Dejo los lineamientos de siempre.

Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

"Pensamientos".

Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

OC.

No apto para fans SasuSaku o NaruHina.

Género: Romance | Drama.

Clasificación: T | M.

Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

Nota de Autor:

Re-editado.

Si hay algún comentario o disconformidad, ya saben, pueden dejarla ahí abajo en la cajita de comentarios. Recuerden siempre dirigirse a los escritores con respeto, yo les responderé en la medida de lo posible. Los comentarios son siempre bien recibidos, y les estoy enteramente agradecida por tomar unos minutos de su tiempo para leer mis historias y de paso, comentarlas. Mil gracias. Es en parte por ustedes que yo sigo escribiendo, además de ser uno de mis pasatiempos favoritos.


CAPÍTULO 4.

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«La mayoría de las personas gastan más tiempo y energías en hablar de los problemas que en afrontarlos».

Anónimo.


Doce semanas. Las náuseas, los mareos y los vómitos pronto dejarían de ser una molestia dando paso a otras. Doce semanas significaba que cumplía su tercer mes, su tiempo se había agotado. Su vientre no estaba crecido, si se ponía desnuda de perfil frente al espejo apenas se visualizaba una curvatura, como una pequeña inflamación. Sin embargo, el período para mantener oculto su estado se había gastado. Si acaso le quedaban un par de semanas más, eso era todo.

Sakura concluyó que retrasarlo solo haría más complicado decirlo, el problema es que ella no quería hacerlo. No había manera de explicar su embarazo sin recurrir a la ficción para un novio inexistente al cual achacarle la paternidad, ya que no salía con nadie. Estaba casada con su trabajo, con sus deberes como kunoichi y con sus entrenamientos. ¿Cómo explicaría eso? ¿Un milagro divino? Nadie con medio cerebro le creería tal cosa, menos sus amigos.

Las pocas citas que había tenido fueron obra de Ino, y Sakura se quejó de cada una de ellas. Revelar la verdad no estaba a discusión, inventarse un novio inverosímil era como decir que le habían crecido los pechos.

Dentro de dos días tenía una reunión con toda la «pandilla», ¿qué haría? ¿Sería capaz de decírselos o seguiría esperando?

Se sintió mareada, le daba vueltas y vueltas al mismo asunto sin llegar a una conclusión. La idea de saltarse esa reunión era atractiva, pero estaba segura que Ino y Naruto irían por ella para llevarla arrastras de ser necesario. Ya no tenía excusas, no más retrasos. Huir era un camino fácil, lo haría, de no estar tan delicada de salud. Irse a otra aldea, comenzar una vida nueva no sonaba mal. Haría cualquier cosa a tener que enfrentarlos con ese asunto.

La curvatura de su vientre no era especialmente notoria, solo una inflamación tal vez producida por alguna molestia intestinal. Le gustaba engañarse a sí misma, así no se presionaba a encontrar una historia que contar para justificar su realidad.

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Cerca del mediodía Sakura decidió salir de casa, iba a paso lento y cuidadoso. Por órdenes de su maestra se suponía que debía mantener reposo, ni siquiera pisar un escalón a menos que fuera para llegar a su habitación. Sin embargo, determinó que la convivencia con sus amigos y conocidos le vendría bien para levantar el ánimo. Por lo menos la mantendría con la mente ocupada durante algunas horas. Se suponía que Ino pasaría por su casa y se aseguraría de que no cometiera ninguna imprudencia.

Sakura esperó durante quince minutos, al no tener señales de su mejor amiga decidió ponerse en marcha. El motivo que la retrasaba seguramente la mantendría así un poco más y a ella no le gustaba llegar tarde, por muy nerviosa que la pusiera estar en medio de tanta gente. Era la primera vez que iba a una reunión después de… Agitó su cabeza, no quería pensar en eso, no mientras caminaba a ver sus amigos.

Hacían una reunión cada mes cuando todos estaban en la aldea y tenían tiempo suficiente como para malgastarlo haciendo una comida rústica al aire libre. Sakura concluyó que era su forma de escaparse del estrés y la desgracia que conllevaba ser ninja. La mayoría de sus conocidos asistían, siempre uno que otro declinaba la oferta. Tsunade se les unió varias veces excusándose en lo harta que estaba de firmar tantos papeles y de que Shizune la controlara en cada paso que daba. La verdad es que llegaba por el sake gratis. No había mejor forma de conseguir que la Hokage se presentara a un lugar que destapando una botella de licor. Sakura podía jurar que la olfateaba como los tiburones a la sangre.

No recordaba de quien fue la idea, pero había sido buena. Los unía más que compañeros, a menudo se veían como una gran familia. El ambiente era siempre agradable, ameno. Le entusiasmaba pensar que sería capaz de olvidar todas sus penas y sus problemas por unas horas.

— ¡Sakura-chan, aquí! — gritó Naruto agitando una mano.

Ella paseó su mirada por el campo abierto encontrando varias caras conocidas, entre ellas Lee, Tenten, Shikamaru, Kiba, Hinata y… ¿Neji? ¿Qué hacía ahí? Desde que empezaron hacer ese convivio, Neji era uno de los que optaba por no ir. Por misiones, entrenamientos o deberes con su Clan. Siempre tenía una excusa, por lo tanto, si lo había visto en alguna de las reuniones estaba segura que las contaba con los dedos de una sola mano y estaba segura que Tenten tenía que ver en ello. Él se encontraba bastante apartado del resto.

Frunció el ceño y apartó la mirada. Más allá Gai retaba a su antiguo sensei, quien tranquilamente le echaba un vistazo y luego ignoraba su perorata. El hombre de traje verde se sintió tan ofendido que comenzó un nuevo reto, pero Kakashi le dio una mirada de costado y continuó hablando con Yuri. Era la primera vez que la veía ahí.

— ¡Sakura-chan!

Ésta dejó escapar un suspiro y compuso una sonrisa para corresponder la enorme que le brindaba su amigo. Caminó hasta él manteniendo el mismo paso desde que salió de su casa. El viento movió un poco la falda de su vestido, la mantuvo quieta en su lugar dejando caer el brazo evitando enseñar más de lo que debía. La prenda no tenía un enorme vuelo, pero después de todo lo que le había sucedido, algo tan ligero como eso la hacía sentirse desnuda. Si escogió ponerse un vestido fue porque así disimularía las formas inexistentes de su embarazo, estaba un poco paranoica.

— Hola, Naruto — hizo una señal con la mano para aquellos que se dieron cuenta de su llegada.

Sakura escaneó nuevamente en busca de Ino, no la encontró por ningún lado. Lo único que vio fue a Kurenai y Hinata preparando la mesa que Yamato había condicionado con su elemento.

Las pláticas se reanudaron, Naruto salió con sus comentarios inapropiados con respecto a Tsunade. Atendiendo a la costumbre, Sakura le propinó un golpe y le regañó como era de esperarse. La mayoría se rió mientras el chico se quejaba y se sobaba la cabeza. Todo era bueno, todo era divertido, todo era camaradería hasta que llegó Ino exigiendo hablar con ella.

— ¿Qué rayos sucede, Ino? — cuestionó Sakura al verla con el rostro contraído por el enojo.

— ¿Cuándo planeabas decirme? — Ino empuñaba unos papeles en la mano, los arrugaba cada vez más.

— ¿Decirte? ¿Decirte qué?

Ella frunció las cejas, no entendía nada. Ambas ignoraron a los demás, habituadas a discutir siempre a gritos y en lugares públicos. La mayor parte del tiempo en lugares públicos…

— Creí que éramos amigas, Sakura — reclamó.

— Lo somos, Ino — ella trató de guardar la compostura, le resultaba difícil cuando no tenía idea de lo que estaba hablando su amiga —. No entiendo a qué te refieres…

— ¿No entiendes? ¡¿En serio?! — Ino estaba furibunda, pero a Sakura le dolió más el sarcasmo de lo que esperaba — ¿Cómo no puedes saberlo, Sakura? ¿O esta receta para vitaminas prenatales no te dice nada? — agitó frente a ella los papeles que estuvo apuñando en sus manos desde que llegó —. Estás embarazada y no me lo dijiste, ¿cómo pudiste?

La sangre de Sakura se agolpó en sus pies y su rostro perdió color. Esa era la receta que estuvo buscando después de la cita que tuvo esa mañana con la obstetra, creyó que la había dejado en algún lugar de la casa y no se preocupó por buscarla más. Jamás se le pasó por la cabeza que la había olvidado en el consultorio del médico que la atendió.

De pronto se sintió débil y con náusea, la vista se le nubló y sus piernas se volvieron de algodón. Apartó la mirada de Ino y, sin querer, buscó la de Neji. Una pequeña arruga se formó en el puente de su nariz, tenía los brazos cruzados y la espalda recta. ¿Existía la posibilidad de que fuera indiscreto?

No, Sakura sabía que él no era ese tipo de hombres, por mucho que quisiera justificar su descuido.

— Espera, Ino, tienes que estar equivocada — alegó Naruto.

Por unos segundos olvidó que lo tenía al lado. Sakura solo quiso escapar lejos de toda esa especulación, de todo ese lío.

— ¿Tú crees que estaría preguntándole si no fuera cierto? — increpó la rubia.

Naruto se giró hacia ella, con la pregunta bailando en sus ojos azules. Ella desvió los suyos, incapaz de sostener la mirada de su amigo.

— ¿Es verdad, Sakura-chan? — deseó que la tierra se la tragara, la voz dolida la desgarraba.

¿Por qué tenían que enterarse así? ¿Acaso no fue suficiente que le desgraciaran la vida? Debió atender al presentimiento que tuvo esa mañana y no haberse movido de su casa, debió escudarse en que su salud todavía no estaba bien; que no se sentía con la fuerza suficiente para salir.

— Dame la receta, Ino — extendió el brazo, la mano le temblaba.

— ¿Es todo lo que tienes que decir?

La mirada afilada en sus ojos azules indicaba que no la dejaría en paz. Ino estaba enojada, no, furiosa. No sabía que era lo que le dolía más. No decirle que había perdido su virginidad o haberse guardado el secreto de su embarazo. Sakura aseguraba que ambos.

Se sintió aturdida, mareada y con náuseas. Su visión de túnel dificultaba ver las facciones de los demás, retuvo el aliento unos segundos y luego tomó aire profundamente.

— Ino, cálmate — ordenó una voz perezosa.

— Este no es asunto tuyo, Shikamaru — retó Ino.

— Tampoco el tuyo — apuntó el shinobi, la rubia graznó una palabrota y dio un pisotón llena de rabia.

Sakura escuchaba que los ruidos se iban desvaneciendo de a poco, se tambaleó hasta que las rodillas se le doblaron. Los demás la miraron alarmados, pero dos brazos la atraparon antes de desplomarse. Le llegó un fuerte olor a incienso, el mismo que la envolvió días atrás y con el que se sintió extrañamente sosegada.

Respiró hondo y giró su cabeza, sabiendo quien la había atrapado. Era la tercera vez que evitaba otra caída. Las puntas de su cabello castaño cosquillearon en el rostro, se permitió cerrar los ojos ante la sensación inexplicablemente agradable que le producía su cercanía.

— Déjalo, Yamanaka.

A ella le hizo gracia que Neji tuviera la manía de llamarlos por sus apellidos, exceptuando a Naruto, Lee y Tenten.

— ¿Y a ti quién te llamó?

Él ignoró la pregunta y la condujo a un lugar donde pudiera sentarse. Sakura se lo agradeció mentalmente, no tenía palabras para expresar nada. Un nudo obstruía su garganta y los gritos de Ino proclamando su atención no mejoraban las cosas.

— ¡Oye! ¡¿Es qué no me escuchas?! — reclamó Ino al shinobi.

— Te escucho, pero decido no contestarte — dijo él, ayudando a que se acomodara en el tronco — ¿Te sientes mejor? — Sakura negó, con la mirada agachada incapaz de enfrentar a nadie.

Desgraciadamente todavía no dejaban de ser el foco de atención de los demás. Nadie hablaba, pendientes a lo que diría.

— ¿Sigo esperando, Sakura?

Ésta llevó una mano a su frente, pestañeó un par de veces. La visión de túnel no desaparecía, temía que si Ino la seguía presionando terminaría perdiendo el conocimiento de nuevo.

— Ella no te debe explicaciones, Yamanaka, déjalo que la alteras.

— ¡¿Y a ti que más te da?! — clamó exasperada — ¿Tienes algo que ver con esto? ¿Con su estado?

La espalda de Neji se puso rígida, la arruga en el puente de su nariz tomó un matiz más profundo.

— Eso no te incumbe — dijo él —. Ni ella ni yo te debemos explicaciones.

Sakura contuvo el aliento, ¿Neji no acababa de decir lo que creía, verdad?

— Así que eres tú con quien mantenía un romance — señaló Ino —. Tú eres el padre de ese bebé — afirmó sin ápice de duda y ella palideció más de ser posible.

— No… Él no…

— Nara — llamó Neji, volteó hacia el shinobi y con expresión y voz seria dijo —, llévate a tu novia de aquí, por favor. Sakura no ha estado bien y esto solo la indispone más — regresó la mirada hacia ella y se acuclilló a su lado.

La kunoichi abrió grandemente los ojos, asombrada no solo del aplomo sino de la terrible mentira que estaba armando. Shikamaru asintió, tomando a Ino por el brazo la alejó de ahí; no sin que antes armara una pataleta.

— ¡Dios mío, Neji, ¿pero qué has hecho?! — susurró.

Todavía no se disipaba el tenso silencio, solo algunos murmullos y la voz de Ino al fondo. Sakura atinó a mantener el tono bajo inclinándose un poco hacia adelante, consiguiendo que nadie más la escuchara, solo él.

— ¿Sabes lo que acabas de hacer? — cuestionó —. Ahora todos pensarán que eres el padre ¡y no es así! ¿En qué pensabas?

Neji la miró fijamente.

— ¿Vas a decirles lo que pasó? ¿Te crees capaz?

Sakura se estremeció de miedo al darse cuenta que tenía razón, jamás hubiera sido capaz de decirles la verdad. No era capaz siquiera de pensarlo, menos iba a decirlo.

— Esto no debió pasar así, las cosas no debieron pasar así… — musitó Sakura, afligida.

Cerró los ojos rehuyendo a la mirada herida de Tenten. Su estómago se contrajo con la amenaza de vomitar el desayuno. Un daño colateral de una situación que nunca contempló.

— Las cosas no pasan siempre como uno desea, Haruno.

Cierto, las cosas nunca pasan como se planean…

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Pasaron dos días en los que Sakura se sintió como un conejillo de indias, uno de esos bichos utilizados para un experimento de laboratorio, lo percibía por las miradas asombradas y desdeñosas que le daba la gente. Su «peripecia» con Neji brindó frutos y ahora lo acunaba en su vientre. Bueno, eso era lo que todos decían en la aldea, algunos conocidos incluso. Se habían metido en un problema muy grande, descontando la llamada de atención de su maestra.

Iracunda, la Quinta los mandó llamar. Ni siquiera les permitió cerrar la puerta cuando ya los estaba regañando a gritos. Sakura vio bailar sus puños como si fueran chacos frente a sus caras, temía que en su afanado discurso se le escapara un golpe. Ya que a quien miraba directamente era a Neji. Y éste se mantenía estoico con los brazos cruzados sobre su pecho ante el despilfarro de palabras de su maestra, algunas censurables para público menor.

Él fue capaz de frenarla con una razón irrefutable, tanto que a Tsunade no le quedaron más ganas de seguir alegando ni regañando. Apelar a la verdadera razón de su embarazo era como una especie de tapabocas, un candado divino que ninguna de las dos quería tocar por miedo a desbaratarlo y abrir una horrible caja de Pandora.

Sakura ingenua, pensó que ese era el mayor de sus males, que todo quedaría ahí. Gran error. Sus dificultades apenas empezaban…

Se recostó en el sofá, se sentía un tanto mareada. Lo único que deseaba era cerrar un momento los ojos hasta despejar la molestia, no deseaba correr hacia el baño a vomitar su almuerzo. Se suponía que ya en esa etapa del embarazo esos síntomas disminuirían considerablemente, ella esperaba que desaparecieran, por lo visto no era tan fácil. Incómoda giró despacio en el mueble para acomodarse y soltó un bufido, irritada.

O fingió estarlo. Ya que la tristeza y la soledad predominaban por encima de esas otras emociones. Ino y Naruto no le dirigían la palabra desde que se enteraron de la razón por la que pasaba tanto tiempo en el hospital. Tenten también se había molestado, pero parecía más dolida que molesta. No era un secreto para nadie su enamoramiento por Neji, llevaba mucho tiempo prendada de su compañero de equipo. Sakura imaginaba que la única razón que la detenía a dar el primer paso era la falta de interés de él. A lo mejor esperaba que sus acciones o sus insinuaciones fueran capaces de despertar algo para que dejara atrás esa faceta de compañerismo y diera el primer paso, porque Neji no aceptaría que una mujer se le declarase de ninguna manera.

Posiblemente Tenten se aferraba mucho a esa idea, pero ya con veintitrés años encima, eso de esperar se convirtió en una carrera contrarreloj en la que no veía ningún progreso. Claro, se sentía satisfecha de que su compañero no demostrara ningún interés amoroso por otra mujer, hasta que llegó ella y le puso un hasta aquí a sus aspiraciones.

Sakura se sentía mal por haber destruido sus ilusiones, nunca fue su intención lastimar a nadie, menos a ella que era una buena persona, una excelente kunoichi. Tenten había peleado a su lado en varias ocasiones y sabía de sus sentimientos hacia Neji. No porque se los confesara, sino porque era obvio. Bastaba con la forma en que lo miraba para darse cuenta de lo que su corazón profesaba por él. Sin embargo, éste lo ignoraba a propósito. Quería a su compañera sí, no de la misma manera.

Todos se dieron cuenta con el tiempo que Neji marcaba una línea entre el compañerismo y la amistad sin permitirse llegar más lejos para evitar malos entendidos. Sakura no necesitaba ser un genio para notarlo. Tenten prescindía de este conocimiento intencionalmente.

Neji Hyūga era del tipo de hombres que no buscaba enredos con nadie, mucho menos con kunoichis a las cuales conocía y se relacionaba casi a diario por su deber como shinobi. Por eso todos se sorprendieron cuando dejó vagando en el aire la posible paternidad de su bebé. Sobre todo considerando la poca afinidad que tenían. ¡Dios! ¡¿Quién se creería ese cuento?! ¿Cómo podía estar embarazada de un hombre con el que apenas y cruzaba palabras? La única explicación posible era una aventura, un enredo de una noche pero, ¿alguien la creería capaz de algo así? Imposible. No sucedería ni en un millón de años.

Durante esos dos días Sakura dejó de pensar en el episodio de hace tres meses y en lo miserable que se sentía, en el calvario que llevaba a cuestas todos los días. Durante dos días se centró en la habladuría, en la preocupación y la angustia que le generaba darse cuenta que el nombre de Neji sería manchado por sus desgracias. A su lista ahora se sumaba él, que si bien su único propósito fue ayudarle también saldría perjudicado por su imprudencia.

Sakura desconocía las razones que llevaron a Neji a cometer semejante tontería, pero ahora era responsable de lo que se dijera acerca de él. Su honor estaba en juego y para un hombre con las costumbres de Neji, valía demasiado.

Dejó escapar un suspiro exhausta, entre más lo pensaba menos lógica le encontraba y ya empezaba a dolerle la cabeza. Miró a su alrededor, Ino ya no estaba diciéndole que debía descansar, Naruto andaba vagando por la casa en busca de algo que comer… Estaba sola. Y esa verdad dolía tanto como una herida abierta en su pecho. Sus amigos se alejaron porque se sentían heridos, ella los había lastimado por no confiarles su secreto, por no decirles la verdad. ¿Cómo podría decirles lo que le pasó si ni siquiera lo podía pensar? Dentro de su cabeza la palabra con "v" no tenía cabida, estaba prohibida.

Sus amigos la señalaron y la juzgaron, no los culpaba, después de todo ella no sería capaz de explicarles la verdad. Apoyó la cabeza sobre la almohada y cerró un rato los ojos, solo unos segundos, ya que alguien empezó a tocar su puerta con un poco de insistencia.

Desganada sabiendo que no era ninguno de sus amigos, Sakura se levantó y abrió la puerta. Grande fue su sorpresa cuando se encontró con unos curiosos ojos perlas, no era Neji, pero estaba claro que provenía del mismo Clan. ¿Quién sino tendría ese rasgo tan particular en su iris?

— ¿Sí? — cuestionó con las cejas fruncidas.

— Buenas tardes, señorita Haruno — saludó educadamente el hombre e hizo una pequeña reverencia —. Lord Hiashi requiere de su presencia.

Sakura alzó las cejas, sorprendida y la vez comprendiendo que no era una invitación a tomar el té.

— Claro… — murmuró ella.

— La espera en media hora en la mansión, no tarde por favor.

El hombre ofreció otra inclinación y luego desapareció.

¿Qué querría Hiashi Hyūga?

De pronto la razón la alcanzó y supo que nada bueno saldría de esa reunión con el jefe del Souke.