishishi… está vez yo… los protegí a amos.
—Maldición Luffy, mi Fruta del Diablo es Logia, pude haber— –gritó Ace con voz ronca y angustiada. Una mano suave se acercó para acariciar un lado de su rostro, apartando el cabello húmedo.
—No Ace, tu fuego no hubiera podido hacer frente a esto –otra mano vino a tocar la mejilla de Sabo, y él se apoyó en ella sin decir nada. —Tienen que cuidar el uno al otro, ¿Vale? Son mis amados hermanitos. Sabo… estoy muy feliz de que estés vivo. Ace, gracias por existir.
— ¡…Luffy! –Ace se atragantó. Sabo tragó sus lágrimas, incapaz de hablar.
Luffy se limitó a sonreír.
—Dile a Shanks que lamento no poder devolverle su sombrero yo mismo –su mirada se elevó para mirar hacia el infinito cielo azul. —Oyaji… chicos… abuelo… y Ace, Sabo… Hey, si se topan con Dadan, Makino y los demás, ¿Se los dirían por mí también? A Shanks y al resto de ellos –la sonrisa de Luffy se ensancho. —Todos… ¡Los amo! ¡Shishishi!
Con esa última risa, sus ojos se cerraron.
— ¡LUFFY!
—Garp. ¿Qué estás haciendo?
Garp apretó los dientes, lagrimas saliendo de sus ojos.
—Agárrenme fuerte, Sengoku. Porque si no lo haces, mataré a Sakazuki.
Una mano recubierta de Haki, enroscada en una garra, salió disparada para encontrarse con el magma que descendía.
— ¡Así que también puedes mostrar furia, Dragon! –Sakazuki se burló, empujando contra el brazo. Ambos bandos se sacudieron con el esfuerzo, pero Dragon se mantuvo firme, con su fachada generalmente tranquila abandonada por ojos que ardían con un odio indiscutible. Pero Sakazuki se negó a retroceder. La escoria todavía permanecía, en la forma del hijo de Gold Roger. Esa línea de sangre no podía seguir viviendo.
— ¡Almirante Sakazuki! ¡Detrás de usted!
Sakazuki maldijo cuando el bisento de Barbablanca se acercó a él, lo que lo obligó a abandonar el estancamiento con Dragon. Sus ojos se entrecerraron cuando el par se colocó resueltamente entre él y sus objetivos, cuyas formas semiconscientes estaban empujando lejos del enemigo.
Con un grito enfurecido, cargó hacia la batalla.
El no sería frustrado aquí. La justicia absoluta debía ser defendida.
Los fríos ojos grises recorrieron el campo de batalla, catalogando la situación. Verificaron brevemente la forma caída, con una sonrisa a la vista desde lejos, antes de aterrizar firmemente en un grupo de retirada que sostenían a los dos que decían ser los hermanos de Sombrero de Paja.
— ¡Ustedes! ¡Tráiganlos a mi submarino!
—Al carajo, ¿Quién eres?
— ¡Soy doctor! Mugiwara-ya es… era mi amigo. ¡Déjame ayudar!
El cuerpo de Coby estaba temblando, pero apretó los dientes y se obligó a quedarse quieto. Él había dicho lo que quería decir y si iba a morir por ello, que así sea.
— ¡¿No pueden sentirlo?! ¡Esas vidas desaparecen una tras otra! ¡Ya hemos completado nuestro objetivo! ¡Perseguir a piratas que no tiene voluntad de luchar, abandonando a Marines que podrían ser salvados si fueran atendidos! ¡Y solo acumulando sacrificios! ¡¿POR QUÉ NO PODEMOS PARAR YA?!
—Bien dicho, joven.
Todos los ojos se dirigieron al capitán mientras caminaba en la costa helada, respaldado por su tripulación. Con la forma en que se detuvieron, nadie hubiera pensado que los Piratas del Pelirrojo se habían comprometido con otro Yonko el día anterior.
—Estamos aquí para detener la guerra.
Se alejó un paso del campo de batalla empapado de sangre para que la fachada de Shanks de desmoronará por completo.
Benn lo atrapó mientras tropezaba, girándolo para que la cabeza del capitán descansara contra su hombro. Podía sentirlo temblar, la mano restante de Shanks se acercaba para agarrarlo como un salvavidas.
Con el rostro demacrado y los ojos solo para su capitán, Yasopp dio medio paso hacia delante, pero un pequeño movimiento de cabeza de Benn hizo que el francotirador retrocediera. Su mirada encontró la de su viejo amigo, y sabía que no podía hacer nada aquí, pero a su vez había algo más que podía hacer. Asintiendo en reconocimiento, regresó a la cubierta para organizar la tripulación.
Benn dejó caer su cuerpo contra la pared, Shanks siguió el movimiento y se presionó más cerca. Suavemente alisó el pelo rojo del otro, recordando al joven con la sonrisa demasiado brillante y ojos solitarios que había conocido hacía tantos años.
—Por qué… ¿Por qué tiene que morir?
Se sentía como si estuviera caminando a través de una bruma.
Lentamente, Dragon levantó el cuerpo inerte de su hijo en sus brazos, acunándolo muy tiernamente. La última vez que sostuvo a Luffy de esta manera… había sido solo unos días después de nacido. ¿Cómo podía ser que la segunda vez sería en la muerte?
Y todavía era un niño, las mejillas aún eran redondas e infantiles, no parecía absoluto en sus veintes. Todos los que lo conocían habrían hablado del inextinguible deleite que tenía en todo en el mundo. De la felicidad y esperanza que trajo a todos los que conoció. Sin embargo… sin embargo, todo lo que quedaba de esa alegría eran los restos de una sonrisa en labios fríos.
Para las masas, parecía que la expresión de Dragon nunca vacilaría en lo más mínimo. La prensa más tarde describiría al hombre como uno de corazón frío, y hablaría del pavoroso aplomo que tenía mientras el Revolucionario cruzaba la bahía devastada por la batalla con su hijo en sus brazos.
Pero para aquellos que lo conocían bien, estaba claro que su máscara estaba verdaderamente agrietada. Era evidente en las líneas de su cuerpo, tenso como una cuerda a punto de romperse, pero al mismo tiempo se desplomó como si algo ya se hubiera roto. Y era más evidente en sus ojos, aquellos ojos que habían conocido mucho tiempo, que habían perforado e inspirado y quemado, aquellos ojos ahora estaban huecos.
Si sus manso hubieran estado libres, estarían apretadas tan fuerte que gotearían sangre, pero sostenía al chico en sus brazos con delicadeza que pocos sabía que era capaz.
El padre había perdido al hijo que apenas había llegado a conocer, y tal vez esa fue la mayor injusticia.
Garp se quedó allí durante mucho tiempo, incluso después de que todos los oficiales heridos habían sido acompañados a la enfermería. Después de que todos los cuerpos de los hombres habían sido levados por sus compañeros solemnes.
Hace mucho tiempo que habían renunciado a tratar de convencerlo de que volviera a entrar. No es que quedara mucho 'adentro', Marineford era un desastre en más de un sentido.
Los cielos se habían abierto en un torrente de lluvia aproximadamente una hora antes, pero Garp le dio la bienvenida, ya que coincidía con el entumecimiento en su corazón. Pero al mismo tiempo lo resintió, ya que lavó la sangre que empapaba la tierra. Limpió la tierra, y amenazó con limpiar los recuerdos; y sabía que lo haría, porque la memoria humana era muy corta. En días, tal vez en horas, los periódicos emitirían una historia diferente de la tragedia que se había desarrollado hoy, y el mundo lo creería. Y como el mundo lo creería pronto ellos mismos lo haría también, y lo olvidarían.
Olvidaría que un niño había sido el punto más brillante de su vida; que un joven le había provocado frustración y un orgullo oculto; que un hombre que había amado el mundo había muerto aquí con una sonrisa en su rostro.
Y lo que más dolía era que incluso con todo lo que había sucedido, incluso con cómo Garp había tratado de detener a Ace, cómo Garp había elegido la Justicia sobre la familia… al final, Luffy todavía decía que lo amaba.
Luffy lo había perdonado por lo que había hecho. Pero estaba seguro de que no podía perdonarse a sí mismo.
— ¡Déjenme ir de una vez! ¡¿Cómo se atreven a retenerme de esta manera?! –Hancock chilló. — ¡Marigold! ¡Sandersonia!
Las dos mujeres más jóvenes desviaron la mirada vergonzosamente, pero las serpientes enrolladas alrededor de su cuerpo no se soltaron en lo más mínimo.
Su ira aumentaba con cada momento que pasaba.
— ¡Libérenme!
Sandersonia se mordió el labio en señal de angustia.
—No podemos, hermana.
La mirada de Hancock podía haberlas convertido en piedra si pudiera usar sus poderes. Su voz era baja con fría amenaza.
—Sandersonia –la más joven se estremeció. —Marigold –la pelirroja miró hacia otro lado con aire de culpabilidad —, si me liberan en este momento, todavía puedo perdonarles por esta impertinencia.
—Si nunca nos personas, que así sea. Esto es por tu propio bien –entró una nueva voz, la voz de su mayor.
La rabia de la Princesa Serpiente se volvió hacia la anciana, pero la anciana se encontró con su mirada ardiente y sin emoción externa.
Al cabo de un rato, los ojos de Hancock se volvieron hacia el techo, y Nyon les hizo un gesto a las hermanas menores para que abandonaran la habitación. Lo hicieron, pero no sin una mirada preocupada y prolongada hacia su hermana.
El silencio llenó la habitación mientras Nyon esperaba. Pasó mucho tiempo antes de que Hancock hablara, pero cuando ella lo hizo suficiente dolor llenó su voz para ahogar un alma.
—Anciana… –se ahogó Hancock. — ¿Qué es este sentimiento, anciana Nyon? ¿Cómo puedo hacer que el dolor desaparezca?
La mujer mayor no respondió, manteniéndose dolorosamente silenciosa.
Hancock se quedó mirando fijamente el techo. Pero la sonrisa de él todavía bailaba ante sus ojos en el patrón sobre la madera, su risa todavía susurraba en su oído en el silencio de la habitación.
—Hubo una vez que pensé que ya no tenía corazón. Luego él me mostro que sí –susurró. —Y pensé que si él moría, moriría con él –ella frunció los ojos contra el torrente de lágrimas que no se detuvieron. — ¡¿Pero por qué este corazón todavía está en mi pecho?!
—Coby… –Helmeppo miró preocupado a su amigo desde la puerta. Ambos se había lamentado por la muerte de Luffy, pero Coby siempre había sido mucho más cercano al joven con sombrero de paja y se mostraba en su postura hundida.
—Pensé que si me convertía en un Marine podría proteger al mundo del mal. Que podría luchar por lo que creo. Entrené tan fuerte que podría fortalecerme y que él me reconocería. Pero yo todavía soy débil, ¿O no?
El silencio cayó durante un largo rato, Coby contuvo los sollozos que amenazaban con regresar. Pero finalmente sus puños se apretaron, y cuando abrió los ojos de nuevo, todavía estaban brillando, con determinación.
—Hey, Helmeppo… le prometí a Luffy-san que algún día me convertiría en Almirante. No me detendré hasta que llegue a eso. Voy a cambiar esta orden podrida desde adentro.
Una fantasma de sonrisa regresando a sus labios ante la decisión de su amigo, Helmeppo saludó bruscamente.
—Te seguiré hasta el final, señor.
Un joven estaba sentado en un tronco caído, con el periódico en la mano. Pero el papel nunca se abrió, porque la mirada de su lector estaba atascada en la primera página, leyendo y releyendo, como si no pudiera creer lo que tenía ante sus ojos.
A su lado, una resortera hecha a mano quedaba olvidada, al igual que las nuevas trampas que había estado ansioso por probar hasta que el News Coo había dejado caer el periódico sobre su cabeza.
— ¿Usoppun? ¿Sucede algo?
Usopp echó un último vistazo a los titulares antes de desechar el periódico y recoger su Kabuto.
—No, no es nada –mintió.
'Hey, hey, eres Usopp, ¿Verdad? ¿El hijo de Yasopp? ¡Tu papá me contó un montón de historias sobre ti! Soy Luffy, ¡Es un gusto conocerte!'
— ¡BUOOOOOHHHH…!
— ¡Laboon!
Crocus miró con tristeza a la ballena gigante llorando, sin prestar atención a los intentos de Brook por aplacarlo. El periódico que le había traído ese terrible destino todavía colgaba en una mano.
—Sentí que era mejor decírselo –le dijo a Brook más tarde, después de que Laboon se hubiera dormido. —Sería más cruel dejarle tener la falsa esperanza de que Luffy regresaría algún día.
El músico tomó un sorbo pensativo de té.
—Este Luffy-san, ¿Me atrevería a pensar que me has hablado de él antes?
—Sí, de hecho, fue él quien pintó esa imagen en Laboon. Es todo gracias a él que Laboon recuperó su espíritu en los último años.
—Ya veo. Es con él con quien estoy en deuda. Desearía haberlo conocido, suena como una persona increíble.
—Era.
Los dos viejos piratas quedaron en silencio, pero ambos tenían el mismo pensamiento en sus mentes.
¿Por qué mueren los hombres buenos mueren jóvenes?
Dragon se paró ante la tumba de su hijo.
Sus sentidos le dijeron del hombre que había venido a pararse a su lado, igualmente silencioso.
—Escuché que una vez salvaste la vida de mi hijo. Te lo agradezco.
Shanks tomó una respiración lenta y entrecortada.
—Ojalá hubiera podido hacer más.
La tumba era dolorosamente pequeña a la sombre de la capa de Barbablanca. No habían podido encontrar el querido sombrero de paja del chico en ninguna parte y él siempre tuvo pocas pertenencias; así que decoraron su tumba con tiras de tela roja y amarilla, porque así sería como siempre lo recordaría, audaz y brillante como el sol.
En una pequeña villa en el East Blue, los residentes llorando su sol. Nadie cuestionó a los bandidos que venían de las montañas para ahogar sus penas en el bar de Makino. Nadie cuestionó cuando el labio de Makino tembló y ella desaparecería por una hora antes de regresar. Nadie cuestionó al hombre encapuchado que desembarco en sus muelles, a quien Makino finalmente lloró, quien inclinó la cabeza ante los bandidos de la montaña, quien algunos de ellos recordaban como un niño tranquilo décadas atrás.
Pero interiormente todos tenían preguntas de cuándo, cómo, por qué.
Porque como tantos otros, Foosha había perdido su sol.
Law lanzó una mirada indescifrable al rubio que había venido a sentarse en la orilla junto al pequeño campamento de los Piratas de Heart.
—Sabes que Hiken-ya está despierto ahora –comentó rotundamente, con los ojos mirando al más joven como un halcón.
—Sí –el otro respondió sin inflexión, sin revelar nada. Sin embargo, estaba el problema de que el rubio estaba viendo resueltamente a cualquier otro lugar que no fuera Law. Normalmente lo habría dejado solo, pero estos eran los hermanos de Mugiwara-ya, y como había decidido recogerlos, se sentía un poco responsable por ellos. Maldecía a ese idiota de goma por frotar su exceso de amistad.
Levantando la vista del libro de anatomía que había estado leyendo, Law decidió ser franco.
— ¿Por qué, entonces, lo estás evitando?
— ¡No estoy! –Sabo negó instintivamente, sus ojos se volvieron hacia él, pero la mirada no impresionada de Law lo hizo marchitarse. —No lo estoy… –todavía murmuró.
—Claro –el tono de Law fue más seco que el desierto de Alabasta durante una sequía.
El médico devolvió su mirada a un detallado boceto de una inflamación del cerebro, dejando que el hombre más joven se quemara la cabeza. Nada bueno saldría de presionar demasiado, tenía que llegar a un acuerdo con él mismo, y si necesitaba un oído atento, sabía que Law estaría allí. Era extraño, ser la parte en la que uno confiara, pero no era un mal sentimiento.
Después de un rato, la estresada postura rígida se desplomó, la incertidumbre torciendo su rostro.
—Yo… es solo que… no puedo encarar a Ace. Quiero decir— ¡Los dejé por diez años! ¡Diez años pensaron que estaba muerto! Y regrese para salvarlo, pero Luffy ¡Murió salvándome! ¡Ni siquiera tengo derecho a llorar!
—Idiota… ¿Así que has estado pensando eso todo este tiempo?
Sabo se dio la vuelta, el corazón le latía con fuerza mientras tragaba el nudo que saltó a su garganta cuando se encontró con la forma familiar pero desconocida de su hermano. Apenas notó que Law se alejaba sutilmente para darles privacidad.
—A-Ace…
—Sabes que Luffy no hubiera querido que te culparas –todavía tenía un fuerte dolor en su voz, pero el moreno todavía le mostraba una sonrisa vacilante. —Él siempre estaba hablando sobre cómo… cómo los hermanos pequeños deberías dejar que él nos protegiera.
Los ojos de Sabo picaron mientras trata de igualar el esfuerzo de Ace.
—Lo estaba, ¿O no?
Los dos hermanos se miraron por un largo momento, ojos azules a negros. La guerra había envejecido a los dos, se había llevado a la persona más importante… pero también los había reunido de nuevo.
Ace fue el primero en moverse, tacleando al otro en un abrazo.
—Maldito seas, no te atrevas a desaparecer de nuevo.
Sabo sonrió a través de la humedad que corría por sus mejillas mientras apretaba el agarre.
—He vuelto para siempre.
Y a pesar de que ya habían derramado innumerables lágrimas, esta fue la primera vez desde que abandonaron el maldito campo de batalla que sus corazones se iluminaron un poquito. Se quedaron así, incluso cuando el sol se inclinaba hacia el horizonte, hasta que Ace habló en voz baja, sin apartar su rostro del hombro de Sabo.
—Rayleigh se ofreció a entrenarme.
Sabo parpadeó.
— ¿Silvers Rayleigh?
Ace asintió en el hueco del cuello de su hermano.
El rubio lo considero por un momento, y lo qué significaba para Ace.
— ¿Vas a aceptar?
Ace finalmente se apartó lo suficiente para encontrarse con los ojos de Sabo, y aunque todavía existían dudas, también había determinación.
—Creo que lo haré. Quiero volverme más fuerte, y Rayleigh me dio la idea de entrenar durante dos años antes de reunirme con mi tripulación. Creo que es lo que necesitamos.
Sabo endureció su resolución. Quería hacer esto, así era como debería haber sido.
—Yo—
—Sabo, quieres volver con los Revolucionarios, ¿No? Deberías hacerlo.
Sabo miró fijament4e a Ace, sorprendido. Había estado dispuesto a renunciar a los revolucionarios para quedarse con Ace, pero ahora… parecía que Ace nunca fallaría en desconcertarlo.
Ace habló primero, ya sabiendo lo que estaba pensando.
—Tienes un lugar con ellos. Puedo ver que son para ti lo que mi tripulación son ´para mí. Son familia, ¿No?
Sabo pensó en Koala, quien no estaba segura si regresaría o no, pero esperaría de todos modos; en Dragon, que se había convertido en padre y mentor para él; en todos los demás, que habían aceptado a un niño con cicatrices entre ellos.
Las lágrimas amenazaron una vez más, y él intentó evitarlas: —Lo son.
—Entonces debes regresar con ellos. Deben estar esperando.
— ¡Ace…! –Sabo tragó las lágrimas en su garganta, frotando la humedad que se deslizaba. Está vez, cuando volvió a encontrarse con los ojos de su hermanos, la resolución brillo en su interior. —Hagamos una promesa, Ace. La próxima vez que nos encontremos, vamos a ser mucho más fuentes que ahora. Nunca resolvimos ese empate, ¿Verdad? Vamos a tener nuestra próxima pelea.
La sonrisa de Ace coincidió con la suya cuando chocaron sus puños, el sello de una promesa.
—Te tomaré la palabra.
3D2Y
Botas pesadas golpeaban las viejas tablas de madera del edificio. El único cliente del bar se giró con una sonrisa reservada. La brumosa luz del sol brillaba alrededor de las gafas mientras bajaba un vaso de whisky. El vaso fue colocado de nuevo en la barra de madera con un ruido sordo.
—Bueno, bueno, bueno. ¿Qué puedo hacer por usted hoy, Vicealmirante?
Shakky se rió entre dientes, con la babilla descansando en su delgada mano.
—No puedo decir que esperaba eso. Que el Cazador Blanco impulsado por la justicia lo haya mantenido durante tanto tiempo, y mucho menos que viniera a nosotros de esa manera.
Rayleigh también se rió con cariño, pero su mirada estaba un poco húmeda.
—Tenía una habilidad especial para hacer amigos en los lugares más improbables, como Roger.
Otro que se había ido demasiado pronto.
— ¿Qué? ¿Soy la primera?
—Segundo, huh. Así que Kuina llegó primero, justo como ella.
—Ah, bueno, iré a revisar el Sunny entonces. Tengo que asegurarme que este en plena forma.
— ¿Ace-san ya está aquí?
—Jeez, ¡No es agradable hacer esperar a una dama, sabes!
—Jaja, apuesto a que se quedó dormido en alguna parte.
— ¡Es Ace-chan después de todo! ¡Un, deux, trois!
—Bueno, normalmente me preocuparía tarde, pero para esto…
Ocho voces diferentes, en ocho momentos diferentes, en una misma creencia…
—Él estará aquí.
Ace sonrió ampliamente.
— ¡Rayleigh! –saludó, moviendo la mano hacia el hombre que estaba en la cima de la colina mientras huía de sus perseguidores. Los marines se quedaron boquiabiertos.
— ¡Mierda, es el Rey Oscuro Rayleigh!
—Espera, ¿No dijeron que Puño de Fuego era el hijo de Gold Roger?
— ¡Así que realmente estaban trabajando juntos!
Un ataque que cortó la misma tierra hizo que todos se congelaran.
—Ace nació de la sangre de Roger, eso es cierto., pero el hombre en el que se ha convertido no tiene nada que ver con Roger. Es su propia persona. Y es mi aprendiz, así que les consejo que no crucen esa línea –los Marines tragaron saliva mientras miraban la línea en cuestión, precavidos del hombre que había venido a pararse delante de ellos. La luz del sol destellaba en las gafas de Rayleigh cuando les dio una sonrisa engañosamente amable. Nadie se atrevió a dar un paso adelante.
Ace se tragó la emoción que se alojaba en su garganta. Esas palabras saliendo para ese hombre en particular…
— ¡RAYLEIGH! ¡Gracias por estos dos últimos años!
—No hay necesidad de tales formalidades. Ya has superado más allá de lo que te enseñé. Solo hay una cosa más antes de que te vayas…
Algo flotó hacia él, lanzado por Rayleigh y arrastrado por el viento, y lo sorprendió. Mirando el objeto en su mano, sus ojos se ensancharon. El anciano sonrió, su habitual sonrisa suave y melancólica.
—Él quería que lo tuvieras. ¡Ahora vete! ¡Zarpa!
Su corazón se reafirmó con resolución. Ace colocó el sombrero de paja sobre su cabeza y con ello tomó la voluntad de los que estaban antes de él.
—Cuida de mí, Luffy –dijo en voz baja antes de jalar el borde y tomar una respiración profunda. — ¡YO SERÉ EL REY DE LOS PIRATAS!
Notas del traductor:
Y con esto termina este maravilloso fanfic. De mis favoritos si soy sincero.
Espero les haya gustado, como siempre: Gracias por leer y el apoyo.
No duden en pasar a la historia original para dejarle un comentario o apoyo a la autora, pueden encontrarla como Stelra Etnae en Ao3 o aquí en FF.
