Aquel día tenía que hacer algunas cosas, las cuales ya no podía aplazar más. Contempló el papel que tenía en sus manos. Era hora de enmascararse. Debía ponerse a buscar trabajo. Preferiblemente uno que le dejara las noches libres y tiempo suficiente para descansar. No era por necesidad, sino para aparentar. Miró su curriculum. Algo simple, indicando que solo tenía la enseñanza básica y una larga lista de empleos temporales. La realidad era diferente. Había estudiado hasta el bachiller* y después había entrado en la academia de policía para, finalmente, graduarse. Se había graduado con la máxima nota.

Salió a las calles, mirando los escaparates y en las puestas en busca de algún cartel que dijera: "Se necesita empleado". Si creía que iba a ser fácil no lo era. Dónde entraba a preguntar, o lo que buscaban era una mujer, o las condiciones no le gustaban. Miró el reloj de su muñeca desesperado. Llevaba cuatro horas dando vueltas. Notó su garganta seca y se fijó en una tienda muy conocida para él. Era un ultramarino, dónde vendían de todo y no, no era un "chino". Recordaba al dueño de la tienda con afecto. Siempre les daba algún caramelo gratuito si lo hacían reír o lo ayudaban en algún mandado. Pensó hacerle una visita. Al entrar en la tienda le llegó el aroma a pan recién hecho y a golosinas. Miró al hombre. Contempló, con cierta ternura, como su rostro se notaba el paso de la edad. Había encogido como si el peso de llevar aquella tienda fuera demasiado. Pero aún tenía esa sonrisa amable que te llenaba el corazón. El hombre repasaba unas cuentas en un gastado cuaderno. Zoro cogió una lata de cerveza del frigorífico de puertas transparentes y se lo puso en el mostrador. El hombre levantó su vista hasta Zoro y formó una "o" con sus labios.

-¡Pequeño granuja! ¡Cuánto has crecido!- El hombre rodeó el mostrador y abrazó a Zoro. - ¿Cuánto ha sido?

-Diez años, señor Nosse.- Zoro sonreía al hombre.

-Diez años…- murmuró.- Sí, sí que ha pasado tiempo. ¿Cómo te ha ido?

-No me he podido quejar.

-¿Has vuelto para quedarte?

-Sí, señor. Ahora mismo estaba buscando trabajo.

-¿Trabajo eh?- el hombre se arrascó la barbilla.- La verdad que alguien fuerte y joven me vendría bien para descargar el cargamento cuando viene. Mi espalda ya no es lo que era. Y levantar esas enormes cajas y colocar las cosas me cuestan bastante.

Zoro alzó una ceja.- ¿Lo dice en serio?- El hombre asintió.- ¿Y…?

-Solo te necesitaría por la mañana, me gustaría darte más horas, por lo que más dinero… pero ya sabes, las cosas no van tan bien estos últimos años.

Zoro abrazó al hombre y lo levantó del suelo. Era perfecto, simplemente perfecto. Ya se sentía más seguro. Era una tapadera perfecta, simplemente perfecta. Le gustaba, podría seguir hiendo a las peleas porque su trabajo no le daba el dinero necesario. Se despidió del hombre, al día siguiente debía estar allí temprano para ayudarlo. Ahora era momento de hacer lo que realmente le estaba rondando por la cabeza desde que había llegado: Ir a ver al viejo, el padre de Kuina y quien fue un padre para él. Sabía que le iba a costar.

Fue hasta el hospital de la ciudad y entró en el frenético lugar. Había muchos enfermos, algunos heridos y otros a saber que hacían allí. Se acercó a la recepcionista y le indicó el nombre del paciente que buscaba. Ella, amablemente le dio el número de la habitación. Zoro ignoró el guiño que le hizo la mujer. Estaba absortó en cómo iba a entrar. Tenía miedo, no iba a negarlo. Había pasado demasiado tiempo.

Se paró enfrente de la habitación 213. Había voces en el otro lado y se paró. ¿Debía entrar? A lo mejor estaba hablando con el médico. Zoro se movió nervioso pero finalmente decidió entrar tras escuchar unas risas.

Se sorprendió al ver quien estaba allí. Era el moreno con tatuajes que estaba con Joker… La mirada del médico erizó los pelos de la nuca de Zoro. Estaba mandándole una advertencia eso era seguro.

-Vaya señor Fushigi** tiene usted visita.

Zoro miró a la cama que había al lado del doctor. Allí había un hombre al cual ya apenas reconocía. Su pelo, que aún seguía en una coleta, se había vuelto blanco y su rostro estaba lleno de arrugas, además tenía un color amarillento que Zoro no recordaba habérselo visto antes. El hombre al verlo sonrió.

-Me preguntaba cuándo volverías, Zoro. - Al escuchar su nombre de los labios de aquel hombre se le encogió el alma. Se había ido a los meses de morir Kuina y lo había dejado solo... ni una carta, ni una llamada. Nada. Con pasos vacilantes se colocó al otro lado de la cama, lo más alejado posible del médico. El señor Fushigi hizo una señal para que él se acercara y cuando estuvo lo suficientemente cerca le dio con un suave golpe en la cabeza, como hacía cuando lo regañaba. Los ojos de Zoro se humedecieron pero no lloró. - Has crecido mucho.

-Os dejo solo.- dijo el médico desapareciendo por la puerta.

-Bueno, era un niño.- Zoro le sonrió con cariño.- ¿Cómo estás? Si llego a saber que…

-Shhh… no te sientas culpa. La enfermedad no es culpa de nadie… Además ya es algo con lo que me he acostumbrado a vivir.

-He oído que cerraste del dojo.

-Claro, no podría con mí….

-No me mientas- cortó Zoro.- Sé que lo cerraste antes de que enfermaras. Tenías deudas.

El anciano suspiró y contempló a su discípulo, a aquel hombre que había sido como un hijo para él.- No sé quién te lo ha dicho. Pero tuve problemas y tuve que hacer tratos con alguien…digamos que me quedé sin dinero y tuve que darle el dojo. Y después vino esta enfermedad…y me van a echar de aquí porque no tengo dinero para seguir el tratamiento.

-Eso no va a pasar.- El hombre alzó las cejas sorprendido.- Voy a pagarte el tratamiento, como sea. Te curaras y recuperaremos el dojo. Y no tendrás más remedio que contratarme ahí.- Zoro sonrió.

El anciano empezó a reír.- ¿De dónde vas a…? No, ¿has vuelto a las peleas? Zoro, eso es peligroso.

-Ya, ya, tuvimos muchas discusiones sobre eso. Sé lo que me hago.

La conversación siguió fluyendo hasta que se hizo tarde. Zoro debía prepararse para aquella noche. Hubiera sido demasiado aburrido que no le pasara nada en el camino por lo que se detuvo cando vio a Nami, de pie, mirando hacia el Baratie. Estaba claro que se le veía preocupada. Zoro alzó una ceja. ¿Estaba preocupada por Sanji? ¿Realmente sentía algo por él?

Se fijó en aquella mujer. Su aspecto mejoraba más que en las peleas. Quien diría que una mujer ganaba con ropa más normal. No podría decir recatada porque la camiseta de tiranta tenía un gran escote y sus vaqueros eran tan pegados que se podía intuir muy bien su figura. Pero se veía hermosa y bueno, no podía negar que tenía un cuerpo de infarto. Zoro se abofeteó mentalmente. No debía pensar en ella de esa forma. Se acercó despacio hasta ella. Nami no se dio cuenta. La joven se estaba mordiendo el labio.

-Te acabaras haciendo sangre.- La joven pegó un bote y miró a Zoro sorprendida.- ¿Por qué no entras?- hizo un gesto con la cabeza para señalar el restaurante.

-Todavía queda para la hora… Él… ¿Él sabe algo?

Zoro observó como Nami empezaba a jugar con sus manos. Se veía bastante insegura.- No, al menos no me ha comentado. Y nunca lo haría. Sería herir su orgullo.

-Vosotros siempre estabais peleándose en el instituto.- Nami se giró para verle.

Zoro asintió.- Somos amigos aunque no podemos pasar más de una hora juntos sin pelearnos. Digamos que es nuestra manera de expresarnos cariño... Así que estabas en mi instituto...

-Sí... aunque es normal que no me notaras.- Zoro alzó una ceja. Nami sonrió con malicia- Yo no era un año mayor que tú ni tenía el pelo negro y corto.

Zoro se puso rojo y miró hacia otro lado. Finalmente suspiró y miró a la chica.- ¿Por qué estas con Joker?

-Shhh!- se llevó el dedo a sus labios.- No lo digas en alto. Dinero, como todo aquel que está a su lado.

A Zoro se le cruzaron por la mente mil y una preguntas que hacerle pero se aguantó. No quería intoxicarla de preguntas. Sentía que podría sacarle información poco a poco.- Bueno, el dinero es un buen motivo... supongo.

La pelirroja suspiró.- Me voy hacia el restaurante... nos vemos esta noche, Zoro.

Y se despidió con un simple movimiento de mano. Zoro se quedó observándola hasta que vio como entraba en el Baratie. Algo le estaba gritando dentro de su cabeza, aunque no sabía bien el qué.

Con esa extraña sensación se dirigió hasta su casa debía prepararse para aquella noche.

Aquello estaba más concurrido de lo normal. Vio a Capitan en la barra del lugar y se acercó.- Ey!- saludó dándole un golpe en el hombro.

-¿Te cargaras a los cuatros que te queda?- dijo con sorna Kid.

-Depende, ¿el décimo quién es?

-Uno sin importancia. De quien debes preocuparte es del número 20.- Zoro frunció el ceño.- Te explico del todo. Hay dos niveles. El primero estas a punto de terminarlo y el segundo es más duro. Por lo menos los último cinco. Después pasarías a luchar contra los cuatro ejecutivos.

-¿Quién es el número 20?

-Bellamy, La hiena. Un gran subordinado de Joker. Solo le falta lamer la mierda que caga el flamenco. Pero, lo peor es que en la segunda ronda empiezan las armas. Me imagino que usaras dos katanas...

-Tres... usaré tres.

*Por si alguien no conoce que el bachiller correspondería a la preparatoria para ir a la universidad, ya que

**Apellido totalmente inventado sobre el padre de Kuina.

Agradezco todos los comentarios que me habéis dejado y lo siento por haber tardado tanto. Prometo que el siguiente capítulo lo subiré antes ;) besitos a mis lectores.