Descargo de responsabilidad: Personajes oficiales y universo de Harry Potter propiedad de JK Rowling. "Come Back to Me" propiedad de la imaginación de ChristinaFay. Traducción de vuestra servidora.

N de la T: ¡Gracias mil por los comentarios! Es muy divertido seguir la historia con ustedes. Estos primeros capítulos fueron muy tiernos pero también bastante tristes. Si se sienten con ánimo, les propongo seguirla este desvío por un camino diferente.

Capítulo Cuatro – Regresa a mí

La semana después de Acción de Gracias, pocos meses después de la fiesta de compromiso de Jenny y Ben, la feliz pareja invitó a Toby a acompañarlos a un paseo para esquiar durante una semana en el lago Tahoe junto a los dos sobrinos de Ben. Toby había ido a las pistas un par de veces con Hermione, pero nunca se había quedado a dormir con amigos en un centro de esquí.

—¡Por favor, mamá! —Toby prácticamente le rogaba—, ¡los sobrinos de Ben son realmente geniales! Hemos estado hablando acerca de probar el skateboarding. Por favor, mamá, ¡realmente quiero ir!

Hermione nunca se había sentido tan reacia cuando Toby salió en campamentos organizados por la escuela en el pasado. Pronto se dio cuenta que sus dudas se debían a una conversación que había tenido recientemente con Severus, cuando el viejo mago le informó que había hecho arreglos para que Toby atendiera Hogwarts el próximo septiembre. No podía hacerse a la idea de que su pequeño bebé era ahora un joven mago independiente, y que pronto estaría listo a dejarla e ir a un lugar lejano. Por culpa del miedo a la separación, la pequeña distancia hasta el centro de esquí le parecía inaceptablemente grande.

Pero Hermione era una madre racional. Reconoció las causas de su preocupación e inmediatamente le puso una tapa a sus propias emociones. Aceptó las súplicas de su hijo, empacó su bolso y lo envió a casa de Jenny la mañana del viaje.

Cuando regresó a su negocio, se sentó tras el mostrador, sintiéndose repentinamente perdida y vacía. ¿Cómo sería la vida para ella así, sola, todos los días?

Justo cuando estaba contemplando su futuro, su famoso vecino entró al negocio.

—Está un poco más tranquilo que de costumbre, ¿no? —preguntó él con aire despreocupado. Ella asintió en respuesta. Observándola en silencio unos momentos, Severus pareció adivinar el motivo de su fastidio—. Es un niño grande, Hermione. Se cuidará solo. Y cuando llegue el momento, no tengo dudas que te llenará de orgullo.

Ella le sonrió con tristeza y asintió nuevamente. —Gracias Severus. Es sólo... Siento que estoy comenzando a perder a mi bebé. Está creciendo... tan rápido. No me imagino cómo va a ser todo cuando él no esté.

—Considera éste el comienzo de una nueva aventura para ti, entonces —el mago se acomodó en su asiento usual junto a la ventana. Un momento después preguntó—: ¿Puede un viejo invitar a cenar a su vecina y buena amiga, y quizá también a algún entretenimiento como ir al cine muggle después?

Hermione arqueó una ceja a Severus y la mantuvo un instante, antes de sonreír con picardía. —En tanto no sea éste tu intento de invitarme a una cita.

—Jamás me atrevería —dijo él arrastrando las palabras—. Sólo un cabeza hueca traería a colación temas espinosos como ése con una bruja batalladora como tú —agregó—, y yo definitivamente no soy uno de ellos.

Ella rompió en una pequeña carcajada e informó al viejo mago que tenía que hacer planes para salir.


Hermione pasó una embarazosa cantidad de tiempo esa tarde buscando un atuendo apropiado para usar durante su salida al anochecer. Hacía mucho que no salía de esta forma. Recordaba algunas noches de cine en la ciudad con un par de sus amigas después de dejar a Toby, que aún era un bebé, con la madre de una de ellas. Su vida se había vuelto mucho más exigente desde que comenzara su propio negocio. Quizá Severus tenía razón, pensó mientras examinaba las opciones que tenía en el placard. Quizá era hora de que comenzara a habituarse a un nuevo estilo de vida, y encontrara un nuevo centro en el que enfocarse una vez que Toby se fuera a Hogwarts.

Finalmente se decidió por un vestido que había comprado hacía unos años en una tienda departamental en el centro de San Francisco. Estaba haciendo una práctica en una botica, y lo compró tan sólo porque el negocio ofrecía una ganga irresistible. La prenda era un vestido de mangas largas y escote en V que le llegaba justo por encima de las rodillas. No podía no sonreírse con orgullo al mirarse al espejo: después de tantos años, el vestido aún se ajustaba a su forma con elegancia, y el color violeta oscuro complementaba sus ojos castaños a la perfección. Después de recoger su pelo con unos pocos encantamientos, comenzó a hurgar en su alhajero buscando un collar que combinara con sus aros de plata. Al no estar acostumbrada a vestirse elegante, Hermione encontró frustrante la búsqueda de los accesorios correctos. Seguramente le prestaría más atención a Jenny la próxima vez que la joven bruja intentara interesarla en una conversación acerca de modas.

Sus dedos dieron con una cadena de plata al fondo del alhajero. Tirando de ella cuidadosamente, Hermione encontró lo que necesitaba: al final de la cadena se encontraba una piedra lunar, con una gema en forma de lágrima elegantemente presentada en una montura clásica de plata.

Hermione sonrió ante el simple pero elegante collar alrededor de su cuello, cual si fuera un viejo amigo. ¿Cómo podría haberlo olvidado...?

Además de su varita, el collar era el único objeto de valor que tenía con ella cuando despertó en un parque sin memorias acerca de sí. Había pasado horas estudiando cada detalle del pendiente, esperando que le ofreciera respuestas sobre su pasado. Desafortunadamente, además de un pequeño sello con la palabra "Prince" en la parte de atrás del pendiente, el collar no había revelado nada. Siendo que ningún "príncipe" fue nunca a reclamarla, Hermione había decidido usarlo como apellido.

Pero eso fue hacía más de diez años. Hermione prácticamente había olvidado el collar, y así hubiera seguido de no ser porque esta noche necesitaba algo que completara su conjunto para esa noche. Se sentía simplemente agradecida de haber tropezado con la bella pieza justo cuando la necesitaba.

Cuando se estaba aplicando el brillo para labios, escuchó abrirse y cerrarse la puerta principal.

—Severus, ¿eres tú? Estoy casi lista —llamó hacia las escaleras.

—Tómate tu tiempo —escuchó su voz aterciopelada—. No tengo ningún apuro.

—Entonces, ¿cuáles son tus planes para esta noche? —le preguntó mientras se deslizaba dentro de sus tacos negros de gamuza y juntaba unas pocas cosas dentro de una cartera haciendo juego.

—Fui a la Casa de Carnes de Roy a la tarde y nos hice una reservación para las siete —contestó él—. Cuando estaba allí, la camarera mencionó que esta noche tendrán un show de jazz en vivo en el patio. Pensé que quizá te sacaría a bailar.

—¿En serio? No sabía que pudieras bailar —comentó ella mientras bajaba por los escalones.

—En verdad, han pasado unos cuantos años —replicó él—. Sin dudas, estoy muy oxidado. Con suerte podré lograr un par de... —se detuvo en medio de lo que estaba diciendo cuando la vio aparecer en el rellano—. Hermione... —murmuró su nombre mientras asimilaba la imagen de la bruja frente a él.

Ella le sonrió tímidamente. —Espero no haberme vestido demasiado elegante... No acostumbro salir, ya sabes. Y pensé...

—No... —él la detuvo con una sonrisa confiada—. Te ves absolutamente... increíble, tal como te veías... —su voz se fue apagando a medida que sus ojos siguieron los aros de plata hacia el pendiente de piedra lunar colgando de su cuello, y la sonrisa se le congeló en el rostro.

Hermione observó horrorizada cómo el viejo mago repentinamente se apretó una mano contra el pecho. Sus piernas colapsaron y cayó al suelo. Soltando un grito ahogado ella corrió a su lado, justo a tiempo para prevenir que se golpeara la cabeza. —¡Severus! ¿Qué pasa? ¿Es tu corazón? Oh, Dios mío. No, no, no… Quédate conmigo… ¡Accio teléfono!

Durante los siguientes minutos, Hermione les gritó frenéticamente tanto al operador del 911 como a los paramédicos. Todo a su alrededor parecía haber perdido su foco. Siguió a la ambulancia hasta el hospital local, y pronto se encontró caminando de un lado a otro en la sala de espera fuera de la sala de emergencias.

—¿Señorita Prince? —parecía que habían pasado horas hasta que el joven médico se acercó al hall buscándola. Se presentó como el doctor Lee, y era quien había estado atendiendo a Severus. Hermione lo siguió nerviosamente hasta su oficina, preguntándose por qué no respondía a sus preguntas sobre Severus en el lobby.

—Parece que el señor Snape sufrió un ataque al corazón. Realizamos los procedimientos necesarios para estabilizarlo, pero lo beneficiaría más que realizáramos una cirugía adicional. Si usted está de acuerdo en que realicemos el procedimiento, tenemos algunos papeles que necesitaremos que firme. Y si ése es el caso, haré los arreglos para que la cirugía se lleve a cabo en la mañana.

—¿Papeleo? ¿Para que yo lo firme? —Hermione abrió bien los ojos—. ¿Acaso no puede hacer lo que necesita para salvar su vida?

—Como le dije, señorita Prince, la condición del señor Snape ya ha sido estabilizada —el doctor continuó con paciencia—. Para hacer más procedimientos, necesitamos el consentimiento de un miembro de su familia, ya que el paciente no está en condiciones de tomar esa determinación.

—¿Miembro de su familia? —Hermione arqueó las cejas—. Yo no sé si Severus tiene familiares, especialmente cerca de aquí. Yo sólo soy su vecina.

—Oh —él la miró algo desconcertado. Luego de revisar lo que parecía ser una historia médica en la pantalla, asintió—. Ya veo. Le pido disculpas por la confusión. No debería haber hecho suposiciones. Pero sí tenemos aquí un poder notarial médico firmado por el señor Snape, autorizándola como su agente designado. Y la relación es... "administradora y principal beneficiaria de su patrimonio" —el doctor Lee citó de la pantalla.

—¿Ustedes le hicieron llenar un formulario? ¿Recién? —Hermione se sentía más confundida a cada minuto.

—Oh no, no hoy —el doctor Lee se encogió de hombros—. Consultar acerca de la preferencia del paciente a la hora de designar un agente es una práctica rutinaria para nuestros pacientes de edad avanzada. El señor Snape llenó el formulario cuando vino hace algunos meses acerca del estado de su hígado —viendo la expresión sorprendida de Hermione, él agregó—: Usted está al tanto del estado de su hígado, ¿verdad?

Parecía haber demasiada información demasiado rápido para que Hermione lograra procesarla. ¿Ella era su agente autorizado? ¿Administradora? ¿Su patrimonio? —¿En qué estado se encuentra su hígado? —repentinamente encontró su voz otra vez—. Debe haber un error. Severus Snape no es cualquiera. Él es… un mago —ella dudó, sin saber si el doctor Lee era una de esas personas de mente abierta que sabía acerca de su mundo.

—Señorita Prince, estoy consciente de eso —el doctor Lee suspiró—. El señor Snape tuvo una conversación conmigo acerca de ello cuando vino la última vez. Supongo que eligió hacerse atender conmigo a raíz de la investigación que hice para entender las propiedades médicas de las pociones creadas en el mundo mágico.

—Bueno, suena como que usted debería saber de lo que está hablando, entonces —ella frunció el ceño—. ¿No sería sensato trasladarlo con un sanador entrenado en el mundo mágico y tratarlo con las pociones apropiadas o instrumentos mágicos?

—No hay magia que pueda pelear contra el paso del tiempo —el joven médico respondió en voz baja—. Lo siento, señorita Prince, pero la edad del señor Snape es muy avanzada.

—Yo pensé que usted sabía de magos —ella entrecerró los ojos—. Los magos tienen una esperanza de vida impresionante, y cien años de edad no es nada del otro mundo.

—No debería serlo, si estuviéramos hablando de un mago que hubiera llevado una vida normal, y que hubiera dado a su cuerpo el cuidado apropiado —argumentó el doctor Lee—. El señor Snape, en cambio, parece haber sufrido trauma significativo en su sistema nervioso cuando fue joven. Y parece que su consumo de alcohol siempre ha excedido el límite recomendado.

—Pero... —ella quería continuar razonando.

—Señorita Prince —el doctor la detuvo educadamente—, el señor Snape está muy al tanto de su condición. Quizá es por eso que vino aquí a verme sobre el estado de su hígado en lugar de viajar a ese hospital mágico tan conocido en Oregon. Por su reacción, adivino que él no ha tenido oportunidad de explicarle sus planes. ¿Puedo sugerirle que sea paciente con él, y que espere a que se recupere antes de preguntarle sobre ellos? La cirugía que le mencioné no va a rejuvenecerlo, pero indudablemente va a ayudar a su corazón. Tengo mucha confianza en nuestra tecnología.

Hermione se hundió más profundo en la silla, tratando de darle sentido a todo en silencio. Finalmente tomó una decisión y firmó el consentimiento. —¿Puedo verlo? —preguntó antes de dejar la oficina del médico.

—Por supuesto —el doctor Lee le abrió la puerta—. Él duerme ahora. Puede pedirle a una de las enfermeras que la lleve a su habitación. Y si quiere, también puede irse a su casa a dormir esta noche y volver mañana temprano antes de la cirugía. Me da la impresión de que quizá quiera cambiarse los zapatos por unos más cómodos —le ofreció una sonrisa amigable mientras ella salía hacia el puesto de las enfermeras.

Hermione encontró a Severus durmiendo pacíficamente en la cama de hospital. En la pequeña sala de recuperación no había ningún otro sonido además de las señales sonoras de las máquinas que indicaban los latidos lentos y calmos del mago. Trazando con gentileza el pliegue entre sus cejas, la joven bruja se preguntó cuánto en realidad no sabía acerca del viejo mago que yacía ante sí. Sus párpados se movieron un poco al sentir sus caricias. Abrió los ojos despacio y estiró su mano hacia la de ella.

Ella lo tomó de los dedos y tiró de su mano hasta llevarla a su mejilla. —Estarás mejor pronto, Severus. Me aseguraré de ello —le sonrió con tristeza.

Él la miró con anhelo por un largo momento, antes de liberar su mano de la de ella para trazar lentamente con un dedo el largo de su mandíbula y seguir bajo su mentón. Finalmente, colocó su dedo con cuidado sobre el pendiente de piedra lunar. —Hermione —le susurró—. Regresa a mí...

—Lo haré —ella susurró suavemente tomando su mano—. Me voy a ir a cambiar a casa, y estaré de regreso muy pronto. Te veré en la mañana, ¿de acuerdo?

Él cerró los ojos, suspiró, y asintió a modo de respuesta.


Un rato después Hermione se encontró deambulando sola por el sendero. Eran las dos de la mañana, o de la noche, dependiendo como uno lo viera. Mientras caminaba frente a la cabaña de Severus detuvo sus pasos y miró hacia su casa, a pocos metros de allí. Toby no estaba allí, y quizá eso fuera algo bueno. Hermione pensó que al menos podría tomarse un tiempo para pensar cómo abordar al niño con respecto al estado de salud de Severus. Pero sin su hijo en casa, tampoco tenía muchas ganas de volver allí. En lugar de eso, subió los escalones hasta la puerta principal de la cabaña de Severus.

Observó cómo sus encantamientos protectores se desvanecían al murmurar la contraseña.

Él le había dado la contraseña de la cabaña cuando se había ido en un corto viaje a Londres unos meses antes. Ella nunca le dio mucha importancia al gesto, siendo que la gente de su comunidad acostumbraba dejar las llaves de sus casas con un vecino cuando salían de vacaciones. Pero luego de los eventos de esa noche, ella comenzó a preguntarse si ése había sido el momento en el que él hizo los arreglos para inscribir a Toby en Hogwarts, y completado el papeleo para convertirla en la administradora de su patrimonio.

¿Por qué le confiaría su patrimonio? Hermione no podía entenderlo.

Se habían hecho buenos amigos, debía admitirlo. No le sorprendió cuando le dijeron que la había nombrado agente designado para tomar decisiones respecto de su cuidado médico. Pero ponerla a cargo de sus propiedades parecía demasiado para una amiga. Se habían conocido sólo durante el último par de años. Durante todos los años anteriores de su vida ¿no debería él haber conocido a alguien a quien dejar su legado? ¿Qué veía en ella? Y ¿qué veía ella en él? Comenzó a hacerse esa pregunta mientras entraba en la cabaña.

Siempre se sentía cómoda estando con él, desde el mismo día en el que se encontraron por primera vez. Ella no podía entender qué quería decir Jenny cuando la joven bruja decía que Severus Snape alguna vez había sido un intimidante profesor. Hermione nunca se sintió intimidada por él, ni siquiera considerando sus comentarios más sarcásticos. Por el contrario, él parecía ser el único que siempre la entendía. La escuchaba. Le daba consejos: acerca de su negocio, de su hijo, y de su propia vida. Él siempre estaba simplemente dispuesto a estar allí para ella.

Lentamente deambuló dentro de la habitación de Severus. La luz plateada de la luna arrojaba un suave brillo sobre la cama con dosel. Junto a la cama había un antiguo armario de madera de caoba. Bajo la luz de la luna, ella podía ver el delicado tallado que le daba un toque de misterio al viejo mueble. Hermione se preguntó si éste sería el armario de su madre, en el que él solía esconderse cuando era niño.

Delineando el tallado de la puerta de madera, el dedo de Hermione pronto se encontró con la pequeña manija de metal. Abrió el armario dándole un pequeño tirón, que reveló un par de las capas de viaje de Severus. Sintiendo curiosidad acerca de cómo habría sido esconderse en el armario para el joven Severus, Hermione trepó dentro y se sentó en el rincón.

El interior del armario era inesperadamente cómodo. Era silencioso y cálido. Apoyada contra su capa de viaje, ella podía oler el nítido aroma a menta y sándalo que parecía calmar su mente con rapidez. «Sólo unos pocos minutos», pensó, y cerró los ojos por un instante de reposo luego de una muy larga noche.


«No debería permitirle a Jenny entrar en mi habitación». Ése fue el primer pensamiento en la mente de Hermione antes de abrir los ojos. No se sentía contenta de haber visto interrumpido su cómodo período de sueño ligero por el ruidoso parloteo de unas chicas. Abriendo un poquito los ojos, Hermione alcanzó a ver parte de los barandales de una cama con dosel. «Hmm... ¿Dónde estoy?» Cerró los ojos nuevamente y frunció el ceño. Lentamente recordó la noche anterior. «¿Acaso me metí en la cama de Severus y no lo recuerdo?» gimió. «Un momento... ¡hay cortinas!» No recordaba que hubiera cortinas en la cama de Severus.

Los ojos de Hermione se abrieron de golpe y ella se sentó de inmediato. Se encontró en medio de una cama con dosel cómodamente grande, con cortinas color granate colgando de los barandales. El parloteo feliz de jóvenes chicas podía escucharse fuerte y claro del otro lado de las cortinas. Una de ellas llamaba: —¡Hermione! ¿Acaso te escuché? ¿Aún estás en la cama? ¡Es hora de levantarse! —Un lado de las cortinas se abrió súbitamente, dejando entrar la brillante luz del sol, momentáneamente cegando la visión de Hermione. Alzó una mano para cubrirse los ojos—. Ginny te estaba buscando más temprano. Estabas tan quieta que pensé que ya te habías ido. Vas a tener que apurarte y encontrarte con ella en el Gran Comedor.

Entrecerrando los ojos para enfocar su vista, Hermione vio una adolescente con pelo largo trenzado que le hablaba.

—¿Parvati? —murmuró frunciendo el ceño. Éste debía ser un sueño, un sueño muy extraño. Pero ¿cómo sabía el nombre de la chica? Su ceño se hizo más profundo. «Oh, ¡por supuesto!» Sintió deseos súbitos de reírse de sí misma. «Si éste es mi sueño, entonces por supuesto que conozco los nombres de las personas que incluyo en él». Su sonrisa se amplió mientras continuaba mirando a la chica que tenía al frente.

—Por supuesto que soy Parvati. Padma no duerme aquí, Hermione. No te verías tan petulante si realmente quisiéramos confundirte —la chica sonaba algo irritada mientras levantaba su bolso escolar y corría fuera de la puerta.

Hermione pronto se dio cuenta de que la habitación estaba quedando muy silenciosa. Las chicas a las que había escuchado más temprano ya se habían ido, ataviadas con lo que parecían ser sus uniformes escolares. Con la repentina sensación de que iba a llegar tarde a algo importante, Hermione saltó de la cama y comenzó a prepararse. Era como si estuviera en piloto automático. Casi instintivamente supo dónde encontrar todo en el baño y qué tenía que hacer. En pocos minutos se encontró trepando fuera del hueco de un retrato y caminando por un corredor de castillo junto con otros tantos estudiantes uniformados.

—¡Hez-mi-ope! —escuchó de pronto llamar a un muchacho. «Qué nombre tan extraño», pensó. Pero antes de que pudiera bajar la velocidad y mirar a su alrededor, un joven de aspecto atlético corrió a su lado—. ¿Viktor? —el nombre rodó por su lengua. Por supuesto, éste tenía que ser otro personaje de su sueño.

—Buen día Hez-mi-ope —el joven comenzó algo torpemente—. ¿Te gustaría ir conmigo al Baile de Navidad el mes que viene? Sería un gran honor que fueras mi cita.

Hermione no pudo evitar reír. Cielos, ni siquiera en sus sueños Jenny dejaba de intentar que saliera con uno de los amigos de Ben del Cuerpo de Marines. Siendo que éste era un sueño, Hermione pensó con picardía, bien podía seguir el juego y ver qué pasaba si accedía a una cita. —Seguro —le contestó—. Suena divertido.

Parecía como si su respuesta le hubiera brindado al joven un gran alivio. Él le sonrió con entusiasmo brillando en sus ojos.

—Simplemente asegúrate de sacarme de allí antes de que mi carruaje se convierta en una calabaza —agregó ella. Si éste iba a ser su sueño, ella se aseguraría de ser tratada como una princesa.

—Eres graciosa —Viktor le sonrió cálidamente antes de saludarla con un golpe de tacos de sus botas de estilo militar.

Hermione meneó la cabeza incrédulamente a medida que el joven corría a unirse a sus amigos que lo esperaban en la distancia. «Es increíble cómo los sueños reflejan la realidad» pensó, considerando el encuentro. «Aunque nunca pensé que los Marines saludaran de esa forma...»

Sus reflexiones no pudieron continuar cuando entró al Gran Comedor. Rápidamente localizó a una chica joven de cabello rojo que agitaba la mano hacia ella desde una mesa lejana. «Ésa es Ginny», se dijo a sí misma, feliz de reconocer otro nombre en su mundo onírico.

—Hola Hermione, ¿dónde estabas? —La chica pelirroja la saludó mientras Hermione se sentaba a su lado—. Fui a la biblioteca y no pude encontrarte ahí.

—Estaba en la cama cuando fuiste a buscarme —Hermione recordó lo que Parvati le había dicho—. ¿Dónde estamos, de todos modos?

—¿Qué? —Ginny estaba atónita por la pregunta—. ¿Qué quieres decir? ¿Estamos en el Gran Comedor? ¿En Hogwarts? ¿Sentadas en la mesa de Gryffindor? Suenas rara esta mañana, Hermione. ¿Acaso te golpeaste la cabeza?

—Por supuesto que no —Hermione meneó la cabeza, sintiéndose algo confundida. ¿Por qué estaba en Hogwarts? ¿Acaso sus temores acerca de Toby dejándola para irse a la escuela podían ser la razón para este sueño? —Pero hay una cosa de la que estoy segura. Sé que tengo hambre —murmuró—. Anoche no cené.

—Sí cenaste —un chico de cabello oscuro y lentes se sentó a su lado—. Cenaste con nosotros anoche, tonta. ¿No recuerdas?

—Hermione —antes de que Hermione pudiera responder al muchacho de cabello oscuro, un pelirrojo se sentó frente a ella del otro lado de la mesa—. Yo y Harry queremos hablar contigo...

—Es Harry y yo —lo corrigió Hermione mientras tomaba una tostada y comenzaba a untarla con mermelada de frutillas.

—Ven lo que digo, ¡está comenzando a sonar como mi mamá! —exclamó el pelirrojo.

—Bueno, Hermione —el chico de cabello oscuro ignoró las quejas de su amigo para volver al tema—, Ron y yo lamentamos la forma en la que nos hemos comportado. No teníamos intención de hacer las cosas tan difíciles para ti...

—Sí —Ron se metió en la conversación—, lo que Harry quiere decir es... eh... no deberíamos haberte tratado como a una lechuza.

Hermione frunció el ceño a los muchachos llamados Ron y Harry. Obviamente se estaban refiriendo a algo que ella no podía recordar. Pero ella sabía, subconscientemente, que era amiga de los dos, así como de la chica llamada Ginny. Quizá éstos no fueran simplemente personajes inventados en su sueño. Quizá estaba empezando a recordar su pasado. ¿Podía ser que fueran éstos sus amigos de la adolescencia?

—¿Dirías algo, por favor? —Harry la miró con gran preocupación.

—Ella no es ella misma esta mañana —Ginny se levantó de su asiento—. Pero tengo que irme. No puedo llegar tarde a Transformaciones. Cuídenla, ¿sí? ¡Nos vemos más tarde Hermione!

Hermione asintió a Ginny rápidamente y volvió su atención hacia Harry. —Eres mi amigo —manifestó con firmeza.

—Y yo también, ¿verdad? —preguntó Ron, inclinándose hacia ella desde el otro lado de la mesa.

—Eso es correcto. Ron también es mi amigo —Hermione dio un pequeño mordisco a su tostada, tratando de organizar todo lo que acababa de recordar.

—Bueno, siendo que somos amigos —la voz de Ron la sacó de sus pensamientos—, ¿podrías por favor darnos una mano esta noche con el ensayo para Pociones? Hay que entregarlo en dos días pero no tenemos idea de dónde empezar.

—¿Darles una mano? —arqueó una ceja—. No pretendas que lo escriba para ti, Ronald. Pero por supuesto que puedo darle una mirada.

—Eso sería fantástico —Harry le sonrió alegremente mientras comenzaba a levantarse de su asiento—. Eso es todo lo que necesitamos de todas maneras. Pero será mejor que nos pongamos en marcha ahora.

—¡Se suponía que me ayudaras a convencerla de que nos ayude un poco más que simplemente mirar nuestros ensayos! —Ron comenzó a protestar mientras él también se levantaba de su asiento—. Bueno, supongo que será una larga noche, entonces. ¿Vienes, Hermione? No le des al bastardo grasiento otra excusa para que nos quite puntos.

—¿Bastardo grasiento? —Hermione abrió bien los ojos—. ¿Quién es el bastardo grasiento?

—Snape, por supuesto —Harry frunció el ceño—. ¿Estás realmente bien hoy? Ginny tiene razón, estás rara.

—¿Severus? —Hermione rompió en una brillante sonrisa—. ¿Vamos a ver a Severus?

—Caramba —resolló Ron—, en verdad le pasa algo. Quizá deberías ir a la enfermería y que te vea la señora Pomfrey.

—No, no, no. ¡Estoy perfectamente bien! —Hermione rápidamente bajó la tostada con unos pocos tragos de jugo de calabaza. No se había sentido tan entusiasmada desde que había "despertado" en este sueño. Si había algo que podía lograr teniendo este loco sueño, sería conocer al misterioso mago que se había convertido en un querido amigo durante el pasado par de años y que estaba, como podía recordar, esperándola en su cama de hospital. Mientras el mundo a su alrededor parecía estar totalmente loco, ella estaba segura de que Severus haría que todo fuera mejor. Sí, aún en sus sueños ella sabía que podía contar con él. Él siempre la entendía, y siempre había estado allí para ella.

Con los dos chicos siguiéndola, Hermione bajó corriendo los corredores hacia las mazmorras, impaciente por ver al mago que se suponía sería su Maestro de Pociones en este estrafalario sueño.


N de la T: ¿Es un sueño, o es real? Cualquiera sea la respuesta, ¿cuántos puntos creen que va a perder Gryffindor en el próximo capítulo?